{"id":24067,"date":"2023-12-09T01:57:40","date_gmt":"2023-12-09T01:57:40","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-12-09T01:57:40","modified_gmt":"2023-12-09T01:57:40","slug":"sole-y-su-psicologo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/sole-y-su-psicologo\/","title":{"rendered":"Sole y su psic\u00f3logo"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"24067\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Sole mando el t&iacute;pico mensaje, estoy abajo. A veces con la ilusi&oacute;n de una respuesta diferente, pero siempre oblig&aacute;ndose a ser respetuosa y consciente de los protocolos.<\/p>\n<p>Bajo dame cinco, respuesta seca, pero exacta.<\/p>\n<p>Ella sab&iacute;a los l&iacute;mites que deb&iacute;a respetar y un poco la entristec&iacute;a pensar, que Ra&uacute;l nunca lograr&iacute;a conocer ese lado de ella. Quiz&aacute;s es el que a ella m&aacute;s le gustaba, porque era en el que se sent&iacute;a m&aacute;s c&oacute;moda. Ese costado suyo un poco m&aacute;s salvaje y visceral. Sensual, coqueto, bastante p&iacute;caro y sin prejuicios de ning&uacute;n tipo. Ella sol&iacute;a pensar en lo mucho que podr&iacute;an re&iacute;r, compartir e incluso disfrutarse si pudiese conocer a esa Soledad. Pero tambi&eacute;n pensaba en lo mucho que podr&iacute;a perder si se dejaba llevar. &iquest;Qu&eacute; pasar&iacute;a si &eacute;l la rechazaba? &iquest;Qu&eacute; sentir&iacute;a, si eso desencadenara en alejarse para siempre de su vida por la sola verg&uuml;enza al rechazo? Que le costar&iacute;a m&aacute;s llevar en su alma: el dolor del desprecio o el abismo inmenso que le causar&iacute;a su ausencia. Era demasiada carga, por lo que se manten&iacute;a a raya, en cada sesi&oacute;n y cada uno de los mensajes post encuentro. Busquemos soluciones a mis problemas m&aacute;s profundos y enmara&ntilde;ados, no a mis deseos m&aacute;s terrenales, sol&iacute;a pensar.<\/p>\n<p>Hubo un d&iacute;a en particular que para ella fue m&aacute;s tortuoso de lo habitual, la remera casual gris, un poco ce&ntilde;ida al cuerpo, alimentaba su deseo y pensamientos m&aacute;s salvajes. Casualmente, ese d&iacute;a &eacute;l decidi&oacute; sumarle unas miradas a sus an&aacute;lisis, que un poco la desconcentraban del meollo de sus pensamientos. Ladeando levemente su cabeza, mir&aacute;ndola sobre ese par de lentes que tanto le favorec&iacute;an al color de sus ojos. Por lo que le toc&oacute; hacer un gran esfuerzo por no saltar en busca de sus brazos y los besos que, ella so&ntilde;aba, ser&iacute;an de novela rom&aacute;ntica.<\/p>\n<p>En otro &eacute;l admiro con bastante entusiasmo la remera deportiva que ella, inocentemente por desconocimiento de su equipo favorito, llevaba puesta. En ese momento &eacute;l la recorri&oacute; entera, para su total verg&uuml;enza, sin faltarle el respeto, sin siquiera tocarle un pelo. Por lo que su cabeza un poco vol&oacute;, a pensar en una pel&iacute;cula porno. Esperando el momento del desmadre. Pero ella respiro profundo y lo dejo pasar. Varias veces, luego de eso, fantaseo con volver a llevarla. Solo para ver su reacci&oacute;n, para intentar despertar en &eacute;l alg&uacute;n tipo de respuesta. Pero segu&iacute;a prevaleciendo en ella una fuerza m&aacute;s grande, la de su presencia cotidiana.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de varios meses de tratamiento eran muchas las historias que recordaba como memorables. Algunas bastante entra&ntilde;ables, incluso. Las salidas de esas consultas eran am&aacute;ndolo, psicol&oacute;gicamente hablando. Pero tambi&eacute;n estaban las otras, de las que sal&iacute;a odi&aacute;ndolo. Porque costaba la verdad punzante que enfrentaba en sus palabras.