{"id":24762,"date":"2020-07-16T22:00:00","date_gmt":"2020-07-16T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-07-16T22:00:00","modified_gmt":"2020-07-16T22:00:00","slug":"la-mama-de-joaquin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/la-mama-de-joaquin\/","title":{"rendered":"La mam\u00e1 de Joaqu\u00edn"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"24762\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 100<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Nota del autor: El siguiente relato es un tanto ambicioso, y bastante diferente a lo que suelo publicar. El l&eacute;xico utilizado puede resultar confuso para los que no sean argentinos, es decir, para la mayor&iacute;a de los lectores. Sin embargo, espero que le den una oportunidad. Los autores a veces debemos tomar decisiones arriesgadas para escaparnos del clich&eacute; y los lugares comunes. Pero no teman, no van a faltar las escenas de sexo.<\/p>\n<p>Dejo constancia de que se trata de un relato ficticio, y de que todos los personajes que intervienen en &eacute;l son mayores de edad. Esta aclaraci&oacute;n es sumamente importante, ya que algunos de los personajes todav&iacute;a cursan la escuela secundaria, y esto se puede prestar a confusiones. Sin embargo, los tres personajes que a&uacute;n son estudiantes van por el &uacute;ltimo a&ntilde;o, y el relato transcurre en los &uacute;ltimos meses del a&ntilde;o. Por ende, es totalmente razonable que estos personajes ya cuenten con dieciocho a&ntilde;os o incluso m&aacute;s.<\/p>\n<p>Dicho esto, otra peculiaridad del texto es su extensi&oacute;n. Si bien pod&iacute;a haberlo enviado por cap&iacute;tulos, decid&iacute; publicarlo completo. No tengo un motivo concreto para haber tomado tal decisi&oacute;n. La cosa simplemente se dio as&iacute;.<\/p>\n<p>Espero que lo disfruten, y sirva para distraerse, al menos un rato, en esta larga cuarentena.<\/p>\n<p>La historia comienza as&iacute;&hellip;<\/p>\n<p><u>Cap&iacute;tulo 1<\/u><\/p>\n<p><strong>Pitu<\/strong><\/p>\n<p>A Joaco lo tuve entre ceja y ceja desde que empez&oacute; la escuela. Es nuevo, vino de otro barrio con sus aires de nene de clase media tirando a alta. No me banco a esos chetitos maricones que hablan con palabritas raras, y con un tono, que m&aacute;s que de otro barrio, parece de otro pa&iacute;s. Su pinta tambi&eacute;n es irritante. Rubiecito, peinado con un jopito rid&iacute;culo, con un arito en la oreja izquierda, con remeritas de marca bien ajustadas y pantalones que ni en pedo se compran en el mercado central. Se cree muy canchero el imb&eacute;cil. Pero yo le saqu&eacute; la ficha de entrada. Ese pibe no se la banca. Lo empec&eacute; a medir, tir&aacute;ndole bollos de papeles desde el fondo; dici&eacute;ndole &ldquo;chetito&rdquo; cada vez que me dirig&iacute;a a &eacute;l; y una vez lo mand&eacute; al Brian a que lo apure en el ba&ntilde;o. Despu&eacute;s me cont&oacute; que casi lo hace llorar.<\/p>\n<p>Esos pibes nacieron para que los bardeen.<\/p>\n<p>Cuando comprob&eacute; que no se la bancaba, no pude evitar ensa&ntilde;arme con &eacute;l. En las clases de educaci&oacute;n f&iacute;sica, cuando jug&aacute;bamos partidos de f&uacute;tbol, cada vez que &eacute;l agarraba la pelota, le barr&iacute;a las piernas. Encima el pendejo es re malo en los deportes, ni eso sabe hacer bien. A veces, en el aula, me sentaba detr&aacute;s de &eacute;l a prop&oacute;sito, y cada tanto le daba un tingazo en la oreja. El chetito se pon&iacute;a todo rojo, me miraba y despu&eacute;s agachaba la cabeza. No tiene huevos el pibe.<\/p>\n<p>El quilombo empez&oacute; hace un par de d&iacute;as. Yo lo ten&iacute;a del punto al boludito, pero hasta ahora no le hab&iacute;a pegado de verdad, tampoco soy tan zarpado. Pero a la salida de la escuela, en una esquina donde paramos con los pibes a escabiar despu&eacute;s de clase, lo par&eacute; para boludearlo un toque.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Eh qu&eacute; mir&aacute;s! &mdash;le dije.<\/p>\n<p>&Eacute;l agach&oacute; la cabeza, haciendo de cuenta que no me escuch&oacute;, y sigui&oacute; de largo.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Uuuuuh! &mdash;los escuch&eacute; meter p&uacute;a al Brian, al Leo, y a los otros que estaban conmigo.<\/p>\n<p>No me pod&iacute;a comer los mocos delante de ellos. Pegu&eacute; un trote y lo alcanc&eacute;. Me puse delante de &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Eh, te estoy hablando! &mdash;le dije.<\/p>\n<p>&mdash;Dejame de joder, me tengo que ir a casa. &mdash;me dijo el desubicado.<\/p>\n<p>&mdash;Eh &iquest;vas a dejar que te hable as&iacute; ese atrevido? &mdash;coment&oacute; el gordo Leo, quien gusta mucho de las peleas, salvo cuando el que se tiene que parar de manos es &eacute;l.<\/p>\n<p>De la escuela todav&iacute;a sal&iacute;an un mont&oacute;n de pibes, y un grupo bastante numeroso se amonton&oacute; a nuestro alrededor. No tuve m&aacute;s opci&oacute;n. Le di un cabezazo. Pero despacito. Mi cara qued&oacute; pegada a la suya.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Qu&eacute;? &iquest;Te la banc&aacute;s? &mdash;Lo apur&eacute;.<\/p>\n<p>&Eacute;l no me pod&iacute;a sostener la mirada. Yo le ve&iacute;a los ojos brillosos y casi me cago de la risa. Pero entonces el pendejo me dio una pi&ntilde;a.<\/p>\n<p>Me dej&oacute; desconcertado. Se supon&iacute;a que ten&iacute;a que cerrar el orto y salir corriendo para su casita. Con los pibes nos cagar&iacute;amos de risa, y lo gastar&iacute;amos por el resto del a&ntilde;o.<\/p>\n<p>Pero el chetito me peg&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Uh Pitu, mir&aacute; c&oacute;mo te la puso! &mdash;grit&oacute; el Leo, a quien le gusta decir lo obvio, solo para meter p&uacute;a.<\/p>\n<p>La verdad que la pi&ntilde;a calz&oacute; bien, tengo que reconocerlo. Pero me hab&iacute;a agarrado desprevenido, y adem&aacute;s, se nota que no est&aacute; acostumbrado a pelear. No tiene fuerza en los brazos.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Matalo Pitu, matalo! &mdash;grit&oacute; desquiciado el Brian.<\/p>\n<p>No tuve m&aacute;s opci&oacute;n. No iba quedar como un logi frente a la mitad de la escuela. Cuando Joaqu&iacute;n me peg&oacute;, al instante, como d&aacute;ndose cuenta de que se hab&iacute;a zarpado, abri&oacute; grande los ojos, y se puso p&aacute;lido del miedo. Pero ya no hab&iacute;a marcha atr&aacute;s. Le devolv&iacute; la pi&ntilde;a en la geta, y despu&eacute;s otra en la nariz, y despu&eacute;s otra, y otra.<\/p>\n<p>El chetito se cay&oacute; al piso, con toda la geta ensangrentada. Me agach&eacute;, lo agarr&eacute; del guardapolvo, rompi&eacute;ndole un bot&oacute;n. Cerr&eacute; mi pu&ntilde;o y lo apunt&eacute; a la geta. Si no se quedaba quieto le iba a tener que seguir pegando. Ya me estaba dando l&aacute;stima, pero si se hac&iacute;a el vivo iba a seguir cobrando.<\/p>\n<p>Por suerte se qued&oacute; en el molde. Adem&aacute;s, Agustina, una de las pibas m&aacute;s lindas del aula, me agarr&oacute; del brazo y me pidi&oacute; que deje de pegarle. No le pod&iacute;a decir que no a esa minita.<\/p>\n<p>Alguno de los bobos del curso lo ayudaron a levantarse y lo acompa&ntilde;aron un par de cuadras.<\/p>\n<p>Y pensar que esa pelea fue el detonante de todo lo que iba a suceder despu&eacute;s&hellip;<\/p>\n<p><strong>Andrea<\/strong><\/p>\n<p>A pesar de tantos cambios bruscos en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, mi vida empezaba a ordenarse. O al menos eso me parec&iacute;a hasta hace unos d&iacute;as.<\/p>\n<p>La crisis del dos mil uno fue devastadora para mi familia. Ven&iacute;amos re bien de la &eacute;poca del uno a uno. Con mi marido Rub&eacute;n hab&iacute;amos puesto un negocio de productos importados. Al poco tiempo empez&oacute; a entrar plata a lo loco. Durante esos a&ntilde;os dorados veraneamos en el exterior, nos compramos las mejores ropas, y pagamos un chalet en Villa Devoto.<\/p>\n<p>Pero todo se fue a la mierda en el cambio de milenio. De repente, todo lo que hab&iacute;amos conseguido, se hab&iacute;a esfumado, sin dejar rastro de haber existido. La devaluaci&oacute;n hizo que los precios de nuestros proveedores aumentaran rid&iacute;culamente. La gente andaba sin plata, y lo &uacute;ltimo en que gastar&iacute;an sus &uacute;ltimos pesos era en los adornos car&iacute;simos que vend&iacute;amos en el negocio.<\/p>\n<p>Todo fue demasiado r&aacute;pido. En un &uacute;ltimo intento por sostener nuestro nivel de vida, hipotecamos la casa, con la tonta esperanza de que la situaci&oacute;n mejorar&iacute;a con el tiempo. La consecuencia fue fulminante: el negocio quebr&oacute; y el chalet fue a parar a manos de los acreedores.<\/p>\n<p>Durante un tiempo vivimos en la casa de los padres de Rub&eacute;n. Pero la cosa no daba para m&aacute;s. No me llevo mal con mis suegros, pero la convivencia es muy dif&iacute;cil.<\/p>\n<p>Rub&eacute;n, despu&eacute;s de tirar curr&iacute;culums por todas partes, consigui&oacute; trabajo en una empresa de seguridad. Al poco tiempo me contrat&oacute; un abogado para que sea su asistente. Ambos sueldos eran bajos, pero nos alcanzaba para alquilar una casita.<\/p>\n<p>Tuvimos que mudarnos a un barrio m&aacute;s barato. El que m&aacute;s me preocupaba era Joaco, mi hijo. El pobre se vio obligado a alejarse de sus amigos. Ya no pod&iacute;amos pagar la escuela privada, y encima nos ten&iacute;amos que ir del barrio donde conoc&iacute;a a todo el mundo.<\/p>\n<p>Quiz&aacute; por eso, por preocuparme por Joaco, no prest&eacute; atenci&oacute;n en mi marido.<\/p>\n<p>&Eacute;l entr&oacute; en lo que sospecho es un estado depresivo. Ya no tiene el humor alegre de siempre, y todo parece importarle un carajo.<\/p>\n<p>Adem&aacute;s, desde hace tres meses que no tenemos relaciones.<\/p>\n<p>Lo intent&eacute; todo: ponerme las ropas &iacute;ntimas que a &eacute;l le gustan; decirle frases picantes al o&iacute;do; esperarlo en bolas cuando ven&iacute;a del trabajo; insinuarle que si gustaba, pod&iacute;a penetrarme por atr&aacute;s&hellip; en fin, intent&eacute; todo, pero no sucede nada.<\/p>\n<p>Al principio pens&eacute; que era porque viv&iacute;amos en casa de sus viejos. Pero cuando nos mudamos a la casa nueva, en Gonz&aacute;lez cat&aacute;n, sigui&oacute; sin querer tener sexo. Ni siquiera cuando entr&eacute; a trabajar al estudio jur&iacute;dico demostr&oacute; tener celos. Nada.<\/p>\n<p>Quitando el detalle, no menor, de que desde hace tres meses me autosatisfago con mis dedos, lo dem&aacute;s, se iba ordenando de a poco.<\/p>\n<p>Consegu&iacute; un colegio para Joaco, y mi trabajo y el de Rub&eacute;n parec&iacute;an estables. El barrio es totalmente diferente al que viv&iacute;amos. Pero la gente, al menos en su mayor&iacute;a, se mostraba amable. Incluso parecemos una especie de excentricidad en esos lugares.<\/p>\n<p>A m&iacute; me gusta verme bien, y a mis treinta y cuatro a&ntilde;os me mantengo en buena forma. Mi ropa, la que todav&iacute;a me queda de los buenos tiempos, es muy llamativa, pero no pienso cambiar de look.<\/p>\n<p>Como dec&iacute;a, todo parec&iacute;a que se iba dando relativamente bien, hasta que el otro d&iacute;a Joaco lleg&oacute; a la casa todo golpeado.<\/p>\n<p>Yo estaba haciendo el almuerzo. Rub&eacute;n estaba durmiendo, ya que trabaja en horario nocturno. Se me cay&oacute; el alma al suelo cuando lo vi llegar con la cara hinchada, y todav&iacute;a sangrando.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Joaqu&iacute;n qu&eacute; te pas&oacute;! &mdash; grit&eacute;, hist&eacute;rica.<\/p>\n<p>&mdash;Nada, ma, no quiero hablar.<\/p>\n<p>Dej&eacute; la olla en el fuego y fui tras &eacute;l. Lo agarr&eacute; del brazo y le exig&iacute; que me diga lo que le pas&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Hay un pibe&hellip;&mdash;me dijo con los ojos vidriosos&mdash;. Hay un pibe que no me deja en paz. &mdash;Termin&oacute; de decir, tartamudeando.<\/p>\n<p>En ese momento dese&eacute; con todas mis fuerza tener a Rub&eacute;n a mi lado. En sus buenos tiempos &eacute;l sabr&iacute;a qu&eacute; hacer. Pero ahora era una sombra de lo que fue. Tendr&iacute;a que hacerme cargo de la situaci&oacute;n personalmente.<\/p>\n<p>Todav&iacute;a no lo sab&iacute;a, pero esa decisi&oacute;n me llevar&iacute;a por caminos que nunca imagin&eacute; transitar.<\/p>\n<p><strong>Pitu<\/strong><\/p>\n<p>A la noche, todav&iacute;a ten&iacute;a la pija dura. No me gusta hacerme la paja en mi cuarto, porque lo comparto con mi hermano. Pero no pude aguantar. Nunca hab&iacute;a visto a un min&oacute;n como ese. Esa mujer es una nave.<\/p>\n<p>Esper&eacute; a que mi hermano Esteban empezara a roncar, y ah&iacute; arranqu&eacute; a tirarme el ganso. La ten&iacute;a dura como roca. No quer&iacute;a acabar r&aacute;pido. Hace tiempo el t&iacute;o Omar me ense&ntilde;&oacute; que la eyaculaci&oacute;n es m&aacute;s fuerte cuando se retiene por m&aacute;s tiempo. Rememor&eacute; la escena de ese mismo d&iacute;a.<\/p>\n<p>Est&aacute;bamos con los pibes en el quiosco. Hac&iacute;a rato que hab&iacute;a terminado la hora de clase, y el barrio estaba casi vac&iacute;o, como me gusta a m&iacute;.<\/p>\n<p>De lejos vimos c&oacute;mo una minita de pelo negro entraba a la escuela. Ten&iacute;a puesto unos anteojos de sol que la hac&iacute;an ver muy sofisticada. Adem&aacute;s, aunque est&aacute;bamos alejados, y un poco en pedo, se notaba que estaba buena. Llevaba ropa bien ajustada y sus caderas y tetas quedaban bien marcadas. Una delicia.<\/p>\n<p>Los pibes tambi&eacute;n la vieron. Le gritaron algunas guarangadas y le chiflaron. La mina seguro que est&aacute; acostumbrada a que le digan cosas por la calle. Hizo de cuenta que no los escuch&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Ser&aacute; una nueva profe de turno tarde? &mdash;Pregunt&oacute; el Brian.<\/p>\n<p>&mdash; Est&aacute; m&aacute;s buena que la profe Miriam. &mdash; dijo Leo, metiendo el dedo en la llaga.<\/p>\n<p>Sab&iacute;a que la profe Miriam era la mina que m&aacute;s me calentaba en la tierra. Trat&eacute; de levant&aacute;rmela miles de veces, pero la zorra me dej&oacute; en claro que no le gustaban los pibes tan j&oacute;venes. Me jur&eacute; que apenas tenga un par de a&ntilde;os m&aacute;s la iba a buscar y me la iba a coger a toda costa.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; sab&eacute;s si est&aacute; m&aacute;s buena que Miriam, gil. &mdash; le dije.<\/p>\n<p>&mdash; Miriam es un cami&oacute;n. &mdash; dijo El Polaco, con su geta escondida detr&aacute;s de la visera de su gorra.<\/p>\n<p>Cambiamos de tema, y seguimos hablando de otras pavadas. Casi nos hab&iacute;amos olvidado de la mina, cuando la vimos salir de la escuela.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Miren, viene para ac&aacute;! &mdash;dijo Leo.<\/p>\n<p>&mdash;Ahora la vamos a poder ver de cerca. Despu&eacute;s votamos si est&aacute; m&aacute;s buena que Miriam.<\/p>\n<p>Ahora que la mina ven&iacute;a para donde est&aacute;bamos nosotros, los cagones no se animaron a chiflarle, ni a decirle nada. Yo tampoco lo hice, pero no por miedo. No soy de hacer esas giladas.<\/p>\n<p>A medida que se acercaba, parec&iacute;a estar m&aacute;s buena. Estaba toda vestida de negro. Con un pantal&oacute;n de jean que le calzaba como guante; una remerita mangas cortas; y zapatos negros. Se notaba que era ropa de marca, y le quedaba como a una puta cara. Su pelo lacio estaba recogido. Era muy negro. Nunca hab&iacute;a visto un pelo as&iacute;. Lacio, brilloso, y completamente negro. Su piel era blanca, y contrastaba con el color de su ropa y pelo. Era una piel que a lo lejos se notaba que era suave. Seguro que se pone montones de cremas en la cara para mantenerse as&iacute;, toda limpita, sin manchas ni imperfecciones. Parec&iacute;a una mu&ntilde;equita. Su carita era ovalada y sus labios hac&iacute;an una sutil trompita.<\/p>\n<p>De repente se nos fue al humo. Pens&eacute; que nos iba a cagar a pedos por las cosas que le dijeron los pibes cuando entr&oacute; a la escuela, pero nada que ver.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Alguno de ustedes es Sebasti&aacute;n medina? &mdash;pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>Me result&oacute; raro escuchar mi nombre. Salvo los profesores, todo el mundo me dice Pitu. Y hasta hay profesores que me llaman as&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Soy yo &mdash; le contest&eacute;, sin vueltas.<\/p>\n<p>La mina se sac&oacute; los anteojos, y por si faltaba algo que la haga m&aacute;s fuerte de lo que ya parec&iacute;a, mostr&oacute; tremendos faros azules con los que me miraba llena de bronca.<\/p>\n<p>&mdash;Mir&aacute;, yo no s&eacute; cu&aacute;l ser&aacute; tu problema. Pero te voy a pedir que no vuelvas a tocarle un pelo a Joaqu&iacute;n. &mdash;dijo.<\/p>\n<p>Algunos de los pibes empezaron a re&iacute;rse. Yo les hice cerrar el orto.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Vos sos la hermana de Joaqu&iacute;n? &mdash;le pregunt&eacute;. &mdash;Mir&aacute;, tu hermano no es ning&uacute;n santo. &Eacute;l se la busc&oacute;. &mdash;dije.<\/p>\n<p>Los pibes me daban la raz&oacute;n con unos d&eacute;biles &ldquo;s&iacute;, el chetito es un busca ro&ntilde;&iacute;a&rdquo;<\/p>\n<p>&mdash;Mir&aacute; pendejo. Joaqu&iacute;n es mi hijo y yo lo conozco. &Eacute;l no le busca pela a nadie. No quiero que vuelvas a meterle una mano encima, sino vas a ver.<\/p>\n<p>Se puso muy cerca de m&iacute;. Sent&iacute;a su respiraci&oacute;n agitada y el rico perfume que depend&iacute;a. Me dieron ganas de comerle esa boca carnosa que tiene.<\/p>\n<p>&mdash;Si &eacute;l no me jode, va a estar todo bien &mdash;le contest&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;M&aacute;s te vale. &mdash;me dijo, se&ntilde;al&aacute;ndome con una u&ntilde;a larga pintada de rojo.<\/p>\n<p>Se puso los anteojos y se fue, meneando ese orto que simplemente puedo describir como perfecto.<\/p>\n<p>Nos quedamos callados un rato. Es raro que los pibes no tengan nada que decir.<\/p>\n<p>&mdash;Est&aacute; terrible la mam&aacute; de Joaco. &mdash;dijo alguno de ellos, despu&eacute;s de un buen rato.<\/p>\n<p>&mdash;Me parece que est&aacute; mejor que la profe Miriam. &mdash; dijo Brian.<\/p>\n<p>,&mdash;De culo empatan, pero de tetas y cara, esta le gana a goleada. &mdash;acot&oacute; Leo.<\/p>\n<p>&mdash; He, que putito este Joaqu&iacute;n,. Ir a quejarse con su mami&hellip; &mdash;dijo el Brian &mdash;la que le espera el lunes &iquest;No Pitu?<\/p>\n<p>No dije nada. Apenas lo hab&iacute;a escuchado. Ten&iacute;a en mi mente el hermoso culo, la piel suave, las tetas, cuyos pezones se marcaban en la remera, el perfume de hembra que llevaba impregnado en todo su cuerpo, y esos tremendos ojos azules.<\/p>\n<p>A la noche le dediqu&eacute; una paja. Estuve media hora acarici&aacute;ndome la pija. Era cierto, estaba m&aacute;s buena que la profe Miriam. Y eso era mucho decir, ya que la profe eras la mujer de mis sue&ntilde;os. Cuando acab&eacute;, no pude evitar largar un gemido. Mi hermano., por suerte, no se despert&oacute;. Un mont&oacute;n se semen cay&oacute; sobre mi ombligo y sobre los pendejos de mi pelvis. Lo raro es que todav&iacute;a estaba al palo. Baj&eacute; de un salto de la cama. Fui al ba&ntilde;o. Me sent&eacute; en el inodoro, y con la mente todav&iacute;a en la mam&aacute; de Joaqu&iacute;n, le dediqu&eacute; otra paja.<\/p>\n<p>Me ten&iacute;a que coger a esa mina. No sab&iacute;a c&oacute;mo iba a lograrlo, pero de alguna manera lo har&iacute;a.<\/p>\n<p><strong>Joaqu&iacute;n<\/strong><\/p>\n<p>Nunca odi&eacute; tanto a mam&aacute; como ese d&iacute;a. &iexcl;C&oacute;mo se le ocurri&oacute; ir a encarar a Pitu en la escuela! &iquest;No entiende que con eso las cosas van a ser peores?<\/p>\n<p>&mdash;Es que me qued&eacute; recaliente porque el director de la escuela me dijo que como la pelea fue fuera del establecimiento, ellos no pod&iacute;an hacer nada, &iexcl;una locura! &mdash;, me explic&oacute; mam&aacute; esa tarde.<\/p>\n<p>El fin de semana fue una tortura.<\/p>\n<p>Pap&aacute; hab&iacute;a descubierto las heridas, pero como hab&iacute;an cicatrizado bastante, y mi cara se hab&iacute;a descinchado, le ment&iacute; dici&eacute;ndole que me hab&iacute;a ca&iacute;do de geta en la clase de educaci&oacute;n f&iacute;sica. &iexcl;Me da una pena el viejo! Anda como un fantasma todo el d&iacute;a. Lo veo poco, porque por las noches trabaja, y de d&iacute;a duerme. Pero cuando lo veo, no me banco su cara de tristeza. Me quiero matar. El pobre ten&iacute;a todo y ahora no tiene nada. Yo lo entiendo, porque a m&iacute; me pasa b&aacute;sicamente lo mismo. Pero al menos tengo toda la vida por delante.<\/p>\n<p>Pap&aacute; ya ara&ntilde;a los cincuenta. Y no creo que consiga trabajo en otro lugar m&aacute;s que en esa empresa de seguridad.<\/p>\n<p>Mam&aacute; en cambio, es todav&iacute;a muy joven. Tiene catorce a&ntilde;os menos que &eacute;l.<\/p>\n<p>Esa es otra cosa que me perturba. &iquest;Se separar&aacute;n? La diferencia de edad es cada vez m&aacute;s obvia. No me imagino una vida sin los dos juntos, pero &uacute;ltimamente es casi lo mismo. Ya no parecen un matrimonio. No se hacen mimos en la cocina, ni en el living, ni escucho esos sonidos que vienen desde su cuarto en la noche. Ya no hay nada de eso.<\/p>\n<p>Como dije, estuve todo el fin de semana preocupado, tanto por la relaci&oacute;n de mis padres, como por mi vida en la escuela. Ya no soportaba m&aacute;s que me molesten. Y ahora que mam&aacute; fue a quejarse a la escuela, y encima a cagarlo a pedos a Pitu, la cosa se iba a poner peor.<\/p>\n<p>La &uacute;ltima vez qued&eacute; en rid&iacute;culo. Pero qu&eacute; pod&iacute;a hacer. El tipo es un toro. Parece de veinte a&ntilde;os por lo menos. Es petiso, pero todo m&uacute;sculo. Ya con la primera trompada que me dio el otro d&iacute;a me desarm&oacute;. Y ahora ten&iacute;a que volver a la escuela. Y para colmo hab&iacute;a quedado como un boludo con Agustina.<\/p>\n<p>&iquest;Hab&iacute;a quedado como un boludo? Despu&eacute;s de todo, la piba me defendi&oacute;. &iquest;Lo habr&aacute; hecho por l&aacute;stima, o ser&aacute; que tiene onda conmigo?<\/p>\n<p>Mam&aacute; dice que no deber&iacute;a ser tan t&iacute;mido. Que soy pint&oacute;n, y si me muestro m&aacute;s seguro, a las chicas les voy a gustar. Pero qu&eacute; s&eacute; yo. Para las mam&aacute;s todo hijo es lindo.<\/p>\n<p>Fui a la escuela el lunes, como quien va a su sepelio. Para colmo, mam&aacute; es muy linda. Ya me imaginaba que las gastadas de Pitu y sus lameculos iban a ir tambi&eacute;n por ese lado.<\/p>\n<p>Encima mam&aacute; se hace la boluda y finge que no se da cuenta de lo bien que est&aacute; en comparaci&oacute;n a otras madres del barrio. Para empezar es much&iacute;simo m&aacute;s joven que la mayor&iacute;a. Pero adem&aacute;s, es realmente muy hermosa. Recuerdo que, durante mucho tiempo, siendo m&aacute;s chico, no entend&iacute;a por qu&eacute;, cuando sal&iacute;a a pasear con ella, siempre hab&iacute;a tipos que le dec&iacute;an cosas y se daban vuelta a mirarla. Una vez lo mencion&eacute; frente a pap&aacute; y &eacute;l estall&oacute; en carcajadas. &iexcl;Qu&eacute; tiempos aquellos!<\/p>\n<p>A medida que fui creciendo, y que empec&eacute; a sentir atracci&oacute;n por las mujeres, y a observar los cuerpos femeninos, me di cuenta que mam&aacute; no solo era hermosa, sino que era extremadamente sexy.<\/p>\n<p>Es dif&iacute;cil vivir con eso. Cada vez que salgo con ella, le tocan bocina, le chiflan, le dicen piropos, etc, etc. No s&eacute; c&oacute;mo pap&aacute; se banca esas cosas. Adem&aacute;s, los pibes de mi edad se vuelven locos por mujeres como ella. Muchos de mis amigos de la escuela anterior no pod&iacute;an evitar quedarse embobados incluso, cuando yo estaba presente. Y los pibes de la escuela nueva no son tan civilizados como la anterior. M&aacute;s bien son unos salvajes hijos de puta.<\/p>\n<p>Llegu&eacute; al aula tarde, a prop&oacute;sito, ya que no quer&iacute;a cruzarme con nadie en la entrada. Escuch&eacute; algunos murmullos burlones mientras la profesora de historia hablaba de la d&eacute;cada infame. La sangre se me subi&oacute; a la cara. Agach&eacute; la cabeza, como siempre que me pongo as&iacute;. Vi de reojo a Agustina, y por suerte no me mir&oacute; con l&aacute;stima, sino que me sonri&oacute;. Usaba un guardapolvo impecable, y su pelo dorado estaba atado a dos trenzas. Las pecas de su cara estaban m&aacute;s visibles que nunca. Aunque ya hab&iacute;a cumplido los dieciocho, ten&iacute;a un aire ani&ntilde;ado que me encantaba.<\/p>\n<p>Algunos de los mulos de Pitu me miraban con iron&iacute;a, pero no les di bola.<\/p>\n<p>Esper&eacute; las cargadas m&aacute;s duras durante la hora de clase, pero nadie me dijo nada. Cuando toc&oacute; el timbre, fui al ba&ntilde;o. Sent&iacute; c&oacute;mo un grupo de pibes me segu&iacute;a. No quer&iacute;a darme vuelta a mirar qui&eacute;nes eran. Me desvi&eacute; y fui a un sector del patio que estaba muy cerca de la direcci&oacute;n.<\/p>\n<p>Pas&eacute; las siguientes horas de clase totalmente tenso. Pitu estaba sumergido en un silencio que me daba mucho miedo. Hubiese preferido que me gaste como lo hac&iacute;a siempre. Algo estaba tramando.<\/p>\n<p>Cuando toc&oacute; el segundo recreo, no aguant&eacute; m&aacute;s las ganas de hacer pis. El ba&ntilde;o era como una especie de tierra de nadie. Ah&iacute; no van los profesores, ni los otros empleados de la escuela. Vi de reojo que Pitu y los dem&aacute;s estaban boludeando en la galer&iacute;a frente a nuestra aula. Pitu le estaba hablando a Agustina, quien sonre&iacute;a con lo que escuchaba. Me dieron muchos celos, pero ten&iacute;a que mear.<\/p>\n<p>Me met&iacute; en el ba&ntilde;o. Hab&iacute;a un mingitorio libre. Descargu&eacute; el potente chorro de pis.<\/p>\n<p>&mdash;Eh &iquest;Este es Joaqu&iacute;n? &mdash; Pregunt&oacute; el pibe que estaba meando al lado m&iacute;o, mientras yo me sacud&iacute;a las &uacute;ltimas gotas. El hecho de que la pregunta no fuera dirigida a m&iacute;, ya de por s&iacute; me dio mala espina.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, es este. &mdash; dijo el pibe que estaba en mi otro costado. &mdash;he &iquest;y tu mam&aacute; c&oacute;mo est&aacute;? &mdash;Pregunt&oacute; con una sonrisa ir&oacute;nica. &mdash;Me dijeron que est&aacute; muy buena. &mdash;Agreg&oacute;.<\/p>\n<p>Me met&iacute; la verga en el pantal&oacute;n y cerr&eacute; la bragueta. No pensaba contestarles.<\/p>\n<p>&mdash;Me dijeron que tiene un re orto. &mdash;dijo el de mi derecha.<\/p>\n<p>Fui a lavarme las manos, todo colorado. Ellos me siguieron. Los vi reflejados en el espejo.<\/p>\n<p>&mdash;He &iquest;Me present&aacute;s a tu mamita? &mdash;dijo uno de ellos. Era un gordo con ropa deportiva sucia y vieja.<\/p>\n<p>Ambos eran del otro turno. Los ten&iacute;a de vista. Seguro estaban en la clase de educaci&oacute;n f&iacute;sica.<\/p>\n<p>&mdash;Si quer&eacute;s hacemos una vaquita para pagarle&hellip;<\/p>\n<p>No me pude controlar. Ese comentario fue la gota que rebals&oacute; el vaso. No pensaba soportar m&aacute;s insultos.<\/p>\n<p>El que hab&iacute;a dicho eso era un flaco alto, morocho, de pelo pajoso. Lo agarr&eacute; del cuello, pose&iacute;do por la bronca.<\/p>\n<p>&mdash;Mi mam&aacute; no es ninguna puta. &mdash; le dije. Estuve a punto de darle una pi&ntilde;a, pero &eacute;l reaccion&oacute; antes, d&aacute;ndome un fuerte pu&ntilde;etazo en la panza.<\/p>\n<p>En el ba&ntilde;o hab&iacute;a dos o tres pibes m&aacute;s, que se fueron corriendo cuando vieron que se ven&iacute;a el quilombo.<\/p>\n<p>El gordo me agarr&oacute; del hombro y me dio una pi&ntilde;a en el mismo lugar donde su amigo me hab&iacute;a golpeado. Qued&eacute; en el piso arrodillado, sin aire.<\/p>\n<p>&mdash;Che &iquest;Sab&eacute;s qu&eacute;? &mdash;le dijo el gordo a su amigo. &mdash;Me dieron ganas de mear de nuevo.<\/p>\n<p>&mdash;jajaja sos un hijo de puta. &mdash; se ri&oacute; el flaco alto, cuando vio que el primero ya liberaba su morcilloza pija y apuntaba a m&iacute;.<\/p>\n<p>No me pod&iacute;a mover del dolor. Estaba perdido. Esa ser&iacute;a la humillaci&oacute;n final. Despu&eacute;s de eso, no podr&iacute;a volver a ver a Agustina a los ojos. A Pitu, al menos hab&iacute;a podido darle un golpe. Pero estos pibes iban a convertirme en el azmere&iacute;r de la escuela entera. Cuando todos se dieran cuanta que estaba todo meado, ni siquiera me dar&iacute;a la cara para volver a la escuela. Dese&eacute; que la tierra me tragara.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; onda wachos. &mdash; escuch&eacute; decir a una voz desde el umbral de la puerta.<\/p>\n<p>El gordo se meti&oacute; la verga de nuevo en el pantal&oacute;n. Yo me ergu&iacute;, todav&iacute;a con dolor, y pude ver a quien hab&iacute;a interrumpido a esos dos hijos de puta.<\/p>\n<p>No pod&iacute;a creer lo que ve&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;Eh Pitu &iquest;Todo bien? &mdash;dijo el gordo.<\/p>\n<p>&mdash;Todo mal. &mdash;dijo Pitu, serio. &mdash; el pibe es de mi curso.<\/p>\n<p>&mdash;Si es un logi. &mdash; argument&oacute; sabiamente el alto.<\/p>\n<p>&mdash; Ustedes son unos logis. &mdash; retruc&oacute; Pitu.<\/p>\n<p>Yo comenc&eacute; a recomponerme, sin terminar de creer lo que estaba pasando.<\/p>\n<p>&mdash;Que onda Pitu, &iquest;quer&eacute;s que se pudra todo? &mdash; dijo el gordo.<\/p>\n<p>Pitu se acerc&oacute; hasta nosotros. Apoy&oacute; su cabeza en la del gordo. Sus ojos quedaron muy cerca unos de otros. Se desafiaban con la mirada. Nunca sent&iacute; un clima tan tenso como el que se levant&oacute; en ese ba&ntilde;o oloroso.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute;, &iquest;Te la banc&aacute;s? &mdash; dijo Pitu.<\/p>\n<p>Afuera del ba&ntilde;o se fueron asomando algunos de los mulos de Pitu. Brian, Leo, El Polaco, y un par m&aacute;s.<\/p>\n<p>Ya de por s&iacute;, Pitu les pod&iacute;a dar pelea a los dos juntos. Pero si los otros se sumaban, los del otro turno no ten&iacute;an oportunidad.<\/p>\n<p>&mdash;Eh, est&aacute; todo bien con vos Pitu. &mdash;dijo el flaco alto, d&aacute;ndose cuenta de la desventaja num&eacute;rica. &mdash;Vamos, vamos. &mdash; le dijo a su secuas, agarr&aacute;ndolo del hombro.<\/p>\n<p>El gordo, a rega&ntilde;adientes, se fue del ba&ntilde;o, sin dejar de cruzar miradas con Pitu.<\/p>\n<p>Abr&iacute; la canilla y me lav&eacute; la cara.<\/p>\n<p>&mdash;Eh Pitu, &iquest;Nos vamos a terminar agarrando con los del turno tarde por este chetito? &mdash;le recrimin&oacute; Leo, cuando s&oacute;lo los de tercero tercera del turno ma&ntilde;ana quedamos en el ba&ntilde;o.<\/p>\n<p>&mdash;Est&aacute; bien &iexcl;Que se pudra todo! &mdash;dijo Brian.