{"id":24952,"date":"2020-07-29T22:00:00","date_gmt":"2020-07-29T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-07-29T22:00:00","modified_gmt":"2020-07-29T22:00:00","slug":"la-vi-crecer-capitulo-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/la-vi-crecer-capitulo-2\/","title":{"rendered":"La vi crecer (Cap\u00edtulo 2)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"24952\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p style=\"text-align:center\"><strong>IV<\/strong><\/p>\n<p>Los d&iacute;as son cada vez m&aacute;s extra&ntilde;os. O quiz&aacute; lo correcto sea decir que son cada vez m&aacute;s comunes. Es muy dif&iacute;cil diferenciar un lunes de un viernes. La llegada del fin de semana ya no genera ning&uacute;n cambio de &aacute;nimo en la familia. No es m&aacute;s que otro d&iacute;a parecido a los anteriores. Ni siquiera en los programas de televisi&oacute;n hay gran diferencia. Todo el tiempo d&aacute;ndonos sin piedad con el Covid 19. Tal vez esta monoton&iacute;a es la que nos obliga a encontrarnos con nosotros mismos, a ver la imagen que realmente nos devuelve el reflejo del espejo. El ajetreo de las zonas c&eacute;ntricas, los agotadores d&iacute;as laborales, la vor&aacute;gine de la ciudad, y la aglomeraci&oacute;n de los barrios, nos hace tener las mentes ocupadas, distra&iacute;dos de lo que realmente habita en nuestro interior. Pero ahora, presos de esa monoton&iacute;a, es imposible escaparnos de nuestras sombras.<\/p>\n<p>Me gustar&iacute;a decir que en estos d&iacute;as en los que me llam&eacute; a silencio, Lelu me demostr&oacute; que el morbo que iba in crescendo en mis entra&ntilde;as, se hac&iacute;a eco en su juvenil persona. Que las fantas&iacute;as traicioneras que me asaltaban en los momentos menos esperados, la acosaban a ella tambi&eacute;n, y con la misma intensidad. Que mis miradas subrepticias, rebosantes de lujuria, eran retribuidas con la misma deshonestidad de su parte. Me encantar&iacute;a decir todo eso, pero a medida que pasa el tiempo me doy cuenta de que el &uacute;nico con la mente sucia y el alma corrompida soy yo.<\/p>\n<p>Si bien nunca llegar&eacute; a ser un padre para Lelu, desde hace tiempo que ocupo, en parte, ese lugar. Probablemente fui demasiado entusiasta al iniciar este relato. Quiz&aacute;s estas sean las &uacute;ltimas l&iacute;neas de una historia que nunca existi&oacute; m&aacute;s que en mi cabeza.<\/p>\n<p>Pero &iquest;por qu&eacute; me estoy lamentando? Deber&iacute;a estar contento, deber&iacute;a sentirme liberado. Algo que podr&iacute;a haber culminado en una ruptura, o incluso peor, en una tragedia &mdash;porque estas historias nunca terminan bien&mdash;, llegaba a su fin sin siquiera haber comenzado. Mi matrimonio estaba a salvo de mis impulsos inmaduros; Lelu estaba a salvo de mi pasajero oscuro, de ese que me instaba a dejar la raz&oacute;n y la decencia de lado; y yo estaba a salvo de m&iacute; mismo.<\/p>\n<p>No obstante, hay un hecho que vale la pena ser relatado.<\/p>\n<p>Mi puerilismo galopante me hab&iacute;a hecho actuar como un depravado en los &uacute;ltimos d&iacute;as.<\/p>\n<p>El jueves &iquest;o acaso fue el viernes? Me levant&eacute;, como siempre, a eso de las ocho, a prepararle el desayuno a Carmen, quien no tardar&iacute;a en llegar, agotad&iacute;sima, despu&eacute;s de una extenuante jornada en el hospital. Cuando baj&eacute;, me encontr&eacute; con que Lelu se hab&iacute;a quedado dormida en el sof&aacute; de la sala de estar.