<\/p>\n<p>De todos modos, hab&iacute;a una que, de recordar, no pod&iacute;a m&aacute;s que aplaudirse. No sab&iacute;a del todo como hab&iacute;a logrado formular la pregunta, por mensaje, por supuesto. Ya que no sab&iacute;a si estaba preparada para la repuesta en vivo y en directo. &iquest;Es usted casado? Muy bien disfrazado en un chiste. La respuesta demoro. No fue instant&aacute;nea. D&aacute;ndole el tiempo necesario para esperar las dos posibles respuestas l&oacute;gicas. Como para prepararse ante cualquiera de ellas. Por alg&uacute;n lado de su cabeza buscaba el s&iacute;. Sent&iacute;a la necesidad de esa barrera. Lejos de eso la respuesta fue un poco confusa, pero su cabeza la transformo en un si inmediato.<\/p>\n<p>Ra&uacute;l nunca cruzo un l&iacute;mite, jam&aacute;s dejo el profesionalismo de lado, quiz&aacute;s alguna vez, solo con un juego de palabras, tonto y sin sentido. Pero no m&aacute;s que eso. Soledad jam&aacute;s podr&iacute;a afirmar que &eacute;l tiro un solo le&ntilde;o al fuego de sus deseos.<\/p>\n<p>Hasta que un bendecido d&iacute;a, ella iba fresca, risue&ntilde;a, intentando no darle alas a esos pajaritos que se le iban de vez en cuando. Ese viernes en particular todo fue diferente. Cruzando la puerta Ra&uacute;l pretendi&oacute; concentrarse en sus ojos, pero dos pezones alborotados le chiflaron con violencia, aunque ella no repar&oacute; en ese detalle, quiz&aacute;s fue su inconsciente quien as&iacute; lo planeo. Torpemente acerc&oacute; un poco una silla, con la pregunta:<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Tomas algo?<\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;Con algo fr&iacute;o estoy joya!, respondi&oacute; con una sonrisa inocente, pero a la vez un poco p&iacute;cara, le hubiese encantado contestar otra cosa.<\/p>\n<p>Ella no lleg&oacute; a sentarse. &Eacute;l dio una gran zancada, se par&oacute; muy cerca, la miro a los ojos por unos segundos, la tom&oacute; de la nuca con un brazo, de la cintura con el otro; la trajo hacia &eacute;l. La bes&oacute;. Con el desenfreno que un n&aacute;ufrago bebe agua dulce. Con las ansias de un ni&ntilde;o abriendo un regalo. Esta vez en la cabeza de Ra&uacute;l, hab&iacute;an ganado los p&aacute;jaros. Solo lo separaba del cuerpo de Sole, el vestido y el t&iacute;mido desempe&ntilde;&oacute; hasta el momento. Ella estaba un poco inm&oacute;vil y retra&iacute;da. No pod&iacute;a creerlo. Estaba pasando, realmente esto estaba sucediendo; y para su total sorpresa, ella se hab&iacute;a mantenido casi estoica hasta ese momento. Sin embargo, lo decidido en una fracci&oacute;n de segundo, se dejar&iacute;a llevar por lo que fuera que pasar&aacute; y a donde sea que eso la llevar&aacute;. Mentalmente ya hab&iacute;a sucedido en su cabeza tantas veces, para terminar, d&aacute;ndose cuenta que en vivo y en directo era mucho mejor.<\/p>\n<p>Ninguno de los dos se percat&oacute; en qu&eacute; momento los lentes volaron por el aire. La larga y gran mesa que sol&iacute;a separarlos en cada encuentro, seria hoy el altar en el que ambos consumar&iacute;an un deseo rec&iacute;proco y acalorado. Ra&uacute;l se encarg&oacute; de sacar el vestido con precisi&oacute;n quir&uacute;rgica y mucha paciencia. La alz&oacute;, recost&aacute;ndola sobre ese altar, para recorrer cada cent&iacute;metro de su cuerpo con mil besos y caricias protectoras, que comenzaron a hacerla temblar un poco. Ella disfrutando en total silencio y con un poco de miedo de pensar que ese momento se fuera acabar. El explor&oacute; cada rinc&oacute;n, cual bosque virgen e inh&oacute;spito. Cada diferente extensi&oacute;n de su piel hac&iacute;a que ella comenzara a gemir de una manera diferente. Comenzaba a sentir la imperiosa necesidad de sentirlo dentro suyo. A lo que &eacute;l susurro a su o&iacute;do:<\/p>\n<p>-Tranquila, paciencia, nadie nos apura&hellip;<\/p>\n<p>Sus palabras fueron n&eacute;ctar en sus papilas gustativas. Quer&iacute;a m&aacute;s.