{"id":25227,"date":"2020-08-16T22:00:00","date_gmt":"2020-08-16T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-08-16T22:00:00","modified_gmt":"2020-08-16T22:00:00","slug":"el-huaso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-huaso\/","title":{"rendered":"El huaso"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"25227\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Juan Carlos era huaso. Si, era un huaso de la cuarta regi&oacute;n de este Chile lindo, no recuerdo bien si era de Ovalle o Monte Patria, pero &eacute;l hablaba mucho de ambos lugares cuando se juntaba con sus compa&ntilde;eros de pega a jugar un partido de f&uacute;tbol, para rematar despu&eacute;s en un op&iacute;paro asado bien regado con cajas y cajas de cerveza. &Eacute;l era trabajador antiguo en la empresa minera de m&aacute;s prestigio y con m&aacute;s garant&iacute;as laborales de la provincia y se desempe&ntilde;aba espec&iacute;ficamente en la planta de &aacute;cido. &iquest;Qu&eacute; hace una planta de &aacute;cido en medio de una industria del cobre le pregunte un d&iacute;a al huaso Juan Carlos? Y el tomando aire y orgullosamente empez&oacute; una gran charla inductora a lo que era su trabajo y que yo resumir&iacute;a en lo siguiente. Una gran obra de ingenier&iacute;a, la planta, que ten&iacute;a por objeto captar los humos que sal&iacute;an de la fundici&oacute;n de concentrado de cobre, que llevaban en s&iacute;, altos componentes qu&iacute;micos de azufre, y que en su proceso esta planta, transforma los humos, en &aacute;cido sulf&uacute;rico como producto final.<\/p>\n<p>Si, era un orgulloso y esforzado trabajador de esta gigantesca empresa del cobre. Y todo ese sentimiento se hab&iacute;a forjado porque fue contratado para trabajar a los 17 a&ntilde;os y desde entonces hab&iacute;an pasado 34 a&ntilde;os, que estaban llenos de historias, las pocas de alegr&iacute;as, las muchas de penas, tristezas y sobreesfuerzos.<\/p>\n<p>Se arranc&oacute; de su hogar en la cuarta regi&oacute;n huyendo del maltrato de un padre alcoh&oacute;lico y de no querer seguir viendo a una madre m&aacute;rtir, que soportaba estoicamente todas las bajezas de ese padre borracho, por el beneficio de un techo y algo de comida decente, para sus dem&aacute;s hermanos, que prove&iacute;a ese esperpento de ser humano que le toco por progenitor. Ten&iacute;a 16 a&ntilde;os. Durante un a&ntilde;o vago y viajo rumbo al norte, hasta llegar a la ciudad que lo cobija hasta ahora.<\/p>\n<p>Pasado un a&ntilde;o postulo y qued&oacute; aceptado para trabajar en esa inmensa industria, que en esa &eacute;poca estaba en manos de los gringos la explotaci&oacute;n del cobre. Era la &eacute;poca que a los capataces, algunos empleados con estudios t&eacute;cnicos y con certeza a los que ten&iacute;an estudios Universitarios les pagaban con d&oacute;lares. En esa &eacute;poca entro a trabajar el huaso Juan Carlos. Ten&iacute;a 17 a&ntilde;os.<\/p>\n<p>Ahora lustraba 49 a&ntilde;os y estaba casado hace 19 a&ntilde;os. Se hab&iacute;a casado &ldquo;viejo&rdquo; para la &eacute;poca. La mayor&iacute;a de los hombres a los 25 ya estaban casado y con hijos. Se dec&iacute;a del hombre mayor de 30 que era soltero que era un mujeriego, vividor, parrandero, mal proyecto de casorio y del var&oacute;n mayor de 40 que era soltero lo que se dec&iacute;a eran todo lo que se pudiese ocurrir en t&eacute;rminos de dudar de su hombr&iacute;a y sexualidad.<\/p>\n<p>El huaso Juan Carlos hizo muchas cosas antes de casarse que para &eacute;l eran prioritarias. Trabajo como mula, a lo bruto y disciplinadamente para ganarse su dinero de buena manera y ahorrar al m&aacute;ximo. Fue ascendiendo, lo hizo. En 10 a&ntilde;os logro traer a su madre y hermanos. Hubo tambi&eacute;n entretanto algunos pololeos de corta, mediana y algunos de largo alcance y tambi&eacute;n hubo decepciones y falsas ilusiones. Y as&iacute; pasaron 15 a&ntilde;os y a los 32 a&ntilde;os se cas&oacute;, contrajo nupcias.