<\/p>\n<p>&mdash;El cheto se la banca, me hizo frente el otro d&iacute;a. &mdash; sentenci&oacute; Pitu. &mdash;entremos al aula.<\/p>\n<p>Estaba tan sorprendido que ni siquiera pude darle las gracias. Todo era muy raro. No comprend&iacute;a porqu&eacute; Pitu actuaba as&iacute;.<\/p>\n<p><u>Cap&iacute;tulo 2<\/u><\/p>\n<p><strong>Andrea<\/strong><\/p>\n<p>Cuando le puse los puntos a ese pendejo, temblaba de los nervios, y tambi&eacute;n de miedo. En Gonz&aacute;lez cat&aacute;n, los adolescentes parecen hacer lo que quieren. Es normal que le falten el respeto a los adultos, e incluso a los profesores de la escuela. Pens&eacute; que en cualquier momento se levantaba y me daba una pi&ntilde;a.<\/p>\n<p>El director me hab&iacute;a atendido muy amablemente, pero es un pusil&aacute;nime, me dijo que no pensaba hacer nada porque la pelea de mi hijo con ese salvaje fue fuera del colegio. Al menos logr&eacute; que me de el nombre del pibe. Sebasti&aacute;n Medina.<\/p>\n<p>Cuando sal&iacute; de la escuela, bastante caliente, vi a ese grupito de chicos que me hab&iacute;a gritado guarangadas unos momentos antes, mientras entraba a la escuela. Pens&eacute; que no ser&iacute;a extra&ntilde;ado que el revoltoso que le peg&oacute; a mi hijo estuviera entre esos infradotados. Los encar&eacute;, y result&oacute; que mi intuici&oacute;n era correcta.<\/p>\n<p>A pesar de que Joaqu&iacute;n se enoj&oacute; conmigo, parece que actu&eacute; bien. La reprimenda a aquel pendejo result&oacute; efectiva. Durante toda la semana Joaco estuvo de mejor humor. Aunque no habla mucho, se le nota. Adem&aacute;s, cada tanto lo veo con esa sonrisa tonta de nene enamorado. &iexcl;C&oacute;mo lo quiero!<\/p>\n<p>El que no hab&iacute;a cambiado en su actitud es Rub&eacute;n. No me considero una mujer muy sexual. M&aacute;s bien la cuesti&oacute;n siempre me interes&oacute; lo justo y necesario. Lo conoc&iacute; a Rub&eacute;n siendo muy joven, mientras que &eacute;l ya ten&iacute;a treinta a&ntilde;os. Me enamor&eacute; enseguida. Su seguridad, su inteligencia, que incluso, por momentos, parec&iacute;a sabidur&iacute;a, y su aspecto f&iacute;sico de hombre fuerte y bello, cuando todav&iacute;a no comenzaba a crecerle la panza, me volvieron loca.<\/p>\n<p>Al a&ntilde;o ya est&aacute;bamos juntados y esperando el nacimiento de Joaco. Mi adolescencia casi no existi&oacute;, pero no me importaba. Me consideraba feliz. Ten&iacute;a una familia, mucho mejor que la familia con lo que me hab&iacute;a criado. La situaci&oacute;n econ&oacute;mica era cada vez mejor. Y Rub&eacute;n me trataba como a una princesa.<\/p>\n<p>Fue mi primer y mi &uacute;nico hombre. Nunca me sent&iacute; lo suficientemente atra&iacute;da por otros hombres como para plantearme enga&ntilde;arlo. Adem&aacute;s, &eacute;l jam&aacute;s me dio motivos para hacerlo. Soy de las que piensan que para acostarme con alguien necesito, s&iacute; o s&iacute;, estar enamorada. Y s&oacute;lo amo a Rub&eacute;n.<\/p>\n<p>Las pocas veces que me sent&iacute; atra&iacute;da por otros hombres, lo suficiente como para sentirme excitada, me desahogaba con mi marido, y as&iacute;, las fantas&iacute;as de enga&ntilde;arlo nunca salieron a la superficie. Siempre se manten&iacute;an bien ocultas, hasta el punto de que, durante muchos a&ntilde;os, estuve convencida de que no necesitaba a ning&uacute;n otro hombre, ni nunca lo necesitar&iacute;a.<\/p>\n<p>En el fondo, soy una mujer chapada a la antigua. Rub&eacute;n siempre lo supo, y por eso nunca le molest&oacute; que me vista de manera sugerente, con pantalones super ajustados y polleritas cortas. Sab&iacute;a perfectamente que &eacute;l era el &uacute;nico que disfrutaba de mi cuerpo. Yo s&oacute;lo me manten&iacute;a en forma para sentirme bien conmigo misma, y para que &eacute;l no deje de quererme nunca.<\/p>\n<p>No me molesta pasar etapas de semanas sin sexo. Puedo vivir tranquilamente sin eso. Pero tres meses es demasiado. Y cada vez que le insin&uacute;o a Rub&eacute;n que necesito su pija, inventa una excusa para no d&aacute;rmela.<\/p>\n<p>Por primera vez en mi vida siento la necesidad sexual a flor de piel. Cada hombre que me toca la bocina en la calle, cada abogado que me tira onda en los pasillos de tribunales, cada tipo que me invita a salir cuando me cruza por la calle, es una oportunidad para apaciguar esta calentura, que cada vez es m&aacute;s incontrolable.<\/p>\n<p>Pero yo no soy as&iacute;, nunca le har&iacute;a eso a Rub&eacute;n. Sin embargo, siento que mis hormonas se est&aacute;n despertando de la misma manera que debieron haberse despertado hace diecisiete a&ntilde;os. Rub&eacute;n, a cambio de una familia y una vida apacible, me hab&iacute;a arrebatado la adolescencia. Pero ahora ya no ten&iacute;a ninguna de esas cosas por las que acept&eacute; alegremente aquel sacrificio. Y como consecuencia, la chica adolescente, llena de curiosidad y lujuria, empieza a asomarse, cada vez con mayor insistencia.<\/p>\n<p>Por las noches, cuando ya no puedo m&aacute;s y necesito desahogarme, mientras Rub&eacute;n est&aacute; trabajando, llevo dos dedos a mi sexo, el cual siempre encuentro empapado. Me acaricio el cl&iacute;toris con la otra mano mientras meto y saco los dedos enteros, hasta alcanzar un liberador orgasmo.<\/p>\n<p>Anoche hice lo mismo. Pero lo que me est&aacute; sucediendo desde hace un par de d&iacute;as, a diferencia de los primeros tiempos de la abstinencia, es que no me alcanza con la estimulaci&oacute;n f&iacute;sica. Necesito recordar a alg&uacute;n que otro hombre por el que siento alguna atracci&oacute;n. Me los imagino, quit&aacute;ndome la ropa, arranc&aacute;ndomela, trat&aacute;ndome de manera brusca, casi violenta. Anoche imagin&eacute; al abogado carilindo del estudio Goldberg, posey&eacute;ndome con salvajismo. Yo, en cuatro, transpirada y jadeante recib&iacute;a la en&eacute;rgica verga del tipo. Imagin&eacute; tambi&eacute;n al verdulero de manos callosas, que siempre me mira como un degenerado, sin siquiera disimularlo. Fantase&eacute; con que lam&iacute;a cada rinc&oacute;n de mi cuerpo con esa lengua babosa, que siempre le veo porque tiene la costumbre de mantener la boca abierta. Record&eacute; a los repositores del supermercado, tres pendejos reci&eacute;n salidos de la escuela, que siempre se dan vuelta a mirarme, cuando creen que yo no me doy cuenta de que lo hacen. Los met&iacute; en mis fantas&iacute;as. Los tres me daban sus vergas al mismo tiempo. Una en cada orificio. Y por &uacute;ltimo, antes de acabar, cuando ya ten&iacute;a todos los m&uacute;sculos tensionados, sin haberlo premeditado, me vino a la mente aquel pendejo maleducado que hab&iacute;a lastimado a mi hijo. Era morocho, de pelo corto. De estatura baja, con los hombros anchos y los pectorales y brazos musculosos. Su mirada era intensa, y a pesar de tener s&oacute;lo uno o dos a&ntilde;os m&aacute;s que Joaco, parec&iacute;a todo un hombre. Lo imagin&eacute; entrando a casa sin permiso. Me pondr&iacute;a contra la pared, me levantar&iacute;a, despacito, la pollera, mientras yo le rogaba que no me lastimara. Y luego me enterrar&iacute;a esa enorme verga que yo supon&iacute;a que ten&iacute;a, ya que, de reojo, con los anteojos todav&iacute;a puestos, hab&iacute;a visto que detr&aacute;s de su bragueta hab&iacute;a un bulto demasiado grande. Mientras acababa, me met&iacute; los mismos dedos que hab&iacute;a enterrado en mi sexo, en mi boca hecha agua, saboreando mis propios fluidos.<\/p>\n<p>Pero s&oacute;lo eran fantas&iacute;as. Ten&iacute;a en claro que nunca enga&ntilde;ar&iacute;a a mi marido. Menos ahora que est&aacute; pasando su peor momento. Y mucho menos con un adolescente que hab&iacute;a golpeado a mi hijo.<\/p>\n<p>Nunca har&iacute;a eso.<\/p>\n<p><strong>Pitu<\/strong><\/p>\n<p>El cheto sabe que por algo no lo molesto m&aacute;s. No es tan boludo como parece. Yo me hago el gil, corte que como la otra vez se me par&oacute; de mano, se hab&iacute;a ganado mi respeto. Pero tampoco la pavada. Estas cosas hay que hacerlas bien para que todo salga piola. A veces lo bardeo frente a los pibes. Le sigo diciendo chetito. Me rio cuando &eacute;l habla en clase. Boludeces. Pero ya no me zarpo. O sea, quiero que se note que la cosa empieza a estar todo bien conmigo, pero de a poco.<\/p>\n<p>A su mamita no me la puedo sacar de la cabeza. No pude averiguar ni como se llama, y ese misterio me pone todav&iacute;a m&aacute;s loco. Sue&ntilde;o todos los d&iacute;as con ese culo macizo, con esas gambas hermosas, con su carita de piel suave como beb&eacute;, y ojos azules. Sue&ntilde;o con cog&eacute;rmela por todos lados y llenarla toda con mi leche.<\/p>\n<p>Muchas veces me despert&eacute; recontra al palo, y el calzoncillo lleno de semen. Nunca antes hab&iacute;a acabado mientras dorm&iacute;a, pero desde que la conozco a la mam&aacute; de Joaqu&iacute;n, amanezco casi todos los d&iacute;as, enchastrado.<\/p>\n<p>El otro d&iacute;a lo mand&eacute; al Brian y a Leo a que averig&uuml;en donde vive el cheto. No me consiguieron la direcci&oacute;n, pero me dijeron que vive cerca de la plaza de Cat&aacute;n.<\/p>\n<p>El s&aacute;bado agarr&eacute; la bici y me fui para all&aacute;. Empec&eacute; a dar vueltas por ese barrio. Algunos me empezaban a mirar raro. Corte que era un chorro. Esos giles cagan m&aacute;s alto que su culo. Se piensan que, porque tienen un poquito m&aacute;s que los dem&aacute;s, son mejores que uno. Si me hubiesen agarrado en otro momento, hubiese repartido un par de pi&ntilde;as. Pero no les di cabida. Yo s&oacute;lo estaba ah&iacute; para cruzarme &ldquo;de casualidad&rdquo; con la mam&aacute; de Joaqu&iacute;n.<\/p>\n<p>Tuve tanta mala suerte, que, en vez de cruzarme con ella, me encontr&eacute; con el cheto.<\/p>\n<p>Sal&iacute;a de comprar del supermercado &ldquo;Delbanco&rdquo; que est&aacute; sobre la ruta. Ese supermercado est&aacute; re piola, es regrande, siempre est&aacute; limpio, y tiene un par de cajeras con una pinta de putonas b&aacute;rbaras. Pero venden las cosas muy caras, por eso casi no voy.<\/p>\n<p>Joaqu&iacute;n llevaba unas bolsas en las manos. lo hab&iacute;an mandado a hacer los mandados al nene.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; hac&eacute;s ac&aacute;? &mdash; me dijo el maleducado, sin saludar.<\/p>\n<p>&mdash; Eh qu&eacute; onda chetito &iquest;Te tengo que pedir permiso a vos para andar por Cat&aacute;n? &mdash;ME qued&eacute; sobre la vereda, arriba de la bici, al lado de &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;No, ni ah&iacute;, s&oacute;lo te lo preguntaba porque me llam&oacute; la atenci&oacute;n verte ac&aacute;. &mdash; dijo.<\/p>\n<p>Se lo notaba nervioso, pero el pibe ya no me bajaba la mirada. Me empezaba a caer bien el wacho.<\/p>\n<p>&mdash;&ldquo;Me llam&oacute; la atenci&oacute;n verte&rdquo; &mdash;repet&iacute; sus palabras, burl&oacute;n. &mdash;&iquest;As&iacute; hablan los chetos de tu barrio?<\/p>\n<p>&mdash;Le tengo que llevar esto a mi vieja. Nos vemos el lunes.<\/p>\n<p>La sola menci&oacute;n a su mamita me puso como perro alzado.<\/p>\n<p>&mdash;Eh tranquilo, s&oacute;lo fue un chiste. Qu&eacute; lindo d&iacute;a &iquest;No?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, la verdad que s&iacute;. &mdash;contest&oacute; &eacute;l.<\/p>\n<p>Y era cierto. El cielo estaba azul y no hab&iacute;a una sola nube. Adem&aacute;s, hac&iacute;a ese clima piola de primavera, ni calor ni fr&iacute;o. Y el vientito que se levantaba era muy rico.<\/p>\n<p>&mdash;En un d&iacute;a como este deber&iacute;as estar paseando con la Agustina. No haciendo las compras a tu mami.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Paseando con Agustina?<\/p>\n<p>Me cagu&eacute; de la risa cuando vi la cara de boludo que puso. Como si lo hubieran agarrado con las manos en la maza.<\/p>\n<p>&mdash;Y s&iacute;. Si se renota que le ten&eacute;s ganas. &iquest;Ya te la est&aacute;s chamuyando?<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;? No. Nada que ver. Agus es una amiga.<\/p>\n<p>&iexcl;C&oacute;mo le cambi&oacute; la cara cuando la nombre a la Agus! Y el salame me quer&iacute;a mentir encima.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Amigos? Me extra&ntilde;a Joaqu&iacute;n. &mdash;Creo que esa fue la primera vez que lo llam&eacute; por su nombre jaja. &mdash; Cuando te hac&eacute;s el amigo de una mina, despu&eacute;s no te la pod&eacute;s coger. Vos ten&eacute;s que acercarte, y de apoco ir endulz&aacute;ndole el o&iacute;do. Que sepa de entrada que ten&eacute;s onda, pero sin exagerar. Que sepa que tambi&eacute;n te pueden gustar otras minas. Que se ponga celosa. Las minas son hijas del rigor, hay que hacerlas sufrir un toque. Si te entregas en bandeja no te va a dar bola.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, gracias por el consejo. &mdash; me contest&oacute;, ya menos a la defensiva. &mdash;Y gracias por defenderme el otro d&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;No pasa nada, El Turco y El Mauri se la dan de los kapangas de la escuela, pero ac&aacute; ning&uacute;n forro del otro turno va a venir a hacer bardo cuando yo estoy en la escuela. Y menos con alguien de mi curso.<\/p>\n<p>Eso &uacute;ltimo que le dije era cierto. Tan chamuyero no soy.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, bien ah&iacute;. &mdash;dijo el cheto. &mdash;Me tengo que ir. Nos vemos el lunes.<\/p>\n<p>&mdash;Dale, nos vemos el lunes viejo. &iquest;Viv&iacute;s por ac&aacute; nom&aacute;s?<\/p>\n<p>&mdash;Si si. &mdash;dijo el wacho haci&eacute;ndose el boludo. No me iba a decir d&oacute;nde estaba su casa ni en pedo.<\/p>\n<p>Lo dej&eacute; alejarse un par de cuadras. Y despu&eacute;s lo segu&iacute; desde la otra vereda. Corte que segu&iacute;a con mi paseo en bici y de casualidad iba en la misma direcci&oacute;n que &eacute;l.<\/p>\n<p>Entr&oacute; a una casita con las rejas negras. La verdad que pens&eacute; que eran de m&aacute;s guita, pero la casa era igual de humilde que la m&iacute;a. Y bueno, por algo ser&aacute; que se fueron de Capital para mudarse a Cat&aacute;n. La crisis del a&ntilde;o pasado se los habr&aacute; llevado puestos.<\/p>\n<p>Cuando entraba a su casa lo salud&eacute;, haci&eacute;ndome el boludo, y segu&iacute; mi rumbo.<\/p>\n<p>No ten&iacute;a mucho sentido el hecho de conocer d&oacute;nde viv&iacute;a la mina. Pero el saberlo me puso al palo. Encima llevaba un pantal&oacute;n de gimnasia con el que no pude esconder tremenda erecci&oacute;n. Y para colmo hab&iacute;a bastante gente por la calle, y algunos se hab&iacute;an dado cuenta de que estaba al palo, y se miraban entre ellos, ri&eacute;ndose. Que agradezcan que estaba en un buen d&iacute;a. Sino los cagaba a trompadas.<\/p>\n<p>El lunes no ten&iacute;a ni ganas de ir a la escuela. El Brian y El Leo se quer&iacute;an hacer la rata. Yo me tent&eacute;, pero le dije que vayan ellos nom&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;Eh qu&eacute; onda Pitu, est&aacute;s hecho un Sarmiento Ahora. &mdash;dijo el Brian.<\/p>\n<p>&mdash;Nada que ver gil. Tengo que hacer algo.<\/p>\n<p>Se los notaba con ganas de seguir gast&aacute;ndome, pero me conocen. Saben que cuando pongo cara de orto significa que ya no me pueden decir nada o se comen un par de bifes.<\/p>\n<p>Cuando entr&eacute; al aula, salud&eacute; a los pibes como hacemos nosotros, con dos apretones de mano, el segundo cruzado. El cheto estaba entre un grupo de pibes, y tambi&eacute;n lo salud&eacute;.<\/p>\n<p>Cuando la vieja Ortu&ntilde;o empez&oacute; con la clase de historia, me quise rajar del aula e ir con los pibes, a donde fuera que se hayan ido. Pero ya estaba ah&iacute;, me la tuve que fumar.<\/p>\n<p>Igual es al pedo que la vieja se esfuerce tanto en explicar sobre el rodrigazo y esas cosas. Todos saben que el &uacute;ltimo a&ntilde;o es s&oacute;lo un tr&aacute;mite. Nadie repite tercer a&ntilde;o. Los pibes estamos con la cabeza en otra parte. El viaje de egresados, las mujeres, la birra, la joda&hellip; Los profes saben eso y a la mayor&iacute;a les chupa un huevo. Incluso la vieja Ortu&ntilde;o nos va a terminar aprobando a todos. Pero ella y dale con sus clases de mierda.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, recuerden que tienen que armar grupos para el trabajo pr&aacute;ctico.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; trabajo pr&aacute;ctico? &mdash;dije recaliente. &iquest;De qu&eacute; mierda estaba hablando la vieja esta?<\/p>\n<p>&mdash;Si viniese m&aacute;s seguido, o si al menos les pidiera a sus compa&ntilde;eros los apuntes, sabr&iacute;a de qu&eacute; le estoy hablando. Tiene que hacer un tepe comparando la pol&iacute;tica econ&oacute;mica del primer gobierno peronista con el tercero.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;&iexcl;Qu&eacute;!? Profe, me parece que est&aacute;s confundida vos. Esto no es la universidad eh.<\/p>\n<p>Algunos wachos se cagaron de la risa con mi ocurrencia.<\/p>\n<p>&mdash;El confundido es usted Medina. Y le aclaro que este trabajo va con nota. A ver &iquest;A qu&eacute; grupo le falta un miembro?<\/p>\n<p>&mdash;A nosotros. &mdash; dijo uno de los logis del curso con miedo.<\/p>\n<p>Era Ramoncito, un cuatrojos con peinado de lamida de vaca. Era uno de los m&aacute;s tragas del curso. Al menos en eso tuve suerte. Menos trabajo para m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno Medina, se agrega al grupo de Bulacio, Rosales, y Pascot.<\/p>\n<p>&iquest;Bulacio? Pens&eacute; para mis adentros. &iquest;Bulacio no era el apellido del cheto?<\/p>\n<p>&Eacute;l se dio vuelta a mirarme, confirmando que as&iacute; era.<\/p>\n<p>Al final este trabajo pr&aacute;ctico no era tan mala idea. Bien ah&iacute; vieja Ortu&ntilde;o, me hiciste un favor sin darte cuenta. Pens&eacute;.<\/p>\n<p><strong>Andrea<\/strong><\/p>\n<p>Llegu&eacute; a casa irritada. Joaqu&iacute;n estaba preparando unas hamburguesas. Los d&iacute;as que trabajo en el estudio, llego a casa a eso de las tres y Joaqu&iacute;n me espera para que comamos juntos. A veces Rub&eacute;n se despierta y nos acompa&ntilde;a.<\/p>\n<p>La casa estaba llena de olor al humo que sal&iacute;a de la plancha.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no abr&iacute;s la ventana Joaqu&iacute;n? &mdash;le dije, levantando la voz.<\/p>\n<p>Inmediatamente me arrepent&iacute; de hacerlo. Joaqu&iacute;n era un santo. Se banc&oacute; el cambio de barrio, de colegio, soport&oacute; el acoso que hasta hace poco sufr&iacute;a de parte de un compa&ntilde;ero, y hasta me ayudaba con las tareas dom&eacute;sticas.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno ma, no te enojes. &mdash;Me dijo el pobre.<\/p>\n<p>Me acerqu&eacute; y le di un beso en la frente.<\/p>\n<p>&mdash;Perdoname Joaco, tuve un d&iacute;a complicado en el trabajo. &iquest;Sab&eacute;s qu&eacute;? No tengo nada de hambre. Com&eacute; vos. Me voy a dar una ducha y si quer&eacute;s, despu&eacute;s miramos la tele juntos.<\/p>\n<p>Me dio la impresi&oacute;n de que me quer&iacute;a decir algo, pero en ese momento necesitaba relajarme. Ya me lo dir&iacute;a despu&eacute;s.<\/p>\n<p>En el cuarto, Rub&eacute;n todav&iacute;a roncaba. Pobre. Llegaba a casa reci&eacute;n a las diez de la ma&ntilde;ana. Si no se despert&oacute; con el olor a hamburguesa que hab&iacute;a en toda la casa, era porque estaba muy cansado.<\/p>\n<p>Hice el menor ruido posible. Me desnud&eacute; y fue a la ducha.<\/p>\n<p>Apenas el agua caliente empez&oacute; a caer sobre mi cuerpo, me sent&iacute; relajada.<\/p>\n<p>No solo fue un d&iacute;a complicado. Toda la semana lo fue. El Dr. Mariano, mi jefe, es una persona seria y confiable. Adem&aacute;s, es muy generoso. A pesar de que trabajo a medio tiempo, me paga un sueldo como si lo hiciera ocho horas diarias. Desde que comenc&eacute; a trabajar con &eacute;l tem&iacute; que se aprovechara de su situaci&oacute;n de poder y me obligara a ser algo m&aacute;s que su asistente. Me sorprend&iacute; a m&iacute; misma, en mis fantas&iacute;as, aceptando el papel de amante. Despu&eacute;s de todo, conseguir otro trabajo en esas condiciones era casi imposible. Y en casa est&aacute;bamos tan ajustados, que perder un ingreso como mi sueldo, pod&iacute;a ser tr&aacute;gico. No me imaginaba volviendo a la casa de los padres de Rub&eacute;n. Ser&iacute;a muy denigrante.<\/p>\n<p>Pero por suerte, el Dr. Mariano es tan correcto como aparenta.<\/p>\n<p>Sin embargo, no puedo decir lo mismo de sus socios minoritarios. Los Dres. Ceballes y Aristimu&ntilde;o. Dos cincuentones que no paran de mirarme la cola mientras voy de ac&aacute; para all&aacute; en la oficina, llevando los papeles.<\/p>\n<p>El primer inconveniente que tuve con el Dr. Ceballes fue el lunes. Yo estaba buscando una carpeta en el archivo. El Dr. Mariano y el Dr. Aristimu&ntilde;o se hab&iacute;an ido a una audiencia, as&iacute; que est&aacute;bamos solos.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Que busc&aacute;s? &mdash;Me pregunt&oacute; el abogado petulante.<\/p>\n<p>&mdash;La carpeta del caso de Dirende. &mdash;le contest&eacute;.<\/p>\n<p>El Dr. Ceballes se acerc&oacute; por detr&aacute;s. Agarr&oacute; una carpeta que estaba m&aacute;s abajo de donde yo estaba buscando.<\/p>\n<p>&mdash;Est&aacute; guardado como &ldquo;lezica&rdquo;. &mdash; dijo.<\/p>\n<p>Sent&iacute; su aliento caliente en mi cara. Pero despu&eacute;s sent&iacute; algo m&aacute;s. Cuando se hab&iacute;a acercado, innecesariamente, se hab&iacute;a apoyado sobre m&iacute;. Sus piernas rozaban mis nalgas. Para colmo, yo llevaba una pollerita bien corta. El viejo debi&oacute; estar como loco.<\/p>\n<p>&mdash;Ah muchas gracias. &mdash; dije, agarrando dicha carpeta. &Eacute;l aprovech&oacute; para rosar mi mano.<\/p>\n<p>Cuando me quise mover de donde estaba, &eacute;l, en vez de hacerse a un lado, se qued&oacute; donde estaba. E incluso cre&iacute; notar que empujaba su pelvis hacia adelante. En ese momento sent&iacute; con mis nalgas, el miembro del desagradable Dr. Ceballes, el cual, si bien no estaba parado, se notaba que ten&iacute;a cierta rigidez.<\/p>\n<p>Hice de cuenta que no hab&iacute;a pasado nada, y me alej&eacute; de &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;Le queda bien esa ropa. &mdash;Me dijo.<\/p>\n<p>&mdash;Gracias. &mdash;susurr&eacute;, y me fui a mi escritorio.<\/p>\n<p>Desde ese momento el Dr. Ceballes me mira, como si hubiese cierta complicidad entre nosotros. Adem&aacute;s, cuando est&aacute; con el Dr. Aristimu&ntilde;o no dejan de mirarme de reojo mientras hablan y sonr&iacute;en.<\/p>\n<p>Mientras me pasaba el jab&oacute;n por las piernas. Sintiendo, orgullosa, lo firmes que estaban, recordaba aquella escena. &iquest;Qu&eacute; hubiese pasado si me quedaba unos segundos m&aacute;s ah&iacute;, atrapada entre el archivero y el Dr.?<\/p>\n<p>Probablemente el viejo hubiera asumido que yo esperaba que haga algo m&aacute;s que apoyarme. Me levantar&iacute;a la pollerita. Me empujar&iacute;a hacia adelante. Quedar&iacute;a con la cara pegado al mueble, sintiendo los dedos baj&aacute;ndome la bombacha. Y luego me penetrar&iacute;a. Ah&iacute;, en la oficina donde nos ve&iacute;amos todos los d&iacute;as.<\/p>\n<p>El Dr. Ceballes no me atra&iacute;a en lo m&aacute;s m&iacute;nimo. Pero imaginar c&oacute;mo una verga tiesa entraba en mi interior despu&eacute;s de tanto tiempo, hizo que me excitara.<\/p>\n<p>Mis dedos resbalosos se enterraron en mi sexo. Entonces record&eacute; lo que hab&iacute;a sucedido ese mismo d&iacute;a.<\/p>\n<p>A primera hora fui a entregar un escrito en los tribunales de Kennedy y Catamarca. El ambiente jur&iacute;dico de La Matanza es muy peque&ntilde;o. Todos los d&iacute;as me cruzo a los mismos abogados y procuradores.<\/p>\n<p>Y ah&iacute; estaba &eacute;l. El abogado novato del estudio Goldberg. Un jovencito de veinticuatro o veinticinco a&ntilde;os. Rubio, de ojos claros. Con la cara equina, pero a&uacute;n as&iacute; atractiva. Desde que empec&eacute; a trabajar nos cruzamos casi todos los d&iacute;as.<\/p>\n<p>Ambos salimos del juzgado a la vez.<\/p>\n<p>&mdash;C&oacute;mo anda doctora. &mdash;me salud&oacute; con un beso en la mejilla.<\/p>\n<p>&mdash;No soy doctora. S&oacute;lo una asistente.<\/p>\n<p>&mdash;Ah perd&oacute;n. Es que como te vest&iacute;s tan bien, y te desenvolv&eacute;s con tanta naturalidad en los juzgados, pens&eacute; que eras abogada.<\/p>\n<p>&mdash;jaja Gracias.<\/p>\n<p>Ese d&iacute;a llevaba mi ropa de oficina preferida. Una camisa blanca mangas largas. Un chaleco gris, y una pollerita del mismo color. Me hab&iacute;a recogido el pelo, sabiendo que las facciones de mi cara y mis ojos resaltaban m&aacute;s que nunca. Me ve&iacute;a como una profesional, pero aun as&iacute;, muy sensual.<\/p>\n<p>Nos metimos en el ascensor para bajar. Inmediatamente sent&iacute; c&oacute;mo se pon&iacute;a nervioso. Mi presencia suele intimidar a muchos hombres. Y cuando me encuentro con uno a solas en un ascensor, tienen las actitudes mas variadas, y a veces hasta graciosas.<\/p>\n<p>Me intrigaba saber c&oacute;mo actuar&iacute;a el joven abogado. &iquest;Se quedar&iacute;a en silencio durante el corto trayecto? &iquest;Hablar&iacute;a de cualquier tonter&iacute;a con tal de sacarme alguna palabra? &iquest;Har&iacute;a un chiste para que yo le regale una sonrisa?<\/p>\n<p>Toqu&eacute; el bot&oacute;n de planta baja. Las puertas corredizas se cerraron inmediatamente. Entonces sent&iacute; una mano, que me agarraba del brazo y me instaba a girar. Cuando lo hice. El joven abogado, del que todav&iacute;a no conozco el nombre, me estamp&oacute; un beso en la boca. Su lengua se meti&oacute; adentro. Ten&iacute;a sabor a tabaco y menta. Empez&oacute; a masajear mi lengua con la suya. Me abraz&oacute;. Sent&iacute; una de sus manos que bajaba hasta el cierre de mi pollera, palpando el inicio de mis nalgas.<\/p>\n<p>Lo apart&eacute; de un empuj&oacute;n. Y le di un cachetazo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Est&aacute;s loco? &mdash; le dije, sin levantar la voz. No quer&iacute;a hacer un esc&aacute;ndalo.<\/p>\n<p>&mdash;Perd&oacute;n, pero si no lo hac&iacute;a, me mor&iacute;a. &mdash; dijo el caradura, mientras el ascensor se deten&iacute;a y las puertas se abr&iacute;an. &mdash;Adem&aacute;s &mdash; Agreg&oacute;. &mdash;Pens&eacute; que quiz&aacute;s vos tambi&eacute;n quer&iacute;as.<\/p>\n<p>&mdash;Pensaste mal. &mdash; Le dije, mientras nos dirig&iacute;amos a la salida. &mdash; Estoy casada. &mdash; agregu&eacute;, mostr&aacute;ndole mi anillo.<\/p>\n<p>&mdash; Eso no me molesta. &mdash;retruc&oacute; el caradura.<\/p>\n<p>&mdash; A m&iacute; s&iacute;. No me vuelvas a tocar, por favor. &mdash; le ped&iacute;, y lo dej&eacute; ah&iacute;, sin darle oportunidad a que se disculpara.<\/p>\n<p>Sent&iacute;a c&oacute;mo el orgasmo ven&iacute;a a m&iacute;. Qu&eacute; f&aacute;cil ser&iacute;a para m&iacute; apaciguar esta calentura que tengo desde hace ya casi cuatro meses. Hab&iacute;a tantos hombres dispuestos a complacerme. Me masaje&eacute; el pez&oacute;n, mientras acariciaba fren&eacute;ticamente el cl&iacute;toris. Pens&eacute; en despertar a Rub&eacute;n y pedirle que me coja de una vez por todas. Pero si se negaba no lo soportar&iacute;a. Las peligrosas ganas de traicionarlo acudir&iacute;an a m&iacute; m&aacute;s fuerte que nunca. Adem&aacute;s, ya estaba a punto de acabar. EL abogado carilindo tampoco me gustaba. Era lindo, pero le faltaba mucho mundo.<\/p>\n<p>Aun as&iacute; me estaba tocando pensando en &eacute;l. En &eacute;l y en el viejo Ceballes, por el cual sent&iacute;a menos atracci&oacute;n a&uacute;n. Los ten&iacute;a comiendo de mi mano. A ellos, a Aristimu&ntilde;o y a otros tantos. La lealtad nunca me hab&iacute;a pesado tanto como ahora. Mi cuerpo se llen&oacute; de calor. Me apoy&eacute; en los azulejos del ba&ntilde;o mientras el agua caliente a&uacute;n ca&iacute;a sobre m&iacute;. Mis dedos se llenaron de fluidos. Tuve que morderme los labios para no gritar.<\/p>\n<p><strong>Joaqu&iacute;n<\/strong><\/p>\n<p>Mam&aacute; sali&oacute; del ba&ntilde;o con mejor humor. Yo estaba en el living mirando la tele. Se acerc&oacute; y me dio un beso en la frente.<\/p>\n<p>&mdash;Te quiero mucho, &iquest;sab&eacute;s? &mdash; me dijo.<\/p>\n<p>&mdash;Yo tambi&eacute;n ma. &iquest;Est&aacute;s bien?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, es dif&iacute;cil acostumbrarse a esta nueva vida. Pero todo va a ir mejor. Ya vas a ver.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, te entiendo, para m&iacute; tambi&eacute;n fue dif&iacute;cil.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Fue?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, al principio me cost&oacute;. M&aacute;s que nada por dejar de ver todos los d&iacute;as a los chicos del barrio. Pero al menos todav&iacute;a nos juntamos a jugar a la play los findes.<\/p>\n<p>&mdash;Adem&aacute;s tuviste ese problema con el salvaje de tu compa&ntilde;ero &iquest;No te molesta m&aacute;s?<\/p>\n<p>&mdash;De eso te quer&iacute;a hablar.<\/p>\n<p>&mdash;No me digas que te volvi&oacute; a pegar. Te juro que le hago una denuncia. &mdash; dijo, enojada. Me dio gracia verla tan exaltada por algo que no suced&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;No, ma, tranquila. Ya nos estamos llevando bien.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;En serio?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;. Escuchame ma. Tengo que hacer un trabajo pr&aacute;ctico para historia. Es en grupo. Y con los chicos decidimos que el lugar m&aacute;s c&oacute;modo para todos es ac&aacute;. &iquest;Te molesta que vengan tres de mis compa&ntilde;eros ma&ntilde;ana?<\/p>\n<p>&mdash;Ay Joaco, no s&eacute;. Esta casa es muy chica. No es como la de Villa Crespo. No van a estar c&oacute;modos.<\/p>\n<p>&mdash;Tranquila ma. Ac&aacute; todos los pibes son humildes. No ten&eacute;s que sentir verg&uuml;enza de tu casa.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y qui&eacute;n dijo que tengo verg&uuml;enza?<\/p>\n<p>&mdash;Dale ma, te conozco. Vos con tanto glamur viviendo en Gonz&aacute;lez Cat&aacute;n, en una casita como esta&hellip; Parec&eacute;s m&aacute;s de Recoleta. Pero como te digo, no te preocupes.<\/p>\n<p>Mam&aacute; solt&oacute; una carcajada.<\/p>\n<p>&mdash;Sos gracioso cuando te lo propon&eacute;s. &mdash;dijo &mdash;. Bueno. Invit&aacute; a tus amigos. Si quer&eacute;s vengan despu&eacute;s de la escuela. Les preparo algo para comer.<\/p>\n<p>&mdash;No hace falta. Ya quedamos en reunirnos a las cinco. Para no molestarlo a pap&aacute; que casi siempre se levanta a esa hora.<\/p>\n<p>En ese momento mam&aacute; llevaba un pantal&oacute;n ajustad&iacute;simo y una remera tambi&eacute;n muy ce&ntilde;ida a su cuerpo. Pens&eacute; en pedirle que, solo por ma&ntilde;ana, se vista de manera m&aacute;s recatada, pero no me anim&eacute; a hacerlo. Con esas cosas siempre fue intransigente. Ella se vest&iacute;a como quer&iacute;a y punto. Adem&aacute;s, la mayor&iacute;a de su ropa era as&iacute; de sensual.