{"id":24988,"date":"2020-07-31T22:00:00","date_gmt":"2020-07-31T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-07-31T22:00:00","modified_gmt":"2020-07-31T22:00:00","slug":"sexo-en-la-p27","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/sexo-en-la-p27\/","title":{"rendered":"Sexo en la P27"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"24988\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p style=\"text-align:center\"><span style=\"font-size:16px\"><span style=\"font-family:Georgia,serif\"><img decoding=\"async\" alt=\"Me dej\u00e9 llevar dentro del parking.\" src=\"https:\/\/1.bp.blogspot.com\/-PTOxEMpY998\/XvsEqEY04bI\/AAAAAAAARJ8\/uNWzME8ZgscJrwhLRtMsAiBNRRxLiFqzgCLcBGAsYHQ\/s1600\/sexo-parking-esposa-infiel.jpg\" style=\"height:211px; margin-bottom:10px; margin-top:10px; text-align:center; width:250px\" title=\"\"><\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size:16px\"><span style=\"font-family:Georgia,serif\">&nbsp;<\/span><\/span>Me dice que no es por m&iacute;, que en realidad yo le transmito bastante confianza, pero que no puede arriesgarse a cometer ning&uacute;n error. Le es imposible darme el n&ordm; de m&oacute;vil. De modo que acordamos comunicarnos exclusivamente a trav&eacute;s del correo electr&oacute;nico. No es ning&uacute;n problema. Es tan solo algo m&aacute;s lento. Podemos entendernos perfectamente.<\/p>\n<p>Pero sigo sin saber qui&eacute;n es, no he visto su cara, no he visto su cuerpo, al menos no por completo. Tengo una cita con una cuasi desconocida. Me dirijo en coche hacia el lugar del encuentro. La excitaci&oacute;n es tremenda, los nervios me hacen sujetar el volante con m&aacute;s fuerza de lo habitual. Han pasado semanas desde que entr&eacute; en contacto con ella.<\/p>\n<p>La conoc&iacute; en un portal de contactos en internet. Nada m&aacute;s ingresar, me doy cuenta de que es un lugar diferente, la discreci&oacute;n es m&aacute;xima. Apenas hay perfiles con fotos, nada de frases vulgares ni reclamos absurdos. Encuentro una nota com&uacute;n en la mayor&iacute;a de los perfiles: se trata de mujeres comprometidas, casadas o con relaciones estables. Comienzo a excitarme. Mi mente morbosa me env&iacute;a este mensaje directo: &laquo;Se palpa el deseo&raquo;.<\/p>\n<p>Como un resorte que de repente queda liberado, mi imaginaci&oacute;n se dispara y comienza a hacer elucubraciones. Pienso en mujeres atrapadas en un matrimonio aburrido, mon&oacute;tono, quiz&aacute;s compartiendo su cama con un marido igual de aburrido, viviendo una vida sin chispa cargada de responsabilidades: hijos, compromisos sociales, trabajo, facturas, viajes programados&#8230; Un futuro plano, descorazonador.<\/p>\n<p>Las imagino buscando una salida, escabull&eacute;ndose furtivamente por la puerta de atr&aacute;s de su matrimonio y accediendo a los recovecos excitantes de la red, sintiendo la punzada morbosa de lo prohibido, de lo desconocido, buscando nuevas fuentes de excitaci&oacute;n, de algo que las haga sentir de nuevo: un flirteo, una noche de pasi&oacute;n, un romance clandestino&#8230; un hombre.<\/p>\n<p>En su perfil tampoco hab&iacute;a foto, ni datos personales, m&aacute;s all&aacute; de su edad (32), su color de ojos (verdes), su estatura (1&#39;68) y su complexi&oacute;n f&iacute;sica (unos kilos de m&aacute;s). En el motor de b&uacute;squeda, hab&iacute;a escogido la opci&oacute;n &laquo;Busco hombres para relaciones sexuales sin compromiso&raquo;. Estado civil: casada, con hijos. Mi excitaci&oacute;n crec&iacute;a por momentos. &iquest;Por qu&eacute; la escog&iacute; a ella? No lo s&eacute;.