{"id":25472,"date":"2020-08-29T22:00:00","date_gmt":"2020-08-29T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-08-29T22:00:00","modified_gmt":"2020-08-29T22:00:00","slug":"el-martin-rivas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-martin-rivas\/","title":{"rendered":"El Mart\u00edn Rivas"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"25472\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 3<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>&ldquo;El Martin Rivas&rdquo; en ese momento recordaba a su abuela. Si esa misma mujer que lo hab&iacute;a bautizado con ese apodo, seg&uacute;n supo el un d&iacute;a, por el gran amor sublime que ella lleg&oacute; a sentir por el protagonista, cuando ley&oacute; la novela de Alberto Blest Gana, quien fue un gran diplom&aacute;tico chileno y considerado el padre de la Novela Chilena.<\/p>\n<p>En ese momento recordaba tambi&eacute;n que lo que har&iacute;a pronto, ten&iacute;a que ver con su lema de &ldquo;Vivir libre y sin ning&uacute;n tipo de opresi&oacute;n&rdquo;, es decir hacer lo que &eacute;l quer&iacute;a sin importar nada m&aacute;s. Y su abuela ten&iacute;a que ver con eso de manera directa.<\/p>\n<p>&ldquo;El Martin Rivas&rdquo;, ten&iacute;a 19 a&ntilde;os, era un muchacho mal vestido, con rostro duro, casi maligno. No media m&aacute;s de 1,60 metro y ten&iacute;a una tendencia a la obesidad. Seria obeso en poco tiempo m&aacute;s a pesar de todo el ejercicio que el hac&iacute;a, en especial la nataci&oacute;n. Le gustaba mucho nadar, dec&iacute;a que lo liberaba mucho.<\/p>\n<p>-&iquest;Sabes? -Me contaba un d&iacute;a&ndash; Cuando estoy en el agua nadando siento que nada importa, que somos solo el agua y yo, el universo y yo y esa sensaci&oacute;n me hace sentir feliz. Es uno de los pocos momentos que siento felicidad.<\/p>\n<p>-&iquest;Y porque has tenido pocos momentos de felicidad le pregunte al &ldquo;Martin Rivas&rdquo;?, a lo que &eacute;l contest&oacute;.<\/p>\n<p>-Porque han sido m&aacute;s los de sufrimiento y dolor que prefiero no recordar ni menos hablarlos.<\/p>\n<p>&ldquo;El Martin Rivas&rdquo;, era violento, lo hab&iacute;an hecho as&iacute;, lenta pero met&oacute;dicamente. Y en ese momento recordaba a su querida abuela, como la causante de todas esas barbaridades f&iacute;sicas y sicol&oacute;gicas que lo convirtieron en lo que era en ese momento. Lo que era ahora. Un sic&oacute;pata a punto de iniciar su escalada de asesinatos para castigar a todos los culpables de sus desgracias. Ten&iacute;an que hacer pagar todos aquellos que eran felices por lo que nunca lo fue ni lo seria y se esforzar&iacute;a al m&aacute;ximo en hacerlo, pensaba &eacute;l.<\/p>\n<p>Su madre era una maldita. Una desgraciada desquiciada que desde siempre lo maltrato, castigo, humillo y vejo. Pero si pod&iacute;a decir algo en defensa de su madre es que era as&iacute;, porque su madre, es decir mi abuela, la hab&iacute;a llevado a esos extremos del dolor f&iacute;sico y del alma, era el proceder de esa enferma y loca mujer. Su querida abuela.