{"id":24341,"date":"2020-06-18T22:00:00","date_gmt":"2020-06-18T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-06-18T22:00:00","modified_gmt":"2020-06-18T22:00:00","slug":"suplencia-en-el-convento-mi-encuentro-con-la-superiora-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/suplencia-en-el-convento-mi-encuentro-con-la-superiora-i\/","title":{"rendered":"Suplencia en el Convento. Mi encuentro con la superiora (I)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"24341\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Llov&iacute;a a c&aacute;ntaros en la monta&ntilde;a donde estaba ubicada la orden de las monjas teresianas. La parte trasera del convento, estaba compuesta por un peque&ntilde;o huerto, que suministraba los vegetales a las veinticinco religiosas, adem&aacute;s de un cobertizo-establo, con dos vacas lecheras y unas cien gallinas ponedoras. Una peque&ntilde;a granjita autosuficiente que era atendida por el &uacute;nico hombre que ten&iacute;a acceso a las instalaciones.<\/p>\n<p>Mi padre, de sesenta a&ntilde;os, atend&iacute;a con esmero aquel peque&ntilde;o huerto y se encargaba del orde&ntilde;o y de la recolecci&oacute;n de los huevos. Ese d&iacute;a, por primera vez en veinte a&ntilde;os, me toc&oacute; hacerle la suplencia a mi enfermo viejo. Antes de salir a suplir su ausencia, me entreg&oacute; una larga lista de tareas que deb&iacute;a cumplir cabalmente: Conectar el sistema de riego, sacar la basura, recoger los huevos, orde&ntilde;ar la vaca, recoger los tomates maduros, entre otras cosas. Finalmente, antes de salir, me exigi&oacute; encarecidamente que no me acercara a la vieja casona donde habitaban las monjas.<\/p>\n<p>Comenc&eacute; con las labores a las 5:00 am. A media ma&ntilde;ana, el aguacero hab&iacute;a mermado bastante y decid&iacute; salir del cobertizo de los animales y me dediqu&eacute; a los quehaceres culturales de la tierra.<\/p>\n<p>Tendr&iacute;a poco menos de una hora bajo la fastidiosa llovizna, cuando vi pasar, como a unos cuarenta metros, a una monja con una cesta cubriendo su cabeza rumbo al cobertizo. Su paso apurado la delat&oacute; y voltee sin intenci&oacute;n alguna a ver que era aquel ruido.<\/p>\n<p>Ni me mir&oacute;. Sigui&oacute; su paso apresurado y se perdi&oacute; dentro de aquel techo de zinc que resguardaba los animales. Pasaron como veinte minutos y aquella monja no daba se&ntilde;ales de vida. Movido por la curiosidad y tambi&eacute;n para guarecerme de la lluvia que hab&iacute;a arreciado, me fui acercando lentamente a la pared que me proteg&iacute;a de la visibilidad de ella, hasta alcanzar el alero del techo en donde me proteg&iacute; de la abundante agua que ca&iacute;a de nuevo.<\/p>\n<p>No quise meterme dentro del cobertizo, obedeciendo las estrictas &oacute;rdenes de mi padre: A las monjas ni te les acerques, me hab&iacute;a implorado. El ruido que produc&iacute;an las gotas sobre las l&aacute;minas del techo, me imped&iacute;an escuchar lo que pasaba al otro lado de la pared. Uno que otro bramido de las vacas, lograba llegar a mis o&iacute;dos cada cierto tiempo.<\/p>\n<p>Pasados algunos instantes, tal vez cinco minutos, la pertinaz lluvia baj&oacute; significativamente su magnitud. Todav&iacute;a empapaba pero su ruido ensordecedor sobre el zinc, hab&iacute;a mermado lo suficiente para percibir cierto ruido extra&ntilde;o al otro lado de la pared.