{"id":25547,"date":"2020-09-02T03:00:28","date_gmt":"2020-09-02T03:00:28","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-09-02T03:00:28","modified_gmt":"2020-09-02T03:00:28","slug":"cuckold-2-la-mujer-de-un-amigo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/cuckold-2-la-mujer-de-un-amigo\/","title":{"rendered":"Cuckold (2): La mujer de un amigo"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"25547\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">4<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 28<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Con mis amigos del barrio nos juntamos todos los s&aacute;bados a la noche, para jugar a las cartas, ver un partido, o simplemente para hablar boludeces y tomar birra toda la noche. A mi mujer no le gusta mucho esa costumbre, pero la mantengo contenta llev&aacute;ndola a pasear casi todos los viernes, y preparando un rico asado familiar para compartir con ella y nuestros nenes, quienes se hacen cada vez m&aacute;s grandes.<\/p>\n<p>Casi siempre nos juntamos en el barcito del club del barrio. Don Alvarado, el encargado del bar\/buffet, es un amigo, y no tiene drama en dejarnos hasta altas horas de la madrugada, incluso cuando el bar ya est&aacute; cerrado para el p&uacute;blico en general.<\/p>\n<p>Pero otras veces nos juntamos en casa de Mart&iacute;n. Su mujer es enfermera, y suele trabajar de noche. Es el &uacute;nico que tiene, de vez en cuando, la casa sola los fines de semana. As&iacute; que aprovechamos esa movida y nos reunimos ah&iacute;, ya que es m&aacute;s confortable.<\/p>\n<p>El s&aacute;bado pasado tocaba ir a la casa de Mart&iacute;n. A eso de las nueve ya me preparaba para salir.<\/p>\n<p>&mdash;As&iacute; que te vas a tu reuni&oacute;n de machos &mdash;dijo mi mujer&mdash; No te cuesta nada quedarte un s&aacute;bado al menos.<\/p>\n<p>&mdash;No seas pesada Beti, es el &uacute;nico d&iacute;a que me tomo para m&iacute; &mdash;me defend&iacute;, y era cierto.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de una corta discusi&oacute;n, la convenc&iacute; de que me dejara de joder. Beti es muy insegura y desconfiada, y a pesar de que le jur&eacute; mil veces que nunca la enga&ntilde;ar&iacute;a, ella sigue fantaseando con que en esas juntadas con los muchachos, nos vamos de putas o algo por el estilo.<\/p>\n<p>Me fui, convencido de que me esperaba un s&aacute;bado de risas, charlas y alcohol, nada diferente a otros encuentros. Por supuesto, si eso fuera cierto, no valdr&iacute;a la pena haber comenzado este relato.<\/p>\n<p>La casa de Mart&iacute;n est&aacute; a tres cuadras de la m&iacute;a, as&iacute; que fui tranqui, caminando. Como era temprano -A eso de las diez m&aacute;s o menos-. Todav&iacute;a hab&iacute;a mucha gente dando vueltas por la calle. Principalmente los pendejos que sal&iacute;an de los kioskos con botellas de birra para empezar la previa. Varias pendejitas del barrio andaban con tremendas calzas, polleritas, y tops diminutos, hechas unas gatitas alzadas. Y pensar que a muchas de ellas las conozco desde que hab&iacute;an nacido. Las hab&iacute;a visto ir a al jard&iacute;n y al preescolar de la mano de sus padres, las hab&iacute;a conocido cuando las tetas apenas empezaban a not&aacute;rseles. Y ahora ya eran todas unas mujercitas dignas de ser bien cogidas.<\/p>\n<p>Igual, siempre disimulo la mirada de hambre cuando me cruzo a esas pendejitas. Porque Beti tiene la costumbre de salir a la vereda para asegurarse de que yo vaya a donde le dije que iba a ir, y no me desviaba a cualquier lado. Si me llega pescar en una de esas, se me arma tremendo quilombo. La &uacute;ltima vez que me pesc&oacute; mirando un culo, me dio vuelta la cara de un cachetazo. Ahora con la lecci&oacute;n ya aprendida, trato de comportarme como un se&ntilde;or, al menos en el barrio.<\/p>\n<p>Cuando estaba a una cuadra de la casa, le mand&eacute; un mensaje a Mart&iacute;n, avis&aacute;ndole que estaba llegando. Hac&iacute;a unas horas le hab&iacute;a escrito para confirmar si se hac&iacute;a la juntada, pero no me hab&iacute;a contestado, y de hecho, no vio el mensaje. Ahora pasaba lo mismo. Ni siquiera hab&iacute;a aparecido la segunda tilde, que seg&uacute;n me hab&iacute;a explicado Nicol&aacute;s, mi pibe, significaba que el mensaje hab&iacute;a llegado a su destino.<\/p>\n<p>As&iacute; que toqu&eacute; el timbre nom&aacute;s. Si sab&iacute;a en el quilombo en el que estaba a punto de meterme, hubiese vuelto a mi casa nom&aacute;s.<\/p>\n<p>El que sali&oacute; a abrirme el port&oacute;n fue Quique. Es incre&iacute;ble c&oacute;mo le crece la barriga mientras su cara es cada vez m&aacute;s delgada. Y esa noche, los ojos parec&iacute;an m&aacute;s hundidos y grandes que nunca. El pobre tiene cuarenta y cuatro, y est&aacute; hecho bolsa.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y Mart&iacute;n? &mdash;Pregunt&eacute;, extra&ntilde;ado de que no fuera &eacute;l quien me recibiera.<\/p>\n<p>&mdash;Todav&iacute;a no lleg&oacute;, Vanesa dice que se qued&oacute; en un embotellamiento en Capital, y encima tiene el auto en el mec&aacute;nico. Est&aacute; viniendo en bondi. And&aacute; a saber a la hora que llega.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Vanesa? &mdash;Susurr&eacute;, mientras abr&iacute;a la puerta&mdash; &iquest;No era que no iba a estar su mujer?<\/p>\n<p>Por toda respuesta Quique se encogi&oacute; de hombros.<\/p>\n<p>No ten&iacute;a nada en contra de Vanesa, ni mucho menos. Simplemente me incomodaba que una mujer estuviera dando vueltas por ah&iacute;, mientras habl&aacute;bamos con total soltura, de cosas que solo se hablan entre hombres. No suelo ocultarle nada a mi mujer, pero siempre sale el tema de alguna mina que parte la tierra como un rayo, y nosotros nos explayamos hablando de su culo, de si tiene cara de puta, de si sus tetas son operadas o naturales, y esas boludeces. A veces, hasta miramos porno. Supongo que Beti sabe que entre hombres hablamos de esas cosas, pero no es algo que las mujeres tengan que presenciar.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Basualdo! &iquest;Te dej&oacute; salir tu mujer? &mdash;me salud&oacute; Pedro. Un cincuent&oacute;n al que le gusta d&aacute;rsela de rockero. O como dice Beti: un pendeviejo. Un tipo que se niega a abandonar la juventud aunque su pelo largo ya tenga canas, y en su cara haya cada vez m&aacute;s arrugas.<\/p>\n<p>Igual es un buen tipo, y es el m&aacute;s divertido para salir de joda.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y saben algo de Mart&iacute;n? Mis mensajes no le llegan &mdash;pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Se habr&aacute; quedado sin bater&iacute;a &mdash;dijo una voz de mujer. Una voz que desentonaba demasiado con las voces graves que suelen imperar en nuestras &ldquo;noches de machos&rdquo;.<\/p>\n<p>&mdash;C&oacute;mo and&aacute;s Vane. &mdash;La salud&eacute;. Ella se acerc&oacute;, y cada paso que dio sonaba escandalosamente sobre la cer&aacute;mica. Not&eacute; que se hab&iacute;a puesto zapatos de tacones. Llevaba un pantal&oacute;n de jean que se notaba era de marca, y una blusa blanca tipo camisa, que ten&iacute;a varios botones desabrochados. Me agarr&oacute; del hombro y me dio un intenso beso en la mejilla.<\/p>\n<p>&mdash;Hola Basualdo. &mdash;dijo&mdash;. Despu&eacute;s me tienen que decir por qu&eacute; le dicen Basualdo. Es raro que entre amigos se llamen por el apellido.<\/p>\n<p>&mdash;Es la costumbre nom&aacute;s &mdash;contest&eacute;, tratando de no apartar mi vista de sus ojos. No era f&aacute;cil lograr que no se desv&iacute;en.<\/p>\n<p>Nunca hablamos de esto entre nosotros, ni siquiera cuando Mart&iacute;n estaba ausente, porque entre amigos hab&iacute;a &ldquo;c&oacute;digos&rdquo;. Pero Mart&iacute;n se hab&iacute;a sacado la loter&iacute;a. Vanesa no es una mujer. Es un cami&oacute;n, un auto deportivo, una nave. En el barrio no hay mina que pueda siquiera empezar a competir con ella. S&oacute;lo las pendejitas, reci&eacute;n salidas de la escuela, tienen un culo con el que podr&iacute;an rivalizar con Vanesa. Pero por lo dem&aacute;s, ella est&aacute; en otro nivel. Es sofisticada, elegante, con una cara ovalada, de p&oacute;mulos grandes y nariz respingona. Siempre bien maquillada y con ropa cara que la hacen lucir sexy y elegante en partes iguales.<\/p>\n<p>Yo no me puedo quejar. Beti, a sus cuarenta a&ntilde;os, m&aacute;s all&aacute; de algunos quilos de m&aacute;s, se mantiene muy bien. Pero si mi mujer es un Ford Falcon perfectamente cuidado, con la chapa y pintura reci&eacute;n hechas, Vanesa es una Ferrari cero kil&oacute;metro.<\/p>\n<p>Pero como dije, entre amigos hay c&oacute;digos, y hasta el momento jam&aacute;s me hab&iacute;a atrevido a pensar en ella m&aacute;s all&aacute; de como la mujer de un amigo. Cada vez que me ven&iacute;a su imagen curva a la cabeza, la espantaba como si fuese una peste, y las fantas&iacute;as quedaban ah&iacute;, siempre inconclusas. &ldquo;Las mujeres de los amigos son de madera&rdquo;, fue una de las ense&ntilde;anzas de mi viejo. Y as&iacute; las ve&iacute;a yo.