{"id":23630,"date":"2020-05-10T22:00:00","date_gmt":"2020-05-10T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-05-10T22:00:00","modified_gmt":"2020-05-10T22:00:00","slug":"hechos-durante-la-represion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/hechos-durante-la-represion\/","title":{"rendered":"Hechos durante la represi\u00f3n"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"23630\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Nadie podr&aacute; olvidar los a&ntilde;os de dictadura en Argentina, ni los hechos que acontecieron. Muchos de los que la padecieron, han sido reivindicados, porque estando en prisi&oacute;n, fueron torturados y atropellados; pero los m&eacute;todos represivos fueron tantos y tan variados, que algunos de ellos han quedado en silencio hasta ahora.<\/p>\n<p>Yo viv&iacute; esa &eacute;poca. Pasado el tiempo, he conformado una familia, con mi marido de entonces, y tengo hijos y un pasar normal, con una vida sencilla y corriente; pero ahora, con m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os, me he decidido a contar lo que pas&eacute; cuando ten&iacute;a apenas un poco m&aacute;s de veinte y era una activa militante pol&iacute;tica.<\/p>\n<p>Entonces, como ahora, era una chica comprometida pol&iacute;ticamente, a la que nadie prestaba mayor atenci&oacute;n, porque era delgadita y no muy alta; para nada llamativa, cuerpo de ni&ntilde;a, ojos marrones, pelo casta&ntilde;o y cutis blanco, que me hab&iacute;a casado un a&ntilde;o antes con el amor de mi vida: Marcial.<\/p>\n<p>Integr&aacute;bamos una c&eacute;lula pol&iacute;tica, con otras dos parejas: H&eacute;ctor y Marcia, Jorge y Roc&iacute;o, todos ellos casados entre si, y de nuestra edad m&aacute;s o menos, y a veces, se sumaban algunos muchachos m&aacute;s, que nos reun&iacute;amos semanalmente para tratar la situaci&oacute;n, medidas, y todo lo que es propio de estos grupos, adem&aacute;s de preparar y publicar panfletos, volantes, etc.. Pero los seis &eacute;ramos la c&eacute;lula. Nosotros, convencidos est&aacute;bamos de constituir una organizaci&oacute;n revolucionaria discreta y clandestina; muy activa.<\/p>\n<p>&Eacute;ramos un grupo de amigos, con sus particularidades: H&eacute;ctor era, al parecer, un idealista, que no ten&iacute;a ojos nada m&aacute;s que para Marcia, su mujer, y todos sus empe&ntilde;os estaban en la revoluci&oacute;n. Jorge, era m&aacute;s reprimido pero evidentemente violento, propenso a juzgar a los dem&aacute;s, cargado de resentimiento y amargura. La relaci&oacute;n con &eacute;l era dif&iacute;cil, aunque se manten&iacute;a unido a Roc&iacute;o, que parec&iacute;a comprenderlo; su relaci&oacute;n conmigo era dif&iacute;cil, por momentos sent&iacute;a que me odiaba y se sent&iacute;a desairado, y por momentos pensaba que deber&iacute;a dejar el grupo, y por momentos lo percib&iacute;a todo lo contrario, como cari&ntilde;oso e interesado en acercarse a mi.<\/p>\n<p>Nos detuvieron una noche, cuando est&aacute;bamos reunidos en el garaje que nos serv&iacute;a de sede, las tres parejas. Se present&oacute; una comisi&oacute;n policial, formal, correcta y documentada y nos llevaron detenidos a una dependencia limpia y prolija, tras inventariar y secuestrar la bibliograf&iacute;a, y los elementos que all&iacute; en el garaje hab&iacute;a.