{"id":24282,"date":"2020-06-16T03:37:10","date_gmt":"2020-06-16T03:37:10","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-06-16T03:37:10","modified_gmt":"2020-06-16T03:37:10","slug":"mi-entranable-enfermera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/mi-entranable-enfermera\/","title":{"rendered":"Mi entra\u00f1able enfermera"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"24282\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Llegu&eacute; a la emergencia del hospital con s&iacute;ntomas aparentes de Covid19. En realidad me sent&iacute;a bien, sin embargo, la unidad de prevenci&oacute;n CV19, me secuestr&oacute; y arrastr&oacute; sin derecho a pataleos.<\/p>\n<p>Me pasaron a una sala atestada de enfermeras en donde el olor a alcohol mezclado con sudores de todo tipo, se fund&iacute;an y produc&iacute;an una sinfon&iacute;a de aromas indescriptibles. Me sentaron en una camilla cl&iacute;nica con ruedas en sus patas y me exigieron que esperara a ser atendido.<\/p>\n<p>Tengo 19 a&ntilde;os vividos sanamente. Jam&aacute;s hab&iacute;a visitado la sala de un hospital. Solo una vez me llev&oacute; mi mam&aacute;, cuando tendr&iacute;a unos 14 a&ntilde;os, para examinar mi polla la cual cre&iacute;a era demasiado grande para mi edad. En esa ocasi&oacute;n, el doctor le inform&oacute; a mi madre que mi armamento estaba entre los par&aacute;metros normales pero que no dejaba de ser un tama&ntilde;o que impresionaba. Eso bast&oacute; para que mi vieja se tranquilizara y dejara de preocuparse por eso. La verdad es que ahora, pasados estos a&ntilde;os, mi polla es la envidia de todos mis compa&ntilde;eros del equipo de futbol. Lamentablemente, mi timidez no me ha permitido probar las mieles del placer carnal. Eso s&iacute;, me auto medico diariamente con enfermiza religiosidad.<\/p>\n<p>Tatiana llevaba quince d&iacute;as sin ir para su casa. La veterana enfermera, segu&iacute;a con exactitud las indicaciones y el protocolo de confinamiento impuesto por el gobierno. Quince d&iacute;as interna por dos d&iacute;as en su casa. En sus cuarenta y cinco a&ntilde;os, nunca hab&iacute;a vivido una situaci&oacute;n como esa. En condiciones normales, su trabajo ten&iacute;a un horario 24\/24 como dec&iacute;an en el argot m&eacute;dico. En realidad ella nunca cumpli&oacute; esas condiciones laborales, generalmente lo sobrepasaba por horas y hasta d&iacute;as. Era una mujer entregada a su trabajo.<\/p>\n<p>Tanto ajetreo y tanta pasi&oacute;n por su profesi&oacute;n, le hab&iacute;an impedido construir una familia. Su &uacute;nico hobby, adem&aacute;s de leer, consist&iacute;a en acudir dos horas de su limitado tiempo, al moderno gimnasio que estaba ubicado cerca de su casa. Ah&iacute; se distra&iacute;a, adem&aacute;s de ejercit&aacute;ndose, mirando los cuerpos tallados y sudorosos de los j&oacute;venes que all&iacute; acud&iacute;an. En su mon&oacute;tona vida, solo hab&iacute;a tenido algunos encuentros sexuales en su pasant&iacute;a por el colegio de enfermeras. De eso ya hab&iacute;an pasado quince a&ntilde;os. Sus compa&ntilde;eras de sala, no se cansaban de alentarla a que se divirtiera y sacara provecho a su exuberante cuerpo. S&iacute;, Tatiana estaba dotada de unas extremidades inferiores que parec&iacute;an esculpidas por el m&aacute;s experimentado artista del renacimiento. Su pelo rojizo, adornaba como un arrebol su encantado rostro inmaculado. Sus no tan exagerados pechos, se erig&iacute;an imponentes como dos monta&ntilde;as coronadas con un bot&oacute;n rosado en su cima. Nadie se explicaba como no hab&iacute;a logrado casarse. Todo el personal masculino y, alguna que otra colega, se deleitaban ante la presencia de la elegante y voluptuosa enfermera.