<\/p>\n<p>&mdash;Vanesa, no queremos molestarte &mdash;dije, haci&eacute;ndome eco de lo que supon&iacute;a era el sentir general&mdash;. Podemos ir al club, como siempre, vos querr&aacute;s descansar o mirar algo en la tele.<\/p>\n<p>&mdash;No seas boludo, si no me molesta para nada. Adem&aacute;s, la intrusa soy yo. Se supon&iacute;a que hoy ten&iacute;a que trabajar, pero al final me dieron franco.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; suerte &mdash;dijo Quique, que ya estaba acomodado frente al televisor.<\/p>\n<p>&mdash;No, en serio, no queremos molestar &mdash;repet&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Quedate tranquilo &mdash;dijo ella, con una media sonrisa muy seductora, que hac&iacute;a que en su mejilla derecha aparezca un hoyito&mdash; Adem&aacute;s, Mart&iacute;n ya compr&oacute; la picada, voy a buscarla.<\/p>\n<p>Vanesa se fue a la cocina, meneando las caderas. Los tres quedamos hipnotizados con sus nalgas. Pero s&oacute;lo fue un instante. Despu&eacute;s disimulamos, y nos miramos con algo de culpa y verg&uuml;enza.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te ayudo? &mdash;dije, s&oacute;lo por educaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Dale &mdash;contest&oacute; ella.<\/p>\n<p>Fui a la cocina. Vanesa hab&iacute;a dejado la estela de un exquisito perfume en el aire. Ahora abr&iacute;a la heladera, y se inclinaba, para agarrar la picada. La costura del pantal&oacute;n parec&iacute;a ser tragada por la profunda raya que divid&iacute;a ambos gl&uacute;teos. Esta vez, sabi&eacute;ndome a solas con ella, tard&eacute; un poco m&aacute;s en desviar la mirada.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Llev&aacute;s la birra y los vasos? &mdash;dijo. En sus manos cargaba una enorme bandeja de fiambres cortados en peque&ntilde;os pedazos.<\/p>\n<p>&mdash;Dale.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te hago una pregunta?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, decime &mdash;contest&eacute;.<\/p>\n<p>Me dirig&iacute; a la heladera, para agarrar las cervezas. Pas&eacute; muy cerca de ella, y sent&iacute; nuevamente ese delicioso perfume.<\/p>\n<p>&mdash;Ninguno me dijo nada de mi pelo &iquest;No se dieron cuenta o es porque piensan que est&aacute; mal alagar a la mujer de un amigo?<\/p>\n<p>Claro que hab&iacute;a notado su nuevo color der pelo. Cambiar del casta&ntilde;o oscuro al rubio era dif&iacute;cil que pase desapercibido. Su cabello es ondulado y ahora ten&iacute;a un color dorado muy lindo. Record&eacute; algo que sol&iacute;a decir Beti: cuando una mujer se separaba, lo primero que hac&iacute;a era un cambio de look.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, lo hab&iacute;a notado. Pero no soy de opinar sobre la apariencia de los dem&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Pero me queda bien? &mdash;pregunt&oacute; Vanesa. Se toc&oacute; el pelo con una mano, y al hacer ese movimiento, not&eacute; que sus pechos tambi&eacute;n se mov&iacute;an debajo de la delicada blusa.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, claro, te queda bien.<\/p>\n<p>&mdash;Sos de pocas palabras. &mdash;dijo.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, mi mujer siempre se queja de eso.<\/p>\n<p>Fuimos al comedor. Vanesa sugiri&oacute; que era mejor comer ah&iacute;. A Quique no lo gust&oacute; mucho la idea, porque ah&iacute; no hab&iacute;a televisor, pero no dijo nada. Igual, no hab&iacute;a nada interesante para ver.<\/p>\n<p>&mdash;Mejor esperamos a que venga Mart&iacute;n &iquest;No? &mdash;sugiri&oacute; Pedro.<\/p>\n<p>&mdash;No, la verdad no s&eacute; a qu&eacute; hora va a llegar, seguro tiene para un par de horas. No tiene sentido que lo esperen chicos.<\/p>\n<p>&mdash;Me da pena por &eacute;l. &mdash;coment&eacute;.<\/p>\n<p>De repente Vanesa solt&oacute; una carcajada.<\/p>\n<p>&mdash;Me imagino que debe ser inc&oacute;modo tenerme ac&aacute;. Si quieren los dejos solos.<\/p>\n<p>&mdash;No &mdash;dijimos los tres al un&iacute;sono.<\/p>\n<p>&mdash;Por favor, Vanesa, acompa&ntilde;anos &mdash;dije.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, si me lo ped&iacute;s as&iacute;&hellip; &mdash;dijo, otra vez con esa sonrisa sugerente que nunca le hab&iacute;a visto, pero que esa noche ya hab&iacute;a aparecido dos veces.<\/p>\n<p>Los primeros minutos fueron inc&oacute;modos. Ninguno de los tres la conoc&iacute;a lo suficiente como para saber de qu&eacute; hablar con ella. S&oacute;lo sab&iacute;amos que era enfermera y que ten&iacute;a quince a&ntilde;os menos que Mart&iacute;n. Muy piba, de otra generaci&oacute;n, con otra cabeza. No ten&iacute;amos idea de por d&oacute;nde entrarle. Adem&aacute;s, el hecho de tener a semejante mujer entre nosotros, nos resultaba inc&oacute;modo. Era f&aacute;cil disimular nuestra admiraci&oacute;n cuando nos cruz&aacute;bamos con ella durante un instante, en el supermercado, o en la plaza, mientras iba de la mano de Mart&iacute;n. Pero, con esfuerzo, nos las arregl&aacute;bamos para poner cara de p&oacute;ker. Sin embargo, ahora resultaba imposible no mirarla cada tanto.<\/p>\n<p>Pedro y Quique hablaron fugazmente sobre sus hijos, pero Vanesa se mostr&oacute; aburrida.<\/p>\n<p>&mdash;Voy a traer algo, a ver si desinhiben un poco &mdash;dijo.<\/p>\n<p>Sali&oacute; del comedor durante algunos minutos.<\/p>\n<p>&mdash;Che, est&aacute; rara la mina &iquest;no? &mdash;susurr&oacute; Pedro.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute; &mdash;corrobor&oacute; Quique&mdash; &iquest;Me parece a m&iacute; o nos est&aacute; calentando la pija?<\/p>\n<p>&mdash;Est&aacute;s loco &iquest;Qu&eacute; dec&iacute;s? &mdash;le recrimin&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;No ves c&oacute;mo mov&iacute;a el orto cuando se iba?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, y a vos no para de mirarte con una carita de petera terrible &mdash;dijo Pedro.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; carajos les pasa? &iexcl;Es la mujer de un amigo!<\/p>\n<p>&mdash;Bueno Basualdo, pero es la verdad &mdash;se defendi&oacute; Quique en nombre de ambos&mdash;. Adem&aacute;s no estamos diciendo que le vamos a soplar al mina a Mart&iacute;n. &iexcl;Entre nosotros hay c&oacute;digos! Pero entre amigos no nos podemos mentir.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, adem&aacute;s, &iquest;d&oacute;nde est&aacute; Mart&iacute;n? Es todo muy raro &mdash;dijo Pedro&mdash; Ayer me hab&iacute;a escrito que se pudri&oacute; todo con Vanesa.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;C&oacute;mo! &mdash;pregunt&eacute; asombrado. &iquest;Se hab&iacute;a peleado con Vanesa el d&iacute;a anterior? Era todo muy extra&ntilde;o.<\/p>\n<p>Pero antes de que me pudiesen contestar, Vanesa volvi&oacute; al comedor. Llevaba un mazo de cartas en la mano.<\/p>\n<p>&mdash; S&eacute; que les gusta jugar al truco, pero yo no s&eacute; jugar, y las veces que Mart&iacute;n me ense&ntilde;&oacute;, luego me olvid&eacute; de todo &mdash;dijo. Se sent&oacute; y empez&oacute; a mezclar las cartas. Ella estaba en la cabecera y nosotros a los laterales de la mesa&mdash;. Corr&eacute; la bandeja de la picada all&aacute;, as&iacute; podemos tirar las cartas en el medio. &mdash;Le pidi&oacute; a Pedro. Este, mir&aacute;ndonos alternativamente a m&iacute; y a Quique, con desconcierto, lo hizo&mdash;. Vamos a jugar a verdad o consecuencia &iquest;Saben jugarlo?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute; &mdash;dije yo, para ponerle un poco de onda a la situaci&oacute;n. Me parec&iacute;a un juego tonto para jugarlo entre adultos. Incluso Vanesa que tiene veintisiete a&ntilde;os, est&aacute; muy grande ya para esas tonter&iacute;as, pero prefer&iacute; seguirle la corriente.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, la cosa es muy simple. Vamos a repartir las cartas uno por turno. Tiramos las cartas a los otros tres, una a la vez. Y al que le toque un comod&iacute;n, pierde. Entonces tiene que elegir entre verdad o consecuencia. El que reparti&oacute; las cartas es el que elige la prenda o la pregunta a hacer. &mdash;Nos mir&oacute; y solt&oacute; una carcajada&mdash;. No sean aburridos. Si son originales a la hora de preguntar o imponer prendas, les aseguro que va a ser muy divertido. Conf&iacute;en en m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Dale, yo me prendo. &mdash;dijo Quique, m&aacute;s entusiasmado de lo que deber&iacute;a estar. Pedro y yo nos limitamos a asentir con la cabeza.<\/p>\n<p>&mdash;Muy bien, empiezo yo tirando las cartas.<\/p>\n<p>Vanesa reparti&oacute; una carta a cada uno, mostrando la figura que aparec&iacute;a en ellas. Como no aparec&iacute;a el comod&iacute;n, repet&iacute;a la ronda. Yo me sent&iacute;a un tonto. Mir&eacute; el reloj que colgaba en la pared, pregunt&aacute;ndome a qu&eacute; hora llegar&iacute;a Mart&iacute;n. Pasaron cuatro o cinco rondas hasta que por fin apareci&oacute; el comod&iacute;n. Me hab&iacute;a tocado a m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Verdad o consecuencia? &mdash;dijo Vanesa.