<\/p>\n<p>Todo fue un tr&aacute;mite prolijo y respetuoso. Una vez en el lugar, nos separaron, mujeres de varones. Nos atendieron a nosotras, un grupo de mujeres polic&iacute;as amables y correctas, que nos identificaron y ficharon; y despu&eacute;s de eso, nos informaron que necesitaban revisarnos y controlar nuestras ropas, de modo que nos dieron una bata de tela que se cerraba por la espalda con una sola tira, como la que se usa en las cirug&iacute;as, y nos pidieron que nos desnud&aacute;ramos y entreg&aacute;ramos la ropa. As&iacute; lo hicimos las mujeres, que nos cubrimos con la bata. Acto seguido, fuimos pasando de a una, a la sala contigua, donde nos hicieron una revisi&oacute;n &iacute;ntima, aunque moderadamente tolerable. Pero a partir de ese momento, qued&eacute; sola, sin mis compa&ntilde;eras.<\/p>\n<p>Una polic&iacute;a se present&oacute; en la sala, y me dijo que la siguiera, lo que hice, y me llev&oacute; al lugar donde fui alojada: una habitaci&oacute;n peque&ntilde;a con una cama, una ventana alta y en un rinc&oacute;n, separado, un inodoro y un bidet. Al entrar y antes de cerrar la polic&iacute;a me indic&oacute; que quedar&iacute;a detenida en averiguaci&oacute;n de antecedentes y me pidi&oacute; la bata. Quise protestar porque quedar&iacute;a desnuda, pero no me hizo caso. De cualquier modo, la temperatura era agradable y no faltaba un elemental confort, pero la sensaci&oacute;n de estar desnuda era extra&ntilde;a.<\/p>\n<p>Cuando qued&eacute; sola, me sent&eacute; en la cama y abrac&eacute; mis rodillas, en posici&oacute;n fetal, mientras repasaba todo el ambiente y pensaba en mi situaci&oacute;n: El lugar, era limpio, las s&aacute;banas impecables y si bien no eran m&aacute;s que cuatro paredes blancas, no era desagradable, ni parec&iacute;a una celda com&uacute;n. Nada suger&iacute;a que tuviera qu&eacute; temer, m&aacute;s que no ten&iacute;a antecedentes. La soledad y el silencio eran notables. No hab&iacute;a visto a nadie en el camino y no hab&iacute;a o&iacute;do nada.<\/p>\n<p>Pasaron cinco o diez minutos, cuando la puerta se abri&oacute; y o&iacute; una voz de hombre que ordenaba: -Qu&iacute;tese la bata y entre-. Pens&eacute; que ser&iacute;a una de las chicas, pero el que entr&oacute; fue H&eacute;ctor, que estaba completamente desnudo, y atr&aacute;s de &eacute;l, la puerta se cerr&oacute;.<\/p>\n<p>No me advirti&oacute; al entrar, pero si a los pocos instantes, y al ver mi desnudez y la situaci&oacute;n, tuvo una erecci&oacute;n formidable, pero se dio vuelta para que yo no la advirtiera. Yo la hab&iacute;a visto y no pod&iacute;a creerlo. Se instal&oacute; un ambiente extra&ntilde;o, en el que nuestros instintos parec&iacute;an bullir. Siempre hab&iacute;a tenido una relaci&oacute;n formal y distante con H&eacute;ctor, y con Marcia, su mujer, ten&iacute;a una onda particular. En mi cabeza se agolpaban los pensamientos y sentimientos contradictorios me turbaban, en medio de esta situaci&oacute;n inusual. El ambiente era tenso y confuso, el tiempo pasaba lentamente, y reinaba en mi &aacute;nimo una confusi&oacute;n enorme, en el marco de una tensi&oacute;n sexual descomunal. Me repet&iacute;a para mi misma: no, no, no, como si negando la situaci&oacute;n fuera a desaparecer la realidad. A los pocos instantes, H&eacute;ctor se volvi&oacute; a mirarme; estaba visiblemente alterado, como yo. Ten&iacute;a a un metro una mujer desnuda, en la soledad del cuarto, y no sab&iacute;a como controlar la situaci&oacute;n, ni encontraba un modo de comportarse. A &eacute;l como a mi, le bull&iacute;a la mente y el cuerpo.