{"id":25306,"date":"2020-08-21T22:00:00","date_gmt":"2020-08-21T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-08-21T22:00:00","modified_gmt":"2020-08-21T22:00:00","slug":"la-sorpresa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/la-sorpresa\/","title":{"rendered":"La sorpresa"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"25306\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Mi vida es una carrera por la aventura, a pesar de tener solamente 32 a&ntilde;os, siempre he tenido un gran gusto por las mujeres en general, no soy de hacerle cuesti&oacute;n a algunas de ellas, no me interesa si son m&aacute;s chicas o si son m&aacute;s grandes, me gustan todas y cada una de ellas tiene algo que ofrecer. He tenido varias relaciones de variada intensidad, pero no he podido ser fiel m&aacute;s que un par de a&ntilde;os, no porque me dejaran de gustar mis parejas, sino porque me tentaba la idea de tener otras mujeres al mismo tiempo.<\/p>\n<p>Debo reconocer que considero que en la variedad est&aacute; el gusto. Pero he sido lo suficientemente amplio en mis relaciones, ya que cuando las iniciaba, siempre les dec&iacute;a a las mujeres que pod&iacute;an estar con otro hombre al mismo tiempo y que adelantaba ese comentario al inicio de la relaci&oacute;n, para no tener problemas luego. Las reglas del juego eran para los dos por igual. En todos los casos ofrec&iacute; la misma posibilidad. De hecho una cantidad interesante de mujeres no aceptaron una relaci&oacute;n conmigo, y las que lo hicieron nunca me enter&eacute; que usaran esa libertad sexual que les ofrec&iacute;.<\/p>\n<p>Pero sucedi&oacute; que a los 28 a&ntilde;os me encontr&eacute; en una fiesta de cumplea&ntilde;os de un amigo m&iacute;o, Sebasti&aacute;n, nos conoc&iacute;amos desde la escuela primaria y desde all&iacute; tuvimos una relaci&oacute;n amical muy estrecha.<\/p>\n<p>En dicha reuni&oacute;n hab&iacute;a una mujer realmente muy inquietante, sobre todo su vestimenta era impactante, ten&iacute;a una vestido rojo, ajustado a su cuerpo, le llegaba arriba de las rodillas, realmente era fant&aacute;stico, senos no muy grandes, una cintura perfecta, una caderas notables que terminaban en una nalgas pomposas. Ten&iacute;a zapatos rojos brillosos, de taco muy alto, unos pendientes dorados al tono con una pulsera que llevaba en su mu&ntilde;eca de la mano izquierda.<\/p>\n<p>Su cabello negro azabache le llegaba hasta la mitad de la espalda, ten&iacute;a pintados los labios al tono con el vestido y los zapatos, al igual que las u&ntilde;as, mientras que sus p&aacute;rpados mostraban un leve color celeste.<\/p>\n<p>Mi amigo me la present&oacute;, como a otros participantes en esa velada, yo me acerqu&eacute; a ella un momento m&aacute;s tarde y le dije si me acompa&ntilde;aba a beber algo en el interior de la casa. Est&aacute;bamos en un amplio patio. Su nombre es Alana.<\/p>\n<p>Accedi&oacute; gentilmente. Conversamos toda la noche y le dije, casi a las cuatro de la ma&ntilde;ana, que la llevaba a su casa en mi autom&oacute;vil.<\/p>\n<p>Me dijo que s&iacute;. Fuimos a buscar el rodado y la llev&eacute;. Cuando llegamos a la vivienda, le dije que la invitaba a cenar cuando ella dispusiera. Me dijo que el jueves por la noche estaba libre.<\/p>\n<p>Nos encontramos ese jueves y comenzamos una relaci&oacute;n. Ella me dijo que trabajaba en una casa de venta de perfumes y que sol&iacute;a ausentarse un par de d&iacute;as por semana porque realizaba pedidos y entregas en otras ciudades cercanas a la nuestra.<\/p>\n<p>Yo le coment&eacute; que trabajaba como directivo de una universidad privada, ubicada en el centro de la ciudad.<\/p>\n<p>As&iacute; estuvimos una par de a&ntilde;os hasta que decidimos ir a vivir juntos. Siendo una mujer bastante apegada a ciertas normas sociales, le pregunt&eacute; si deseaba contraer matrimonio, me dijo que no, que bastaba con vivir juntos, que conmigo se sent&iacute;a muy plena y que le encantaba estar a mi lado.