<\/p>\n<p>Su abuela instig&oacute; a su madre a que lo castigara fractur&aacute;ndome dedos de sus manos por faltas que seg&uacute;n el &ldquo;Martin Rivas&rdquo; en su memoria recordaba que eran situaciones de juegos de ni&ntilde;os. Fue ella la que le dijo a su madre que lo quemara con cigarrillos, fue ella la que lo azotaba siempre con ropa mojada, lo golpearan con manguera de gomas pues no dejaban marcas externas y finalmente para no seguir recordando m&aacute;s barbaridades de esa s&aacute;dica mujer, fue ella quien instigo y planifico paso a paso la prostituci&oacute;n del Martin Rivas a la edad de 18 a&ntilde;os, momento que se inici&oacute; con el d&iacute;a de su cumplea&ntilde;os, cuando fue subastado al mejor postor, entre los 10 m&aacute;s famosos sex&oacute;patas asistente a la reuni&oacute;n negocio que hab&iacute;a organizado.<\/p>\n<p>A &eacute;l lo prepararon para ese d&iacute;a. Le contaron todo lo que pasar&iacute;a. Le dieron muchas indicaciones de lo que ten&iacute;a que hacer para que no fuera a sufrir lesiones graves. Igual, al finalizar la jornada, el sex&oacute;pata llamado &ldquo;Mandinga&rdquo;, que fue el ganador de la subasta, provoco tales lesiones al &ldquo;Martin Rivas&rdquo;, que fue necesario hacer venir el cirujano amigo de la abuela a reparar lo que se hab&iacute;a destruido con tanto salvajismo.<\/p>\n<p>&Eacute;l me contaba que cuando jugaba y hacia travesuras era amenazado de la siguiente manera:<\/p>\n<p>-&iexcl;No sigas molestando cabro e moledera o si no, le dir&eacute; a tu madre! &ndash;Dec&iacute;a mi abuela.<\/p>\n<p>A lo que el Martin replicaba:<\/p>\n<p>-&iexcl;No por favor abuela, que ella me har&aacute; mucho da&ntilde;o y me doler&aacute;! &ndash; Mientras empezaba simult&aacute;neamente a temblar de una manera incontrolable<\/p>\n<p>Por esos que sus miedos no eran los t&iacute;picos de los dem&aacute;s ni&ntilde;os a los que jugaban y &eacute;l no pod&iacute;a entender: El hombre de barba y del saco de papas. Ese hombre para &eacute;l, cuando lo ve&iacute;a en la calle le parec&iacute;a un hombre bueno, triste pero bueno y se alegraba cada vez que lo ve&iacute;a mientras sus amigos hu&iacute;an despavoridos de su presencia.<\/p>\n<p>En ese momento lo supo el &ldquo;Martin Rivas&rdquo;. Su madre sufri&oacute; lo mismo con su madre y se desquito con &eacute;l. Cuando tuvo esa certeza la maldijo y la odio m&aacute;s aun, por no haberlo protegido y haberse convertido en su victimaria.<\/p>\n<p>Y su abuela postrada en cama ahora, cuando &eacute;l ten&iacute;a 19 a&ntilde;os, le deseaba las penas del infierno en ese &uacute;ltimo tiempo de vida. Deseaba que sus enfermedades fueran muy dolorosas y lentas, para que lo que le restara de vida fuera un eterno sufrir.<\/p>\n<p>Ahora ella. Se concentr&oacute; en ella &ldquo;El Martin Rivas&rdquo;. La vio por primera vez al escuchar su acento extranjero. Como no sab&iacute;a hablar otros idiomas nunca supo que esa jovencita bella y tierna de 18 a&ntilde;os era Francesa. Le doli&oacute; tanta hermosura e inocencia. Por eso la ten&iacute;a ah&iacute; en esas dunas, en las de Re&ntilde;aca, a esa hora del atardecer con su navaja puesta en el cuello. La tenia de espalda a &eacute;l en 4 patas y ambos semidesnudos.<\/p>\n<p>Sonri&oacute; placenteramente cuando entro en ella y simult&aacute;neamente clav&oacute; su navaja en la garganta de esa virgen extranjera.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 3<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>&ldquo;El Martin Rivas&rdquo; en ese momento recordaba a su abuela. 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