<\/p>\n<p>Pasado un rato no muy prolongado, habl&oacute;, sin mirarme:<\/p>\n<p>-Mar&iacute;a, &iquest;qu&eacute; vamos a hacer?-. Yo no supe qu&eacute; contestarle, y el silencio se instal&oacute; entre nosotros, mientras yo comenc&eacute; a llorar. Hab&iacute;a una gran tensi&oacute;n. Cuando H&eacute;ctor me oy&oacute; llorar se arrim&oacute; a mi, y me acarici&oacute; la cabeza; era un gesto tierno y me volv&iacute; a mirarlo. Entonces me top&eacute; de frente con su miembro erecto, al lado de mi cara. Quise apartarlo pero si estiraba mi mano lo empujar&iacute;a de su pija, en tanto H&eacute;ctor no fue capaz de volver a su sitio de inmediato. Temblaba. Se hab&iacute;a desencadenado una lujuriosa situaci&oacute;n, que nos alteraba a ambos. Volv&iacute; la cara al frente; H&eacute;ctor no se movi&oacute;. Ten&iacute;a en mi mente la imagen de esa hermosa figura que era H&eacute;ctor, y su hermoso y erecto miembro. Todo era hermoso y mi cuerpo comenz&oacute; a sentirlo con fuerza arrasadora. &Eacute;l me acariciaba la cabeza sobre el pelo.<\/p>\n<p>Me par&eacute; frente a &eacute;l, movida por no s&eacute; qu&eacute; impulso; era peque&ntilde;ita para su tama&ntilde;o y sin decir una palabra nos abrazamos, en una mezcla de dolor y lujuria. El dolor cedi&oacute; el paso y toda la lujuria del mundo se instal&oacute; entre nosotros. Nos miramos y nos besamos profundamente y nos acariciamos con pasi&oacute;n, sin que yo soltara su pija, que hab&iacute;a tomado en mis manos y meneaba con ternura. Nada se hab&iacute;a premeditado, pero la situaci&oacute;n nos fue llevando.<\/p>\n<p>Suavemente nos fuimos acostando en la cama. H&eacute;ctor, se instal&oacute; entre mis piernas y me la meti&oacute; profundamente. Se movi&oacute; suave y profundo, hasta que acab&oacute; copiosamente en mi interior, para luego quedarse encima de m&iacute; sin sacarla, mientras me besaba y me lam&iacute;a la cara. Yo lo disfrutaba enormemente y no me quer&iacute;a mover, ni que &eacute;l se saliera.<\/p>\n<p>As&iacute;, nos quedamos abrazados un rato, con &eacute;l encima m&iacute;o, hasta que la naturaleza nos dio nueva energ&iacute;a y volvi&oacute; a moverse, hasta llenarme otra vez.<\/p>\n<p>Luego la sac&oacute; y se acost&oacute; a mi lado. Ninguno de nosotros se atrev&iacute;a a hablar, ni sab&iacute;a qu&eacute; decir. El primero fue &eacute;l, que me dijo:<\/p>\n<p>-Lo siento, no me pude dominar.- Por noble que fuera su expresi&oacute;n no era justa. Yo tambi&eacute;n hab&iacute;a participado, lo hab&iacute;a consentido y lo que es m&aacute;s, lo hab&iacute;a gozado. Se lo hice saber.<\/p>\n<p>-S&iacute;, pero eres la mujer de mi amigo-, se explic&oacute;, afligido. -No deber&iacute;a&#8230;-. Nada le contest&eacute;, ni me mov&iacute;. En realidad, no sab&iacute;a qu&eacute; hacer, ni c&oacute;mo salir de la situaci&oacute;n. Sab&iacute;a que ten&iacute;a raz&oacute;n pero en el arrebato no me hab&iacute;a acordado ni de mi marido, ni de su mujer, y a decir verdad hab&iacute;a sido un arranque pasional, lleno de irracionalidad.