<\/p>\n<p>&mdash;Verdad&mdash; dije, temeroso de que me obligue a hacer una tonter&iacute;a si eleg&iacute;a consecuencia.<\/p>\n<p>&mdash;Muy bien &mdash;dijo Vanesa, junt&oacute; sus manos, como si estuviese a punto de rezar, y sonri&oacute; juguetonamente&mdash; &iquest;Cu&aacute;ntas veces enga&ntilde;aste a tu mujer?<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Uuuuhhh! &mdash;dijeron al un&iacute;sono Pedro y Quique, como si estuvieran arengando a un abusador a que golpe&eacute; m&aacute;s fuerte a su v&iacute;ctima. Ahora a ninguno de los dos les parec&iacute;a aburrido el juego, m&aacute;s bien todo lo contrario. A m&iacute;, si bien la pregunta me pareci&oacute; sorpresiva y algo desubicada, no me molest&oacute;, ni tampoco me cost&oacute; responderla.<\/p>\n<p>&mdash;Cero &mdash;contest&eacute;, con total seguridad.<\/p>\n<p>&mdash;Wouw, parece que no est&aacute;s mintiendo. &mdash;dijo Vanesa, clav&aacute;ndome la mirada.<\/p>\n<p>&mdash;Claro que no &mdash;dije.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Vamos Basualdito todav&iacute;a! &mdash;grit&oacute; Pedro. Vanesa y yo nos sostuvimos la mirada varios segundos, sin decir nada.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, te toca a vos &mdash;dijo despu&eacute;s, entreg&aacute;ndole el mazo de cartas a Quique&mdash;. Recuerden que depende de nosotros que este juego sea divertido.<\/p>\n<p>Quique reparti&oacute; las cartas. El comod&iacute;n le toc&oacute; a Pedro.<\/p>\n<p>&mdash;Consecuencia &mdash;dijo este, con una sonrisa infantil en su rostro avejentado.<\/p>\n<p>Quique le llen&oacute; el vaso con cerveza.<\/p>\n<p>&mdash;Te ten&eacute;s que tomar todo de un solo trago.<\/p>\n<p>Pedro as&iacute; lo hizo. Todos re&iacute;mos cuando un chorro de cerveza se escap&oacute; de su boca y moj&oacute; su camisa.<\/p>\n<p>Pero la parte m&aacute;s interesante &mdash;y m&aacute;s tensa&mdash; del juego, era cuando le tocaba tirar las cartas a Vanesa, o m&aacute;s a&uacute;n, cuando a ella le tocaba el comod&iacute;n.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de varias rondas, y de vaciar la tercera botella de cerveza, Vanesa fue v&iacute;ctima de su propio juego. Le toc&oacute; el comod&iacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Verdad o consecuencia? &mdash;pregunt&oacute; Pedro, quien hab&iacute;a repartido las cartas.<\/p>\n<p>&mdash;Verdad &mdash;dijo Vanesa, con gesto desafiante.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;A qu&eacute; edad fue tu primera vez? &mdash;pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;No seas desubicado &iexcl;Es la mujer de un amigo! &mdash;le recrimin&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;No pasa nada, no me molesta. Adem&aacute;s, yo no soy la mujer de nadie, en todo caso ser&eacute; la pareja, o la esposa de alguien. Esas expresiones atrasan un mont&oacute;n Basualdo &mdash;dijo, reprimi&eacute;ndome, aunque no se la notaba molesta&mdash; Bueno, la primera vez que fui al cine fue a los seis a&ntilde;os &mdash; respondi&oacute; luego.<\/p>\n<p>&mdash;Te re cag&oacute; &mdash;dijo Quique, ri&eacute;ndose del otro.<\/p>\n<p>&mdash;Sos una tramposa, vos sab&eacute;s a d&oacute;nde iba la pregunta.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, me tendr&iacute;as que haber preguntado cu&aacute;ndo fue la primera vez que tuve relaciones sexuales&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Es cierto &mdash;acot&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Pero como no quiero que despu&eacute;s ustedes esquiven preguntas agarr&aacute;ndose de tecnicismos, les voy a contar&hellip; Mi primera vez fue a los quince a&ntilde;os.<\/p>\n<p>&mdash;Bastante precoz. &mdash;coment&oacute; Pedro.<\/p>\n<p>&mdash;Siempre fui muy sexual. Desde chica.<\/p>\n<p>Los tres la miramos con cierta fascinaci&oacute;n e incomodidad a la vez.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, me toca tirar de nuevo. Pero esperen que tengo ganas de chupar&hellip; &mdash;nos mir&oacute; uno a uno con los ojillos divertidos&mdash; cerveza, no sean mal pensados &mdash;dijo, dando un largo trago de birra.<\/p>\n<p>&mdash;Uf, pedro, ahora me voy a vengar de tu pregunta atrevida &mdash;dijo con iron&iacute;a cuando el comod&iacute;n apareci&oacute; delante de pedro.&mdash; &iquest;Verdad o consecuencia?<\/p>\n<p>Pedro lo pens&oacute; seriamente. Todos est&aacute;bamos compenetrados en el juego, y sobre todo, est&aacute;bamos a la expectativa de con qu&eacute; cosa saldr&iacute;a Vanesa.<\/p>\n<p>&mdash;Consecuencia &mdash;dijo al fin.<\/p>\n<p>Me pareci&oacute; muy torpe de su parte. Al elegir verdad, siempre se pod&iacute;a dibujar la respuesta de alguna manera. Pero ahora estaba obligado a hacer lo que Vanesa le ordenase. Bueno, siempre pod&iacute;a reusarse. Pero en ese caso, en teor&iacute;a, deber&iacute;a recibir un castigo. Seg&uacute;n recuerdo, as&iacute; eran las reglas del juego. O en todo caso, el juego terminar&iacute;a, ya que no ten&iacute;a sentido seguir si los participantes no respetaban las reglas.<\/p>\n<p>&mdash;Vaya, qu&eacute; valiente &mdash;dijo Vanesa, saboreando el momento&mdash;. Bueno, ten&eacute;s que quitarte la ropa, y desfilar para todos como si fueses un modelo. Pod&eacute;s quedarte con la ropa interior, No hace falta que nos muestres tus verg&uuml;enzas, pero nada m&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Uhhhh! &mdash;exclam&oacute; Quique, excitado.<\/p>\n<p>Yo me alarm&eacute;. Si Vanesa sub&iacute;a la vara tan alto, era probable que los muchachos, ya entrados en copas, le siguieran el juego cuando le tocase el turno a ella. La situaci&oacute;n se nos estaba yendo de las manos. Y encima Mart&iacute;n no llegaba para poner un poco de normalidad a la situaci&oacute;n. Aunque yo, y supongo que todos, sospechaba que no iba a aparecer en toda la noche.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, mejor juguemos a otra cosa &iquest;No? &mdash;dije.<\/p>\n<p>&mdash;No seas aburrido. &mdash;Me recrimin&oacute; Vanesa.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, Basualdo, ya fue, nos estamos divirtiendo &mdash;dijo Quique. Sus enormes ojos ojerosos brillaban con una perversidad que nunca le hab&iacute;a visto.<\/p>\n<p>&mdash;Yo puedo ser muchas cosas, pero nunca abandono un juego &mdash;dijo Pedro.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;As&iacute; se habla! &mdash;festej&oacute; Vanesa.<\/p>\n<p>Pedro se quit&oacute; la camisa, las zapatillas y el pantal&oacute;n. Qued&oacute; s&oacute;lo con un desgastado b&oacute;xer gris y las medias.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; sexy &mdash;brome&oacute; Quique.<\/p>\n<p>Pedro se alej&oacute; unos pasos y camin&oacute;, cag&aacute;ndose de risa, de una punta a otra del comedor. Ten&iacute;a la pansa bastante hinchada y los pechos ca&iacute;dos. El torso lleno de pelo oscuro mezclado con canas.<\/p>\n<p>Vanesa aplaudi&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Muy bien! &iexcl;Qu&eacute; valiente! &mdash;dijo.<\/p>\n<p>Pedro se visti&oacute; y volvi&oacute; a la mesa con una sonrisa que reflejaba una verg&uuml;enza que lleg&oacute; muy tarde.<\/p>\n<p>Pens&eacute; en decir que la cosa se estaba pasando del l&iacute;mite, pero sab&iacute;a que ninguno de los tres estar&iacute;a de acuerdo. Todav&iacute;a estaba a tiempo de volver a mi casa antes de que todo se fuera a la mierda. Pero por otro lado, la situaci&oacute;n me parec&iacute;a tan surreal, que necesitaba ver con mis propios ojos hasta d&oacute;nde llegar&iacute;a todo.<\/p>\n<p>Jugamos un par de rondas m&aacute;s. Mi coraz&oacute;n se aliviaba cuando el comod&iacute;n no ca&iacute;a frente a Vanesa, y se aceleraba cuando le tocaba a ella tirar las cartas. La siguiente vez que lo hizo me toc&oacute; a m&iacute; el comod&iacute;n. Eleg&iacute;, sin dudarlo, verdad. Jam&aacute;s entrar&iacute;a en sus jueguitos.<\/p>\n<p>&mdash;Cu&aacute;ntas veces te masturb&aacute;s a la semana &mdash;pregunt&oacute;, fiel a su postura de llevar todo al plano sexual.<\/p>\n<p>Hubiese sido muy tonto mentir y decir que ya no me masturbo. Me pareci&oacute; que lo mejor era tomar la cosa con naturalidad.<\/p>\n<p>&mdash;Tres veces m&aacute;s o menos &mdash;dije con seriedad.<\/p>\n<p>&mdash;Mirenlo al Basualdo, ahorcando al ganso a esta edad de su vida. &mdash;dijo Pedro.<\/p>\n<p>&mdash;Callate boludo, &iquest;me vas a decir que vos no te paje&aacute;s? &mdash;le contest&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Todo el mundo se masturba &mdash;acot&oacute; Vanesa.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Vos tambi&eacute;n? &mdash;aprovech&oacute; para preguntar Pedro.<\/p>\n<p>&mdash;A buen entendedor pocas palabras &mdash;dijo ella.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de unas rondas, cuando me toc&oacute; repartir a m&iacute;, el comod&iacute;n cay&oacute; de nuevo frente a ella.