<\/p>\n<p>La vi acerc&aacute;ndose a m&iacute;. Por mi intuici&oacute;n y por los bellos ojos aceitunados que logr&eacute; atisbar a trav&eacute;s de la cantidad de protectores que cubr&iacute;an su rostro, present&iacute; que se trataba de una mujer muy bella. Un mech&oacute;n de pelo rojizo que luchaba por permanecer dentro del gorro verde me indicaron que se trataba de una pelirroja. Con su bata blanca y su estetoscopio colgado a su cuello me indic&oacute; que me sentara.<\/p>\n<p>-Buenas tardes jovencito, si&eacute;ntese recto, por favor -me indic&oacute; con voz cansada.<\/p>\n<p>Me sent&eacute; como me dijo y seguidamente puso su term&oacute;metro en mi frente.<\/p>\n<p>-No tienes fiebre -me dijo<\/p>\n<p>-d&eacute;jame revisar tu garganta -prosigui&oacute;<\/p>\n<p>Con su mano cubierta por un guante de l&aacute;tex verde, abri&oacute; mi boca e introdujo una paleta que casi me hizo vomitar. Observ&oacute; con su linterna y seguidamente me dijo:<\/p>\n<p>-No veo nada anormal. &iquest;Sientes alg&uacute;n dolor? -Me pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>-No, me siento perfectamente bien &ndash;susurr&eacute;<\/p>\n<p>La presencia de aquella enfermera me hab&iacute;a descompuesto un poco. La escena, muchas veces recreada en mis m&uacute;ltiples fantas&iacute;as auto complacientes, aunado a la misteriosa imagen que escond&iacute;an los aditivos descartables, hab&iacute;an despertado en m&iacute; una incipiente erecci&oacute;n. Aunque les digo, lo que m&aacute;s me excitaba era el olor que transpiraba la diligente se&ntilde;ora. Desde peque&ntilde;o, pose&iacute;a una rara hipersensibilidad por los olores y los aromas. Ten&iacute;a lo que llamaban los eruditos, una s&uacute;per nariz.<\/p>\n<p>-Acu&eacute;stese boca abajo -me dijo.<\/p>\n<p>El estetoscopio recorri&oacute; con su frio ap&eacute;ndice met&aacute;lico toda mi espalda. Me hizo pronunciar todo el abecedario y por cada letra que exclamaba, sent&iacute;a que mi abultado miembro se expand&iacute;a. Cont&eacute; hasta cien, ida y vuelta para tratar de desviar mis pensamientos y evitar que me viera en esas condiciones. Solo rogaba a Dios que no me pidiera darme vuelta. Petici&oacute;n denegada.<\/p>\n<p>-Dese vuelta, por favor, necesito descartar algo -pronunci&oacute; con cierta preocupaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Recurr&iacute; a las figuras m&aacute;s grotescas y a los recuerdos m&aacute;s desagradables de mi existencia para neutralizar la erecci&oacute;n descomunal que amenazaba con escapar de mi corto pantal&oacute;n de practicar futbol. Como pude, me fui volteando lentamente implor&aacute;ndoles a todos los santos que desapareciera aquella protuberancia insolente. Ya boca arriba, mi ca&ntilde;&oacute;n se acomod&oacute;, a duras penas, entre la liga de mi interior y el borde del pantaloncillo. Me negaba a mirarlo, sab&iacute;a que mi imprudente mazo amenazaba con abandonar su fr&aacute;gil morada.