<\/p>\n<p>Estaba boca abajo. Llevaba la misma calza gris que se hab&iacute;a puesto en nuestra pseudo cita algunos d&iacute;as atr&aacute;s. Su cara estaba hundida en una manta amarilla que usaba como almohada. Su remera, tambi&eacute;n gris, era muy corta, y dejaba parte de su espalda desnuda. Su cuerpo blanco, dibujaba un sutil arco, y sus sustanciosos gl&uacute;teos se levantaban descaradamente, desbordantes de sensualidad.<\/p>\n<p>Escuch&eacute; su suave respiraci&oacute;n. Estaba profundamente dormida. Me qued&eacute; mir&aacute;ndola. Sent&iacute; compasi&oacute;n por m&iacute; mismo. &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;a evitar que tantos pensamientos obscenos se agolpen en mi cabeza? Estaba seguro de que cualquier hombre que estuviese en mi lugar se sentir&iacute;a igual de contrariado que yo. Y muchos de ellos no tolerar&iacute;an ni la mitad de lo que yo soportaba, sin hacer alguna insensatez en el camino.<\/p>\n<p>Me sent&eacute; frente a ella. Cada tanto su respiraci&oacute;n era intercalada con un d&eacute;bil gemido. &iquest;Qu&eacute; estar&iacute;a so&ntilde;ando? El sonido que largaban sus carnosos labios era dif&iacute;cil de descifrar. Bien podr&iacute;a ser el reflejo de un padecimiento, producto de una pesadilla, o de la excitaci&oacute;n, proveniente de un sue&ntilde;o h&uacute;medo.<\/p>\n<p>Lelu se retorci&oacute; en el sof&aacute;, y su cuerpo gir&oacute; levemente. Uno de sus turgentes pechos dej&oacute; de estar oculto. Lo mir&eacute;, con ansiedad. No parec&iacute;a estar duro. El pez&oacute;n se marcaba en la remera, pero no tanto como aquella vez, cuando vimos la escena de sexo de esa horrible pel&iacute;cula.<\/p>\n<p>Balbuce&oacute; algo, pero segu&iacute;a dormida. No s&eacute; qu&eacute; fue lo que se me cruz&oacute; por la mente en ese instante. Quiz&aacute;s fue el hecho de que lo que parec&iacute;a haber pronunciado era ze ze &mdash;&iquest;Eze quiz&aacute;s?&mdash;, o tal vez el problema fue que no pens&eacute; en absolutamente nada. Solo actu&eacute; por instinto.<\/p>\n<p>Me levant&eacute; y me acerqu&eacute; a Lelu. Me puse en cuclillas. Acarici&eacute; su cabello, apenas roz&aacute;ndolo con la yema de mis dedos. Sent&iacute; su olor. La transpiraci&oacute;n del cuero cabelludo, mezclado con el perfume del shampoo invadi&oacute; mis fosas nasales, y me pareci&oacute; el aroma m&aacute;s exquisito que haya sentido en la vida.<\/p>\n<p>Mi mano se desliz&oacute;, con suavidad, dibujando su silueta. Pas&eacute; por su espalda arqueada. Me atrev&iacute; a tocar su piel desnuda. Lelu se removi&oacute; otra vez. Mi coraz&oacute;n se paraliz&oacute;. Pero ella s&oacute;lo se limit&oacute; a hundir su cara nuevamente. Entonces, mis dedos, ufanos y curiosos, bajaron a&uacute;n m&aacute;s. Por primera vez sent&iacute; la rigidez de sus nalgas. No ejerc&iacute; presi&oacute;n en esos redondos y prominentes gl&uacute;teos. Apenas los roc&eacute;, descubriendo c&oacute;mo cada fibra de mi cuerpo enloquec&iacute;a al sentir la tersura a trav&eacute;s de la tela. Las piernas eran duras. Dignas de una chica que elongaba y ejercitaba a diario. Sus muslos eran la mism&iacute;sima perdici&oacute;n. Lelu ten&iacute;a las piernas separadas. Si quisiese, pod&iacute;a tocar su sexo, apenas rozarlo, pero tocarlo al fin, a trav&eacute;s de la calza. Los labios vaginales se marcaban en el tela, y en su rajita se enterraba una parte de la provocativa prenda.