{"id":24629,"date":"2020-07-08T22:00:00","date_gmt":"2020-07-08T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-07-08T22:00:00","modified_gmt":"2020-07-08T22:00:00","slug":"irina-la-rusa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/irina-la-rusa\/","title":{"rendered":"Irina, la rusa"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"24629\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Argentina, a&ntilde;o 1979, provincia de Buenos Aires, en alg&uacute;n lugar del partido de Vicente L&oacute;pez.<\/p>\n<p>&ldquo;Disculpe, se&ntilde;or Mamani, no se imagina c&oacute;mo me tranquiliza volver a verlo. En realidad, no vine hasta aqu&iacute; para querer molestarlo o para quitarle su tiempo, pero, es que&hellip;&rdquo;, le dice al entonces joven adulto Mauricio, una mujer de cabello ondulado color sangre, cuyos ojos verdes oscuros estaban con los lagrimales hinchados de tanto haber llorado. Hablaba entrecortadamente, le costaba un gran esfuerzo solamente lanzar una s&iacute;laba de su boca. El nudo que ten&iacute;a en la garganta se convirti&oacute; en un nudo gordiano, y le dol&iacute;a mucho. Apenas pod&iacute;a mantenerse en pie de lo temblorosas que estaban sus piernas. No se ten&iacute;a que estar perfecto de la vista o del o&iacute;do, para darse cuenta de que aquella muchacha de rostro ani&ntilde;ado, estaba hecha una lamentaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&ldquo;No tiene idea de c&oacute;mo se tranquiliza mi alma de por fin encontrarlo&rdquo;, solt&oacute; la chica de nombre Irina, Irina Uvarova, antes de lanzar un sollozo lleno de pena. &ldquo;Hace d&iacute;as que no logro dormir&rdquo;, y lanza otro sollozo parecido. &ldquo;Lo ven&iacute;a buscando por todos lados&rdquo;, le dice luego, sin dejar de darle la mirada. Un mirada que le suplicada ayuda. El delgado indio la miraba con asombro absoluto y con una tristeza cada vez m&aacute;s molesta, no entend&iacute;a y no esperaba lo que le estaba pasando, y quer&iacute;a entender lo que estaba pasando, hab&iacute;an pasado un mes y semanas desde la &uacute;ltima vez que se vieron. &ldquo;&iquest;Pero qu&eacute; le pasa se&ntilde;orita Irina? Acl&aacute;reme las cosas, por favor se lo pido. Me est&aacute; rompiendo el coraz&oacute;n&rdquo;, le dice tratando de so&ntilde;ar afable con ella.<\/p>\n<p>&ldquo;Tengo miedo se&ntilde;or Mamani, por favor ay&uacute;deme. Tengo mucho miedo, y mi padre tambi&eacute;n tiene miedo por m&iacute;&rdquo;, y de ah&iacute; no pudo continuar m&aacute;s con su relato. Empez&oacute; a lanzar un llanto ensordecedor, que en realidad era cat&aacute;rtico, mientras no dejaba de decir repetidamente lo aterrada que estaba. Un llanto que s&oacute;lo par&oacute; paulatinamente cuando &eacute;ste la abraz&oacute;, con la misma intensidad y el mismo entusiasmo, con que el padre de &eacute;sta &ndash;el viejo colorado barbudo que se parece a Le&oacute;n Tolstoi&ndash;, lo abraz&oacute; a &eacute;l una vez. El pobre amerindio estaba conmovido, el desconsuelo de una mujer siempre lo pon&iacute;a melanc&oacute;lico. Todos sus sentidos estaban estremecidos, al igual que los de su amigo y compa&ntilde;ero de trabajo de periodismo &ndash;el ingenuo utopista&ndash; que estaba con &eacute;l, y de las ancianas vestidas con chola y los seminaristas que justo estaban ah&iacute; de paso.