<\/p>\n<p>-S&uacute;base la franela, por favor, le voy a presionar en su abdomen para descartar que no tenga inflamaci&oacute;n en el colon -Me orden&oacute; con voz autoritaria.<\/p>\n<p>La diligente enfermera no era indiferente al joven que estaba auscultando. A los pocos minutos ya sab&iacute;a que aquel atl&eacute;tico joven no era portador del pand&eacute;mico virus. Ninguno de los s&iacute;ntomas previos ni los resultados de sus an&aacute;lisis exploratorios, le hac&iacute;an pensar que estuviera infectado. No era candidato ni para una prueba r&aacute;pida de despistaje. Un deseo morboso le hab&iacute;a inducido a querer investigar m&aacute;s a fondo. En sus a&ntilde;os de trabajo, era la primera vez que se dejaba llevar por un instinto desconocido para ella. Tocar aquella espalda, mirar aquellas piernas y sentir el nerviosismo del joven, la empujaron a seguir con ese juego de buscar dolencias y anomal&iacute;as donde no exist&iacute;an.<\/p>\n<p>Cuando el joven paciente se volte&oacute;, no dej&oacute; de notar la inflamaci&oacute;n exagerada de su entrepierna. &iexcl;Dios santo! Exclam&oacute; para s&iacute;. No pod&iacute;a creer lo que estaba viendo. Un fuerte escalofr&iacute;o recorri&oacute; su cuerpo, erizando cada uno de sus innumerables poros. Un temblor en las piernas casi la hacen caer en medio de la sala de emergencias.<\/p>\n<p>M&eacute;dicos y enfermeras desfilaban de lado a lado en aquella atribulada sala. Tatiana empujo la camilla hacia un rinc&oacute;n medio despejado, y con su cuerpo cubri&oacute; la vista de aquel animal que luchaba por abandonar su jaula. Con su mano enguantada, comenz&oacute; a mover sus dedos por el abdomen de su nervioso paciente. No sab&iacute;a, ni le interesaba, que estaba diagnosticando. Sus dedos se hund&iacute;an fuertemente en busca de la nada.<\/p>\n<p>Su mano, recorr&iacute;a cada cent&iacute;metro de mi abdomen, ejerciendo presi&oacute;n a cada movimiento que hac&iacute;a. Gracias a los infinitos abdominales que hacia cada d&iacute;a, pude soportar aquella presi&oacute;n que intentaba llegar a mi espalda. En cada recorrido, sent&iacute;a sus dedos aproxim&aacute;ndose cada vez m&aacute;s a mi ingle.<\/p>\n<p>-Voy a quitarme el guante, necesito palpar con exactitud tus &oacute;rganos internos -susurr&oacute;.<\/p>\n<p>Mientras lo hac&iacute;a, ech&eacute; una mirada a mi entrepierna y not&eacute; que mi short parec&iacute;a una carpa de circo. En ese momento comprend&iacute; que mi incisiva enfermera tuvo que haber notado mi gigantesca erecci&oacute;n. No habr&iacute;a forma de esconder aquel falo descontrolado.<\/p>\n<p>Mi nariz no escap&oacute; a captar el cambio de aromas de aquella mujer. Un nuevo olor, desconocido para m&iacute;, emanaba a torrentes del cuerpo de la enfermera. Era algo m&aacute;gico. En el repertorio de mis archivos sensoriales, esa nueva sustancia no estaba registrada. Percibirlo, abri&oacute; una llave extra de caudaloso efluente de sangre, que enseguida inundo m&iacute; ya abultado Goliat. Palpitaba como un coraz&oacute;n de jirafa.<\/p>\n<p>-Al sentir sus dedos sin la barrera indeseada del l&aacute;tex, produjo en m&iacute;, mayores e incontrolables palpitaciones. Sigui&oacute; auscultando mi abdomen y con un movimiento de su cuerpo inclin&aacute;ndose a m&iacute;, hundi&oacute; sus dedos en la ingle. Con su codo, frotaba con descuido mi entrepierna. Sub&iacute;a y bajaba su mano, y con el roce que me produc&iacute;a su antebrazo, masajeaba imperceptiblemente mi instrumento.