<\/p>\n<p>Entre tanto, segu&iacute;amos acostados y desnudos. Aunque no quisi&eacute;ramos, nuestra piel se rozaba y nuestros sentidos se iban turbando nuevamente. Al poco rato, le roc&eacute; la pija con mis dedos. Estaba parada. Nos miramos profundamente y una vez m&aacute;s me bes&oacute;, y desat&oacute; en mi una calentura fenomenal. Me met&iacute; abajo suyo, lo atraje arriba y le ped&iacute;:<\/p>\n<p>-C&oacute;geme-. H&eacute;ctor no lo dud&oacute; y me la meti&oacute; nuevamente. Nos movimos, acoplados, con mis pies cruzados a su cintura, tray&eacute;ndolo lo m&aacute;s profundamente posible, hasta que acab&oacute; nuevamente.<\/p>\n<p>H&eacute;ctor parec&iacute;a incansable; yo comenc&eacute; a sospechar que le hubieran dado algo. Porque en verdad, en el tiempo que estuvo en la celda conmigo, no dej&oacute; de estar siempre excitado y dispuesto a met&eacute;rmela. No s&eacute; cu&aacute;nto tiempo estuvimos juntos, ya que del ventanuco no entraba luz del d&iacute;a, y la iluminaci&oacute;n era continua, pero durante ese tiempo no dejamos de copular incesantemente, atenaceados por la verg&uuml;enza y llevados por la pasi&oacute;n.<\/p>\n<p>Est&aacute;bamos en pleno acto, yo tirada en el camastro y &eacute;l encima en posici&oacute;n misionera, en el en&eacute;simo polvo, cuando reson&oacute; una voz en la puerta llam&aacute;ndolo a H&eacute;ctor. Nos asustamos y se interrumpi&oacute; el coito. H&eacute;ctor se puso de pie y se la baj&oacute; la pija, mientras se arrim&oacute; a la puerta que se abri&oacute; para &eacute;l:<\/p>\n<p>-P&oacute;ngase la bata y s&iacute;game-, dijo la voz. La puerta se cerr&oacute; tras ellos.<\/p>\n<p>La soledad me hizo tomar conciencia del torbellino de sexo que hab&iacute;a vivido &iquest;Qu&eacute; le dir&iacute;a a mi marido cuando lo viera? &iquest;C&oacute;mo explicar la situaci&oacute;n? &iquest;Por qu&eacute; no me hab&iacute;a negado? Los interrogantes y mi conciencia me remord&iacute;an y me llenaban de angustia que no me abandon&oacute; durante un rato largo, hasta que volvi&oacute; a sonar la puerta y me sac&oacute; de mis pensamientos.<\/p>\n<p>Se repiti&oacute; la historia, pero esta vez entr&oacute; Jorge. Igual de desnudo que H&eacute;ctor y ostentando una erecci&oacute;n impresionante. Lo mir&eacute; entre horrorizada y atemorizada, porque adem&aacute;s de advertir su desnudez y comprender la situaci&oacute;n, vi en su mirada una hostilidad y un rencor que a veces hab&iacute;a cre&iacute;do advertir en su comportamiento.<\/p>\n<p>Jorge vino a mi y me tom&oacute; de los pelos para ponerme de pie. Yo me par&eacute; cruzando los brazos sobre el pecho y mirando al suelo, amedrentada, no sin sentir la imponencia de su persona y su actitud. Me tom&oacute; de la barbilla y levant&oacute; violentamente mi cara, y me pregunt&oacute;:<\/p>\n<p>-&iquest;Qui&eacute;n estuvo aqu&iacute;? -Temblando le respond&iacute;:- H&eacute;ctor.<\/p>\n<p>-&iexcl;Ah! Exclam&oacute;. &iquest;Y te cogi&oacute; bien cogida? -.Era un modo brutal de preguntar, que evidenciaba su voluntad de humillarme. Yo asent&iacute; con la cabeza, avergonzada.&ndash; Yo estuve con Marcia&hellip; &iexcl;C&oacute;mo le gusta la pija! No se cans&oacute; de chup&aacute;rmela y de ofrecerme su culito. Hemos cogido tanto que no se puede creer-. Me dijo como quien quiere ser ofensivo. De pronto se call&oacute;, como que hab&iacute;a advertido algo, y reflexion&oacute; en voz alta:<\/p>\n<p>-Vos estuviste con H&eacute;ctor y yo con Marcia. Quiere decir que Roc&iacute;o qued&oacute; en manos de Marcial&hellip;- La menci&oacute;n de su mujer y el hecho de que estuviera en manos de mi marido, lo pon&iacute;a loco y furioso.