<\/p>\n<p>Ese es, ahora que estamos volviendo a la actualidad, un recuerdo que el ahora arrugado Mamani siempre tiene presente. Lo tiene presente cuando se despierta y cuando se va a dormir, cuando come y cuando se ba&ntilde;a, cuando escribe y cuando discute con su editor sobre el formato que deber&iacute;an llevar los libros que quiere publicar. Cuando lo entrevistan y cuando habla por tel&eacute;fono o se manda mensajes con su hijo biol&oacute;gico hablando de literatura, pol&iacute;tica y otras cosas. Cuando juega con su segunda hija adoptiva, de nombre Lesya, y cuando habla con su segunda esposa, de nombre Olena. Lo tuvo presente cuando la conoci&oacute; y cuando fue a visitarla muy malherida todos los d&iacute;as al hospital. Cuando sinti&oacute; que se estaba enamorando de ella y que no pod&iacute;a dejar de verla. Cuando le declar&oacute; lo que sent&iacute;a por ella y &eacute;sta en principio le rechaz&oacute;. Cuando &eacute;sta lo fue a buscar, y se fueron a vivir juntos. Cuando se cas&oacute; con &eacute;sta y firm&oacute; los papeles de adopci&oacute;n de su ni&ntilde;a que, al igual que su otra hija, f&iacute;sicamente no se parece a &eacute;l ni por un corto cabello.<\/p>\n<p>Y a veces se aflige indisimuladamente por ese recuerdo. A veces no puede evitar emocionarse, y derrama l&aacute;grimas que quedan colgadas en su ment&oacute;n afeitado de hombre mayor, muchas veces delante de su nueva esposa y su nueva hija, que no pueden evitar preguntarle por qu&eacute; est&aacute; llorando y se angustian por &eacute;l. &Eacute;ste les miente, diciendo que es por algo que vio, ley&oacute; o escuch&oacute; en las noticias, relacionado a un crimen de odio, cosa que sol&iacute;a sucederle.<\/p>\n<p>Incluso hay m&uacute;sica que trata de evitar, total o parcialmente de escuchar, porque enserio se pone mal. Por ejemplo, a los italianos Lucio Battisti, Mina Mazzini y Lucio Dalla s&oacute;lo los pod&iacute;a o&iacute;r en su lengua materna. A los mexicanos Juan Gabriel, Jos&eacute; Jos&eacute; y Armando Manzanero los ten&iacute;a definitivamente prohibidos en su repertorio de escuchas. A los espa&ntilde;oles Mecano, Raphael y Jos&eacute; Luis Perales, tambi&eacute;n. Aunque a veces dejaba pasar alguna que otra canci&oacute;n de los bolivianos Kjarkas.<\/p>\n<p>&ldquo;C&oacute;mo te quise Irina, c&oacute;mo te ador&eacute; reverencialmente, fuiste la mejor amiga que tuve jam&aacute;s. Sin ti, y sin tu padre, no hubiera sido nunca el hombre que soy hoy, pero creo que no la pensamos muy bien al decidir casarnos. C&oacute;mo me derrumb&oacute; la muerte de mi tan querido suegrito&rdquo;, pensaba dentro de s&iacute;.<\/p>\n<p>Lo tuvo presente tambi&eacute;n cuando escribi&oacute; hasta el final su &uacute;ltimo trabajo, al igual que todos los dem&aacute;s trabajos que public&oacute; desde que puso un pie en la transcontinental, ib&eacute;rica y diversa Espa&ntilde;a, una tierra en la que nunca lleg&oacute; a sentirse un paria, a pesar de sus temores iniciales. Grande pero imperfecta naci&oacute;n &ndash;como cualquier otra&ndash;, en la que casi nunca se percibi&oacute; como un extranjero desde un prisma negativo, y que lo expres&oacute; abiertamente sobre todo en su primer ensayo, a pesar de las molestias de alg&uacute;n que otro simpatizante del movimiento etnocacerista peruano, o de alg&uacute;n xen&oacute;fobo anti-espa&ntilde;ol, que ha le&iacute;do algunas de sus obras. Pero, con el &uacute;nico con quien tuvo inicialmente el coraje de hablar sobre ese inolvidable recuerdo es con su editor y mejor amigo, diez a&ntilde;os mayor que &eacute;l, un tal Jes&uacute;s Gustavo Maestro, sevillano pel&oacute;n y de contextura oronda, resistido a jubilarse mientras todav&iacute;a le rinda el cuerpo y la materia gris. Un hombre muy profesional a la hora de trabajar con las ediciones y excesivamente confiado con quienes le guardaba algo de cari&ntilde;o. Mamani era una de sus v&iacute;ctimas favoritas.