<\/p>\n<p>&mdash;Y otra cosa ma. &iquest;viste el chico con el que me pele&eacute; ese d&iacute;a?<\/p>\n<p>&mdash;No te peleaste, &eacute;l te peg&oacute;. &mdash;Aclar&oacute; mam&aacute; innecesariamente. Y despu&eacute;s agreg&oacute; &mdash;. Qu&eacute; pasa con &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, es uno de los compa&ntilde;eros que vienen ma&ntilde;ana.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;&iexcl;Qu&eacute;!? &mdash;estall&oacute; mam&aacute;. &mdash;No, de ninguna manera voy a dejar que ese salvaje entre a esta casa. &iquest;C&oacute;mo pod&eacute;s hacerte amigo de ese chico?<\/p>\n<p>&mdash;No me hice amigo de &eacute;l. La profesora lo puso en mi grupo. Adem&aacute;s, ahora ya casi no me molesta.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Casi? &mdash; dijo mam&aacute; exaltada. &mdash;&iquest;Casi? No, ni hablar.<\/p>\n<p>No me quedaba otra. Ten&iacute;a que sacar el as bajo la manga.<\/p>\n<p>&mdash;Ma, no te quer&iacute;a decir esto, porque no te quer&iacute;a preocupar. Pero&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Pero qu&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Hace un par de semanas, dos chicos del otro turno me quisieron pegar. &mdash;conges&eacute;, omitiendo los detalles m&aacute;s desagradables, como cuando el gordo casi me mea encima.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Pero ese colegio est&aacute; lleno de salvajes!<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, bueno. Pero el que me defendi&oacute; fue Pitu. Sebasti&aacute;n Medina. &mdash;le dije. &mdash;El pibe es un salvaje, como vos dec&iacute;s, pero tiene c&oacute;digos. &mdash;agregu&eacute;, sin estar del todo seguro de si lo que yo mismo dec&iacute;a era cierto.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;De verdad te defendi&oacute; &eacute;l?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, adem&aacute;s, vos misma me ense&ntilde;aste ma, que todo lo diferente genera incomodidad en la gente. Y bueno, nosotros somos diferentes. Y ellos se est&aacute;n acostumbrando a nuestra presencia.<\/p>\n<p>Mam&aacute; qued&oacute; meditando un rato.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, est&aacute; bien. invitalo. &mdash;dijo al fin.<\/p>\n<p><u>Cap&iacute;tulo 3<\/u><\/p>\n<p><strong>Pitu<\/strong><\/p>\n<p>Era la primera vez que me pon&iacute;a fachero por una mina. Siempre uso ropa que me quede c&oacute;moda, sin importarme si me veo bien o mal. Adem&aacute;s, nunca necesit&eacute; hacerlo. Como dice El Indio Solari, a las minitas les gustan los payasos y la pasta del campe&oacute;n. Yo ten&iacute;a esas dos cosas. Pero con la mam&aacute; del cheto no me pod&iacute;a confiar tanto. Ella era una mujer, no una wachita a la que se le mojaba la bombacha apenas le hablaba.<\/p>\n<p>Me puse una camisa piola que me hab&iacute;a regalado la viaja cuando cumpl&iacute; dieciocho, un pantal&oacute;n de jean que masomenos zafaba, una cadenita plateada con una cruz, que ca&iacute;a sobre mi pecho, porque me hab&iacute;a desabrochado un par de botones de la camisa. Ten&iacute;a el pelo corto, porque le hab&iacute;a rompido las bolas a la vieja para que me de unos mangos para la peluquer&iacute;a. Le rob&eacute; un poco de colonia al Esteban. Me mir&eacute; al espejo. Me ve&iacute;a como pretend&iacute;a. Un macho alfa. Eso era. Pens&eacute; que a lo mejor estaba exagerando. Me iba a hacer un trabajo pr&aacute;ctico, no a un baile. Pero ya estaba. Adem&aacute;s, como dec&iacute;a el t&iacute;o Omar, cuando uno quiere cogerse a una mina, hay que ir con todo, sin timidez ni dudas.<\/p>\n<p>Me tom&eacute; el bondi, porque si iba en bici seguro llegar&iacute;a todo chivado.<\/p>\n<p>Toqu&eacute; el timbre de la casa de Joaqu&iacute;n, y sali&oacute; a atenderme el mismo cheto. Empezamos mal el d&iacute;a, pens&eacute;. Si sal&iacute;a a recibirme su mami, tendr&iacute;a asegurado unos segundos a solas con ella. Mala suerte. Ahora corr&iacute;a el riesgo de no poder tirarle onda.<\/p>\n<p>Entramos a la casa. Ramoncito, con su pelo con lamida de vaca, ten&iacute;a su cara hundida en un libro. Qu&eacute; traga que era ese pibe, por favor. Fabricio, otro traga, y para colmo, gordito y con cara de gil, escrib&iacute;a sobre una cartulina anaranjada.<\/p>\n<p>El cheto me ofreci&oacute; un vaso de coca fr&iacute;a. No hab&iacute;a rastros de su mami. Se escuchaban ruidos que ven&iacute;an de los que supuse que eran los cuartos, pero ni idea si era la mina. A lo mejor estaba trabajando.<\/p>\n<p>&mdash;Si quer&eacute;s and&aacute; resumiendo esta parte. &mdash;Me dijo Joaqu&iacute;n entreg&aacute;ndome un libro.<\/p>\n<p>En d&oacute;nde mierda me met&iacute;, pens&eacute; para m&iacute;. Podr&iacute;a estar con los pibes escabiando, pero en vez de eso, estaba con estos tres aparatos.<\/p>\n<p>No quedaba otra, ten&iacute;a que seguir en el baile que me met&iacute;. Me puse a leer el libro de historia. Creo que fue la primera vez que le&iacute; unas cu&aacute;ntas p&aacute;ginas seguidas. Es que era tanto el embole de estar con esos pibes, que prefer&iacute; pasar el rato leyendo. Por suerte no era un libro muy complicado. No ten&iacute;a tantas palabras raras. Entend&iacute;a casi todo lo que iba leyendo. Esa era toda una sorpresa. Parece que acercarme al cheto me garantizaba sorpresas inesperadas. Hasta me empez&oacute; a caer bien Per&oacute;n. Bastante copado era con eso del aguinaldo, y la jornada laboral de ocho horas, y otras boludeces m&aacute;s. Creo que fue la primera vez en mi vida que aprend&iacute; algo de la escuela.<\/p>\n<p>De repente se escuch&oacute; que alguien se acercaba al comedor, donde est&aacute;bamos estudiando.<\/p>\n<p>&mdash;Hola chicos.<\/p>\n<p>Cuando escuch&eacute; que se trataba de la voz de un hombre, ni ganas de levantar la vista tuve. La idea de que ese d&iacute;a no podr&iacute;a ver a la mami de Joaqu&iacute;n me puso como loco.<\/p>\n<p>El tipo salud&oacute; a los pibes y despu&eacute;s se acerc&oacute; a m&iacute;. Yo levant&eacute; la vista. &iquest;Y este qui&eacute;n mierda es? Me pregunt&eacute; para m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Rub&eacute;n, el pap&aacute; de Joaco. &mdash;dijo el tipo, como si hubiese le&iacute;do mi mente.<\/p>\n<p>Era un viejo barrig&oacute;n que vest&iacute;a un uniforme parecido al de la polic&iacute;a. &iquest;Ese viejo choto se come a la mami del cheto? No no no. No pod&iacute;a ser. Esto no pod&iacute;a estar pasando.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, los dejo con sus cosas. &mdash; dijo el viejo, y se fue.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y c&oacute;mo vas con eso? &mdash; me pregunt&oacute; Joaqu&iacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Con qu&eacute;?<\/p>\n<p>&mdash;Con el libro.<\/p>\n<p>&mdash;Ah, bien. Si si. Muy copados lo de los planes quinquenales. &mdash;le dije, haci&eacute;ndome el canchero. La verdad que eso de quinquenales era una de las palabras que no entend&iacute;a. &mdash;Pero ni a palos termino hoy un resumen. &iquest;Me prest&aacute;s el libro para que lo haga despu&eacute;s en casa?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, dale &mdash;dijo el cheto.<\/p>\n<p>&mdash;O de &uacute;ltima le sac&aacute;s fotocopias a esa parte. &mdash;dijo Ramoncito, meti&eacute;ndose donde nadie lo llam&oacute;. &mdash;Igual tranqui. La idea es que hoy nos organicemos y despu&eacute;s cada uno se lleva algo para hacerlo a parte. La semana que viene nos juntamos de nuevo para terminar el trabajo, y listo.<\/p>\n<p>&mdash;Ah, bien ah&iacute;. &mdash; dije.<\/p>\n<p>La idea de que ten&iacute;a otra oportunidad de ver a la mami del cheto me devolvi&oacute; el buen humor.<\/p>\n<p>De repente me entraron ganas de mear.<\/p>\n<p>&mdash;Che, d&oacute;nde est&aacute; el ba&ntilde;o. &mdash;Le dije al cheto.<\/p>\n<p>&mdash;Mir&aacute;, metete en ese pasillo. La &uacute;ltima puerta a la izquierda.<\/p>\n<p>&mdash;Joya, ya vengo.<\/p>\n<p>Fui hasta el ba&ntilde;o. Cuando caminaba por ese pasillo, me dio la impresi&oacute;n de sentir en el aire un rico perfumito de mujer. Entr&eacute; al ba&ntilde;o, y mientras meaba, me di cuenta que alguien andaba por la casa, adem&aacute;s de Joaqu&iacute;n y los otros dos tragas. Se escuchaba un sonido, como unos golpes de madera. Pens&eacute; que quiz&aacute; los ruidos ven&iacute;an del cuarto de sus pap&aacute;s. Se me cruz&oacute; por la cabeza mandarme de una al cuarto, pero s&oacute;lo fue una idea. No estoy tan loco.<\/p>\n<p>Tir&eacute; de la cadena y sal&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y vos quien sos? &mdash;me dijo una dulce voz de hembra.<\/p>\n<p>Me di vuelta. La mamita de Joaco estaba apoyada sobre el marco de la puerta de uno de los cuartos. Me miraba corte inquisidora. Estaba terrible. Se hab&iacute;a puesto una pollerita a lunares bien cortita. Arriba una blusa negra bien ajustada a sus tetas. El pelo negro estaba suelto. El pasillo estaba medio oscuro, pero sus ojos azules brillaban. Tremenda mujer.<\/p>\n<p>&mdash;Soy Sebasti&aacute;n. El Pitu me dicen &iquest;No te acord&aacute;s de m&iacute;?<\/p>\n<p>&mdash;Ah, no te hab&iacute;a reconocido. Est&aacute;s distinto.<\/p>\n<p>La mina me mir&oacute; de arriba abajo. Me acerqu&eacute; para saludarla. Le di un beso en la mejilla. Su piel suavecita se sinti&oacute; muy rica en mis labios. Y se me peg&oacute; un poco de su perfume.<\/p>\n<p>&mdash;Pens&eacute; que no estabas en casa. &mdash; le dije, tratando de disimular lo bien que me sent&iacute;a de verla. &mdash;&iquest;C&oacute;mo te llam&aacute;s?<\/p>\n<p>&mdash;Andrea. &mdash; me contest&oacute;. &iexcl;Por fin sab&iacute;a el nombre de la mina que me volaba la cabeza! &mdash;S&iacute;, estaba ordenando unas cosas. Los hab&iacute;a visto llegar a tus dos compa&ntilde;eros. Me hab&iacute;a olvidado que tambi&eacute;n ven&iacute;as vos.<\/p>\n<p>En ese momento me di cuenta de que ten&iacute;a la respiraci&oacute;n agitada, como si hubiese estando haciendo ejercicio.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; lindo nombre &mdash;le dije, haci&eacute;ndome el canchero.<\/p>\n<p>Ella se hizo la boluda. Corte que no me escuch&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Me dijo Joaqu&iacute;n que lo ayudaste cuando le quisieron pegar.<\/p>\n<p>&mdash;Ah &iquest;eso te cont&oacute;? &mdash; dije yo, realmente sorprendido. Por dentro agradec&iacute; al cheto por hacerme quedar bien con su mami. El plan iba bien hasta ahora.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, pero espero que a vos no se te ocurra pegarle de nuevo. &mdash; me dijo.<\/p>\n<p>&mdash;No, ni ah&iacute;. Est&aacute; todo bien con el Joaco.<\/p>\n<p>Est&aacute;bamos muy cerca. Ella segu&iacute;a arrinconada sobre el marco de la puerta. Parec&iacute;a una gatita asustada. Eso me gust&oacute;.<\/p>\n<p>Me di cuenta que me estaba poniendo al palo. Baj&eacute; la vista y comprob&eacute; que mi erecci&oacute;n era muy vistosa. Cuando hice ese gesto, ella mir&oacute; adonde yo hab&iacute;a mirado. Luego levant&oacute; la vista, haci&eacute;ndose la boluda.<\/p>\n<p>&mdash;Me gustar&iacute;a que me prometas, que no s&oacute;lo no lo vas a volver a lastimar, sino que lo vas a cuidar, como hiciste ese d&iacute;a.<\/p>\n<p>Me sorprendi&oacute; su actitud. Era totalmente diferente a la fiera que me hab&iacute;a encarado a la salida de la escuela. Faltaba que me suplique nom&aacute;s.<\/p>\n<p>Tenerla as&iacute;, tan cerquita, y encima pidi&eacute;ndome que cuide a su nene, me puso m&aacute;s duro todav&iacute;a. Apenas pod&iacute;a controlarme. Solo necesitaba una excusa para avanzar. Entonces la mir&eacute; de arriba abajo, corte que sea obvio que le ten&iacute;a ganas, a ver si hac&iacute;a o dec&iacute;a algo. Ten&iacute;a una pierna flexionada. Las nalgas apoyadas en el marco. Cuando sinti&oacute; mi mirada degenerada, se cruz&oacute; de brazos, como a la defensiva. Y ah&iacute; not&eacute; el detalle que necesitaba ver. Sus tetas estaban hinchadas, y sus pezones bien puntiagudos se marcaban en la blusa. La mina estaba alzada. A m&iacute; no me pod&iacute;a enga&ntilde;ar.<\/p>\n<p>&mdash;As&iacute; que quer&eacute;s que cuide al nene. &mdash;le dije, despacito, como en un susurro.<\/p>\n<p>Me acerqu&eacute; aun m&aacute;s, quedando pegado a ella.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, por favor, cu&iacute;dalo.<\/p>\n<p>La agarr&eacute; de la cinturita de avispa que tiene.<\/p>\n<p>&mdash;Quedate tranquila, que si me lo ped&iacute;s as&iacute;, hago cualquier cosa.<\/p>\n<p>Ella ri&oacute;. Me pareci&oacute; el momento oportuno para comerle la boca de un beso, pero me esquiv&oacute;.<\/p>\n<p>Se qued&oacute; calladita, todav&iacute;a apresada con mi cuerpo. Con la cara a un costado, y la mirada gacha. Segu&iacute;a cruzada de brazos. Mis labios quedaron pegados a su carita. Mi mano segu&iacute;a en su cintura. Con la otra mano le acarici&eacute; la pierna. Ella se removi&oacute;, como queriendo salir. Pero yo la mantuve en su lugar, sin mucho esfuerzo. Del comedor llegaban las voces de los pibes que hablaban sobre el trabajo pr&aacute;ctico. Si Joaqu&iacute;n se mandaba para el lado del ba&ntilde;o, se pudr&iacute;a todo. Pero en ese momento no me import&oacute; nada. Manose&eacute; las terribles gambas de Andrea. Y cada vez sub&iacute;a un poquito m&aacute;s, levantando la pollerita.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; buena est&aacute;s. &mdash;le dije.<\/p>\n<p>La mano que estaba en su cintura, la fui bajando hasta sentir las nalgas macizas de la mina. Ella segu&iacute;a sin decir nada. Ni me miraba. Se hac&iacute;a la boluda, corte yo no voy a hacer nada, pero vos haceme lo que quieras.<\/p>\n<p>&mdash;No sab&eacute;s c&oacute;mo me calent&aacute;s. &mdash;le dije y le di un mordisco a su orejita. Ella pareci&oacute; sentir cosquillas.<\/p>\n<p>Mis manos se metieron m&aacute;s adentro. Ya estaba cerquita de su bombacha.<\/p>\n<p>&mdash;No, por favor &aacute;ndate. &mdash;me dijo al o&iacute;do.<\/p>\n<p>Pero yo estaba demasiado caliente. Sent&iacute;a sus nalgas desnudas y era una locura. Era cuesti&oacute;n de meterla adentro y cog&eacute;rmela. Ten&iacute;a que ser algo r&aacute;pido, pero era mejor que nada.<\/p>\n<p>La agarr&eacute; de la cintura y la empuj&eacute; para adentro.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;No, no! Andate, por favor dejame. &mdash; me dijo.<\/p>\n<p>Ahora hab&iacute;a levantado un toque la voz. Hasta pens&eacute; que del comedor nos pod&iacute;an haber escuchado. Andrea me empuj&oacute; con fuerza.<\/p>\n<p>&mdash;Andate. &mdash; me dijo.<\/p>\n<p>Aprovech&oacute; que yo me hab&iacute;a alejado un toque con el empuj&oacute;n. Se meti&oacute; en el cuarto y cerr&oacute; la puerta en mis narices.<\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; mierda estaba pasando?<\/p>\n<p>No s&eacute; c&oacute;mo me banqu&eacute; las ganas de tirar la puerta abajo y cog&eacute;rmela ah&iacute; nom&aacute;s. Y que el cheto y los otros escuchen todo.<\/p>\n<p>Pero me la banqu&eacute;. Estaba como loco, y sab&iacute;a que en esos momentos era mejor no hacer lo primero que se me cruzaba por la cabeza. Me acomod&eacute; la pija que estaba m&aacute;s dura que la roca, para que no se note que estaba al palo. La camisa era masomenos larga, as&iacute; que me cubr&iacute;a algo.<\/p>\n<p>Volv&iacute; al comedor con los pibes.<\/p>\n<p>&mdash;Ac&aacute; estoy de nuevo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te sent&iacute;s bien? &mdash;Pregunt&oacute; el cheto. &mdash;Porque tardaste digo. Adem&aacute;s est&aacute;s un poco colorado.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute; todo bien. Tard&eacute; porque tuve un llamado de la naturaleza. Y lo de que estoy rojo&hellip; que se yo. Ser&aacute; el calor.<\/p>\n<p>&mdash;Ah bueno. Quiz&aacute; te cay&oacute; mal tomar la coca fr&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;Puede ser.<\/p>\n<p>Me qued&eacute; un rato carete&aacute;ndola, corte que segu&iacute;a haciendo el trabajo. Pero ya no me pod&iacute;a concentrar ni a palos.<\/p>\n<p>La mina no era imposible. Hab&iacute;a jugado a la quiniela y hab&iacute;a acertado a la cabeza. Despu&eacute;s la hist&eacute;rica se arrepinti&oacute;, pero pens&aacute;ndolo m&aacute;s en fr&iacute;o, era obvio que no quiera coger en ese momento. Volv&iacute; a mi casa sinti&eacute;ndome Maradona. Al toque me hice una paja. Fue incre&iacute;ble la cantidad de leche que derram&eacute; esa noche por ella.<\/p>\n<p><strong>Joaqu&iacute;n<\/strong><\/p>\n<p>El domingo hubo un clima perfecto. Cuando llegu&eacute; a la plaza y sent&iacute; el aire tibio recorriendo mi espalda, y vi el cielo despejado, con apenas algunas nubes casi transparentes, no pude evitar recordar a Pitu. &ldquo;En un d&iacute;a como este tendr&iacute;as que estar paseando con la Agustina&rdquo;, me hab&iacute;a dicho. Y ah&iacute; estaba yo, en el asiento de cemento de la plaza de Cat&aacute;n, esperando a que llegue ella.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a sido una sorpresa saber que ella tambi&eacute;n gustaba de m&iacute;. El mi&eacute;rcoles, cuando fue la entrega de los trabajos pr&aacute;cticos, nos hab&iacute;amos cruzado en un pasillo, durante el recreo. Charlamos un rato, y caminamos por toda la escuela, esperando que se haga la hora de volver a casa.<\/p>\n<p>Agustina es diferente a la mayor&iacute;a de las personas de por ac&aacute;, pero tambi&eacute;n es distinta a las chicas que conoc&iacute; cuando viv&iacute;a en mi otro barrio. Me di cuenta de que no entiende cuando los dem&aacute;s hablan con cierta iron&iacute;a o con doble sentido. En una primera impresi&oacute;n, podr&iacute;a parecer poco inteligente. Pero en materias como matem&aacute;ticas, o contabilidad, va m&aacute;s r&aacute;pido que las profesoras. Una cosa muy peculiar en ella, es que dice las cosas sin pensarlas mucho, con una sinceridad que a veces da miedo. Pero el hecho de saber que es tan honesta me genera una confianza que siento por pocas personas.<\/p>\n<p>Cuando llegamos a un rinc&oacute;n del patio, viendo c&oacute;mo los alumnos de los grados menores jugaban por todas partes, agustina me abraz&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Ten&iacute;a ganas de hacer esto. &mdash;me dijo.<\/p>\n<p>Sus labios color frutilla sonre&iacute;an muy cerca de los m&iacute;os.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y siempre hac&eacute;s lo que ten&eacute;s ganas de hacer? &mdash;Le pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute; &mdash;me dijo, y despu&eacute;s me comi&oacute; la boca de un beso.<\/p>\n<p>No es que tenga mucha experiencia con las chicas. Hasta el momento hab&iacute;a tranzado con s&oacute;lo cinco minas. Pero ese fue el beso m&aacute;s dulce y rico que me hab&iacute;an dado.<\/p>\n<p>En los d&iacute;as siguientes no tuvimos mucha oportunidad de hablar. Ella siempre andaba con tres o cuatro amigas. Y yo me juntaba con Fabri y Ram&oacute;n. Y a veces hasta me hablaba con Pitu, quien despu&eacute;s de que visit&oacute; mi casa, est&aacute; todav&iacute;a m&aacute;s copado que antes.<\/p>\n<p>Pero el viernes caminamos unas cuadras juntos, a la salida de la escuela. Quedamos en salir a pasear el finde, y nos despedimos con un beso.<\/p>\n<p>Ya eran las dos y cuarto. Me empec&eacute; a perseguir porque no hab&iacute;a llegado. Pero me dije que era normal. Ninguno de los chicos que conozco es tan puntual. Mam&aacute; dice que s&oacute;lo hay que ser puntual para ir a la escuela o al trabajo.<\/p>\n<p>&mdash;Hola.<\/p>\n<p>La voz ven&iacute;a del lado opuesto a donde estaba mirando. Gir&eacute;. El sol me dio en la cara, as&iacute; que tuve que usar la mano como visera.<\/p>\n<p>&mdash;Hola. &mdash;dije.<\/p>\n<p>Me salud&oacute; con un beso en los labios. Agustina llevaba un vestido blanco, bastante largo y suelto. Totalmente diferente a los que usa mam&aacute;. Su pelo rubio, ondulado, esta vez estaba atado con una colita. Sus encantadoras pecas salpicaban su simp&aacute;tica nariz prominente. Sus ojos marrones claros brillaban bajo el sol de octubre.<\/p>\n<p>&mdash;Que linda est&aacute;s &mdash;le dije.<\/p>\n<p>Cruzamos la calle, donde estaba la parada del dos treinta y seis. En Cat&aacute;n no hay cine, ni tampoco un centro comercial grande, as&iacute; que decidimos pasar la tarde por Mor&oacute;n. Ver&iacute;amos una pel&iacute;cula, y luego caminar&iacute;amos por la feria que se armaba todos los fines de semana en la plaza de Mor&oacute;n.<\/p>\n<p>El bondi vino enseguida.<\/p>\n<p>&mdash;Lindo d&iacute;a nos toc&oacute;. &mdash;coment&oacute; ella.<\/p>\n<p>La ventanilla estaba abierta, y cuando el colectivo empez&oacute; a andar, el viento hizo bailar su pelo. Agustina ten&iacute;a los ojos achinados debido a los rayos del sol. Era la chica m&aacute;s linda del mundo.<\/p>\n<p>Aprovechamos el viaje de una hora para conocernos mejor. No pude evitar notar que hab&iacute;a algo que no quer&iacute;a contarme. Y trat&aacute;ndose de una persona brutalmente sincera, como ella, ese no era un dato menor. &iquest;Tendr&iacute;a novio quiz&aacute;s?<\/p>\n<p>&mdash;Y con tus viejos c&oacute;mo te llev&aacute;s. &mdash;me pregunt&oacute; en un momento.<\/p>\n<p>&mdash;Con mam&aacute; rebien &mdash;le dije. &mdash;es recopada. A veces parece m&aacute;s mi hermana que mi mam&aacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Seguramente la edad tiene que ver con eso. &mdash;coment&oacute;, ya que yo le hab&iacute;a dicho que mam&aacute; me hab&iacute;a parido muy joven. &mdash;&iquest;Y tu pap&aacute;?<\/p>\n<p>&mdash;Pap&aacute;&hellip; &mdash;se me hizo un nudo en el est&oacute;mago, como sucede cuando hablo del viejo. &mdash; Creo que est&aacute; enfermo.<\/p>\n<p>Le cont&eacute; todo. C&oacute;mo hab&iacute;amos perdido el negocio con la crisis. C&oacute;mo pap&aacute; se vino abajo, y ya no pudo salir de ese pozo. Desde hac&iacute;a casi un a&ntilde;o que era una especie de fantasma. Se levantaba s&oacute;lo para comer e ir al trabajo. Hablaba poco. Ya no me preguntaba nada. Y como trabajaba de noche, nos ve&iacute;amos muy poco.<\/p>\n<p>&mdash;Quiz&aacute; necesite ayuda. Profesional digo&hellip;&mdash;dijo Agustina.<\/p>\n<p>Enseguida se dio cuenta que el tema me pon&iacute;a mal y cambi&oacute; de tema. En mor&oacute;n nos tomamos otro bondi hasta plaza oeste. No hab&iacute;a muchas pel&iacute;culas interesantes para ver. Pero el cine era un buen lugar para comerme a besos a Agus.<\/p>\n<p>Mientras camin&aacute;bamos, yo la abrazaba por la cintura. Me hab&iacute;a dado cuenta, de que, a pesar de que era bastante delgada, y que usaba ropa suelta, su cuerpo ten&iacute;a muchas curvas. Decidimos ver &ldquo;El Bonaerense&rdquo;, una peli de un tal Trapero, que en las revistas dec&iacute;an que era muy buen director.<\/p>\n<p>Nos sentamos bien al fondo. No hab&iacute;a mucha gente en el cine. Est&aacute;bamos tomados de la mano. Hab&iacute;an pasado unos cuantos minutos, y yo todav&iacute;a no me atrev&iacute;a a apretarme a Agustina. Adem&aacute;s, la peli estaba interesante, y no me la quer&iacute;a perder.<\/p>\n<p>En eso siento la mano de Agus en mi bragueta. La miro de reojo. Ella sonre&iacute;a, divertida. Me empez&oacute; a masajear. Mir&eacute; a todas parte. Los espectadores estaban concentrados en la pel&iacute;cula. Algunos empleados andaban por los pasillos, pero no reparaban en nosotros. Agustina sigui&oacute; acarici&aacute;ndome por encima del pantal&oacute;n. Me sorprendi&oacute;, y hasta me decepcion&oacute; en cierto punto. No la imaginaba tan rapidita. Pero en ese momento no me import&oacute;. Mi verga se estaba endureciendo. La enorme pantalla estaba all&aacute; adelante, pero yo ya no miraba. Y las voces de los actores, me llegaban como un murmullo molesto. Lo &uacute;nico que o&iacute;a era el ruido de la fricci&oacute;n entre las manos de ella, y mi pantal&oacute;n. Mi pija ahora estaba parada como un m&aacute;stil.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Quer&eacute;s que te haga acabar? &mdash; me susurr&oacute; Agustina a los o&iacute;dos. &mdash;Pero me ten&eacute;s que prometer que no se lo vas a decir a nadie. Prom&eacute;temelo por favor.<\/p>\n<p>Le dije que s&iacute; con la cabeza. Agustina me masturb&oacute; con mayor velocidad. Yo alternaba mi mirada entre la sala, para asegurarme de que nadie nos viera, y ella, quien me sonre&iacute;a mientras me segu&iacute;a masturbando.<\/p>\n<p>Cuando acab&eacute;, no pude evitar largar un gemido. Ella ri&oacute;, y tap&oacute; as&iacute; el sonido que yo hab&iacute;a hecho.<\/p>\n<p>&mdash;And&aacute; al ba&ntilde;o a secarte. &mdash; me dijo.<\/p>\n<p>Cuando me par&eacute;, sent&iacute; c&oacute;mo el semen se deslizaba hacia abajo lentamente. Me sent&iacute; re perseguido. Imaginaba que el olor se sent&iacute;a hasta la fila de adelante, y que el semen iba a bajar hasta mis tobillos y a ensuciar mis zapatillas. Fui al ba&ntilde;o. Agarr&eacute; un mont&oacute;n de papel higi&eacute;nico y me limpi&eacute;. Luego volv&iacute; para terminar de ver la pel&iacute;cula.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; pens&aacute;s de m&iacute;? &mdash;me dijo despu&eacute;s, cuando est&aacute;bamos en el patio de comidas. Hab&iacute;amos comprado unas hamburguesas.<\/p>\n<p>&mdash;Que sos impredecible. &mdash;le dije.<\/p>\n<p>&mdash;Sos la &uacute;nica persona que conozco que usa esa palabra. Espero que te haya hecho sentir bien. Me puse triste cuando me di cuenta que hice mal en preguntar por tu pap&aacute;.<\/p>\n<p>&mdash;No hiciste mal. &mdash;le dije. Agarr&eacute; su mano. La misma que hab&iacute;a usado hace unos minutos conmigo.<\/p>\n<p>Cuando terminamos de comer fuimos a la plaza de Mor&oacute;n a pasear por la feria, como hab&iacute;amos planeado. Agustina se abrazaba a m&iacute;, y yo la besaba a cada rato, ya hasta me animaba a acariciarle la cola. Parec&iacute;amos novios. Ganas de serlo no me faltaban. Era linda, inteligente, copada&hellip; Pero no pod&iacute;a dejar de pensar en lo que hizo en el cine. Era nuestra primera salida. El hecho de que vaya tan r&aacute;pido me hac&iacute;a dudar.<\/p>\n<p>Me preguntaba si le hubiese gustado que le lleve a un hotel alojamiento para hacer el amor. No insinu&oacute; nada al respecto. Pero de todas formas, ya no ten&iacute;a guita encima. Con el cine y la comida me hab&iacute;a quedado s&oacute;lo con unas monedas. Y eso que ella pag&oacute; su parte. Menos mal.<\/p>\n<p>&ndash;Ya tengo que volver. Es muy tarde. &mdash; me dijo.<\/p>\n<p>Viajamos en silencio a cat&aacute;n. Pero no fue un silencio inc&oacute;modo. Era el silencio que se impone cuando ya no hay mucho por decir. Insist&iacute; para acompa&ntilde;arla hasta su casa, pero no quizo. Nos despedimos en la esquina de la plaza, con un abrazo.<\/p>\n<p>En ese momento tuve la sensaci&oacute;n de que esa chica romper&iacute;a mi coraz&oacute;n.<\/p>\n<p><strong>Andrea<\/strong><\/p>\n<p>El hecho de ver a Joaco tan contento (aunque disimul&aacute;ndolo un poco) me cambi&oacute; el humor.<\/p>\n<p>Ven&iacute;a de d&iacute;as oscuros y confusos, as&iacute; que ver a mi hijo yendo a su primera cita me dio el respiro que necesitaba. Joaco ya cumpli&oacute; lo dieciocho hace un par de meses. En poco tiempo terminar&aacute; la escuela, y tendr&aacute; que enfrentarse al mundo de los adultos. Pero en muchos aspectos parece todav&iacute;a un ni&ntilde;o. Siempre le cost&oacute; relacionarse con los dem&aacute;s chicos, sobre todo con las chicas. Y ahora que estaba en un lugar al que apenas comenzaba a adaptarse, pens&eacute; que le ser&iacute;a mucho m&aacute;s dif&iacute;cil. Por suerte me equivoqu&eacute;.<\/p>\n<p>Cuando me qued&eacute; sola en casa, durante algunas horas me acompa&ntilde;&oacute; ese sentimiento optimista. Pero pronto todos los recuerdos de los sucesos recientes me vinieron a la cabeza. Me puse a limpiar la casa, para ahuyentar esos pensamientos. Pero me fue imposible.<\/p>\n<p>&iquest;En qu&eacute; carajos estaba pensando? Era evidente que el hecho de haber tenido tres sucesos sexuales en un lapso de tiempo tan corto, no era casualidad. Mi cuerpo se pon&iacute;a en evidencia. Mis gestos, mis miradas, y la propia fisionom&iacute;a de mi cuerpo, les dec&iacute;a a los hombres que pod&iacute;an avanzar sobre m&iacute;.<\/p>\n<p>Primero aquel desagradable encuentro con el Dr. Ceballes. Luego el beso del abogado del estudio Goldberg. No me pod&iacute;a enga&ntilde;ar a m&iacute; misma. Cada uno de esos hechos sucedi&oacute;, en parte, porque yo quise que sucedieran. La apoyada del Dr. Ceballes dur&oacute; m&aacute;s de la cuenta. Y el beso del muchacho del estudio Goldberg, s&oacute;lo fue interrumpido despu&eacute;s de que &eacute;l saboreara mi boca a su gusto. Y lo &uacute;ltimo, aquel pendejo. Eso fue lo peor.<\/p>\n<p>Cuando Joaco me convenci&oacute; de que le permita recibir a aquel salvaje, una rid&iacute;cula ansiedad se apoder&oacute; de m&iacute;. El hecho de que haya defendido a mi hijo, me oblig&oacute; a tener una visi&oacute;n diferente de &eacute;l. Al menos se merec&iacute;a el beneficio de la duda. Pero no pod&iacute;a evitar recordar que, en una de mis muchas tardes de autocomplacencia, la imagen fugaz de aquel chico joven y fornido, hab&iacute;a acudido a mi mente.<\/p>\n<p>Cuando lleg&oacute; el d&iacute;a en que mi hijo deb&iacute;a hacer el trabajo pr&aacute;ctico, me puse nerviosa, como si tuviese quince a&ntilde;os en lugar de treinta y cuatro. Pens&eacute; en recibir a los chicos con una vestimenta recatada, principalmente porque no quer&iacute;a que al tal Pitu se le vaya los ojos cuando me viera, como aquella tarde en la salida de la escuela. Pero despu&eacute;s cambi&eacute; de opini&oacute;n. &iquest;Por qu&eacute; ten&iacute;a que cambiar mis h&aacute;bitos en mi propia casa? &iquest;Por ese pendejo altanero? Ni loca. Me puse una pollerita a lunares que me encantaba, y una blusa negra que se adher&iacute;a a mi cuerpo perfectamente.<\/p>\n<p>Lleg&oacute; la hora. El timbre son&oacute;. Me sent&iacute; a la defensiva. Cuando Sal&iacute; a recibir a los compa&ntilde;eros de Joaco, not&eacute;, con una rid&iacute;cula decepci&oacute;n en mi interior, que Pitu no hab&iacute;a venido.<\/p>\n<p>Le ofrec&iacute; algo para tomar y los dej&eacute; solos. Rub&eacute;n se estaba ba&ntilde;ando. As&iacute; que me puse a ordenar la pieza.<\/p>\n<p>Entonces escuch&eacute; el timbre. Sent&iacute; c&oacute;mo mi cuerpo se estremeci&oacute;. Era una locura. Aquel pendejo me estaba moviendo el piso, y yo no pod&iacute;a evitarlo.<\/p>\n<p>Mi marido se hab&iacute;a ido a trabajar, con el mismo semblante triste de siempre. Me dio un fr&iacute;o beso en los labios y me dej&oacute; ah&iacute;.