{"id":24069,"date":"2020-06-04T22:00:00","date_gmt":"2020-06-04T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-06-04T22:00:00","modified_gmt":"2020-06-04T22:00:00","slug":"orgia-en-un-bar-de-intercambios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/orgia-en-un-bar-de-intercambios\/","title":{"rendered":"Org\u00eda en un bar de intercambios"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"24069\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Un bar, una barra en forma de L. Un bar un poco raro, bien es cierto. Dos secciones, separadas por una celos&iacute;a de madera que permite ver a trav&eacute;s. Una barra, en forma de L, da servicio a las dos zonas. Asientos bajos, poca luz, sillas bajas, humo&#8230; Y en una de las zonas, la m&aacute;s cercana a la puerta, una pista de baile.<\/p>\n<p>Cerrada por una cortina.<\/p>\n<p>Y, dos o tres hombres, solos, entreabriendo la cortina, asom&aacute;ndose, no atrevi&eacute;ndose a entrar, cediendo el paso a otros hombres, solos, que ellos tambi&eacute;n entreabren la cortina.<\/p>\n<p>Pero no entran.<\/p>\n<p>Y en algunas de las mesas, parejas, chico, chica, conversando, fumando, bebiendo, bes&aacute;ndose, acarici&aacute;ndose a veces, la piel blanca de ella apareciendo bajo el brazo oscuro de &eacute;l, el jersey levantado para que las manos puedan pasar bajo el sujetador. Un hombre, solo, sentado delante de ellos, en su misma mesa, inclinado hacia ellos, sin perder detalle. En otros rincones, parejas conversan, fuman, beben, se besan. El hombre solo le dice algo a &eacute;l, y se levantan los tres, abren la cortina y penetran en la pista de baile.<\/p>\n<p>Se arraciman otros hombres, solos, tras los cortinajes.<\/p>\n<p>Mi contemplaci&oacute;n se distrae, no voy tampoco a atisbar qu&eacute; sucede en ese reducto, adem&aacute;s me lo imagino, y adem&aacute;s, aunque quisiera, tampoco tendr&iacute;a sitio. A trav&eacute;s de la celos&iacute;a, del otro lado de la zona libre, vislumbro la Ciudad Prohibida, imagen de todos los placeres. All&iacute; no hay humo, all&iacute; hay luz, all&iacute; hay espacio, all&iacute; solo existen parejas, conversando, bebiendo, bes&aacute;ndose, acarici&aacute;ndose a veces. Pero yo estoy solo, y me han explicado las reglas: &quot;no atravesar solo la cortina, no traspasar solo la celos&iacute;a, no tomar ninguna iniciativa, esperar la invitaci&oacute;n de una mujer, de una pareja&#8230;&quot; Todo ello so pena de exclusi&oacute;n inmediata del Purgatorio hacia las Tinieblas Exteriores, hacia la calle.<\/p>\n<p>Me siento en la barra del bar en forma de L. Del otro lado de la celos&iacute;a, leonas adultas, muy adultas, me miran de reojo. A mi lado est&aacute;n otras presas tal vez deseando, o como yo, temiendo, ser elegidas para el sacrificio. Me miro, me comparo con las otras hipot&eacute;ticas v&iacute;ctimas y pienso que, por primera vez en mi vida, prefiero ser bajito, gordito y calvo. Aunque las leonas, ah&iacute;tas, no se preocupan de nosotros. Mi vecino, sin duda con voluntad de suicidio, invita a una leona a una copa, y ello tiene la virtud de despertarla. La leona se despereza, le llama. Su compa&ntilde;era, al olor de la carne fresca, dirige a mi vecino un gesto de acercamiento. Hipnotizado, traspasa la puerta de la celos&iacute;a. Me siento solo y despreciado. En el fondo, &iquest;no soy yo m&aacute;s guapo, m&aacute;s elegante, mas distinguido que estos Elegidos para la Gloria? Evidentemente, no llevo como ellos gruesas cadenas de oro en el cuello, ni siquiera un miserable nomeolvides en la mu&ntilde;eca, pero esto no debiera ser causa de un fracaso tan espectacular. Moral a cero.