<\/p>\n<p>Durante los a&ntilde;os de relaci&oacute;n tuvimos varios encuentros sexuales, aunque no muchos, su trabajo imped&iacute;a que pudi&eacute;ramos vernos m&aacute;s seguido en la semana. Mi trabajo tampoco contribu&iacute;a. As&iacute; fue que nunca tuvimos una vida social amplia, sino limitada a nuestras familias y algunas salidas espor&aacute;dicas.<\/p>\n<p>Nos mudamos a un departamento ubicado en el centro de Las Barcas, una ciudad que mezcla lo nuevo con lo antiguo. La convivencia era muy buena, tuvimos relaciones &iacute;ntimas con mayor asiduidad, Alana era una mujer abierta pero hasta cierto punto. Algunas cuestiones sexuales que me gustaban mucho, como por ejemplo, el sexo anal o terminar en su boca y que tomara mi semen, eran cosas que ten&iacute;a vedada.<\/p>\n<p>El tiempo fue pasando, ya casi dos a&ntilde;os, ambos segu&iacute;amos con nuestros trabajos y con nuestras rutinas.<\/p>\n<p>En cierta ocasi&oacute;n cuando llego a la universidad dos compa&ntilde;eros estaban charlando animadamente en el patio, cerca de la escalera que daba al gimnasio de la facultad. Me acerqu&eacute; a ellos y me met&iacute; en la conversaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Juan estaba comentando que hab&iacute;a ido hasta la ciudad de San Roque y hab&iacute;a concurrido a Singapur, &eacute;ste era una burlesque muy conocido por la zona, caro por cierto, donde sol&iacute;an ir de fiestas los turistas.<\/p>\n<p>Me fui con dos amigos, dijo Juan, estuvimos en la barra tomando unos tragos y a eso de la una de la ma&ntilde;ana pasamos hacia el interior del ambiente Azul, llamado as&iacute; porque todo era azul en su interior y all&iacute; entre luces tenues, desfilaban un conjunto de se&ntilde;oritas que eran elegidas por los clientes para mantener relaciones sexuales.<\/p>\n<p>Juan dijo que hab&iacute;a una mujer impactante de unos 25 a 30 a&ntilde;os, que le pareci&oacute; maravillosa. Que no ten&iacute;a palabras para poder describirla.<\/p>\n<p>Fuiste con ella. Le pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>No, me dijo, ella es muy cara.<\/p>\n<p>Cara, dije, cara, cu&aacute;nto. Repliqu&eacute;.<\/p>\n<p>Y me dijo Juan, como alrededor de veinte mil pesos.<\/p>\n<p>&iexcl;&iexcl;&iexcl;Caramba!!! Dije, es algo as&iacute; como un tercio de mi sueldo.<\/p>\n<p>Y c&oacute;mo se llama, pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>Eros, como el dios griego del amor.<\/p>\n<p>Bueno, bueno, dije. Cu&aacute;nta soberbia.<\/p>\n<p>Para nada, me dijo Alberto, mi otro compa&ntilde;ero, es una diosa. Ni te imagin&aacute;s.<\/p>\n<p>La probaste, pregunt&eacute;. No, respondi&oacute;, pero verla es un deleite.<\/p>\n<p>Bueno, parece que es hora de ir a trabajar, dijo Alberto. Y nos fuimos a nuestras oficinas los tres.<\/p>\n<p>Por horas, pens&eacute;, es como demasiado, que tanto de bueno puede tener una mujer para cobrar esa cifra.<\/p>\n<p>Pero la verdad es que me qued&eacute; bastante pensativo respecto de esa conversaci&oacute;n. Ya que record&eacute; que en cierta oportunidad el director acad&eacute;mico de la facultad hab&iacute;a hecho referencia al lugar y a una mujer altamente llamativa, mucho m&aacute;s que las otras damas.<\/p>\n<p>Mi inter&eacute;s se despert&oacute; dada la concordancia de los comentarios. Pero no pod&iacute;a sacar de un solo golpe ese dinero de mi sueldo ya que Alana se dar&iacute;a cuenta y no tendr&iacute;a manera de dar una explicaci&oacute;n coherente.<\/p>\n<p>De modo tal que fui extrayendo una cierta cantidad de dinero durante tres meses y decid&iacute; un viernes visitar Singapur. Alana estaba fuera de la ciudad desde el d&iacute;a anterior, seg&uacute;n me dijo, en la ciudad de Libas, a unos 50 kil&oacute;metros de Las Barcas, en donde iba a recoger algunos pedidos de perfumes y a entregar otros. No le dije que el viernes iba a salir. Era el momento oportuno para tener una aventura que seg&uacute;n amigos y conocidos parec&iacute;a valer la pena. Y que nunca hab&iacute;a tenido hasta entonces. Hab&iacute;a sido fiel a mi pareja.