{"id":24124,"date":"2020-06-07T22:11:48","date_gmt":"2020-06-07T22:11:48","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-06-07T22:11:48","modified_gmt":"2020-06-07T22:11:48","slug":"el-grupo-de-formacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-grupo-de-formacion\/","title":{"rendered":"El grupo de formaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"24124\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 16<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Nueve parejas j&oacute;venes form&aacute;bamos el grupo, que se reun&iacute;a en nuestra parroquia semanalmente, bajo la direcci&oacute;n y coordinaci&oacute;n de otro matrimonio, mayor, que ten&iacute;a unos diez a&ntilde;os m&aacute;s que nosotros y oficiaban de directores: Sara y Guillermo. Eran gente hecha, que viv&iacute;an en un hermoso departamento cercano a nuestra parroquia, al lado de un caser&oacute;n enorme y sombr&iacute;o, en el que viv&iacute;a el padre de ella, hombre ya en la senectud, postrado y perdido, inconsciente. Era una pareja singular, en la que era evidente la preeminencia de ella, no ten&iacute;an hijos, y hac&iacute;an una vida tranquila y armoniosa.<\/p>\n<p>Los matrimonios que nos reun&iacute;amos con ellos, &eacute;ramos jovencitos, ten&iacute;amos entre veintid&oacute;s y veintis&eacute;is a&ntilde;os, y pertenec&iacute;amos a un grupo social medianamente homog&eacute;neo, aunque no &eacute;ramos propiamente amigos, entre todos. Los m&aacute;s amigos, &eacute;ramos los matrimonios de nosotras tres: Raquel, Claudia y Mar&iacute;a, y especialmente nosotras, que realmente &eacute;ramos muy unidas y confidentes y nos reun&iacute;amos independientemente del grupo, con mucha mayor frecuencia. Ten&iacute;amos mucho en com&uacute;n, todas ten&iacute;amos hijos chiquitos, nuestros maridos congeniaban y hab&iacute;a intereses compartidos.<\/p>\n<p>La vida se desarrollaba serenamente, sin que nada pareciera alterar la armon&iacute;a y felicidad de todos. En un determinado momento, Sara comenz&oacute; a hacer apartes con Raquel, y tuvieron varias reuniones, que a nadie llamaron la atenci&oacute;n, como tampoco las visitas de Raquel a la casa de nuestros directores; Una tarde, Raquel nos inform&oacute; que se iba a un retiro espiritual de lunes a viernes, sin invitar a nadie a acompa&ntilde;arla. No nos llam&oacute; la atenci&oacute;n demasiado, ni extra&ntilde;amos su presencia. Ese viernes, sabiendo que volv&iacute;a, organizamos una reuni&oacute;n de los tres matrimonios, que se hizo en casa de Claudia.<\/p>\n<p>Raquel lleg&oacute; con su marido y sus hijos, como a las 9:30 h, y se arm&oacute; serenamente una reuni&oacute;n de las tantas que ten&iacute;amos, los varones por un lado y las mujeres por otro; mi marido y el de Raquel charlaban con una cerveza de por medio y Juan, el de Claudia, entreten&iacute;a los chicos. Ah&iacute; nom&aacute;s las mujeres, comenzamos a interrogar a Raquel acerca de su retiro, que al principio respondi&oacute; con generalidades, y tardecito, dando por sentado que hab&iacute;a sido una experiencia sin mucho que contar. Tras un rato, Claudia y su marido anunciaron su partida, para luego irse con sus hijos; Juan, su marido de Claudia, adujo haber tenido una tarde tremenda, y estar muy cansado. Quedamos solas con Raquel volviendo sobre el tema de sus ejercicios, y ella comenz&oacute; a entrar en detalles, de a poco, revelando lo que hab&iacute;a ocurrido con sus d&iacute;as de retiro y de qu&eacute; se hab&iacute;a tratado. Me pidi&oacute; reserva absoluta y comenz&oacute; a relatarme.<\/p>\n<p>Sara le hab&iacute;a comentado de la existencia de una organizaci&oacute;n, a la que ella pertenec&iacute;a. Estaba fundada en bases firmes e incuestionables, que eran fundamento y pilares de su existencia; era exclusiva, y nadie que no hubiera sido admitido formalmente en ella, pod&iacute;a participar; para ser admitido, hab&iacute;a que pasar una iniciaci&oacute;n, que a veces llevaba varios d&iacute;as. La regla fundamental, era el orden y la obediencia, adem&aacute;s del silencio m&aacute;s absoluto, que se expresaba en el secreto. Despu&eacute;s de la presentaci&oacute;n, la hab&iacute;a invitado a integrar ese grupo selecto, la sociedad cerrada y secreta, basada en la obediencia, de la que no deber&iacute;a hablar con nadie que no perteneciera, y ella hab&iacute;a aceptado, sin medir demasiadamente de qu&eacute; se trataba y dando por supuesto que ser&iacute;a una organizaci&oacute;n cat&oacute;lica. En realidad, su retiro de cinco d&iacute;as, hab&iacute;a sido su iniciaci&oacute;n, bajo la &eacute;gida de Sara, que era una especie de autoridad en la sociedad, encargada de la gesti&oacute;n y control. Por ese entonces Raquel ten&iacute;a veinticuatro a&ntilde;os, dos hijitos, el menor de poco m&aacute;s de a&ntilde;o y medio y un marido con el que se llevaban muy bien y eran felices. Era rubia, lacia, de ojos claros, y muy bonita de cara, adem&aacute;s de lucir una figura arm&oacute;nica, con poco m&aacute;s de un metro sesenta de altura. Viv&iacute;a una vida acomodada y serena.