<\/p>\n<p>Un segundo whisky. Solo.<\/p>\n<p>Pasa media hora. Las leonas se han ido a digerir sus presas.<\/p>\n<p>Los hombres atisban tras las cortinas.<\/p>\n<p>Las parejas se besan y se abrazan, y charlan y conversan<\/p>\n<p>No pasa nada.<\/p>\n<p>En eso, la pizpireta &quot;Relaciones Publicas&quot; (vamos, la due&ntilde;a del bar) se acerca a mi sigilosamente (hay muchos envidiosos) y me comenta que, si lo deseo, y previo pago de la m&oacute;dica cantidad de 1000 duros, puedo pasar al jacuzzi. All&iacute; puedo tomar un ba&ntilde;o. No m&aacute;s, pero tampoco menos. Tiempo: una hora. Al cabo de una hora, suceda lo que suceda, tengo que abandonar la Tierra Prometida.<\/p>\n<p>No me garantiza nada, hay dos parejas est&aacute;n en su rollo y no quieren un quinto hombre, y dos mujeres solas, a quienes gusta mirar a las parejas en su rollo. A veces se animan a invitar a alguien, a veces no.<\/p>\n<p>Las reglas se mantienen, ver, o&iacute;r, no tocar sin previa invitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Se llevan mi chaqueta. Me entregan una toalla.<\/p>\n<p>La Guardiana de las Llaves abre la puerta. Me recuerda que dispongo de una hora.<\/p>\n<p>Paso a la antesala del jacuzzi. Luz tamizada pero suficiente para adivinar que est&aacute; vac&iacute;a. No hay nadie. Colgadores en la pared, una especie de banco debajo, colchones en el suelo. Dejo mi ropa en el colgador, la toalla encima de la camisa. Subo unas escaleras, llego al jacuzzi. Luz violeta, piscina grande, honda. Dos parejas en un rinc&oacute;n, treinta y pocos a&ntilde;os, charlando, fumando, bes&aacute;ndose, acarici&aacute;ndose (supongo, el agua es opaca y con burbujas). Bueno, acarici&aacute;ndose obviamente no, est&aacute;n fumando, y charlando (pero sin duda se besaban y se acariciaban antes de que yo entrase, y mi presencia les corta). Pasan 5 minutos. El agua est&aacute; caliente. No sucede nada. Me pregunto que habr&aacute; sido de las leonas.<\/p>\n<p>Acaban los cigarrillos. Se tiran agua, se persiguen, juguetean como unos ni&ntilde;os en una piscina. Me ignoran. No hacen nada especial, se tiran agua, se persiguen, se hunden los unos a los otros. Pasan otro rato, tres de ellos se van del jacuzzi, quedamos una de las chicas y yo. Nos miramos. Ella enciende un cigarrillo, me dice que tiene m&aacute;s ganas de ba&ntilde;arse. Estamos en un rinc&oacute;n, fumando, charlando. No nos besamos. Al cabo de un rato, un ligero roce en una pierna &iquest;ser&aacute; una caricia? Me hago ilusiones. Bueno, me tengo que ir, que me esperan, me dice. &iexcl;Pues vaya!<\/p>\n<p>Hace calor.<\/p>\n<p>Salgo del agua, me voy hacia la sala. Las dos parejas est&aacute;n tumbadas en el suelo, charlando. Voy a buscar mi toalla. No est&aacute; donde la dej&eacute;, sino que una chica (bueno, m&aacute;s bien una mujer, sobre los treinta y muchos) se ha sentado encima. Mi toalla y ella est&aacute;n en el banco. Le digo que es mi toalla y que debe haberse ca&iacute;do de la percha. Contesta que no se ha ca&iacute;do, pero que la suya estaba mojada. Le digo (m&aacute;s que nada para marcar el punto) que no me importa compartirla. A ella tampoco, faltar&iacute;a m&aacute;s. Y nos sentamos, uno junto al otro, desnudos como Dios nos trajo al mundo (aunque con m&aacute;s pelo). La toalla es peque&ntilde;a, y no cabemos mucho.