<\/p>\n<p>Recorr&iacute; unos 25 kil&oacute;metros en mi auto y llegue a Singapur. Eran las 22:00 horas, ingrese a la vieja casona, me apost&eacute; en la barra y ped&iacute; un vodka. Bebida que no tomo habitualmente.<\/p>\n<p>Un rato m&aacute;s tarde, pas&eacute; al interior del sal&oacute;n Azul, se acerc&oacute; una mujer de unos cuarenta y cinco a&ntilde;os, muy bella y er&oacute;ticamente vestida y me dijo, con suavidad al o&iacute;do, quiere ver de qu&eacute; se trata, caballero.<\/p>\n<p>S&iacute;, contest&eacute;, lac&oacute;nicamente.<\/p>\n<p>Bien, me dijo, har&eacute; pasar a las se&ntilde;oritas.<\/p>\n<p>Gracias, respond&iacute; gentilmente.<\/p>\n<p>La penumbra era mucha, pod&iacute;a divisar los cuerpos casi desnudos de esas hermosas mujeres, pero no pod&iacute;a divisar sus rostros.<\/p>\n<p>La madama estaba a mi lado. Le pregunt&eacute; si pod&iacute;a acercarme, me dijo: s&iacute;, pero no tanto. Me pregunt&oacute; si ten&iacute;a alguna preferencia espec&iacute;fica. Le dije: si, Eros.<\/p>\n<p>Eros, me respondi&oacute; llega a las doce de la noche. Faltan quince minutos.<\/p>\n<p>La espero a ella, le dije con una leve sonrisa.<\/p>\n<p>Ella me devolvi&oacute; la sonrisa y me dijo que iba a avisarle al camar&iacute;n.<\/p>\n<p>A las doce en punto apareci&oacute; una mujer despampanante, todo su cuerpo brillaba en esa luz tenue de la estancia, ten&iacute;a sobre su cuerpo una especie de glitter como &uacute;nica vestimenta. Era radiante.<\/p>\n<p>Me mir&oacute;, sonri&oacute;, y se dirigi&oacute; hacia el fondo de la habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>La madame me dijo que la siguiera.<\/p>\n<p>La segu&iacute;.<\/p>\n<p>Ella iba bastante delante de m&iacute;. Ingres&oacute; a una habitaci&oacute;n. Y cerr&oacute; la puerta.<\/p>\n<p>Llegu&eacute;, mov&iacute; el picaporte para abrir y pas&eacute; a la habitaci&oacute;n, la luz era casi nula.<\/p>\n<p>Ella me esperaba tirada sobre la cama, boca arriba, con las piernas semi abiertas, me desnud&eacute; r&aacute;pidamente, ten&iacute;a mi miembro erecto. Llegu&eacute; a la zona de su vagina y comenc&eacute; a lamerla, cuando dej&eacute; de hacerlo e intent&eacute; legar a su boca, me di cuenta, para mi asombro, que se traba de Alana, me qued&eacute; unos segundos at&oacute;nito, mir&aacute;ndola, no dije nada. Ella tampoco.<\/p>\n<p>Ingres&eacute; con mi pene en su vagina h&uacute;meda y entr&eacute; y sal&iacute; de su cuerpo con mucha fuerza, luego la di vuelta y le coloqu&eacute; en seco mi miembro en su orificio anal, me cost&oacute; ingresar, pero forc&eacute; el ingreso hasta que pude llegar hasta el fondo. Hasta. Eros o Alana, ya no sab&iacute;a bien lo que era cierto y lo que no, emiti&oacute; un leve gemido, pero nada m&aacute;s.<\/p>\n<p>Sal&iacute; de la parte posterior de su cuerpo y le dije que se diera vuelta, obedeci&oacute; calladamente, se puso boca arriba, coloqu&eacute; una rodilla a cada lado de su rostro y volqu&eacute; mi semen sobre su boca y su cara. Me mir&oacute; fijamente. Por unos instantes. Me sonri&oacute;. Esper&oacute; a que le dejara espacio para moverse, cuando ello ocurri&oacute;, se levant&oacute; de la cama y se retir&oacute; en silencio.<\/p>\n<p>Estaba aturdido. Fui a la toilette, me higienic&eacute;. Volv&iacute; al sal&oacute;n Azul, me dirig&iacute; hacia la madame y abon&eacute; la cifra solicitada por Eros.<\/p>\n<p>Sal&iacute; de Singapur a eso de las tres de la ma&ntilde;ana. Encend&iacute; un cigarrillo y camin&eacute; lentamente hacia el auto. Abr&iacute;, me sent&eacute;. No pod&iacute;a salir de mi asombro. Ese asombro no me permit&iacute;a pensar. Me preguntaba qu&eacute; pod&iacute;a decir cuando volviera a ver a Alana, cuando la tuviera frente a frente. Encend&iacute; el motor, y me volv&iacute; a casa con la mente en blanco.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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