<\/p>\n<p>Se ve&iacute;a que lo hab&iacute;a pensado antes y ahora lo verbalizaba, para expresar rabioso:<\/p>\n<p>-Siempre le gust&oacute; Roci&oacute;; lo que habr&aacute; hecho con ella.- Furioso, me empuj&oacute; en la cama, y sigui&oacute;: -&iquest;Y vos? Siempre remilgada y altanera. La se&ntilde;orita que no da bola. La superior. Te quiero ver ahora- Me asust&oacute; su tono y su actitud, m&aacute;s cuando casi grit&aacute;ndome me dijo:<\/p>\n<p>-&iexcl;Chupame la pija, mosquita muerta!<\/p>\n<p>No s&eacute; si su tono, la hermosura de su pija, o su autoridad, pero gustosa la busqu&eacute; para chup&aacute;rsela con deleite. Fue la primera vez que mam&eacute; una pija, bien mamada.<\/p>\n<p>-As&iacute;, bien, como Marcia. Te voy a llenar la boca de leche y la vas a tragar. Dale, dale-, dec&iacute;a excitado.<\/p>\n<p>Yo no era una gran chupadora de pijas: a mi marido se la chupaba un poquito y nada m&aacute;s. Nunca hab&iacute;a tragado semen, ni se hab&iacute;an volcado en mi boca. H&eacute;ctor tampoco lo hab&iacute;a hecho, nos hab&iacute;amos limitado a coger por v&iacute;a natural, incansablemente, pero sin necesidad de otro recurso. Mientras se mov&iacute;a en mi boca, como si estuviera cogiendo, me tomaba del pelo y hablaba:<\/p>\n<p>-Roc&iacute;o no la chupa, no, le da asco &iquest;Crees que se la habr&aacute; chupado a tu marido? &iquest;Se la mamaste a H&eacute;ctor?- Y cosas por el estilo. -&iquest;A ver si ahora te haces la loca y no das bola?-. Daba rienda suelta a su resentimiento. -&iquest;Te dio por el culo, H&eacute;ctor?<\/p>\n<p>Mientras hablaba me la met&iacute;a m&aacute;s y m&aacute;s hasta que acab&oacute; copiosamente para luego vigilar que tragara. Me amedrentaba el modo que ten&iacute;a, de manera que tragu&eacute; toda su volcada, luego lo mir&eacute; y le sonre&iacute; con gesto sumiso. Le sonre&iacute; para que supiera que me hab&iacute;a gustado y que lo hab&iacute;a gozado; que si quer&iacute;a pod&iacute;a repetir. Me devolvi&oacute; una sonrisa fugaz. Yo me acomod&eacute;, sumisamente, dispuesta a lo que quisiera.<\/p>\n<p>Entonces vino una situaci&oacute;n que no esperaba; se sent&oacute; en la cama y me hizo arrodillar en el suelo, a su lado, y apoyar el torso en el colch&oacute;n, dejando mi cola a su disposici&oacute;n. As&iacute; empez&oacute; a acariciarme por la nuca y recorri&oacute; todo mi cuerpo, hasta llegar a la cola. All&iacute; se detuvo a jugar con mi ojetito, que evidentemente era su objetivo:<\/p>\n<p>-&iquest;Te han culeado alguna vez?-, me pregunt&oacute;, sospechando la respuesta.<\/p>\n<p>-No-, le dije, -soy virgen por ah&iacute;. Nadie lo ha hecho&hellip; no lo hagas.<\/p>\n<p>-Y tu marido &iquest;no te ha roto el culo?- Volvi&oacute; a preguntar. En realidad, a mi marido ni siquiera se le hab&iacute;a ocurrido. Negu&eacute; nuevamente suspirando. Me estaba excitando.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Y H&eacute;ctor? -insisti&oacute;.<\/p>\n<p>-No, nadie me ha tocado por ah&iacute;-. Respond&iacute;.<\/p>\n<p>-Bueno,- dijo por fin &ndash;tendr&eacute; que ser yo quien te rompa el culo-. Sus dedos segu&iacute;an hurg&aacute;ndome el ojete y un escalofr&iacute;o me corri&oacute; por todo el cuerpo. Me provocaba terror pensar en que esa enorme pija se iba a abrir camino por mi culito, pero la agresividad de Jorge me ten&iacute;a paralizada y su determinaci&oacute;n era absoluta.