<\/p>\n<p>Durante las pocas semanas que me paseaba por el portal web, comprend&iacute; que pod&iacute;a haber &laquo;usuarios reclamo&raquo;, perfiles falsos preparados por los administradores para captar la atenci&oacute;n de los hombres e inducirles as&iacute; a gastar sus cr&eacute;ditos. De hecho, me llegaban algunos mensajes, pero mi intuici&oacute;n me dec&iacute;a que hab&iacute;a algo extra&ntilde;o en ellos, que eran demasiado desenfadados, demasiado directos. No se correspond&iacute;an con el tono de discreci&oacute;n que emanaba de la p&aacute;gina. Tuve que olvidarme de responder a esos mensajes. Escog&iacute; perfiles sencillos, claros, nada ostentosos, como el suyo.<\/p>\n<p>Pero deb&iacute;a andarme con cuidado. Antes de contactar con nadie, tuve que reflexionar acerca de c&oacute;mo deb&iacute;a mostrarme yo. No me conven&iacute;a ser un hombre soltero (lo era). Estas chicas no quer&iacute;an problemas, deb&iacute;an ir con pies de plomo, ten&iacute;an una vida que proteger. Soluci&oacute;n: ten&iacute;a que mentir, pero escog&iacute; una opci&oacute;n que pudiera resolver m&aacute;s tarde: &laquo;Estado civil: comprometido, relaci&oacute;n estable&raquo;.<\/p>\n<p>Observ&eacute; sus movimientos en la web durante un tiempo, antes de decidirme a contactar con ella. Entraba al portal desde un tel&eacute;fono m&oacute;vil, generalmente por las tardes, y no todos los d&iacute;as. Quiz&aacute;s no estaba decidida al 100% acerca de lo que estaba haciendo.<\/p>\n<p>Mientras paseaba el rat&oacute;n por la pantalla, leyendo las caracter&iacute;sticas de nuevos perfiles, un piloto verde capta mi atenci&oacute;n: &laquo;Solyluna, usuario online&raquo;. Era ella. Doy un brinco en la silla, el coraz&oacute;n se me acelera, me excito. &laquo;Ha llegado el momento&raquo;, pienso, &laquo;pero, &iquest;qu&eacute; co&ntilde;o le digo? No me puedo permitir el lujo de intimidarla, o de resultarle un gracioso, o demasiado directo&raquo;.<\/p>\n<p>Finalmente, me decido por un mensaje totalmente as&eacute;ptico, pero claro y sincero. S&oacute;lo me queda una duda: &iquest;uso el &laquo;t&uacute;&raquo; o el &laquo;usted&raquo;? Es una chica joven. Me arriesgo, escribo:<\/p>\n<p>MrSmith: Buenas tardes, me ha gustado tu perfil. Me gustar&iacute;a conocerte.<\/p>\n<p>La suerte estaba echada. Pasan los minutos&#8230; Algo despu&eacute;s de media hora, se enciende un icono en mi bandeja de entrada, un &laquo;1&raquo; de color blanco sobre fondo verde, y una leyenda a su lado: &laquo;Solyluna le ha enviado un mensaje&raquo;.<\/p>\n<p>Solyluna: Buenas tardes, MrSmith. Me parece bien.<\/p>\n<p>Estoy llegando al aparcamiento. Hemos escogido el parking subterr&aacute;neo de un &aacute;rea comercial. Son las tres de la tarde, viernes.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de aquel primer contacto en el portal web, nos enviamos correos diariamente desde el m&oacute;vil durante algunas semanas. Enseguida me di cuenta de que sobraban algunas preguntas. No era conveniente indagar sobre la vida del otro. Su discreci&oacute;n era total. En varias ocasiones, hizo alg&uacute;n amago de abandonar. Pero logramos sortear sus temores.<\/p>\n<p>Al principio, sus textos eran muy cortos, pero me gustaba c&oacute;mo se expresaba. Era clara, aunque a veces resultaba un tanto cortante. Con el paso de los d&iacute;as, nos fuimos sintiendo algo m&aacute;s c&oacute;modos, y empez&oacute; a surgir algo. Dimos paso con cierta rapidez a las conversaciones picantes, a nuestras preferencias sexuales.<\/p>\n<p>Solyluna: Cu&eacute;ntame alguna fantas&iacute;a.<\/p>\n<p>Yo le enviaba unos pocos renglones con alguna escena que se me ocurr&iacute;a. Me gustaba hacerlo. Quer&iacute;a humedecerla. Pero nada m&aacute;s empezar, me par&oacute; en seco:<\/p>\n<p>Solyluna: Eres un cursi.