<\/p>\n<p>Pero sab&iacute;a que ser&iacute;a el colmo de la imprudencia meter mano ah&iacute;. &iquest;Y si justo se despertaba en ese instante?<\/p>\n<p>En un momento, despu&eacute;s de haberme deleitado bastante, y aunque estaba lejos de haber saciado mis m&aacute;s bajos instintos, decid&iacute; que ya hab&iacute;a jugado con fuego lo suficiente. La tom&eacute; del hombro y la sacud&iacute;. Di algunos pasos atr&aacute;s. Y entonces Lelu abri&oacute; los ojos.<\/p>\n<p>Y entonces me di cuenta del terrible error que acababa de cometer. La parte delantera de mi pantal&oacute;n, hac&iacute;a mucha presi&oacute;n sobre mi sexo. Ten&iacute;a una erecci&oacute;n y estaba parado frente a mi hijastra.<\/p>\n<p>Me sent&eacute; inmediatamente. Con mucha suerte, Lelu, con sus ojos borrosos por haber acabado de despertar, como mucho habr&iacute;a notado mi rostro. Pero hasta el d&iacute;a de hoy que no s&eacute; si mi excitaci&oacute;n fue percibida o no por Lelu. En todo caso, nada dijo en ese momento, y nada insinu&oacute; hasta ahora.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; hac&eacute;s dormida ac&aacute; beb&eacute;? &mdash;le dije.<\/p>\n<p>Lo de Beb&eacute; me hab&iacute;a salido del alma, y me sorprendi&oacute; a m&iacute; mismo escuchar ese mote.<\/p>\n<p>&mdash;Hace mucho que no me dec&iacute;s as&iacute;. &mdash;Dijo Lelu.<\/p>\n<p>&mdash;A veces me acuerdo de cuando eras una nena, toda redondita. &mdash;Le contest&eacute;&mdash;. Creo que ahora al verte as&iacute; dormida me acord&eacute; de eso. &mdash;Ment&iacute; descaradamente.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; cursi Eze.<\/p>\n<p>&mdash;Y vos que tonta. And&aacute; a dormir a tu cama quer&eacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;Ya me voy, ya me voy. Ya s&eacute; que soy una molestia para la pareja del a&ntilde;o.<\/p>\n<p>&mdash;No seas boba, vos nunca vas a ser una molestia.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Ves? Sos un cursi.<\/p>\n<p style=\"text-align:center\"><strong>V<\/strong><\/p>\n<p>Carmen lleg&oacute; tarde. No mucho, pero tarde al fin. En una persona que es un relojito, como ella, ese detalle es bastante significativo. No le quise hacer preguntas, porque a m&iacute; tampoco me gusta andar dando explicaciones.<\/p>\n<p>Apenas entr&oacute;, le di una nalgada. A falta de besos, ese era nuestro saludo &uacute;ltimamente.<\/p>\n<p>&mdash;Hoy no tengo ganas de nada gordo. Me voy a dormir. &mdash;Me dijo.<\/p>\n<p>&mdash;Pero si el caf&eacute; con leche ya est&aacute; servido. No seas tonta, ven&iacute; a desayunar. &mdash;La agarr&eacute; de la mano y la llev&eacute; en direcci&oacute;n a la cocina.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Te digo que no quiero, cortala! &mdash;Me grit&oacute; mi dulce mujercita.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; te pasa?<\/p>\n<p>&mdash;Nada gordo, tuve un mal d&iacute;a. Me voy a dormir.<\/p>\n<p>Al rato fui al cuarto a buscar mi celular, el cual lo hab&iacute;a dejado cargando bater&iacute;a. Entr&eacute; sin golpear, como es natural. Entonces me encontr&eacute; con Carmen, muy sonriente enviando un mensaje de texto.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; bueno que se te pas&oacute; el mal humor &mdash;dije, con iron&iacute;a.