<\/p>\n<p>&ldquo;Estimad&iacute;sima Irina, f&eacute;mina de sonrisa fatigada pero de animosa inteligencia. C&oacute;mo maldigo las circunstancias en que nos conocimos, pero c&oacute;mo bendigo las veces en que dijiste que sent&iacute;as algo fuerte por m&iacute;, haciendo que temblaran todos los suspiros que sal&iacute;an de mi boca y mi nariz. C&oacute;mo maldije tu asexualidad, pero c&oacute;mo bendije y sigo bendiciendo el amor que me expresaste en tu ayuda an&iacute;mica y acad&eacute;mica, y en todo el dinero que invertiste, para que yo pueda cumplir mi mayor sue&ntilde;o. Mencionarte con nombre completo en los agradecimientos de todas mis publicaciones no me alcanza. Aquello s&oacute;lo sirve para mitigar mi sentimiento de culpa por un peque&ntilde;o tiempo&rdquo;.<\/p>\n<p>Esas palabras eran s&oacute;lo un ejemplo de lo que, al menos una vez a la semana, anotaba en un borrador digital suyo, que iba dedicado enteramente a ella y a Yelena. Borrador que no cre&iacute;a que fuera a publicar nunca, aunque le doliera no poder hacerlo, considerando el hecho de que su ex-esposa le prohibi&oacute; terminantemente escribir una novela sobre ella y la hija de ambos, aunque le dej&oacute; pasar con anterioridad algunas prosas y poemas. As&iacute; como tambi&eacute;n le dej&oacute; pasar varias infidelidades, que aunque eran discretas, la ingenuidad de Irina era nula con &eacute;l, conoci&eacute;ndolo como la palma de su peque&ntilde;a y femenil mano. Mamani sab&iacute;a que no ten&iacute;a ning&uacute;n derecho a hablar mal de ella, en ning&uacute;n formato que existiese, tanto hoy como en el futuro. Esa era una de sus m&aacute;s inflexibles reglas, que se hab&iacute;a impuesto a s&iacute; mismo.<\/p>\n<p>Irina y Mamani se conocieron por primera vez en un ba&ntilde;o p&uacute;blico de una estaci&oacute;n de subte, durante los festejos de fin de a&ntilde;o, pero no fue un encuentro nada feliz. Unos de sus ex novios, un pat&eacute;tico cocain&oacute;mano y antisemita, hijo de inspectores escolares y probablemente el peor novio que pudo haber tenido, estaba intentando abusar sexualmente de ella, evidentemente drogado como sol&iacute;a estarlo. El amerindio, que en un pasado ni muy lejano ni muy cercano fue pandillero, con el coraje de los que creen no tenerle miedo a casi nada, se tom&oacute; el atrevimiento de entrar a ver qu&eacute; era lo que estaba pasando, al estar escuchando gritos e insultos de mujer, que no se escuchaban muy fuertes pero s&iacute; se escuchaban. Sus orejas eran algo largas y ten&iacute;a muy buen o&iacute;do, principal raz&oacute;n por la que le costaba, y le sigue todav&iacute;a costando, conciliar a veces el sue&ntilde;o.<\/p>\n<p>Ni bien entr&oacute; sigilosamente, ya se dio cuenta r&aacute;pido de lo que estaba sucediendo. Ahora escuchaba la voz grave de un hombre, que era dominante, exigente y amenazante, y la voz balbuceante por el alcohol de una mujer, que era cada vez m&aacute;s suplicante. No le hizo falta acercarse m&aacute;s, lo siguiente que hizo fue lanzar un grito adentro y s&oacute;lo adentro del lugar. El m&aacute;s largo y m&aacute;s b&eacute;lico grito que pod&iacute;a llegar a hacer su garganta, id&eacute;ntico al de un guerrero dispuesto a morir est&uacute;pidamente en una guerra santa. O al de un guerrillero dispuesto a morir, tambi&eacute;n est&uacute;pidamente, persiguiendo un ideal. Pero estaba cansado, no ten&iacute;a ganas de pelear un mano a mano con nadie, pero si hab&iacute;a que pelear para salvar a alguien, hab&iacute;a que pelear, y &eacute;l lo hac&iacute;a a lo grande. No era su primera vez.