<\/p>\n<p>Escuchaba tenuemente, un quejido que inicialmente atribu&iacute; a una de las vacas. Algo raro en verdad, afin&eacute; mi o&iacute;do y comprob&eacute; que el ruido y el sonido gutural que resonaba en mis t&iacute;mpanos no era producto del rumiante. El sorpresivo y cada vez m&aacute;s audible jadeo, se asemejaba m&aacute;s bien al que producen las personas que sufren de problemas respiratorios. Aquello me intrig&oacute;, rod&eacute; con sumo cuidado una vieja silla, que tal vez era usada por m&iacute; pap&aacute; para descansar y la coloqu&eacute; en la parte m&aacute;s baja del alero para tratar de descifrar el motivo de los ruidos.<\/p>\n<p>Tratando de no hacer mucho esc&aacute;ndalo, me sub&iacute; cuidadosamente en el sill&oacute;n de madera y me agarr&eacute; de una viga enmohecida que sobresal&iacute;a del techo. El list&oacute;n emiti&oacute; un crujido seco que me oblig&oacute; a quedarme est&aacute;tico por un momento. Yo no sab&iacute;a realmente que resonaba del otro lado con cada vez mayor intensidad. Me imagin&eacute; alg&uacute;n tipo de animal extra&ntilde;o que resollaba de esa forma, o quiz&aacute;s la monja ten&iacute;a un ataque de asma, la verdad, no adivinaba ni remotamente de donde proven&iacute;a ese sonido.<\/p>\n<p>Retir&eacute; mi mano con sumo cuidado y me apoy&eacute; en el borde de la pared que parec&iacute;a m&aacute;s estable. Los jadeos se incrementaban a cada instante que transcurr&iacute;a y mi curiosidad aumentaba proporcionalmente con los resuellos que escuchaba: Ahh, ahh, ay&hellip;<\/p>\n<p>Me inclin&eacute; hasta donde m&aacute;s no pude y logr&eacute; quedar peligrosamente guindado, pero con una vista completa hac&iacute;a dentro del establo. Lo que vi a continuaci&oacute;n me dej&oacute; perplejo. Tirada sobre las pacas de heno de las vacas, estaba tumbada de espaldas la monja, con sus h&aacute;bitos arremangados hasta la cintura. En su mano izquierda sosten&iacute;a una revista a colores y con la otra mano se frotaba fren&eacute;ticamente su hermoso co&ntilde;o cubierto de escaso vello p&uacute;bico.<\/p>\n<p>La monja se arqueaba espasm&oacute;dicamente, mientras con su dedo medio se masajeaba con un entusiasmo sin igual. Vi, extasiado y con mi polla cobrando vida, como su respiraci&oacute;n agitada emit&iacute;a esos sonidos, que una vez asociados con la imagen visual, adquir&iacute;an una connotaci&oacute;n distinta a la de unos segundos atr&aacute;s.<\/p>\n<p>Qued&eacute; colgado de aquella pared a las buenas de Dios. Entre la erecci&oacute;n que me produjo la escena de la religiosa paje&aacute;ndose y la incomodidad y el cansancio de estar guindando como un mono, mis piernas comenzaron a temblar y flaquear. No quer&iacute;a perderme aquello. Ver a la monja embelesada con las fotos que miraba y su mano jugueteando afanosamente con su co&ntilde;o, hizo que me descuidara, lo que se tradujo en un resbal&oacute;n que me arroj&oacute; contra la precaria silla que me sosten&iacute;a.<\/p>\n<p>Ca&iacute; como una rama que se desprende desde las alturas. El golpe son&oacute; seco cuando mi rodilla destroz&oacute; el apoya brazos del sill&oacute;n. No tard&eacute; ni un segundo en reincorporarme del suelo cubierto de barro e intent&eacute; correr hac&iacute;a una mata de mangos que estaba pr&oacute;xima a m&iacute; pero una voz desde adentro del cobertizo me paraliz&oacute;:<\/p>\n<p>-&iquest;Qui&eacute;n anda ah&iacute;, qui&eacute;n anda ah&iacute;? -Repiti&oacute; la voz de la monja.<\/p>\n<p>-Soy yo, soy yo, Pedro, el hijo de don Julio, el encargado -alcanc&eacute; a responder desde el lugar donde me hab&iacute;a ca&iacute;do.<\/p>\n<p>-&iquest;Qu&eacute; hace usted ah&iacute; espi&aacute;ndome? -Me rega&ntilde;&oacute;.<\/p>\n<p>-No, no, yo no la estoy espiando. Estaba arreglando es-es-ta silla -le dije con tono balbuceante.