<\/p>\n<p>Sara la cit&oacute; en la Casa del padre de ella, de donde Raquel no sali&oacute; en los cinco d&iacute;as siguientes. Era una vieja casona sobre la calle Obispo Oro, cuyos fondos sal&iacute;an por la paralela San Lorenzo, donde ahora funcionaba una playa de estacionamiento. Ya al recibirla, Sara ostentaba una actitud distinta, autoritaria y altanera, vest&iacute;a un traje saco oscuro y bland&iacute;a en su mano una fusta muy flexible. La acompa&ntilde;&oacute; a un sal&oacute;n donde hab&iacute;a tres se&ntilde;ores sentados alrededor de una mesa, todos ellos con antifaz, cosa que llam&oacute; la atenci&oacute;n de Raquel. Acto seguido comenzaron a interrogarla, sin invitarla a sentarse, un largo interrogatorio que comenz&oacute; por asegurar su disposici&oacute;n a mantener secreto y a obedecer, como en los m&aacute;s serios conventos, las &oacute;rdenes m&aacute;s rigurosas, y asegurada esa condici&oacute;n, sin duda alguna, de parte de Raquel, entraron en otros temas, incurriendo en temas m&aacute;s personales que derivaron r&aacute;pidamente a cuestiones, que de no haber mediado toda la situaci&oacute;n, la hubieran escandalizado.<\/p>\n<p>All&iacute; Raquel expres&oacute; su voluntad de ingresar, su disposici&oacute;n a respetar las reglas y explic&oacute; que se hab&iacute;a casado virgen, que no hab&iacute;a tenido experiencias demasiado &iacute;ntimas, ni con su novio, ni con su marido. Aclar&oacute; reiterativamente que no hab&iacute;a practicado nunca sexo anal, tampoco sexo oral, que hab&iacute;a sido siempre fiel a su marido y r&iacute;gidamente moralista en su comportamiento; no sab&iacute;a c&oacute;mo pod&iacute;a ser una org&iacute;a. Insistieron mucho los se&ntilde;ores en su cuestionario, que llev&oacute; como dos horas, volviendo a preguntar lo mismo, una y otra vez, para que por fin, el que parec&iacute;a presidir la reuni&oacute;n, orden&oacute; a Sara que siguieran adelante, dando por terminada esa etapa.<\/p>\n<p>Sin demasiadas explicaciones, Sara la hizo pasar a una habitaci&oacute;n interior, grande, muy decorada, que ten&iacute;a una gran cama matrimonial, y un juego de living integrado por varios sillones, y la invit&oacute; a cambiarse y ponerse c&oacute;moda, ofreci&eacute;ndole una suerte de guardapolvos abotonado al frente. Mientras Raquel se cambiaba, en forma seca y concreta le indic&oacute;, que se esperaba de ella que no dijera que no a nada de lo que se le propusiera, y sin decir m&aacute;s, alz&oacute; su ropa y se march&oacute;, cerrando la puerta, que no ten&iacute;a picaporte del lado de adentro.<\/p>\n<p>Perpleja, Raquel se sent&oacute; en la cama a pensar, tratando de entender de qu&eacute; se trataba esto y en eso estaba cuando se abri&oacute; la puerta y entr&oacute; Sara, acompa&ntilde;ada de un hombre, que la mir&oacute; con inter&eacute;s, ten&iacute;a puesto un antifaz; no pudo determinar si era uno de los tres que la hab&iacute;an recibido. Sara hizo una se&ntilde;a al hombre para que se sentara c&oacute;modamente en un sill&oacute;n y dirigi&eacute;ndose a Raquel, le orden&oacute; que lo saludara, cosa que ella hizo tendi&eacute;ndole la mano. Luego, dirigi&eacute;ndose al hombre le se&ntilde;al&oacute; que Raquel era la nueva aspirante, y Sara le dio orden de que se desnudara. Raquel dud&oacute;, indecisa de ponerse en cueros ante un desconocido, ante lo que Sara se arrim&oacute; y comenz&oacute; a desprenderle los botones de su bata, que abri&oacute;, mientras le recordaba que ten&iacute;a que obedecer y no pod&iacute;a decir que no a nada. Entonces advirti&oacute; que a&uacute;n ten&iacute;a corpi&ntilde;o y bombacha, bajo la bata, y le recrimin&oacute; formalmente:<\/p>\n<p>-&iquest;No te dije que te desnudaras? Vamos, s&aacute;cate la bata y desn&uacute;date. Raquel baj&oacute; la vista pero no obedeci&oacute;, aunque amag&oacute; sacarse la bata. Entonces silb&oacute; la fusta, que dej&oacute; una raya colorada en el vientre de Raquel, que se dobl&oacute; en dos. Antes de recibir otro fustazo, que amagaba descargarse, se quit&oacute; la bata que Sara tom&oacute; en sus manos, y le orden&oacute;:<\/p>\n<p>-El resto, vamos-. Raquel dud&oacute; nuevamente pero pronto se quit&oacute; el corpi&ntilde;o y la bombacha, quedando totalmente desnuda, torci&eacute;ndose para taparse, sin resultados, mientras el visitante la miraba impert&eacute;rrito. Sara habl&oacute; nuevamente, dirigi&eacute;ndose a &eacute;l:<\/p>\n<p>-&iquest;Qu&eacute; le parece? &iquest;Podr&aacute; integrarse?