<\/p>\n<p>&mdash;Verdad &mdash;dijo, intuyendo quiz&aacute;, que si eleg&iacute;a consecuencia no la pondr&iacute;a a hacer ninguna prenda divertida.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Va a venir Mart&iacute;n? &mdash;fue mi pregunta.<\/p>\n<p>&mdash;No &mdash;respondi&oacute;.<\/p>\n<p>El silencio cort&oacute; como un cuchillo el ambiente.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y d&oacute;nde est&aacute;?<\/p>\n<p>&mdash;No s&eacute;, ni me interesa. Adem&aacute;s, s&oacute;lo pod&iacute;as hacerme una pregunta.<\/p>\n<p>El juego sigui&oacute;, a pesar de que la &uacute;ltima respuesta de Vanesa nos hab&iacute;a dejado a todos pensativos. Pedro y Quique se miraban, como si estuviesen transmiti&eacute;ndose sus pensamientos, dej&aacute;ndome completamente de lado.<\/p>\n<p>Cuando le toc&oacute; tirar las cartas a Quique, el comod&iacute;n cay&oacute; de nuevo en Vanesa.<\/p>\n<p>La tensi&oacute;n aument&oacute; a&uacute;n m&aacute;s. Vanesa tard&oacute;, creo que a prop&oacute;sito, en responder.<\/p>\n<p>&mdash;Consecuencia &mdash;dijo, y luego, como suplicando, agreg&oacute;&mdash;: Por favor no seas malo.<\/p>\n<p>Era obvio que no le importaba la prenda que Quique le iba a imponer. Sino, simplemente hubiese elegido Verdad, y asunto terminado.<\/p>\n<p>Supongo que Quique tambi&eacute;n lo entendi&oacute; as&iacute;, porque dijo:<\/p>\n<p>&mdash;Ten&eacute;s que hacer la misma prenda que le hiciste hacer a Pedro. &mdash;Y por si no se hab&iacute;a entendido agreg&oacute;&mdash;: qu&iacute;tate la ropa y desfil&aacute; para nosotros.<\/p>\n<p>Pens&eacute; en decir que no ten&iacute;a por qu&eacute; hacer eso, pero era obvio que la cosa estaba yendo hacia donde ella quer&iacute;a que vaya. Lo que no me quedaba claro era si s&oacute;lo pretend&iacute;a seguir con ese juego morboso, o si se animar&iacute;a a ir m&aacute;s all&aacute;.<\/p>\n<p>Quique no hab&iacute;a agregado el detalle de que podr&iacute;a quedarse con la ropa interior puesta, lo que me hizo sentir mucha expectativa de lo que har&iacute;a ella.<\/p>\n<p>Vanesa se puso de pie, y se alej&oacute; unos pasos, quedando casi pegada a la pared. Se quit&oacute; la blusa, sin mirarnos. No lo hac&iacute;a de manera sensual, sino, como si fuese un simple tr&aacute;mite. Quedamos boquiabiertos viendo el hermoso corpi&ntilde;o de encaje blanco. Sus tetas no eran muy grandes, pero s&iacute; muy firmes. Su piel blanca. Los tres quedamos idiotizados, mir&aacute;ndola. Luego se desabroch&oacute; el cinto, y acto seguido, hizo lo mismo con el bot&oacute;n de su pantal&oacute;n. Baj&oacute; el cierre. Cerr&oacute; sus manos en el pasacinto, y se baj&oacute; el pantal&oacute;n, con cierta dificultad, ya que estaba muy ajustado. Luego, ayud&aacute;ndose con los talones, se deshizo de la prenda, dej&aacute;ndola en el piso.<\/p>\n<p>Nos mir&oacute;, y esta vez no se la ve&iacute;a divertida. Hab&iacute;a cierta tristeza en su semblante.<\/p>\n<p>Camin&oacute;, despacio, hasta el final del comedor, meneando las caderas. Llevaba una tanga que hac&iacute;a juego con el corpi&ntilde;o. La diminuta tela de su parte trasera, estaba perdida entre sus voluptuosas nalgas, dando la sensaci&oacute;n de que estaba completamente desnuda. Al volver, vi la peque&ntilde;a tela que cubr&iacute;a la parte delantera. Ning&uacute;n vello sobresal&iacute;a de ella, a pesar de que era un tri&aacute;ngulo muy peque&ntilde;o. Se notaba que se hab&iacute;a depilado.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Contentos? &mdash;pregunt&oacute;, visti&eacute;ndose de nuevo.&mdash; La pr&oacute;xima vez me vengar&eacute;, no lo duden.<\/p>\n<p>La cosa se hab&iacute;a puesto muy bizarra, pero supongo que todos pens&aacute;bamos que ya que hab&iacute;amos llegado a ese punto, no ten&iacute;a sentido dar marcha atr&aacute;s.<\/p>\n<p>Vanesa tir&oacute; las cartas, y me toc&oacute; el comod&iacute;n a m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te gustar&iacute;a cogerme? &mdash;me pregunt&oacute;, despu&eacute;s de que eleg&iacute; verdad, como siempre. Hab&iacute;a temido que se aferre a la regla que dec&iacute;a que despu&eacute;s de elegir dos veces verdad, estaba obligado a una prenda, pero supongo que le daba mucho morbo hacerme esa pregunta, y por eso lo omiti&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Claro &mdash;contest&eacute;. No ten&iacute;a sentido mentir.<\/p>\n<p>&mdash;Desde ya les aviso que ninguno de los tres va a meter su pija adentro m&iacute;o. Aunque me lo pongan como prenda, no lo voy a hacer. Y recuerden, &iexcl;no es no!<\/p>\n<p>No pude evitar decepcionarme. &iquest;Qu&eacute; sentido ten&iacute;a ese juego si no &iacute;bamos a cogernos a Vanesa? Ya de por s&iacute; era una vil traici&oacute;n lo que est&aacute;bamos haciendo, y para colmo, no &iacute;bamos a sacar ning&uacute;n provecho de eso.<\/p>\n<p>Pero a pesar de esa mala noticia, seguimos jugando. Pedro y Quique no parecieron haber o&iacute;do el comentario de Vanesa, o quiz&aacute; no les importaba. Las botellas de cerveza se segu&iacute;an vaciando. Tuve que ir al ba&ntilde;o varias veces para mear. Como siempre, todo lo que ocurr&iacute;a cuando no tiraba las cartas Vanesa, o cuando no le tocaba el comod&iacute;n, no era m&aacute;s que un mero relleno, que serv&iacute;a para aumentar la tensi&oacute;n en el ambiente.<\/p>\n<p>Cuando ella agarraba el mazo, sent&iacute;a c&oacute;mo las gotitas de transpiraci&oacute;n se deslizaban por mi espalda.<\/p>\n<p>Vanesa tir&oacute; las cartas, y el comod&iacute;n cay&oacute; en Pedro.<\/p>\n<p>&mdash;Consecuencia &mdash;dijo &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;Ten&eacute;s que llamar a tu esposa y hablar con ella durante tres minutos. &mdash;dijo Vane.<\/p>\n<p>Pedro la mir&oacute; decepcionado. Quique y yo nos miramos confundidos. Pero Vanesa parec&iacute;a m&aacute;s divertida que nunca.<\/p>\n<p>Pedro agarr&oacute; el celular.<\/p>\n<p>&mdash;Que alguien controle el tiempo &mdash;dijo Vanesa, poni&eacute;ndose de p&iacute;e mientras Pedro llamaba a su mujer.<\/p>\n<p>&mdash;Hola amor &iquest;Todo bien? &mdash;dijo Pedro. Se escuch&oacute; que su esposa le respond&iacute;a algo.<\/p>\n<p>Vanesa fue hasta donde estaba sentado. Se sent&oacute; en su regazo.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, no, no, s&oacute;lo quer&iacute;a saber si los nenes est&aacute;n durmiendo. &mdash;dijo Pedro. Vanesa hac&iacute;a movimientos con sus caderas. Las nalgas se frotaban con el miembro de Pedro, el cual, supongo, ya estaba completamente al palo.&mdash; Es que no quiero que se queden hasta la madrugada jugando a la Play, como hacen siempre. &mdash;dijo Pedro, medio balbuceando. Yo, que estaba sentado a su lado, pude ver c&oacute;mo extend&iacute;a su mano y empezaba a acariciar los pechos de Vanesa. Sus dedos se metieron f&aacute;cilmente debajo de la blusa, ya que ten&iacute;a varios botones desabrochados, y ah&iacute; comenz&oacute; a manosearlas con desenfreno.&mdash; S&iacute;, mi amor, estamos con los muchachos en lo de Mart&iacute;n &mdash;dijo pedro, casi gimiendo.&mdash; Seguro vuelvo a eso de las cuatro, chau mi amor.<\/p>\n<p>Apenas colg&oacute;, Vanesa se baj&oacute; de su regazo. Pero Pedro la detuvo, agarr&aacute;ndola de la cintura.<\/p>\n<p>&mdash;No me vas a dejar as&iacute;. &mdash;le recrimin&oacute;, se&ntilde;alando con sus ojos la enorme erecci&oacute;n que ten&iacute;a.<\/p>\n<p>Ella se solt&oacute; con violencia.<\/p>\n<p>&mdash;Si quieren acabar van a tener que usar la imaginaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Tranquilo boludo, si te dice que no, no insistas. &mdash;le exig&iacute; a mi amigo. Si yo no estuviese entre ellos, probablemente se estar&iacute;a tirando encima de Vanesa, arranc&aacute;ndole la ropa por la fuerza. Era cierto que ella nos estaba provocando, de hecho yo ya ten&iacute;a la pija como m&aacute;stil, pero algo me dec&iacute;a que era mejor tener paciencia.<\/p>\n<p>Me toc&oacute; el turno a m&iacute;. Hice trampa, y coloqu&eacute; el comod&iacute;n de manera que estaba seguro que le tocar&iacute;a a ella. Creo que todos se dieron cuenta de la estratagema, pero nadie dijo nada. Ni siquiera ella.<\/p>\n<p>&mdash;Consecuencia &mdash;dijo enseguida, y con un brillo en sus ojos agreg&oacute;&mdash;Acordate de lo que les dije. Ninguno va a meter su pija adentro de m&iacute;. Por ninguno de mis orificios. Si intentan algo de eso, voy a gritar como una loca. Vamos a salir en el noticiero los cuatro: &ldquo;Tres hombres intentan violar a la esposa du su amigo&rdquo;.<\/p>\n<p>&mdash;Quedate tranquila, que ya me quedaron claras tus reglas. &mdash;Vanesa me mir&oacute;, con cierta complicidad, como si ambos entendi&eacute;semos algo que los otros todav&iacute;a no alcanzaban a comprender&mdash;Ten&eacute;s que pararte contra la pared de espaldas, con los brazos extendidos, apoyados sobre la pared y las piernas separadas.<\/p>\n<p>&mdash;Como si estuviese arrestada, okey<\/p>\n<p>&mdash;Y no te ten&eacute;s que mover ni decir nada durante diez minutos.