<\/p>\n<p>-Voy a llamar a la polic&iacute;a. A usted nadie lo autoriz&oacute; para entrar a esta propiedad -agreg&oacute; con tono amenazante.<\/p>\n<p>Por mi mente pasaron infinidad de pensamientos. Mi pap&aacute; no me hab&iacute;a ense&ntilde;ado ninguna autorizaci&oacute;n y realmente yo pas&eacute; por la puerta trasera con la llave que &eacute;l me dio. Le explique a la monja varias veces y no entraba en raz&oacute;n alguna. No s&eacute; si estaba frustrada con la interrupci&oacute;n de su juego o por el temor de haber sida descubierta en su acto auto complaciente. No quer&iacute;a enfrentarme a una acusaci&oacute;n de violaci&oacute;n de propiedad privada ni a ning&uacute;n encuentro con la polic&iacute;a. En el comando policial del pueblo ya me conoc&iacute;an por mis m&uacute;ltiples entradas por alteraci&oacute;n del orden p&uacute;blico. Nada grave pero no quer&iacute;a echarle m&aacute;s le&ntilde;a al fuego.<\/p>\n<p>La monja segu&iacute;a parada frente a m&iacute; con actitud desafiante.<\/p>\n<p>-voy a denunciarlo por robo y por conducta inapropiada.<\/p>\n<p>Aquella afirmaci&oacute;n me enerv&oacute; mis sentidos. Una cosa era que me reprimiera por no haber avisado de mi presencia en la granja del convento y otra era que me acusara de esos delitos.<\/p>\n<p>En treinta segundos detall&eacute; aquella monja encolerizada. Tendr&iacute;a unos cuarenta a&ntilde;os. Era alta y con el cabello negro hasta sus hombros. Anteriormente ya hab&iacute;a visto un avance de sus atributos internos. Ten&iacute;a unas piernas regordetas muy bien torneadas que provocaba mord&eacute;rselas por horas. Sus pechos eran desafiantes como su voz, no muy grandes pero con la postura firme y con dos fresas rosadas en su cima. Por su autoridad al hablar, supuse que ten&iacute;a un rango alto entre sus compa&ntilde;eras. Estaba con el h&aacute;bito mal arreglado y con la cofia en su mano derecha. Luego me enter&eacute; que se trataba de Sor Matilde, la jefa, la superiora. Estaba realmente alterada.<\/p>\n<p>-Usted no me puede acusar a m&iacute; de esos delitos -le dije<\/p>\n<p>-Ah, no. Ya vera que si puedo.<\/p>\n<p>Ante la insistencia en denunciarme y no escuchar mis ruegos, me arm&eacute; de valor y le dije:<\/p>\n<p>-Usted era la que estaba actuando inapropiadamente. No me venga a sermonear a m&iacute; despu&eacute;s de lo que la vi haciendo -Recalqu&eacute;.<\/p>\n<p>Enseguida su postura cambi&oacute;. Intent&oacute; torpemente colocarse la cofia y con tono menos altanero se dirigi&oacute; a m&iacute;:<\/p>\n<p>-&iquest;Qu&eacute; fue lo que usted vio? Yo no estaba haciendo nada malo -agreg&oacute;.<\/p>\n<p>-Lo que vi fue lo que vi. &iexcl;No se haga usted la tonta, madre! -exclam&eacute; con un tono de m&aacute;s dominio de la situaci&oacute;n.<\/p>\n<p>-Usted no vio nada, porque yo no estaba haciendo nada -respondi&oacute;.<\/p>\n<p>-Claro que la vi. Observ&eacute; claramente c&oacute;mo se estaba manoseando su intimidad con desespero. Lo vi todo.<\/p>\n<p>De ser la v&iacute;ctima y el agraviado, pas&eacute; a ser el inquisitivo superior que emplazaba con autoridad a su disc&iacute;pula pervertida. La otrora altanera y endemoniada monja, se apoy&oacute; sobre la pared y con mirada suplicante me exclamo:<\/p>\n<p>-&iexcl;Qu&eacute; verg&uuml;enza, no puede ser!<\/p>\n<p>Con l&aacute;grimas en sus enormes ojos negros me imploraba que no le comentara lo acontecido a nadie. Aquella imponente mujer de hace unos segundos, estaba a punto de derrumbarse. Al verla as&iacute;, el salvaje que llevo dentro se despert&oacute; y empez&oacute; a maquinar un perverso plan.