<\/p>\n<p>Me jodi&oacute; reconocerlo, pero ten&iacute;a raz&oacute;n. Estaba demasiado preocupado por no resultar grosero. Me gustaba esta chica.<\/p>\n<p>MrSmith: Pues ahora te vas a enterar.<\/p>\n<p>Le envi&eacute; otras pocas l&iacute;neas, esta vez sin cortarme un pelo.<\/p>\n<p>Solyluna: Me has puesto a mil. Me gustas mucho m&aacute;s cuando eres un cerdo.<\/p>\n<p>Yo estaba encantado de la vida, y ella me pon&iacute;a a m&iacute; igual de cachondo con sus comentarios.<\/p>\n<p>Bajo este clima de complicidad, y olvid&aacute;ndonos definitivamente de hacer preguntas indiscretas, le propuse resolver una cuesti&oacute;n que para m&iacute; era importante: quer&iacute;a ver alguna foto suya.<\/p>\n<p>Solyluna: Lo siento, pero no puedo hacer eso, no puedo arriesgarme.<\/p>\n<p>No quise forzar las cosas, as&iacute; que le propuse hacer un juego: yo le enviar&iacute;a algunas fotos de mi cara, y ella me enviar&iacute;a otras donde mostrara algunas partes de su cuerpo.<\/p>\n<p>MrSmith: Puedes reducir el plano todo lo que t&uacute; quieras, de modo que no sientas que se te puede reconocer.<\/p>\n<p>Solyluna: Vale.<\/p>\n<p>Me env&iacute;a dos fotos y me pone duro de inmediato. En una de ellas me muestra el hombro izquierdo, con su clav&iacute;cula bien dibujada, parcialmente desnudo, sobre el que resbala una rebeca negra de punto, con amplios agujeritos, que deja entrever claramente un pecho grande y un pez&oacute;n moreno con su bot&oacute;n erizado.<\/p>\n<p>En la otra, aparece un plano muy peque&ntilde;o donde se ve un ombligo, una mano que se introduce bajo la tela rosada de unas bragas de encaje, una vulva oculta bajo esas bragas y el comienzo de los muslos.<\/p>\n<p>&laquo;La madre que la pari&oacute;&raquo;, digo yo en voz alta al ver las fotos, en la soledad de mi cuarto. Y, una vez m&aacute;s, mi mente me ofrece una nueva guinda jugosa: pienso en ella, all&iacute;, en su casa, buscando el momento adecuado para ponerse esa rebeca, a escondidas, y sacarse la foto para m&iacute;. Puedo sentir su propia excitaci&oacute;n. Me pongo como una moto. Definitivamente me gusta esta chica.<\/p>\n<p>Mientras conduzco, ya dentro del parking, recibo un nuevo mensaje de correo:<\/p>\n<p>Solyluna: Estoy llegando.<\/p>\n<p>MrSmith: Yo ya estoy aqu&iacute;. Pero, &iexcl;joder, cu&aacute;nta luz hay! Voy a merodear un poco, a ver qu&eacute; encuentro.<\/p>\n<p>Doy algunas vueltas con el coche por el amplio aparcamiento hasta que doy con una zona bastante m&aacute;s oscura y apartada. Le env&iacute;o un nuevo mensaje:<\/p>\n<p>MrSmith: Estoy en la P27.<\/p>\n<p>Los nervios me tienen card&iacute;aco. Espero dentro del coche. No s&eacute; qu&eacute; carajo hacer para matar estos minutos. Al poco rato, se acerca un coche con las luces encendidas, avanza muy despacio. Es un coche familiar, voluminoso. Aparca a mi lado, en el espacio que le he dejado entre mi coche y la pared. Apaga el motor. Dentro de nada, voy a encontrarme con una mujer a la que s&oacute;lo he visto como un collage, a trocitos, y no s&eacute; c&oacute;mo es su cara.<\/p>\n<p>Desciende del coche. Desde el m&iacute;o observo dos pies desnudos calzados con sandalias de tiras de tac&oacute;n corto, las u&ntilde;as color vino. Bajo del m&iacute;o y me acerco a ella. No me ha mentido: viste de modo informal: vaqueros deslavados, camisola suelta con motivos hawaianos, pendientes de bisuter&iacute;a, amplios, pelo lacio casta&ntilde;o cobrizo, unos kilos de m&aacute;s. Me gusta. Me acerco, le doy dos besos, huele de maravilla. &laquo;&iexcl;Hostias!&raquo;, me digo para m&iacute; al verle la cara. La chica es muy guapa.