{"id":23588,"date":"2020-05-07T07:32:15","date_gmt":"2020-05-07T07:32:15","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-05-07T07:32:15","modified_gmt":"2020-05-07T07:32:15","slug":"violadores-seriales-capitulo-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/violadores-seriales-capitulo-1\/","title":{"rendered":"Violadores seriales (Cap\u00edtulo 1)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"23588\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>La presa estaba acorralada. Nosotros, los cazadores, hab&iacute;amos puesto trampas para que cayera, y ah&iacute; estaba ella. Se llamaba Alexia. Ale para sus conocidos. Ali para los m&aacute;s cercanos. Fui yo personalmente quien la eligi&oacute;. Cuando, en nuestra &uacute;ltima reuni&oacute;n semanal, se la propuse a los otros cazadores, se les hizo agua la boca. Ali era la presa perfecta.<\/p>\n<p>La habitaci&oacute;n estaba oscura, apenas iluminada por la d&eacute;bil luz que emanaba una l&aacute;mpara. Hab&iacute;a invitado a Alexia a una fiesta de disfraces. Su primera sorpresa se la llev&oacute; cuando vio que los invitados, aparte de ella y yo, s&oacute;lo eran otros tres hombres. Iba disfrazada de Minine Mousse. O algo parecido. Una pollerita roja con lunares blancos, una remera ce&ntilde;ida color blanca, con los pu&ntilde;os estampados igual a la pollera. En su cabeza, una bincha con dos c&iacute;rculos grandes que hac&iacute;an de orejas de rat&oacute;n. Los finos labios estaban pintados de un rojo intenso.<\/p>\n<p>-&iquest;No va a venir nadie m&aacute;s? -Pregunt&oacute; ingenuamente.<\/p>\n<p>Esa era una de las cosas que m&aacute;s me gustaba de ella: su ingenuidad. Alexia ten&iacute;a una cara hermosa. Piel blanca, un tanto alargada. Ojos marrones, nariz peque&ntilde;a, con las ventanas m&aacute;s abiertas de lo normal. Su figura era esbelta. No hab&iacute;a mucha voluptuosidad en su cuerpo. Pero a sus veintitr&eacute;s a&ntilde;os, ten&iacute;a todo perfectamente firme.<\/p>\n<p>-Parece que no, pero con nosotros te vas a divertir. -Contest&oacute; Diego. Un rubio regordete que iba disfrazado como el C&eacute;sar.<\/p>\n<p>Los cinco est&aacute;bamos alrededor de una mesa. Alexia estaba rodeada por Diego y por m&iacute;. &Eacute;l apoy&oacute; su mano en su pierna. Corri&oacute; la pollera hacia arriba, y la piel de los muslos comenz&oacute; a quedar a la vista.<\/p>\n<p>-No &iquest;Qu&eacute; hac&eacute;s? -Se exalt&oacute;.<\/p>\n<p>Intent&oacute; ponerse de pie, pero yo la agarr&eacute; de la cintura y la mantuve en su asiento.<\/p>\n<p>-&iquest;Qu&eacute; pasa Edu? -pregunt&oacute;, dirigi&eacute;ndose a m&iacute;.<\/p>\n<p>Los otros tres miraban la escena con expresi&oacute;n lujuriosa. Los lobos mostraban sus colmillos.<\/p>\n<p>Yo les hab&iacute;a dicho que Alexia no iba a oponer mucha resistencia. Que no iba a acceder, que iba a pedir que la dejen, pero no iba a gritar. Y que al final iba a ceder a todos nuestros deseos. Los cazadores hab&iacute;an quedado encantados con la descripci&oacute;n. Salvo Leandro, que ahora, detr&aacute;s de su m&aacute;scara de Frankenstein, emanaba su violento deseo de poseerla por la fuerza, los otros cuatro preferimos a las presas reacias pero sumisas. Alexia era una de ellas. Yo lo sab&iacute;a. &Eacute;ramos compa&ntilde;eros en un taller de teatro. Compartimos varias salidas, y yo supe sacarle informaci&oacute;n. S&eacute; reconocer a una sumisa incluso cuando ellas mismas no saben que lo son<\/p>\n<p>Me dio algo de l&aacute;stima cuando su rostro reflej&oacute; que comenzaba a entender todo. Yo le hab&iacute;a hecho la cabeza desde hac&iacute;a meses. Estaba convencida de que albergaba sentimientos rom&aacute;nticos por ella. Pero nada m&aacute;s lejos de la realidad.