<\/p>\n<p>-S&iacute;, es muy vergonzoso lo que acaba de hacer. Usted es una mujer entregada a su religi&oacute;n y no puede tener ese tipo de comportamiento tan vulgar y mundano -le dije con la autoridad que me confer&iacute;a mi plan.<\/p>\n<p>-S&iacute;, s&iacute;, es verdad. Es que me posee un esp&iacute;ritu diab&oacute;lico que nubla mis sentidos -me dijo sollozando.<\/p>\n<p>-M&eacute;tase en el cobertizo para que discutamos esto sin mojarnos -agregu&eacute;.<\/p>\n<p>La superiora camin&oacute; lentamente hacia el establo y yo la segu&iacute; oliendo la estela a miedo que dejaba flotando en el aire.<\/p>\n<p>Una vez adentro, recog&iacute; la revista que estaba tirada a un lado de las pacas de heno y le dije que se tumbara sobre las mismas. Ella obedeci&oacute; sollozando y yo ech&eacute; un vistazo al contenido de las fotograf&iacute;as internas del folleto. Nada especial en su contenido. Solo cuerpos semidesnudos de mujeres y hombres mostrando las escenas t&iacute;picas de la pornograf&iacute;a.<\/p>\n<p>-&iquest;Qu&eacute; tienen de excitantes o extra&ntilde;as estas fotos? -le pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>-Nada, nada. Solo miraba por curiosidad -respondi&oacute;.<\/p>\n<p>-&iquest;Usted cree que su conducta puede pasar inadvertida?<\/p>\n<p>-No le da verg&uuml;enza lo que est&aacute; haciendo. &iquest;Qu&eacute; pensar&aacute;n sus compa&ntilde;eras y el obispo cuando se enteren de su aberrante afici&oacute;n? -le dije alzando un poco la voz.<\/p>\n<p>-No, por favor, no. Esto no puede salir de aqu&iacute;. &iexcl;Me van a excomulgar! -Exclam&oacute; toda angustiada.<\/p>\n<p>A medida que la conversaci&oacute;n avanzaba, mi macabro y libidinoso plan se iba afinando. Mi poll&oacute;n se expand&iacute;a cada vez m&aacute;s y luchaba contra el pantal&oacute;n caqui lleno de barro por todos lados. Decid&iacute; seguir con mi estrategia:<\/p>\n<p>-Bueno, tenemos que hacer algo. Ciertamente yo no quiero perjudicarla -le dije con voz apaciguada.<\/p>\n<p>&nbsp;-S&iacute;, s&iacute;, muchas gracias. De verdad le agradezco su silencio. D&eacute;jeme buscar en el convento un dinerito para que se ayude con sus cosas. Esp&eacute;reme un momento -agreg&oacute;.<\/p>\n<p>Lo que no imaginaba la madre superiora era que yo no estaba interesado en recibir sus d&aacute;divas. Mi polla a reventar, estaba ahora a cargo de la situaci&oacute;n.<\/p>\n<p>-&iquest;Qu&eacute; dice, madre? Yo no soy un delincuente. &iquest;C&oacute;mo se le ocurre intentar sobornarme? -Agregu&eacute; con rostro ofendido.<\/p>\n<p>-No, no, yo solo quer&iacute;a agradecerle por su silencio. Disc&uacute;lpeme.<\/p>\n<p>Pronunci&oacute; esa frase y se levant&oacute; de la paca de heno con intenciones de abandonar el establo.<\/p>\n<p>-&iquest;D&oacute;nde va? -Le pregunt&eacute; con autoridad.<\/p>\n<p>-Al convento. Debo continuar con mis tareas, ya todo aqu&iacute; qued&oacute; arreglado &iexcl;gracias a dios! -exclam&oacute; con intenciones de recobrar su esp&iacute;ritu autoritario.<\/p>\n<p>-No, madre, no. Usted no se va de aqu&iacute; sin mostrar signos de arrepentimiento y amor a su pr&oacute;jimo -prosegu&iacute;.<\/p>\n<p>-Si&eacute;ntese de nuevo y espere que yo le indique lo que vamos a hacer -le dije.<\/p>\n<p>Su rostro volvi&oacute; a mostrar los s&iacute;ntomas del castigo de mis palabras. Su nerviosismo a su cuerpo regres&oacute; y se sent&oacute; torpemente en la paja seca que ten&iacute;a a su lado.<\/p>\n<p>-No quiero que se vaya sin repetir lo que estaba haciendo. Debe hacerlo como penitencia y escarmiento a su corrompido esp&iacute;ritu -le dije.<\/p>\n<p>-&iexcl;Usted est&aacute; loco! -Exclam&oacute;.