<\/p>\n<p>De la esposa nunca hablo mucho el. Pololearon 5 meses y a los 8 meses se casaron. Era una mujer bonita, muy joven para &eacute;l. Era 10 a&ntilde;os menor, ten&iacute;a 22 a&ntilde;os cuando la conoci&oacute;. Era esa mezcla rara de ni&ntilde;a inocente con mezcla oculta de mujer fatal, esa que seduce lentamente hasta llevarte al borde del precipicio y sin darte cuenta, te hace caminar kil&oacute;metros y kil&oacute;metros en esa condici&oacute;n, hasta cuando llega ese empuj&oacute;n que se siente como un verdadero alivio al ir cayendo al vac&iacute;o, a la nada, a la no explicaci&oacute;n, al sin sentido, a lo absurdo. Si, fue un misterio de donde llego ella, pero la tesis m&aacute;s aceptada en el mundo underground o subterr&aacute;neo del pelambre y cuchicheo de las t&iacute;picas amigas envidiosas y feas casi siempre, era que la esposa del huaso Juan Carlos ten&iacute;a sus or&iacute;genes en la zona sur de Chile, m&aacute;s all&aacute; de Concepci&oacute;n y que &eacute;l la encontr&oacute; en uno de los viajes de vacaciones que hizo, en una boite, de esas t&iacute;picas que hay all&aacute; en el sur para los huasos. Esas boite llenas de rancheras, vino y peleas por las mujeres que est&aacute;n en la estancia.<\/p>\n<p>Esos cuchicheos y pelambres duraron los 6 meses iniciales del matrimonio, pero la mujer del huaso, con sabidur&iacute;a y astucia supo hacer callar su realidad que la hab&iacute;a perseguido hasta ese lugar, sin tenerle piedad. Si, ella era la mejor mujer de ese lugar cuando llego el huaso y se enamor&oacute; de ella. Era la m&aacute;s bella y la m&aacute;s cara de la comarca. Y el huaso pago muchos miles de pesos para estar con ella. Y ese poder econ&oacute;mico, ella lo admiro demasiado y por eso dijo que si, cuando le propuso irse al norte con &eacute;l, para que despu&eacute;s de un tiempo se convirtiera en su mujer. El sabia en su fuero interno que ella no pod&iacute;a amar a nadie, menos a &eacute;l. El solo esperaba que el tiempo hiciera el milagro. El solo le exigi&oacute; fidelidad. Ella acepto.<\/p>\n<p>Ella quedo embarazada inmediatamente. Fue una hermosa ni&ntilde;a la que naci&oacute;. Despu&eacute;s vinieron 3 embarazos m&aacute;s pero ninguno llego a buen puerto. Decidieron en com&uacute;n acuerdo que se quedar&iacute;an solamente con la ni&ntilde;a y que ser&iacute;an muy felices viviendo por y para ella.<\/p>\n<p>La hija tenia ahora 18 a&ntilde;os, estaba cursando cuarto medio y dar&iacute;a la PSU. Quer&iacute;a estudiar Bioqu&iacute;mica y ten&iacute;a notas en su colegio para poder ingresar a la Universidad Cat&oacute;lica que era su mayor sue&ntilde;o. Ella era intelectualmente y f&iacute;sicamente una jovencita sorprendente por sus capacidades y belleza. Se ve&iacute;a como una mujer fatal. Llena de sensualidad, pasi&oacute;n y rasgos claros de lujuria cuando, por ejemplo, jugaba mordi&eacute;ndose su gordo labio inferior, para ir solt&aacute;ndolo lentamente, sintiendo la mirada at&oacute;nita del o de los hombres que la observaban mientras ella se hacia la distra&iacute;da.<\/p>\n<p>No ten&iacute;a pololo, ten&iacute;a excelentes notas en su colegio, era una destacada nadadora y hab&iacute;a ganado varias competencias a nivel nacional. Fue elegida reina de la ciudad en el aniversario del a&ntilde;o anterior y su sector habitacional se movilizo para lograr que fuera due&ntilde;a de esa corona. Si, la hija del huaso Juan Carlos eran Venus y Eros en conjunci&oacute;n. La perfecci&oacute;n misma hecha mujer. Esa era su hija.