<\/p>\n<p>Pens&eacute;, como muchas otras veces, que deb&iacute;a apoyarlo. No ten&iacute;a en claro c&oacute;mo hacerlo, pero deb&iacute;a apoyarlo.<\/p>\n<p>A las desgracias era mejor no llamarlas, y ese pendejo era una desgracia. Me qued&eacute; en el cuarto ordenando. Cada tanto los chicos hablaban en un tono alto, y las voces llegaban hasta mi habitaci&oacute;n, aunque no se alcanzaba a entender qu&eacute; dec&iacute;an. La voz de Pitu, gruesa y autoritaria, resaltaba sobre las dem&aacute;s.<\/p>\n<p>Me tir&eacute; sobre la cama. Si no me tocaba no podr&iacute;a estar tranquila. Necesitaba desahogar mi cuerpo para dejar de pensar en estupideces. Me levant&eacute; la pollera. Llev&eacute; una mano a mi boca y chup&eacute; cada uno de los dedos. Con la otra mano, hice a un costado la bombacha y empec&eacute; a masajear mi cl&iacute;toris. Pens&eacute; en el muchacho del estudio Goldberg. &iexcl;Qu&eacute; cerca me sent&iacute;a de caer en sus redes! Pens&eacute; tambi&eacute;n en el doctor Ceballes. &iquest;Cu&aacute;ntas veces podr&iacute;a librarme de &eacute;l sin que me toque o haga algo m&aacute;s? En alg&uacute;n momento quedar&iacute;amos nuevamente solos en la oficina. Si me agarraba con la guardia baja ser&iacute;a dif&iacute;cil rechazarlo, por poco que me gustara ese tipo. Mi familia contaba con el sueldo que llevaba. Llev&eacute; mis manos mojadas a mi pecho. Estaban hinchados. Pellizqu&eacute; mis pezones, sintiendo un placer exquisito, al tiempo que mi entrepierna estaba incendiada, largando jugos vaginales, mientras frotaba mi cl&iacute;toris. Mi cuerpo se mov&iacute;a casi contra mi voluntad. Como si alguien me estuviese penetrando en ese mismo momento. El respaldo de la cama chocaba con la pared. Deb&iacute;a dejar de hacer ese ruido, pero estaba muy cerca del cl&iacute;max, y no quer&iacute;a parar.<\/p>\n<p>Entonces escuch&eacute; que alguien hab&iacute;a tirado de la cadena del ba&ntilde;o del pasillo. Me acomod&eacute; la bombacha, me baj&eacute; la pollerita, me limpi&eacute; la cara con mis propias manos, ya que estaba babeada por mi saliva. Sal&iacute; al pasillo. Un hombre de hombros anchos, pelo corto, vestido con una camisa azul, sal&iacute;a del ba&ntilde;o.<\/p>\n<p>Le pregunt&eacute; qui&eacute;n era. Cuando se dio vuelta mi coraz&oacute;n dio un vuelco. Era el pendejo. Era P&iuml;tu.<\/p>\n<p>&iexcl;Qu&eacute; locura hab&iacute;a hecho aquel d&iacute;a!<\/p>\n<p>Pitu ten&iacute;a una mirada salvaje. Su piel era marr&oacute;n, pero en cada parte de su cuerpo ten&iacute;a una tonalidad diferente. Su f&iacute;sico imponente. Llevaba la camisa con varios botones desabrochados, dejando ver sus pectorales marcados. Sus brazos eran musculosos, y las venas que lo atravesaban estaban muy marcadas, d&aacute;ndole un aspecto de fuerza descomunal.<\/p>\n<p>&mdash;Me gustar&iacute;a que me prometas, que no s&oacute;lo no lo vas a volver a lastimar, sino que lo vas a cuidar, como hiciste ese d&iacute;a.<\/p>\n<p>Le dije al pendejo. Habl&eacute; despacio, como si en ese momento tuviese que ocultar algo.<\/p>\n<p>Me di cuenta que el pibe estaba teniendo una erecci&oacute;n. Su miembro bien dotado se levantaba como una carpa debajo del pantal&oacute;n. Se me acerc&oacute;. Se apoy&oacute; en mi, haci&eacute;ndome sentir su miembro duro. Intent&oacute; besarme, pero lo esquiv&eacute;. A&uacute;n as&iacute;, empez&oacute; a tocarme. Sus manos &aacute;speras se metieron por debajo de mi pollera. No lo mir&eacute;. No me animaba a hacerlo. Ten&iacute;a la sensaci&oacute;n de que si lo miraba, terminar&iacute;a de apoderarse de mi voluntad. Me agarr&oacute; de las nalgas con su mano, la cual ten&iacute;a una fuerza tremenda. Con su otra mano masajeaba mi muslo. Le faltaba muy poco para llegar a mi sexo y descubrir que estaba empapado.<\/p>\n<p>De repente escuch&eacute; las voces de los chicos que estaban en el comedor. &iquest;Qu&eacute; estaba haciendo? &iquest;Me hab&iacute;a vuelto loca?<\/p>\n<p>Le ped&iacute; que por favor me soltara. &Eacute;l insisti&oacute;, y si segu&iacute;a haci&eacute;ndolo, no s&eacute; c&oacute;mo iba a terminar todo. Lo empuj&eacute; y entr&eacute; a mi cuarto. Durante unos segundos esper&eacute; a que abriera la puerta e hiciera lo que quisiese conmigo. Por suerte no lo hizo. Por fin volvi&oacute; al comedor. Dej&aacute;ndome m&aacute;s caliente que nunca. Tuve que tocarme de nuevo. Cuando acab&eacute;, me sent&iacute; pat&eacute;tica.<\/p>\n<p>Pero lo peor fue lo que sucedi&oacute; la semana siguiente. El grupo deb&iacute;a reunirse otra vez para terminar el trabajo. Estuve toda la semana ensayando la manera en que rechazar&iacute;a a Pitu. &Eacute;l solo es un pendejo que me agarr&oacute; con la guardia baja. Nada m&aacute;s. Le dir&iacute;a que lo que sucedi&oacute; no pod&iacute;a volver a suceder. Que no estaba interesada en &eacute;l, y que prefer&iacute;a que se aleje de mi hijo. Se me ocurri&oacute; que si nos encontr&aacute;ramos a solas en alg&uacute;n momento, tanto mejor. Aprovechar&iacute;a ese momento s&oacute;lo para rechazarlo. No me agarrar&iacute;a desprevenida otra vez.<\/p>\n<p>Pero despu&eacute;s pens&eacute; en lo que podr&iacute;a suceder con Joaqu&iacute;n si Pitu se sent&iacute;a humillado. Lo volver&iacute;a a maltratar, sin dudas. Y adem&aacute;s, les dir&iacute;a a todo el mundo lo que sucedi&oacute; en casa. No, no pod&iacute;a ser cruel, aunque quisiera. Le dir&iacute;a que estoy casada. Que estoy pasando por un mal momento, y por eso dej&eacute; que aquello llegara al punto al que lleg&oacute;. Me sent&iacute;a halagada por atraer la atenci&oacute;n de un muchachito tan joven, pero no pod&iacute;a ser. Yo era una mujer fiel. Y &eacute;l era casi un ni&ntilde;o.<\/p>\n<p>Estuve horas pensando en esto. Y cuando se hizo las cinco de la tarde, llegaron los compa&ntilde;eros de Joaco, salvo Pitu. Pens&eacute; que llegar&iacute;a m&aacute;s tarde, como la otra vez. Pero se hicieron las cinco y media, las seis, las siete. Empez&oacute; a oscurecer y no apareci&oacute;.<\/p>\n<p>Pendejo atrevido. &iquest;Se daba el lujo de despreciarme? &iquest;Y todo porque yo lo hab&iacute;a rechazado en ese momento? &iquest;Qu&eacute; pretend&iacute;a, cogerme mientras mi hijo estaba en el comedor?<\/p>\n<p>En todo esto estaba pensando el domingo, mientras Joaco ten&iacute;a su cita rom&aacute;ntica con esa chica. Los fines de semana Rub&eacute;n hace horarios diurnos, as&iacute; que estaba sola.<\/p>\n<p>Entonces son&oacute; el timbre.<\/p>\n<p>Pens&eacute; que se trataba de Joaqu&iacute;n. &iquest;Para qu&eacute; le hab&iacute;a hecho un juego de llaves? Se habr&iacute;a olvidado algo, pens&eacute;. Sal&iacute; al patio delantero. Pero no era Joaqu&iacute;n el que llamaba.<\/p>\n<p>Era Pitu.<\/p>\n<p><u>Cap&iacute;tulo 4<\/u><\/p>\n<p><strong>Andrea y Pitu<\/strong><\/p>\n<p>El s&aacute;bado no pude dormir. Toda la noche meta paja recordando a la mamita del cheto. Estuve as&iacute; de meterle la mano en la concha. &iexcl;Y qu&eacute; rico se sinti&oacute; acariciar ese orto precioso que tiene! La mina se hab&iacute;a dejado. S&oacute;lo me cort&oacute; el rostro porque sab&iacute;a que la iba a querer coger ah&iacute; nom&aacute;s, mientras su nene y los otros tragas estaban en el comedor. Y la verdad que ten&iacute;a raz&oacute;n. Hab&iacute;a que buscar el momento justo. El mi&eacute;rcoles ten&iacute;amos que juntarnos de nuevo en la casa de Joaqu&iacute;n, pero no fui ni en pedo. No me hubiese aguantado las ganas de cogerme a la Andrea. Me qued&eacute; en mi casa, y me la re banqu&eacute;, a puras pajas, eso s&iacute;.<\/p>\n<p>Y el s&aacute;bado de nuevo. Me banqu&eacute; la noche acord&aacute;ndome de su pielcita suave, de sus piernas, de su culo, de mi boca besando su carita, de sus ojos azules que no se animaban a mirarme. Quer&iacute;a que sea domingo ya.<\/p>\n<p>El domingo el cheto sal&iacute;a con la Agustina. Me lo hab&iacute;a dicho una de las veces que me acerqu&eacute; a hablarle corte amigos. Hab&iacute;an quedado en verse a las dos. Cando se hizo esa hora me pegu&eacute; un ba&ntilde;o, me puse una remera musculosa y una bermuda, le rob&eacute; otra vez colonia al Esteban para llegar con rico olor. Me tom&eacute; el bondi en la esquina. Estaba zarpado de nervioso. Estaba seguro de que el cheto ya estar&iacute;a yendo para Mor&oacute;n con su minita. Pero no sab&iacute;a si iba a estar el cornudo del marido en casa. Tampoco le pod&iacute;a sacar tanta informaci&oacute;n al joaco, sino se iba a avivar. Pero era mi &uacute;nica oportunidad, ten&iacute;a que tirarme el lance.<\/p>\n<p>Toqu&eacute; el timbre. Me di cuenta que ten&iacute;a la mano transpirada de los nervios. Si se lo contara al Leo, al Polaco, o al Brian, se cagar&iacute;an de la risa. &ldquo;El Pitu asustado por una mina&rdquo;<\/p>\n<p>Al ratito sali&oacute; la Andrea. Me mir&oacute; media asustada y confundida. Se acerc&oacute; al port&oacute;n. Ten&iacute;a un vestidito celeste que le llegaba hasta las rodillas, pero igual estaba bastante ajustadito y con un escote que dejaba ver parte de sus ricas tetas. Hasta en casa se viste como perra esa mina. Una locura.<\/p>\n<p>&mdash;No est&aacute; Joaqu&iacute;n. &mdash; dijo.<\/p>\n<p>Pitu me miraba con la misma cara de alzado de aquella vez. Sonri&oacute;, medio burl&oacute;n. Ah&iacute; me di cuenta de que ya sab&iacute;a que mi hijo no estaba. Sent&iacute; c&oacute;mo mis piernas temblaban, y mi bombacha parec&iacute;a querer caerse.<\/p>\n<p>Estaba claro a qu&eacute; ven&iacute;a. Pero a&uacute;n as&iacute; se lo pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; necesit&aacute;s?<\/p>\n<p>Pitu cerr&oacute; sus manos en los barrotes de la reja. Me alej&eacute;, como quien se aleja de un animal impredecible.<\/p>\n<p>&mdash;Quer&iacute;a hablar con vos un rato. &mdash; me contest&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Hablar? no, vos quer&eacute;s otra cosa, y no va a poder ser. &mdash;Le dije. Su semblante se puso serio. &mdash;Lo de la otra vez fue un error que no puede volver a ocurrir. Disc&uacute;lpame si te di otra impresi&oacute;n. &mdash;Mir&eacute; a todas partes, a ver si hab&iacute;a alguna vecina chismosa parando la oreja, pero no vi a nadie. &mdash;Mir&aacute;, te voy a decir la verdad. Estoy pasando &acute;por un momento muy dif&iacute;cil, y no quiero complicaciones.<\/p>\n<p>&mdash;Pero si yo tampoco quiero complicaciones. &mdash; me interrumpi&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Lo lamento. Pero no va a poder ser. Espero que me perdones por darte falsas esperanzas.<\/p>\n<p>Me met&iacute; a la casa y lo dej&eacute; en la vereda, con la boca abierta. Me sent&iacute; preocupada, porque fui m&aacute;s brusca de lo que pretend&iacute;a ser. Pero tambi&eacute;n me sent&iacute; orgullosa de m&iacute; misma. No renunciar&iacute;a a mis convicciones por culpa de una mala etapa en mi vida. A la noche hablar&iacute;a con Rub&eacute;n, sin falta. Ya era hora de levantar cabeza y seguir con la vida. No pod&iacute;a seguir as&iacute; de deprimido, y no pod&iacute;a ignorarme de la manera que lo hac&iacute;a. Si necesitaba ayuda profesional, la conseguir&iacute;amos.<\/p>\n<p>Mir&eacute; a trav&eacute;s de la mirilla de la puerta. Pitu, con gesto turbado, todav&iacute;a estaba afuera, como esperando a que cambie de opini&oacute;n y lo haga pasar. Estuvo ah&iacute; por varios minutos, hasta que lo vi mover los labios, con gesto furioso, y hacer un movimiento con la mano, para despu&eacute;s irse.<\/p>\n<p>Me sent&iacute; aliviada. Y m&aacute;s a&uacute;n, me sent&iacute; liberada.<\/p>\n<p>Pero aun as&iacute;, mi cuerpo segu&iacute;a necesitando lo que necesitaba. No pude evitar excitarme al imaginar lo que hubiese pasado si simplemente hubiera abierto el port&oacute;n. Me recost&eacute; sobre el sof&aacute; y llev&eacute; mi mano a la entrepierna. Mi sexo estaba incre&iacute;blemente lubricado.<\/p>\n<p>Me fui puteando. La conchuda result&oacute; ser una calientapijas. Otra vez me iba a tener que matar a pajas pensando en ella. O de &uacute;ltima le iba a decir al t&iacute;o Omar que me invite a una de esas paraguayitas que se suele comer. De lo que estaba seguro era que no me iba a encamar con ninguna pendeja de la escuela. Lo que quer&iacute;a era una mujer.<\/p>\n<p>Pero a mitad de cuadra fren&eacute;. &iquest;Y si le insist&iacute;a? Si fuese otra mina no volver&iacute;a a dirigirle la palabra en toda la vida, por hist&eacute;rica. Pero trat&aacute;ndose de ella, mi cabeza empez&oacute; a laburar a mil por hora. La mina ten&iacute;a onda conmigo, que no me venga a chamuyar ahora con eso de que no quiere complicaciones y no s&eacute; cu&aacute;ntas boludeces m&aacute;s.<\/p>\n<p>Volv&iacute; hasta su casa. Le iba a tocar el timbre, pero seguro me iba a dejar de garpe. Entonces se me ocurri&oacute; una locura. Una locura hasta para alguien medio loco como yo. Pispe&eacute; que no me estuviera viendo nadie. Me agarr&eacute; de las rejas y empec&eacute; a subir. Llegu&eacute; hasta arriba. Apoy&eacute; mi culo y sent&iacute; c&oacute;mo las puntas de la reja me pinchaban. Pegu&eacute; un salto y ca&iacute; al otro lado. Lo que se hace por amor, pens&eacute;.<\/p>\n<p>La puerta delantera s&oacute;lo pod&iacute;a abrirse desde adentro. Se me ocurri&oacute; entrar por la ventana. Las persianas estaban medio bajas. Ser&iacute;a f&aacute;cil correr el vidrio y meterme. Pero mucho l&iacute;o. Primero agarr&eacute; el pasillo y me fui hasta el fondo. Hab&iacute;a otra puerta, si se&ntilde;or. No sab&iacute;a si el marido estaba o no estaba, pero se me ocurri&oacute; que si estuviese, ser&iacute;a lo primero que me hubiera dicho. Igual ya estaba re jugado. Ya fue, que se pudra todo, pens&eacute;. Voy a encararla a cara de perro. Agarr&eacute; el picaporte y abr&iacute; la puerta.<\/p>\n<p>El ruido me asust&oacute;. Estaba en el sof&aacute; con dos dedos enterrados en mi sexo, totalmente mojados. Interrump&iacute; mi tarea onan&iacute;stica y me puse de pie. Unos pasos se acercaban desde el fondo. Ahora s&iacute;, empec&eacute; a temblar de miedo. Entraron a robar, pens&eacute;.<\/p>\n<p>Y entonces lo vi, acerc&aacute;ndose como un le&oacute;n hambriento.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; hac&eacute;s ac&aacute;. &mdash;le dije. Sintiendo c&oacute;mo el miedo a ser asaltada iba desapareciendo, para ser reemplazado por un miedo totalmente diferente.<\/p>\n<p>Pitu no dijo nada. Su sonrisa canchera no hab&iacute;a asomado. Estaba serio, y parec&iacute;a con una determinaci&oacute;n irrefrenable. Di unos pasos atr&aacute;s, s&oacute;lo para encontrarme con el sof&aacute;, que evitaba que siga retrocediendo. Pitu me agarr&oacute; de la cintura con un abrazo firme. Mi cuerpo qued&oacute; pegado al suyo. Sent&iacute; otra vez su sexo, el cual se estaba despertando, en mi cadera.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; es lo que quer&eacute;s de m&iacute;? &mdash;le pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Esto. &mdash;dijo. Baj&oacute; su mano y me acarici&oacute; las nalgas con lujuria. &mdash;Y esto &mdash;dijo despu&eacute;s, y con la otra mano estruj&oacute; uno de mis pechos, para luego pellizcar el pez&oacute;n, el cual ya estaba duro.<\/p>\n<p>Y entonces me bes&oacute;. Un aliento a menta invadi&oacute; mi boca. Su lengua violaba salvajemente a la m&iacute;a. Sus manos estaban en todas partes.<\/p>\n<p>Corr&iacute; mi cara y le habl&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Est&aacute; bien. Si tanto lo quer&eacute;s, lo vas a tener. Pero es todo lo que te voy a dar. &iquest;Entendiste?<\/p>\n<p>Acarici&eacute; su rostro &aacute;spero, que ten&iacute;a la barba de varios d&iacute;as, mucho m&aacute;s abundante que la mayor&iacute;a de los chicos de su edad. Frot&eacute; sus labios gruesos, mientras &eacute;l me levantaba el vestido y empezaba a bajarme la bombacha. Le met&iacute; los dedos en la boca. Eran los mismos dedos que hace unos minutos estaban enterrados en mi sexo.<\/p>\n<p>Se los chup&eacute; como si me fuese la vida en eso. Ten&iacute;an un sabor a concha terrible. Ese sabor me volvi&oacute; loco. Casi se los como a mordiscones.<\/p>\n<p>Le baj&eacute; la bombachita.<\/p>\n<p>&mdash;Ac&aacute; no. &mdash;dijo, mirando para la calle. &mdash;En las habitaciones tampoco. &mdash;Me agarr&oacute; la mano y me llev&oacute; hasta la cocina.<\/p>\n<p>Se apoy&oacute; sobre la mesada. Abri&oacute; las piernas. Yo me arrodill&eacute;. Le levant&eacute; el vestido, y al mismo tiempo acarici&eacute; sus piernas. Su conchita ten&iacute;a una linda mata de pelo. Estaba mojada y largaba olor a fluido.<\/p>\n<p>Met&iacute; la geta entre sus piernas. La chup&eacute; las gambas, y fui subiendo poco a poco. La conchita mojada qued&oacute; cerquita de mi cara y me pareci&oacute; lo m&aacute;s lindo que hab&iacute;a visto en mi vida. Lam&iacute; el labio. Se sent&iacute;a un gustito zarpado de rico. Gustito a hembra alzada. Le met&iacute; un dedo que entr&oacute; al toque hasta el fondo. Y con la leng&uuml;ita empec&eacute; a lamerle el cl&iacute;toris.<\/p>\n<p>Le acariciaba la cabeza mientras me la chupaba. Ya no pensaba en nada. S&oacute;lo me dejaba llevar por el momento. Mi espalda se arqueaba y mi boca largaba gemidos incontrolables, mientras Pitu hac&iacute;a movimientos circulares con su lengua, sobre mi sexo. A pesar de ser muy joven, se notaba que ten&iacute;a experiencia. Mientras me volv&iacute;a loca con el sexo oral, sus manos se mov&iacute;an libremente, acariciando mis muslos y mis nalgas. Sus dedos eran &aacute;speros y duros, y se frotaban sobre mi piel con la fuerza y la impaciencia de la juventud.<\/p>\n<p>De repente sent&iacute; que el orgasmo ya estaba a punto de llegar. Hac&iacute;a solo unos minutos que estaba ah&iacute; abajo, chupando con tenacidad, pero ya me ven&iacute;a. Lo agarr&eacute; de la cabeza.<\/p>\n<p>Mi cara qued&oacute; pegada a su concha. Cerr&oacute; sus gambas, apretando mis orejas. Sent&iacute; como su cuerpo temblaba. Larg&oacute; un hermoso grito de yegua caliente. Mov&iacute;a la concha hacia adelante, como queriendo hac&eacute;rmela comer. Yo, re engolosinado, recib&iacute;a con gusto los fluidos de Andrea.<\/p>\n<p>La mina qued&oacute; zarpada en agitada. Su pelo se hab&iacute;a despeinado. Su boca estaba h&uacute;meda. Me qued&oacute; mirando con una cara de agradecida y preocupada a la vez. Se notaba que todav&iacute;a estaba zarpada en confundida. Y ahora que hab&iacute;a desahogado su calentura, con la cabeza m&aacute;s fr&iacute;a, le empez&oacute; a caer la ficha.<\/p>\n<p>No le di tiempo de que se arrepienta, ni de que me diga alguna boludez. La agarr&eacute; del hombro y la puse de rodillas.<\/p>\n<p>Abri&oacute; el cierre del pantal&oacute;n y sac&oacute; su pija, poni&eacute;ndomela frente a la cara. Ya hab&iacute;a largado mucho presemen. Ten&iacute;a olor a sexo y a transpiraci&oacute;n. No era larga, pero s&iacute; muy gruesa. Estaba atravesada por venas que, al igual que sus brazos, reflejaban una incre&iacute;ble potencia. Tanto en la pelvis como en sus test&iacute;culos hab&iacute;a un mont&oacute;n de vello enmara&ntilde;ado. Me agarr&oacute; del pelo, y me tirone&oacute; para acercarme m&aacute;s a su sexo. Mis labios hicieron contacto con el glande. Abr&iacute; la boca y &eacute;l aprovech&oacute; para introducir un buen pedazo del tronco.<\/p>\n<p>La agarr&eacute; de las orejas y se la mand&eacute; hasta el fondo. Al ratito me golpe&oacute; la pierna para que se la saque. Se la hice comer un rato m&aacute;s hasta que empez&oacute; a lagrimear.<\/p>\n<p>&mdash;Despacito, pendejo. &mdash;me dijo, tosiendo.<\/p>\n<p>&mdash;Dale, chup&aacute;mela. Dame la mejor chupada de tu vida.<\/p>\n<p>Andrea me agarr&oacute; la verga. Me mir&oacute; y me gui&ntilde;&oacute; el ojo. Eso me volvi&oacute; m&aacute;s loco de lo que estaba.<\/p>\n<p>&mdash;No dejes de mirarme mamasa.<\/p>\n<p>Lam&iacute; la cabeza. Pitu se mordi&oacute; el labio y larg&oacute; un gemido. Acarici&eacute; las bolas peludas con las u&ntilde;as. No entend&iacute;a por qu&eacute; quer&iacute;a que lo mirara mientras se la chupaba, pero le di el gusto. Masaje&eacute; su tronco mientras me llevaba su falo a la boca. Mi lengua sabore&oacute; el fluido que ya desped&iacute;a la cabeza. Lo introduje una y otra vez adentro m&iacute;o, viendo, con deleite, como se transformaba su cara, principalmente cuando mi lengua masajeaba el prepucio. Cada tanto le gui&ntilde;aba el ojo, y &eacute;l se frotaba los labios con la lengua.<\/p>\n<p>Era zarpada en buena la manera en que la mam&aacute; de Joaco la chupaba. De repente se concentraba en la cabeza y me generaba una sensaci&oacute;n refuerte. Casi como que dol&iacute;a, pero estaba rebueno. No la ten&iacute;a a esa, y eso que me cre&iacute;a con mucha experiencia. La turra me miraba con esos ojos preciosos y me los gui&ntilde;aba. No aguantaba m&aacute;s. Con semejante peteada, y con semejante bomb&oacute;n, ah&iacute;, arrodillada, devorando mi verga. Empec&eacute; a sacudir la pija en su cara.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Vas a acabar? Dejame que te ayude. &mdash;le dije.<\/p>\n<p>Empec&eacute; a masturbarlo. Apunt&eacute; a mi cara. Me imaginaba que eso era lo que quer&iacute;a. Ver mi cara ba&ntilde;ada con su leche. Y yo tambi&eacute;n lo quer&iacute;a. Quer&iacute;a sentir el l&iacute;quido pegajoso y caliente en mi rostro.<\/p>\n<p>Me paje&oacute; de lo lindo. Como miraba la pija en vez de mirarme a m&iacute;, la agarr&eacute; de la pera y le levant&eacute; la cabeza. Ella se ri&oacute; mientras segu&iacute;a pajeando. Una puta divina la Andrea. Le largu&eacute; tres chorros bien espesos en su geta. Estaba hermosa. Como para hacer un dibujo de ella. La leche qued&oacute; en sus p&oacute;mulos y sus labios. Me hubiese gustado que abra la boca y se la trague toda, pero no le quise romper las bolas. Bastante bien se estaba portando.<\/p>\n<p>&mdash;Ya vengo. &mdash; me dijo.<\/p>\n<p>Me levant&eacute; y fui al ba&ntilde;o. Verme en el espejo, con la cara llena de semen de otro hombre que no era mi marido, hizo que, en parte, comience a asimilar lo que acababa de hacer. El hecho de que Rub&eacute;n hace a&ntilde;os no me pida acabar en mi cara, hac&iacute;a la imagen a&uacute;n m&aacute;s extra&ntilde;a. Trat&eacute; de no pensar en eso. Me limpi&eacute; con papel, abr&iacute; la canilla y me lav&eacute; la cara. Pitu entr&oacute; sin golpear.<\/p>\n<p>La abrac&eacute; por atr&aacute;s. Sent&iacute; sus nalgas hermosas y me empec&eacute; a calentar de nuevo.<\/p>\n<p>&mdash;Ahora te voy a coger. &mdash;le dije, corte, no te estoy preguntando.<\/p>\n<p>&mdash;No, ya te saqu&eacute; la calentura, agradec&eacute; y andate a tu casa. Adem&aacute;s, ma&ntilde;ana ten&eacute;s clases y ten&eacute;s que estar con todas las energ&iacute;as para levantarte temprano.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Ah s&iacute;? &mdash;dije yo. Le pellizqu&eacute; el orto con fuerza. &mdash;As&iacute; que me quer&eacute;s dejar as&iacute;.<\/p>\n<p>La agarr&eacute; del brazo y la saqu&eacute; del ba&ntilde;o.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;No Pitu, a donde me llev&aacute;s!<\/p>\n<p>Abr&iacute; una de las puertas del pasillo. La misma puerta en donde la hab&iacute;a encontrado aquella vuelta, cuando tuvimos nuestra primera historia.<\/p>\n<p>&mdash;No, ac&aacute; no. No quiero coger en mi cuarto. Por favor no me hagas esto. En cualquier parte menos ac&aacute;.<\/p>\n<p>Le di un beso, corte novios. La agarr&eacute; de la cintura y la hice girar. Le di una nalgada.<\/p>\n<p>&mdash;Entonces ac&aacute;. &mdash;dije, abriendo una puerta.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;No, esa es la habitaci&oacute;n de Joaco! &iexcl;No!<\/p>\n<p>Me carg&oacute; con sus brazos, con una facilidad impresionante. Y me meti&oacute; a la pieza de mi hijo. Me tir&oacute; a la cama. Es una cama de una plaza, apenas entrar&iacute;amos.<\/p>\n<p>Se quit&oacute; la remera y la bermuda. Su piel tostada estaba marcada por algunas cicatrices en su abdomen y su pierna. Estir&eacute; la mano y las acarici&eacute;. Eran profundas, y se notaba que bastante antiguas. Luego llev&eacute; los dedos a sus pectorales. No era muy alto, pero su f&iacute;sico era imponente. Todo en &eacute;l era robusto y fuerte. Me di vuelta.<\/p>\n<p>&mdash;Sacame el vestido.<\/p>\n<p>Se lo desabroch&eacute; despacito. Cada bot&oacute;n que desprend&iacute;a me la pon&iacute;a m&aacute;s al palo que antes. Se lo saqu&eacute;, y despu&eacute;s le quit&eacute; el corpi&ntilde;o.<\/p>\n<p>&mdash;A ver. &mdash;le dije.<\/p>\n<p>Me alej&eacute; un toque para verla bien. Era la primera vez que la ten&iacute;a en pelotas frente a m&iacute;, y quer&iacute;a disfrutarlo. Ella, sumisita, se dio vuelta y se recost&oacute; sobre la cama. Flexion&oacute; una pierna y me mir&oacute; con cara de querer guerra. Su cuerpo era delgado, pero sus tetas bastante grandes, bien paraditas, con los pezones rosados. Su cadera ancha y redondeada. Sus ojos eran fuego puro y su pelo hermoso se desparramaba sobre la almohada. Una locura de mujer. Y la ten&iacute;a solo para m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;As&iacute; o en cuatro? &mdash;Le dije, abriendo m&aacute;s las piernas.<\/p>\n<p>&mdash;As&iacute; est&aacute; bien.<\/p>\n<p>Se subi&oacute; a la cama.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Trajiste forro? &mdash; le pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>Puso cara de asombro, como que no pod&iacute;a creer haberse olvidado de un detalle tan b&aacute;sico.<\/p>\n<p>&mdash;Sin forro no me cog&eacute;s ni loca. &mdash;le dije, maliciosamente. &mdash;And&aacute; a buscar de la mesita de luz de mi pieza. &mdash;le dije, totalmente convencida de que Rub&eacute;n jam&aacute;s notar&iacute;a la ausencia de un profil&aacute;ctico.<\/p>\n<p>Fue encantador verlo desnudo, corriendo a buscar los preservativos. En un santiam&eacute;n volvi&oacute;. Se lo puso con demasiada habilidad considerando su edad. Me abraz&oacute;. Nuestros cuerpos quedaron pegados.<\/p>\n<p>&mdash;Me volv&eacute;s loco. &mdash;me dijo. Acomod&oacute; su sexo y me penetr&oacute;.<\/p>\n<p>Estaba toda mojada, as&iacute; que mi verga entr&oacute; de los m&aacute;s bien, casi entera. Se la re banca la potra. La mayor&iacute;a de las minitas que me curt&iacute;, me piden que se la meta despacito, pero ella no. La agarr&eacute; de las tetas y se la empec&eacute; a meter con toda. Andrea empez&oacute; a gemir como loca. Esa mina me calentaba un mont&oacute;n, pero el hecho de estar cogi&eacute;ndomela en el cuarto de su hijo, el cheto, y de hacer un cornudo a su marido, me daban un morbo regroso. Ella gem&iacute;a y largaba gritos que no pod&iacute;a controlar. Capaz que alg&uacute;n vecino escuchaba, pero en ese momento no importaba nada.<\/p>\n<p>Esa pija era hermosa. No pens&eacute; que se sintiera tan bien que me metan un instrumento de ese tama&ntilde;o adentro. Pitu me levant&oacute; las piernas y puso mis tobillos en sus hombros. Ahora me la met&iacute;a hasta el fondo. &Eacute;l empujaba la pelvis con fuerza. Parec&iacute;a que estaba siendo cogida por un toro. Ya no daba m&aacute;s, iba a acabar. Un grito euf&oacute;rico estaba a punto de salir de mi garganta. Gir&eacute; mi cara, como pude, y mord&iacute; la almohada para ahogar el ruido.<\/p>\n<p>Qued&eacute; exhausta despu&eacute;s de ese segundo orgasmo. Pero Pitu segu&iacute;a con sus energ&iacute;as de toro. Me hizo girar. Me puse en cuatro. Me bes&oacute; las nalgas, y despu&eacute;s, con suavidad, lami&oacute; el esf&iacute;nter anal externo. Lo sabore&oacute;, y yo disfrut&eacute; sentir su lengua babosa jugueteando en ese lugar prohibido, donde jam&aacute;s me hab&iacute;an besado. Despu&eacute;s meti&oacute; la lengua adentro. Era como estar siendo cogida por su lengua.<\/p>\n<p>El orto de esa mina era demasiado rico. La agarr&eacute; de las nalgas y empec&eacute; a chuparla toda. La Andrea gem&iacute;a como gatita alzada.<\/p>\n<p>Me arrodill&eacute; y apunt&eacute; a su conchita. Sin dejar de agarrarla de los cachetes del culo, se la mand&eacute; una y otra vez. Ella se retorc&iacute;a y gritaba cada vez que se la met&iacute;a hasta el fondo. Yo me sent&iacute;a como un campe&oacute;n montando a la yegua m&aacute;s indomable que hab&iacute;a.<\/p>\n<p>Saqu&eacute; mi pija de adentro suyo. Me quit&eacute; el forro, y acab&eacute; en su hermosa cola.<\/p>\n<p>Qued&eacute; totalmente agitada. No pod&iacute;a moverme siquiera. El pendejo ten&iacute;a la vitalidad de un perro alzado. Me recost&eacute; sobre la cama. &Eacute;l extendi&oacute; su cuerpo sobre el m&iacute;o, sin importarle si se manchaba con su propio semen.<\/p>\n<p>&mdash;Nunca hab&iacute;a hecho esto. &mdash;le confes&eacute;. &mdash;Nunca enga&ntilde;&eacute; a Rub&eacute;n.<\/p>\n<p>&Eacute;l me corri&oacute; el pelo a un costado y me dio un tierno beso en la mejilla.<\/p>\n<p>&mdash;As&iacute; que soy el primero. &mdash;dijo, canchero.<\/p>\n<p>No creo que me mintiera con eso. La mina dec&iacute;a la verdad. No ten&iacute;a motivos para chamuyarme. Saber eso me hizo sentirme importante. La verdad es que nunca me sent&iacute; as&iacute; de verdad. Siempre me la doy de poronga porque si no, te pasan por arriba. Pero ahora me sent&iacute;a recontra poronga de verdad. La ten&iacute;a a la Andrea junto a m&iacute;. Est&aacute;bamos pegaditos. Le di un beso en el hombro, y despu&eacute;s en la espalda. &iexcl;Qu&eacute; rico olor ten&iacute;a la mina!<\/p>\n<p>Nos quedamos conversando un rato. Ella me cont&oacute; un mont&oacute;n de cosas. Los quilombos con su marido; los buitres que la molestan en su laburo; sus terribles ganas de coger. En un ratito conoc&iacute; bocha de sus cosas.<\/p>\n<p>&mdash;Vos no sos de hablar mucho parece. &mdash; me dijo.<\/p>\n<p>&mdash;Masomenos, pero cuando nos volvamos a ver te hablo de m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; vivo sos. &mdash; me dijo. &mdash; Ahora es mejor que te vayas. En cualquier momento aparece Joaqu&iacute;n. Adem&aacute;s tengo que ordenar este cuarto. &iquest;Seguro que no te vio nadie cuando entraste?<\/p>\n<p>&mdash;Seguro.<\/p>\n<p>Se visti&oacute;. Me salud&oacute; con un beso en la boca. No acordamos vernos de nuevo. Pero ser&iacute;a una hip&oacute;crita si dijera que no lo deseo.<\/p>\n<p>Entr&eacute; al cuarto de Joaco. Saqu&eacute; las s&aacute;banas y las llev&eacute; a lavar. Luego tir&eacute; abundante desodorante de ambiente ah&iacute;, donde hac&iacute;a unos minutos hab&iacute;a estado cogiendo con el compa&ntilde;ero de mi hijo. La sola idea de pensar en eso me trastornaba. Prefer&iacute;a no pensar. Desde ahora s&oacute;lo me dejar&iacute;a llevar. Era in&uacute;til luchar contra mis impulsos. Ya lo hab&iacute;a intentado y no me hab&iacute;a salido bien.