<\/p>\n<p>-&iquest;C&oacute;mo se atreve a insinuarme eso? -continu&oacute;.<\/p>\n<p>Su negativa me excit&oacute; a&uacute;n m&aacute;s, sin embargo, la note con ganas de retomar la autoridad de hac&iacute;a unos minutos.<\/p>\n<p>-Usted decide. O recrea la escena y as&iacute; limpia usted su culpa o me ver&eacute; obligado a denunciarla -la puse en esa disyuntiva embarazosa.<\/p>\n<p>-Es que usted no sabe la verg&uuml;enza que eso me produce -agreg&oacute; ensimismada.<\/p>\n<p>-&iexcl;Qu&eacute; verg&uuml;enza ni que nada! Vamos, s&uacute;base el camis&oacute;n ese y empiece a meterse mano. Ya me tiene cansado con su falso arrepentimiento -le dije autoritariamente.<\/p>\n<p>La monja comenz&oacute; a subir su h&aacute;bito lentamente con el rostro lleno de gestos de sumisi&oacute;n. Lo arremang&oacute; hasta sus rodillas e imperceptiblemente fue llevando su mano hasta la entrepierna. Hizo una interpretaci&oacute;n teatral, como si estuviera hurgando su intimidad pero no le cre&iacute;.<\/p>\n<p>-As&iacute; no, madre. Ponga m&aacute;s entusiasmo en lo que hace. Esto no es ni remotamente lo que yo vi hace rato. -le dije.<\/p>\n<p>La madre Matilde, desliz&oacute; su fald&oacute;n negro sobre la cintura y expuso ante mis ojos la imagen m&aacute;s excitante que yo hab&iacute;a visto hasta ahora. Sus rellenos muslos, terminaban en un tri&aacute;ngulo rosado, cubierto por un fino vello p&uacute;bico con reflejos plateados. Su incipiente vientre, lejos de ser desagradable a la vista, agregaba m&aacute;s realismo a su hermoso cuerpo. Verla tirada all&iacute;, liber&oacute; ingentes cantidades de mis hormonas y mi aparato adquiri&oacute; dimensiones desconocidas. Su mano comenz&oacute; a frotarse con timidez su co&ntilde;o mientras yo me despojaba de mi camisa embarrialada y empapada.<\/p>\n<p>-Siga as&iacute;, madre, siga as&iacute;. Impr&iacute;male m&aacute;s entusiasmo, lo est&aacute; haciendo muy bien -le dije.<\/p>\n<p>&nbsp;-Siento una gran verg&uuml;enza. Lo hago para expiar mis culpas -dijo sollozando.<\/p>\n<p>-S&iacute;, madre. Si sigue as&iacute; ser&aacute; perdonada y nadie sabr&aacute; nada de esto -la anim&eacute; al decir esto.<\/p>\n<p>Mientras ella se sumerg&iacute;a en su masaje, yo me frotaba mi verga a trav&eacute;s del pantal&oacute;n. Seguidamente, y sin quitar la vista de aquella mano juguetona que se auto complac&iacute;a, destrab&eacute; mi prenda y la dej&eacute; caer al piso. Baj&eacute; mi interior y liber&eacute; mi bestia que apuntaba a su presa ubicada a tan solo un metro de m&iacute;.<\/p>\n<p>Los ojos de la monja casi salen de su &oacute;rbita cuando vieron mi amenazante ca&ntilde;&oacute;n.<\/p>\n<p>-&iquest;Qu&eacute; est&aacute; haciendo, por dios. Gu&aacute;rdese eso, por favor. No haga que mis pecados se incrementen -Me implor&oacute; desde la excitante posici&oacute;n que se encontraba.<\/p>\n<p>-No madre, v&eacute;alo como observaba en la revista. En vivo es m&aacute;s efectivo -Le dije con mi poll&oacute;n agarrado.<\/p>\n<p>Me fui acercando lentamente con mi polla entre las manos y le tom&eacute; su mano libre y la pos&eacute; sobre mi miembro resbaladizo.<\/p>\n<p>-&iexcl;No, no, que est&aacute; haciendo! &iquest;C&oacute;mo se le ocurre poner eso en mi mano?<\/p>\n<p>-Esto es obra de Satan&aacute;s -me dijo.<\/p>\n<p>-d&eacute;jeme ir a mis aposentos. Creo que ya es suficiente. Ya con esto expi&eacute; mi pecado. &iexcl;Por favor, d&eacute;jeme ir!<\/p>\n<p>Lo que pronunciaban sus labios no guardaba relaci&oacute;n con los movimientos de su otra mano. Si, la que frotaba con m&aacute;s ganas a su irritado y desaforado co&ntilde;o rosado. Su respiraci&oacute;n comenz&oacute; a incrementarse y de sus adentros, los resuellos retornaron en menor medida.