{"id":24653,"date":"2020-07-10T22:00:00","date_gmt":"2020-07-10T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-07-10T22:00:00","modified_gmt":"2020-07-10T22:00:00","slug":"devuelto-del-inframundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/devuelto-del-inframundo\/","title":{"rendered":"Devuelto del inframundo"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"24653\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Jes&uacute;s Torres entr&oacute; en esposado y con una capucha en la que ser&iacute;a su nueva residencia y fuente de horrores.<\/p>\n<p>Fue arrestado durante una de las decenas de manifestaciones estudiantiles que produc&iacute;an encontronazos y refriegas con la polic&iacute;a. Protestaba contra la tiran&iacute;a y ruina de un gobierno nefasto que destruyera la econom&iacute;a intencionalmente, para controlar a la poblaci&oacute;n mediante dependencia absoluta del estado. Sin embargo, la grave ruina hizo que disminuyeran las fuentes laborales, los salarios decrecieran, los servicios desmejoraran, la producci&oacute;n cesara y hubiera hambre, pues el gobierno funesto no pudo satisfacer las necesidades de la poblaci&oacute;n como pretendiera. La propaganda no fue suficiente para contener a las masas indignadas y entonces el gobierno, convertido en dictadura, reprimi&oacute; ferozmente cualquier intento de rebeli&oacute;n contra su estructura podrida, cada vez m&aacute;s inmunda a medida que se empapaba las manos con la sangre de inocentes que reclamaban su libertad.<\/p>\n<p>Esa tarde cuando ya esposado lo sub&iacute;an en la atestada patrulla, Jes&uacute;s no ten&iacute;a idea de que estaba por ingresar al infierno.<\/p>\n<p>La celda era larga, con un suelo gris de concreto bruto y paredes que otrora hubieran sido blancas, aunque ahora luc&iacute;an amarillentas y con grandes manchas de suciedad amarronadas, y otras m&aacute;s peque&ntilde;as y oscuras en algunas partes, algunas en forma de salpicaduras que el muchacho dedujo sin equivocarse apenas verlas: sangre.<\/p>\n<p>Estando ya desnudo, como vino al mundo, sinti&oacute; un escalofr&iacute;o al verse rodeado por cuatro hombres mirando su cuerpo con ojos lascivos, ya prestos a hacerle las cosas aberrantes que se hac&iacute;an con cada infeliz que entraba en aquel trozo de infierno sobre la tierra.<\/p>\n<p>Le sangraban los o&iacute;dos por severos manotazos hasta quedar casi completamente sordo. Casi se desmay&oacute; ante aquellos golpes rotundos y si no hubiera estado atado de los brazos en la viga se habr&iacute;a ca&iacute;do.<\/p>\n<p>Mientras lo sujetaban del cabello y le pegaban en el est&oacute;mago hasta dejarlo sin aire alguien le aplic&oacute; el alicate en los pezones hasta cubrirle el torso de anchos hilos rojos que descendieron bruscamente para fundirse en el tupido bosque de su entrepierna.<\/p>\n<p>No lo interrogaban, no necesitaban saber nada que pudiera decir. S&oacute;lo lo torturaban por placer.<\/p>\n<p>Los pu&ntilde;etazos le dejaron el rostro sangrando y el torso viol&aacute;ceo por los hematomas. Los golpes en los costados, infligidos con una media suya llena de arena, hicieron que le doliera respirar.<\/p>\n<p>Jes&uacute;s hab&iacute;a le&iacute;do art&iacute;culos sobre torturas. Cuerpos reventados a golpes eran la usanza. No sab&iacute;a que un d&iacute;a le tocar&iacute;a experimentarlo en carne propia. Y le faltaba padecer muchos horrores. En los art&iacute;culos, muchos no sobreviv&iacute;an a las golpizas, palizas, la electricidad, las t&eacute;cnicas de asfixia, los cortes, las heridas, las quemaduras con calor, con &aacute;cido, entre otras atrocidades espeluznantes.