<\/p>\n<p>Y su mujer, su mujer ya era &ldquo;Do&ntilde;a&rdquo;, la se&ntilde;ora del Huaso Juan Carlos, querida, pero sobretodo respetada por todos, por su car&aacute;cter. Nadie se atrev&iacute;a a decirle nada que le pareciera mal, porque le tem&iacute;an. Le tem&iacute;an a ella, a su car&aacute;cter, a su pasi&oacute;n a ese torbellino que era ella y dejaba su estela a su paso. Obviamente que nunca perdi&oacute; ese don, el de hacer notar, pero tambi&eacute;n se preocup&oacute; de hacerle saber a toda la comunidad cercana al huaso Juan Carlos, comunidad minera sobretodo, que tienen perfiles de comportamiento social muy especiales, basados principalmente en principios val&oacute;ricos que distan mucho de lo espiritual y humano. Recuerdo dos dichos que derivan de ese tipo de Comunidad. &ldquo;El piojo hinchado&rdquo; referido a aquella persona que fue en sus comienzos de extrema pobreza y que despu&eacute;s de un tiempo, al tener un buen trabajo, se las da de que siempre tuvo mucho y exige derechos en nombre de lo que tiene. Y el otro dicho era &ldquo;A quien le ha ganado este&rdquo;, sobretodo refiri&eacute;ndose a personas ajenas a su propia comunidad, la minera. Si, la mujer del huaso Juan Carlos era un miembro destacable dentro de la comunidad en que viv&iacute;an y eso lo hac&iacute;a sentir muy orgulloso.<\/p>\n<p>Por eso, casi se desmaya cuando su mejor amigo y compadre de bautizo de su hija se lo dijo: Juan Carlos, la comadre te est&aacute; cagando con otro. Sus piernas temblaron perdiendo fuerzas y su cabeza sinti&oacute; algo raro y sus p&aacute;rpados aumentaron su frecuencia y la visi&oacute;n por un instante fue borrosa.<\/p>\n<p>Se recuper&oacute; inmediatamente tomando una bocanada de aire y pregunto. &iquest;Qui&eacute;n es?, &iquest;Lo conozco? Es ese huev&oacute;n taxista, colectivero. Ese pendejo de 25 a&ntilde;os que nos viene a parchar el equipo de futbol cuando jugamos contra el otro sector de la poblaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Ah ya. Gracias compadre. Y no se habl&oacute; m&aacute;s del tema.<\/p>\n<p>Fue a la secci&oacute;n de acumulo de &aacute;cido desde donde e enviaba &aacute;cido a todas a aquellas secciones con laboratorios de mineralog&iacute;a, en peque&ntilde;as cantidades muy distinta a los pedidos industriales que hac&iacute;an otras industrias del pa&iacute;s o del extranjero.<\/p>\n<p>Le pidi&oacute; al encargado que le diera 1 litro de &aacute;cido sulf&uacute;rico al 100 %, era el m&aacute;s peligroso, el que reun&iacute;a m&aacute;s requisitos de cuidados y precauciones en su uso, por lo que le cost&oacute; un poco convencer a su compa&ntilde;ero de trabajo que lo quer&iacute;a para hacer una prueba experimental secreta, pensando en mejorar un proceso, en el marco de circulo de calidad al que el pertenec&iacute;a y que buscaba mejorar la calidad de la gesti&oacute;n en su trabajo, disminuyendo los accidentes del trabajo. Fue dif&iacute;cil, sobretodo porque le pidi&oacute; que no registrara nada de ese pedido, pues sospechaba de un jefe que le ten&iacute;a envidia y no lo dejar&iacute;a seguir con el experimento. Al final de muchos dimes y diretes en buena onda, el huaso logro convencer a ese ejemplar empleado de esa prestigiosa empresa que le diera el litro de &aacute;cido sulf&uacute;rico.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a avisado a su esposa que ten&iacute;a turno de ma&ntilde;ana por tercera vez saliendo de un turno de noche, es decir, hab&iacute;a avisado tres veces que ir&iacute;a a doblar por lo que no volver&iacute;a a casa hasta pasado el mediod&iacute;a. Se iba al atardecer y no volv&iacute;a hasta pasado el mediod&iacute;a del otro d&iacute;a. Era solo cosa de esperar. El practicaba la pesca en ese r&iacute;o de su provincia, ese el m&aacute;s largo del pa&iacute;s y que causaba risa cuando &eacute;l lo dec&iacute;a, porque por la ciudad pasaba como un simple riachuelo y en algunas partes como acequia, seg&uacute;n los entendidos. Como buen pescador, sab&iacute;a que deb&iacute;a elegir el mejor lugar, la mejor carnada y tener mucha paciencia hasta que el pez se comiera la carnada completa.