<\/p>\n<p>Lo que me choc&oacute; no fue encontrarla enviando un mensaje a quien sabe qui&eacute;n, ni tampoco el hecho de que estuviera sonriendo. Pero el gesto de irritaci&oacute;n que puso inmediatamente despu&eacute;s; gesto que ocultaba otro que hab&iacute;a aparecido inmediatamente antes: el de asombro al sentirse atrapada in fraganti, como una ni&ntilde;a descubierta en plena travesura; me dieron muy mala espina.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quer&eacute;s? &mdash;me pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Nada Carmen, vine a buscar mi celular. &iquest;Qu&eacute; te pasa? Est&aacute;s muy nerviosa.<\/p>\n<p>Carmen pareci&oacute; meditar un rato.<\/p>\n<p>&mdash;Perdon&aacute; mi amor. Es que fue un d&iacute;a muy dif&iacute;cil en el hospital.<\/p>\n<p>&iquest;Deb&iacute;a creerle? Parec&iacute;a un discurso armando m&aacute;s que una verdadera disculpa. Me preguntaba qu&eacute; encontrar&iacute;a si revisaba su celular.<\/p>\n<p>Luego, pens&aacute;ndolo mejor, me dije que las sospechas que estaba teniendo hacia mi mujer, no eran m&aacute;s que mi inconsciente tratando de justificar, de alguna manera, mi actitud reprobable.<\/p>\n<p>Al inventar una villana, una traidora, mis sentimientos y mis actos, ya no ser&iacute;an tan viles ante mis propios ojos.<\/p>\n<p>Decid&iacute; que estaba errado. Tanto Carmen como yo nos hab&iacute;amos unido despu&eacute;s de terminar, cada uno, un largo y t&oacute;xico matrimonio. Ella no pondr&iacute;a en riesgo nuestra relaci&oacute;n por alguna calentura pasajera.<\/p>\n<p>Sin embargo, ese mismo d&iacute;a, cuando se levant&oacute;, tuvo que irse temprano al trabajo.<\/p>\n<p>&mdash;Surgi&oacute; un problema, tengo que irme ya mismo. &mdash;fueron sus &uacute;nicas palabras.<\/p>\n<p>Pero bien que tuvo tiempo de maquillarse y perfumarse.<\/p>\n<p>Lelu estovo todo el d&iacute;a dando vueltas por la casa, sac&aacute;ndose fotos y charlando por mensajes y por audio.<\/p>\n<p>Para mi desgracia &mdash;o por mi bien&mdash;, no se repiti&oacute; aquello de pedirme que le sacara una foto. Al menos ten&iacute;a la tranquilidad de que no parec&iacute;a haber notado nada aquella ma&ntilde;ana donde cruc&eacute; el l&iacute;mite entre la fantas&iacute;a y el acto inmoral. Pero de todas formas, me resultaba dif&iacute;cil considerarlo un buen d&iacute;a.<\/p>\n<p style=\"text-align:center\"><strong>VI<\/strong><\/p>\n<p>No s&eacute; si mi problema es que tengo una tendencia a no cumplir con mis promesas, o simplemente me gusta mentirme a m&iacute; mismo.<\/p>\n<p>Cada vez que tomo la decisi&oacute;n de ser una persona seria y respetable, de ocupar dentro de mi familia el rol que me cabe: el de jefe de familia, el pasajero oscuro me empuja de nuevo hacia el abismo.<\/p>\n<p>Y lo peor es que por momentos parece que la opci&oacute;n m&aacute;s acertada es mandar todo a la mierda y dejarme llevar por mis impulsos libidinosos. Llevarme a Lelu muy lejos, donde nadie pueda atraparnos, y aparearnos como animales d&iacute;a y noche, hasta que me muera de felicidad.<\/p>\n<p>Varias veces me jact&eacute; de mi cautela, de mi mirada invisible, de saber ver sin que me vean. Pero ayer ca&iacute; como un principiante.<\/p>\n<p>Eran las diez de la ma&ntilde;ana, as&iacute; que estaba convencido de que tanto Carmen como Lelu estar&iacute;an dormidas.