<\/p>\n<p>Vanesa sonri&oacute;. Asinti&oacute; con la cabeza, y se puso de pie. Apoy&oacute; las palmas de las manos en la pared. Separ&oacute; las piernas. Estaba un poco inclinada. Su poderoso culo qued&oacute; ante nuestros ojos nuevamente. Me puse de pie. Los otros me imitaron enseguida. Nos acercamos a ella. Vanesa larg&oacute; una risita nerviosa. Probablemente quer&iacute;a repetir que ninguno pod&iacute;a cog&eacute;rsela. Pero debi&oacute; callar debido a la prenda. De todas formas, yo le hab&iacute;a prometido que iba a respetar esa imposici&oacute;n, y realmente no ten&iacute;a intenci&oacute;n de romperla.<\/p>\n<p>Acerqu&eacute; mi rostro a su cuello, y sent&iacute; su delicioso olor. Vanesa ri&oacute;. Probablemente el aire que hab&iacute;a largado de mi nariz le hizo cosquillas. Nuestros labios quedaron muy cerca. Le di un beso, pero ella lo esquiv&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;No dijiste nada de que no pod&iacute;amos besarte. &mdash;Agregu&eacute;.<\/p>\n<p>Ella hizo un gesto que no alcanc&eacute; a entender. Mir&oacute; hacia la pared, sin hacerme el menor caso. Estaba quieta, y muda. Entonces record&eacute; que si me besaba, no estar&iacute;a cumpliendo con la prenda a rajatabla. Vanesa deb&iacute;a quedarse quieta como una estatua. Deb&iacute;a estar inm&oacute;vil durante diez minutos, sin hacer ni decir nada.<\/p>\n<p>Entonces mi mano fue a su destino obvio. Primero roc&eacute; apenas sus nalgas. Deslic&eacute; el dedo por la costura que divid&iacute;a los gl&uacute;teos.<\/p>\n<p>&mdash;No pod&eacute;s decir nada &mdash;le record&eacute;&mdash;. No pod&eacute;s moverte.<\/p>\n<p>Luego palp&eacute;, ya con m&aacute;s vehemencia, ese hermoso culo. Vanesa cumpl&iacute;a fielmente con su prenda. No emit&iacute;a sonido, y no se mov&iacute;a un solo cent&iacute;metro mientras yo la manoseaba. Los muchachos se sumaron, y entre los tres masajeamos su orto, altern&aacute;ndolos con sus peque&ntilde;os y ricos pechos. En un momento le pellizqu&eacute; una nalga, con violencia, esperando que emita alg&uacute;n quejido. Pero ella no hizo nada. Segu&iacute; pellizc&aacute;ndola. Era tan maciza, que apenas se arrugaba cuando mis dedos se cerraban en ella.<\/p>\n<p>Quique se baj&oacute; el pantal&oacute;n. Fue la primera vez que le ve&iacute;a la pija. Era igual que &eacute;l, delgada pero cabezona. Pedro lo imit&oacute;, y luego frot&oacute; su tronco sobre la tremenda cola de Vanesa.<\/p>\n<p>Yo hice lo propio. &ldquo;Si quieren acabar, van a tener que usar la imaginaci&oacute;n&rdquo;, hab&iacute;a dicho Vanesa. Y eso estaba haciendo yo. Y no hab&iacute;a elegido esa prenda s&oacute;lo para que podamos acabar. Tambi&eacute;n le estaba haciendo un favor a ella. No era bueno calentar tanto a un hombre, y dejarlo con la leche adentro, como hab&iacute;a hecho con Pedro. Ella lo hab&iacute;a dicho en broma, pero estar a solas con tres hombres bastante tomados, e histeriquear de esa manera, pod&iacute;a ser peligroso. Yo mismo estaba dudando de si podr&iacute;a seguir aguantando sin agarrarla de prepo y cog&eacute;rmela ah&iacute; nom&aacute;s, sobre la mesa.<\/p>\n<p>De repente, los tres nos est&aacute;bamos masturbando a apenas unos cent&iacute;metros de ella. Cada tanto le d&aacute;bamos fuertes nalgadas. Pero ya no la acarici&aacute;bamos, porque en cualquier momento alguno iba a acabar, y ser&iacute;a muy desagradable que el semen vaya a parar a las manos de un amigo.<\/p>\n<p>El primero en llegar a su l&iacute;mite fue Pedro. Era obvio, ya que hab&iacute;a quedado demasiado caliente despu&eacute;s de que Vanesa frotara su culo en &eacute;l.<\/p>\n<p>Los chorros de semen salieron disparados hacia el pantal&oacute;n. Los otros dos lo imitamos. Quer&iacute;amos ver ese culo ba&ntilde;ado con nuestra leche.<\/p>\n<p>Cuando sent&iacute; que el orgasmo era inminente, empec&eacute; a pajearme fren&eacute;ticamente. Tres chorros abundantes salieron disparados hasta chocar con la tela azul. Quique acab&oacute; al ratito. Varios hilos de semen de deslizaban por las voluptuosas nalgas de Vanesa, dejando a su paso, en las partes donde la tela quedaba mojada, un color azul m&aacute;s intenso que el original.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, me imagino que ya pasaron los diez minutos &mdash;dijo Vanesa, saliendo de su postura est&aacute;tica.&mdash; Miren c&oacute;mo me dejaron el pantal&oacute;n. Un enchastre.<\/p>\n<p>&mdash;Si hubi&eacute;semos acabado en el piso o la pared tambi&eacute;n ser&iacute;a un enchastre &mdash;retruc&oacute; Quique.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no te qued&aacute;s en tanga y listo? &mdash;Propuso Pedro.<\/p>\n<p>&mdash;Ustedes lo hombres siempre piensan en su comodidad cuando est&aacute;n calientes &iquest;no? Me voy a cambiar, ya vengo.<\/p>\n<p>A los cinco minutos volvi&oacute; con una pollera negra, bastante corta.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, vamos a jugar una ronda m&aacute;s y ya vamos a terminar con este juego &mdash;sentenci&oacute; Vanesa&mdash;. Igual, ya logr&eacute; mi objetivo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y cu&aacute;l era tu objetivo? &mdash;pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Vengarme de Mart&iacute;n. &mdash;contest&oacute;.<\/p>\n<p>La respuesta no me sorprendi&oacute;. Sin embargo, pensar en eso me gener&oacute; cierto malestar.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Pens&aacute;s decirle a Mart&iacute;n lo que pas&oacute; hoy? &mdash;pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;No lo s&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Esta mina est&aacute; loca. &mdash;dijo Pedro, con rabia en los ojos.<\/p>\n<p>&mdash;Ustedes no son qui&eacute;nes para juzgarme. Ninguno dud&oacute; en aprovecharse de m&iacute;, sabiendo que estaba en un momento at&iacute;pico. Ninguno intent&oacute; terminar con esto cuando empez&oacute; a ponerse picante. &mdash;Vanesa hablaba con la voz temblorosa, llena de indignaci&oacute;n&mdash;. S&oacute;lo amagaron a hacerlo &mdash;agreg&oacute;, mir&aacute;ndome a m&iacute;&mdash;. Pero no me extra&ntilde;a. Los hombres son as&iacute;, como animalitos. Si se les presenta la oportunidad de sacarse la calentura, se olvidan de sus esposas, de sus amigos, de todo. &mdash;Se sent&oacute; de nuevo en la mesa, y esboz&oacute; una sonrisa, tratando de dominar su excitaci&oacute;n&mdash;. Con mis amigas a veces conversamos sobre estas cosas, y algunas creen que los hombres, por m&aacute;s cerdos que sean, nunca se coger&iacute;an a la mujer de un amigo. Pero yo siempre tuve mis dudas. Y ac&aacute; tengo la prueba. De los tres, ninguno se neg&oacute; a mis insinuaciones. Vaya amigos que tiene Mart&iacute;n&hellip; Aunque supongo que son los amigos que se merece.<\/p>\n<p>&mdash;Vane, quiz&aacute; sea mejor que nos vayamos &iquest;Cierto chicos? &mdash;Dije yo, con cierta culpa y verg&uuml;enza. Los dos agacharon la cabeza, y no dijeron nada. Vanesa rio con iron&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;No te gastes Basualdo. Ellos no se van a ir. Les promet&iacute; una ronda m&aacute;s y no van a desaprovechar la oportunidad.<\/p>\n<p>&mdash;Y no&hellip; ya que estamos ac&aacute;, terminemos lo que empezamos &mdash;dijo Pedro, levantando la cabeza&mdash; Igual la macana ya nos la mandamos. &mdash;Agreg&oacute;.<\/p>\n<p>Vanesa mezcl&oacute; las cartas.<\/p>\n<p>&mdash;No pienses que si cruz&aacute;s esa puerta vas a ser una buena persona Basualdo &mdash;dijo&mdash; Sos igual que tus amigos, s&oacute;lo que m&aacute;s cobarde.<\/p>\n<p>No dije nada. Tampoco me march&eacute;. Vanesa tir&oacute; las cartas. El comod&iacute;n le toc&oacute; a Quique.<\/p>\n<p>&mdash;Consecuencia &mdash;dijo, quiz&aacute;s esperando que le toque una prenda hot como a Pedro.<\/p>\n<p>&mdash;Ten&eacute;s que llevar lo que qued&oacute; de la picada a la cocina.<\/p>\n<p>Desganado, lo hizo. Luego Vanesa le entreg&oacute; el mazo. &Eacute;l hizo lo mismo que hab&iacute;a hecho yo. Acomod&oacute; el comod&iacute;n en el tercer lugar. Reparti&oacute; las cartas, y en seguida la carta apareci&oacute; frente a ella.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Verdad o consecuencia? &mdash;dijo Quique. Sus ojos profundos irradiaban lujuria.<\/p>\n<p>&mdash;Verdad. &mdash;Contest&oacute; Vanesa. Todos nos sentimos decepcionados&mdash; Estaba bromeando &mdash;agreg&oacute; enseguida&mdash;, elijo consecuencia, obvio. Yo me hago cargo de las consecuencias que generan mis decisiones. Siempre.<\/p>\n<p>Quique lo pens&oacute; un buen rato. En su enorme cabeza estaba elucubrando alguna manera de saciar alguna perversa fantas&iacute;a con la &uacute;nica condici&oacute;n de que nuestros sexos no podr&iacute;an entrar a ninguna de sus cavidades.<\/p>\n<p>Se levant&oacute;, corri&oacute; la silla en donde estaba sentado, a un lado. Despu&eacute;s me pidi&oacute; la m&iacute;a, y lo mismo con la de Pedro. Las tres sillas quedaron formando un tri&aacute;ngulo, a unos pasos de la mesa.<\/p>\n<p>&mdash;Mir&aacute; que tiene que ser algo concreto, como lo que hizo Basualdo &mdash;Advirti&oacute; ella.