<\/p>\n<p>-Creo que tiene que aprender. No parece bien dispuesta, pero es linda. Tiene que aprender obediencia y disposici&oacute;n-. Sara le acarici&oacute; la perilla con la fusta, y le levant&oacute; la cara a Raquel, que no se animaba a mirar al hombre:<\/p>\n<p>-Las manos a la espalda, derecha-, le orden&oacute; y Raquel, siempre indecisa le obedeci&oacute;. Entonces habl&oacute; el hombre:<\/p>\n<p>-Ender&eacute;cela- le dijo y Sara, sin mediar palabra, le asest&oacute; un fustazo en uno de los pezones, que le arranc&oacute; un grito de dolor. Ten&iacute;a una gran habilidad con la fusta, que manejaba con una precisi&oacute;n y eficiencia destacables.<\/p>\n<p>-Derecha-, insisti&oacute; Sara, y luego agreg&oacute;: -Lo dejo con ella, doctor, vengo en un rato para que me de su evaluaci&oacute;n-. Y tomando las ropas de Raquel, sali&oacute; de la habitaci&oacute;n. Raquel temblaba de miedo.<\/p>\n<p>-Ven&iacute; chiquita-, le dijo el hombre, invit&aacute;ndola a arrimarse, -ven&iacute;, chup&aacute;mela-. Raquel no consegu&iacute;a ubicarse, ni pod&iacute;a creer lo que o&iacute;a. Lo que ocurr&iacute;a, no le parec&iacute;a propio de un grupo de formaci&oacute;n y no estaba dispuesta a m&aacute;s. Suficiente era que a hubieran obligado a desnudarse, cosa a la que hab&iacute;a accedido m&aacute;s por sorpresa que por consentimiento, pero que el hombre le pidiera una felaci&oacute;n, superaba todas sus previsiones, mucho m&aacute;s por la brutalidad con que se lo requer&iacute;a. Nunca hab&iacute;a hecho una felaci&oacute;n o como se llame la chupada de pija, y jam&aacute;s hab&iacute;a tenido pr&aacute;cticas contra natura, ni hab&iacute;a enga&ntilde;ado a su marido. Tampoco ahora se lo hab&iacute;a propuesto, ni quer&iacute;a hacerlo. No se movi&oacute;, ni lo satisfizo, ni lo mir&oacute;. Contrariado, el visitante estir&oacute; la mano y toc&oacute; algo en la mesa, y de inmediato se abri&oacute; la puerta y entr&oacute; Sara nuevamente. Le bast&oacute; una mirada r&aacute;pida para comprender cabalmente la situaci&oacute;n.<\/p>\n<p>La fusta comenz&oacute; su tarea con dolorosa precisi&oacute;n: primero dio en la base de los pechos y cuando Raquel se cubri&oacute;, cruz&oacute; la parte superior. Las tetitas de Raquel, brincaban al ritmo de la fusta y sus l&aacute;grimas de dolor cubr&iacute;an el rostro de la novicia:<\/p>\n<p>-Obedece, chiquita &iquest;No has entendido que tienes vedado negarte a nada y menos desobedecer? &ndash; Raquel no se movi&oacute;, estaba paralizada, y la fusta volvi&oacute; a silbar, dejando una raya colorada en su vientre. Baj&oacute; sus manos para cubrir la herida y la fusta cay&oacute; furiosa sobre sus tetas, que volvieron a bailar al ritmo de los azotes. Cay&oacute; de rodillas frente al hombre, que ya hab&iacute;a sacado su pija parada, y con gran esfuerzo arrim&oacute; su cara, dejando la boca a pocos cent&iacute;metros. Sara le pas&oacute; la fusta por la espalda y le pregunt&oacute; con insidia:<\/p>\n<p>-&iquest;Te ayudo?- Raquel comprendi&oacute; de inmediato que la ayuda ser&iacute;a otro fustazo, y aterrorizada apoy&oacute; los labios en la cabeza.<\/p>\n<p>-Adentro, te han dicho que la chupes, no que la beses-, agreg&oacute; la mujer, al tiempo que tocaba su espalda con la fusta. Raquel entendi&oacute;, se apresur&oacute;, abri&oacute; sus labios, y recibi&oacute; por primera vez una pija en su casta boca. Aplic&oacute; sus labios inocentes a chuparla, con torpeza, pero tratando de evitar el castigo. Sara agreg&oacute;, para su disgusto:<\/p>\n<p>-Cuidado hijita, &eacute;l te va a acabar en la boca, que no se te pierda. Te tomas todo y lo tragas y luego le agradeces-. Raquel sufri&oacute; un escalofr&iacute;o. No se cre&iacute;a capaz de recibir en la boca una eyaculaci&oacute;n, se mor&iacute;a de asco; y mucho menos tragarla. Se sinti&oacute; desesperada. Pero no quer&iacute;a fustazos y Sara no se mov&iacute;a de su lado, de modo que se empe&ntilde;&oacute; en su labor, y cuando vino la eyaculaci&oacute;n, la recibi&oacute; cuidadosamente en su boca, asegur&aacute;ndose de no perder ni una gota, y trag&oacute; todo lo que recibi&oacute;. Sac&oacute; la pija babosa de su boca y sin levantar la vista dijo: -gracias-. Sara manifest&oacute; su alegr&iacute;a. Raquel hab&iacute;a hecho la primera felaci&oacute;n de su vida obedeciendo sumisa.