<\/p>\n<p>A esas horas suelo aprovechar para ordenar una peque&ntilde;a construcci&oacute;n rudimentaria que tengo en el fondo, donde guardo todas mis herramientas, y un mont&oacute;n de cosas que no me decido &mdash;para horror de Carmen&mdash; si son objetos &uacute;tiles o chatarra.<\/p>\n<p>Cuando volv&iacute; a la casa, con un poco de sed, me encontr&eacute; con que Lelu estaba despierta.<\/p>\n<p>Este no deber&iacute;a ser un hecho fuera de lo com&uacute;n, m&aacute;s all&aacute; de que no era un horario habitual en el que se encontrara despierta. Pero Lelu estaba en la cocina, buscando algo para desayunar, en una de las alacenas. Llevaba puesto uno de esos diminutos short tipo culote que ya parec&iacute;an su marca registrada &iexcl;&iquest;Por qu&eacute; ten&iacute;a que vestirse as&iacute; entre casa?! Esta prenda era color salm&oacute;n y arriba vest&iacute;a una musculosa blanca.<\/p>\n<p>No pude evitar quedarme impactado, viendo su cimbreante figura. Y mucho menos, no pude evitar desviar la mirada a ese pulposo y delicioso culo que me hab&iacute;a atrevido a tocar unos d&iacute;as atr&aacute;s.<\/p>\n<p>En ese mismo instante, sin darme tiempo a disimular, Lelu se dio la vuelta, enganch&aacute;ndome con las manos en la maza.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Todo bien Eze? &mdash;Pregunt&oacute;, mir&aacute;ndome inquisitiva.<\/p>\n<p>Era la primera vez que me miraba as&iacute;, como reproch&aacute;ndome algo, pero sin animarse a dec&iacute;rmelo.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, todo bien &mdash;contest&eacute;, haci&eacute;ndome el tonto&mdash;. Vine a tomar algo nom&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, sentite como en tu casa &mdash;ironiz&oacute;.<\/p>\n<p>Trat&eacute; de recomponerme de esa situaci&oacute;n bochornosa.<\/p>\n<p>&mdash;Veo que te est&aacute; yendo muy bien en Instagram. &mdash;Coment&eacute;, s&oacute;lo para cambiar el tema.<\/p>\n<p>&mdash;Ah, s&iacute;&hellip; as&iacute; que me revis&aacute;s el Instagram. &mdash;Contest&oacute; ella, a&uacute;n con el tono ir&oacute;nico.<\/p>\n<p>&mdash;No te lo reviso&hellip; Te sigo, y bueno, veo lo que public&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;Ay, qu&eacute; inc&oacute;modo Eze, creo que te voy a bloquear &mdash;dijo, jocosa.<\/p>\n<p>&mdash;Nunca hubo secretos entre nosotros, no veo el motivo de que tengas que privarme de ver las cosas que hac&eacute;s p&uacute;blicamente.<\/p>\n<p>Lelu se sent&oacute;. Se hab&iacute;a servido un vaso de leche, y en un platito puso cinco galletitas de vainilla que hab&iacute;a encontrado en la alacena.<\/p>\n<p>&mdash;Es verdad, entre nosotros nunca hubo secretos. &mdash;Me mir&oacute; fijo, y yo me sent&iacute; desarmado. En ese momento Lelu podr&iacute;a pedirme lo que quisiese. Yo no sabr&iacute;a c&oacute;mo decirle que no&mdash;. Que rara que est&aacute; mam&aacute; &iquest;No? &mdash;dijo, inesperadamente.<\/p>\n<p>Me llam&oacute; la atenci&oacute;n el cambio de tema. M&aacute;s a&uacute;n cuando justamente est&aacute;bamos hablando de no ocultarnos nada. Tal vez Lelu quer&iacute;a ocultar algo, pens&eacute; en ese momento.<\/p>\n<p>&mdash;El mundo est&aacute; raro &mdash;contest&eacute;&mdash;. Es la nueva normalidad.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Pens&aacute;s que es s&oacute;lo por eso?<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;A qu&eacute; te refer&iacute;s?