<\/p>\n<p><u>Cap&iacute;tulo 5<\/u><\/p>\n<p><strong>Pitu<\/strong><\/p>\n<p>Hasta ahora ven&iacute;a bien alej&aacute;ndome de las drogas. Mir&aacute;ndolas de lejos, con cari&ntilde;o, pero tambi&eacute;n con respeto. Alg&uacute;n fasito, de vez en cuando con los pibes. Pero merca ni a palos. Por lo que me cont&oacute; el t&iacute;o Omar, esa cosita blanca es tan rica que cuando la prob&aacute;s no te suelta. Y esa otra porquer&iacute;a que empiezan a vender en el barrio, paco le dicen, eso es basura pura. Los wachos que toman de esa, se les quema el cerebro de una. No soy tan gil, ese es un camino de ida.<\/p>\n<p>Pero me estaba empezando a avivar de que la Andrea era como mi droga. Pienso en la mina todo el d&iacute;a. Desde que me despierto, hasta que me duermo. Pens&eacute; que si me la cog&iacute;a me iba a calmar un toque. Pero fue todo lo contrario. Como toda buena droga, siempre quer&iacute;a m&aacute;s. Para colmo, desde la vez que garchamos, hace casi un mes, todav&iacute;a no la hab&iacute;a podido ver de nuevo. Yo me hab&iacute;a hecho toda la historia, pensando que iba a ser su macho, pero la cosa no era tan f&aacute;cil. La &uacute;ltima vez que fui a su casa, su marido estaba ah&iacute;. Andrea me pidi&oacute; que por favor me vaya, y me mir&oacute; con cara de orto cuando le insinu&eacute; que daba para coger mientras el cornudo dorm&iacute;a. Mi pija pide a gritos su conchita. Ahora, todav&iacute;a dolorido en el brazo, y con la geta un poco hinchada, necesito m&aacute;s que nunca ese culito.<\/p>\n<p>Igual la entiendo. La mina tiene miedo de que el Joaco o su marido se enteren. Hasta yo, que siempre me la doy de vivo, me pongo un toque nervioso cuando estamos con el Joaco hablando de cualquier cosa. El chetito odioso que conoc&iacute; ya qued&oacute; atr&aacute;s. Ahora es un pibe copado, y a veces hasta se junta a escabiar conmigo, con el Leo y los dem&aacute;s. Hasta se le est&aacute;n pegando algunas palabras nuestras. Quien lo viera al cheto.<\/p>\n<p>Era dif&iacute;cil encontrar el momento justo para estar con ella. En mi casa siempre estaba el Esteban o mi vieja. Y en la casa de ella, si no estaba Joaco, estaba su marido durmiendo. Me re iba esa de cog&eacute;rmela mientras el cornudo roncaba, pero la Andrea no quer&iacute;a saber nada con eso, la puta madre.<\/p>\n<p>El viernes me las arregl&eacute; para ir a su casa. Le met&iacute; ficha al Leo y al Brian para que entretengan al Joaco. No iba a tener mucho tiempo. Tampoco es que el cheto se pusiera al pedo todo el d&iacute;a. S&oacute;lo aceptaba un par de tragos, escuchaba las giladas que hablaban los dem&aacute;s, y despu&eacute;s se tomaba el palo. Adem&aacute;s la Agustina Tambi&eacute;n lo ten&iacute;a entretenido.<\/p>\n<p>As&iacute; que cuando termin&oacute; la clase, los dej&eacute; a los pibes escabiando en el kiosko con el Joaco. Los otros dos me miraban corte, en qu&eacute; anda este, y no me extra&ntilde;ar&iacute;a saber que se estaban haciendo la idea de que le estaba arrastrando el ala a la Andrea. No tanto por vivos sino por mal pensados.<\/p>\n<p>Yo me hice el boludo y me escabull&iacute; para buscar a mi amada. No le hab&iacute;a dicho nada, y no sab&iacute;a si su marido estaba o no estaba en casa. . Pero si no estaba, no me iba a dejar pagando ah&iacute; afuera. Bah, eso cre&iacute;a. Al menos le robar&iacute;a unos besitos y sentir&iacute;a ese hermoso ojete entre mis manos.<\/p>\n<p>Me faltaban unas pares de cuadras para llegar. Yo iba caminando re enamorado por la calle, recordando la tremenda chupada de pija que me hab&iacute;a dado; sintiendo en mis manos transpiradas el tacto de su culo firme y carnoso; rememorando el riqu&iacute;simo olor que sal&iacute;a de entre sus piernas. Estaba en las nubes, y de repente escuch&eacute;:<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; onda, ese es el Pitu?<\/p>\n<p>Levant&eacute; la vista. El sol me daba en la geta. Me puse la mano para cubrirme del sol. En esa reconozco a los logis del otro turno: El Turco y al Gordo Mauri. Ese gordo es una bestia, m&aacute;s grandote que el Leo. Se notaba, por sus caras, que quer&iacute;an bardo. Pero yo no les ten&iacute;a miedo. Nunca me achiqu&eacute; en una pelea y menos sabiendo que les pod&iacute;a ganar.<\/p>\n<p>Pero como todav&iacute;a estaba medio encandilado por el sol, no pude ver al tercero que ven&iacute;a con ellos. Se acerc&oacute; desde la derecha, como una sombra. Era un tipo grande. No era un pendejo. Se notaba que era bastante poronga, porque ten&iacute;a unos ojos de muerto, corte que ya no era ni persona. Ten&iacute;a un chaleco de jean, y los brazos tatuados. Pero cuando me aviv&eacute; de que &eacute;l era el que hab&iacute;a preguntado si yo era Pitu, ya era tarde, la pi&ntilde;a me calz&oacute; zarpada de bien. Igual que la que el cheto me hab&iacute;a cabido hace un par de meses, s&oacute;lo que este sab&iacute;a pegar y ten&iacute;a mucha fuerza.<\/p>\n<p>Sent&iacute; como si mi mand&iacute;bula se saliera de lugar. Mis dientes mordieron mis labios y sent&iacute; el sabor de mi propia sangre. Hac&iacute;a mucho que no la sent&iacute;a. Me qued&eacute; aturdido. No ve&iacute;a bien. Pero, as&iacute; y todo no me ca&iacute;. Me reincorpor&eacute;, levante mis brazos, corte boxeador, para evitar que me pegue otra vez en la geta; puse la panza dura, por si me quer&iacute;a pegar ah&iacute;, y justo ah&iacute; fue donde larg&oacute; la segunda pi&ntilde;a. Me doli&oacute;, pero mucho menos que la otra. Mantuve mis brazos arriba, y como imagin&eacute;, me larg&oacute; otro bife en la geta, pensando que le pi&ntilde;a en la panza me iba hacer bajar la guardia. Pero ataj&eacute; el golpe. &iexcl;Qu&eacute; fuerza ten&iacute;a el hijo de puta!<\/p>\n<p>Abr&iacute; bien los ojos, y cuando lo pude ver con claridad, lo amagu&eacute; con la izquierda y le met&iacute; alto uppercut en la pera. No se la vio venir el logi. Me dol&iacute;a mucho la geta, y como estaba lagrimeando sab&iacute;a que mi vista se iba a nublar enseguida. As&iacute; que me le fui al humo, aprovechando su confusi&oacute;n, para largarle todas las pi&ntilde;as que pod&iacute;a largarle. Le di tres o cuatro bien puestas, pero en esa siento que me agarran de los brazos. Eran los hijos de puta del Turco y El Mauri. Y claro, si de a uno no pod&iacute;an los cagones.<\/p>\n<p>El tipo de los tatuajes se me vino recaliente. Yo me trat&eacute; de zafar, pero solo pude lograr que el Turco, que era m&aacute;s flaco y ten&iacute;a menos fuerza, o era m&aacute;s cag&oacute;n, o que se yo, me soltara el brazo. Pero otra vez era tarde. El otro ya estaba encima de m&iacute;. Me agarr&oacute; de la ropa y se ensa&ntilde;&oacute; con mi cabeza. Me dio con el pu&ntilde;o cerrado, sin asco. Me dol&iacute;a y me sent&iacute;a mareado. A esa hora ya deber&iacute;a haber estado meti&eacute;ndosela hasta por las orejas a la Andrea, pero me estaban dando alta paliza esos giles.<\/p>\n<p>Cuando ca&iacute; al piso me cagaron a patadas en la panza y en los brazos. Todav&iacute;a tengo moretones. No s&eacute; si alguien habr&aacute; saltado por m&iacute; o qu&eacute;, porque si fuera por ese loco, me terminaba matando. La cosa es que despert&eacute; despu&eacute;s de un mont&oacute;n de tiempo en el hospital. Ten&iacute;a un brazo enyesado y me dol&iacute;a todo el cuerpo. No s&eacute; de c&oacute;mo no perd&iacute; un diente con la primera pi&ntilde;a que me com&iacute;. Estuve una semana internado y ahora en reposo en casa. Nunca extra&ntilde;&eacute; tanto la escuela, la puta madre. Y a la Andrea. La vi s&oacute;lo tres veces, pero c&oacute;mo extra&ntilde;aba a esa mina. Nunca en la vida me sent&iacute; tan solo y tan d&eacute;bil. &iexcl;La puta madre que los pari&oacute; a todos!<\/p>\n<p><strong>Andrea<\/strong><\/p>\n<p>Me gust&oacute; que fuera a mi casa a buscarme. A m&iacute; tambi&eacute;n me empezaban a dar ganas de estar de nuevo con &eacute;l. Me escucho decir esas palabras y siento que estoy perdiendo la cordura, pero es as&iacute;. De todas formas, ni loca iba a hacer algo con &eacute;l mientras Rub&eacute;n dorm&iacute;a en el cuarto. Creo que ese l&iacute;mite jam&aacute;s lo pasar&iacute;a, aunque tambi&eacute;n es cierto que ya pas&eacute; varios l&iacute;mites que nunca cre&iacute; que pasar&iacute;a. As&iacute; que le ped&iacute; que por favor se fuera, insinuando la posibilidad de un futuro encuentro, pero sin prometerle nada.<\/p>\n<p>Pens&eacute; en darle mi tel&eacute;fono, para que me llame cuando ni Rub&eacute;n ni Joaco estuvieran en casa. Pero ya estaba jugando demasiado con fuego, no era sensato agregar m&aacute;s riesgo a una situaci&oacute;n ya de por s&iacute; riesgosa.<\/p>\n<p>Varios d&iacute;as despu&eacute;s de ese primer encuentro, todav&iacute;a sent&iacute;a como si su sexo estuviese adentro m&iacute;o. Cada vez que recordaba la manera brusca y vehemente con la que me acariciaba; y la energ&iacute;a salvaje con la que me penetraba, mi ropa interior se empapaba.<\/p>\n<p>No s&eacute; en qu&eacute; momento sent&iacute;a m&aacute;s verg&uuml;enza y asco de m&iacute; misma: cuando ve&iacute;a a Rub&eacute;n, totalmente perdido en su melancol&iacute;a, como sucede desde que ca&iacute;mos en desgracia, o cuando le doy una afectuoso beso en la mejilla a Joaqu&iacute;n. No pasa d&iacute;a sin que me sienta una persona insignificante y traicionera. Y no pasa d&iacute;a en que desee repetir la traici&oacute;n.<\/p>\n<p>Pero sentirme tan miserable iba acompa&ntilde;ado de una extra&ntilde;a sensaci&oacute;n de libertad. Si bien me estaba metiendo en una mara&ntilde;a de enga&ntilde;os y mentiras de la que ser&iacute;a dif&iacute;cil salir, tambi&eacute;n sent&iacute;a que comenzaba a conocerme a m&iacute; misma.<\/p>\n<p>La mujer de &eacute;tica intachable, que sab&iacute;a con exactitud lo que quer&iacute;a para su vida, que ten&iacute;a en claro lo que estaba bien y lo que estaba mal, que no necesitaba nada m&aacute;s que a su familia para sentirse plena, esa mujer no era m&aacute;s que una farsa.<\/p>\n<p>En el fondo, no era m&aacute;s que una ni&ntilde;a a la que se la convenci&oacute; de que saltarse la etapa m&aacute;s importante de su vida, estaba bien. No culpaba a Rub&eacute;n por eso. O en todo caso, no m&aacute;s que a mis padres puritanos, que me inculcaron la absurda idea de que el matrimonio era sagrado, y de que una debe casarse con el primer hombre que la desflore. Aunque en el fondo, supongo que tanto Rub&eacute;n como mis padres, son v&iacute;ctimas, al igual que yo, de esta sociedad hip&oacute;crita.<\/p>\n<p>Con todas estas ideas nuevas empec&eacute; a encarar mi vida, m&aacute;s confundida y m&aacute;s segura a la vez.<\/p>\n<p>El jueves de la semana pasada me toc&oacute; estar en la oficina para organizar las citas de la semana siguiente del Dr. Mariano. &Eacute;l estaba reunido con unos clientes en Capital, as&iacute; que no se presentar&iacute;a en toda la tarde.<\/p>\n<p>Los doctores Ceballes y Aristimu&ntilde;o estaban en el estudio. El Dr. Aristimu&ntilde;o encerrado en su oficina con un cliente desde hac&iacute;a media hora. Yo iba de ac&aacute; para all&aacute; sacando fotocopias, y haciendo llamadas telef&oacute;nicas.<\/p>\n<p>&mdash;Andrea &iquest;Puede venir a mi oficina por favor? &mdash;Escuch&eacute; decir a la voz empalagosa del Dr. Ceballes.<\/p>\n<p>Fui, sin mucho humor, a ver al viejo. No s&oacute;lo ten&iacute;a la mala costumbre de mirarme el culo cada vez que pod&iacute;a, tambi&eacute;n aprovechaba de usarme como secretaria, aunque sab&iacute;a que yo trabajaba exclusivamente bajo las &oacute;rdenes del Dr. Mariano.<\/p>\n<p>&mdash;Hoy est&aacute; deslumbrante. &mdash; me dijo.<\/p>\n<p>Yo me hab&iacute;a prometido no regalarle ninguna sonrisa cuando me dec&iacute;a esas tonter&iacute;as, porque el imb&eacute;cil pod&iacute;a llegar a tomarlo como que yo ten&iacute;a onda con &eacute;l. Me qued&eacute; seria, y no dije absolutamente nada. Sin embargo, su sonrisa de baboso no desapareci&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Me har&iacute;a el favor de confeccionarme una c&eacute;dula para el caso Basualdo por favor.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, claro. &mdash;Contest&eacute;, a rega&ntilde;adientes.<\/p>\n<p>&mdash;Venga, h&aacute;gala ac&aacute;. &mdash;me dijo, se&ntilde;alando su silla.<\/p>\n<p>Se puso de pie. Rode&eacute; el escritorio y me acomod&eacute; en la silla. Sent&iacute; su perfume, el cual usaba en abundancia. Tecle&eacute; lo m&aacute;s r&aacute;pido que pude, quer&iacute;a salir de ah&iacute; adentro cuanto antes.<\/p>\n<p>&mdash;Andrea, creo que la noto un poco estresada &uacute;ltimamente &iquest;Tiene alg&uacute;n problema familiar?<\/p>\n<p>Pens&eacute; en mandarlo a la mierda, pero me mord&iacute; la lengua.<\/p>\n<p>&mdash;Como todo el mundo. &mdash;le contest&eacute;.<\/p>\n<p>Sus manos se posaron en mis hombros. Empez&oacute; a hacerme un masaje sin que yo se lo pidiera. Me puse a&uacute;n m&aacute;s tensa. El doctor Ceballes exhalaba como si el que sintiese el placer con esos masajes fuese &eacute;l mismo.<\/p>\n<p>&mdash;Sabe Andrea, voy a necesitar una asistente para el estudio nuevo que estoy armando, y pens&eacute; en usted.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Se va? &mdash; le pregunt&eacute;, con disimulada alegr&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;No no, de ninguna manera. Mi sociedad con el Dr. Mariano es muy s&oacute;lida. Pero voy a tomar casos penales, y como mi colega no gusta de trabajar en ese rubro, los casos que tome ir&aacute;n a ese nuevo estudio. &mdash;Explic&oacute;, sin dejar de tocarme. &mdash;Yo le podr&iacute;a asegurar trabajo a tiempo completo, y el doble de sueldo. &iquest;Qu&eacute; le parece?<\/p>\n<p>&mdash;Me parece interesante. &mdash;contest&eacute;.<\/p>\n<p>El doctor Ceballes exhal&oacute; por la nariz, m&aacute;s fuerte que antes. Sus manos se deslizaron por la blusa, y llegaron hasta mis senos.<\/p>\n<p>&mdash;Estoy seguro de que va a ser una excelente secretaria. &mdash;dijo, masajeando mis tetas.<\/p>\n<p>Me apoy&eacute; contra el respaldo. El viejo sab&iacute;a tocar, eso tengo que reconocerlo, mi cuerpo enseguida empez&oacute; a encenderse.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de deleitarse un rato con mis tetas, dej&oacute; de masajearme y apoy&oacute; su pelvis sobre mi brazo. Su insignificante verga se estaba endureciendo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Esta es su fantas&iacute;a Dr. Ceballes? &mdash;Pregunt&eacute;, mir&aacute;ndolo a los ojos. &mdash;&iquest;Qu&eacute; la secretaria se la chupe en la oficina?<\/p>\n<p>El doctor Ceballes se desabroch&oacute; el cinto y se baj&oacute; el cierre del pantal&oacute;n. Con un movimiento de su mano sac&oacute; su instrumento afuera. Su pantal&oacute;n cay&oacute; hasta los tobillos.<\/p>\n<p>&mdash;Creo que no le alcanzar&iacute;a con duplicarme el sueldo. Yo valgo m&aacute;s. Ya ver&aacute;. &mdash;dije. &Eacute;l ri&oacute;, divertido.<\/p>\n<p>Acarici&eacute; sus test&iacute;culos con mis dedos, con mucha ternura. Eran peque&ntilde;os y desiguales, y en el vello hab&iacute;a muchas canas. Lo mir&eacute; a los ojos. Quer&iacute;a ver su expresi&oacute;n cuando diera el siguiente paso. El doctor Ceballes me acarici&oacute; el pelo, y su rostro expres&oacute;, por adelantado, el placer que esperaba recibir.<\/p>\n<p>Entonces cerr&eacute; mi mano sobre los test&iacute;culos.<\/p>\n<p>Se sinti&oacute; blando. No los apret&eacute; con mucha fuerza, pero inmediatamente, el doctor Ceballes se retorci&oacute; de dolor. Sus rodillas se cerraron, sus manos, instintivamente cubrieron su entrepierna. Cay&oacute; al piso y larg&oacute; un gemido de dolor. Se notaba que hizo un esfuerzo inmenso para no gritar.<\/p>\n<p>&mdash;Nunca ser&iacute;a su puta. &mdash; dije &mdash;. Ni aunque me pague un mill&oacute;n de d&oacute;lares. Y si me vuelve a molestar lo acuso con el doctor Mariano, le pongo una denuncia, y le digo a su esposa las porquer&iacute;as que hace. Le juro que se va a arrepentir.<\/p>\n<p>Lo dej&eacute; en el piso, gimiendo de dolor.<\/p>\n<p>Cuando sal&iacute; de su oficina, me encontr&eacute; con el Dr. Aristimu&ntilde;o, quien acababa de despedir a su cliente.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Pas&oacute; algo? &mdash;Pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>Supongo que me not&oacute; alterada, o quiz&aacute; escuch&oacute; el gemido de su colega.<\/p>\n<p>&mdash;Pasa que no soy ninguna puta, y lo que le dije al idiota de su colega, tambi&eacute;n va para usted. Vaya y preg&uacute;ntele.<\/p>\n<p>Lo dej&eacute; con la boca abierta y me fui a mi casa.<\/p>\n<p>Nunca me hab&iacute;a sentido tan fuerte como en ese momento. Ni siquiera la posibilidad de perder el trabajo nublaba mi buen humor.<\/p>\n<p>Pero cuando llegu&eacute; a casa not&eacute; que Joaco estaba mal. Se lo ve&iacute;a muy serio. Hasta asustado.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Le pas&oacute; algo a tu pap&aacute;? &mdash;fue la primera pregunta que me vino a la cabeza.<\/p>\n<p>&mdash;No, nada que ver.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Entonces?<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te acord&aacute;s de Pitu?<\/p>\n<p>&iquest;Y c&oacute;mo me iba a olvidar de &eacute;l? Pens&eacute; para m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Tu compa&ntilde;ero? S&iacute;, claro que me acuerdo.<\/p>\n<p>&mdash;Est&aacute; en el hospital. &mdash; me dijo Joaqu&iacute;n.<\/p>\n<p>Sent&iacute; que en mi cabeza, todo empezaba a dar vueltas.<\/p>\n<p><strong>Joaqu&iacute;n<\/strong><\/p>\n<p>El ambiente en la escuela se sent&iacute;a muy tenso. Y el mi&eacute;rcoles, cuando los del turno tarde ten&iacute;an la clase de educaci&oacute;n f&iacute;sica, la cosa parec&iacute;a grave.<\/p>\n<p>Era recreo. Yo estaba en el corredor al lado del aula, con Agustina, y con Romina y D&eacute;bora, sus amigas. Hab&iacute;amos sacado unas cuantas sillas para charlar. Los dem&aacute;s estaban a unos metros. Todo tercera tercera estaba reunido. E incluso algunos de tercera segunda y tercera primera. Salvo Pitu, claro.<\/p>\n<p>Me hab&iacute;a enterado de que desde hac&iacute;a varios d&iacute;as estaba en su casa, y me sent&iacute; aliviado por eso. Record&eacute; lo preocupada que se hab&iacute;a sentido mam&aacute; cuando se enter&oacute; de lo que le hab&iacute;a pasado, y me dio gracia recordar que hasta hac&iacute;a solo unos meses lo hab&iacute;a cagado a pedos por golpearme. Pero su actitud, en definitiva, no era muy diferente a la m&iacute;a. Yo lo hab&iacute;a sentido como un enemigo desde el primer momento. Agresivo, mal hablado, desprolijo, altanero. Todo lo contrario a m&iacute;. Pero ahora nos llev&aacute;bamos bien. o como dir&iacute;a &eacute;l: Est&aacute; todo bien con el Pitu.<\/p>\n<p>Los del turno tarde estaban en el patio, acomod&aacute;ndose para empezar su clase. Turco y Mauri cruzaban miradas con Leo y los otros.<\/p>\n<p>&mdash;Tranquilo, esto siempre es as&iacute;. &mdash;Agustina me acarici&oacute; el pelo. Estaba sentada sobre mi regazo. Cuando me habl&oacute;, como que me trajo a la realidad de nuevo. Sent&iacute; sus nalgas sobre mi pierna y me cost&oacute; no excitarme. Pero igual pude controlarme. &mdash;Hay una pelea entre alguno de los chicos con los del otro turno, &mdash;sigui&oacute; explic&aacute;ndome &mdash;, se miran mal durante alg&uacute;n tiempo, y despu&eacute;s todo vuelve a la normalidad.<\/p>\n<p>&mdash;Me parece que ahora es diferente. Se fueron al carajo con lo de Pitu. Si yo no fuera tan cag&oacute;n estar&iacute;a buscando bronca con algunos de eso forros.<\/p>\n<p>&mdash;Ay mi amor que justiciero.<\/p>\n<p>&mdash;Y eso que Pitu te dio una paliza hace tiempo. &mdash;Coment&oacute; D&eacute;bora, una gordita chismosa.<\/p>\n<p>&mdash;Ay Debo, que mala onda. &mdash;dijo Romina, defendi&eacute;ndome.<\/p>\n<p>&mdash;No pasa nada, no me ofend&iacute;.<\/p>\n<p>Vimos llegar a la profe de matem&aacute;ticas y nos metimos al aula, aunque algunos de los chicos se quedaron afuera.<\/p>\n<p>Me sent&eacute; con Ram&oacute;n y Fabricio. Agustina se fue adelante a sentarse con sus amigas. Me gustaba que no estuviese encima de m&iacute; todo el tiempo, pero a veces me pregunto cu&aacute;nto me quiere realmente.<\/p>\n<p>De repente, en mitad de la clase, se escuch&oacute; un barullo afuera.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Quietos en sus asientos! &mdash;Orden&oacute; la profe, pero ninguno le hizo caso. Nos amontonamos en la ventana y vimos lo que suced&iacute;a en el patio.<\/p>\n<p>Cuatro o cinco chicos estaban enredados en tremenda pelea. Pude reconocer a los dos que me hab&iacute;an atacado en el ba&ntilde;o: Mauricio y el Turco, que no s&eacute; c&oacute;mo se llama realmente. Brian y el Polaco se insultaban con ellos. Dos profesores los separaban. Leo insultaba a los del otro turno desde un poco atr&aacute;s.<\/p>\n<p>Por lo visto, para muchos era normal ese tipo de cosas, pero yo no terminaba de acostumbrarme a ese salvajismo.<\/p>\n<p>Son&oacute; el timbre y sent&iacute; un sobresalto. Sal&iacute; de la escuela mirando para todas partes. Ten&iacute;a miedo. No me olvidaba que la bronca empez&oacute; cuando Pitu me defendi&oacute;. No me pod&iacute;a sacar de la cabeza la idea de que los del turno tarde me ten&iacute;an pica.<\/p>\n<p>Alguien me agarr&oacute; del brazo y pegu&eacute; un saltito del susto.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; te pasa?<\/p>\n<p>Era Agustina. Por primera vez sent&iacute; irritaci&oacute;n al verla. Pero trat&eacute; de calmarme, ella no ten&iacute;a la culpa de nada. Me di cuenta de que alguno de los chicos que sal&iacute;an de la escuela se hab&iacute;an dado cuenta de que me asust&oacute; una chica, y me miraban, ri&eacute;ndose. A m&iacute; tambi&eacute;n me dio gracia.<\/p>\n<p>&mdash;No pasa nada, estoy un poco nervioso.<\/p>\n<p>Abrac&eacute; a agustina por la cintura y camin&eacute; junto a ella.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Vamos a mi casa?<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;A &hellip;? &mdash;le pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;A estar solos un rato.<\/p>\n<p>Esa chica siempre me sorprend&iacute;a. Nunca me termin&oacute; de cerrar que la misma mina, tierna y hasta un poco t&iacute;mida, que conoc&iacute;a en la escuela, fuera la misma que me masturb&oacute; en el cine. Y la cosa se puso m&aacute;s rara cuando no volvimos a hacer nada parecido. Ella se dejaba tocar en casi todo el cuerpo, pero siempre con la ropa puesta. Las dos o tres veces que estuvimos a solas me tuve que conformar con eso. Parec&iacute;a que hab&iacute;a un punto que no quer&iacute;a cruzar. Y ahora me invitaba a su casa. &iquest;Se supon&iacute;a que estaba a punto de dejar de ser virgen? Era dif&iacute;cil saberlo. De todas formas acept&eacute;. Quer&iacute;a relajarme y pasar un buen rato. Y con Agustina siempre la pasaba bien. Era cari&ntilde;osa, sincera, y a su manera inteligente.<\/p>\n<p>Varias veces cre&iacute; estar enamorado, pero siempre idealizaba a las chicas que cre&iacute;a amar. Nunca las llegaba a conocer de verdad, por lo tanto, supongo que no era amor de verdad lo que sent&iacute;a. Pero ahora, por primera vez empezaba a querer y a desear a alguien por su forma de ser. Eso me gustaba y tambi&eacute;n me daba miedo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Quer&eacute;s tomar algo?<\/p>\n<p>La abrac&eacute;. Su pelo, un poco alborotado, ten&iacute;a un olor dulce. Le di un beso. Acarici&eacute; su cola. No era muy voluptuosa, pero ten&iacute;a una forma perfecta y se sent&iacute;a muy bien acariciarla. Nos sacamos los guardapolvos. Fuimos a su cuarto. Met&iacute; la mano adentro de su pantal&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Par&aacute;, eso no. &mdash; me dijo.<\/p>\n<p>Yo retir&eacute; mi mano de ah&iacute;. No quer&iacute;a hacerla sentir inc&oacute;moda. Aunque no pude evitar sentir cierta exasperaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Sentate. &mdash;me dijo.<\/p>\n<p>Me sent&eacute; en la cama, pensando que me quer&iacute;a decir algo.<\/p>\n<p>&mdash;Quiero darte algo, pero me ten&eacute;s que prometer que no me vas a pedir m&aacute;s que eso que te voy a dar. Promet&eacute;melo por favor.<\/p>\n<p>&mdash;A veces me confund&iacute;s Agus.<\/p>\n<p>&mdash;Promet&eacute;melo.<\/p>\n<p>&mdash;Est&aacute; bien, te lo prometo. &mdash;le dije.<\/p>\n<p>Agustina se par&oacute; frente a m&iacute; y se arrodill&oacute;. Me empez&oacute; a masturbar como la vez que fuimos al cine. Mi pija se sent&iacute;a muy bien al recibir esas caricias. Era incre&iacute;ble que una chica que se negaba a tener relaciones sexuales fuera tan genia con las manos.<\/p>\n<p>Me baj&oacute; el cierre del pantal&oacute;n. Mi pija salt&oacute; como un resorte cuando sinti&oacute; la mano sobre ella. Era la primera vez que me tocaban con las manos desnudas, y se sent&iacute;a demasiado bueno. Agustina me mir&oacute; con una cara de p&iacute;cara que me encant&oacute;., parec&iacute;a una nena haciendo una travesura.<\/p>\n<p>Y entonces me la chup&oacute;. No me esperaba eso. Mi cuerpo reaccion&oacute; al toque. Mi torso se fue para otras, mis ojos se cerraron, largu&eacute; un gemido entre dientes. Su lengua era como una babosa que recorr&iacute;a mi sexo. Se sent&iacute;a c&aacute;lido, y cuando masajeaba la cabeza, se sent&iacute;a muy intenso.<\/p>\n<p>Yo miraba su cabeza subir y bajar mientras me la mamaba. Su brazo, flexionado, parec&iacute;a sacar m&uacute;sculo mientras me pajeaba. Acarici&eacute; esa cabellera revoltosa que tanto me gustaba. Le corr&iacute; el mech&oacute;n de pelo que cubr&iacute;a su cara, para poder verla. Sus labios finos devoraban mi pija. Ella parec&iacute;a estar disfrut&aacute;ndolo tanto como yo.<\/p>\n<p>Creo que no dur&eacute; ni diez minutos.<\/p>\n<p>&mdash;Voy a acabar. &mdash;le avis&eacute;. Y como no pareci&oacute; haber escuchado, lo repet&iacute; &mdash;: Voy a acabar.<\/p>\n<p>Ella asinti&oacute; con la cabeza, como diciendo que ya estaba lista para recibir mi eyaculaci&oacute;n. Se sinti&oacute; como una explosi&oacute;n. Pero una explosi&oacute;n hermosa. Mi leche salt&oacute; y salpic&oacute; su cara. Algunas gotas cayeron adentro de su boca, y otras quedaron pegadas a su piel. Nunca hab&iacute;a visto nada tan hermoso como la cara de Agustina ba&ntilde;ada en leche.<\/p>\n<p>Se limpi&oacute; con papel. La abrac&eacute;, como si se lo estuviera agradeciendo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Me vas a decir por qu&eacute; no te anim&aacute;s a hacer algo m&aacute;s? &mdash;le pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Hoy no. &mdash; me respondi&oacute;.<\/p>\n<p>La abrac&eacute; m&aacute;s fuerte. Empezaba a sospechar el motivo por el que se negaba a coger, y me dieron unas ganas tremendas de cuidarla y de protegerla de todo.<\/p>\n<p>Creo que me estoy enamorando.<\/p>\n<p><strong>Pitu<\/strong><\/p>\n<p>&mdash;Eh pitu hay una se&ntilde;ora que te busca. &mdash;me dijo el Esteban.<\/p>\n<p>Yo estaba en la cama. Eran como las cuatro de la tarde, pero desde la paliza que duermo a cualquier hora.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;La hago pasar ac&aacute;? &mdash;me pregunt&oacute; el boludo del Esteban.<\/p>\n<p>&mdash;Ac&aacute; no salame, &iquest;no ves el desastre que es este cuarto?<\/p>\n<p>&mdash;Eh bueno, h&aacute;blame bien gil. &mdash; me dijo.<\/p>\n<p>&mdash;Eh bueno, dale, decile que me espere abajo.<\/p>\n<p>No sab&iacute;a qui&eacute;n era, pero esperaba que fuera ella.<\/p>\n<p>&mdash;Mi hijo no pudo traerte los apuntes de la clase que te perdiste, as&iacute; que te los traje yo.<\/p>\n<p>La que habl&oacute; era una mina infernal de pelo negro. Sus ojos, zarpados en azules me miraban, corte, seguime la corriente. Llevaba una pollerita blanca con rayitas negras, bien ajustadita, y una camisa blanca. Tremenda perra hermosa esta Andrea.<\/p>\n<p>El Esteban la miraba de arriba abajo, rasc&aacute;ndose la cara y con los ojos como huevos. Me parece que nunca vio un cami&oacute;n as&iacute;, excepto en la tele. La vieja estaba en capital limpiando unas oficinas, as&iacute; que me lo ten&iacute;a que sacar de encima a mi hermanito y listo.<\/p>\n<p>&mdash;Eh Este. &iquest;Por qu&eacute; no vas a comprar la comida para lo noche? Ah&iacute; mam&aacute; dej&oacute; la plata. Y despu&eacute;s pas&aacute; por lo de don Ricardo para preguntarle cu&aacute;ndo va a estar mi bici.<\/p>\n<p>&mdash;Eh yo no soy tu mulo eh. &mdash;se quej&oacute; el pibe.<\/p>\n<p>Lo quiero mucho, encima, desde que me cagaron a pi&ntilde;as se lo notaba re preocupado y re caliente, corte, que quer&iacute;a matar al que me peg&oacute;. Pero en ese momento lo quise matar yo.<\/p>\n<p>&mdash;Dale Wach&iacute;n, despu&eacute;s me pago unas birras.<\/p>\n<p>El bobo la mir&oacute; a la Andrea, como d&aacute;ndose cuenta de que me quer&iacute;a quedar s&oacute;lo con ella.<\/p>\n<p>&mdash;Es mucho para vos, gil. &mdash;me dijo, y se fue cag&aacute;ndose de risa.<\/p>\n<p>Al toque que se fue la agarr&eacute; de la cintura. Que finita era esa cinturita, por favor.<\/p>\n<p>&mdash;No sab&eacute;s c&oacute;mo te extra&ntilde;&eacute; mamita. &mdash; le dije.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;nto va a tardar tu hermano? &mdash; me pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;C&oacute;mo quince minutos. &mdash; Empec&eacute; a desabrocharle los botones de la camisa &mdash;Seguro que piensa que te quiero chamuyar, pero que ni en pedo me vas a dar bola, as&iacute; que m&aacute;s que eso no va a tardar.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; me vas a hacer en quince minutos?<\/p>\n<p>&mdash;Ven&iacute;a para ac&aacute;.<\/p>\n<p>La llev&eacute; hasta el fondo, donde estaba el patio. Como hab&iacute;a un pared&oacute;n grande, nadie nos pod&iacute;a ver, adem&aacute;s as&iacute; ten&iacute;amos tiempo si escuch&aacute;bamos que mi hermano volv&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;Es una locura esto.<\/p>\n<p>&mdash;Aguante la locura entonces.<\/p>\n<p>Andrea se apoy&oacute; sobre una pileta de cemento que la vieja usa para lavar ropa. Dobl&oacute; una pierna y sac&oacute; cola.<\/p>\n<p>&mdash;Dale, cogeme, pendejo.<\/p>\n<p>La agarr&eacute; por detr&aacute;s, de la cadera, y le empec&eacute; a levantar la pollerita.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no me visitaste antes? &mdash;le pregunt&eacute;. Me la quer&iacute;a coger, pero tambi&eacute;n le quer&iacute;a hablar, y solamente ten&iacute;amos quince minutos.<\/p>\n<p>&mdash;No me anim&eacute;. &mdash;me dijo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y ahora por qu&eacute; viniste? &mdash;le acarici&eacute; el orto, y le baj&eacute; la hermosa tanguita blanca que ten&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;Necesitaba verte.