<\/p>\n<p>Estamos nerviosos, cortados. Nos miramos a hurtadillas. Pronunciamos algunas frases de rigor y a los pocos minutos le propongo seguir hablando en su coche. Nos seguimos mirando de tanto en tanto. Tiene los ojos enormes, me gusta c&oacute;mo me mira. Su boca es carnosa, el ment&oacute;n algo prominente, los dientes bonitos. No lleva pintura de labios.<\/p>\n<p>Pero la noto triste, casi dir&iacute;a que cansada. Tras una peque&ntilde;a conversaci&oacute;n, se gira hacia atr&aacute;s y me invita con su mirada a echar un vistazo. Me se&ntilde;ala con la cabeza las dos sillas de beb&eacute; que est&aacute;n colocadas en el asiento de atr&aacute;s. Hay alg&uacute;n juguete por el suelo del coche, alg&uacute;n sonajero. Levanta las cejas, hace una mueca con los labios y un gesto con las manos, un gesto de resignaci&oacute;n. &laquo;Mira lo que se me vino encima&raquo;, interpreto. Deduzco de inmediato que su vida matrimonial no es lo que esperaba. No s&oacute;lo por las responsabilidades a las que ha de hacer frente, sino porque su marido no le satisface. No existe chispa entre ellos, no hay pasi&oacute;n. &iquest;Por qu&eacute;, si no, aventurarse en una p&aacute;gina de contactos? Es s&oacute;lo mi impresi&oacute;n, pero creo que no me equivoco.<\/p>\n<p>Seguimos hablando de tonter&iacute;as durante unos minutos y nos vamos relajando. En cierto momento, sin abandonar su expresi&oacute;n melanc&oacute;lica, baja su mirada hacia el suelo y, con una media sonrisa nerviosa en sus labios, dice: &laquo;no s&eacute; por qu&eacute; hago todo esto&raquo;. Para aumentar algo m&aacute;s la complicidad, que ya existe, entre broma y broma apoyo mi mano en su muslo. Ella, poco a poco, aproxima su mano a la m&iacute;a y empezamos a enredar los dedos. &laquo;Cojones&#8230;&raquo;, pienso para m&iacute;.<\/p>\n<p>Tiene las manos bonitas. No se las pinta. El ambiente se caldea a pasos agigantados. Nuestras miradas se vuelven mucho m&aacute;s indiscretas, hablamos menos. Nos miramos la boca. &laquo;Aqu&iacute; va a pasar algo, pero ya&raquo;, pienso.<\/p>\n<p>Me acomodo mejor en el asiento, ladeando mi cuerpo. Me aproximo un poco a ella. Ella se aproxima a m&iacute;. Me lanzo: llevo mi mano a su vientre, sobre la camisa, y acerco mi cara a la suya, pero no nos besamos, sino que apoyamos nuestras frentes. Respiramos con fuerza. Finalmente, nos besamos en la boca, las lenguas salen enseguida en busca de la otra.<\/p>\n<p>Le palpo el cuerpo. Tras este beso, sucede algo que me deja completamente atrapado: yo llevo mi boca ya h&uacute;meda a su cuello, la abro ampliamente y finjo morderla, pasando mi lengua h&uacute;meda sobre la piel y cerrando mi boca despacio, arrastrando suavemente los dientes, y en ese momento observo que ella estira su rostro hacia atr&aacute;s, los ojos cerrados hacia el techo, y suelta un monumental suspiro que hincha y deshincha su pecho. El gesto me deja paralizado medio segundo, mientras le beso el cuello. &laquo;Me cago en la hostia&raquo;, pienso para m&iacute;, y siento que ella estaba deseando algo as&iacute; desde hace mucho tiempo. &laquo;Yo s&iacute; s&eacute; por qu&eacute; haces esto&raquo;, me digo en silencio.<\/p>\n<p>A partir de aqu&iacute;, la escena es fuego. Le como el cuello mientras mi mano derecha empieza a tocar bajo su camisa. Mi boca es un detector de metales, solo que las piedras preciosas son su carne, que recorro sin despegarme. La mojo con mi saliva por todas partes, le busco la boca, la lengua. Le recorro la cara, mi aliento caliente le humedece la piel.