<\/p>\n<p>Alexia mir&oacute; uno a uno a todos los cazadores. Y finalmente a m&iacute;.<\/p>\n<p>-Para esto me trajiste. -Me recrimin&oacute;.<\/p>\n<p>-Tranquila, est&aacute; todo bien. -Fue mi respuesta vac&iacute;a.<\/p>\n<p>Diego levant&oacute; a&uacute;n m&aacute;s la falda. Su bombachita blanca qued&oacute; a la vista de Leandro, y de Rogelio, el m&aacute;s veterano del grupo, quien iba con un equipo de f&uacute;tbol con la palabra Messi estampada en la espalda como disfraz. Yo deslic&eacute; la mano que ten&iacute;a en su cintura, despacito, hasta llegar a sus gl&uacute;teos, los cuales, todav&iacute;a rebeldes, apretaban mis dedos contra el sill&oacute;n, decididos a no dejarse acariciar.<\/p>\n<p>La agarr&eacute; de la barbilla con mi mano libre, y la obligu&eacute; a mirarme a los ojos. Hizo un puchero, vi&eacute;ndose a&uacute;n m&aacute;s joven de lo que era. Le costaba sostenerme la mirada. Sus grandes faros marrones buscaban el piso, pero yo volv&iacute; a levantarle la carita. Se sent&iacute;a claramente intimidada por la situaci&oacute;n. Sus ojos estaban brillosos. Pens&eacute; en amenazarla. En decirle que estaba en una casa grande, cuyo vecino m&aacute;s cercano se encontraba a doscientos metros, y por lo tanto los gritos no ser&iacute;an escuchados por nadie. En recalcarle que una chica fr&aacute;gil como ella, nada pod&iacute;a hacer contra cuatro hombres. Pero prefer&iacute; seguir con el plan. Intimidarla, pero sin amenazarla. Adem&aacute;s, el hecho de conocerla me jugaba en contra. Lo mejor era que en su cabeza quede el recuerdo de haber copulado con cuatro desconocidos porque le fueron tan insistentes que no le qued&oacute; otra. Una violaci&oacute;n encubierta que sufren tantas ilusas como ella.<\/p>\n<p>Le di un beso. Ella hizo la cara a un costado. Agarr&eacute; con fuerza su rostro, inmoviliz&aacute;ndola, y le met&iacute; la lengua en la boca, lami&eacute;ndole los labios al hacerlo. Mi mano se cerr&oacute; con fuerza, pellizc&aacute;ndole las nalgas, haciendo que Alexia de un peque&ntilde;o brinco sobre su asiento. Cuando dej&eacute; de violar su boca con mi lengua, vi que Diego ya hab&iacute;a levantado la pollerita, hasta dejarla a la altura de las caderas.<\/p>\n<p>-Esto se pone bueno. -dijo Rogelio, acarici&aacute;ndose la verga ya dura, a trav&eacute;s del short de f&uacute;tbol.<\/p>\n<p>-No chicos, no quiero esto, no me gusta. -Se quej&oacute; Alexia. Nosotros respondimos como solemos hacerlo al recibir una resistencia tan d&eacute;bil: hicimos de cuenta que no la o&iacute;mos.<\/p>\n<p>Diego agarr&oacute; la tela de las bragas y tir&oacute; hacia abajo. Un oscuro vello p&uacute;bico qued&oacute; a la vista. Alexia quiso acomodarse la pollera, pero se lo imped&iacute; con facilidad. Me mir&oacute;, asustada, mientras mi colega bajaba la bombacha hasta loa rodillas.<\/p>\n<p>Leandro suspir&oacute; detr&aacute;s de su m&aacute;scara.<\/p>\n<p>-Es preciosa. -dijo.<\/p>\n<p>-Y toda una sumisa. -Agreg&oacute; Rogelio.<\/p>\n<p>Alexia segu&iacute;a mir&aacute;ndome, expectante, como pretendiendo que la saque de ese embrollo.<\/p>\n<p>-Tranquila, te vamos a tratar bien. -Le dije.<\/p>\n<p>Le di otro beso. Luego mi boca baj&oacute; a su cuello, haci&eacute;ndola gemir contra su voluntad. De repente escuch&eacute; el grito apagado que larg&oacute;. Diego le hab&iacute;a metido un dedo en su sexo.