<\/p>\n<p>El hombre no se fue, entraron otros dos, con un curioso atuendo: vest&iacute;an camisa y jacquet, pero no ten&iacute;an ning&uacute;n atuendo de la cintura para abajo, y luc&iacute;an un antifaz. Raquel advirti&oacute; que el primer visitante tambi&eacute;n estaba desnudo de la cintura para abajo; no reconoci&oacute; a ninguno de ellos. El m&aacute;s joven, se dirigi&oacute; a Sara y le dijo:<\/p>\n<p>-A ver; ya sabe lo que me gusta-. Se notaba que Sara lo conoc&iacute;a y que sus gustos eran especiales; entendi&oacute; de inmediato, tom&oacute; a Raquel de las mu&ntilde;ecas y la puso de espaldas a los hombres, oblig&aacute;ndola a agacharse, exhibi&eacute;ndose, sus ojos estaban llenos de l&aacute;grimas. El joven estir&oacute; su mano, y toc&oacute; el ojete del culo, que estaba completamente fruncido:<\/p>\n<p>-Yo lo quiero estrenar-, dijo el visitante, y sin preparativo alguno le enterr&oacute; un dedo profundamente. Raquel se removi&oacute; tratando de quitarse, y por m&aacute;s que se frunci&oacute;, no pudo evitar la penetraci&oacute;n y un profundo quejido. Luego el visitante agreg&oacute;:<\/p>\n<p>-Se frunce y se niega. &iquest;Por qu&eacute; no la aflojamos un poquito con la fusta? La ayudemos. A mi me gustar&iacute;a darle unos azotes y seguro que mi colega quiere participar-. Realmente, la trataba como un objeto, sin consideraci&oacute;n alguna. De alguna parte apareci&oacute; una soga de seda, con la que Sara at&oacute; las manos de Raquel, al armaz&oacute;n de los pies de la cama, y dirigi&eacute;ndose al que quer&iacute;a bautizarle el culo, le extendi&oacute; la fusta. La recibi&oacute; con gusto y la hizo silbar en el aire un par de veces. Luego le pregunt&oacute;:<\/p>\n<p>-&iquest;Est&aacute;s casada?- Raquel no respondi&oacute; y recibi&oacute; el primer latigazo en la cola.<\/p>\n<p>-Si, si- respondi&oacute; presurosa.<\/p>\n<p>-&iquest;Sos virgen del culo?, pregunt&oacute; nuevamente el visitante.<\/p>\n<p>-Si, si<\/p>\n<p>-Ya le pondremos remedio-. Agreg&oacute; serenamente y luego:<\/p>\n<p>-&iquest;Quer&eacute;s que te rompa el culo?<\/p>\n<p>-No, por favor no-, rog&oacute; Raquel y provoc&oacute; una tanda de latigazos:<\/p>\n<p>-&iquest;No sabes acaso que no puedes decir que no a nada? Responde, vamos<\/p>\n<p>-Si, si-, respondi&oacute; vencida.<\/p>\n<p>-&iquest;Si, qu&eacute;?-, insisti&oacute; el hombre<\/p>\n<p>-Si, quiero que me rompa el culo-. Fue un disparador, le aplast&oacute; la cintura, y le zamp&oacute; la verga sin consideraci&oacute;n, sin lubricarla, sin nada, desgarr&aacute;ndola; un acto violento y feroz, tan desconsiderado como el resto de sus actitudes. De un solo golpe, fue una penetraci&oacute;n profunda y dolorosa. Raquel lanz&oacute; un alarido y se movi&oacute; tratando de zafarse, pero estaba atada y en posici&oacute;n, era imposible que eludiera esa pija poderosa. No dej&oacute; de gritar y quejarse hasta que &eacute;l acab&oacute; en la profundidad de su vientre, y se sali&oacute; de ella. Qued&oacute; lastimada y sangrante. Le revisaron el culo sin cuidado, ri&eacute;ndose de lo ocurrido y su resultado. Uno de los presentes coment&oacute;:<\/p>\n<p>-Este muchacho&hellip; si no es por atr&aacute;s, no le gusta-. El que le hab&iacute;a roto el culo agreg&oacute;:<\/p>\n<p>-Est&aacute; muy estrecha. Va a haber que estir&aacute;rselo, para que no se lastime.<\/p>\n<p>El otro hombre la solt&oacute; de sus ataduras y la ech&oacute; en la cama, para colocarla boca arriba y met&eacute;rsela en posici&oacute;n misionero, hasta acabar copiosamente en su interior. All&iacute; la dejaron, para que Sara la llevara a lavarse y la trajera nuevamente. Se hab&iacute;an sentado a tomar un trago mientras Raquel ya de vuelta, lavada, permanec&iacute;a parada, a disposici&oacute;n de quien la requiriera. Entraron otros dos se&ntilde;ores, mayores, uno de ellos al verla exclam&oacute;:<\/p>\n<p>-&iexcl;Qu&eacute; belleza! &iquest;Ya est&aacute; lista?-, Sara le dijo que si. El se despatarr&oacute; en un sill&oacute;n, y Raquel entendi&oacute; que se la ten&iacute;a que chupar, antes que la fusta se lo explicara. All&iacute; fue y se meti&oacute; en la boca, una pija medio blanda, que demor&oacute; mucho rato en vaciarse entre sus labios; ya hab&iacute;a entendido y trag&oacute; toda la volcada, sin perder el asco que le revolv&iacute;a las tripas.<\/p>\n<p>Ese primer d&iacute;a la usaron repetidamente los se&ntilde;ores que la visitaron, no se privaron de nada. No fueron muy brutales, a pesar de no haberse privado del placer de azotarla, salvo el m&aacute;s joven, el que le rompi&oacute; el culo, que no solo la cule&oacute; otras veces, sino que cuando la ve&iacute;a desocupada, se entreten&iacute;a en arrearle unos fustazos, por el mero placer de castigarla. Raquel intentaba saber qui&eacute;nes eran, pero no pod&iacute;a identificarlos, no atinaba.