<\/p>\n<p>Lelu mir&oacute; hacia arriba y luego a la izquierda. Seg&uacute;n un programa de televisi&oacute;n que hab&iacute;a mirado hace a&ntilde;os, era un claro gesto de alguien que estaba a punto de mentir, o cuanto menos, de alguien que no dir&iacute;a toda la verdad.<\/p>\n<p>&mdash;Nada&hellip; No me gusta c&oacute;mo te trata a veces &mdash;dijo, ahora agachando la cabeza.<\/p>\n<p>Estaba contento por haber revertido la situaci&oacute;n. Lelu parec&iacute;a no recordar que me hab&iacute;a descubierto mir&aacute;ndola con lujuria. Tal vez ya ni siquiera estaba segura de que eso fue lo que sucedi&oacute;. Pero me tom&oacute; por sorpresa descubrir esa mirada cr&iacute;tica hacia su madre. Despu&eacute;s de todo, yo no era el &uacute;nico que hab&iacute;a notado lo irritable y escurridiza que actuaba Carmen en los &uacute;ltimos d&iacute;as.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y c&oacute;mo me trata a veces? &mdash;inquir&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;No s&eacute;&hellip; pero siento que no te trata con el mismo cari&ntilde;o con el que la trat&aacute;s vos.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Ah, s&iacute;? &mdash;Sent&iacute; la necesidad de defender a Carmen&mdash;. Mir&aacute;, cada uno es como es. Yo estoy seguro de que tu mam&aacute; me quiere. Quiz&aacute; lo expresa de otra manera&hellip; Adem&aacute;s tiene mucha presi&oacute;n en el trabajo en estos tiempos.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, debe ser eso &mdash;dijo, sin sonar convencida.<\/p>\n<p>Tom&oacute; el vaso de leche. Yo prest&eacute; exagerada atenci&oacute;n a c&oacute;mo el l&iacute;quido blanco entraba en su boca, manchando sus labios.<\/p>\n<p>Fue a lavar el vaso. Hice un esfuerzo sobrehumano para no mirarla, ahora que me daba la espalda.<\/p>\n<p>&mdash;Voy a salir a comprar algo, as&iacute; aprovecho para tomar aire &mdash;dijo Lelu. Acto seguido me estamp&oacute; un beso en la mejilla, sin decir nada. &iquest;Hab&iacute;a compasi&oacute;n en ese acto?<\/p>\n<p>Esa misma tarde Lelu se encerr&oacute; en su cuarto para hacer ejercicio. Sali&oacute;, despu&eacute;s de una hora, totalmente transpirada. Su piel brillaba, y gotitas de sudor se deslizaban por su cuello. La remera estaba totalmente adherida a su torso.<\/p>\n<p>&mdash;Voy a ba&ntilde;arme ac&aacute; abajo porque la ducha de mi ba&ntilde;o no funciona bien. &iquest;Pod&eacute;s revisarla Eze? &mdash;me dijo.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, claro, despu&eacute;s lo hago.<\/p>\n<p>Me qued&eacute; en el living, escuchando c&oacute;mo el agua ca&iacute;a sobre el impresionante cuerpo de mi hijastra. Me acerqu&eacute; a la puerta. Desde la vez que la acarici&eacute; mientras dorm&iacute;a, no hab&iacute;a hecho nada fuera de lo normal. Casi parec&iacute;a un verdadero padrastro. Pero una vez que uno le agarra el gusto al peligro, es dif&iacute;cil no tentarse cuando se presenta la oportunidad.<\/p>\n<p>Me acerqu&eacute; al ba&ntilde;o, evitando hacer ruido. Me inclin&eacute;. Mis ojos se alinearon con la abertura de la cerradura. El sol entraba a raudales. Detr&aacute;s de la cortina se ve&iacute;a la silueta de Lelu. Una sombra curvil&iacute;nea. Not&eacute; que una mano, la cual supuse que sosten&iacute;a el jab&oacute;n, se met&iacute;a entre las piernas y frotaba el muslo, o tal vez el sexo. Mi verga comenz&oacute; a despertarse. No hab&iacute;a vapor, seguramente se estaba ba&ntilde;ando con agua apenas tibia. Lelu frotaba su cabello, enjuag&aacute;ndolo una y otra vez.