<\/p>\n<p>-&iexcl;D&eacute;jeme ir por favor! -exclamaba con poca cre&iacute;ble expresi&oacute;n.<\/p>\n<p>La imagen de la madre en esa postura y con sus dos manos ocupadas dando y auto infringi&eacute;ndose placer, me empujaron a zambullirme encima de la superiora. Le recost&eacute; mi polla sobre sus muslos y con mis manos le liber&eacute; sus dos hermosos senos de un viejo sost&eacute;n que los sujetaban.<\/p>\n<p>Me fue dif&iacute;cil interpretar los sentimientos y los gestos de la monja. Por momentos gem&iacute;a y se apretaba contra mi polla y en otros me empujaba en se&ntilde;al de rechazo dici&eacute;ndome que la dejara ir. Lo que estaba claro y en lo &uacute;nico que era consistente la monja era en el pajazo que se estaba dando. Su mano nunca abandon&oacute; su co&ntilde;o humedecido.<\/p>\n<p>-No, por favor. Dios, no, no -Era la &uacute;nica frase que alcanzaba a decir.<\/p>\n<p>Tom&eacute; sus melones y comenc&eacute; a lamerlos con frenes&iacute;. Los manoseaba y ensalivaba con lujuria. Los ten&iacute;a preciosos. Sus pezones se irguieron amenazantes con ganas de saltar al vac&iacute;o. Mi lengua jugueteaba con ellos y estos respond&iacute;an con contracciones al ritmo de sus palpitaciones cardiacas. El jadeo de Sor Matilde era enervante. Su pelvis se arqueaba y aferraba sus dedos a mi polla con el temor de quien no quiere que se suelte.<\/p>\n<p>Seguidamente me sub&iacute; encima de ella y le estampe un beso en su boca la cual abri&oacute; invit&aacute;ndome instintivamente a meter mi lengua. La madre era torpe pero diligente y cargada de fuego interior. Era una mujer caliente en una profesi&oacute;n helada. Contradicciones de la vida.<\/p>\n<p>Ya estaba fuera de s&iacute;. Igual yo. Retire todos los trapos de sor Matilde y aprovech&eacute; un descanso de su mano sobre su concha y hund&iacute; mi lengua dentro de su intimidad olorosa a especias de la India. Ol&iacute;a rico la condenada monja. Cuando comenc&eacute; a lamerle su co&ntilde;o y la pos&eacute; sobre su almendra vibrante, la exquisita monja me clav&oacute; sus u&ntilde;as sobre mi espalda. Sus resuellos aumentaron y su respiraci&oacute;n se hizo peligrosamente anormal. Mi polla no aguanto m&aacute;s.<\/p>\n<p>-La voy a crucificar, madre. Con esta espada voy a liberar todos sus pecados -le dije al o&iacute;do.<\/p>\n<p>-S&iacute;, si, lib&eacute;reme, por favor. Convi&eacute;rtase en mi redentor. Emp&aacute;leme con esa espada pero tenga mucho cuidado que yo nunca he sido exculpada de esta manera. M&eacute;tamela, se lo imploro.<\/p>\n<p>Aquella petici&oacute;n fue m&aacute;s que excitante. Le abr&iacute; las piernas y acerque mi garrote y lo frotaba lentamente por su hendidura ya s&uacute;per mojada. Ella se mov&iacute;a desenfrenada pero consciente de que aquel juego era solo el principio de su expiaci&oacute;n. Me mord&iacute;a el cuello, mis l&oacute;bulos, las tetillas.<\/p>\n<p>-No aguanto m&aacute;s. Proceda a crucificarme, por favor. No alargue m&aacute;s mi agon&iacute;a -Me implor&oacute;.<\/p>\n<p>-Claro, mi querida madre. Prep&aacute;rese que voy con todo.<\/p>\n<p>-Se lo agradezco mijo, m&eacute;tame esa espada afilada en mi virginidad que yo aguantar&eacute; con el estoicismo que me dan mis creencias -agreg&oacute; fuera de si.<\/p>\n<p>Puse mii miembro a punto de explotar en la entrada de su concha y lentamente la fui introduciendo hasta que me clav&oacute; sus u&ntilde;as, est&aacute; vez con m&aacute;s fuerzas, y exclam&oacute;:<\/p>\n<p>-Hasta ah&iacute;, por favor, hasta ah&iacute;. &iexcl;Me va a matar usted!