<\/p>\n<p>Me pareci&oacute; l&oacute;gico. La orden deb&iacute;a ser clara y concisa, al estilo de lo que hab&iacute;a hecho yo. &ldquo;quedate parada de tal manera durante tantos minutos&rdquo;. Esa era una prenda. No pod&iacute;a aprovechar eso para obligarla a hacer un mont&oacute;n de cosas diferentes.<\/p>\n<p>&mdash;Nos ten&eacute;s que masturbar hasta que acabemos &mdash;dijo Quique.<\/p>\n<p>Me pregunt&eacute; si aceptar&iacute;a esa prenda. Masturbarnos a los tres podr&iacute;a ser tomado como una prenda, o como diferentes prendas, dependiendo c&oacute;mo se lo mire.<\/p>\n<p>Vanesa se par&oacute; y camin&oacute; hasta ponerse en el centro de las tres sillas.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; esperan? &mdash;dijo.<\/p>\n<p>Nos sentamos alrededor de ella. Quique se baj&oacute; el pantal&oacute;n y la ropa interior al mismo tiempo. Apoy&oacute; su culo desnudo sobre la silla. Pedro y yo lo imitamos.<\/p>\n<p>A pesar de que hab&iacute;amos acabado hac&iacute;a poco, las tres vergas no estaban del todo fl&aacute;ccidas. Todas empezaban a hincharse. Yo sent&iacute;a c&oacute;mo la sangre corr&iacute;a a trav&eacute;s de mis venas y ve&iacute;a c&oacute;mo mi miembro hac&iacute;a movimientos espasm&oacute;dicos, mientras, de a poco, se iba agrandando.<\/p>\n<p>Vanesa agarr&oacute; con su mano de dedos delgados y u&ntilde;as largas, el tronco de Quique. Pedro hab&iacute;a quedado detr&aacute;s de ella, y no pod&iacute;a ver la escena, por lo que movi&oacute; la silla, acerc&aacute;ndose a m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Esta piba es un infierno. &mdash;me susurr&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute; &mdash;atin&eacute; a decir.<\/p>\n<p>Se notaba que la verga de Quique estaba toda pegoteada. Vanesa la masajeaba, pero era evidente que no pod&iacute;a hacerlo bien. Sus dedos se mov&iacute;an torpemente sobre esa piel viscosa. Entonces hizo algo que me sorprendi&oacute;: escupi&oacute; sobre la pija. Quique abri&oacute; bien grande los ojos y nos mir&oacute;. La saliva hab&iacute;a ca&iacute;do sobre el glande, y ahora se deslizaba lentamente por el tronco. Luego Vanesa escupi&oacute; de nuevo, y de nuevo.<\/p>\n<p>Ahora el sexo de Quique estaba lubricado. Las manos de Vanesa se resbalaban f&aacute;cilmente sobre la pija de mi amigo. Usaba una sola porque Quique no la ten&iacute;a tan grande. La verga delgada parec&iacute;a ser estrangulada con violencia. Vanesa la miraba, con gesto ap&aacute;tico, como si estuviese haciendo algo que no ten&iacute;a la menor importancia. Cuando Quique acab&oacute;, un chorro de semen salpic&oacute; en su cara. Entonces dej&oacute; de masturbar, y el resto del semen sali&oacute; con mucho menos intensidad. Se desliz&oacute; por el glande y lleg&oacute; a los dedos de Vanesa, quien todav&iacute;a sosten&iacute;a la verga.<\/p>\n<p>Se limpi&oacute; la mano en la pollera, y la cara con el pu&ntilde;o de la blusa. Luego fue en busca de la pija de Pedro.<\/p>\n<p>Este ten&iacute;a la verga peque&ntilde;a pero gruesa. Su pubis estaba repleto de un abundante vello negro, los cuales algunos se hab&iacute;an adherido al sexo, debido a que tambi&eacute;n lo ten&iacute;a todo pegoteado. Vanesa apart&oacute; los pelos que molestaban, con paciencia. Repiti&oacute; el hermoso acto de escupir sobre la pija. Tal vez por su edad, el instrumento de Pedro tard&oacute; unos minutos en ponerse completamente duro. Durante ese rato, fue un espect&aacute;culo pat&eacute;tico ver c&oacute;mo Vanesa frotaba esa pija semifl&aacute;ccida. En un momento me pareci&oacute; que sonre&iacute;a, divertida, viendo c&oacute;mo al veterano le costaba despertar a su monstruo. Pero de a poco se fue endureciendo, hasta quedar completamente erecto.<\/p>\n<p>Quique estir&oacute; la mano, pensando que era buena idea manosearle el culo por debajo de la pollera, mientras masturbaba a pedro. Pero apenas pudo disfrutar por unos segundos.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Eso no vale! &mdash;grit&oacute; Vanesa, sin dejar de pajear a Pedro. Por suerte Quique lo entendi&oacute;, y se apart&oacute; enseguida. No me quer&iacute;a ver obligado a apartarlo por la fuerza del culo de Vanesa. La chica hab&iacute;a establecido un juego y cumpl&iacute;a al pie de la letra con la prenda, aun sabiendo que le hab&iacute;amos hecho trampa. No costaba nada seguirle la corriente.<\/p>\n<p>Pedro empez&oacute; a gemir como cerdo, si es que los cerdos gimen. De la boca sal&iacute;a un hilo de baba que fue a parar al brazo de Vanesa. La humilde pija escupi&oacute; sobre la cara de ella. Vanesa dej&oacute; de pajearlo, pero &eacute;l agarr&oacute; su propio sexo y comenz&oacute; a sacudirlo, por lo que los otros dos chorros tambi&eacute;n salieron con fuerza hacia la cara de Vanesa.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; imb&eacute;cil &mdash;dijo ella, limpi&aacute;ndose nuevamente.<\/p>\n<p>Yo la esperaba con la pija totalmente al palo. En el comedor hab&iacute;a un intenso olor a semen que me daba mucho morbo. Vanesa se puso en cuclillas delante de m&iacute;. Rode&oacute; mi verga con sus dedos c&aacute;lidos. Escupi&oacute; sobre ella varias veces, y empez&oacute; a masajearla con vehemencia. Me gustaba mucho su carita linda, y sobre todo me gustaba verla tan cerca de mi verga. La acarici&eacute; con ternura. Vanesa hizo contacto visual conmigo, sin dejar de masturbarme, y eso me volvi&oacute; loco. Acarici&eacute; su cabeza, temiendo que le moleste. Pero no dijo nada. En un momento su boquita se abri&oacute;, y yo fantase&eacute; con que se meter&iacute;a la pija ah&iacute; adentro. Pero no lo hizo. &ldquo;ninguna pija va a entrar en mis orificios&rdquo;, hab&iacute;a dicho. No entend&iacute;a el sentido de esa regla que nos hab&iacute;a impuesto. &iquest;Se sent&iacute;a menos infiel por no dejarse penetrar? Si Mart&iacute;n se enteraba de lo que est&aacute;bamos haciendo, se volver&iacute;a loco. No es un tipo violento, pero cualquier persona tendr&iacute;a ganas de salir a matar, si le hac&iacute;an algo como eso. Pero qu&eacute; le iba a hacer. Ya estaba metido hasta las narices en eso juego perverso, y si me hubiese rehusado, los muchachos, de todas formas, habr&iacute;an aprovechado.<\/p>\n<p>Vanesa pajeaba con furia mi pija. Parec&iacute;a dispuesta a exprimirle hasta la &uacute;ltima gota de leche. Sin embargo, en ning&uacute;n momento me lastim&oacute; al apretarlo en demas&iacute;a. Se comportaba como una experta masturbadora.<\/p>\n<p>&mdash;Estoy a punto de venirme &mdash;le avis&eacute;, sabiendo que no quer&iacute;a que eyacule sobre ella.<\/p>\n<p>Entonces aminor&oacute; el ritmo. El semen se expuls&oacute; dando un salto corto que fue a parar al piso, y otro tanto a su mano.<\/p>\n<p>Se puso de pie. Qued&oacute; en medio de nosotros, parada de manera sensual, aunque supongo que no lo hac&iacute;a con esas intenciones. Para ella era una postura normal, con la pierna derecha flexionada, sacando cola. Su pelo estaba algo desprolijo, y el pu&ntilde;o de su camisa ten&iacute;a algunas manchas de humedad debido al semen que se hab&iacute;a limpiado con ella. Pero apenas se notaba. Si alguien la viera en ese momento, dif&iacute;cilmente pensar&iacute;a que acababa de pajear a los tres amigos de su marido.<\/p>\n<p>Pedro fue a buscar las cartas. No se molest&oacute; en mezclarlas, era obvio que hab&iacute;a puesto el comod&iacute;n en un lugar conveniente. Por supuesto, la carta cay&oacute; a los pies de Vanesa.<\/p>\n<p>&mdash;Consecuencia &mdash;dijo.<\/p>\n<p>Pedro disfrut&oacute; del silencio por unos segundos, generando expectativa en los dem&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;S&oacute;lo ten&eacute;s que quedarte paradita as&iacute; como estas, durante media hora.<\/p>\n<p>Vanesa no dijo nada. Pedro acerc&oacute; su silla hasta quedar muy cerca de ella.<\/p>\n<p>&mdash;Vengan muchachos, vamos a disfrutar del cuerpo de esta trolita.<\/p>\n<p>&mdash;No me insultes o te hecho a patadas de ac&aacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, tranquila, no te enojes &mdash;dijo Pedro. Extendi&oacute; su mano y la apoy&oacute; en las piernas de ella. Enseguida empez&oacute; a moverla arriba abajo. La mano se perd&iacute;a dentro de la pollera y volv&iacute;a a aparecer a la vista de todos, una y otra vez.<\/p>\n<p>Quique y yo nos acercamos. Yo qued&eacute; detr&aacute;s de ella, as&iacute; que ten&iacute;a las nalgas en mis narices. Las palp&eacute;, por encima de la tala, y despu&eacute;s met&iacute; la mano por debajo de la pollera. La piel tersa y dura se sent&iacute;a fresca. Era delicioso acariciarla. Hac&iacute;a a&ntilde;os que no tocaba un culo como ese. Quique tambi&eacute;n meti&oacute; mano ah&iacute;. Vanesa era linda por donde se la mire, pero su culo era cosa de otra galaxia. Probablemente ninguno de nosotros volver&iacute;a a tocar algo tan perfecto como el orto de la mujer de Mart&iacute;n.