<\/p>\n<p>Ella pone, con naturalidad, la mano sobre mi pierna. Seguimos charlando, de todo y de nada. Mientras las dos parejas han terminado la charla y se besan, con pasi&oacute;n. Se besan con pasi&oacute;n quiere decir que ellas dos se besan con pasi&oacute;n, y los hombres miran apasionadamente. Ya no me aburro. La mano de Isabel (ya me he enterado de que se llama as&iacute;) cae un poco naturalmente sobre el interior de mi pierna. Parece gustarle el tacto, porque la recorre con inter&eacute;s, mientras continua hablando. Mi cuerpo, sensible al halago tanto como a la vista de las parejas (ahora los dos chicos se dedican a una de las dos, mientras la otra los mira), empieza a responder a sus atenciones, de manera t&iacute;mida, mientras la conversaci&oacute;n continua por derroteros convencionales.<\/p>\n<p>Ella me mira, s&uacute;bitamente sorprendida, porque el recorrido de su mano no se alejaba tampoco tanto de la rodilla, y se sorprende de mi reacci&oacute;n. Ya se atreve m&aacute;s, y en un plis plas me pone en perfecto estado de revista. No parece desagradarle, porque me pregunta si quiero ir a la piscina, y para all&aacute; vamos, ella tranquila como si no sucediese nada, yo caminando hacia la piscina, erguido como el asta de la bandera, con la clara sensaci&oacute;n de 8 pares de ojos de ba&ntilde;istas que se detienen de sus juegos acu&aacute;ticos para clavarse en mi entrepierna (que a estas alturas era m&aacute;s entreombligo) mientras bajo la escalera<\/p>\n<p>Llegamos al agua, penetramos en ella, y charlamos, nos besamos y nos acariciamos. No parece gustarle mucho la aproximaci&oacute;n directa, y dirige mis manos y mi boca a sus pechos. Estamos as&iacute; unos minutos, cuando entran dos o tres parejas, ya no lo s&eacute;, porque ya estaba yo suficientemente ocupado con mi leona. Estos van directamente al asunto, una chica le pide a uno de ellos que se siente en el borde de la piscina y lo toma con la boca, mientras otro de los chicos, pegado a ella, tiene las manos perdidas por su cuerpo. De todas maneras yo tengo demasiado que hacer para estar pendiente de los dem&aacute;s, ella me hace sentar en el borde de la piscina mientras me pone un preservativo. Vuelvo al agua, y me introduzco en Isabel. Realmente he tenido experiencias m&aacute;s placenteras, porque follar en el agua con un preservativo es lo m&aacute;s parecido a una conducci&oacute;n sobre hielo. Aunque me divierte el notar el agua que se retira, entra y sale, creando un curioso efecto de masaje adicional, resulta un tacto curioso, un poco m&eacute;dico, m&aacute;s que er&oacute;tico.<\/p>\n<p>Pero bueno, la vida es as&iacute;. En eso, una mano me acaricia entre las piernas, no se de quien es, ni en el fondo me importa mucho. Un chico se suma a nuestro juego, luego una chica, ambos se cuelgan cada uno de un pecho de mi leona. Yo sigo en ella, hasta que me apartan suavemente. &iexcl;Pues vaya! Pero no, mientras el chico ocupa mi lugar, la chica se ocupa de mi, comprueba que el disgusto de la separaci&oacute;n no ha sido exagerado y que sigo en condiciones, se deja acariciar un poco. En eso, toma mi mano y la lleva a acariciar el sexo de mi leona, y de paso, a rozar al de su amigo<\/p>\n<p>Bueno, estamos en lo que se llama una org&iacute;a, y supongo que se vale. Curioso el tacto del sexo de un hombre, tan similar y al mismo tiempo tan distinto al m&iacute;o. Ella gu&iacute;a mi mano, la separa del cuerpo de mi leona, me ense&ntilde;a donde espera que la ponga y apriete, aprovechando los movimientos de &eacute;l. Mucho me temo que su camarada durar&aacute; poco en estas circunstancias. Efectivamente, as&iacute; es. Noto las conocidas pulsaciones en mi mano que lo abraza. &iexcl;Pues vaya!