{"id":25100,"date":"2020-08-08T22:00:00","date_gmt":"2020-08-08T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-08-08T22:00:00","modified_gmt":"2020-08-08T22:00:00","slug":"francitres-recuerdos-de-vacaciones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/francitres-recuerdos-de-vacaciones\/","title":{"rendered":"Francitr\u00e9s: Recuerdos de vacaciones"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"25100\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 3<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Era a finales de septiembre. El verano a&uacute;n resiste en esta parte del suroeste, aunque ya se siente la frescura de las tardes de oto&ntilde;o. Camino solo en este bosque que bordea el Oc&eacute;ano, mi piel a&uacute;n llena de sol y mis pulmones llenos del aroma de la savia de pino cuya resina perfuma como incienso la atm&oacute;sfera. Un sonido de pasos amortiguados por la arena hace que mi cabeza d&eacute; vueltas. All&iacute;, a trav&eacute;s de un tragaluz natural creado por la vegetaci&oacute;n, un joven desnudo, sin pelo en todo su cuerpo y de piel lechosa pasa suavemente, arrastrando una toalla de playa detr&aacute;s de &eacute;l. Apenas unos metros y se detiene, pone su toalla en la blanca arena, contra una peque&ntilde;a duna ba&ntilde;ada por la luz del sol. Se acuesta sobre su est&oacute;mago y se detiene completamente desnudo, s&oacute;lo con un par de gafas de sol.<\/p>\n<p>Yo tambi&eacute;n me paro a contemplar ese cuerpo desnudo, que contrasta con las pieles color miel o jengibre que se encuentran habitualmente en las playas.<\/p>\n<p>Pasan unos minutos antes de que otro personaje entre en escena, tambi&eacute;n desnudo, un hombre que debe haber pasado la edad de la jubilaci&oacute;n, con la barriga llena de abundosa panza y una corona de pelo gris. Pasa al lado del joven que no se inmuta de su presencia, se da la vuelta y deja su toalla a su lado. El joven levanta la cabeza y comienza a retorcerse lascivamente en su toall&oacute;n de ba&ntilde;o. No hace falta mucho para que el hombre mayor se anime a acariciar la espalda del chico guapo tumbado.<\/p>\n<p>Mi sentimiento es entonces compartido: una cierta fascinaci&oacute;n por el espect&aacute;culo que tiene lugar ante mis ojos, y una cierta verg&uuml;enza de ver a este chico en manos de un hombre que podr&iacute;a ser su abuelo. Pero la escena contin&uacute;a, y estoy admirado cuando veo que este contacto no es casi nada sexual, m&aacute;s bien un gran momento de ternura entre un hombre y un peque&ntilde;o animal confiado. Acaricia suavemente su espalda, sus preciosas y abultadas nalgas blancas, baja hasta sus tobillos y vuelve a subir, y aunque el joven se posiciona h&aacute;bilmente para mostrarle todas las partes &iacute;ntimas de su anatom&iacute;a, los gestos son lentos y sensuales, realmente para dar placer. Adem&aacute;s, el viejo no tiene una erecci&oacute;n, y el joven est&aacute; a medio camino.<\/p>\n<p>El contraste es sorprendente cuando llega un segundo tipo que tambi&eacute;n est&aacute; esa etapa de la jubilaci&oacute;n, vestido solo con pantal&oacute;n. Se pone de pie frente al joven, inmediatamente saca su sexo turgente, se enreda mientras intenta desabrocharse el cintur&oacute;n, se envuelve una cintura imponente y comienza una furiosa sesi&oacute;n de masturbaci&oacute;n tan pronto como se baja los pantalones. Pero la pareja contin&uacute;a como si nada estuviera pasando; el joven ondulando bajo las expertas caricias del hombre mayor, pero sin devolver el favor a su pareja. El reci&eacute;n llegado, sin duda pensando que puede aprovecharse de la ganancia, tambi&eacute;n comienza a tocar al joven, pero las reacciones no son para nada las mismas. Tocando abruptamente, sin pasi&oacute;n, demasiado enfocado en el sexo y la grieta de las nalgas, el hombre del bosque se excita con sus propios atributos al mismo tiempo. Pero todo lo que obtiene a cambio es el cese de los juegos del d&uacute;o y la inmovilizaci&oacute;n del joven. Comprende r&aacute;pidamente, se ajusta febrilmente y se va con un paso r&aacute;pido y frustrado.<\/p>\n<p>Durante todo este tiempo, permanec&iacute; clavado en el mismo lugar, como frente a la pantalla de un cine, mis manos en los bolsillos de mis jeans, la mochila en el hombro. Y es s&oacute;lo un ligero ruido a mi izquierda lo que me llama la atenci&oacute;n. Un hombre de unos cuarenta a&ntilde;os, tambi&eacute;n vestido, ha venido a sentarse silenciosamente a unos diez metros de m&iacute; sin que yo lo notase. Con el sexo fuera de los pantalones, mira la escena, puliendo vigorosamente su miembro, ocasionalmente lanzando miradas ansiosas en mi direcci&oacute;n. Sonr&iacute;o por dentro pero no me estremezco. Sus esfuerzos no duran mucho tiempo y desaparece muy r&aacute;pidamente, y no s&eacute; si ha llegado al orgasmo o si es la incomodidad debida a otro espectador lo que le hace huir tan r&aacute;pidamente&hellip;<\/p>\n<p>Hay que decir que la zona est&aacute; cada vez menos desierta, a pesar de que el sol se pone en el horizonte. Uno bajito se nos uni&oacute;, a mi derecha esta vez, a una distancia igual a la del anterior. Mucho m&aacute;s relajado, una mirada afeitada y suburbana, &eacute;l tambi&eacute;n tiene que mirar a la pareja, con las manos en los bolsillos. Y los movimientos visibles de la parte delantera de su jogging me hacen creer que no permanece insensible a la imagen&#8230; De vez en cuando, &eacute;l tambi&eacute;n me mira, y sin duda puesto en confianza por mi estoicismo, saca su sexo despu&eacute;s de unos minutos, y comienza a acariciarse suavemente, al un&iacute;sono con la pareja que parece vivir en una burbuja. Por primera vez desde mi llegada, siento que mi emoci&oacute;n baja de mi cerebro para crear una tensi&oacute;n creciente en mi slip.<\/p>\n<p>Una sensaci&oacute;n de armon&iacute;a me invade, entre estos actores al aire libre, entre mi peque&ntilde;o voyeur sonriendo y masajeando tiernamente el paquete y yo. Pero permanezco all&iacute;, con la boca seca, el coraz&oacute;n acelerado, sin atreverme a moverme por temor a que el encanto de este momento se detenga repentinamente. Los &uacute;ltimos rayos de sol calientan mi cuerpo, y disfruto de este m&aacute;gico momento en el que el tiempo parece haberse congelado. Y me voy como vine, sin mirar atr&aacute;s, al coche que me llevar&aacute; a mi vida cotidiana, con estrellas en la cabeza. L&aacute;stima para el peque&ntilde;o que me acompa&ntilde;&oacute; en mi viaje, ciertamente me perd&iacute; algo, pero hay momentos demasiado m&aacute;gicos para volver a la tierra de inmediato&hellip;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 3<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 Era a finales de septiembre. El verano a&uacute;n resiste en esta parte del suroeste, aunque ya se siente la frescura de las tardes de oto&ntilde;o. 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