<\/p>\n<p>Al segundo d&iacute;a, ya estaba ordenada: sab&iacute;a cu&aacute;l era su rol y qu&eacute; ten&iacute;a que hacer. Sara casi no se hizo presente, y la fusta qued&oacute; sobre una mesita, para que la usara el que as&iacute; lo deseara. Desde temprano tuvo visitas, que requirieron su disposici&oacute;n, algunos completaron su satisfacci&oacute;n con el empleo de la fusta, a la que se fue habituando. Ignoraba la cantidad de hombres que hab&iacute;a recibido, pero con seguridad eran m&aacute;s de diez, cada d&iacute;a y la hab&iacute;an usado m&aacute;s de una vez, cada uno de ellos. No siempre eran los mismos. El &uacute;nico que volvi&oacute; diariamente, fue el joven que hab&iacute;a empleado su grupa por primera vez, quien sigui&oacute; requiri&eacute;ndola, mantuvo un toque de crueldad en su comportamiento. Raquel cre&iacute;a ver en el algo conocido, pero no pod&iacute;a identificarlo. Lo real, fue que al cabo de los cinco d&iacute;as hab&iacute;a comenzado a gozar, y esperaba sus visitantes con cierto anhelo; nunca faltaba quien se la hiciera chupar, quien la cogiera o se la diera por el culito, que se hab&iacute;a hecho amplio y complaciente. La tarde del viernes en que terminaba su retiro, la visit&oacute; el joven, nuevamente, y le ech&oacute; tres polvos en el culito; no la dej&oacute; hasta media hora antes de que ella se fuera. Apenas se retir&oacute;, entr&oacute; Sara con su ropa y le dijo:<\/p>\n<p>-V&iacute;stete, tu marido est&aacute; viniendo a buscarte. Se van a una reuni&oacute;n para festejar tu vuelta.<\/p>\n<p>Le dio pena pensar que se iba, pero se visti&oacute; y esper&oacute; su marido, que la busc&oacute; con los chicos, para venir a la reuni&oacute;n que le hab&iacute;amos preparado:<\/p>\n<p>-Y aqu&iacute; estoy, &iquest;qu&eacute; te parece?-, me pregunt&oacute; a mi, que escuchaba at&oacute;nita. -&iexcl;No se te ocurra decir una palabra a nadie, de lo que te he dicho. Me despellejar&aacute;n con la fusta si se llegan a enterar!<\/p>\n<p>Una tarde, d&iacute;as despu&eacute;s, me visit&oacute; en casa, para descargar sus confidencias, que no pod&iacute;a hablar con nadie. Desde su salida del retiro, vest&iacute;a con mayor recato, casi como una mojigata, como una monja laica: pollera larga bajo la rodilla, zapatos sin taco y una camisa mangas largas, cerrada hasta el cuello. Hab&iacute;a tomado esa decisi&oacute;n, porque no quer&iacute;a que se trasluciera de ninguna forma su emputecimiento, su disponibilidad para que cualquier macho usara de ella, como estaba ense&ntilde;ada ahora; su mensaje era de estrechez, no de liberalidad. Visitaba la Casa una vez por semana, si no la requer&iacute;an m&aacute;s, y permanec&iacute;a all&iacute; durante toda la tarde, donde serv&iacute;a a todos los que la requirieran, sin negarse a nada, y a veces lo hac&iacute;a en dos ocasiones, si Sara la llamaba. Cuando la llevaba o la buscaba su marido, sal&iacute;a con apuntes o libros de formaci&oacute;n, que le hab&iacute;an dado para que leyera, seg&uacute;n dec&iacute;a, pero rebosante de semen y satisfecha a m&aacute;s no poder. Era libre de no volver, pero estaba tan compenetrada con el grupo al que se hab&iacute;a integrado, que solamente pensaba en cumplir las consignas. Fue entonces, que me cont&oacute; que Sara le hab&iacute;a pedido que buscara otra aspirante, alguien nueva, lo que m&aacute;s que un pedido era una orden. Lo hab&iacute;a hecho dici&eacute;ndole o sugiri&eacute;ndole mi nombre y el de Claudia. Luego Raquel se detuvo en explicaciones:<\/p>\n<p>No quiero llevarte a vos, quiero llevarla a Claudia, me dijo; te dir&eacute; por qu&eacute;. As&iacute; me lo propuse cuando volv&iacute; a la Casa por primera vez, despu&eacute;s de mi iniciaci&oacute;n; ese d&iacute;a, apenas entr&eacute;, recib&iacute; un violent&iacute;simo castigo por haber sido indiscreta. No s&eacute; cu&aacute;ntos fustazos me dieron, pero te aseguro que qued&eacute; maltrecha y lo m&aacute;s grave, lo que me dio la impresi&oacute;n de mayor importancia, es que ese d&iacute;a no me uso ning&uacute;n se&ntilde;or, solamente hubo latigazos para mi y nada de sexo. Pero &iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a hecho o dicho? Hab&iacute;a hablado contigo, pero por lo que fui oyendo, me di cuenta que no hab&iacute;as sido quien hab&iacute;a hablado &iquest;Qui&eacute;n entonces? No lo vas a creer, hab&iacute;a sido Juan, nuestro amigo, el marido de Claudia, el tierno padre que vive jugando inocentemente con sus hijos, el padre ejemplar y marido modelo, el