{"id":23780,"date":"2020-05-19T00:39:24","date_gmt":"2020-05-19T00:39:24","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-05-19T00:39:24","modified_gmt":"2020-05-19T00:39:24","slug":"la-choza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/la-choza\/","title":{"rendered":"La choza"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"23780\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Conoc&iacute; a Rosi una ma&ntilde;ana en la que un sol espl&eacute;ndido luc&iacute;a. Yo estaba trabajando en mi huerta, cavando con una azada para quitar malas hierbas, cuando sent&iacute; que una mujer llamaba: &quot;&iexcl;Oiga, oiga, por favor, escuche!&quot;. Ante esas voces, dadas con tanto apremio, no tuve m&aacute;s remedio que desatender mi trabajo, por ver de qu&eacute; se trataba. A diez o doce metros de m&iacute;, m&aacute;s all&aacute; de la alambrada que limitaba mi campo, vi un agitar de brazos entre la espesura vegetal. Volv&iacute; a o&iacute;r la voz: &quot;&iexcl;Ay, s&aacute;queme de este agujero donde he ca&iacute;do!&quot;. Salt&eacute; la alambrada, camin&eacute; unos pasos y la vi, vi a Rosi. &quot;Pero, mujer, &iexcl;qu&eacute; le ha pasado!&quot;, dije sonriente; &quot;Ay, s&aacute;queme, s&aacute;came&quot;, pronto me tute&oacute;. Y, claro, yo era m&aacute;s joven que ella. Me agach&eacute;, tir&eacute; de sus brazos y la saqu&eacute; del agujero. &quot;&iquest;Se encuentra bien?&quot;, le pregunt&eacute;; &quot;S&iacute;, s&iacute;, gracias muchacho&quot;, dijo ella; &quot;Espere, le sacudo el polvo&quot;, dije; y, sin avisar, le di unos cachetes en el culo, que bien duro lo ten&iacute;a. Rosi me mir&oacute;, entreabri&oacute; los labios y cerr&oacute; los ojos. Yo la bes&eacute; largamente. Nuestras bocas se engancharon con toda naturalidad. Acabamos tumbados en la tierra, sobre el tierno pasto; nuestros cuerpos enredados. Abr&iacute; la camisa de Rosi y sabore&eacute; sus tiernas tetas. Ella me sac&oacute; la polla del pantal&oacute;n, me la acarici&oacute; y dijo: &quot;Humm, quiero que me metas esto&quot;. Le sub&iacute; la falda a Rosi hasta el ombligo, le saqu&eacute; las braguitas por los pies y mont&eacute; sobre ella pose&iacute;do de un deseo animal, como el de esos perros que cubren a las perras, con ardiente y convulso frenes&iacute;. Rosi gem&iacute;a de placer con la boca cerca de mi boca, su aliento y el m&iacute;o eran un remolino caliente. &quot;Aahh, mi agricultor, no pares&quot;, gritaba; y yo sent&iacute;a esfervescente mi polla dentro de su co&ntilde;o, yo preve&iacute;a que mi semen saldr&iacute;a disparado en cualquier momento; ella, por su experiencia, tambi&eacute;n: &quot;Aahh, c&oacute;rrete, c&oacute;rrete, ahora, aahh&quot;. Y me corr&iacute;.<\/p>\n<p>Rosi, en luna de miel, esperaba a su esposo, completamente desnuda, sentada en el borde de la cama. La lamparita de la mesita de noche iluminaba el dormitorio, iluminaba la parte derecha de su cuerpo, mientras la parte izquierda estaba en penumbras. Rosi permanec&iacute;a sentada, oyendo el sonido del agua del grifo del lavabo. Las palmas de las manos sobre el colch&oacute;n. Se miraba su torso lleno de sombras, las que daban sus pronunciadas tetas. Cuando llegaba su esposo en pijama, le dec&iacute;a: &quot;Ven&quot;, y &eacute;l se acercaba. La cabeza de Rosi a la altura de la entrepierna de &eacute;l, los labios de Rosi sobre la porta&ntilde;uela sin cierre del pijama. Las manos de Rosi tirando hacia abajo del pantal&oacute;n, la polla de &eacute;l emergiendo, se&ntilde;al&aacute;ndola. La lengua de Rosi lamiendo el prepucio, despu&eacute;s el glande, que surg&iacute;a como una pompa.<\/p>\n<p>Rosi, sus labores, era rubia. Sol&iacute;a peinar su cabello liso en una media melena con flequillo, muy vintage. Rosi era una mujer guapa, y grande; quiero decir, era robusta, alta, de anchos hombros de los que nac&iacute;an carnosos brazos, y tetas gruesas y redondas. Sin embargo, no todo su cuerpo ten&iacute;a estas exuberantes proporciones, pues de cintura hacia abajo, Rosi ten&iacute;a unas piernas muy estilizadas. Debido a esta &uacute;ltima caracter&iacute;stica en su fisonom&iacute;a, Rosi, cuando caminaba, balanceaba el culo de un lado a otro ostensiblemente, por lo que resultaba tremendamente femenina y, por tanto, extraordinariamente atractiva para los hombres.