<\/p>\n<p>Despacio, pero muy decidido el bajo por su vientre hasta encontrarse con su entrepierna, la cual disfruto con su lengua, con sus ojos, con sus dedos y nuevamente con su lengua. Se encontraba muy extasiado disfrutando el regalo visual que le brindaba cada una de sus micro convulsiones, sin dejarla llegar al &eacute;xtasis extremo. Respirando profundo y oblig&aacute;ndola a que mirara cada uno de los actos que comet&iacute;a. Ella se percat&oacute; que &eacute;l ten&iacute;a pensado, cada uno de los lugares en el departamento en los que la har&iacute;a explotar, quiz&aacute;s &eacute;l tambi&eacute;n lo hab&iacute;a repasado, varias veces en su cabeza.<\/p>\n<p>La respiraci&oacute;n se volv&iacute;a cada vez m&aacute;s entrecortada para los dos, por lo que, de su boca, sali&oacute; un entrecortado:<\/p>\n<p>&#8211; Co je me ya&hellip;<\/p>\n<p>&#8211; Todav&iacute;a no me lo pides con suficiente fuerza<\/p>\n<p>Baj&aacute;ndole las piernas de la mesa y d&aacute;ndole una violenta vuelta a todo su cuerpo tembloroso y completamente desnudo, comenz&oacute; a acariciar sus muslos. D&aacute;ndole peque&ntilde;as nalgadas. Tom&aacute;ndola del cabello, con un poco de fuerza, le pregunto:<\/p>\n<p>&#8211; Qu&eacute; quieres que haga?<\/p>\n<p>&#8211; Quiero que me cojas<\/p>\n<p>&#8211; No lo estas pidiendo con ganas<\/p>\n<p>Las nalgadas comenzaban a ser m&aacute;s en&eacute;rgicas y sonoras en el departamento. Sus pezones duros chocaban contra la mesa excit&aacute;ndola a&uacute;n m&aacute;s. Su miembro erecto solo rozaba sus piernas.<\/p>\n<p>Sinti&eacute;ndose d&eacute;bil, pero vigorizada por la situaci&oacute;n, logr&oacute; zafarse de los brazos que la apresaban. Pudiendo revertir la situaci&oacute;n. Ra&uacute;l t&eacute;rmino sobre la mesa, con su componente por lo alto. Como m&aacute;stil de bandera. Soledad no lo resisti&oacute; y salt&oacute; sobre &eacute;l. En solo dos movimientos ella lo consigui&oacute;, su sexo albergo al de Ra&uacute;l. Y en un r&iacute;tmico jadeo los dos comenzaron a danzar a un ritmo bastante r&aacute;pido, bes&aacute;ndose apasionadamente. Recorri&eacute;ndose con las manos. Acariciando esos pezones tan firmes que ped&iacute;an ser succionados, retorcido y un poco mordidos. Parec&iacute;a que Ra&uacute;l conoc&iacute;a los compases exactos, para respirar, para empujar y para acompa&ntilde;a con la energ&iacute;a adecuada. Se encontraba atento a cada urgente necesidad desprendida de la complexi&oacute;n de Soledad. Su virilidad masculina la hac&iacute;an sentirse tan estimulada como extasiada. Sintiendo el calor cada vez m&aacute;s agonizante en todo su cuerpo, bull&iacute;a, estaba a punto de estallar.<\/p>\n<p>Comenz&oacute; a sentirlo, estaba llegando el orgasmo m&aacute;s grande que hab&iacute;a sentido hasta ese momento, acerc&aacute;ndose al final de ese maravilloso espect&aacute;culo para sus sentidos cerro sus ojos. Necesitaba disfrutarlo sin que nada la interrumpiese. Al terminar con el estallido m&aacute;s grande que recordaba, deb&iacute;a abrir sus ojos, deb&iacute;a verlo&hellip; saber c&oacute;mo estaba &eacute;l despu&eacute;s de sus gritos y ademanes. Quer&iacute;a abrirlos, lo intentaba y no pod&iacute;a. Luego de luchar unos segundos lo entendi&oacute; todo. Esta ser&iacute;a la seguidilla de &quot;atenciones en el consultorio de su psic&oacute;logo&quot;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Sole mando el t&iacute;pico mensaje, estoy abajo. A veces con la ilusi&oacute;n de una respuesta diferente, pero siempre oblig&aacute;ndose a ser respetuosa y consciente de los protocolos. Bajo dame cinco, respuesta seca, pero exacta. 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