cat&oacute;lico militante; &eacute;l es miembro activo de esa hermandad, &eacute;l fue el que dijo, que ese d&iacute;a, cuando sal&iacute; de la Casa y me top&eacute; con &eacute;l en la reuni&oacute;n, lo reconoc&iacute; y le hice indiscretas sugerencias. Nada m&aacute;s falso, porque me lo pas&eacute; cont&aacute;ndote mi experiencia, pero se me hizo la luz. De pronto vi todo claro y at&eacute; cabos, mi m&aacute;s cruel violador, el joven que me rompi&oacute; el culo dolorosamente, el que no se priv&oacute; de usarme brutalmente, sin atisbo de cordialidad o afecto y se cans&oacute; de darme con la fusta, por el solo placer de castigarme, era Juan. Ahora lo reconoc&iacute;a, y lo padec&iacute;a m&aacute;s, cuando prendido a mi espalda me la daba por atr&aacute;s, tirando de mi cola de caballo, sin poder decirle una palabra ni dejar traslucir que lo reconoc&iacute;a, bloqueada por mi voto de silencio y obediencia.<\/p>\n<p>El &uacute;ltimo d&iacute;a de mi iniciaci&oacute;n me cule&oacute; tres veces, antes de dejarme salir, por eso dec&iacute;a en la reuni&oacute;n que estaba cansado y por eso se fueron temprano; estaba cansado de tanto culearme. El desgraciado me acus&oacute; de haberle hecho sugerencias por haberlo reconocido, y all&iacute; en la Casa no hay discusi&oacute;n, en caso de duda, sanci&oacute;n. Cuando recib&iacute; mi castigo tom&eacute; la decisi&oacute;n de cobrarme revancha: yo iba a aportar su casta mujercita, para que la emputecieran como a mi, con la esperanza de que la agarre un cruel amante, como &eacute;l hab&iacute;a sido y lo era, y pasara por mis mismas experiencias.<\/p>\n<p>&Eacute;l la quiere, y s&eacute; que no le gustar&iacute;a saberla abierta a quien la quiera usar, sin protestas ni negativas. No era una tarea f&aacute;cil, porque estaba atento, y si me ve&iacute;a conversando con ella, pod&iacute;a sospechar que yo la quer&iacute;a traer al reba&ntilde;o, y reaccionar, pero era una decisi&oacute;n tomada. Lo encuentro en misa y en nuestras reuniones, y me ha tocado ir a comulgar con &eacute;l a mi lado, pero por mucho que lo trate, jam&aacute;s he dejado traslucir mi condici&oacute;n, ni que se que es &eacute;l mi cruel culeador; ni siquiera un reconocimiento de que la que &eacute;l usa en la Casa, soy yo. Casi que ni me mira cuando lo encuentro fuera de la casa, pero yo siento a&uacute;n el ardor en mi culo, las marcas de los latigazos y el sabor de su semen en la boca; del mismo modo, cuando nos reunimos, parece el m&aacute;s caballero y recatado de los amigos, nadie dir&iacute;a lo grosero y desconsiderado que es cuando estamos en la Casa y c&oacute;mo me usa. All&iacute; se pone cruel, violento, y si bien no puedo negar que disfruto cuando me culea, lo cierto es que me siento atropellada y sometida.<\/p>\n<p>Raquel se hab&iacute;a convertido en una mujercita astuta, que no solamente simulaba su condici&oacute;n, sino que adem&aacute;s parec&iacute;a tener una intimidad especial con nosotras, dedicando cada momento que pod&iacute;a a Claudia, cuya curiosidad provocaba cuanto pod&iacute;a, haci&eacute;ndose la remilgada. Aprovech&oacute; la inquietud y curiosidad que nos provocaba su retiro en el cual se inici&oacute;, y alimentando sutilmente el inter&eacute;s de Claudia, termin&oacute; por lograr su inter&eacute;s manifiesto y que Sara las invitara una tarde a tomar el t&eacute;.<\/p>\n<p>All&iacute;, con su habitual cuidado y discreci&oacute;n, le hizo saber la curiosidad de nuestra amiga por el Grupo al que ella se hab&iacute;a incorporado, al tiempo que le expres&oacute; que ella no pod&iacute;a decir palabra por la consigna de secreto o privacidad; pero que consideraba un deber, hacerle saber a Sara, que su amiga era digna de la mejor atenci&oacute;n, por ser una mujer casada, madre de dos hijos, cat&oacute;lica y que, como ella, no hab&iacute;a tenido otro novio que su actual marido. Sara, astuta, se hizo la remolona, diciendo que era un grupo cerrado, muy selecto, secreto, espiritual, y concluy&oacute; por decirle que propondr&iacute;a su nombre, cosa que Claudia agradeci&oacute; muy especialmente, manifestando su inter&eacute;s.