<\/p>\n<p>Tatiana estaba fuera de s&iacute;. El roce de su codo con aquel portentoso m&uacute;sculo que luchaba por escapar, le hab&iacute;an cegado toda consciencia en ella. Las pocas voces que le susurraban que no deb&iacute;a seguir con eso, eran acalladas por un coro de intrusos que gritaban que siguiera con su masaje encubierto. Sent&iacute;a que por sus muslos, sub&iacute;an y bajaban duendes que humedec&iacute;an su depilada gruta. Se sinti&oacute; extra&ntilde;a, confundida, enajenada. Su otrora conducta intachable la hab&iacute;a mandado a la mierda.<\/p>\n<p>Sin mucho pensar, destrab&oacute; el freno de las ruedas de la camilla y la condujo por un pasillo poco alumbrado que conduc&iacute;a a un peque&ntilde;o almac&eacute;n donde se guardaban infinidad de equipos m&eacute;dicos para su reparaci&oacute;n. Por la pandemia, el personal de mantenimiento solo acud&iacute;a a las emergencias t&eacute;cnicas que se presentaban.<\/p>\n<p>No sab&iacute;a que estaba haciendo. El esp&iacute;ritu lujurioso que se hab&iacute;a apoderado de ella, la empuj&oacute; a ese precipicio de insensatas decisiones. Con la camilla, empuj&oacute; la puerta del oscuro sal&oacute;n y atraves&oacute; una silla desde adentro para trabarla y evitar que alguien pudiese entrar.<\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; est&aacute; pasando? Me pregunt&eacute;. &iquest;Ad&oacute;nde me lleva esta mujer? Montado en aquella camilla que se abr&iacute;a paso por aquel pasillo, pasaron por mi mente infinidad de cosas. &iquest;Habr&iacute;a hecho algo mal? &iquest;Tendr&eacute; algo grave y me van a examinar en otro lado?<\/p>\n<p>Cuando se abri&oacute; aquella puerta y not&eacute; que la fren&eacute;tica enfermera la trab&oacute; con una silla, no supe que pensar. Entre la erecci&oacute;n y el jueguito con su codo en mi polla, y el nerviosismo del desalojo sorpresivo, mi mente no lograba coordinar mis pensamientos.<\/p>\n<p>Cuando encendi&oacute; la luz de aquella habitaci&oacute;n llena de aparatos, todos los accesorios que cubr&iacute;an su pelo y su rostro ya no los ten&iacute;a.<\/p>\n<p>-No te asustes -me dijo.<\/p>\n<p>-All&aacute; hay mucha gente y creo que t&uacute; no tienes Covid19. No quiero que te contamines -agreg&oacute;.<\/p>\n<p>-Siento una protuberancia en tu abdomen y quiero descartar cualquier cosa -Me dijo con total convencimiento.<\/p>\n<p>Seguidamente, quit&oacute; su otro guante y me apret&oacute; con sus dos manos mi ingle.<\/p>\n<p>-Ves. Aqu&iacute; siento algo raro. &iquest;Te duele?<\/p>\n<p>Quise responderle que lo que me dol&iacute;a era mi pene de tanto estar bombeando sangre, pero me contuve.<\/p>\n<p>-un poquito -respond&iacute; con voz asustada.<\/p>\n<p>-Es probable que tengas un poco de inflamaci&oacute;n en tu colon o una obstrucci&oacute;n -me dijo.<\/p>\n<p>-Voy a masajearte unos minutos, con un poco de movimiento, podr&aacute;s recuperar la motricidad de los intestinos -exclam&oacute;.