<\/p>\n<p>&ldquo;&iexcl;Qu&eacute; carajo est&aacute; pasando ac&aacute;!&rdquo;, solt&oacute; el hombre, hombre entre comillas, de un metro setenta, saliendo de su escondite. Y lo mir&oacute;. Lo mir&oacute; a &eacute;l con el rostro tenso. Lo mir&oacute;, con los dientes apretados y con el mismo odio con que suele mirar alguien con el coraz&oacute;n seco a su peor enemigo.<\/p>\n<p>&ldquo;&iexcl;Raj&aacute; de ac&aacute;, sucio indio mugroso!&rdquo;, le dijo a &eacute;ste haci&eacute;ndose rid&iacute;culamente el macho alfa. Eso a Mamani lo descoloc&oacute;. Una cosa es que lo insultaran, que por ah&iacute; a lo sumo se lo aguantaba, pero de ah&iacute; a que lo hagan haciendo referencia a sus ra&iacute;ces, es algo que ni manso o perezoso lo soportar&iacute;a.<\/p>\n<p>&ldquo;&iexcl;Vuelve a decirme eso y te juro que te voy a dejar sin nariz! &iexcl;Deja a la chica en paz! &iexcl;&iquest;No ves que no quiere tener relaciones contigo?! &iexcl;Drogado de mierda!&rdquo;, le respondi&oacute; &eacute;ste.<\/p>\n<p>&ldquo;&iexcl;&iquest;Te haces el pija dura vos?! &iexcl;&iquest;Te haces el pija de oro?! &iexcl;Raj&aacute; de ac&aacute;, porque si no te rompo todo! &iexcl;&iquest;Me escuchaste?! &iexcl;La re concha bien de tu madre!&rdquo;, y lo empuj&oacute; al amerindio en un hombro.<\/p>\n<p>&ldquo;&iexcl;Infeliz!&rdquo;, dijo la v&iacute;ctima de tal improperio. Acto seguido lo que hizo fue tratar de derribar al pat&aacute;n d&aacute;ndole una fuerte patada en una de sus piernas, tras haberse fijado en que no las ten&iacute;a bien separadas para hacerle frente. Lo que logr&oacute; fue que perdiera parcialmente el equilibrio. El desgraciado ten&iacute;a las piernas de un rugbier.<\/p>\n<p>Acto seguido, lo que hizo Mamani fue darle un golpe seco que fue de lleno hacia uno de sus hombros con su pu&ntilde;o derecho, y con su pu&ntilde;o izquierdo le dio en la frente. Si no le dio en la mand&iacute;bula era porque, como se dijo anteriormente, &eacute;ste se sent&iacute;a cansado. Pero su enojo era el doble, casi el triple se podr&iacute;a decir, de intenso.<\/p>\n<p>&ldquo;&iexcl;&iquest;Te haces el malo?! &iexcl;&iquest;Te haces el malo conmigo?! &iexcl;&iquest;Eh?! &iexcl;&iquest;Te haces el malito?!&rdquo;, dec&iacute;a en voz alta mientras el cretino hab&iacute;a ca&iacute;do al suelo y el amerindio le estaba acomodando las costillas. Segundos, y una buena estrategia, le bastaron para hacerlo caer. Y estaba molesto. Muy molesto. Bien molesto. La cada vez m&aacute;s horrorizada Irina, pobrecilla, s&oacute;lo sab&iacute;a gritar y llorar. Era lo &uacute;nico que le sal&iacute;a en una situaci&oacute;n as&iacute;.<\/p>\n<p>El delgado indio par&oacute;. No hac&iacute;a falta seguir m&aacute;s. Sab&iacute;a cu&aacute;ndo deb&iacute;a parar. Su antagonista desisti&oacute; de la pelea, con el orgullo da&ntilde;ado. Con el orgullo lesionado. Con el orgullo dislocado. Lacerado, lisiado, magullado. Se levant&oacute; del piso y se fue corriendo sin decirle a &eacute;ste una sola palabra, pero tuvo la cobard&iacute;a suficiente como para arrojarle unas amenazas a la chica de cabello bermejo. &ldquo;Ya vas a ver vos&rdquo;, le tir&oacute;.<\/p>\n<p>Mamani se qued&oacute; en el ba&ntilde;o p&uacute;blico s&oacute;lo con la pelirroja. Situaci&oacute;n que en ning&uacute;n momento dej&oacute; de ser inc&oacute;moda, ya que el estado am&iacute;nico de &eacute;sta estaba hecho un pa&ntilde;uelo mojado. Cruelmente arrugado como un papel. Roto como un espejo. No sab&iacute;a c&oacute;mo consolarla, no estaba acostumbrado a consolar a una mujer. En realidad, no estaba acostumbrado a consolar a nadie. Su car&aacute;cter algo rancio como un l&aacute;cteo que venci&oacute; hace d&iacute;as, y que durante buena parte de su etapa de adultez temprana fue un rasgo distintivo suyo, no lo ayudaba mucho para eso.