<\/p>\n<p>Apenas acababan de traerlo y ya se sent&iacute;a devastado. Esperaba un cambio de suerte que lo librara del sufrimiento. Ten&iacute;a la esperanza de resistir y recuperarse de las lesiones padecidas. Abrigaba la esperanza de ser el muchacho saludable de antes.<\/p>\n<p>Jes&uacute;s en aquel momento no lo sab&iacute;a, pero los salvajes manotazos en los o&iacute;dos lo iban a dejar sordo en forma permanente. Sufri&oacute; rotura de ambos t&iacute;mpanos. El deterioro paulatino de su cuerpo se ir&iacute;a incrementando con cada tortura. Aun as&iacute;, ten&iacute;a la esperanza de sobrevivir.<\/p>\n<p>Cuando estaba en la celda de reclusi&oacute;n, donde lo arrojar&iacute;an tras cada tortura, ten&iacute;a el cuerpo tan lastimado que apenas pod&iacute;a moverse. No encontraba alivio en el duro suelo de concreto que, ante la ausencia de un vasto banco de cemento como lecho, le serv&iacute;a de cama. El aire fr&iacute;o que se colaba por la ventana lo manten&iacute;a encogido tiritando. Aun as&iacute;, intent&oacute; pensar que se trataba de una dura prueba de la que lograr&iacute;a salir imperioso.<\/p>\n<p>Lleg&oacute; la ma&ntilde;ana, pero el dolor no se fue con ella.<\/p>\n<p>La raci&oacute;n acuosa y sosa que le sirvieron por sopa, y el trozo de pan duro suministrados dos veces al d&iacute;a junto a un vaso de agua de mal sabor no eran suficientes para regenerar su cuerpo.<\/p>\n<p>No hab&iacute;a mucho que hacer en la celda sucia y semioscura que le serv&iacute;a de aposento. Si tan s&oacute;lo hubiera tenido alguien con quien hablar. Intentarlo con los compa&ntilde;eros de las celdas vecinas estaba prohibido y hacerlo le hubiera supuesto ser sacado y arrastrado antes de tiempo a la sala de torturas como castigo.<\/p>\n<p>En la tarde fue arrastrado nuevamente a la infame sala para sufrir tormentos.<\/p>\n<p>Mientras colgaba de las manos fue azotado hasta que se desmay&oacute;. Tras ser revivido sus pezones, genitales, ano y las plantas de sus pies experimentaron las atroces caricias de las picanas el&eacute;ctricas hasta que se desmay&oacute; nuevamente.<\/p>\n<p>La aplicaci&oacute;n de la electricidad en los genitales fue especialmente feroz. Se le introdujo un cable con un tubo met&aacute;lico en el pene y con otro que terminaba en una desesperante aguja, afilada como una espina, se le acariciaban, o pinchaban, el glande o los test&iacute;culos hasta que le quedaron entumecidos de tanto tormento. Con el tubo dentro del pene, como electrodo fijo, le fueron torturados intensamente los pezones y el ano. El dolor de las quemaduras en las partes torturadas era un tormento adicional una vez concluido el suplicio. Defecar por las quemaduras en el ano fue un tormento atroz que se mantuvo por varios d&iacute;as.<\/p>\n<p>Poco a poco el muchacho se iba deteriorando.<\/p>\n<p>Una vez, una sola vez, por suerte para &eacute;l, le cubrieron la cabeza con unos ochos pasamonta&ntilde;as, hasta quedarle la cabeza cubierta por una masa gruesa de tela, y entonces, mediante un palo forrado con varias capas de goma espuma, le fue golpeada la cabeza con golpes severos que habr&iacute;an terminado mat&aacute;ndolo sin aquella protecci&oacute;n. Durante varios d&iacute;as tuvo la cara hinchada, morada y torturada por severas cefaleas que parec&iacute;an reventarle la cabeza en mil pedazos.