<\/p>\n<p>Estando ah&iacute;, magreando a Vanesa, mientras mis manos hac&iacute;an contacto involuntario con las manos de Quique, que estaba tan hambrienta como la m&iacute;a, me di cuenta de que siempre dese&eacute; a Vanesa. Y de hecho, era imposible no hacerlo. Hab&iacute;a logrado reprimir mis sentimientos de tal manera, que me hab&iacute;a convencido de que para m&iacute;, al igual que todas las mujeres de mis amigos, Vanesa era de madera.<\/p>\n<p>Pero ella no era como ninguna mujer, y no exist&iacute;a hombre que no cayese en sus encantos.<\/p>\n<p>Quique tirone&oacute; de la tanga, y se la baj&oacute; hasta los tobillos. Yo met&iacute; la cabeza debajo de la pollera. Su imponente culo qued&oacute; a mil&iacute;metros de mis labios. Lo bes&eacute;, y luego lo lam&iacute; con locura.<\/p>\n<p>&mdash;Dejame espacio, forro. &mdash;Exigi&oacute; Quique.<\/p>\n<p>Me corr&iacute; un poco. Ahora ten&iacute;amos un gl&uacute;teo para cada uno. Empezamos a devorarlo a chupadas y mordiscones. En un momento mir&eacute; entre medio de las piernas, a ver qu&eacute; hac&iacute;a Pedro del otro lado. Y entonces vi c&oacute;mo sus dedos se enterraban en el sexo de Vanesa.<\/p>\n<p>No la estaba penetrando con su sexo, as&iacute; que no incumpl&iacute;a con las exigencias de ella. Quique, por su parte, meti&oacute; su dedo &iacute;ndice entre las nalgas de Vanesa. Juguete&oacute; un rato con el anillo de cuero, y finalmente, lo hundi&oacute; unos mil&iacute;metros. Vanesa se retorci&oacute; y larg&oacute; un gemido involuntario.<\/p>\n<p>Me puse de pie, para ver la escena, a la vez que me masturbaba. Vanesa ten&iacute;a los ojos cerrados. Estaba en la posici&oacute;n que deb&iacute;a estar. Parada, quieta, con una pierna flexionada, sacando cola. S&oacute;lo se mov&iacute;a un poco cuando mis compa&ntilde;eros hurgaban con tal vehemencia, que la obligaban a hacerlo.<\/p>\n<p>Quique le sac&oacute; la pollera, y Pedro desabroch&oacute; su blusa e intent&oacute; despojarla de ella. Pero Vanesa no cambiaba de postura, fiel a la prenda, por lo que no pod&iacute;a sac&aacute;rsela por completo. El bestia de Pedro opt&oacute; por hacerla hilachas. Vanesa segu&iacute;a con su mirada ap&aacute;tica. Luego la despoj&oacute; del corpi&ntilde;o, dej&aacute;ndola en tetas.<\/p>\n<p>Ahora la &uacute;nica prenda que ten&iacute;a era la tanga, la cual estaba en sus tobillos. Pedro enterr&oacute; su cara entre las nalgas de Vanesa, intercambiando de lugar con el otro. Yo me mov&iacute; unos pasos para poder ver mejor esa escena, y pude observar c&oacute;mo Pedro enterraba su lengua, cual si fuera un objeto f&aacute;lico, en el orto de Vanesa.<\/p>\n<p>Quique, por envidia quiz&aacute;s, se arrodillo y empez&oacute; a comerle la concha. Hac&iacute;a un ruido que en otro momento podr&iacute;a parecer desagradable, cuando su lengua babosa se frotaba con el cl&iacute;toris de ella.<\/p>\n<p>Ah&iacute; fue cuando Vanesa abri&oacute; los ojos, ya sin poder reaccionar a los est&iacute;mulos que recib&iacute;a.<\/p>\n<p>Me mir&oacute; mientras los otros dos se la com&iacute;an cruda de la cintura para abajo. Era una imagen digna de una pel&iacute;cula pornogr&aacute;fica. Parec&iacute;an dos ogros devorando a una preciosa ninfa. Dos hombres avejentados: uno con una barriga cervecera, cara delgada, ojos hundidos y cabeza enorme; el otro, con profundas arrugas en su cara, con su pansa llena de pelo, como si fuese una bestia, y su rostro colorado; ambos comi&eacute;ndose las partes m&aacute;s &iacute;ntimas de esa chica de piel tersa y rostro hermoso y melanc&oacute;lico.<\/p>\n<p>Quiz&aacute;s ahora sienta un poco de pena al recordar la imagen, pero en ese momento estaba demasiado caliente como para reparar en el hecho de que mis amigos la estaban usando, como si no fuese m&aacute;s que un producto para consumir hasta satisfacer sus necesidades.<\/p>\n<p>Abandon&eacute; mi rol de espectador y me sum&eacute; al fest&iacute;n. Pedro me dej&oacute; espacio y yo volv&iacute; a degustar ese orto que tanto nos enloquec&iacute;a. Aun cuando su ano estaba lleno de la saliva de mi amigo, se sinti&oacute; delicioso frotar mi lengua en &eacute;l. No recuerdo haber saboreado algo tan rico como el orto de Vanesa.<\/p>\n<p>Luego empezamos a enterrar nuestros dedos en sus orificios. Yo me par&eacute; y le di un beso en el cuello. Pedro enterraba otra vez su dedo en el culo.<\/p>\n<p>&mdash;Mir&aacute; Basualdito, ac&aacute; hay espacio &mdash;dijo, mostr&aacute;ndome que el ano se hab&iacute;a dilatado tanto, que su dedo entraba con demasiada facilidad.<\/p>\n<p>Me arrodille, y met&iacute; mi dedo, junto con el de Pedro. Ambos los enterramos al un&iacute;sono. Vanesa gimi&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Sientan ese olor a conchita &mdash;dijo Quique, interrumpiendo las insistentes lamidas en el cl&iacute;toris mientras le enterraba dos dedos en el sexo.<\/p>\n<p>Yo arrim&eacute; mi nariz y pude sentir el inconfundible olor de los fluidos femeninos.<\/p>\n<p>Vanesa no pod&iacute;a evitar que su cuerpo reaccione a tantos est&iacute;mulos. Cada vez que nuestros dedos entraban hasta el fondo, largaba un grito y su cuerpo se sacud&iacute;a. Ya hab&iacute;a perdido la postura que deb&iacute;a mantener, pero a nadie le molest&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Muchachos, s&oacute;lo faltan tres minutos. &mdash;Advirti&oacute; Pedro, al darse cuenta de que el tiempo llegaba a su fin. Si Vanesa se avivaba, nos iba a dejar con la leche adentro.<\/p>\n<p>Formamos nuevamente un tri&aacute;ngulo alrededor de ella. Empezamos a masturbarnos con frenes&iacute;. La piel de Vanesa, en sus nalgas, sus muslos y sus tetas, estaba roja y llena de saliva. Se cruz&oacute; de brazos y agach&oacute; la cabeza, esperando que nosotros acabemos.<\/p>\n<p>De todas direcciones saltaron los chorros de semen que fueron a impactarse en sus caderas, nalgas y ombligo. El l&iacute;quido viscoso se deslizaba por sus carnes.<\/p>\n<p>Agarr&oacute; su pollera y se limpi&oacute; con ella. Luego se inclin&oacute; para agarrar el comod&iacute;n que hab&iacute;a quedado en el piso, y nos los mostr&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Terminemos con esto &mdash;dijo, mir&aacute;ndome&mdash; Elijo consecuencia. Y el juego se termina.<\/p>\n<p>Ya habiendo acabado, observando a Vanesa, no sent&iacute;a la menor excitaci&oacute;n. Pero estaba seguro de que en cuesti&oacute;n de minutos pod&iacute;a estar al palo de nuevo. Adem&aacute;s, se me hab&iacute;a ocurrido una buena idea.<\/p>\n<p>&mdash;Te ten&eacute;s que ba&ntilde;ar con nosotros &mdash;dije.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; buena idea Basualdito &mdash;coment&oacute; Pedro&mdash;. Nos sacamos la calentura otra vez y volvemos limpitos a casa.<\/p>\n<p>Vanesa no dijo nada. Camin&oacute; hasta el ba&ntilde;o. Nosotros nos desnudamos por completo y la seguimos. Abri&oacute; el agua de la ducha. Pedro fue el primero en meterse. Se puso detr&aacute;s de ella. Quique se coloc&oacute; adelante, y agarr&oacute; el jab&oacute;n. Yo me hice lugar a un costadito. Mi sexo blando qued&oacute; pegado a las caderas de Vanesa.<\/p>\n<p>Apenas entr&aacute;bamos todos en la ba&ntilde;era. Un movimiento en falso, y esa escena hot pod&iacute;a convertirse en algo tragic&oacute;mico.<\/p>\n<p>&mdash;Pasame el jaboncito Quique &mdash;dijo Pedro&mdash;. Le voy a enjabonar la cola.<\/p>\n<p>Quique se lo entreg&oacute;. Pedro empez&oacute; a frotar el jab&oacute;n entre medio de sus nalgas, como si quisiera cogerla con &eacute;l. Sin que nadie se lo pida, Vanesa agarr&oacute; mi sexo y el de Quique, y empez&oacute; a pajear.<\/p>\n<p>&mdash;Enjabonales la pija beb&eacute; &mdash;Le dijo Pedro, entreg&aacute;ndole el jab&oacute;n ahora a ella. Y mientras &eacute;l hurgaba en su culo, ahora con inusitada facilidad, Vanesa frot&oacute; el jab&oacute;n entre sus manos, y una vez que se llenaron de espuma, volvi&oacute; a masajear las pijas. Ahora su mano se mov&iacute;a con impresionante soltura mientras nos pajeaba. Ambas vergas empezaban a empinarse otra vez.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Quer&eacute;s lavarte el pelo? &mdash;le pregunt&eacute;. Ella sonri&oacute; con iron&iacute;a, as&iacute; que no hice nada.<\/p>\n<p>Nos lavamos con agua y jab&oacute;n, uno a la vez, para quitarnos el olor a sexo de nuestros cuerpos. Mientras Vanesa nos masturbaba, y la leche iba a parar a la rejilla del desag&uuml;e. Despu&eacute;s, dej&aacute;bamos caer el chorro de agua sobre nuestros sexos, para que, ahora s&iacute;, ya no quedaran pruebas de nuestro crimen.<\/p>\n<p>Nos secamos, y nos vestimos. Vanesa fue al cuarto que sol&iacute;a compartir con Mart&iacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Dir&aacute; algo esta puta? &mdash;pregunt&oacute; Quique, preocupado.<\/p>\n<p>&mdash;Hubieses pensado en eso antes de hacer que nos pajeara a todos &mdash;dije.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, che, si ella empez&oacute; el jueguito. &mdash;Lo defendi&oacute; Pedro&mdash;. Adem&aacute;s tiene raz&oacute;n, si dice algo nos arruina la vida a todos.