<\/p>\n<p>&mdash;Necesitabas que te coja. Y bueno, ac&aacute; ten&eacute;s lo que quer&eacute;s.<\/p>\n<p>Saqu&eacute; mi verga. Me acomod&eacute;. Cuando me aviv&eacute; de que esta vez tampoco hab&iacute;a agarrado preservativo, estuve a punto de correr al cuarto a buscar, pero la mina estaba tan caliente que no me dijo nada, as&iacute; que me aprovech&eacute;. Le di una nalgada. Me re pon&iacute;a al palo esa mina. Y saber que fue a buscarme, habiendo podido cogerse al tipo que quisiera, me hac&iacute;a sentir zarpado de bien.<\/p>\n<p>Me agarr&eacute; de su cintura y se la mand&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te gusta mi pija?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute; Pitu.<\/p>\n<p>&mdash;Decilo.<\/p>\n<p>&mdash;Me gusta tu pija, me encanta tu pija, pendejo morboso.<\/p>\n<p>Se la met&iacute; con m&aacute;s fuerza. Su conchita estaba toda mojada, y su fluido se chorreaba sobre mi verga. Dio vuelta su cara, y le com&iacute; la boca mientras se la mandaba.<\/p>\n<p>Andrea empez&oacute; a gemir cada vez m&aacute;s fuerte. No s&eacute; si los vecinos la habr&aacute;n escuchado, pero en ese momento a ni uno de los dos nos import&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Esto es una locura. &mdash;dec&iacute;a, de repente.<\/p>\n<p>Pero ya est&aacute;bamos metidos hasta las narices en esa locura.<\/p>\n<p>En un momento par&eacute; de cog&eacute;rmela y me arrodille para chuparle el culo. No quer&iacute;a que se vaya sin sentir esas nalgas y ese agujerito delicioso en mi lengua. Lo sabore&eacute; como si estuviese muerto de hambre. Le mord&iacute; un cachete de la cola. Ella peg&oacute; un gritito. Me par&eacute; y se la mand&eacute; de nuevo.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, dame tu pija por favor.<\/p>\n<p>Escuchar esas palabras salir de su boquita fue demasiado hermoso.<\/p>\n<p>La penetr&eacute; de nuevo, y ella empez&oacute; a gemir y a retorcerse en mis manos. La voz de trolita que largaba me encantaba. Le met&iacute; dos dedos en la boca, como ella hab&iacute;a hecho conmigo la primera vez que estuvimos, y Andrea los chup&oacute; todos, dej&aacute;ndome su rica saliva en mi piel. Despu&eacute;s me chup&eacute; los mismos dedos y me tragu&eacute; toda su saliva.<\/p>\n<p>Mientras me la cog&iacute;a, le manoseaba el orto. La pollerita bailaba al ritmo de mis manos. Andrea me miraba. De sus ojitos sal&iacute;an algunas l&aacute;grimas. A veces, el placer tambi&eacute;n es sufrimiento, pens&eacute;.<\/p>\n<p>Ella grit&oacute;, y tir&oacute; su culo para atr&aacute;s. Larg&oacute; un gemido bien largo. Hab&iacute;a acabado, y mi verga sent&iacute;a la bocha de fluido que hab&iacute;a largado.<\/p>\n<p>Saqu&eacute; mi verga y me empec&eacute; a masturbar. Yo tampoco aguantaba m&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;No me maches la pollera por favor.<\/p>\n<p>Se la levant&eacute; con una mano, mientras que con la otra me segu&iacute;a pajeando. Sent&iacute; que lo que se ven&iacute;a era mucho semen. A veces me pasaba, cuando no me pajeaba tanto como otras veces, o cuando pasaba varias semanas sin coger.<\/p>\n<p>Sent&iacute; que un fuego caliente pero rico me quemaba la pija. Primero sali&oacute; un chorro que dio en sus nalgas. Despu&eacute;s otro que largu&eacute; en su pierna. Y otro m&aacute;s es un precioso culo.<\/p>\n<p>Andrea qued&oacute; re agitada, apoyada sobre la pileta de cemento. Manten&iacute;a su poller&iacute;a levantada, mientras yo iba adentro a buscar papel para limpiarla.<\/p>\n<p>Cuando volv&iacute;, la leche se resbalaba por su piel.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; buena que est&aacute;s. &mdash;le dije.<\/p>\n<p>La limpi&eacute;, aprovechando para manosearla de nuevo. Le puse la tanguita y le acomod&eacute; la pollera.<\/p>\n<p>&mdash;Esto no pude terminar bien. Salvo que la cortemos ac&aacute;. Todav&iacute;a estamos a tiempo. &mdash;me dijo de repente.<\/p>\n<p>Yo la abrac&eacute;, corte novios.<\/p>\n<p>&mdash;Ni loco. Yo te voy a querer coger siempre.<\/p>\n<p>&mdash;Esto es una locura. &mdash;dijo.<\/p>\n<p>&mdash;Entonces seamos locos.<\/p>\n<p>Al ratito escuchamos el port&oacute;n de enfrente abrirse. Fuimos r&aacute;pido para la parte de la cocina.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, espero que pronto vuelvas a la escuela, Joaqu&iacute;n te manda saludos. &mdash;Dijo la Andrea, haci&eacute;ndose la boluda, cuando entraba Esteban.<\/p>\n<p>Me dio un beso y se fue.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y Pitu? &iquest;te la levantaste? &mdash;Me pregunt&oacute; mi hermano.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, no sab&eacute;s, me la acabo de coger en el lavadero.<\/p>\n<p>&mdash;Segu&iacute; so&ntilde;ando. Los golpes te hicieron mal. &mdash;me dijo el wach&iacute;n. Y se empez&oacute; a cagar de risa de m&iacute;.<\/p>\n<p><u>Cap&iacute;tulo 6<\/u><\/p>\n<p><strong>Pitu<\/strong><\/p>\n<p>Verla de nuevo, cog&eacute;rmela, sentir su olorcito mientras se la met&iacute;a por atr&aacute;s, raspando con mis pendejos su cola suave, todo eso me volvi&oacute; a la vida. Y la fantas&iacute;a de volverla a ver, y de hacerla mi mujer, me convert&iacute;an en un pelotudo feliz.<\/p>\n<p>El jueves fui al m&eacute;dico, y como esperaba, el tordo me dio de alta. Se me hab&iacute;a acabado la joda. Ten&iacute;a que volver al cole, para cursar el &uacute;ltimo mes de la secundaria. Ten&iacute;a que aguantar s&oacute;lo eso y ya ser&iacute;a libre. Despu&eacute;s a buscar un laburo piola con el t&iacute;o Omar, y a seguir cogi&eacute;ndome a la mami de Joaqu&iacute;n. Ya estaba hecho un se&ntilde;or casi jaja.<\/p>\n<p>El viernes ten&iacute;a que volver a la escuela, pero me hice la rata. Ten&iacute;a cosas que hacer, adem&aacute;s, por un d&iacute;a m&aacute;s que faltaba, a qui&eacute;n le importaba.<\/p>\n<p>Se me ocurri&oacute; llamarlos al Brian, al leo y al Polaco para que me hagan el aguante, pero despu&eacute;s quer&iacute;a pasar por la casa de la Andrea, aprovechando que el hijito estaba en la escuela, as&iacute; que me las arregl&eacute; s&oacute;lo.<\/p>\n<p>A eso de las diez me fui para el lado de la escuela, sabiendo que los del turno tarde terminaban a esa hora la clase de educaci&oacute;n f&iacute;sica. Me qued&eacute; esperando en una esquina. Trat&eacute; de no pensar en la paliza que me hab&iacute;an dado, porque me daba una bronca y una verg&uuml;enza terrible. Al retito veo salir a un grupito de logis con ropa de gimnasia. Entre ellos estaban el Mauri y el Turco. Los otros wachos del turno tarde no se la bancaban. Los que sab&iacute;an pelear, a parte de esos dos logis, no estaban.<\/p>\n<p>Los cagones se cruzaron de calle, haciendo de cuenta que no me hab&iacute;an visto. Yo me cruc&eacute; de vereda y me puse frente a ellos.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; onda Pitu? &mdash; me dijo el gordo Mauri. &iexcl;Qu&eacute; gordo hijo de puta! Pensaba para m&iacute;.<\/p>\n<p>Ese forro no merec&iacute;a que le conteste, pero quer&iacute;a sacarle informaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n era el hijo de puta que estaba con ustedes el otro d&iacute;a?<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;El que te cag&oacute; a pi&ntilde;as? &mdash;dijo el atrevido. Se estaba pasando de la raya.<\/p>\n<p>&mdash;Eh Mauri, ya fue. &mdash;dijo el Turco, que por lo visto no quer&iacute;a bardo.<\/p>\n<p>&mdash;Vos cerr&aacute; el orto. &mdash;le dijo a su amigo.<\/p>\n<p>Me gust&oacute; que no estuvieran de acuerdo. El Turco siempre me tuvo miedo. Y el Mauri era un boludo que pensaba que, porque pod&iacute;a darle palizas a los wachines, iba a poder conmigo. Se cre&iacute;a m&aacute;s de lo que era, ese era su problema.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n era ese hijo de puta? &mdash;pregunt&eacute;, ahora habl&aacute;ndole al Turco.<\/p>\n<p>&mdash;Eh Pitu, ese es un conocido del Mauri, de all&aacute; de Laferrere. Le dicen El Pantera.<\/p>\n<p>&mdash;As&iacute; que de Lafe&hellip;<\/p>\n<p>Lo mir&eacute; al gordo Mauri. Se hac&iacute;a el malo, pero se notaba que no quer&iacute;a pelear. Si hubiese querido pelear ya me estar&iacute;a apurando.<\/p>\n<p>&mdash;Esa vuelta estaba ranchando con nosotros y otros pibes&mdash;. Coment&oacute; el Turco &mdash; El Mauri le hab&iacute;a contado de la vuelta que casi se agarran en el ba&ntilde;o de la escuela&hellip; nosotros no quer&iacute;amos pelear Pitu, si est&aacute; todo bien con vos.<\/p>\n<p>El mauri me miraba desafiante mientras su amigo hablaba, pero no negaba nada. Ya le estaba sacando la ficha a ese Pantera. No era ning&uacute;n justiciero, ni nada. Ni si quiera era amigo de los de la tarde. El chab&oacute;n quer&iacute;a una excusa para armar quilombo con alguien, y justo aparec&iacute; yo despu&eacute;s de que el Mauri le contara eso.<\/p>\n<p>&mdash;Adem&aacute;s fuimos nosotros los que te defendimos cuando no paraba de pegarte en el piso. &iquest;No cierto Mauri?<\/p>\n<p>El gordo dijo que s&iacute; con la cabeza.<\/p>\n<p>&mdash;Hasta nos terminamos peleando con el pantera. &mdash;sigui&oacute; hablando el Turco.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y quien es ese pantera?<\/p>\n<p>&mdash;Ya fue Pitu, ya fue. &mdash;dijo el Mauri. Ah&iacute; me di cuenta de que le ten&iacute;a un miedo b&aacute;rbaro a ese Pantera.<\/p>\n<p>&mdash;Vende merca el pantera. Ya estuvo preso un tiempo. Es mejor que no te metas con ese. &mdash; me dijo el Turco.<\/p>\n<p>&mdash;Me chupa un huevo que se crea el mas poronga del mundo. A mi nadie me pega. Y ustedes agradezcan que no los cago bien a palos ac&aacute;.<\/p>\n<p>Quer&iacute;a que el gordo Mauri se enoje. El chab&oacute;n se la banca. Entre los dos me hubiesen hecho frente tranquilamente, pero el Turco no quer&iacute;a saber nada con agarrarse a pi&ntilde;as, y el Mauri s&oacute;lo me miraba feo esperando a que yo empiece el bardo.<\/p>\n<p>La dej&eacute; ah&iacute; nom&aacute;s. Ya sab&iacute;a suficiente. Ya me desquitar&iacute;a con el tal Pantera. Fui a lo de Andrea. Ten&iacute;a un par de horas de ventaja hasta que cayera el Joaco. Alg&uacute;n d&iacute;a la tendr&iacute;a una noche completa para m&iacute;, pero por ahora me ten&iacute;a que conformar con eso.<\/p>\n<p><strong>Andrea<\/strong><\/p>\n<p>Lo hab&iacute;a llamado el jueves a la tarde. No me pude contener. Me atendi&oacute; su mam&aacute;. Me mor&iacute; de verg&uuml;enza. Invent&eacute; que era la secretaria de la escuela, que quer&iacute;a saber cu&aacute;ndo volv&iacute;a a tomar clases. Me pas&oacute; con &eacute;l. Me cont&oacute; que ya le dieron de alta. Me pregunt&oacute; qu&eacute; ropa vest&iacute;a. Qu&eacute; ropa interior ten&iacute;a puesta. Le contest&eacute;, para complacerlo, y descubr&iacute; que yo tambi&eacute;n disfrutaba del morbo. Me asegur&oacute; que apenas escuch&oacute; mi voz, tuvo una erecci&oacute;n, y que, mientras me hablaba, se estaba tocando. Yo dej&eacute; deslizar que el viernes Rub&eacute;n estar&iacute;a trabajando. Desde hac&iacute;a unos d&iacute;as hab&iacute;a comenzado a cubrir el turno ma&ntilde;ana, para reemplazar a un compa&ntilde;ero que se hab&iacute;a tomado vacaciones.<\/p>\n<p>Supongo que, en el fondo, se lo dije porque quer&iacute;a verlo. Pero no imaginaba que faltar&iacute;a a clases para venir a verme.<\/p>\n<p>El viernes Rub&eacute;n se qued&oacute; dormido y sali&oacute; tarde al trabajo.<\/p>\n<p>A las diez y pico lleg&oacute; Pitu.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; hac&eacute;s ac&aacute; pendejo. &mdash;le dije, disimulando lo contenta que estaba.<\/p>\n<p>A esa hora suele haber movimiento por el barrio. Gente que va a hacer las compras, vecinos que arreglan la vereda, u otras cosas. Me di cuenta de que hab&iacute;a al menos dos o tres vecinos que pod&iacute;an notar la presencia de Pitu. Lo mejor era actuar natural, que mi lenguaje corporal no me delate.<\/p>\n<p>&mdash;Gracias por venir a ayudarme. mi hijo siempre se escapa cuando hay que hacer trabajos pesados. &mdash;dije, para que escuche quien quisiera escuchar.<\/p>\n<p>Pitu puso cara de no entender nada, pero cuando le abr&iacute; el port&oacute;n entr&oacute; sin dudarlo.<\/p>\n<p>Apenas entramos me empez&oacute; a pellizcar la cola. Yo me hab&iacute;a puesto un pantal&oacute;n de jean muy ajustado. Me abraz&oacute; y me dio un beso apasionado. El sabor de sus labios y de su lengua ya me resultaban familiar. Parec&iacute;a que estuve con &eacute;l muchas veces.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; linda que est&aacute;s. &mdash; me dijo. Su sexo duro se apoyaba en mi cadera. Me acarici&oacute; la cara, y me mir&oacute; a los ojos. Su expresi&oacute;n de enamorado me dio miedo, pero sus manos tocando mis senos me volv&iacute;an loca.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; hac&eacute;s ac&aacute;? &mdash;le pregunt&eacute;. &mdash;&iquest;No era que hoy volv&iacute;as a la escuela?<\/p>\n<p>&mdash;Vuelvo el lunes. &mdash; me dijo.<\/p>\n<p>Me re&iacute; como una chiquilla traviesa. Fuimos al comedor. Me sent&eacute; en una de las sillas que rodeaban la mesa. &Eacute;l se par&oacute; frente a m&iacute;. Acarici&eacute; su verga. Me encantaba sentir su grosor a trav&eacute;s del pantal&oacute;n. Baj&eacute; el cierre. Pitu me corri&oacute; el pelo de la cara. Los pantalones cayeron hasta los tobillos. Se baj&oacute; el b&oacute;xer. Su instrumento se erig&iacute;a sobre un bosque de pelo oscuro.<\/p>\n<p>Se lo masaje&eacute; con dulzura, sin dejar de mirar sus ojos marrones repletos de lujuria. Un vello hab&iacute;a quedado enredado en su glande.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; cochino. &mdash; le dije. &mdash;C&oacute;mo se te ocurre que me voy a llevar esto a la boca.<\/p>\n<p>Quit&eacute; el vello con las u&ntilde;as. Pitu se estremeci&oacute; al sentir el leve pinchazo que le clav&eacute; a prop&oacute;sito, pero simul&oacute; no haberlo sentido.<\/p>\n<p>Muchas veces, durante el d&iacute;a, pero m&aacute;s a&uacute;n, durante las noches, me rompo la cabeza pensando a d&oacute;nde iba a llegar esa relaci&oacute;n que a todas luces parece tener como final el fracaso. Me deshago las neuronas pensando cu&aacute;l era el mejor lugar para llevar a cabo mis traiciones, sabiendo que, ciertamente, mi propia casa era el peor de los lugares que pod&iacute;a elegir. Me preguntaba si realmente era posible que Rub&eacute;n no se percatara de nada. Me hac&iacute;a la cabeza pensando en eso y en mil cosas m&aacute;s.<\/p>\n<p>Pero en ese momento, teniendo el sexo de Pitu en mis narices, no pude pensar en otra cosa que en llev&aacute;rmelo a la boca. Acarici&eacute; sus test&iacute;culos, sintiendo el frondoso vello &aacute;spero en mis dedos. Me inclin&eacute;. &Eacute;l hizo un movimiento p&eacute;lvico hacia adelante. La verga, con olor intenso y potencia juvenil entr&oacute; en mi boca.<\/p>\n<p>Pitu se las arreglaba para acariciarme las tetas mientras se la mamaba. Yo sent&iacute;a sus erguidas nalgas en mis manos. Era la primera vez que acariciaba el culo de un hombre, y se sent&iacute;a muy bien.<\/p>\n<p>Entonces escuch&eacute; el port&oacute;n abrirse.<\/p>\n<p>Pitu se levant&oacute; el b&oacute;xer y el pantal&oacute;n. Yo me limpi&eacute; la boca con la mano, m&aacute;s por un gesto instintivo que por otra cosa, ya que faltaba mucho para que Pitu acabe.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n es? &mdash;Pregunt&oacute; Pitu. Se lo notaba nervioso.<\/p>\n<p>&mdash;Ser&aacute; Joaco que sali&oacute; antes del colegio.<\/p>\n<p>Fui hasta la entrada a interceptar a mi hijo. Necesitaba con urgencia una excusa. Lo de que Pitu ven&iacute;a a ayudarme a hacer una tarea pesada, serv&iacute;a para alg&uacute;n vecino chismoso, pero Joaqu&iacute;n no se lo tragar&iacute;a.<\/p>\n<p>Estaba agitada, y el calor se hab&iacute;a subido a mi cara. Ten&iacute;a que tranquilizarme y disimular, pero no contaba con tiempo suficiente para ello.<\/p>\n<p>&mdash;Hola.<\/p>\n<p>Me sorprend&iacute;. El que hab&iacute;a llegado no era mi hijo, sino Rub&eacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Mi amor &iquest;Pas&oacute; algo?<\/p>\n<p>&mdash;Como llegu&eacute; tarde me dijeron que vuelva a casa, que como no avis&eacute; que estaba en camino ya hab&iacute;an buscado un reemplazo.<\/p>\n<p>&mdash;Ay no me digas que te van a suspender por eso.<\/p>\n<p>&mdash;No creo, a lo sumo un apercibimiento. &mdash;dijo. La voz le sal&iacute;a rasposa.<\/p>\n<p>&mdash;Sab&eacute;s, vino Pitu, el compa&ntilde;ero de Joaqu&iacute;n a&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Sab&eacute;s qu&eacute;, voy a aprovechar para dormir unas horas. &mdash;me dijo, y sin prestarme m&aacute;s atenci&oacute;n, se fue al cuarto.<\/p>\n<p>No pude evitar sentir l&aacute;stima por Rub&eacute;n. Cada d&iacute;a estaba un poco m&aacute;s apagado. Cada vez las cosas parec&iacute;an importarle menos. Su actitud ap&aacute;tica se trasladaba a todos a los &oacute;rdenes de la vida. No era solo conmigo.<\/p>\n<p>Dos brazos rodearon mi cintura. Pitu me dio un beso en la mejilla.<\/p>\n<p>&mdash;No Pitu, ahora no.<\/p>\n<p>&mdash;Tranqui, ni siquiera entendi&oacute; que yo estoy ac&aacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Igual, as&iacute; no quiero.<\/p>\n<p>Sus manos se deslizaron hacia mis caderas. Sus labios bajaron hasta mi cuello.<\/p>\n<p>&mdash;Esto est&aacute; mal. &mdash;susurr&eacute;.<\/p>\n<p>Su respiraci&oacute;n me hizo cosquilla. Su lengua estaba dejando un rastro de saliva en mi cuello. Sus dedos se cerraron sobre mis gl&uacute;teos. Volvimos a la cocina.<\/p>\n<p>Pitu se baj&oacute; el pantal&oacute;n. Su verga salt&oacute; como resorte. Me pregunt&eacute; qu&eacute; pasar&iacute;a si Rub&eacute;n bajaba y nos ve&iacute;a. Por primera vez, ese escenario no me horroriz&oacute;. Quiz&aacute; fuera lo mejor, pens&eacute;. Tal vez un golpe de realidad lo haga volver en s&iacute;.<\/p>\n<p>Continu&eacute; con lo que hab&iacute;a empezado. Le hice un oral en el comedor de casa.<\/p>\n<p>&mdash;Eso mi putita, eso. &mdash;susurraba Pitu mientras me la hac&iacute;a tragar.<\/p>\n<p>Acarici&eacute; sus pectorales, por debajo de su remera. Lo rasgu&ntilde;&eacute;, no muy fuerte, pero lo suficiente para dejarle una marca. Si se le ocurr&iacute;a coger con alguna de las pendejas de la escuela, ella ver&iacute;a que ya tiene due&ntilde;o.<\/p>\n<p>El l&iacute;quido &aacute;cido y dulz&oacute;n se eyect&oacute; en mi garganta. Lo sabore&eacute; y despu&eacute;s se lo tragu&eacute; todo.<\/p>\n<p>&mdash;Todav&iacute;a tenemos tiempo. &mdash; me dijo.<\/p>\n<p>Me quit&oacute; el pantal&oacute;n. Me baj&oacute; la tanga.<\/p>\n<p>&mdash;Esta me la llevo de recuerdo. &mdash;dijo, guard&aacute;ndose mi ropa interior en el bolcillo de su pantal&oacute;n.<\/p>\n<p>No me opuse en absoluto. De hecho, me gust&oacute; que se la quedara. Me agrad&oacute; imaginarlo, aferrada a ella, mientras me recordaba y se masturbaba.<\/p>\n<p>Me quit&eacute; la remera y el corpi&ntilde;o, quedando completamente desnuda. Si ten&iacute;amos otra interrupci&oacute;n, no tendr&iacute;amos tiempo de vestirnos. A lo sumo podr&iacute;amos agarrar nuestras prendas y huir hacia el fondo. La situaci&oacute;n, totalmente riesgosa, me produc&iacute;a una adrenalina adictiva.<\/p>\n<p>Pitu me abraz&oacute;. Me agarr&oacute; con ambas manos de las nalgas, y me levant&oacute;, para luego hacerme sentar sobre la mesa. Mi culo desnudo qued&oacute; ah&iacute;, donde normalmente se sienta mi hijo.<\/p>\n<p>Pitu se puso un preservativo y se acerc&oacute;. Yo abr&iacute; las piernas. Mi sexo, como de costumbre, ya estaba empapado.<\/p>\n<p>Me agarr&oacute; de las tetas, casi con violencia, y sin soltarlas, me penetr&oacute; una y otra vez.<\/p>\n<p>Intent&eacute; reprimir los gemidos, pero s&oacute;lo logr&eacute; hacerlo durante algunos segundos. Luego fue imposible. La verga gorda se met&iacute;a en m&iacute;, y mi sexo, demasiado apretado para semejante instrumento, reaccionaba con deleite al sentirlo.<\/p>\n<p>Me met&iacute; algunos dedos en la boca, y los mord&iacute;, suprimiendo as&iacute; los ruidos que se agolpaban en mi garganta. Mi mano se llen&oacute; enseguida de saliva que se ca&iacute;a sobre las manos de Pitu, las cuales, caprichosamente, segu&iacute;an masajeando mis senos.<\/p>\n<p>Cuando sent&iacute; que ya ven&iacute;a el orgasmo, lo abrac&eacute;. Rasgu&ntilde;&eacute; su espalda, y enterr&eacute; mis dientes en su hombro, mientras mi cuerpo se retorc&iacute;a sobre la mesa, y mis fluidos sal&iacute;an en abundancia.<\/p>\n<p>Pitu se sac&oacute; el preservativo y comenz&oacute; a masturbarse. Su cara se transform&oacute; cuando ya no pudo m&aacute;s. Su semen ba&ntilde;&oacute; mis pechos y mi pierna.<\/p>\n<p>Agarr&eacute; una hoja de rollo de cocina que estaba sobre la mesa y me limpi&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Andate por favor. &mdash; le rogu&eacute;.<\/p>\n<p>Ahora que estaba satisfecha, la cordura volv&iacute;a a m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;ndo nos volvemos a ver?<\/p>\n<p>&mdash;No somos novios. &mdash;le dije. Not&eacute; que fui muy brusca y lo hab&iacute;a herido, as&iacute; que agregu&eacute;. &mdash;No es f&aacute;cil vernos. Y esto que hicimos hoy no se puede repetir. Pero te prometo que nos vamos a volver a ver.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;ndo? &mdash; me pregunt&oacute;, mientras terminaba de vestirse.<\/p>\n<p>&mdash;Pronto, te lo prometo. Pero vos ten&eacute;s que prometerme que no vas a volver a aparecerte as&iacute;. Y Pitu, una cosa m&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute;.<\/p>\n<p>Lo abrac&eacute; y le di un beso en la boca.<\/p>\n<p>&mdash;Me encanta estar con vos.<\/p>\n<p><strong>Joaqu&iacute;n<\/strong><\/p>\n<p>&mdash;Es muy loco pensar que una etapa tan importante de mi vida est&aacute; llegando a su fin. Un mes m&aacute;s y chau escuela. &mdash; dije. Hab&iacute;amos salido de la escuela, y con Agustina camin&aacute;bamos unas cuadras, como de costumbre. Yo estaba a la expectativa de si me invitaba nuevamente a su casa, pero estaba algo arisca. Cuando la agarr&eacute; de la mano, se solt&oacute;. No le pregunt&eacute; por qu&eacute; lo hizo. Hice de cuenta que no me molest&oacute; y segu&iacute; hablando. &mdash;No tengo idea de qu&eacute; voy a estudiar despu&eacute;s, pero ya decid&iacute; tomarme un a&ntilde;o para pensarlo. Seguramente me buscar&eacute; un trabajo de medio tiempo o algo as&iacute;&hellip; &iquest;Y vos?<\/p>\n<p>&mdash;Joaqu&iacute;n&hellip;&mdash; dijo ella. Me dio miedo que me llamara as&iacute;. Ella siempre me dice Joaco. Solo me llam&oacute; as&iacute; las pocas veces que se sinti&oacute; molesta conmigo.<\/p>\n<p>&mdash;Si mi amor.<\/p>\n<p>Paramos en una esquina. Agustina ten&iacute;a la cabeza gacha.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; pasa Agus? &mdash;la agarr&eacute; del ment&oacute;n e hice que levantara la cabeza.<\/p>\n<p>Sus ojos estaban brillosos, a punto de llorar. La abras&eacute;, sin siquiera pensarlo, fue un instinto protector que surgi&oacute; espont&aacute;neamente.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Alguien te hizo algo?<\/p>\n<p>&mdash;Joaco, yo te quiero.<\/p>\n<p>&mdash;Yo tambi&eacute;n Agus. &mdash;le asegur&eacute;. Su cuerpo temblaba.<\/p>\n<p>&mdash;Yo te quiero, pero no puedo estar m&aacute;s con vos.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;? &iquest;Qu&eacute; est&aacute;s diciendo? Si nosotros nos llevamos rebien y nos queremos, &iquest;de qu&eacute; est&aacute;s hablando? &mdash;Pregunt&eacute;, sin poder asimilar lo que me acababa de decir.<\/p>\n<p>&mdash;Pero no alcanza con que nos queramos. Vos sos inteligente, y seguro lo entend&eacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Me est&aacute;s hablando en serio? &mdash;dije. No ca&iacute;a en lo que estaba escuchando. Aunque suene agrandado, s&eacute; que ella me quer&iacute;a igual que yo a ella. Siempre me buscaba con la mirada. Disfrut&aacute;bamos del tiempo que pas&aacute;bamos juntos, y ella aseguraba que no sal&iacute;a con nadie m&aacute;s a parte de m&iacute;.<\/p>\n<p>Cuando me di cuenta de la determinaci&oacute;n de sus palabras, me sent&iacute; terriblemente triste. Por primera vez sent&iacute; en mi propio cuerpo lo que supuse que sent&iacute;a mi pap&aacute; desde hac&iacute;a tanto tiempo. La soledad absoluta.<\/p>\n<p>&mdash;Pero &iquest;Por qu&eacute;? Decime por qu&eacute;. Qu&eacute; pas&oacute;. Qu&eacute; hice mal. &mdash;exig&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Vos no hiciste nada malo. Vos sos un amor. El problema soy yo.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;No me vengas con esas boludeces! &mdash;grit&eacute;, indignado.<\/p>\n<p>&mdash;No son boludeces. Joaco, hay cosas que no sab&eacute;s de m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; cosas? &mdash;ella baj&oacute; la vista. &mdash;Mirame a los ojos. No hay nada que me haga dejar de quererte.<\/p>\n<p>&mdash;No quiero hablar m&aacute;s de eso. No te puedo decir nada. S&oacute;lo quiero que me digas si podemos seguir siendo amigos. Si me dec&iacute;s que no, se me va a romper el coraz&oacute;n.<\/p>\n<p>Agustina rompi&oacute; a llorar. De repente pareci&oacute; una ni&ntilde;a. Me mor&iacute; de ternura. Mi desilusi&oacute;n amorosa qued&oacute; opacada por el misterio que envolv&iacute;a a esa chica a quien quer&iacute;a tanto, y a la ternura que me generaban sus l&aacute;grimas.<\/p>\n<p>&mdash;Claro que podemos seguir siendo amigos. Yo te banco a muerte.<\/p>\n<p>La abrac&eacute; con m&aacute;s fuerza. En ese momento, mientras comenzaba a perderla como novia, me qued&oacute; claro lo mucho que la amaba.<\/p>\n<p>Volv&iacute; a casa, solitario y apesadumbrado. No estoy acostumbrado a este tipo de rompimientos. Normalmente mis problemas amorosos consisten en que yo no me animo a hablarle a la chica que me gusta, o que la mina en cuesti&oacute;n termina saliendo con alg&uacute;n conocido. Era la primera vez que me empezaba a ir bien con una mujer que realmente me interesaba, y ahora todo hab&iacute;a terminado.<\/p>\n<p>A pesar de esta situaci&oacute;n, estaba seguro de algo: no dejar&iacute;a en banda a Agustina. Estar&iacute;a con ella cada vez que me necesitara.<\/p>\n<p><strong>Rub&eacute;n<\/strong><\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; es un aut&oacute;mata? Yo soy un aut&oacute;mata. Un hombre que anda por la vida, actuando m&aacute;s por inercia que por voluntad. Un hombre que ya no puede darle ning&uacute;n consejo &uacute;til a su hijo. Un hombre que no puede hacer feliz a su mujer. Mi vida anterior es como un sue&ntilde;o hermoso, que duele hasta el fondo del alma recordar.<\/p>\n<p>No merezco la preocupaci&oacute;n de mi hijo. No merezco la culpa de mi mujer. Yo la abandon&eacute; antes de que ella me traicionara. Lo peor &iquest;o ser&aacute; lo mejor? Es que no me duele, m&aacute;s bien me libera.<\/p>\n<p>Escrib&iacute; las dos cartas una y otra vez. Las hice un bollo y las tir&eacute; a la basura. Reci&eacute;n ahora encuentro las palabras precisas. Las escribo, tom&aacute;ndome mi tiempo. Uso el horario del trabajo para hacerlo. El edificio que cuido est&aacute; en silencio a las dos de la ma&ntilde;ana. S&oacute;lo se escucha el ruido de los autos desliz&aacute;ndose por la avenida. Autos y colectivos sombr&iacute;os que me llaman.<\/p>\n<p>Leo las cartas por &uacute;ltima vez. No est&aacute;n nada mal. Queda claro que no es culpa de ellos. Espero que lo entiendan. Van a sufrir, pero ahora tambi&eacute;n lo hacen.<\/p>\n<p>Dejo las cartas en el caj&oacute;n del escritorio. Me pongo de pie. Camino unos pasos por el hall. Abro la puerta grande del edificio. Una brisa fresca me pega en la cara. Me paro en la vereda.<\/p>\n<p>Espero. Espero. Espero.<\/p>\n<p>A lo lejos veo el colectivo. Viene r&aacute;pido. No se detiene en la parada. Doy dos pasos hacia adelante. La bocina suena fuerte. Mis ojos se encandilan por las luces.<\/p>\n<p>No tengo miedo.<\/p>\n<p><u>Cap&iacute;tulo 7<\/u><\/p>\n<p><strong>Andrea<\/strong><\/p>\n<p>Estoy recostada sobre la cama, boca abajo. Hace calor, por lo que mi desnudez se siente agradable. La casa est&aacute; silenciosa, m&aacute;s silenciosa que cuando Rub&eacute;n todav&iacute;a viv&iacute;a. Es raro, pero es as&iacute;. Es de esos silencios que hacen mucho ruido, que te obligan a conversar con tu consciencia.<\/p>\n<p>Pero no quiero hacerlo. Ya derram&eacute; muchas l&aacute;grimas durante el &uacute;ltimo mes. Ya me sent&iacute; lo suficientemente culpable y asqueada de m&iacute; misma. S&iacute;, a pesar de lo que dec&iacute;a la carta, as&iacute; me siento.<\/p>\n<p>Pero hoy no.<\/p>\n<p>Hoy Joaqu&iacute;n se fue a pasar la noche con sus amigos de la escuela, y despu&eacute;s se queda a dormir en lo de Ramoncito. Un buen chico Ramoncito. Ojal&aacute; todos sus compa&ntilde;eros fueran as&iacute;. Pero la cuesti&oacute;n es que me quedo sola, y no quiero lidiar con mis fantasmas.<\/p>\n<p>El fin de a&ntilde;o se me viene encima. Joaqu&iacute;n ya est&aacute; dejando la adolescencia, y yo descubro cada d&iacute;a nuevos surcos en mi cara. Son casi imperceptibles, pero ah&iacute; est&aacute;n. Y aunque no anuncien una prematura vejez, si evidencian el final de la juventud exacerbada, que, por momentos, absurdamente, cre&iacute; que durar&iacute;a para siempre.<\/p>\n<p>Escucho el leve crujido de la puerta delantera. Le ped&iacute; que no hiciera ruido. Pero supongo que le result&oacute; imposible.<\/p>\n<p>Hago de cuenta que no me percat&eacute; de su presencia, que no escucho los pasos, casi imperceptibles, dirigi&eacute;ndose a mi cuarto. Muevo la cabeza. Ahora la mejilla derecha est&aacute; apoyada en la almohada. Miro en direcci&oacute;n contraria a la puerta de la habitaci&oacute;n, la cual est&aacute; abierta. Mi pelo est&aacute; suelto, y con una prolijidad innecesaria, cubre mi espalda, hasta la cintura. Mis nalgas y piernas, completamente depiladas. Flexiono una rodilla. Mi sexo ya h&uacute;medo siente en &eacute;l una leve brisa que viene de no s&eacute; d&oacute;nde. Se siente muy rico.<\/p>\n<p>Ahora &eacute;l entra al cuarto. No lo miro, no lo quiero ver. Es un intruso. Un Cuco. Si finjo que no est&aacute;, quiz&aacute; se vaya.<\/p>\n<p>Dedos &aacute;speros corren mi pelo a un costado y acarician mi espalda. Siento que mi cuerpo se estremece. Se me hace la piel de gallina. Los labios se posan en mi piel. Hacen un ruido de sopapa, y dejan una marca de humedad.<\/p>\n<p>&mdash;Por favor, no me lastime. Tome lo que quiera, pero no me lastime. &mdash;Le suplico, sin mirarlo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Lo que quiera? &iquest;Puedo tomar lo que quiera?