<\/p>\n<p>-Disculpe, madre, no fue mi intenci&oacute;n. Hasta ah&iacute; se la meto, no se preocupe.<\/p>\n<p>El espectacular cuerpo de la monja, aguantaba con decisi&oacute;n mis embestidas.<\/p>\n<p>Retir&eacute; mi polla y voltee a sor Matilde, coloc&aacute;ndola encima de m&iacute;. Profer&iacute;a cualquier cantidad de sonidos. Jadeaba, resollaba, gem&iacute;a. En la posici&oacute;n dominante que ten&iacute;a, sac&oacute; fuerzas de su interior y me dijo:<\/p>\n<p>-Me la voy a meter toda. Tengo necesidad de ser purificada totalmente. No quiero dejar restos de mis pecados sin redimir.<\/p>\n<p>Duramos varios minutos en aquella lucha a muerte por su redenci&oacute;n. El co&ntilde;o de la superiora, derramaba l&iacute;quidos por mont&oacute;n. Quer&iacute;a meterse m&aacute;s. Los veintid&oacute;s cent&iacute;metros que med&iacute;a mi polla parec&iacute;an no ser suficientes para ella. Estaba condenadamente apretada. Me imagino que alguno que otro objeto habr&iacute;a penetrado su gruta. Se mov&iacute;a con desespero.<\/p>\n<p>Afloj&oacute; sus muslos y exclam&oacute;:<\/p>\n<p>-Ay, ay, Dios santo. Se&ntilde;or dame fortaleza para soportar este castigo tan enorme.<\/p>\n<p>Sus ojos se voltearon y una serie de espasmos me indicaron que se hab&iacute;a corrido varias veces. Mi polla estall&oacute; cual volc&aacute;n dormido durante a&ntilde;os. Cuando sinti&oacute; la lava que recorr&iacute;a sus entra&ntilde;as se tumb&oacute; sobre m&iacute; y me estamp&oacute; un beso apasionado.<\/p>\n<p>Segundos despu&eacute;s, se par&oacute; frente a m&iacute; y pude observar a plenitud la belleza de aquella mujer madura.<\/p>\n<p>Escuchamos ruidos a lo lejos y tuvimos que interrumpir el ritual de expiaci&oacute;n de los pecados de sor Matilde. Me dijo que una sesi&oacute;n no era suficiente. Me recalc&oacute; que ella estaba dispuesta a recibir el castigo que yo le impusiera&hellip;<\/p>\n<p>Ya en casa, entr&eacute; a la cocina a tomar un caf&eacute; y all&iacute; estaba mi padre esper&aacute;ndome.<\/p>\n<p>-&iquest;Hola, Pedro, como te fue en tu suplencia?<\/p>\n<p>-Bien, pap&aacute;, excelente. Solo quiero disculparme porque romp&iacute; tu silla de descanso, pero no te preocupes, estar&eacute; yendo m&aacute;s seguido para ayudarte. La pr&oacute;xima semana te la arreglo&hellip;<\/p>\n<p>Continuar&aacute;&hellip;<\/p>\n<p>Recuerden dejar sus comentarios. Su retroalientaci&oacute;n es importante.<\/p>\n<p>Alphy Estevens<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 Llov&iacute;a a c&aacute;ntaros en la monta&ntilde;a donde estaba ubicada la orden de las monjas teresianas. La parte trasera del convento, estaba compuesta por un peque&ntilde;o huerto, que suministraba los vegetales a las veinticinco religiosas, adem&aacute;s de un cobertizo-establo, con dos vacas lecheras y unas cien gallinas ponedoras. Una peque&ntilde;a granjita autosuficiente que era atendida [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":15297,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[13],"tags":[],"class_list":{"0":"post-24341","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-hetero"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/24341","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/15297"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=24341"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/24341\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=24341"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=24341"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=24341"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}