<\/p>\n<p>Sus h&aacute;biles dedos siguieron danzando en mi torso y su codo volvi&oacute; al ataque previo en la sala de urgencias. Aquel incesante vaiv&eacute;n de sus dedos y el cada vez m&aacute;s inusual y descarado movimiento con su antebrazo, me hicieron dudar de la veracidad de aquel diagn&oacute;stico. Algo no me cuadraba. El olor penetrante e in&eacute;dito que transpiraba, y su cada vez mayor jadeo, me indicaban que se encontraba igual que yo. Fuera de s&iacute;. Excitada y enajenada como me encontraba yo. De muy dentro de m&iacute;, saqu&eacute; fuerzas y le dije:<\/p>\n<p>-Abajo, m&aacute;s abajo. Ah&iacute; me duele m&aacute;s.<\/p>\n<p>Me la hab&iacute;a jugado e indiferentemente solt&eacute; aquella frase que disfrazaba las ganas que ten&iacute;a que me tocara mi desafiante polla. Lentamente, fue acercando su mano al borde de mi short y me pregunto:<\/p>\n<p>-&iquest;Ah&iacute;, te duele ah&iacute;?<\/p>\n<p>-M&aacute;s abajo, por favor -exclam&eacute;<\/p>\n<p>Su mano sigui&oacute; desliz&aacute;ndose dentro de mi prenda deportiva y con movimientos juguetones se aproximaban a la base de mi torreta.<\/p>\n<p>-&iquest;ah&iacute; te duele? -Pregunt&oacute; apretando el pie de mi ca&ntilde;&oacute;n<\/p>\n<p>-S&iacute;, s&iacute;, ah&iacute;, por favor. T&oacute;melo con fuerza que me va a explotar -le dije.<\/p>\n<p>-Sab&iacute;a que algo andaba mal. Pocas veces me equivoco con mis diagn&oacute;sticos. Voy a retirar tus prendas -agreg&oacute; con la vista desorbitada.<\/p>\n<p>Al quitar las amarras que ataban mi mastodonte, se liber&oacute; el monstruo de cabeza deforme que buscaba afanosamente ser domado.<\/p>\n<p>Ver el rostro de mi condescendiente enfermera, contemplando con ojos desorbitados mi poll&oacute;n, produjeron ingentes r&iacute;os de lubricante en mi desenfrenado miembro. Como un aut&oacute;mata, lo tom&oacute; con sus dos manos y comenz&oacute; a masajearlo con fren&eacute;tico &iacute;mpetu.<\/p>\n<p>-&iexcl;Dios m&iacute;o! &ndash;Exclam&oacute;-. Qu&eacute; animal tan grande e imponente. &iexcl;Te debe doler mucho! Solt&oacute; con un profundo suspiro de admiraci&oacute;n.<\/p>\n<p>-No te preocupes, de aqu&iacute; no sales sin yo curar tu quebranto. D&eacute;jame masajearlo -agreg&oacute;.<\/p>\n<p>Mientras apretaba mi pene con sus dos manos y le imprim&iacute;a un ritmo enloquecedor, me sent&eacute; sobre la camilla y tome su rojiza cabellera y le acarici&eacute; con suavidad. Ella frotaba y masajeaba sin descanso y repetidamente se acercaba a mi miembro con ganas de engullirlo. Lo media de pies a cabeza y su rostro se deformaba como una mu&ntilde;eca de silicona. Sus ojos giraban como un fiel sin derroteros y dejaba escapar sonidos extra&ntilde;os de su boca. Entre mi paroxismo y sus indescifrables murmullos, no lograba entender lo que quer&iacute;a decir. Con mi mano libre, hurgu&eacute; dentro de su bata blanca y pode acariciar sutilmente uno de sus hermosos senos. Me entretuve unos segundos mientras ella segu&iacute;a con su ataque a mansalva sobre mi miembro.<\/p>\n<p>-Me lo voy a meter en la boca -susurr&oacute;. Deb&oacute; cerciorarme que tu mal no sea producto de algo gustativo -Dijo como si quisiera justificar lo que har&iacute;a. Tal vez quer&iacute;a jugar pero no hab&iacute;a terminado de pronunciar aquello cuando la empuj&eacute; hac&iacute;a mi poll&oacute;n. Abri&oacute; su boca y lentamente fue tragando casi todo mi instrumento.