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, vayan que yo voy a hablar un rato con ella.<\/p>\n<p>&mdash;Dale Basualdito, convencela de que no abra la boca.<\/p>\n<p>Se fueron a sus casas, a dormir con sus esposas. Yo fui hasta el cuarto, golpe&eacute; la puerta y entr&eacute;.<\/p>\n<p>Vanesa solo llevaba una toalla que envolv&iacute;a su cuerpo. Estaba boca abajo, y ten&iacute;a el celular en la mano. Gir&oacute; su cabeza y me mir&oacute;. Luego, mantuvo presionada la pantalla del celular y comenz&oacute; a hablar. Estaba mandando un mensaje de audio.<\/p>\n<p>&mdash;Mart&iacute;n, quiero que sepas que aunque hice lo que te promet&iacute;, no puedo perdonarte &mdash;dijo. Yo me mantuve en silencio. Pero no me retir&eacute;. Lo que estaba diciendo Vanesa, en parte, me incumb&iacute;a&mdash; Pens&eacute; que al traicionarte igual a como lo hiciste vos, iba a poder perdonarte, y dejar las cosas atr&aacute;s. Como si estuvi&eacute;semos a mano &mdash;continu&oacute; diciendo&mdash;. Aunque supongo que en el fondo s&oacute;lo lo hice para herirte. Pero la &uacute;nica lastimada fui yo. Me siento como una cosa. No soy como vos, no puedo coger con cualquiera.<\/p>\n<p>Vanesa retir&oacute; el dedo de la pantalla del celular. El mensaje se envi&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Entonces Mart&iacute;n te cag&oacute; con una amiga tuya, por eso toda esta locura &mdash;coment&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Con mi hermana&hellip; se cogi&oacute; a mi hermana.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; hijo de puta &mdash;dije.<\/p>\n<p>&mdash;No te vengas a hacer el buenito, todos los hombres son iguales.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute; la regla de no poder cogerte? &mdash;Pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Para demostrarles los animales que son. Si vos no estabas, los otros dos me iban a terminar cogiendo por la fuerza, con la excusa de que yo los hab&iacute;a calentado. &mdash;No pude contradecir sus palabras&mdash;. No te confundas, vos sos igual. No&hellip; Vos sos peor, porque sos hip&oacute;crita.<\/p>\n<p>&mdash;Supongo que ten&eacute;s raz&oacute;n &mdash;dije.<\/p>\n<p>Hac&iacute;a a&ntilde;os que no hab&iacute;a acabado cuatro veces seguidas en una misma noche. A mis cuarenta a&ntilde;os ya no tengo la vitalidad de cuando era m&aacute;s pendejo. Pero parec&iacute;a que la juventud de Vanesa, me hab&iacute;an dotado de unas energ&iacute;as sexuales asombrosas. Ver su cuerpo h&uacute;medo, tirado en la cama, totalmente indefensa, me estaba excitando.<\/p>\n<p>Me sent&eacute; en el borde de la cama. Apoy&eacute; mi mano en su muslo.<\/p>\n<p>&mdash;Quiero que me permitas penetrarte &mdash;dije.<\/p>\n<p>&mdash;No &mdash;dijo. Yo bes&eacute; sus piernas.<\/p>\n<p>&mdash;Por favor, permit&iacute;melo &mdash;supliqu&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;No &mdash;repiti&oacute; ella.<\/p>\n<p>Mis manos se metieron debajo de la toalla. Las nalgas h&uacute;medas despertaron mis demonios.<\/p>\n<p>&mdash;Te voy a coger. Pero necesito que me lo permitas.<\/p>\n<p>Vanesa separ&oacute; las piernas.<\/p>\n<p>&mdash;Si lo quer&eacute;s hacer, hacete cargo. Yo fui muy clara. &mdash;dijo.<\/p>\n<p>Me desabroch&eacute; el pantal&oacute;n. Bes&eacute; su trasero.<\/p>\n<p>&mdash;Pedime que te coja.<\/p>\n<p>&mdash;No &mdash;repiti&oacute; ella.<\/p>\n<p>Liber&eacute; mi verga. Su sexo estaba a unos cuantos cent&iacute;metros. La agarr&eacute; del pelo y lo estir&eacute; con violencia.<\/p>\n<p>&mdash;Vos quer&eacute;s que te coja. Eso quer&eacute;s &mdash;dije.<\/p>\n<p>Ella no pronunci&oacute; palabra.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;La puta madre! &iexcl;Sos una demente! &mdash;grit&eacute;, exasperado.<\/p>\n<p>Me baj&eacute; de la cama. Me abroch&eacute; el pantal&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Quiero que sepas que si cont&aacute;s lo que hicimos, vas a arruinar muchas vidas. No voy a presionarte, s&oacute;lo quiero que pienses en eso. Nuestras mujeres y nuestros hijos no tienen nada que ver con esto.<\/p>\n<p>&mdash;Deber&iacute;as haber pensado en eso antes de hacer todo lo que hiciste &iquest;No? &mdash;dijo ella, haci&eacute;ndose eco de lo que yo mismo hab&iacute;a dicho hac&iacute;a unos minutos.<\/p>\n<p>&mdash;Ten&eacute;s raz&oacute;n &mdash;dije.<\/p>\n<p>&mdash;Le dije a Mart&iacute;n que lo iba a cagar de una manera tan vil como &eacute;l lo hab&iacute;a hecho &mdash;dijo Vanesa&mdash; &Eacute;l me dijo que con tal de que lo perdone iba a aguantar cualquier cosa. Pero estoy segura de que no se imaginaba que iba a estar con sus tres mejores amigos. No le da la cabeza para tanto.<\/p>\n<p>&mdash;Esto es una locura &mdash;dije&mdash; Me voy a mi casa &iquest;Vas a estar bien?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, claro &mdash;dijo ella.<\/p>\n<p>La dej&eacute; sola, con sus locuras. Volv&iacute; a casa. Me saqu&eacute; la ropa antes de meterme en la pieza, y la puse en el lavarropas. Al otro d&iacute;a le dir&iacute;a a Beti que me ensuci&eacute; con cerveza. Ella, probablemente intuir&iacute;a algo, porque en muy bicha. Pero ni en sue&ntilde;os se imaginar&iacute;a lo que sucedi&oacute;.<\/p>\n<p>Durante varios d&iacute;as estuve con el coraz&oacute;n en la boca. Esperando recibir la visita de un Mart&iacute;n enloquecido por la ira, o que la propia Beti se entere de lo que hab&iacute;a pasado.<\/p>\n<p>Pero hasta el momento, Vanesa no hab&iacute;a hablado.<\/p>\n<p>Con Quique y Pedro hablamos muy seriamente al respecto. Juramos no decir absolutamente nada a nadie. El menor filtro podr&iacute;a culminar con todo el barrio sabiendo lo que hab&iacute;a sucedido.<\/p>\n<p>Sin embargo, todo resultaba ser muy endeble. Quique le dijo a Mart&iacute;n que esa vez que &eacute;l no estaba en su casa, nos fuimos al bar del club, como siempre. Pero era cuesti&oacute;n de que Mart&iacute;n hable, al pasar, con don Alvarado, para que este recuerde que esa noche no estuvimos ah&iacute;. Adem&aacute;s, algunos vecinos nos vieron entrar a la casa. Creo que nadie nos vio salir a la madrugada. El plan era decir que nos fuimos al rato. Pero como digo, todo muy endeble. Un castillo de naipes que pod&iacute;a derrumbarse con el menor movimiento imprevisto. Adem&aacute;s, no ten&iacute;amos idea de si Vanesa respaldar&iacute;a nuestra versi&oacute;n.<\/p>\n<p>Mart&iacute;n estaba deprimido. Andaba tan ensimismado, que no se daba cuenta de lo mal que ment&iacute;an los boludos de Quique y Pedro cuando estaban con &eacute;l.<\/p>\n<p>A m&iacute; no me daba l&aacute;stima, porque sab&iacute;a que &eacute;l tambi&eacute;n se hab&iacute;a mandado terrible macana cogi&eacute;ndose a la hermana de Vanesa.<\/p>\n<p>Y ella no aparec&iacute;a. No le contestaba los mensajes. Se hab&iacute;a llevado todas sus cosas esa misma ma&ntilde;ana, y no hab&iacute;a vuelto a aparecer.<\/p>\n<p>De eso ya pas&oacute; un mes. Quique y pedro me preguntan, cada tanto, si s&eacute; algo de &ldquo;la loquita&rdquo;. Yo le contesto con la verdad: que no tengo idea de qu&eacute; fue de su vida. Me pregunto por qu&eacute; estar&aacute;n a la expectativa de ella. No creo que sea s&oacute;lo por miedo a que cuente lo sucedido. Seguramente fantasean con volver a jugar a verdad consecuencia con Vanesa.<\/p>\n<p>Un juego de ni&ntilde;os, llevado a los l&iacute;mites m&aacute;s inveros&iacute;miles.<\/p>\n<p>Sin embargo, ayer me escribi&oacute;. &ldquo;Basualdo, ma&ntilde;ana es mi cumple, me gustar&iacute;a que vengas a saludarme&rdquo; puso. Me dej&oacute; una direcci&oacute;n. Era el s&aacute;bado, justo el d&iacute;a que me ten&iacute;a que juntar con los muchachos. Mejor a&uacute;n. Les pedir&iacute;a que me hagan la gamba. Que si mi mujer preguntaba, yo estaba ah&iacute; con ellos.<\/p>\n<p>No veo la hora de volver a verla. Me pregunto con qu&eacute; juego saldr&aacute; ahora.<\/p>\n<p>Fin<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 28<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>4 Con mis amigos del barrio nos juntamos todos los s&aacute;bados a la noche, para jugar a las cartas, ver un partido, o simplemente para hablar boludeces y tomar birra toda la noche. A mi mujer no le gusta mucho esa costumbre, pero la mantengo contenta llev&aacute;ndola a pasear casi todos los viernes, y preparando [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":4947,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"class_list":{"0":"post-25547","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-infidelidad"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25547","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4947"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=25547"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25547\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=25547"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=25547"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=25547"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}