<\/p>\n<p>-Ya est&aacute; beb&eacute;. -dijo &eacute;l-. Ya est&aacute;s siendo cogida. No hay marcha atr&aacute;s.<\/p>\n<p>Como si esas palabras fueran una verdad irrefutable, Alexia afloj&oacute; su cuerpo, tir&oacute; el torso para atr&aacute;s, y abri&oacute; las piernas. Una l&aacute;grima recorr&iacute;a su mejilla. Yo se la sequ&eacute; con la lengua. Me arrodill&eacute; sobre el sof&aacute;, me baj&eacute; los pantalones, y saqu&eacute; mi verga, dura como el hierro. La agarr&eacute; otra vez de la barbilla. Esta vez haci&eacute;ndole ver mi falo. Ella lo mir&oacute;, y luego a mi, con tristeza y resignaci&oacute;n. Apoy&eacute; el glande sobre sus labios, pero estos no se abrieron. Empuj&eacute;, y apenas cedieron unos cent&iacute;metros. Apret&eacute; su encantadora nariz con mis dedos. Al poco tiempo se qued&oacute; sin aire, y tuvo que respirar por la boca. Mi ansiosa pija la invadi&oacute;.<\/p>\n<p>A partir de ah&iacute; todo fue mucho m&aacute;s f&aacute;cil. Alexia, para evitar que la penetre con violencia, hasta llegar a su garganta, tom&oacute; la posta y empez&oacute; a manipular mi sexo de la manera que le resultaba m&aacute;s c&oacute;modo. Me apretaba el glande con fuerza, casi mordi&eacute;ndomelo, probablemente para que acabe lo m&aacute;s r&aacute;pido posible, pero la sensaci&oacute;n era incre&iacute;ble. Diego se hab&iacute;a arrodillado, y le frotaba con fruici&oacute;n la lengua en el sexo de nuestra presa. Yo ve&iacute;a c&oacute;mo chorreaba abundante baba de la boca de mi colega. Cada tanto, sin dejar de chup&aacute;rmela, largaba un apagado gemido cuando Diego estimulaba en el lugar correcto.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de unos pocos minutos, ante semejante mamada, no pude m&aacute;s, y acab&eacute; en su boca. Alexia tosi&oacute;, y escupi&oacute; el semen que le hab&iacute;a metido adentro de su boca. El l&iacute;quido viscoso colgaba de su barbilla. Sin dejar que se limpie, Diego le meti&oacute; su propia verga en la boca. Vi c&oacute;mo los ojos de Alexia se abr&iacute;an desmesuradamente. Por alg&uacute;n motivo, mientras la verga gruesa y venosa de Diego la violaba, ella me miraba a mi. Otra vez recibi&oacute; la eyaculaci&oacute;n adentro de su boca. Y otra vez tosi&oacute; y escupi&oacute; el semen.<\/p>\n<p>-Qu&eacute; puerquita. -Susurr&oacute; Leandro, y Alexia, limpi&aacute;ndose como pudo el semen impregnado en su cara, se ruboriz&oacute; por la verg&uuml;enza.<\/p>\n<p>-Bueno, ahora es nuestro turno. -Dijo Rogelio.<\/p>\n<p>&Eacute;l y Leandro se desnudaron. El abundante presemen que largaban sus miembros era la prueba de que no durar&iacute;an mucho. La escena anterior los hab&iacute;a excitado mucho. Diego y yo nos hicimos a un lado, coloc&aacute;ndonos en un lugar donde pudi&eacute;ramos ver todo detalladamente. Los otros dos se pararon frente a Alexia.<\/p>\n<p>-Tengo las mand&iacute;bulas cansadas. -Se quej&oacute; ella.<\/p>\n<p>Como respuesta Rogelio hizo un movimiento p&eacute;lvico y le meti&oacute; la mitad de su generosa verga en la boca. Leandro la agarr&oacute; de la mano, y la llev&oacute; hasta su propio sexo. Alexia lo entendi&oacute; enseguida, y empez&oacute; a masturbarlo.<\/p>\n<p>A estas alturas, salvo por su rostro de expresi&oacute;n ap&aacute;tica, nuestra presa participaba activamente de la org&iacute;a. Se llev&oacute; las vergas de mis colegas una y otra vez a la boca, sin dejar de masturbar al otro, hasta que ambos embarraron su cara de semen.