<\/p>\n<p>Una tortura debilitante fueron los azotes con vara en las plantas de los pies. Cada golpe le provocaba una oleada intensa de dolor que sub&iacute;a desde sus plantas sus piernas y espalda hasta estallar como una onda de dolor masivo, inaudito en la base del cr&aacute;neo. Nunca imagin&oacute; que golpes en las plantas de los pies pudieran provocarle tal horror, indescriptible plenamente con palabras. Los golpes eran dur&iacute;simos. Un par de veces perdi&oacute; completamente la sensibilidad en las plantas durante la administraci&oacute;n del tormento. La curvatura plantar se le torn&oacute; llana por los edemas de sangre depositada entre los tejidos deshechos. No pudo caminar durante varios d&iacute;as y le quedaron lesiones permanentes por atrofia de tejidos musculares y nervios. Una cojera y dolor al caminar por hipersensibilidad le quedar&iacute;an como secuela permanente.<\/p>\n<p>Varias veces fue asfixiado hasta perder la consciencia. Unas veces utilizando una bolsa pl&aacute;stica para cubrirle la cabeza y otras sumergido hasta el pecho en un tonel con agua. Un par de veces se le hizo esto estando colgado de los tobillos.<\/p>\n<p>La agon&iacute;a del tormento con el bistur&iacute; el&eacute;ctrico era peculiarmente atroz. Tal instrumento corta como un cuchillo, quema como metal candente y cauteriza con electricidad, combinando en simult&aacute;neo tres torturas horrendas de las que le quedar&iacute;an, como cicatrices, unas l&iacute;neas abultadas, como surcos en tierra llana.<\/p>\n<p>Uno de los peores dolores que experimentara en su vida le fue infligido mediante varillas de metal calentadas en un brasero enfrente suyo para que pudiera anticipar todo el horror que le esperaba.<\/p>\n<p>Jes&uacute;s dese&oacute; morir para escapar del sufrimiento. Conocedores de la locura inducida por el dolor lo manten&iacute;an atado de modo que no pudiera librarse antes de tiempo.<\/p>\n<p>Jes&uacute;s dej&oacute; de comer para morir de hambre y fue alimentado forzosamente. No iba a morir cuando quisiera sino cuando sus verdugos quisieran.<\/p>\n<p>Habitualmente era torturado por uno o dos carceleros. El muchacho no entend&iacute;a que pod&iacute;a haber debajo de la piel de aquellos seres con forma de humanos que tanto sufrimiento, inaudito, enloquecedor, perturbador en grado sumo, le prodigaban. No pod&iacute;an ser personas. No era posible. Aquellos monstruos eran demonios, criaturas de horror procedentes del mismo infierno.<\/p>\n<p>S&oacute;lo pod&iacute;a haber un escape para tal espanto. Deseaba con vehemencia que se propasaran durante una tortura y acabaran con su pena mat&aacute;ndolo. Hab&iacute;a llegado a idealizar la muerte como la irrefutable liberaci&oacute;n de su agon&iacute;a.<\/p>\n<p>Una tarde mientras padec&iacute;a una golpiza se escucharon gritos afuera y su torturador alertado por un mensaje de texto sali&oacute; despavorido.<\/p>\n<p>La dictadura hab&iacute;a ca&iacute;do.<\/p>\n<p>La iron&iacute;a quiso que los verdugos de Jes&uacute;s fueran torturados muchas veces hasta su muerte en la misma celda por el r&eacute;gimen de liberaci&oacute;n, que quiso hacerle a los cerdos lo que le hicieron a otros, aquella misma celda donde muchas veces el muchacho en medio de dolores atroces desgarrara el aire con sus gritos y gotas de su sangre alimentaran las manchas de las paredes y el suelo. Todav&iacute;a pod&iacute;an verse manchas de su sangre mezcladas con las de muchos en aquella funesta celda que nunca m&aacute;s ver&iacute;a y procurar&iacute;a olvidar.<\/p>\n<p>Jes&uacute;s volvi&oacute; a su vida previa, aunque no como antes. De las torturas le quedaron, como secuelas, una sordera casi total y permanente, y problemas al caminar.<\/p>\n<p>Sus limitaciones adquiridas no fueron inconveniente para que al cumplir los 27 a&ntilde;os, hecho un hombre apuesto, cinco a&ntilde;os despu&eacute;s de su tortura, se casara con una preciosa chica, con la que tendr&iacute;a una vida feliz y dos preciosos hijos.