<\/p>\n<p>Se ubic&oacute; atr&aacute;s m&iacute;o, abri&oacute; mis piernas, y yo me dej&eacute; hacer, paralizada de terror y con calentura. Abri&oacute; los cachetes de mi culito infantil, y apoy&oacute; su poronga en el ojete. No me mov&iacute;, no me frunc&iacute;, ni me afloj&eacute;, estaba como muerta. Entonces comenz&oacute; a pujar con su barra. No pod&iacute;a entrar, pero no afloj&oacute;, hasta que fue entrando su cabeza. El dolor fue enorme y horrible. Mord&iacute; la cama y ara&ntilde;&eacute; las s&aacute;banas, pero no grit&eacute; sino contra el colch&oacute;n para que nadie oyera, y para no darle el gusto de que supiera que me hac&iacute;a sufrir.<\/p>\n<p>Se qued&oacute; quieto durante unos instantes, y comenz&oacute; a hablar:<\/p>\n<p>-No me volver&aacute;s a mirar de arriba, con tus miraditas sobradoras-. Evidentemente ten&iacute;a un resentimiento conmigo. -&iquest;Sabes que cuando un hombre toma una mujer por el culo, esa mujer es para siempre suya?. Ahora est&aacute;s marcada. Cada vez que te pida, vendr&aacute;s a poner el culito a mi disposici&oacute;n &iquest;entiendes? Ahora rel&aacute;jate, que te entre bien, para que aprendas a gozarlo y satisfacer a tu macho-. Y sin m&aacute;s, me enterr&oacute; su poronga hasta el fondo.<\/p>\n<p>Era enorme. &iexcl;C&oacute;mo me doli&oacute;! Pero me sent&iacute;a suya, era como que ese macho que me estaba culeando era un amo. Al hacerse due&ntilde;o de mi culo, se hab&iacute;a apoderado de mi, de toda mi persona y de mi voluntad, para siempre. De alguna forma lo admiraba, me asombraba c&oacute;mo me hab&iacute;a sometido y como me ten&iacute;a ah&iacute;, con la pija al fondo de mi culo y prendido a mi espalda mientras se agarraba de mis tetas. De pronto, me relaj&eacute; y lo acept&eacute;, tanto que ah&iacute; nom&aacute;s tuve un orgasmo fenomenal, antes que &eacute;l acabara.<\/p>\n<p>Me apliqu&eacute; a darle el placer que se merec&iacute;a mi amo sodomita.<\/p>\n<p>Antes que acabara &eacute;l, tuve otro orgasmo y luego me regal&oacute; su leche que sent&iacute; en el fondo de mi ser, como una bendici&oacute;n.<\/p>\n<p>Pero su pija no se bajaba: -chup&aacute;mela hasta que quede limpia-, me orden&oacute;, despu&eacute;s de sacarla, y me apliqu&eacute; a dejarle la pija inmaculada. &ndash;&Eacute;chate ah&iacute;-, me orden&oacute; mirando la cama, y le obedec&iacute;. Entonces me mont&oacute; nuevamente y me la zamp&oacute; otra vez, pero esta vez no por el culo, sino por mi concha, que para ese entonces estaba bien lubricada.<\/p>\n<p>El tiempo que estuvimos encerrados fue as&iacute; permanentemente. Calculo que fueron tres o cuatro d&iacute;as, durante los cuales Jorge no hizo m&aacute;s que cogerme y culearme a su gusto, oblig&aacute;ndome a chupar su pija infinidad de veces, pero no dej&oacute; de acariciarme todo el tiempo, y mantenerme caliente.<\/p>\n<p>Cuando lo llamaron a la puerta, pens&eacute; que har&iacute;an entrar a mi marido despu&eacute;s que se fuera. Pero no fue as&iacute;. Al rato de irse Jorge, entr&oacute; la amable polic&iacute;a que me hab&iacute;a llevado a mi celda, con toda mi ropa:<\/p>\n<p>-V&iacute;stase y s&iacute;game, est&aacute; en libertad.<\/p>\n<p>Nunca volvi&oacute; a reunirse la c&eacute;lula, ni lo hablamos con nadie.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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