<\/p>\n<p>Mi mano avanza por su cuenta y encuentra sus pechos. No deja de soltar suspiros, de respirar con fuerza. Ella tambi&eacute;n registra mi carne con su mano izquierda. La mete bajo mi camisa y me aprieta, me acaricia con firmeza. Le subo la camisa y dejo su sujetador de encaje negro al descubierto. Le agarro los pechos sobre la tela inc&oacute;moda. Los masajeo mientras le como la boca.<\/p>\n<p>Me distancio un momento, quiero ver lo que hago. Miro su sujetador y decido sacarle un pecho por encima. Aparece el pecho blando y grande y el pez&oacute;n moreno, amenaz&aacute;ndome. Llevo mis dedos a mi boca y los empapo de saliva. Le impregno el pez&oacute;n con la saliva, se lo acaricio, lo rozo con la punta del dedo, quiero que crezca, que se ponga tieso. Cuando lo veo como a m&iacute; me gusta, me lo como, me lo meto en la boca y succiono. Ella me pone la mano en el pelo de la nuca y me aprieta, me empuja para que la mame. Hago lo mismo con el otro pecho.<\/p>\n<p>Al cabo de unos minutos, mi mano desciende a su entrepierna. Est&aacute; muy caliente. La masajeo con fuerza por encima de la ropa y noto c&oacute;mo ella me acompa&ntilde;a con su pelvis. Pero quiero m&aacute;s. Trato de introducir mis dedos bajo el pantal&oacute;n. Es imposible. &laquo;Espera&raquo;, me dice. Se desabrocha el bot&oacute;n, la cremallera, y me abre el acceso a sus bragas blancas, que quedan al descubierto.<\/p>\n<p>Primero paso mi mano sobre las bragas. Est&aacute;n hirviendo, mi polla se pone m&aacute;s y m&aacute;s dura. Le acaricio la vulva sobre las bragas, presionando un poco mientras sigo comi&eacute;ndole la boca y los pezones. Mi mano aut&oacute;noma se introduce bajo las bragas y busca su raja. &laquo;Hostia puta&raquo;, me digo, &laquo;est&aacute; empapada&raquo;. Hundo un poco los dedos en la raja blanda y los empapo de su flujo. Hago algo que la impresiona: llevo los dedos a mi nariz y huelo con fuerza, y luego me los meto en la boca. &laquo;Dios, qu&eacute; rico hueles&raquo;, le digo. Ella no se cree lo que oye y niega con la cabeza, mordi&eacute;ndose el labio. Dice que no, pero sabe que s&iacute;, que su olor me pone a mil.<\/p>\n<p>Vuelvo a buscarle la raja y me entretengo. Es una fuente. &laquo;Joder, c&oacute;mo lo tienes&raquo;, le digo. La masajeo sin arrastrar los dedos, s&oacute;lo presionando, en c&iacute;rculos, y luego introduzco los dedos. Est&aacute; hirviendo por dentro. Contin&uacute;o as&iacute; un buen rato y no s&eacute; qu&eacute; sucede dentro de ella, pero se retuerce y mueve su pelvis, que anima los movimientos de mi mano. No s&eacute; si se ha corrido, pero me pone dur&iacute;simo verla.<\/p>\n<p>De repente noto su mano en mi pantal&oacute;n. Me recorre el bulto y lo aprieta. &laquo;Pero&#8230; me cago en la leche&raquo;, me digo. Yo tambi&eacute;n me retuerzo, abro los muslos y le ofrezco el paquete. Me acaricia con fuerza. Le miro la cara y veo que se muerde los labios, mirando fijamente mi bulto. Ahora soy yo el que no se cree lo que est&aacute; pasando: se ha inclinado sobre m&iacute; y me est&aacute; desabrochando el cintur&oacute;n con las dos manos. Mientras lo hace, miro al exterior del aparcamiento. No hay nadie, apenas alg&uacute;n coche aparcado a lo lejos.<\/p>\n<p>Me desabrocha el bot&oacute;n y la cremallera, me saca la polla hinchada y la veo decir que no con la cabeza. Esta chica me pone card&iacute;aco. No quiero perderme nada de lo que va a suceder, as&iacute; que, con mi mano izquierda, retiro su pelo lacio y dejo su cuello y su cara al descubierto. Saca la lengua y me roza el glande mocoso. Un hilo de l&iacute;quido seminal transparente queda colgando entre su lengua y mi polla. Lo recoge y se lo bebe. Yo sigo diciendo que no con la cabeza y creyendo en Cristo.