<\/p>\n<p>A Rosi, en el sexo, lo que m&aacute;s le gustaba era posicionarse a gatas sobre el colch&oacute;n, que la follaran por detr&aacute;s, por el culo o por el chocho le daba igual: ella disfrutaba siendo montada como una yegua. Rosi llamaba a su esposo: &quot;Cari&ntilde;o m&iacute;o, ven&quot;, y cuando &eacute;ste llegaba al dormitorio y la ve&iacute;a as&iacute;, se lanzaba sobre ella con la ropa puesta, se sacaba la polla, se arrodillaba detr&aacute;s de ella y la penetraba. &quot;Oy, as&iacute;, m&aacute;s fuerte, oy&quot;, chillaba Rosi.<\/p>\n<p>Rosi, jubilada, a veces, se paseaba desnuda por el piso, sobre todo en verano. Su esposo, sentado en el sof&aacute;, dejaba de prestar atenci&oacute;n a la televisi&oacute;n y la miraba quitar el polvo de los muebles, barrer el suelo, doblar y ordenar la ropa reci&eacute;n sacada del tendedero. Para &eacute;l Rosi era tan hermosa, tal como la ve&iacute;a, sin ropa, con manchas adheridas a su piel debidas a la faena, oliendo a sudor, que se empalmaba. Rosi, al verle, al ver su polla crecida, sonreia y le dec&iacute;a: &quot;Vaya, cari&ntilde;o, ni que nunca hubieses visto a una mujer desnuda&quot;: &quot;Desnuda y sucia&quot;, apostillaba &eacute;l; &quot;Luego me ducho&quot;, dec&iacute;a ella; &quot;Antes hazme una mamada&quot;, ped&iacute;a &eacute;l. Entonces ella se acercaba a &eacute;l; cog&iacute;a el coj&iacute;n m&aacute;s a mano que hubiese, para arrodillarse sobre &eacute;ste sin lastimarse las rodillas; se inclinaba sobre el regazo de su esposo y, con sus finas manos, le desabrochaba el pantal&oacute;n para liberar su polla, que aparec&iacute;a vibrante; luego mamaba de &eacute;sta, con calma, despacio; de vez en cuando, levantaba la vista con la idea de valorar el placer que causaba, y, si ve&iacute;a que bien, continuaba al mismo ritmo, si no, lo incrementaba y, fingiendo, a prop&oacute;sito, para poder terminarlo, gem&iacute;a femeninamente; as&iacute; hasta que su esposo, exhalando un fugaz alarido, expulsada el chorro de semen sobre su lengua.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Vives aqu&iacute;, solo?&quot;, me pregunt&oacute; Rosi; &quot;S&iacute;, en esa choza de ah&iacute;&quot;, le contest&eacute; se&ntilde;alando mi casa, que estaba a unos cien metros de donde est&aacute;bamos; &quot;&iquest;Habr&aacute; una agricultura supongo, no, agricultor?&quot;; &quot;No, si te refieres a si estoy casado o no, no, no estoy casado&quot;, expliqu&eacute;; &quot;Jol&iacute;n, &iquest;y el sexo?&quot;, pregunt&oacute; Rosi; &quot;A veces voy al puticlub del pueblo&#8230;&quot;; &quot;Ah, ya&#8230;&quot;; &quot;Pero no es lo mismo&quot;; &quot;&iquest;No es lo mismo que qu&eacute;?&quot;; &quot;Que esto que he hecho contigo, t&uacute; me deseabas, deseabas mi cuerpo, una puta desea mi dinero&quot;, expliqu&eacute;. De espaldas tumbados, mirando el cielo azul celeste, est&aacute;bamos Rosi y yo medio desnudos todav&iacute;a sobre la hierba; de mi pantal&oacute;n medio bajado sobresal&iacute;a mi polla; de su camisa desabrochada y abierta, sus tetas. Rosi se hab&iacute;a bajado la falda, despu&eacute;s de haber guardado sus braguitas en la bandolera que portaba. As&iacute;, tumbados uno junto a otro, gir&eacute; mi cabeza y, sorprendido, vi que ella me estaba mirando con los p&aacute;rpados semicerrados. Parec&iacute;a enteramente una mujer enamorada. Me cautiv&oacute;. Su flequillo rubio, su nariz peque&ntilde;a, las arruguitas en su barbilla, el suave pliegue de su papada. La bes&eacute; en el moflete, una vez, dos veces, m&aacute;s; sorb&iacute; el sudor, que con el anterior esfuerzo, perlaba sus mejillas. &quot;Oh, agricultor, qu&eacute; cari&ntilde;oso eres&quot;, me dijo ext&aacute;tica; &quot;No s&eacute; tu nombre&quot;, dije; &quot;Rosi, y me gusta que me den por detr&aacute;s&quot;. Acto seguido, ella se puso de costado, d&aacute;ndome la espalda, y yo, apartando la tela de su falda, pleg&aacute;ndome obedientemente a sus deseos, penetr&eacute; exultante su voluptuoso culo. &quot;Ay, agricultor&quot;, pronunci&oacute; ella arrastrando las silabas; &quot;Buff, Rosi&quot;, suspir&eacute; yo.