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, pero por favor no me haga da&ntilde;o. &mdash;susurro.<\/p>\n<p>&mdash;Entonces voy a tomar esto. &mdash;dice, mientras sus manos se posan en mis nalgas. &mdash;Voy a tomar todo esto. &mdash;Reafirma. Recorriendo con la otra mano, todo mi cuerpo, a lo largo.<\/p>\n<p>&mdash;Tome lo que quiera. Soy pobre y viuda. No puedo darle m&aacute;s que esto.<\/p>\n<p>&mdash;Con esto me alcanza. &mdash; me dice.<\/p>\n<p>Un dedo se mete entre mis nalgas. La punta se frota sobre mi ano. Se siente mojado. El masaje es agradable. Enseguida se entierra unos mil&iacute;metros. Nunca me met&iacute; nada por ah&iacute;. Nunca le vi la gracia. Pero se siente rico. Ahora una falange es introducida por completo. Los dientes se cierran en mis nalgas, y luego una mano abierta me golpea en el mismo lugar.<\/p>\n<p>&mdash;Por favor no me lastime. &mdash;Le suplico, aunque el mordisco se sinti&oacute; como un delicioso beso envenenado, y la nalgada hizo vibrar mi sexo.<\/p>\n<p>El dedo se entierra m&aacute;s y m&aacute;s. Creo que la segunda falange ya est&aacute; adentro. El invasor hace movimientos circulares, mientras sigue profanado mi orifico trasero. De repente, la sutileza desaparece. De un solo movimiento, me introduce los cent&iacute;metros que faltaban. Pego un grito, y me retuerzo en la cama. Y luego otro dedo empieza a hacerse espacio. Siento c&oacute;mo mi carne se dilata. El dedo se mete una y otra vez adentro, hasta el fondo, mientras el segundo dedo ya casi puede emularlo. Grito de dolor, pero tambi&eacute;n de placer. Siento como sus extremidades se remueven adentro m&iacute;o. No me preocupa que haya sorpresas desagradables, me estuve preparando para esto desde la ma&ntilde;ana. Los dedos entran, con insistencia y violencia. El pu&ntilde;o choca contra mis nalgas cada vez que se meten bien adentro. Ese golpe tambi&eacute;n me excita. Mi sexo est&aacute; mojado. Me meto la mano en la entrepierna. &Eacute;l sigue cumpliendo con su palabra, est&aacute; tomando lo &uacute;nico que una mujer pobre y solitaria podr&iacute;an ofrecerle: Su cuerpo. Y est&aacute; haciendo con &eacute;l lo que quiere.<\/p>\n<p>En mis piernas siento otro dedo. M&aacute;s grueso. Mucho m&aacute;s grueso. Se siente cada vez m&aacute;s duro, a medida que viola mi ano con impunidad.<\/p>\n<p>De repente deja de introducir sus delgadas extremidades. Ya me imagino lo que viene. As&iacute; que me preparo. Me arrodillo sobre el colch&oacute;n, y me pongo en cuatro.<\/p>\n<p>&Eacute;l escupe sobre su mano, y la frota sobre mi culo, dej&aacute;ndomelo lleno de saliva.<\/p>\n<p>Separa mis nalgas, como si no estuviesen ya lo suficientemente abiertas. Apoya el glande sobre el anillo palpitante. Se aferra a mis caderas, y ahora s&iacute;, un suave y corto movimiento p&eacute;lvico.<\/p>\n<p>La primera impresi&oacute;n es que no podr&eacute; aguantar m&aacute;s que eso: la cabeza de su sexo avanzando apenas unos mil&iacute;metros en mi interior. Pero en vez de retirarla, para volverla a meter, como esperaba que sucediera, empuja m&aacute;s.<\/p>\n<p>Grito de dolor. Mi postura de perra no resisti&oacute;. Quedo con el cuerpo extendido sobre la cama. &Eacute;l se sienta en cuclillas sobre m&iacute;. Con una mano, agarra un enorme mech&oacute;n de pelo y lo tironea. Mi cabeza se yergue. Mi cuero cabelludo duele. Con la otra mano, se ayuda a apuntar su lanza nuevamente sobre mi cueva. Se entierra otra vez en m&iacute;. Mientras sigue aferrado a mi pelo, como si fuera la montura de un caballo. El intruso me cabalga. Es un semental que no va a perder sus energ&iacute;as f&aacute;cilmente. Se entierra cada vez m&aacute;s en m&iacute;. Es incre&iacute;ble que tremendo instrumento est&eacute; adentro m&iacute;o. Duele. Duele mucho. Pero se siente fascinante. Grito y gimo de placer. Lo siento estremecerse sobre m&iacute;. Larga un gemido rabioso en mi o&iacute;do. Su semen se eyecta adentro m&iacute;o. Nunca lo sent&iacute; tan cerca. Retira se sexo, con cuidado. Quedo boca abajo, adolorida y sometida. Satisfecha y sedienta. Entonces me doy cuenta de que estoy llorando.<\/p>\n<p><strong>Pitu<\/strong><\/p>\n<p>Sali&oacute; del ba&ntilde;o, un toque seria. Estaba en pelotas y con el cuerpo medio mojado. Se recost&oacute; en la cama y yo la abrac&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Est&aacute;s bien preciosa? &mdash;le dije.<\/p>\n<p>Le di un beso tierno en la frente. Era gracioso que despu&eacute;s de estar escarb&aacute;ndole el ojete me hiciera el tierno, pero me sali&oacute; as&iacute;. Esa mina me produce una banda de cosas diferentes. Calentura, amor, miedo, desesperaci&oacute;n&hellip; todo eso junto siento cuando estoy con esa mina. Y cuando no estoy tambi&eacute;n.<\/p>\n<p>Apoy&oacute; la cabeza en mi hombro, y yo le acarici&eacute; el pelito.<\/p>\n<p>&mdash;Eso me gusta. &mdash;me dijo.<\/p>\n<p>&mdash;Entonces vamos a tener que vernos m&aacute;s seguido, para que pueda mimarte as&iacute;.<\/p>\n<p>Andrea se cag&oacute; de la risa, pero fue una risa triste. Ya me estaba haciendo la idea de que iba a pasar una banda de tiempo hasta que r&iacute;a de verdad. Pero bueno, ah&iacute; estaba yo para eso.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Le habl&aacute;s a tus amigos de m&iacute;? &mdash;me pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Ni ah&iacute;, no quiero que se vayan de boca.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te tengo que creer?<\/p>\n<p>Me ofendi&oacute; un toque su comentario. Pero la posta es que tampoco lo mantengo oculto porque soy un santo. T&iacute;o Omar siempre me dijo que es mejor comer callado, y tiene raz&oacute;n. Si le cuento a los pibes, es cuesti&oacute;n de tiempo para que el chisme lo conozca todos los de la escuela, y se me terminaba la joda.<\/p>\n<p>&mdash;Posta te digo. &iquest;Te pens&aacute;s que soy gil?<\/p>\n<p>&mdash;No pienso que seas un gil.<\/p>\n<p>Me acarici&oacute; el pecho y la panza, con la puntita de sus u&ntilde;as. Fue bajando, despacito, hasta llegar a donde quer&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;Es muy grande. &mdash;me dijo, agarrando la verga muerta, pero que ya se estaba despertando de nuevo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te gusta as&iacute; de grande?<\/p>\n<p>&mdash;Me gusta porque la sab&eacute;s usar. Aunque reci&eacute;n fuiste un poco bruto.<\/p>\n<p>&mdash;Vos dijiste que entre corte delincuente, y bueno, los chorros no piden permiso.<\/p>\n<p>Andrea se ri&oacute;, y casi casi pareci&oacute; de verdad divertida.<\/p>\n<p>&mdash;Me gust&oacute; lo que hiciste.<\/p>\n<p>&mdash;La noche todav&iacute;a es joven. &mdash;dije.<\/p>\n<p>&mdash;Es cierto. &mdash;Andrea empez&oacute; a masturbarme. &mdash; &iquest;No te da pena que se haya suspendido el viaje de egresados? Entiendo que lo hicieron por Joaco, pero no deber&iacute;an perderse esa experiencia.<\/p>\n<p>&mdash;Algunos dicen que lo van a hacer el a&ntilde;o que viene. Pero ni en pedo les va a salir. Ahora que terminan las clases cada uno hace la suya. Igual yo no pensaba ir.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;No?<\/p>\n<p>&mdash;No, iba aprovechar para verte.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y vos que sab&eacute;s si yo quer&iacute;a verte? &mdash;me dijo con maldad.<\/p>\n<p>La agarr&eacute; de la carita. Me qued&oacute; viendo con sus ojazos hermosos. Le com&iacute; la boca.<\/p>\n<p>&mdash;No te vas a deshacer de m&iacute; tan f&aacute;cilmente. &iquest;Te cuento un secreto?<\/p>\n<p>&mdash;Contame.<\/p>\n<p>&mdash;A veces imagino que sos mi mujer, y te llevo a todos lados de la mano.<\/p>\n<p>&mdash;Eso no puede ser y lo sab&eacute;s.<\/p>\n<p>Le iba a decir que s&iacute; pod&iacute;a ser. Que ahora que su marido estaba muerto pod&iacute;amos hacer lo que quisi&eacute;ramos. Pod&iacute;amos esperar un rato hasta que Joaqu&iacute;n se avive de como ven&iacute;a la mano, y despu&eacute;s a hacer la nuestra. Pero en ese momento pens&eacute; que mejor no le dec&iacute;a nada de eso.<\/p>\n<p>Mi pija ya estaba dura de nuevo. Puse la mano en su nuca, y la empuj&eacute; para abajo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quer&eacute;s?<\/p>\n<p>&mdash;Vos bien sab&eacute;s lo que quiero zorrita.<\/p>\n<p>&mdash;Encima que no me hiciste acabar quer&eacute;s que te haga el favor, qu&eacute; ego&iacute;sta.<\/p>\n<p>&mdash;Acordate que soy un chorro que agarra lo que quiere y listo. Adem&aacute;s, ya vas a acabar despu&eacute;s. Por fin tenemos toda la noche. Dale, chupala.<\/p>\n<p>Andrea me la chup&oacute;. Yo me inclin&eacute; para un costado, y le corr&iacute; el pelo, para ver bien clarito esa boquita que se devoraba mi verga. En un momento flash&eacute; que esa pod&iacute;a ser la &uacute;ltima vez que ve&iacute;a esa imagen tan zarpada en hermosa. La agarr&eacute; del culo y se lo acarici&eacute;, desesperado, tratando de memorizar lo rico que se sent&iacute;a.<\/p>\n<p>Acab&eacute; en su cara, y me hizo el favor de mostrarme c&oacute;mo se tragaba toda mi leche. &iexcl;Que mina zarpada en preciosa la Andrea! Pasaba de ser una minita llorona que necesitaba que la consuelen, a ser una puta que se tragaba todo el semen en un toque. Y yo estaba enamorado de todas esas partes de ella.<\/p>\n<p>Nos revolcamos toda la noche, mientras Joaco estaba con los pibes del curso festejando el final de clases. Y yo festejaba con ella. Aunque no sab&iacute;a si era el fin o el principio de algo.<\/p>\n<p>El s&aacute;bado se pudre todo, pensaba, mientras me la cog&iacute;a por todas partes. Me falt&oacute; cog&eacute;rmela por las orejas nom&aacute;s. El s&aacute;bado se pudre todo, pensaba a cada rato. Y un miedito traicionero se me pegaba como garrapata.<\/p>\n<p>Pens&eacute;, medio loco, que a lo mejor a m&iacute; me tocaba estar en el para&iacute;so antes de morir, y no al rev&eacute;s, como a los dem&aacute;s.<\/p>\n<p><strong>Joaqu&iacute;n<\/strong><\/p>\n<p>La fiesta (si es que pod&iacute;a llamarse as&iacute;) fue en la casa de Fabricio. Me hab&iacute;a hecho bastante amigo de &eacute;l y de Ramoncito. Y tambi&eacute;n hab&iacute;a empezado a juntarme con Pitu, Leo, Brian, y los dem&aacute;s. Fabri y ram&oacute;n no se daban mucho con ellos, pero ahora est&aacute;bamos todos juntos. Los viejos rencores parec&iacute;an haber desaparecido. Ya no est&aacute;bamos divididos entre tragas y burros; entre ganadores y perdedores; entre los que se la bancan y los que no; ni entre hombres y mujeres. La nostalgia nos venci&oacute; a todos. Y el alcohol ya empezaba a hacer lo suyo: D&eacute;bora lloraba abrazada a Brian. Algunos estaban sentados con la cabeza gacha. Otros, que nunca hab&iacute;an hablado entre s&iacute;, mas all&aacute; de intercambiar un par de frases, ahora charlaban hasta por los codos, intentando recuperar el tiempo perdido.<\/p>\n<p>Sonaba una cumbia vieja que a mi mucho no me gustaba. El pap&aacute; de Fabricio hab&iacute;a puesto el minicomponente a todo volumen. Yo me hab&iacute;a animado a bailar un poco, m&aacute;s que nada para no contagiar a los chicos con mi tristeza. Pero ya me sent&iacute;a aturdido. Sal&iacute; un rato al patio de afuera, a tomar aire. La noche estaba linda. Como en todos los momentos de soledad, no pude dejar de pensar en mi viejo.<\/p>\n<p>La polic&iacute;a nos hab&iacute;a entregado hac&iacute;a poco, las cartas que nos dej&oacute; pap&aacute;. Aunque en ella claramente dec&iacute;a que no deb&iacute;a sentirme culpable por su decisi&oacute;n, no puedo evitar pensar en lo poco que hice para saber qu&eacute; era lo que pasaba por su cabeza en esos tiempos. Lo que ten&iacute;a en claro era que el viejo hab&iacute;a muerto all&aacute; en el dos mil uno, cuando perdi&oacute; todo. Luego s&oacute;lo fue un fantasma que nunca pudo volver a la vida. Quiz&aacute; mam&aacute; y yo pudimos haberlo salvado, pero eso nunca lo sabremos.<\/p>\n<p>Me di cuenta de que algunos me miraban y susurraban entre ellos. Por lo visto no sab&iacute;an si acercarse a hablarme o dejarme solo.<\/p>\n<p>&mdash;Y &iquest;todo bien chab&oacute;n? &mdash;me dijo alguien.<\/p>\n<p>Me di vuelta a mirarlo. Era Leo.<\/p>\n<p>&mdash;Todo tranqui, &iquest;Y vos?<\/p>\n<p>&mdash;Bien. &mdash; se par&oacute; al lado m&iacute;o, apoy&aacute;ndose en la pared &mdash;No va a venir el Pitu parece.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute;? &mdash;le pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>La ausencia de Pitu era demasiado notoria. Era claramente el l&iacute;der de tercera tercera, y hasta pod&iacute;a considerarse el l&iacute;der de todo el turno ma&ntilde;ana. Incluso aquellos que eran molestados por &eacute;l, siempre estaban atentos a lo que hac&iacute;a o dec&iacute;a, y m&aacute;s de una vez termin&oacute; agarr&aacute;ndose a pi&ntilde;as con otros pibes por el s&oacute;lo hecho de meterse con alguno de sus compa&ntilde;eros.<\/p>\n<p>&mdash;Ni idea. Pero est&aacute; raro &uacute;ltimamente. Anda en la suya, y ahora est&aacute; emperrado en querer agarrarse con uno que es re peligroso.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;El que le peg&oacute;?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, ese. El Pantera le dicen. Lo que Pitu no entiende es que esos tipos no tienen c&oacute;digos. Si no, f&iacute;jate c&oacute;mo lo agarraron entre tres.<\/p>\n<p>Lo notaba realmente preocupado por su amigo. Al principio Leo me hab&iacute;a dado la impresi&oacute;n de que no era m&aacute;s que uno de los lameculos de Pitu. Despu&eacute;s me di cuenta de que, aunque le gustaba hacerse el malo, no era de pelear. Sosten&iacute;a su actitud agresiva s&oacute;lo para sobrevivir en esa jungla que era Gonz&aacute;lez Cat&aacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Y bueno&hellip; hay que hablar con &eacute;l para que se calme. &mdash;le dije. &mdash; &iquest;Por qu&eacute; no vamos un toque a su casa despu&eacute;s?<\/p>\n<p>&mdash;No est&aacute; en su casa. Pasamos con el Brian a la tarde y el Esteban dijo que se hab&iacute;a pirado para no s&eacute; d&oacute;nde.<\/p>\n<p>&mdash;Estar&aacute; con una mina.<\/p>\n<p>&mdash;Eso es lo que pensamos. Se la tiene bien guardada el wacho. &iquest;Quer&eacute;s un trago?<\/p>\n<p>&mdash;Dale.<\/p>\n<p>Agarr&eacute; el vaso de pl&aacute;stico y tom&eacute; un largo trago de cerveza.<\/p>\n<p>&mdash;Sab&eacute;s&hellip;&mdash; me dijo. &mdash;Yo tambi&eacute;n perd&iacute; a mi viejo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Posta? No sab&iacute;a nada. &mdash;dije, asombrado.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, pero fue hace bocha. Me enter&eacute; cuando estaba en la escuela. Vino un t&iacute;o m&iacute;o a decirme. La vieja Bustamante me dijo que salga del aula. Pens&eacute; que me iban a cagar a pedos por algo que hice, pero nada que ver. Fue un garr&oacute;n. Bueno, vos sab&eacute;s c&oacute;mo se siente.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; le pas&oacute;?<\/p>\n<p>&mdash;Una pelea en la c&aacute;rcel. Lo pincharon.<\/p>\n<p>&mdash;Uh, que mal.<\/p>\n<p>&mdash;Encima yo no lo ve&iacute;a hace bocha. No quer&iacute;a ir a verlo all&aacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Te entiendo.<\/p>\n<p>Leo mir&oacute; el cielo. Ten&iacute;a los ojos brillosos. De repente sonri&oacute; con tristeza.<\/p>\n<p>&mdash;Vos al menos pudiste aprovecharlo hasta ahora. &mdash; me dijo.<\/p>\n<p>&mdash;Masomenos. Este &uacute;ltimo tiempo estaba muy diferente. Casi no hablaba, y como trabajaba de noche, lo ve&iacute;a poco.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y vos le hablabas?<\/p>\n<p>La pregunta me cay&oacute; como balde de agua fr&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;No, la verdad que no.<\/p>\n<p>&mdash;Capaz que te pasaba como a m&iacute;, que no sab&iacute;as c&oacute;mo acercarte a tu viejo. Yo ten&iacute;a la c&aacute;rcel de por medio. Tu viejo capaz estaba en una especie de c&aacute;rcel &iquest;No?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, puede ser.<\/p>\n<p>Le devolv&iacute; el vaso de cerveza. &Eacute;l encendi&oacute; un cigarrillo.<\/p>\n<p>&mdash;Son copados los viejos de Fabri Qui&eacute;n lo hubiera pensado, &iquest;no? &mdash;dijo, cambiando de tema.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, es cierto. &mdash; dije riendo.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno amigo, me voy a chamuyarme a la D&eacute;bora a ver que onda.<\/p>\n<p>&mdash;Dale, metele. &mdash;le dije.<\/p>\n<p>Es extra&ntilde;o, pero cuando otros te cuentan sus desgracias, las tuyas ya no parecen tan grandes. Al menos as&iacute; lo sent&iacute; durante unos minutos.<\/p>\n<p>Romina hab&iacute;a salido tambi&eacute;n afuera. Estaba sentada al otro lado del patio, sobre un banco de madera. Me dio la impresi&oacute;n de que me miraba de reojo. Fui a hablarle.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Todo bien?<\/p>\n<p>&mdash;Bien &mdash; me dijo. &mdash;disculp&aacute; que no te di mis condolencias. La verdad que no s&eacute; qu&eacute; decir cuando pasan cosas como esas.<\/p>\n<p>&mdash;No hace falta que digas nada.<\/p>\n<p>&mdash;Igual, lo siento mucho.<\/p>\n<p>&mdash;Gracias.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Viniste a preguntarme por Agustina?<\/p>\n<p>&mdash;La verdad que no. &mdash; le dije.<\/p>\n<p>Agustina me hab&iacute;a consolado en los d&iacute;as siguientes al fallecimiento de pap&aacute;. Pero nunca volvimos a tener la relaci&oacute;n de antes. Ahora s&oacute;lo era un hombro en el que me apoyaba. En los momentos en que est&aacute;bamos solos me mor&iacute;a de ganas de besarla, y de hacerle el amor, cosa que, por lo visto, jam&aacute;s har&iacute;amos. Pero nunca me anim&eacute; a intentarlo. No soportar&iacute;a sentir que acced&iacute;a a algo s&oacute;lo por l&aacute;stima. Estaba seguro de que eso me doler&iacute;a m&aacute;s que nuestra separaci&oacute;n. Hab&iacute;a llegado a la conclusi&oacute;n de que la finalizaci&oacute;n de las clases era algo bueno. As&iacute; me podr&iacute;a olvidar de ella.<\/p>\n<p>Cuando muri&oacute; pap&aacute; cre&iacute; que todo lo dem&aacute;s iba a empezar a importarme menos. Pero no tener a Agustina era terriblemente doloroso. Por eso pens&eacute; que la distancia me ayudar&iacute;a. Pero cuando me dijo, faltando todav&iacute;a unos d&iacute;as para que terminen las clases, que ya no ir&iacute;a m&aacute;s a la escuela, fue como un cuchillo clavado en mi espalda &ldquo;&iquest;Nunca me vas a decir por qu&eacute; me dejaste?&rdquo; le pregunt&eacute; en una esquina, esa &uacute;ltima vez que nos vimos. Estaba lloviendo y su carita llena de pecas estaba mojada, no s&eacute; si por la lluvia o por sus l&aacute;grimas. &ldquo;Esto es m&aacute;s dif&iacute;cil para m&iacute; de lo que crees. Hay cosas que no te puedo explicar&rdquo;. Me entreg&oacute; un papel doblado varias veces, convertido en un cuadradito.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Vos est&aacute;s bien? &mdash;Me pregunt&oacute; Romina. Su mirada penetrante me descoloc&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;No, la verdad que no. &mdash; le dije. No ten&iacute;a sentido mentirle.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te puedo decir algo? &mdash; pregunt&oacute; Romina. Era muy bajita, y sus ojos verdes de gato brillaban bajo la calurosa noche.<\/p>\n<p>&mdash;Decime.<\/p>\n<p>&mdash;Siempre me gustaste mucho.<\/p>\n<p>Me qued&eacute; mir&aacute;ndola, asombrado. Romina, por momentos, parec&iacute;a una sombra de Agustina, y por eso ten&iacute;amos una relaci&oacute;n fluida y nos llev&aacute;bamos bastante bien. Pero nunca me hab&iacute;a imaginado que ella sent&iacute;a algo por m&iacute;. Me empezaba a dar cuenta de que hab&iacute;a muchas cosas que ignoraba.<\/p>\n<p>Romina acerc&oacute; su boca y me bes&oacute;. La primera reacci&oacute;n fue retroceder y separarme de ella. Pero cuando lo hice, vi su cara de sincera tristeza. No quer&iacute;a dejarla as&iacute;. Entonces la abrac&eacute; y la bes&eacute;. Se sent&iacute;a rico su lengua resbaladiza y su aliento a cerveza. Pero ni de cerca a lo que sent&iacute;a cuando estaba en los brazos de Agus. Cuando terminamos de besarnos me arrepent&iacute; inmediatamente de hacerlo.<\/p>\n<p>&mdash;Perdoname. &mdash; Le dije &mdash;. Me parec&eacute;s una mina divina, pero no estoy preparado para empezar nada ahora.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, me imagino. &mdash; Me dijo.<\/p>\n<p>Me dio un papelito con su n&uacute;mero de tel&eacute;fono. &ldquo;&iexcl;Basta de papeles!&rdquo; pens&eacute; para m&iacute;. Pero lo tom&eacute;. Se notaba que lo ten&iacute;a preparado desde hace rato, y cuando me lo entreg&oacute; le temblaba la mano. No pod&iacute;a decirle que no.<\/p>\n<p>Cando lleg&oacute; la medianoche y la gente se empezaba a irse para seguirla en un boliche o en otro, lado me acerqu&eacute; a Ramoncito. Me dio gracia verlo un poco tomado, justo a &eacute;l, siempre tan prolijo y recatado.<\/p>\n<p>&mdash;Che, no te enojes, pero creo que quiero volverme a mi casa nom&aacute;s.<\/p>\n<p>Me mir&oacute;, un poco decepcionado.<\/p>\n<p>&mdash;Uh, pero si la vamos a pasar bien con Fabri recordando viejos tiempos.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, todo bien, pero la verdad que prefiero irme a dormir. No te enojes.<\/p>\n<p>&mdash;Todo bien amigo. Me vas a visitar cuando vuelva de La Costa &iquest;No?<\/p>\n<p>&mdash;Obvio, y te espero en casa. A mi mam&aacute; le caes rebien. &mdash; le dije.<\/p>\n<p>Camin&eacute; hasta casa, con una melancol&iacute;a persistente. Record&eacute; la carta de pap&aacute;, y la carta de Agus. La de ella estaba escrita en una hoja de carpeta cuadriculada. Su letra cursiva era muy prolija, y en los m&aacute;rgenes hab&iacute;a dibujos infantiles. Hab&iacute;a usado una birome lila.<\/p>\n<p>&ldquo;Querido Joaco, a lo mejor no me creas, pero esto me duele tanto o m&aacute;s que a vos&rdquo;, dec&iacute;a la primera l&iacute;nea. Apenas la le&iacute; me sent&iacute; irritado. Si tambi&eacute;n le dol&iacute;a &iquest;Por qu&eacute; no volv&iacute;a conmigo y listo? &iquest;Tan dif&iacute;cil era? &iquest;Por qu&eacute; no pod&iacute;amos estar juntos?<\/p>\n<p>&ldquo;Hay cosas de m&iacute; de las que no puedo hablar. al menos no ahora. A lo mejor alg&uacute;n d&iacute;a te cuente, pero ahora no puedo. Hay cosas que no puedo hacer. Trat&eacute; de ser una persona normal, pero no puedo&hellip;&rdquo;<\/p>\n<p>Arrugu&eacute; la carta con bronca, pero enseguida la estir&eacute;, no quer&iacute;a romperla. Quer&iacute;a conservarla. La carta era extensa, pero no dec&iacute;a mucho. El misterio de Agustina no se develaba. Yo empec&eacute; a hacerme la cabeza, y todas las conclusiones a las que llegaba era m&aacute;s perversa que la anterior.<\/p>\n<p>Al otro d&iacute;a fui a buscarla a su casa. Necesitaba una despedida m&aacute;s clara. No me alcanzaban todas las palabras lindas que me hab&iacute;a escrito en la carta. Que yo era bueno, que era muy dulce y cari&ntilde;oso. Qu&eacute; me importaba eso si no quer&iacute;a estar conmigo. Pero cuando toqu&eacute; el timbre sali&oacute; a atenderme su pap&aacute;. &ldquo;Agus no est&aacute;, se fue a lo de su t&iacute;a a San Luis&rdquo; me hab&iacute;a dicho el tipo.<\/p>\n<p>Trat&eacute; de apartar esos recuerdos de mi mente. Me generaban frustraci&oacute;n e impotencia.<\/p>\n<p>Llegu&eacute; a casa. Me qued&eacute; parado frente al port&oacute;n un rato. Entr&eacute;.<\/p>\n<p>Vi desde el patio delantero que hab&iacute;a una luz encendida. Mam&aacute; estar&iacute;a despierta viendo la tele. Pobre. Ella se sent&iacute;a m&aacute;s culpable que yo. Deber&iacute;a hacerle compa&ntilde;&iacute;a, pens&eacute;.<\/p>\n<p>Pero de repente, tal vez debido a la cerveza que hab&iacute;a tomado, me envalenton&eacute;, y decid&iacute; ir a lo de Agustina.<\/p>\n<p>No ten&iacute;a monedas en el bolsillo as&iacute; que camin&eacute; las veinte cuadras hasta llegar a su casa. Si el pap&aacute; me dec&iacute;a de nuevo que no estaba, le iba a decir que no le cre&iacute;a nada, y lo iba a pasar por encima.<\/p>\n<p>Llegu&eacute; ba&ntilde;ado en transpiraci&oacute;n. Entonces vi el cartel de &ldquo;se vende&rdquo; que estaba colgado en una de las ventanas. De todas formas, toqu&eacute; el timbre. Pero, como era de esperar, nadie sali&oacute;.<\/p>\n<p>Agustina no estaba. Me tap&eacute; la cara y me largu&eacute; a llorar. Agus no estaba.<\/p>\n<p>No hab&iacute;a nada que hacer. Como me hab&iacute;a dicho mam&aacute; cuando falleci&oacute; pap&aacute;, &ldquo;hay que aprender a vivir sin el otro, hay que saber soltar, eso es madurar&rdquo;.<\/p>\n<p>Iba a volver a casa, pero pens&eacute; que no servir&iacute;a de mucho ir as&iacute; como estaba. Mam&aacute; se preocupar&iacute;a.<\/p>\n<p>Me qued&eacute; caminando por el centro de Cat&aacute;n. Me cruc&eacute; con algunos de mis compa&ntilde;eros, quienes me invitaron a que vaya con ellos al boliche, pero los rechac&eacute;. Finalmente decid&iacute; hacer lo que hab&iacute;a planeado desde un principio. Me fui para lo de Ramoncito, para ver unas pelis y charlar durante toda la madrugada con &eacute;l y con Fabri.<\/p>\n<p>Esper&eacute; a que se me vaya un poco la cara de culo y fui para all&aacute;.<\/p>\n<p>Fue una linda noche, en la que logr&eacute; despejar mi cabeza, y olvidarme de mis problemas durante algunas horas.<\/p>\n<p><strong>Baljack<\/strong><\/p>\n<p>Estamos a finales del dos mil dos. La crisis econ&oacute;mica y social que comenz&oacute; a gestarse en las d&eacute;cadas anteriores, y que explot&oacute; el a&ntilde;o pasado, todav&iacute;a hace estragos en el pa&iacute;s.<\/p>\n<p>La gente se muestra con miradas carentes de esperanza y preocupaci&oacute;n creciente. No s&oacute;lo tienen que lidiar con el penoso presente, peor a&uacute;n, deben convivir con la incertidumbre de un futuro imposible de descifrar. S&oacute;lo los m&aacute;s j&oacute;venes pintan de color el paisaje l&uacute;gubre.<\/p>\n<p>Ahora vamos a un punto concreto. Un punto aglomerado, dominado por la ira creciente. La calle Calder&oacute;n de la Barca se abre como una herida gris entre dos barrios llenos de cicatrices: Gonz&aacute;lez Cat&aacute;n y Gregorio de Laferrere.<\/p>\n<p>Muchos no lo saben, y a muy pocos les importa, pero esa calle separa a un barrio del otro. Con s&oacute;lo cruzarse a la otra vereda, uno se encuentra al otro lado del abismo.<\/p>\n<p>El incontrolable aumento del desempleo hizo que muchas personas buscaran ingresos de todas las maneras posibles. Mujeres, antes respetadas, se vieron obligadas a prostituirse. Chicos de catorce o quince a&ntilde;os estaban forzados a trabajar en empleos mal pagados para colaborar con sus padres desempleados.<\/p>\n<p>Otros tantos se vieron tentados a pasarse al lado de la ilegalidad. Este es el caso del individuo que ahora est&aacute; al costado de Calder&oacute;n de la Barca, del lado de Laferrere. Es un hombre joven, con mirada oscura. Usa una remera negra y un pantal&oacute;n y chaleco de jean. Sus brazos musculosos est&aacute;n completamente tatuados. En ellos hay dibujos tribales, nombres, n&uacute;meros, y en su mu&ntilde;eca cinco puntos negros. Cuatro de ellos rodean al quinto, el cual est&aacute; justo en el centro. Su pelo abundante est&aacute; peinado hacia atr&aacute;s.<\/p>\n<p>Est&aacute; parado al lado de una moto enorme, que parece nueva. En su bolsillo guarda la coca&iacute;na que piensa vender en unos minutos. Y en el otro bolsillo guarda una navaja, peque&ntilde;a pero afilada. En otros lugares y en otros horarios llevar&iacute;a un arma de fuego. Pero a plena luz del d&iacute;a le basta con su arma blanca, imperceptible pero letal.<\/p>\n<p>Un auto se para frente a &eacute;l. El hombre de tatuajes le entrega la mercanc&iacute;a y recibe el pago. Se acomoda en la moto, dispuesto a irse. Pero ve a alguien acercarse dese el otro lado de la calle. Desde el lado de Cat&aacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te acord&aacute;s de m&iacute;, logi? &mdash;pregunta el reci&eacute;n llegado.<\/p>\n<p>Es un muchacho joven y fornido. Su remera se adhiere a su torso, d&aacute;ndole un aspecto de desnudez. Es morocho, y lleva el pelo corto. Sus ojos irradian vitalidad y revancha.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quer&eacute;s? &iquest;Cobrar de nuevo?<\/p>\n<p>El hombre tatuado se baja de la moto. Los enemigos quedan cara a cara. El reci&eacute;n llegado es m&aacute;s bajo, pero sus egos est&aacute;n a la misma altura.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; &iquest;te la banc&aacute;s solo o quer&eacute;s llamar a alguna de tus novias para ayudarte?<\/p>\n<p>El hombre tatuado sonr&iacute;e con iron&iacute;a ante la insolencia del otro. Caminan en un peque&ntilde;o circulo sin dejar de desafiarse con la mirada.<\/p>\n<p>Entonces se abalanzan hacia el otro. Sus pies raspan el suelo y levantan tierra. Sus manos se elevan para proteger sus rostros. Se miden, se observan, intentan descifrarse. El petiso morocho larga el primer golpe. El hombre tatuado se protege con su brazo. El muchacho es muy fuerte, pero el otro tiene la resistencia de quien estuvo muchas veces cerca de la muerte. El golpe no hace mella en &eacute;l. Y ahora se dispone para devolver la gentileza. Pero el otro es &aacute;gil y astuto. Apenas el hombre tatuado levanta la mano, se agacha en cuclillas y le propina un golpe en el test&iacute;culo.<\/p>\n<p>El dolor es aberrante. El hombre tatuado lleva sus manos a la entrepierna, en un acto espont&aacute;neo. El muchacho petiso aprovecha para darle una pi&ntilde;a directo a la cara. Fue un pu&ntilde;etazo capaz de quebrar una madera gruesa.<\/p>\n<p>Algunos automovilistas pararon para ver el espect&aacute;culo. Ninguno de los involucrados en el combate est&aacute; preocupado por la posible intervenci&oacute;n de la polic&iacute;a. Las comisar&iacute;as de ambos barrios est&aacute;n bastante lejos; los patrulleros no suelen pasar por ah&iacute;; y aunque alguien hiciera una denuncia, pod&iacute;a pasar mucho tiempo hasta que alg&uacute;n operador la tome en serio.<\/p>\n<p>El morocho petiso estaba usando de bolsa de arena al hombre tatuado. El golpe en sus genitales marc&oacute; el destino del duelo.<\/p>\n<p>Sin embargo, al estar tan embriagado de revancha, no supo darse cuenta de lo que suced&iacute;a en su entorno. Dos hombres se acercaron a ellos. Eran de la misma edad que el hombre tatuado, y ten&iacute;an los ojos de tibur&oacute;n, igual que &eacute;l.<\/p>\n<p>Uno de ellos, de pelo largo y barba de varios d&iacute;as, le pega un rodillazo al muchacho petiso. Cuando este se da vuelta a ver qui&eacute;n era su agresor, recibe un fuerte colpe que impacta en su p&oacute;mulo. Su ojo derecho queda casi ciego durante unos segundos, y el muchacho cae de rodillas al piso.