<\/p>\n<p>Cuando Juan se enter&oacute; que su mujer se iba de ejercicios por invitaci&oacute;n de Sara, crey&oacute; volverse loco: se opuso, se lo prohibi&oacute;, y lleg&oacute; a enfrentarse con Sara, pero con mucho &eacute;sta lo superaba en astucia e inteligencia, adem&aacute;s de conocerse del Grupo, donde Juan era asiduo. No pod&iacute;a decir nada por el silencio impuesto por el Grupo, que le aterraba que su amada mujercita, esta delicada preciosura, cayera en manos del l&aacute;tigo y de esos hombres impiadosos. Sara lo tranquiliz&oacute;, dici&eacute;ndole que el retiro de Claudia no ten&iacute;a nada que ver con el Grupo, no se trataba de una iniciaci&oacute;n, seg&uacute;n le asegur&oacute;, sino de ejercicios espirituales que no se hac&iacute;an en la Casa, sino en un convento que pod&iacute;a ser en Calmayo, en San Antonio o en otra parte, bajo la vigilancia de las monjitas y la direcci&oacute;n de un sacerdote. Claudia sab&iacute;a la versi&oacute;n que deb&iacute;a dar, y la acept&oacute; silenciosamente desde el primer momento, dispuesta a mentir a su marido y tenerlo enga&ntilde;ado.<\/p>\n<p>Pero Juan no estaba tranquilo, desconfiaba y recelaba, mientras descargaba su ansiedad todas las tardes en la Casa, con una crueldad innecesaria, que padec&iacute;a calladamente Raquel. Visitaba la Casa buscando hallar indicios de la presencia de su mujer all&aacute;, pero nunca recibi&oacute; ninguno, ni encontr&oacute; nada, a pesar de haber pasado tardes enteras separado de ella por una pared, tras la cual su dulce esposa se pas&oacute; chupando pijas y recibiendo de todas las formas posibles a los machos del Grupo, en medio de azotes y crueldades. Pero a diferencia de Raquel, Claudia se mostr&oacute; sumisa y dispuesta desde el primer momento, y jam&aacute;s puso inconvenientes a satisfacer todos los requerimientos que se le hicieran, es m&aacute;s, tambi&eacute;n se hab&iacute;a casado virgen, y tampoco conoc&iacute;a de felaciones y sexo anal, o de infidelidades, pero se mostr&oacute; dispuesta a aprender desde el primer momento, abierta y colaborativa, decidida a dar a los machos que la requer&iacute;an todo lo que estuviera en ella, y a su marido, la versi&oacute;n que fuera necesaria, por alejada que estuviera de la verdad mientras le aseguraba conservar su status y su familia, mientras segu&iacute;a en la vor&aacute;gine de sexo que hab&iacute;a descubierto. Era una tramposa descarada. Sara estaba encantada.<\/p>\n<p>Cuando volvi&oacute; de su retiro, nos reunimos en casa con maridos e hijos, como hab&iacute;amos hecho con Raquel; Claudia estaba serena, no ten&iacute;a rastro ninguno de los numerosos polvos que le hab&iacute;an echado, y parec&iacute;a rodeada de un halo de espiritualidad, fruto de su retiro. Nadie dir&iacute;a de d&oacute;nde ven&iacute;a, lo que hab&iacute;a hecho y hab&iacute;a vivido y que hasta un rato antes hab&iacute;a estado con otros hombres, que no eran su marido, y tra&iacute;a el est&oacute;mago lleno de leche de macho. Juan, que se hab&iacute;a pasado la tarde culeando a Raquel, en la habitaci&oacute;n del lado de su mujer, se quejaba de agotamiento por el esfuerzo que hab&iacute;a realizado, aunque sin mencionar su verdadero origen. Raquel, por su parte, no dejaba traslucir ninguna emoci&oacute;n, ni nada que permitiera conocer su actual condici&oacute;n, que hab&iacute;a terminado por asumir y aceptar.<\/p>\n<p>El Grupo aseguraba algunas cuestiones como la identidad de quienes visitaban a alguna de las integrantes, asegur&aacute;ndose que no las conocieran y que no se aficionaran a ellas en demas&iacute;a. Hab&iacute;a que asegurar la privacidad de las se&ntilde;oras y de los se&ntilde;ores, y cuidar de eventuales enamoramientos o afici&oacute;n exagerada de alg&uacute;n miembro con alguna disc&iacute;pula.<\/p>\n<p>Muchos hombres ven&iacute;an, pero Sara no permit&iacute;a entrecruzamientos, ni situaciones engorrosas, ejerciendo un control minucioso.<\/p>\n<p>Se dir&iacute;a que estaba estructurado de modo que ninguna de las disc&iacute;pulas tuviera un incidente fuera de la casa. Juan hab&iacute;a sido un caso an&oacute;malo, en el que Sara hab&iacute;a permitido que participara y usara a Raquel, sabiendo que eran amigos y compart&iacute;an vida social; con el tiempo, Sara comprendi&oacute; su error y decidi&oacute; cortar este v&iacute;nculo nuevo, que la sodom&iacute;a hab&iacute;a desarrollado y profundizado entre ambos j&oacute;venes, y Juan ya no encontr&oacute; a Raquel en la Casa, pese a sus pedidos y reclamos, que Sara no satisfizo m&aacute;s. Juan se volvi&oacute; loco.<\/p>\n<p>Para ese entonces, su mujer era una activa servidora del Grupo, cosa que sospechaba, pero no ten&iacute;a c&oacute;mo asegurar, mientras que &eacute;l deliraba por volver a usar de Raquel, que en su versi&oacute;n externa no le permit&iacute;a ni acercarse, sugerirse, y menos concretar sus intenciones. Intent&oacute; varios avances, a los que ella opuso un cerrado:<\/p>\n<p>-No te desubiques.