<\/p>\n<p>Cuando Rosi volvi&oacute; del campo, saciada de follar, a las ocho de la tarde, y entr&oacute; en su casa, vio un vestido estampado tirado sobre el sof&aacute;. Lo cogi&oacute; haciendo una pinza con dos dedos; lo oli&oacute;. El vestido ol&iacute;a a tabaco y a sudor. &quot;No&quot;, pens&oacute;. Rosi hab&iacute;a observado mucho a su esposo &uacute;ltimamente, su comportamiento con ella hab&iacute;a cambiado, ahora no la follaba si no la encontraba desarreglada, y eso suced&iacute;a pocas veces. Tambi&eacute;n Rosi hab&iacute;a averiguado que su esposo ten&iacute;a querencia por las mendigas, a las cuales acostumbraba a fotografiar ocult&aacute;ndose entre el mobiliario urbano, incluso haci&eacute;ndolo estando paseando con ella, y pensaba que era arte, hasta que lo vio, frente al port&aacute;til, haci&eacute;ndose pajas admirando esas fotos que previamente hab&iacute;a llevado de un dispositivo a otro, pero nunca hubiera pensado que quisiera llev&aacute;rselas a la cama. Rosi penetr&oacute; por el pasillo hasta la habitaci&oacute;n de invitados y acerc&oacute; una oreja a la puerta. Rosi oy&oacute; los resuellos y bufidos inconfundibles de su esposo cuando follaba. &quot;Vaya&quot;, se dijo. Dos minutos m&aacute;s tarde, estando todav&iacute;a Rosi pegada a la puerta, sali&oacute; una mujer joven, extremadamente delgada, de piel morena y cabello muy rizado y largo, completamente desnuda, que le dio un saludo indiferente. Rosi entr&oacute; a la habitaci&oacute;n y observ&oacute; a su esposo acostado de lado, tapado por la s&aacute;bana. &Eacute;l hab&iacute;a o&iacute;do su llegada. Dijo: &quot;Rosi, lo siento&quot;. Ella sali&oacute; y comenz&oacute; a preparar la cena. En la alacena encontr&oacute; el ingrediente que buscaba.<\/p>\n<p>&quot;Humm, agricultor, tu polla&#8230; me gusta&quot;, susurr&oacute; Rosi con sus labios rojos pegados al tronco de mi polla, el cual lam&iacute;a como un helado; &quot;Entonces, tu marido, &iquest;falleci&oacute;?&quot;, pregunt&eacute;; &quot;S&iacute;, el pobre, un infarto&quot;, contest&oacute; Rosi mientras prosegu&iacute;a la faena. Uff, Rosi, como me la estaba poniendo&#8230; Yo miraba alternativamente su boca, el techo de la choza, sus tetas volcadas en mi regazo, la ventana de la choza&#8230;, y, a veces, cerraba los ojos y met&iacute;a las palmas de mis manos bajo sus pezones para acariciarlos mientras Rosi se prodigaba en sus avances sobre mi glande. &quot;Aahh, agricultor, tu polla, tan dura&#8230;&quot;, dijo dejando unos segundos de mamar; &quot;Rosi, me corro ya mismo&quot;, avis&eacute;. Ella alz&oacute; su vista un momento, la baj&oacute; despu&eacute;s y aumento el ritmo de sus cabezadas hasta que el sordo gemido que emiti&oacute; me indic&oacute; el placer que le produjo mi corrida.<\/p>\n<p>Rosi huele a lavanda, a hierba fresca, y es mia. A pesar de sus a&ntilde;os, me ayuda mucho en mi trabajo. Ahora es agricultura, como yo. Yo, por ella, trabajo sin descanso&#8230; Bueno, s&iacute;, hago descansos, s&iacute;. Porque ver a Rosi, cuando sale de la choza, con su peto puesto y sin sujetador, ver sus tetazas sobresaliendo de los tirantes, me pone tan verraco que dejo la azada o lo que tenga en la mano y la poseo al momento. Loco, le beso las tetas, que parece que me las comiese; r&aacute;pido, la desnudo; feroz, le chupo las axilas, el co&ntilde;o&#8230; &quot;Ay, agricultor, me encanta que seas tan fogoso&quot;, me dice Rosi mientras follamos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Conoc&iacute; a Rosi una ma&ntilde;ana en la que un sol espl&eacute;ndido luc&iacute;a. Yo estaba trabajando en mi huerta, cavando con una azada para quitar malas hierbas, cuando sent&iacute; que una mujer llamaba: &quot;&iexcl;Oiga, oiga, por favor, escuche!&quot;. 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