<\/p>\n<p>Se mete la cabeza roja en su boca y suelta un quejido. Se separa un poco y cuelgan nuevos hilos desde su boca hasta mi polla. Lo repite varias veces hasta que comienza a mamarme, haciendo ruiditos y soltando peque&ntilde;os gemidos. Mi mano est&aacute; en contacto con su cuello y su pelo, mientras la veo subir y bajar la cabeza contra mi miembro. Ahora soy yo el que levanta la cara hacia el techo del coche, con los ojos cerrados: &laquo;La madre que me pari&oacute;&raquo;, suelto para m&iacute;.<\/p>\n<p>La acaricio con fuerza el cuello y la cabeza mientras me mama. Voy a reventar de un momento a otro. &laquo;Oye, oye, para, si sigues me voy a correr&raquo;, le digo preocupado, mirando el interior del coche, que est&aacute; impecable, temiendo manchar el asiento. &laquo;Tranquilo, no pasa nada&raquo;, me dice. Entonces abre la guantera y coge una toallita de una caja abierta. La guarda en el pu&ntilde;o, vuelve a agarrarme la polla con la otra mano y se la mete de nuevo en la boca.<\/p>\n<p>Me dejo hacer, se me mueve la pelvis, se la ofrezco todo lo que puedo, hasta que no aguanto m&aacute;s y jadeo cuando siento que sale el primer chorro de semen, y luego el segundo, y el tercero&#8230; La tengo sujeta por la cabeza, contray&eacute;ndome, mientras ella se bebe mi semen. Jadeo con fuerza, me contraigo, resoplo, &laquo;me cago en la puta&raquo;, me digo por dentro. Me recupero mientras ella me limpia alg&uacute;n resto de semen que queda en mi polla, seca la saliva del tronco, seca sus labios. Se retira a su asiento y yo me abrocho los pantalones. Respiramos, cogemos aliento.<\/p>\n<p>Estoy conduciendo de vuelta a mi casa. Trato de asimilar lo que ha sucedido. No acabo de cre&eacute;rmelo, ha sido tremendo. En el aparcamiento, nos hemos despedido con las sonrisas en los labios. Nos hemos tocado y besado despacio despu&eacute;s del zafarrancho. Est&aacute;bamos a gusto, contentos, apenas habl&aacute;bamos.<\/p>\n<p>Mientras conduzco, llega un correo a mi m&oacute;vil. Es ella, Solyluna. Cuando encuentro una salida al arc&eacute;n, detengo el coche y abro el mensaje: &laquo;Ha sido una pasada. Me ha encantado&raquo;. La sonrisa me llega a las orejas. Escribo: &laquo;Lo mismo te digo, ha sido incre&iacute;ble, y t&uacute; eres la pera. Me encant&oacute; ver tu cara de deseo, me pone much&iacute;simo. Tengo tu perfume en mi ropa, y tu olor en los dedos, y no pienso quit&aacute;rmelo hasta dentro de un buen rato. Quiero verte de nuevo&raquo;. Le doy a &laquo;enviar&raquo; y me incorporo al tr&aacute;fico, feliz.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 &nbsp;Me dice que no es por m&iacute;, que en realidad yo le transmito bastante confianza, pero que no puede arriesgarse a cometer ning&uacute;n error. Le es imposible darme el n&ordm; de m&oacute;vil. De modo que acordamos comunicarnos exclusivamente a trav&eacute;s del correo electr&oacute;nico. No es ning&uacute;n problema. Es tan solo algo m&aacute;s lento. Podemos [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":15675,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[29],"tags":[],"class_list":{"0":"post-24988","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-sexo-oral"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/24988","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/15675"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=24988"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/24988\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=24988"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=24988"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=24988"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}