<\/p>\n<p>Experiment&oacute; claramente lo que era la reserva y la obediencia, que le cerraron las puertas de acceso a Raquel para siempre. Visit&oacute; a Sara y le propuso llevar a su mujer al Grupo en compensaci&oacute;n por el uso de Raquel, sugiriendo que conoc&iacute;a su pertenencia, pero tanto Sara, como el resto, opusieron un cerrado silencio y un secreto inexpugnable: No aceptaron oferta alguna ni reclamo de ninguna especie. Adem&aacute;s, que Juan no ten&iacute;a nada que ofrecer, porque Claudia se hab&iacute;a integrado hac&iacute;a tiempo y al decir de algunos miembros, cog&iacute;a como los dioses.<\/p>\n<p>Pero la irregularidad ten&iacute;a consecuencias y la direcci&oacute;n decidi&oacute; que, tanto Juan como Sara, deb&iacute;an ser pasibles de la punici&oacute;n y la limpieza, por el l&aacute;tigo. Ambos se sometieron calladamente, sabedores de su irregularidad y deseosos de no ser excluidos del Grupo, y se produjo la aplicaci&oacute;n de la sanci&oacute;n que, por imperio de la solidaridad de g&eacute;neros, se vio parcialmente atemperada. Los fustazos a Sara, decidieron que se los aplicara Raquel, que fue ben&eacute;vola y los dio sin el rigor esperado; la solidaridad femenina jugaba su rol y Sara lo agradeci&oacute;. Juan, recibir&iacute;a la sanci&oacute;n de parte de uno de los otros socios y por mediaci&oacute;n de Sara, se decidi&oacute; que participara Raquel.<\/p>\n<p>La benevolencia que tuvo &eacute;sta con Sara, fue paralela a la del socio con Juan, a quien cruz&oacute; unos pocos golpes, no muy fuertes, por la espalda. Raquel lo pidi&oacute; desnudo, inmovilizado y boca arriba; cuando as&iacute; estaba tom&oacute; esa pija que le hab&iacute;a roto el culo y la hab&iacute;a violentado tantas veces y la hab&iacute;a hecho gozar, y le corri&oacute; el prepucio, dejando la cabeza al aire. Cuando la tuvo as&iacute;, descarg&oacute; toda su furia sobre la desnuda cabeza y sobre los huevos de Juan, esos que se hab&iacute;an vaciado tantas veces en su interior, sin piedad con su due&ntilde;o que se retorci&oacute; impotente, sin poder evitar el castigo. No se detuvo hasta que Sara le tom&oacute; la mu&ntilde;eca, y le dijo cari&ntilde;osamente:<\/p>\n<p>-Basta, preciosa, lo vas a matar o lo vas a dejar est&eacute;ril-. Fue la &uacute;ltima relaci&oacute;n de Juan y Raquel en el &aacute;mbito del Grupo y la Casa.<\/p>\n<p>Raquel se hab&iacute;a hecho mi confidente; muchas cosas le ocurr&iacute;an sin que ella dejara que se manifiesten. Un domingo, a la salida de misa de once, mientras los maridos organizaban un asado y una juntada, hizo un aparte discreto y me cont&oacute;:<\/p>\n<p>-&iquest;Ves ese se&ntilde;or a mis espaldas de traje azul? &iquest;El que est&aacute; con una se&ntilde;ora y dos hijas j&oacute;venes? Se ha pasado la misa mir&aacute;ndome.<\/p>\n<p>-&iquest;Y?- repuse yo, como si no me importara.<\/p>\n<p>-El domingo pasado fue lo mismo. Y sab&eacute;s, cuando fui a la Casa esta semana, me hab&iacute;a pedido en exclusiva, lo tuve que atender. &iexcl;Qu&eacute; bestia! Se hizo chupar la pija tres veces, y me llen&oacute; la boca de leche, que por supuesto me tom&eacute; todita; despu&eacute;s, me dio de todas las formas posibles, dos veces por el culito y termin&oacute; cogi&eacute;ndome. No te das una idea lo que es, parece incansable-. Mientras tanto, ella se ocupaba de sus chiquitos y no daba indicio alguno de saber que &eacute;l la miraba, ni que ella lo hab&iacute;a advertido, ni de qui&eacute;n se trataba; hab&iacute;a tomado la costumbre de contarme sus situaciones como esa, haci&eacute;ndome participar de ellas, de alg&uacute;n modo. Me pareci&oacute; una experiencia emocionante y, un tanto alterada por la situaci&oacute;n, la mir&eacute; llena de interrogantes, que ella interpret&oacute;:<\/p>\n<p>-&iquest;Qu&eacute; si lo goc&eacute;? Por supuesto, m&aacute;s que lo que crees. Me lo llevar&iacute;a ahora mismo a la Casa, a que me atienda y satisfaga-, me dijo con una sonrisa inocente y sin dejar de atender sus ni&ntilde;os, y sin alterarse para nada, a diferencia de mi que estaba alterada.<\/p>\n<p>Sara sali&oacute; de misa con su marido, y se arrimaron a conversar con nosotras. Raquel, me ech&oacute; una mirada expectante, yo, no s&eacute; por qu&eacute; impulso del momento, le dije a Sara:<\/p>\n<p>-Te voy a visitar una tarde de estas &iquest;puede ser?<\/p>\n<p>-Yo te acompa&ntilde;o-, agreg&oacute; Raquel.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 16<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Nueve parejas j&oacute;venes form&aacute;bamos el grupo, que se reun&iacute;a en nuestra parroquia semanalmente, bajo la direcci&oacute;n y coordinaci&oacute;n de otro matrimonio, mayor, que ten&iacute;a unos diez a&ntilde;os m&aacute;s que nosotros y oficiaban de directores: Sara y Guillermo. 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