<\/p>\n<p>-Vaya putita sumisa. -dijo Rogelio, agitado, despu&eacute;s de acabar, al ver a la chica de cara inofensiva repleta de semen.<\/p>\n<p>Ya completamente sometida, Alexia se tir&oacute; al piso y abri&oacute; sus piernas. La cabalgamos uno a uno.<\/p>\n<p>Cuando todo termin&oacute;, ya era de madrugada. Ofrec&iacute; llevarla a su casa. Ella se neg&oacute;, dijo que pedir&iacute;a un Uber. Pero yo la agarr&eacute; de la mu&ntilde;eca y la llev&eacute; hasta mi auto.<\/p>\n<p>En el veh&iacute;culo se sent&iacute;a el olor a sexo impregnado en el cuerpo de Alexia.<\/p>\n<p>-Me gust&oacute; mucho lo que hicimos. -Le dije.<\/p>\n<p>Ella esquiv&oacute; la mirada.<\/p>\n<p>-No ten&iacute;a pensado hacer todo eso. -Susurr&oacute;.- No le vas a decir a nadie lo que pas&oacute; &iquest;No? -Pregunt&oacute;, suplicante.<\/p>\n<p>Me dio ternura que sienta verg&uuml;enza de lo sucedido. Le jur&eacute; que no, y de paso le insinu&eacute; que probablemente alg&uacute;n d&iacute;a repetir&iacute;amos lo sucedido. Ella guard&oacute; silencio.<\/p>\n<p>La dej&eacute; en la puerta de su casa, y no me fui hasta estar seguro de que entr&oacute; a salvo, como hacen los caballeros.<\/p>\n<p>Al volver al auto vi que me lleg&oacute; un mensaje de Leandro &quot;&iquest;te enteraste del nuevo miembro del equipo?&quot;, me pregunt&oacute;. Le respond&iacute; que no ten&iacute;a idea de qu&eacute; me hablaba. &quot;Es un sobrino del mism&iacute;simo Fundador&quot; dec&iacute;a el mensaje. &quot;Entonces es de confianza&quot; escrib&iacute;. &quot;De todas maneras, va a tener que entregar una ofrenda, como todos lo hicimos&quot; contest&oacute; Leandro.<\/p>\n<p>Manej&eacute;, rodeado de sombras, hasta mi casa. Pod&iacute;a estar seguro de que no tendr&iacute;a problemas con Alexia. Ella se culpar&iacute;a a s&iacute; misma por ser tan d&eacute;bil, y por estar en el lugar equivocado, antes de culparnos a nosotros.<\/p>\n<p>Un nuevo miembro, pens&eacute;, mientras atravesaba la avenida solitaria. Un nuevo cazador, un nuevo depredador, un nuevo aire&#8230; y traer&aacute; una ofrenda especial, como lo hacen todos los novatos. Pero antes debemos mostrarle los encantos de la cacer&iacute;a. Una vez que se convierta en un adicto, le exigiremos la ofrenda. Ojal&aacute; se esmere, pens&eacute;. De lo contrario no lo aceptar&iacute;amos en el equipo. Aunque sea un protegido del Fundador, no lo aceptar&iacute;amos. Ojal&aacute; se esmere.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 La presa estaba acorralada. Nosotros, los cazadores, hab&iacute;amos puesto trampas para que cayera, y ah&iacute; estaba ella. Se llamaba Alexia. Ale para sus conocidos. Ali para los m&aacute;s cercanos. Fui yo personalmente quien la eligi&oacute;. Cuando, en nuestra &uacute;ltima reuni&oacute;n semanal, se la propuse a los otros cazadores, se les hizo agua la boca. [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":4947,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[20],"tags":[],"class_list":{"0":"post-23588","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-no-consentido"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23588","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4947"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=23588"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23588\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=23588"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=23588"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=23588"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}