<\/p>\n<p>&ldquo;Ya est&aacute;, ya se fue, no se preocupe se&ntilde;orita. No la voy a dejar sola. La acompa&ntilde;ar&eacute; hasta donde me pida, hasta su casa si quiere&rdquo;, le dijo mientras le toc&oacute; suavemente uno de sus hombros. Y eso fue lo que hizo. Al d&iacute;a siguiente Irina fue con su padre y su t&iacute;o a hacer la denuncia en la comisar&iacute;a.<\/p>\n<p>Como bien se mencion&oacute; anteriormente, Irina era y es, una mujer incapaz de sentir deseo imp&uacute;dico alguno, condici&oacute;n que era una verdadera ventaja en ciertos aspectos de su vida, y una horrible maldici&oacute;n en otros, especialmente durante su juventud. No le molestaba que la tocasen, pero s&oacute;lo si no se lo hac&iacute;an con intenciones de llevarla a realizar pr&aacute;cticas de esa naturaleza. S&iacute; pod&iacute;a disfrutar de la compa&ntilde;&iacute;a de un hombre, adem&aacute;s quer&iacute;a formar una familia y sent&iacute;a fuertes temores hacia la soledad, pero no quer&iacute;a un var&oacute;n para tener relaciones de ese tipo. Nunca los quiso para eso.<\/p>\n<p>Cosa que le trajo grandes problemas a todas sus relaciones amorosas. Una vez, una de sus ex parejas quiso que le hiciera una felaci&oacute;n, y &eacute;sta se lo hizo, pero al rato termin&oacute; devolviendo todo lo que hab&iacute;a cenado horas antes. Su &uacute;ltimo ex novio, que era celoso hasta de su propia sombra, le hac&iacute;a a la incomprendida Irina un aut&eacute;ntico teatro griego. Cre&iacute;a que le era infiel. En el peor de los casos, &eacute;ste le dec&iacute;a cosas hirientes haciendo referencia a su ascendencia jud&iacute;a, ya que &eacute;sta lo era por v&iacute;a materna, raz&oacute;n principal por la cual lo termin&oacute; dejando.<\/p>\n<p>Durante la mayor parte de su matrimonio, Mamani s&oacute;lo pudo hacerle el amor a ella a trav&eacute;s de sus creaciones literarias. Sol&iacute;a tener carpetas enteras con borradores de papel que guardaba como si fueran fragmentos de oro en un pa&ntilde;o. Tuvo que conformarse con crear erotismo a trav&eacute;s de sus letras, en los que su casi idolatrada pelirroja era la principal protagonista, con eso m&aacute;s o menos mitigaba un poco sus deseos carnales. Un ejemplo de ello es el siguiente p&aacute;rrafo:<\/p>\n<p>&ldquo;Irina, qu&eacute; l&aacute;stima que no sepa escribir poes&iacute;a, as&iacute; te dedicar&iacute;a las palabras m&aacute;s bonitas del idioma espa&ntilde;ol, usando como real inspiraci&oacute;n tus emociones al descubierto. Tu tierno cabello, hambriento de besos y caricias. Tus ojos refulgentes y llenos de humanidad. Tus mejillas demandantes de cari&ntilde;o. Tu boca entusiasmada. Tu lengua traviesa, buscadora de un buen c&oacute;mplice. Tu ment&oacute;n pidiendo suavidad. Tu cuello y tus hombros arropados &uacute;nicamente por el aire. Tus brazos queriendo rodearme. Tus pechos vestidos por la nada misma, suplicantes de unas buenas manos inquietas y una buena boca de hombre. Tus pezones resaltantes como la luz que emiten los lamp&iacute;ridos y jactanciosos de su estado. Tu ombligo expectante. Tu vientre, ansioso de sentir ese calor excepcional desde adentro. Tu espalda que ruega por una temperatura m&aacute;s c&aacute;lida. Tus posaderas que apetecen de ardientes embestidas. Tu h&uacute;meda y a la vez sedienta entrepierna, tapada exclusivamente por el aire, deseosa de tener todas las agradables sensaciones posibles, y que ya se cans&oacute; de jugar monop&oacute;licamente con tus dedos. Tus piernas implorantes de una buena compa&ntilde;&iacute;a. Tus pies exigiendo expulsar el fr&iacute;o de piel n&iacute;vea&rdquo;.