<\/p>\n<p>A momentos, tuvo la impresi&oacute;n de acabar perdiendo la vida en el infierno que viviera durante dos semanas. La p&eacute;sima alimentaci&oacute;n no le permit&iacute;a recuperarse adecuadamente del deterioro experimentado en los tormentos. Ya era por complexi&oacute;n un muchacho flaco y perdi&oacute; cuatro kilogramos durante aquel horror. A menudo, durante los peores momentos del sufrimiento atroz que padeci&oacute; crey&oacute; que morir&iacute;a. Los gritos constantes en las celdas contiguas lo desmoralizaban y lleg&oacute; a esperar con ansias que la muerte lo liberara de la desquiciante agon&iacute;a de los suplicios.<\/p>\n<p>Cuando fue liberado luc&iacute;a p&aacute;lido, huesudo y demacrado, con grandes manchas marrones bajo los ojos. Las marcas de las torturas se evidenciaban por todas partes: la espalda, nalgas y costados deshechos a latigazos, el torso morado por hematomas de pu&ntilde;etazos, el rostro hinchado y reventado a golpes, vestigios de sangre por manotazos en los o&iacute;dos, un afecci&oacute;n pulmonar por las sesiones de ahogamiento, marcas negras en el torso y las plantas de los pies por quemaduras con varillas candentes, entre otras muchas lesiones. Hubiera muerto con certeza de no haber sido salvado por las circunstancias.<\/p>\n<p>Hoy, a sus 30 a&ntilde;os es un hombre feliz que se estremece en ocasiones cuando recuerda los rezagos de sus vivencias de hace ya varios a&ntilde;os. Cuando ten&iacute;a 28 a&ntilde;os, gracias a una novedosa y sofisticada operaci&oacute;n de reconstrucci&oacute;n de t&iacute;mpanos, subvencionada por una organizaci&oacute;n pro derechos de v&iacute;ctimas de tortura internacional, recuper&oacute; la audici&oacute;n y otra vanguardista cirug&iacute;a de reconstrucci&oacute;n y regeneraci&oacute;n de almohadillas talonares le ha permitido caminar correctamente. Es por hoy un hombre rehecho f&iacute;sica y mentalmente junto a su familia.<\/p>\n<p>El r&eacute;gimen de liberaci&oacute;n orquestado por militares rebeldes que sacara del poder a la infame dictadura que durante ocho a&ntilde;os oprimiera el pa&iacute;s dio paso a negociaciones pol&iacute;ticas que desembocaron en el advenimiento de la democracia, imperfecta, pero m&aacute;s favorable que un r&eacute;gimen totalitario. Poco a poco la naci&oacute;n fue reconstruida y todo rastro de aquella nefasta tiran&iacute;a olvidado.<\/p>\n<p>Algunas diminutas marcas blanquecinas u oscuras, indicios residuales de las descargas el&eacute;ctricas, otras mayores y hundidas o en relieve, producto de las quemaduras con metal caliente y aquellas otras como l&iacute;neas voluminosas que le quedaran del infame tormento con el bistur&iacute; el&eacute;ctrico, le recordaron durante muchos a&ntilde;os sobre ese lado oculto y mal&eacute;volo de la naturaleza humana que se esfuerza por mimetizarse para eventualmente salir y corromper el mundo con oscuridad para perjuicio de muchos. Pero las marcas de su pasado eventualmente desaparecieron o se atenuaron junto con los recuerdos m&aacute;s oscuros de sus vivencias m&aacute;s sombr&iacute;as desterrados con la fuerza del amor de sus seres queridos y de la paz, a&ntilde;orada durante los peores momentos de agon&iacute;a en las torturas, que sucedi&oacute; a la tragedia.<\/p>\n<p>FIN<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 Jes&uacute;s Torres entr&oacute; en esposado y con una capucha en la que ser&iacute;a su nueva residencia y fuente de horrores. Fue arrestado durante una de las decenas de manifestaciones estudiantiles que produc&iacute;an encontronazos y refriegas con la polic&iacute;a. 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