<\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; estoy haciendo? Martillaba la pregunta en la mente de Tatiana. Los a&ntilde;os de abstinencia y los recuerdos en el gimnasio con los m&uacute;ltiples j&oacute;venes que hab&iacute;a querido llevar a la cama, desataron en ella un rio de pasiones desenfrenadas. Estaba impresionada con aquella bestia que ten&iacute;a dentro de su boca. Deseaba trag&aacute;rsela hasta su garganta pero sab&iacute;a que aquello era imposible. Imaginarse montada en ese descomunal miembro, llenaban su mente de temor pero a su vez un deseo incomparable por domarlo. Sinti&oacute; la mano del apuesto joven hurgar dentro de su bata.<\/p>\n<p>La mano que tocaba sus pezones con cierta impericia, le estaban causando un placer inmenso. Con una mano, desaboton&oacute; su bata y la dej&oacute; deslizar al piso. No llevaba brasier. Su imponente cuerpo de porcelana china, descubri&oacute; ante su paciente, dos imponentes melones rosados y unas piernas finamente labradas. Su prenda interior estaba completamente mojada. Con una mano masajeaba la descomunal polla y con la otra se toc&oacute; su hendidura como imagin&aacute;ndose lo que ser&iacute;a la batalla que le esperaba.<\/p>\n<p>Al ver el cuerpo semidesnudo de la enfermera, comenc&eacute; a temblar como un ni&ntilde;o sin ropa en pleno invierno. Toqu&eacute; su cintura y apret&eacute; sus nalgas con fuerza. La hal&eacute; hac&iacute;a m&iacute;, alej&aacute;ndola de mi polla y la bes&eacute; locamente. Con mis dos brazos la sub&iacute; a la camilla y la acost&eacute; encima de m&iacute;.<\/p>\n<p>-apri&eacute;tame duro, por favor -me dijo.<\/p>\n<p>Suavemente le retir&eacute; el bikini negro que separaba su jard&iacute;n pulcramente desmalezado y frot&eacute; mi ariete contra su puerta de la gloria. Mi miembro se deslizaba salvaje y juguet&oacute;n en aquella morada humedecida por los jugos m&aacute;s preciados.<\/p>\n<p>-Tengo mucho miedo -me dijo.<\/p>\n<p>-No creo poder con tan grande ca&ntilde;&oacute;n -Agreg&oacute;.<\/p>\n<p>-No tengas miedo, si quieres solo fr&oacute;talo contra tu conchita -le dije pensando que realmente no podr&iacute;a con aquello.<\/p>\n<p>&#8211; Si, est&aacute; bien, solo lo frotare, aunque tengo unas ganas infinitas de poder probarla -susurr&oacute;.<\/p>\n<p>-Tal vez solo me introduzco el melocot&oacute;n que corona tu descomunal roble- Me insinu&oacute;.<\/p>\n<p>Seguidamente, pos&oacute; sus rodillas en el borde de la camilla y con una de sus manos coloc&oacute; la punta de mi polla en su entrada lubricada. Trat&oacute; de introducir el roset&oacute;n y a cada intento apretaba su vientre con temor incontrolado.<\/p>\n<p>-no creo que entre, Dios. Es inmenso, pero tengo unas ganas endemoniadas de que me llegu&eacute; a las entra&ntilde;as- Profiri&oacute; aquellas palabras y redobl&oacute; su esfuerzo pertinaz. M&aacute;s relajada por los efectos del paroxismo, la cabeza resbaladiza de mi miembro logr&oacute; franquear la puerta de su fortaleza celestial.<\/p>\n<p>-&iexcl;Ay, ay, me duele. As&iacute;, por favor. Ya, ya, voy a morir! -Grit&oacute;.<\/p>\n<p>Su vientre comenz&oacute; a contorsionarse y a cada movimiento mi espada ganaba terreno en su h&uacute;meda gruta.<\/p>\n<p>-No pares, por favor, no pares. Creo que me la met&iacute; toda -Me dijo empapada de un sudor exquisito.<\/p>\n<p>&#8211; Lo siento rico, papi. Me encanta estar empalmada as&iacute;. Dame m&aacute;s duro, m&aacute;s duro -imploraba.<\/p>\n<p>Lo que no se imaginaba mi enfermera, era que todav&iacute;a quedaba terreno por conquistar. Cent&iacute;metro a cent&iacute;metro fui ganando espacios en aquel t&uacute;nel apretado y paradisiaco.