<\/p>\n<p>Cada instante que pasaba me dec&iacute;a a m&iacute; mismo que ya era hora de dejar de espiarla, porque era muy riesgoso, y despu&eacute;s de todo, solo estaba viendo una sombra. Sin embargo, me resultaba imposible apartar la mirada de ah&iacute;. &iquest;Qu&eacute; pasar&iacute;a si Carmen, habi&eacute;ndose olvidado algo, volv&iacute;a a casa y me descubr&iacute;a espiando a su hija? Ser&iacute;a el final de todo, sin dudas. Ya nunca volver&iacute;a a ver a Lelu.<\/p>\n<p>Ahora me sorprendo, mientras escribo estas l&iacute;neas en plena medianoche, del hecho de que la posible ruptura de mi matrimonio, no me preocupaba ni la cuarta parte de lo que me horrorizaba la idea de no volver a ver a mi hijastra.<\/p>\n<p>Lelu descorri&oacute; la cortina. Estaba acostumbrado a verla con prendas diminutas, que dejaban m&aacute;s piel al desnudo de la que cubr&iacute;an. Pero nunca imagin&eacute; poder observarla, de tan cerca, completamente desnuda.<\/p>\n<p>Dio un paso para salir de la ba&ntilde;era. Se hab&iacute;a secado el pelo con una de las toallas, pero ahora, frente al espejo, frotaba cada parte de su cuerpo para secarlo. Sus pechos turgentes y enormes, estaban tan firmes como solo una chica de dieciocho a&ntilde;os puede tenerlos. Por primera vez en mucho tiempo descubr&iacute; algo que no conoc&iacute;a de ella: sus pezones eran rosados.<\/p>\n<p>La toalla se frot&oacute; en su cuello y en sus tetas. Luego Lelu se sec&oacute; la espalda y la tela rasposa tambi&eacute;n tuvo el honor de restregarse en los enormes cachetes del culo.<\/p>\n<p>Se inclin&oacute;. La toalla se meti&oacute; entre sus piernas. En un momento gir&oacute; un poco a la derecha y pude ver la hermosa mata de pelo oscuro de su pubis.<\/p>\n<p>Cuando estuvo totalmente seca, salvo por el pelo que, aplastado, estaba corrido a un costado, descansando sobre su hombro, se mir&oacute; fijamente en el espejo.<\/p>\n<p>Imit&oacute; algunas de las poses que sol&iacute;a hacer para sacarse fotos. Particularmente esas donde, estando de perfil, se las arreglaba para que el culo salga perfectamente en la imagen. Lelu parec&iacute;a estar muy orgullosa de su f&iacute;sico, y no era para menos. Su figura de cintura de avispa y nalgas y pechos generosos, eran el estereotipo ideal de belleza.<\/p>\n<p>Mi sexo estaba duro como una roca. Esta vez no podr&iacute;a disimular mi erecci&oacute;n. No me quedaba otra, ten&iacute;a que retirarme. De todas formas, lo que acababa de ver quedar&iacute;a grabado en mi retina para siempre.<\/p>\n<p>Cinco minutos despu&eacute;s, con mi erecci&oacute;n controlada a medias, Lelu sali&oacute; del ba&ntilde;o con una toalla envolviendo su cuerpo, y otra en el pelo.<\/p>\n<p>Creo que, despu&eacute;s de tanto maquinarme, ese fue el preciso momento en que pens&eacute; que no ten&iacute;a por qu&eacute; dejar que todo quedase en mi imaginaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Continuar&aacute;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 IV Los d&iacute;as son cada vez m&aacute;s extra&ntilde;os. O quiz&aacute; lo correcto sea decir que son cada vez m&aacute;s comunes. Es muy dif&iacute;cil diferenciar un lunes de un viernes. 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