<\/p>\n<p>Otras veces, cuando no aguantaba m&aacute;s el celibato laico inducido, se iba a picotear o a buscar algunas migas para comer por ah&iacute; afuera, metaf&oacute;ricamente hablando. A veces ten&iacute;a suerte y a veces no. Le parec&iacute;a mucho mejor hacer eso que divorciarse y dejar a Irina para siempre. El amerindio la amaba, a&uacute;n con su condici&oacute;n, &eacute;ste la amaba y disfrutaba ser su esposo, al igual que disfrutaba ser yerno de su suegro, el viejo barbudo colorado Sergei, un cocinero que trabajaba en un restaurante de gastronom&iacute;a rusa. Un hombre inteligente y muy hablador a pesar de que apenas termin&oacute; la escuela primaria y su espa&ntilde;ol era imperfecto como una vela inclinada. Opositor pol&iacute;tico al estalinismo, y satanizado por el r&eacute;gimen, no le qued&oacute; otra opci&oacute;n que tomarse el palo e irse de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica con su entonces esposa, recientemente embarazada de Irina, y su hermano Leonid, que para colmo adem&aacute;s de ser un opositor pol&iacute;tico como &eacute;l, era homosexual. No ten&iacute;an alternativa m&aacute;s que agarrar las duras y viejas maletas, e irse a hacia donde fuere con tal de no terminar en un gulag haciendo trabajos forzados o morir asesinados.<\/p>\n<p>Mamani tambi&eacute;n era de hablar por los codos, pero fue su suegro y su primera esposa quienes lo hicieron as&iacute;. Antes cuando era un chaval viviendo en las calles del conurbano bonaerense, hablaba poco y sol&iacute;a expresar lo que pensaba solamente por escrito. Si dec&iacute;a una palabra era lo elemental, procuraba no hablar de m&aacute;s. Y fue Irina, quien le&iacute;a en un mes la misma cantidad de libros que su marido le&iacute;a en un a&ntilde;o, la que lo empuj&oacute; y rempuj&oacute; para que escribiera con m&aacute;s seriedad y creatividad. Ella no escrib&iacute;a, el que escrib&iacute;a era &eacute;l, pero le daba las ideas, y buscaba y rebuscaba todos los posibles contactos para que pudiera publicar sus creaciones. Ella pon&iacute;a la m&aacute;quina de escribir en las m&aacute;s &oacute;ptimas condiciones, sin que llegara a faltarle nunca la tinta, as&iacute; como tampoco una sola hoja. Ella pon&iacute;a parte de su sueldo de bibliotecaria en el pago de las ediciones, que por muchos a&ntilde;os fue un sueldo superior al que recib&iacute;a el amerindio en su trabajo como periodista, hasta que &eacute;ste se cans&oacute; y se dedic&oacute; a la ense&ntilde;anza superior. Ella, fue su m&aacute;s duradero norte, como bien dijo &eacute;ste una vez, en una de sus m&aacute;s recientes dedicatorias.<\/p>\n<p>La misma mujer que no le dej&oacute; firmar, en ninguna de sus creaciones, bajo un pseud&oacute;nimo. Por algo que sonara m&aacute;s anglosaj&oacute;n o menos &ldquo;raro&rdquo;. &ldquo;Tu nombre no tiene nada de vergonzoso&rdquo;, le dec&iacute;a y le repet&iacute;a Irina a Mamani las veces que cre&iacute;a necesario, en sus comienzos.<\/p>\n<p>&ldquo;Ser ind&iacute;gena no tiene nada de vergonzoso&rdquo;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Argentina, a&ntilde;o 1979, provincia de Buenos Aires, en alg&uacute;n lugar del partido de Vicente L&oacute;pez. &ldquo;Disculpe, se&ntilde;or Mamani, no se imagina c&oacute;mo me tranquiliza volver a verlo. 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