<\/p>\n<p>Se ubicaba frente a su casa a observar, a vigilar, a esperar a que llegara la presa. Y ten&iacute;a paciencia. Permanec&iacute;a inm&oacute;vil horas y horas mirando directamente a la casa desde un lugar donde no levantara sospechas y donde no lo pudieran ver. Sab&iacute;a que ese era el horario que eleg&iacute;an para verse. Lo dedujo. Ella quedaba sola, pues la hija se iba al colegio, as&iacute; que era el momento propicio. Y ten&iacute;a que ser all&iacute; en su propio hogar, pues donde quisiera ir ella fuera de la casa, lo hac&iacute;a con &eacute;l o con su hija.<\/p>\n<p>Vio llegar el auto. Se estacion&oacute; cerca donde estaba el y se tuvo que ocultar r&aacute;pidamente para no ser descubierto. Del auto se baj&oacute; el conductor, el flaco de 25 a&ntilde;os, se baj&oacute; el amante de su esposa. Pero inmediatamente se abri&oacute; la puerta del copiloto del auto y bajo otro joven de edad parecida o un poco m&aacute;s joven y salieron caminando rauda y sigilosamente hacia la casa, su casa. Eran las 08:45 h. Todo coincid&iacute;a seg&uacute;n sus c&aacute;lculos. Su hija ya deb&iacute;a haber tomado el furg&oacute;n que el pagaba y que la pasaba a buscar por la puerta del patio, pues hab&iacute;a otra amiga que se sub&iacute;a al mismo furg&oacute;n y viv&iacute;a al frente de ellos.<\/p>\n<p>Dejo pasar un tiempo prudente. &iquest;Que era tiempo prudente se preguntaba el?, sobre todo si sent&iacute;a que cada segundo era un a&ntilde;o y cada minuto que pasaba un siglo. La perra ya no se apareaba con uno solo, no le era suficiente. Ahora quer&iacute;a dos. Por eso que dudaba para poder saber cu&aacute;l era el tiempo prudente para que el se&ntilde;uelo fuese comido completo y poder tirar la ca&ntilde;a de pescar. Lo defini&oacute; en media hora.<\/p>\n<p>Palpo el objeto cil&iacute;ndrico de hierro que llevaba en un bolso de cuero que usaba para llevar su vianda al trabajo. Ah&iacute; estaba su instrumento justiciero. Ah&iacute; estaba la sentencia de su destino. Ah&iacute; estaba el empuj&oacute;n al precipicio. Camin&oacute; decidido hacia su casa. Abri&oacute; con calma y sigilosamente la puerta de entrada. No quer&iacute;a sorpresas para nadie. Camino r&aacute;pido, raudo y casi a ciegas los pasos para llegar a su dormitorio, el dormitorio matrimonial. Se par&oacute; en el umbral de la puerta, tomo aire, abri&oacute; el tubo que conten&iacute;a el &aacute;cido. Escucho los resoplidos de la perra en celo, abri&oacute; la puerta, los vio, se acerc&oacute; un poco pues todav&iacute;a no lo sent&iacute;an venir, ni tampoco lo har&iacute;an. Estaban anillados y entregados al placer bestial. Ella cabalgaba arriba de &eacute;l, brazos estirados al cielo cabeza tensa, ojos cerrados, sonidos y jadeos guturales. Fue un segundo que duro un siglo y no quiso saber m&aacute;s ni ver m&aacute;s. Un movimiento del tubo dirigido hacia ella y el segundo que conten&iacute;a la mayor parte del &aacute;cido para &eacute;l.<\/p>\n<p>Ambos abrieron los ojos y al instante supieron lo que pasaba. El olor a carne chamuscada se confund&iacute;a con los leves quejidos de los perros amantes agonizando para su bendita, vengativa y eterna felicidad.<\/p>\n<p>Volvi&oacute; el rostro al escuchar ese alarido suplicante y la vio. Una sombra se escurr&iacute;a por detr&aacute;s de ella. Qued&oacute; paralizado al descubrir la otra verdad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 Juan Carlos era huaso. 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