<\/p>\n<p>Me dedico a ellas, aunque no hace mucha falta. M&aacute;s bien me dejan participar en sus juegos, pero no me quejo. Estoy nuevamente patinando sobre hielo en la reci&eacute;n llegada, contento aunque sin muchas posibilidades de llegar a buen puerto el tacto es extra&ntilde;o, ortop&eacute;dico hasta cierto punto, (aunque no llego a o&iacute;rlo, me imagino el ruido que hacen dos guantes de goma cuando se frotan), pero bien. Nunca me hubiese cre&iacute;do capaz de resistir tanto.<\/p>\n<p>En eso la mano que estaba jugueteando entre nuestros cuerpos (y que no es la mano de ninguna de mis dos nuevas amigas, que tengo controladas), se abraza a mi, d&aacute;ndome el mismo tratamiento que yo hab&iacute;a suministrado. Los resultados son inmediatos y contundentes. Me quedo recuperando el aliento, mientras ellos tres contin&uacute;an. La situaci&oacute;n es suficientemente excitante para que no tarde nada en reunirme otra vez al grupo.<\/p>\n<p>Seguimos jugando, nos unimos a las otras parejas, pero ya sin la urgencia. Han llegado dos o tres personas nuevas, que miran sin atreverse a participar. Una de las chicas, morena, mulata casi, del grupo le hace un poco de caso a uno que estaba sentado en la escalera, quien se muestra inmediatamente agradecido. Va meterse en la piscina para participar pero ella le dice que no, que luego que enseguida le avisa.<\/p>\n<p>Y &eacute;l se queda all&iacute;, sentado en la escalera, mostrando aun su agradecimiento. Lo ignoramos por un momento, hasta que finalmente ella se apiada de &eacute;l, le abraza con su boca mientras los dem&aacute;s charlamos, conversamos, miramos, claro. Menos de un minuto de atenciones por parte de la negrita, y &eacute;l acaba. No ha llegado ni a entrar en la ba&ntilde;era.<\/p>\n<p>Yo mientras he salido un momento y me he cambiado el preservativo, pero no s&eacute; si lo necesitar&eacute; nuevamente. En cualquier caso, mi cuerpo sigue dispuesto, ayudado por alguna caricia que doy o que me dan, mientras charlamos, bebemos, nos besamos y alguien fuma.<\/p>\n<p>Divertido, estamos ahora en un sexo puramente l&uacute;dico, sin la urgencia del deseo. Es una situaci&oacute;n nueva para m&iacute;. En alg&uacute;n momento, evidentemente, en el grupo uno u otro sienten una urgencia, dejan de participar en la conversaci&oacute;n o en los toqueteos, y llegan al orgasmo, de forma natural, sin interrumpir mucho lo que los dem&aacute;s hacen, como quien se bebe un vaso de agua durante una reuni&oacute;n, para continuar despu&eacute;s en lo que se estaba haciendo<\/p>\n<p>Contentos, satisfechos de estar simplemente all&iacute;, sentirnos j&oacute;venes, dispuestos, atractivos, estamos a gusto, bien, el agua est&aacute; caliente, la compa&ntilde;&iacute;a es grata.<\/p>\n<p>Salimos de la piscina, mientras nuevas personas van llegando. Nos tumbamos en alguno de los colchones aun libres. Una chica, joven &ndash;no tendr&aacute; treinta a&ntilde;os- est&aacute; de pie, cuatro o cinco hombres alrededor. Toma el sexo de uno con la boca, acaricia al otro, sin nadie m&aacute;s que ella para compartirlos. Cre&iacute; que solo suced&iacute;a en las pel&iacute;culas.<\/p>\n<p>En eso, se abre la puerta, y la Guardiana de las Llaves me hace una se&ntilde;al, indic&aacute;ndose la mu&ntilde;eca: &quot;ha transcurrido el tiempo&quot;. Mientras me visto lentamente, la chica se ha tumbado en un colch&oacute;n, y los hombres est&aacute;n arrodillados a su alrededor, dando muestras de adoraci&oacute;n, como si fuese una diosa.<\/p>\n<p>Salgo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 Un bar, una barra en forma de L. Un bar un poco raro, bien es cierto. 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