<\/p>\n<p>-&iexcl;Por Dios, me vas a matar con todo eso. Pens&eacute; que ya me lo hab&iacute;as metido todo! Sigue, sigue, no te pares. M&aacute;tame, no tengas piedad de m&iacute; -pronunci&oacute; con convicci&oacute;n.<\/p>\n<p>La penetr&eacute; hasta lo &uacute;ltimo de mi ca&ntilde;&oacute;n. La sent&iacute; venir en m&uacute;ltiples orgasmos. De mi interior, brotaban chorros de lava blanca de mi descontrolado volc&aacute;n.<\/p>\n<p>-Me muero. Ha sido maravilloso. Quiero m&aacute;s, por favor -suplic&oacute;.<\/p>\n<p>La volte&eacute; de espaldas a m&iacute; y pude presenciar lo exquisito de sus nalgas. Ella puso su orificio anal frente a mi cara y met&iacute; me lengua hasta donde pude. Su piel se erizaba y temblaba a cada succi&oacute;n que le propinaba. Su respiraci&oacute;n entrecortada y las contracciones de su esf&iacute;nter, entusiasmaron de nuevo a mi alica&iacute;do miembro.<\/p>\n<p>-Me encanta que me beses el culito -exclamo casi llorando.<\/p>\n<p>-Intentemos juguetear con &eacute;l a ver si logro introducirme una porci&oacute;n peque&ntilde;a -agreg&oacute;.<\/p>\n<p>Escup&iacute; var&iacute;as veces su orificio y ella embadurno de saliva mi polla y la dirigi&oacute; lentamente hacia su culito.<\/p>\n<p>-poco a poco, por favor. No s&eacute; c&oacute;mo lo vamos a meter pero me muero de ganas de que me lo metas hasta el fondo -Dijo.<\/p>\n<p>La imagen de aquellas nalgas buscando apoderarse de mi polla e intentar introducirla por su hermoso culo, me ten&iacute;an embelesado. Lo puso en su entrada y con una mano lo mantuvo erguido y apuntando con precisi&oacute;n la puerta que conduc&iacute;a a sus rec&oacute;nditos lugares. Le introduje uno, dos, tres dedos, intentando relajar y acostumbrar su pasadizo para la ardua tarea que se avecinaba. Con cierta destreza, lo guio suavemente y su puerta cedi&oacute; y comenz&oacute; a engullirse mi descomunal falo. Comenz&oacute; a temblar y a proferir toda clase de palabras obscenas ajenas a m&iacute;. Con el mastodonte adentro, inici&oacute; una serie de movimientos desenfrenados que exprim&iacute;an mi envainado miembro.<\/p>\n<p>-Qu&eacute; rico, me duele mucho pero no pares. Ayyy, que dolor estoy sintiendo, pero por favor, no se te ocurra sacarlo -gritaba.<\/p>\n<p>Con su mano se frotaba incesantemente su capullo de la felicidad. Por sus alaridos de placer, adivin&eacute; que se hab&iacute;a venido varias veces. Por mi parte, de mis entra&ntilde;as emanaban mis l&iacute;quidos sin cesar. Eyacul&eacute; como tres veces. El cuerpo de mi pelirroja estaba marcado por mis manos. Se volte&oacute; y se aferr&oacute; a m&iacute; como una perrita cari&ntilde;osa.<\/p>\n<p>-&iquest;No s&eacute; qu&eacute; hemos hecho?<\/p>\n<p>-Yo tampoco&hellip;<\/p>\n<p>El ruido de unos pasos fuera de aquel almac&eacute;n, nos alertaron y nos trajeron a la triste realidad. No estoy contagiado, gracias a Dios, le dije.<\/p>\n<p style=\"text-align:right\">Mi sorpresiva enfermera. Alphonso Estevens.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 Llegu&eacute; a la emergencia del hospital con s&iacute;ntomas aparentes de Covid19. En realidad me sent&iacute;a bien, sin embargo, la unidad de prevenci&oacute;n CV19, me secuestr&oacute; y arrastr&oacute; sin derecho a pataleos. 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