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; pasa pantera? Te est&aacute; cagando a pi&ntilde;as el pendejo. &mdash;dice el tercer hombre. Un pelado barrig&oacute;n, que sin embargo parece muy fuerte.<\/p>\n<p>&mdash;Ag&aacute;rrenlo, lo voy a hacer mierda. &mdash;ordena el hombre tatuado, &ldquo;Pantera&rdquo;.<\/p>\n<p>El de pelo largo le pega una patada al muchacho. Este pudo evitarla, pero el gordo le da una pi&ntilde;a en la panza que lo deja sin aire.<\/p>\n<p>Lo agarran de ambos brazos. Pantera saca la navaja de su bolcillo.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Eh dejalo en paz, si ya le pegaron! &mdash;se escucha decir a una mujer que miraba la pelea a unos metros de ellos.<\/p>\n<p>Pantera no le hizo el menor caso. El filo del metal brilla bajo el sol de diciembre.<\/p>\n<p>Pero el hombre tatuado comete un grave error. Quiso disfrutar de ver la expresi&oacute;n de miedo del muchacho petiso al vislumbrar su inminente muerte. Pero tarda m&aacute;s de lo que la prudencia lo indica.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Guarda pantera! &mdash; gritan sus secuaces al un&iacute;sono.<\/p>\n<p>Pantera recibe un fuerte golpe en la cabeza. Su navaja cae al piso. No sabe qu&eacute; fue lo que le peg&oacute;, porque todo a su alrededor se mueve y se ve borroso. El objeto en cuesti&oacute;n cae dos veces m&aacute;s sobre &eacute;l, d&aacute;ndole en la espalda y el hombro. Sus secuaces sueltan a su presa, para encararse contra el nuevo enemigo.<\/p>\n<p>Se trata de un muchacho que parece a&uacute;n m&aacute;s joven que el morocho petiso. Es rubio, lleva el pelo peinado a un costado, y pareciera que su presencia en esos lugares es un error de la naturaleza, porque contrasta violentamente con la fisionom&iacute;a de la mayor&iacute;a de los habitantes.<\/p>\n<p>El chico rubio levanta el palo de madera para defenderse de los otros dos. Pero antes de que estos lleguen a &eacute;l, cuatro chicos m&aacute;s cruzan Calder&oacute;n para invadir Laferrere.<\/p>\n<p>Un gordito de cara redonda, que parece reacio a estar ah&iacute;, a&uacute;n as&iacute; se para al lado de su amigo para enfrentar a los adultos. Otro muchacho con gorra insulta a los enemigos desconocidos.<\/p>\n<p>&mdash;Eh Pitu &iquest;Est&aacute;s bien? &mdash;dijo otro de los muchachos, dirigi&eacute;ndose al morocho petiso.<\/p>\n<p>Pitu se levanta, dolorido e iracundo. Pero pantera tambi&eacute;n se recompone.<\/p>\n<p>Entonces empieza la batalla campal.<\/p>\n<p>Gritos de insultos se levantan en la tarde calurosa. Los ocho cuerpos se entremezclan y se enredan. Los adultos son menos, pero tienen una clara ventaja tanto en lo f&iacute;sico como en experiencia. S&oacute;lo Pitu pelea de igual a igual contra sus enemigos. Pero enseguida se agota de tanto repartir trompadas por todas partes. los otros cuatro hacen lo que pueden, pero los golpes de sus rivales son da&ntilde;inas y mordaces. Los cinco son empujados hacia la calle. El tr&aacute;fico se detiene, los automovilistas tocan bocinas e insultan, indignados, a los revoltosos.<\/p>\n<p>La pelea parece a punto de concluir. Los chicos est&aacute;n heridos. Sus caras sangrantes y sus m&uacute;sculos doloridos. Pero como en el f&uacute;tbol, estas cosas tienen resultados impredecibles. Nuevos actores se suman al show.<\/p>\n<p>&mdash;Los del turno tarde. &mdash;dice el gordito de cara redonda.<\/p>\n<p>Se trata de ocho muchachos. Al frente va el evidente l&iacute;der, un gordo mastod&oacute;ntico. Detr&aacute;s de &eacute;l un flaco alto de pelo pajoso.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; hacemos Mauri? &mdash;le pregunta al gordo.<\/p>\n<p>De repente la pelea se detiene. Ambos grupos est&aacute;n expectantes ante la actitud de los reci&eacute;n llegados.<\/p>\n<p>&mdash;Ven&iacute; Mauri, vamos a darle al boludo este. &mdash;dice Pantera, se&ntilde;alando con la mirada a Pitu.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; te pens&aacute;s, que soy tu mulo? &mdash;desaf&iacute;a Mauri. &mdash;Cuando quiera pelear con &eacute;l, me le paro de mano yo solo. Pero vos no me vas a joder m&aacute;s. &mdash;dice el muchacho regordete.<\/p>\n<p>A pesar de ser muy joven, tiene una determinaci&oacute;n que pocos hombres alcanzan a tener en vida.<\/p>\n<p>Los del turno tarde rodean a los hombres. Estos &uacute;ltimos se saben derrotados, pero en sus miradas hay una promesa de revancha.<\/p>\n<p>Las pi&ntilde;as y las patadas llueven sobre ellos. El de pelo largo es el primero en quedar inconsciente. El gordo pelado resiste, quiz&aacute;s por los quilos de grasa que lo envuelven. Pero a&uacute;n as&iacute; siente c&oacute;mo su carne arde, y sus huesos crujen, sin poder hacer nada al respecto.<\/p>\n<p>Pantera ve el cuchillo que hab&iacute;a perdido cuando recibi&oacute; el golpe en la cabeza. Se las arregla para caer sobre &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;Parate puto. &mdash;Escucha decir a Pitu, quien, a pesar de estar con el cuerpo maltrecho, todav&iacute;a puede moverse con agilidad.<\/p>\n<p>Pantera se arrastra por el piso, fingiendo una mayor dificultad para moverse de la que realmente siente. Pitu se acerca para insultarlo e incitarlo a un nuevo duelo. Se aproxima demasiado. Pantera hace un r&aacute;pido movimiento y da una estocada con su navaja.<\/p>\n<p>Pitu frena el brazo del enemigo, agarr&aacute;ndolo a la altura del codo. Siente la victoria cernirse sobre &eacute;l. Pero luego nota la sangre brotar de su pecho. El brazo fue inmovilizado cuando la navaja ya se hab&iacute;a enterrado unos cent&iacute;metros.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Pitu! &mdash;Grita el chico rubio que lo hab&iacute;a salvado la primera vez, viendo como su esfuerzo fue en vano.<\/p>\n<p>Un coro de voces se hace eco de la alarma del muchacho. La ira asesina se adue&ntilde;a de ellos. Pantera, por primera vez en mucho tiempo, siente miedo. Salvo el rubio que se queda a socorrer a Pitu, los otros se abalanzan contra los adultos, ahora con total sa&ntilde;a, con intenciones asesinas.<\/p>\n<p>Al final s&oacute;lo queda una multitud de muchachos pateando tres cuerpos inm&oacute;viles en el piso.<\/p>\n<p><strong>Joaqu&iacute;n<\/strong><\/p>\n<p>Hac&iacute;a dos horas que hab&iacute;a dejado Cat&aacute;n, pero reci&eacute;n cuando el colectivo se acerc&oacute; a la terminal de Retiro empec&eacute; a sentir nostalgia. Solo hab&iacute;a vivido algunos meses ah&iacute;, pero pasaron tantas cosas que parec&iacute;a que hab&iacute;an transcurrido a&ntilde;os.<\/p>\n<p>Le cost&oacute; mucho a mam&aacute; convencerme de que me vaya un tiempo a lo de mis t&iacute;os en Rosario. No quer&iacute;a dejarla sola. Pero ella me oblig&oacute; a irme de &ldquo;Vacaciones&rdquo; hasta estar segura de que todo se haya calmado.<\/p>\n<p>Estuve d&iacute;as sin dormir, esperando que la polic&iacute;a toque mi puerta. Pero ni siquiera me interrogaron por lo que le pas&oacute; a Pitu. Seg&uacute;n Leo y Brian, todos hab&iacute;an declarado que la pelea solo fue entre Pitu y el tipo que lo apu&ntilde;al&oacute;. A m&iacute; ni siquiera me nombraron, pero el hecho de tener una apariencia tan diferente al resto me jugaba en contra. Por lo que sab&iacute;a, ninguno de los tres hab&iacute;a muerto, pero les hicimos mucho da&ntilde;o.<\/p>\n<p>Me baj&eacute; del colectivo y fui caminando hasta la terminal. Era temprano. Me met&iacute; en un locutorio y llam&eacute; a mam&aacute; para asegurarme de que estuviera todo bien. Me preocupaba mucho que se venguen de m&iacute; a trav&eacute;s de ella, pero mam&aacute; me prometi&oacute; que su jefe la ayudar&iacute;a a buscar otro lugar durante un tiempo.<\/p>\n<p>Me sent&eacute; en uno de los bancos, aguardando la llegada de mi micro. Hac&iacute;a mucho calor. De un parlante sal&iacute;a una voz mon&oacute;tona anunciando la llegada y salida de los &oacute;mnibus. Trat&eacute; de leer el libro que me hab&iacute;an regalado Ramoncito y Fabricio de despedida, pero no me pude concentrar. Era raro, pero parec&iacute;a que yo no era el &uacute;nico que cre&iacute;a que jam&aacute;s iba a volver. Cuando me entregaron el libro, los not&eacute; realmente tristes. Les agradec&iacute; en silencio el hecho de no notar expresi&oacute;n de l&aacute;stima en sus rostros. S&oacute;lo eran dos amigos que me iban a extra&ntilde;ar.<\/p>\n<p>El micro lleg&oacute;. Cargu&eacute; mi equipaje y sub&iacute; al primer piso. Descubr&iacute; que un hombre mayor estaba sentado en mi lugar.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;No prefer&iacute;s sentarte en la ventanilla pibe? &mdash;Me dijo.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, no hay problema.<\/p>\n<p>Trat&eacute; otra vez de leer el libro. Pero era imposible. Record&eacute; el semblante triste de pap&aacute; durante sus &uacute;ltimos meses de vida. El abrazo de mam&aacute; cuando me dijo lo que le hab&iacute;a pasado. Record&eacute; a Agustina. Su llanto, sus contradicciones, su impotencia y su abandono. Ni siquiera sab&iacute;a d&oacute;nde estaba. Record&eacute; a mi viejo enemigo Pitu, tirado sobre la calle, chorreando sangre. Y por mil&eacute;sima vez me vino la imagen del rostro de mam&aacute; cuando volv&iacute; a casa despu&eacute;s de la pelea. Estaba completamente exaltada cuando me vio con la cara lastimada y la ropa desgarrada. Me puso hielo en donde ten&iacute;a hinchado, me insisti&oacute; en que vaya al hospital. La convenc&iacute; de que no era necesario, y le dije que eso s&iacute;, despu&eacute;s quer&iacute;a ir a visitar a Pitu, que estaba preocupado porque no sab&iacute;a qu&eacute; tan grave era su herida. Y entonces, como si le hubiese revelado la proximidad del fin del mundo, mam&aacute; abri&oacute; grande los ojos, y un mont&oacute;n de l&aacute;grimas ba&ntilde;aron sus mejillas.<\/p>\n<p>&mdash;Tranquilo pibe, ya va a pasar. &mdash;me dijo el viejo que se sentaba a mi lado, d&aacute;ndome una palmada.<\/p>\n<p>Me di cuenta de que yo mismo estaba llorando. Me sequ&eacute; con el pu&ntilde;o.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, gracias.<\/p>\n<p>Los &uacute;ltimos pasajeros se acomodaron en sus asientos. El micro sali&oacute; despacio de la terminal.<\/p>\n<p>&ldquo;Aprender a soltar&rdquo;, pensaba para m&iacute;, sin poder convencerme del todo de las palabras que me repet&iacute;a. &ldquo;Aprender a soltar&rdquo;.<\/p>\n<p>El micro agarr&oacute; la avenida y empez&oacute; a tomar velocidad. La noche ca&iacute;a sobre Buenos Aires. Mir&eacute; la ventanilla, y aunque Gonz&aacute;lez Cat&aacute;n ya hab&iacute;a quedado varios kil&oacute;metros atr&aacute;s, me desped&iacute; de mi barrio con una sonrisa risue&ntilde;a.<\/p>\n<p><em>Ep&iacute;logo<\/em><\/p>\n<p><strong>Diciembre del 2012<\/strong><\/p>\n<p>El auto avanzaba de manera tan armoniosa que adentro del veh&iacute;culo no se sent&iacute;a la velocidad a la que iba. La ruta tres aparec&iacute;a extra&ntilde;amente desierta. Incluso considerando que a&uacute;n no era hora pico, resultaba extra&ntilde;o ver tan pocos veh&iacute;culos circulando.<\/p>\n<p>Esto, que para cualquiera ser&iacute;a un alivio, a Joaqu&iacute;n lo incordiaba. Llegar&iacute;a muy temprano a la cita. Como si no estuviera ya lo suficientemente nervioso y ansioso, deber&iacute;a esperar a que aquella persona llegara.<\/p>\n<p>Subi&oacute; el volumen del est&eacute;reo. Sonaba una canci&oacute;n de Black eyed Peas que ya hab&iacute;a pasado de moda hace tiempo. Pero le sirvi&oacute; para distraerse, al menos por unos minutos.<\/p>\n<p>Cuando el sem&aacute;foro se puso rojo, aprovech&oacute; para revisar el celular. No hab&iacute;a ning&uacute;n mensaje, y no ten&iacute;a por qu&eacute; haberlo, pero de todas formas ese detalle lo frustr&oacute;.<\/p>\n<p>A quinientos metros la ruta se curvaba pronunciadamente, y se un&iacute;a con otra ruta. Estaba llegando a la legendaria rotonda del kil&oacute;metro veintinueve. Diez minutos m&aacute;s y llegar&iacute;a a su destino.<\/p>\n<p>Gonz&aacute;lez cat&aacute;n no hab&iacute;a cambiado mucho despu&eacute;s de una d&eacute;cada. Una oleada de nostalgia sacudi&oacute; su coraz&oacute;n. Ah&iacute; estaban los negocios y las casas humildes al costado de la ruta. El tren tocaba bocina y avanzaba en paralelo al auto de Joaqu&iacute;n. A medida que se internaba en el barrio, se ve&iacute;an m&aacute;s y m&aacute;s perros caminando por las veredas, con una libertad incluso mayor de las que gozaban las personas.<\/p>\n<p>Lleg&oacute; al centro de Cat&aacute;n. Pas&oacute; por la estaci&oacute;n de tren, el supermercado &ldquo;Delbanco&rdquo;, el hospital, el cual parec&iacute;a que en cualquier momento se vendr&iacute;a abajo, y finalmente estacion&oacute; frente a la plaza.<\/p>\n<p>Su vieja casa, aquella en la que hab&iacute;a vivido poco menos que medio a&ntilde;o, estaba muy cerca. Le tentaba ir a ver c&oacute;mo se encontraba, y quiz&aacute;s saber qui&eacute;nes viv&iacute;an ah&iacute;, pero de momento decidi&oacute; no hacerlo.<\/p>\n<p>Se cruz&oacute; de vereda. El lugar acordado era la helader&iacute;a &ldquo;Calcul&iacute;n&rdquo;. Se sent&oacute; en una mesa para dos. Mir&oacute; la hora en su celular. Faltaba m&aacute;s de media hora. Resopl&oacute;, fastidiado. Aprovech&oacute; para ver su aspecto, usando la c&aacute;mara del celular. Si hab&iacute;a heredado algo de su madre, eso era la vanidad, y la capacidad de lucir bien en cualquier momento. El pelo rubio estaba muy corto, las cejas depiladas, la cara totalmente afeitada. Llevaba una remera blanca con un dibujo de los Beatles. Estaba delgado, y debajo de sus prendas se adivinaba un cuerpo ejercitado.<\/p>\n<p>&mdash;Joaco. &mdash;dijo alguien.<\/p>\n<p>Joaqu&iacute;n la mir&oacute;. Era una chica rubia, de pelo largo, con un rostro bello y un tanto ani&ntilde;ado. Su cara estaba repleta de pecas, principalmente en su nariz y mejillas.<\/p>\n<p>&mdash;Agus. &mdash;balbuce&oacute; &eacute;l.<\/p>\n<p>Muchas veces hab&iacute;a pensado en qu&eacute; ser&iacute;a lo primero en decirle. Quiz&aacute; debiera empezar con un comentario amable. &ldquo;Est&aacute;s igual&rdquo; le dir&iacute;a. Sin embargo, esa frase le resultaba muy trillada y poco natural. Tal vez fuera mejor largar un chiste, pens&oacute; otras veces. Pero no era una persona muy ocurrente que digamos, as&iacute; que era mejor pensar en otra cosa.<\/p>\n<p>Se puso de pie. Cuando acordaron verse, se le ocurri&oacute; la absurda idea de que, quiz&aacute;s, al haber pasado tanto tiempo, no sentir&iacute;a en ese encuentro m&aacute;s que una alegre curiosidad. Pero ahora el coraz&oacute;n se aceleraba y las palabras se amontonaban en su boca, sin poder pronunciar ninguna.<\/p>\n<p>Ella tampoco dijo nada. Pero a diferencia de &eacute;l, no buscaba ninguna frase en concreto. Simplemente lo abraz&oacute;. &Eacute;l sinti&oacute; la calidez de los brazos de la chica envolviendo su cuello. Quedaron as&iacute; durante largos segundos. Se besaron en los labios.<\/p>\n<p>Hac&iacute;a ya un par de a&ntilde;os que hab&iacute;a encontrado el perfil de agustina en Facebook. Pero siempre buscaba una excusa para no enviarle la solicitud de amistad. Ya sea por respeto a quien en ese momento era su pareja, o dici&eacute;ndose a s&iacute; mismo que seguramente Agustina apenas lo recordar&iacute;a como un noviecito fugaz que tuvo hace mil a&ntilde;os. Siempre terminaba desistiendo de ponerse en contacto con ella.<\/p>\n<p>Pero un d&iacute;a, dos meses atr&aacute;s, vio que la que le hab&iacute;a enviado la solicitud fue ella, y entonces ya no tuvo raz&oacute;n para negarse.<\/p>\n<p>La primera conversaci&oacute;n empez&oacute; llena de banalidades, pero de a poco, se fueron soltando. &Eacute;l le asegur&oacute; que todav&iacute;a la recordaba con cari&ntilde;o. Ella le dijo que haberlo dejado fue una de las cosas m&aacute;s dif&iacute;ciles que tuvo que hacer en su vida. Joaqu&iacute;n no pudo contenerse &ldquo;Entonces, &iquest;Po qu&eacute; me dejaste?&rdquo;, le pregunt&oacute;. Y un resentimiento que cre&iacute;a muerto resurgi&oacute; de sus entra&ntilde;as.<\/p>\n<p>Y entonces ella se lo cont&oacute; todo: Las visitas nocturnas de su padre; la ceguera de su madre; la culpa; la lealtad hacia esa persona que dec&iacute;a quererla como nadie la querr&iacute;a jam&aacute;s, y la promesa de destruirla si abr&iacute;a la boca m&aacute;s de la cuenta; la eterna lucha entre el cari&ntilde;o hacia su progenitor y la repulsi&oacute;n hacia su violador; el miedo a que otro toque su cuerpo y su due&ntilde;o se de cuenta de ello.<\/p>\n<p>Cuando comenz&oacute; su relaci&oacute;n con Joaqu&iacute;n, y teniendo en cuenta que ya contaba con dieciocho a&ntilde;os, su rebeli&oacute;n s&oacute;lo era cuesti&oacute;n de tiempo. Una noche esper&oacute; a que su padre se desvistiera y entrara en ella. Entonces comenz&oacute; a gritar. La mam&aacute; fue corriendo a la habitaci&oacute;n de Agustina y ya no pudo negar lo que suced&iacute;a. &ldquo;le hicimos la denuncia y me fui a vivir a lo de mis abuelos. Ya no pod&iacute;a estar m&aacute;s en esa casa&rdquo;, le hab&iacute;a contado agustina.<\/p>\n<p>Joaqu&iacute;n se hab&iacute;a lamentado por no haberse percatado de lo que suced&iacute;a. Ella le dijo que no sea tonto, que era imposible que se diera cuenta. Sin embargo, siempre tuvo la sensaci&oacute;n de que hab&iacute;a algo podrido en la familia de su primera novia, s&oacute;lo que no se hab&iacute;a animado a correr el velo que cubr&iacute;a la verdad.<\/p>\n<p>Pidieron dos helados. No era momento de recordar tragedias ni rompimientos. As&iacute; que pasaron toda la tarde, hasta que el sol comenz&oacute; a ocultarse, hablando de sus momentos en la escuela, y de su primera salida al cine de Mor&oacute;n. Intercambiaron la informaci&oacute;n que ten&iacute;an de sus ex compa&ntilde;eros de clase. Ramoncito era un abogado exitoso que hasta hab&iacute;a salido en televisi&oacute;n. D&eacute;bora se hab&iacute;a casado con Leo y ten&iacute;an tres hijos, aunque se hab&iacute;an separado. Fabricio a&uacute;n viv&iacute;a con sus padres&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; locura lo de esa pelea de Pitu con ese tipo. &mdash;dijo Agustina. Vio que el semblante de Joaqu&iacute;n hab&iacute;a cambiado. &mdash;Perd&oacute;n, no quer&eacute;s hablar de Pitu &iquest;No?<\/p>\n<p>&mdash;No, todo bien. Me cost&oacute; perdonarlo. A &eacute;l y principalmente a mam&aacute;. Pero despu&eacute;s de a&ntilde;os de terapia, digamos que lo legr&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y c&oacute;mo te enteraste de lo que pasaba entre ellos?<\/p>\n<p>&mdash;Cuando el cont&eacute; a mam&aacute; que hab&iacute;an apu&ntilde;alado a Pitu&hellip; No sab&eacute;s c&oacute;mo se puso.<\/p>\n<p>&mdash;Me imagino.<\/p>\n<p>&mdash;Pero supongo que lo sab&iacute;a de antes, pero no lo quer&iacute;a ver.<\/p>\n<p>Joaqu&iacute;n, con mucho esfuerzo hab&iacute;a comprendido que fue su padre el que primero hab&iacute;a abandonado a su madre, y por eso no deb&iacute;a guardarle rencor a ella. Sin embargo, cada vez que recordaba eso, se sent&iacute;a envenenado. Agustina se dio cuenta de ello y cambi&oacute; de tema.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Damos una vuelta por donde est&aacute; la escuela? &mdash;Propuso.<\/p>\n<p>Subieron al auto. Pasaron por la vieja escuela, y dieron vueltas en los alrededores.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; quisiste que nos veamos ac&aacute; en Cat&aacute;n? Ninguno de los dos vive ac&aacute;. &mdash;Inquiri&oacute; &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;No s&eacute;. Necesitaba venir. Desde que me fui hace diez a&ntilde;os no puse un pie ac&aacute;. Pero, aunque tengo muchos recuerdos traum&aacute;ticos, tambi&eacute;n tengo bellos recuerdos.<\/p>\n<p>&mdash;Igual que yo. &mdash;dijo &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Me llev&aacute;s a tu departamento?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, dale. Podemos ver una peli y tomar algo. &mdash;dijo Joaqu&iacute;n, un tanto nervioso.<\/p>\n<p>&mdash;Prefiero que hagamos el amor.<\/p>\n<p>Viajaron casi todo el trayecto en silencio. No ten&iacute;an mucho que decirse en ese momento. Ya hab&iacute;an hablado las &uacute;ltimas semanas, tratando de compensar diez a&ntilde;os de distancia, y ahora parec&iacute;an no tener m&aacute;s temas.<\/p>\n<p>Subieron a su departamento. En el ascensor se abrazaron y se besaron. Joaqu&iacute;n ya estaba excitado. Su sexo erecto se frotaba con las caderas de Agustina. Entraron, tomados de la mano.<\/p>\n<p>Ella peg&oacute; un salto y se mont&oacute; sobre &eacute;l, rodeando su cintura con las piernas. &Eacute;l la agarr&oacute; de las nalgas y la llev&oacute; hasta la habitaci&oacute;n. La tir&oacute;, con cuidado, sobre la cama. Se quit&oacute; la remera. Ella se sac&oacute; el pantal&oacute;n. &Eacute;l la imit&oacute;, y enseguida quedaron completamente desnudos.<\/p>\n<p>&mdash;Ojal&aacute; me hubiese animado antes. Pero en ese momento no te hubiese podido dar todo. Hoy somo solos vos y yo. &mdash;Dijo ella.<\/p>\n<p>Joaqu&iacute;n la bes&oacute; en los labios, luego en el cuello, el pecho, el ombligo. El sexo de la chica qued&oacute; frente a su rostro. Lami&oacute; los labios vaginales, mientras le hac&iacute;a masajes en la zona p&eacute;lvica, la cual ten&iacute;a una peque&ntilde;a mata de vello. Y luego lami&oacute; el cl&iacute;toris. Ella gimi&oacute; y apret&oacute; sus manos.<\/p>\n<p>Joaqu&iacute;n sabore&oacute; los fluidos que largaba la chica. Luego fren&oacute; su tarea oral. Se puso el preservativo. Se abrazaron, sintiendo sus respiraciones. &Eacute;l empuj&oacute; y la penetr&oacute;. &iquest;hab&iacute;a valido la pena la espera?<\/p>\n<p>No le cab&iacute;a duda de que s&iacute; lo vali&oacute;.<\/p>\n<p>Se despert&oacute; con un fuerte dolor de cintura. No pudo evitar pensar en la misma frase que la ven&iacute;a acechando desde hac&iacute;a meses. &ldquo;los a&ntilde;os no vienen solos&rdquo;. Corri&oacute; a un costado el cubrecama. Se par&oacute; y se mir&oacute; en el espejo, desde cierta distancia, como para observarse el cuerpo entero. El pelo azabache estaba mezclado con algunas canas. Hab&iacute;a decidido no te&ntilde;irse. Le gustaba verse como una madura sensual. Pero en ese momento, con ojeras, sin maquillaje, no le gust&oacute; le que ve&iacute;a. Su piel ya no era tan suave como supo serlo en sus mejores d&iacute;as. Las patas de gallo (que parec&iacute;an multiplicarse cada d&iacute;a), les quitaban belleza a sus intensos ojos azules. Se dio vuelta para mirar su trasero. A fuerza de gimnasio, se manten&iacute;an en buena forma, aunque ni de lejos ten&iacute;an la firmeza de hac&iacute;a diez a&ntilde;os. Se pellizc&oacute; un gl&uacute;teo. Lo sinti&oacute; fl&aacute;cido. Todav&iacute;a hay montones de hombres que se dan vuelta a mirarla, pero las apariencias son enga&ntilde;osas. El tacto, en cambio, es incuestionable.<\/p>\n<p>Sabia que a&uacute;n se ve deslumbrante si se la compara con las mujeres de su edad. Pero de todas formas sent&iacute;a el peso del tiempo imprimi&eacute;ndose en su cuerpo.<\/p>\n<p>Escuch&oacute; que alguien hab&iacute;a entrado en la casa. Alguien que entraba silbando con alegr&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;Traje masitas para desayunar.<\/p>\n<p>La puerta de la habitaci&oacute;n se abri&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Apa, que linda est&aacute;s. &mdash;dijo el hombre que hab&iacute;a entrado, viendo que s&oacute;lo llevaba ropa interior.<\/p>\n<p>La agarr&oacute;, con cierta brusquedad, de la cintura, y la atrajo hac&iacute;a &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;No Pitu, ahora no, reci&eacute;n me levanto. &mdash; dijo ella, sintiendo c&oacute;mo el hombre, petiso y musculoso, le tironeaba el el&aacute;stico de la bombacha, para luego baj&aacute;rsela.<\/p>\n<p>&mdash;Si est&aacute;s divina. &mdash;dijo &eacute;l.<\/p>\n<p>La tumb&oacute; sobre la cama. Andrea no dejaba de sorprenderse de la vitalidad del hombre. La noche anterior no la hab&iacute;a dejado dormir hasta pasada las dos de la madrugada, y ahora quer&iacute;a otro polvo.<\/p>\n<p>Se rindi&oacute;, como siempre lo hac&iacute;a. Igual que se hab&iacute;a rendido diez a&ntilde;os atr&aacute;s, fascinada por el descaro y la sensualidad del muchacho.<\/p>\n<p>&Eacute;l se desnud&oacute;. Le quit&oacute; el corpi&ntilde;o. La penetr&oacute;. Andrea se aferr&oacute; a sus hombros. Cerr&oacute; los ojos y recibi&oacute; el sexo erecto de Pitu. En ese momento, como siempre que era pose&iacute;da por &eacute;l, se sinti&oacute; joven.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;En qu&eacute; est&aacute;s pensando? &mdash;le pregunt&oacute; &eacute;l.<\/p>\n<p>Hab&iacute;an acabado, y estaban abrazados sobre la cama. No sol&iacute;a entrometerse en la vida de los dem&aacute;s, pero Andrea se mostraba muy ensimismada.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Ser&aacute; que va a venir? &mdash;pregunt&oacute; ella.<\/p>\n<p>&Eacute;l le corri&oacute; el pelo y acarici&oacute; su rostro. No necesitaba preguntarle de qui&eacute;n hablaba.<\/p>\n<p>&mdash;Seguro que s&iacute;. &mdash;le dijo.<\/p>\n<p>Andrea hab&iacute;a invitado a su hijo Joaqu&iacute;n a festejar navidad. Pero el muchacho se hab&iacute;a mostrado contrariado cuando supo que Pitu tambi&eacute;n estaba invitado.<\/p>\n<p>La relaci&oacute;n de Andrea con Pitu fue siempre muy vol&aacute;til. Ya sea por la inseguridad de ella, por la personalidad n&oacute;made de &eacute;l, o porque simplemente no pod&iacute;a terminar de creer que pod&iacute;an ser felices juntos, durante la &uacute;ltima d&eacute;cada se separaron y se reencontraron incontables veces.<\/p>\n<p>Pitu llev&oacute; la mano a las nalgas de Andrea.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Todav&iacute;a te gustan? &mdash;Pregunt&oacute; ella.<\/p>\n<p>&mdash;Siempre me van a gustar. &mdash;contest&oacute; &eacute;l, apret&aacute;ndolas con mayor fuerza.<\/p>\n<p>&mdash;Cuando envejezca y se caigan, no te van a gustar.<\/p>\n<p>&mdash;Eso me lo dec&iacute;s hace a&ntilde;os, y mir&aacute; c&oacute;mo est&aacute;s.<\/p>\n<p>Pitu le dio un mordisco a la nalga.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;No &iacute;bamos a desayunar?<\/p>\n<p>&mdash;Ac&aacute; tengo lo que quiero comer. &mdash;dijo &eacute;l. Le dio un beso negro. Su sexo se estaba empinando de nuevo.<\/p>\n<p>&mdash;Sos insaciable. &mdash;dijo ella, con una sonrisa en la boca.<\/p>\n<p>La mesa estaba todav&iacute;a repleta de comida. Ya se escuchaban los estallidos de los juegos pirot&eacute;cnicos. Pitu sirvi&oacute; la sidra en cuatro copas. Andrea le hab&iacute;a dicho que mejor brindaran con champagne, pero &eacute;l le contest&oacute; que eso era para los chetos.<\/p>\n<p>La casa era amplia, y un enorme &aacute;rbol de navidad decoraba la entrada. Mientras Joaqu&iacute;n pasaba sus primeros a&ntilde;os de adultez entre Rosario y buenos Aires, Andrea hab&iacute;a hecho un curso de asesor&iacute;a de seguros. Nunca volver&iacute;a a gozar de la holgura econ&oacute;mica de los a&ntilde;os noventa, pero no le iba nada mal.<\/p>\n<p>Chocaron las copas. Andrea abraz&oacute; a Agustina. Algo le dec&iacute;a que ella era diferente a las chicas que hab&iacute;an sabido ser novias de su hija. Le daba buena espina, aunque tambi&eacute;n notaba que hab&iacute;a algo extra&ntilde;o en ella. Como si tuviese un gran secreto.<\/p>\n<p>Pitu salud&oacute; con un efusivo beso en la mejilla a Joaqu&iacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;C&oacute;mo pasa el tiempo &iexcl;la puta madre! &mdash;grit&oacute;.<\/p>\n<p>Estaba algo borracho, y se sent&iacute;a euf&oacute;rico por volver a ver a su amigo. Cada vez que Joaqu&iacute;n se enteraba de que su mam&aacute; estaba con Pitu, evitaba visitarla. Esta era la primera vez que se reencontraban.<\/p>\n<p>&mdash;As&iacute; como lo ven, cuando se enoja es capaz de romperle la cabeza a cualquiera. &mdash;dijo Pitu, abrazando con fuerza a Joaqu&iacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Vayamos a ver los cohetes. &mdash;propuso Agustina, viendo que Joaqu&iacute;n se sent&iacute;a inc&oacute;modo, aunque no molesto.<\/p>\n<p>Salieron al patio delantero. El cielo estaba repleto de estallidos luminosos. La gente hab&iacute;a sacado los parlantes afuera, y algunos andaban por las calles, borrachos, yendo a la casa de los vecinos a saludar.<\/p>\n<p>Andrea y agustina conversaban animadas, cerca de la entrada. Pitu y Joaqu&iacute;n se hab&iacute;an adelantado para ver con mayor claridad los fuegos artificiales.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Viste Espartacus? &mdash;pregunt&oacute; Pitu.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;? &mdash;Joaqu&iacute;n no entend&iacute;a de qu&eacute; le hablaba.<\/p>\n<p>&mdash;La serie Espartacus. &iquest;la viste?<\/p>\n<p>&mdash;Ah, s&iacute;. Est&aacute; buena.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, se la pasan cogiendo y peleando. &mdash;dijo Pitu.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, es cierto. Pero tambi&eacute;n tiene un buen argumento.<\/p>\n<p>&mdash;Hay un cap&iacute;tulo&hellip; &mdash;coment&oacute; Pitu, y se detuvo, como si tuviese que buscar las palabras adecuadas&mdash;. Hay un cap&iacute;tulo en el que Crixo le dice a Espartaco, que si se hubiesen conocido en otra vida, seguro ser&iacute;an hermanos. &mdash;Agach&oacute; la cabeza, porque no pudo evitar sentir verg&uuml;enza. Pero a&uacute;n as&iacute;, sigui&oacute;&mdash;. Sab&eacute;s que cuando vi ese cap&iacute;tulo me acord&eacute; de vos. Creo que eso era lo que sent&iacute;a por vos Joaco. Sos un buen pibe. Y nunca voy a olvidar c&oacute;mo me salvaste el culo ese d&iacute;a.<\/p>\n<p>Joaqu&iacute;n lo mir&oacute;. Pitu ten&iacute;a los ojos brillosos.<\/p>\n<p>&mdash;L&aacute;stima que te tuviste que coger a mi mam&aacute;. &mdash;dijo Joaqu&iacute;n. Pitu lo mir&oacute;, con culpa&mdash;. Ahora m&aacute;s que mi hermano sos mi pap&aacute;.&mdash;Agreg&oacute;.<\/p>\n<p>Estallaron en carcajadas. Las mujeres los miraron, intrigadas.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y cu&aacute;nto pens&aacute;s que van a durar ahora? &mdash;Le pregunt&oacute; Joaqu&iacute;n, se&ntilde;alando con la mirada a su madre.<\/p>\n<p>&mdash;Lo nuestro no se termina nunca. Cuando estamos separados, lo &uacute;nico que hacemos es juntar ganas de volver.<\/p>\n<p>Los cuatro se quedaron hasta la madrugada, viendo pel&iacute;culas y charlando. Joaqu&iacute;n record&oacute; a su pap&aacute;, y decidi&oacute; que ya era hora de terminar con el duelo.<\/p>\n<p><strong>Fin<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 100<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 Nota del autor: El siguiente relato es un tanto ambicioso, y bastante diferente a lo que suelo publicar. 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