{"id":25717,"date":"2020-09-12T02:24:47","date_gmt":"2020-09-12T02:24:47","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-09-12T02:24:47","modified_gmt":"2020-09-12T02:24:47","slug":"sometida-por-el-bully-de-mi-hijo-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/sometida-por-el-bully-de-mi-hijo-1\/","title":{"rendered":"Sometida por el bully de mi hijo (1)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"25717\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">3<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Todo pasado es una mochila que cargamos en el presente. Quiz&aacute;s con el tiempo, esa mochila parezca m&aacute;s liviana, hasta el punto en que nos olvidamos que la llevamos a cuestas. Pero cada tanto aparece algo (o alguien) que te recuerda tus miserias del pasado.<\/p>\n<p>Y en el peor de los casos, ese alguien usa esas miserias para manipularte, para usarte a su antojo, bajo la amenaza de mostrar al mundo lo que fuiste.<\/p>\n<p>Robi siempre me pareci&oacute; un pendejo arrogante, fanfarr&oacute;n y violento. Pero nunca imagin&eacute; que un pibe de dieciocho a&ntilde;os me tendr&iacute;a entre sus manos. Nunca hubiese imaginado que tendr&iacute;a el coraje necesario para hacerlo. A mis treinta y dos a&ntilde;os no pod&iacute;a imaginarme sometida por los caprichos de un mocoso que ni siquiera se lava los calzones. Pero la vida te sorprende.<\/p>\n<p>No se confundan, no tengo nada de qu&eacute; avergonzarme, y nunca lastim&eacute; ni enga&ntilde;&eacute; a nadie. Pero hay cosas que ante los ojos hip&oacute;critas de la sociedad, est&aacute;n mal vistas. Y esas cosas, si caen en manos equivocadas, pueden ser usadas como armas.<\/p>\n<p>Soy una mujer independiente, y eso, como saben, a veces te juega en contra.<\/p>\n<p>Hace cinco a&ntilde;os comet&iacute; un error. Necesitaba un aumento. Cuidar de un chico de doce a&ntilde;os, sin una pareja que me ayude, era realmente dif&iacute;cil. Desde hac&iacute;a meses que ven&iacute;a ablandando al viejo para que d&eacute; el brazo a torcer. Don Miguel simpatizaba conmigo. Tanto como un viejo verde puede simpatizar con una jovencita carilinda con la cola parada, y las tetas grandes. Una tarde me pidi&oacute; que me quedara, despu&eacute;s de hora, para discutir sobre mi supuesto aumento.<\/p>\n<p>Desde el momento en que cerr&oacute; la puerta a mis espaldas, y sin disimulo me mir&oacute; el culo mientras yo me dirig&iacute;a a la silla, supe que el viejo iba a intentar algo turbio. Se lo notaba con ganas de probar carne fresca, y yo era una joven madre soltera que necesitaba ayuda. La v&iacute;ctima ideal para un viejo pervertido como &eacute;l.<\/p>\n<p>La cosa fue m&aacute;s directa de lo que imagin&eacute;. Se par&oacute; frente a m&iacute;, apoyando su culo en el escritorio. Me dio un largo discurso sobre la lealtad y la cooperaci&oacute;n. Yo s&oacute;lo asent&iacute;a con la cabeza.<\/p>\n<p>Entonces estir&oacute; la mano y estruj&oacute; mis tetas.<\/p>\n<p>Me qued&eacute; inm&oacute;vil. Abr&iacute; bien grande los ojos, asombrada, no tanto por la actitud, sino por la manera intempestiva en que lo hizo. Me mir&oacute; a los ojos, y quiz&aacute;s porque no dije nada, sonri&oacute; con perversi&oacute;n.<\/p>\n<p>Entonces se baj&oacute; el cierre del pantal&oacute;n.<\/p>\n<p>Un sacrificio, pens&eacute; para m&iacute;. Un sacrificio y mi nene tendr&iacute;a una vida un poco mejor.<\/p>\n<p>Don Miguel se baj&oacute; el cierre del pantal&oacute;n. Una peque&ntilde;a pija semifl&aacute;ccida se asom&oacute;. Un sacrificio, me repet&iacute;a una y otra vez.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de todo, no soy una monja. Hasta ese momento me hab&iacute;a llevado al menos diez pijas a la boca. Y no es que estuviese enamorada de todos los portadores de esas vergas erectas. As&iacute; que cerr&eacute; los ojos, y sin mucho entusiasmo, le di al viejo lo que quer&iacute;a.<\/p>\n<p>Pero no le alcanz&oacute; con eso. A partir de ese momento, don Miguel me trat&oacute; como a su puta personal. No como su amante, ni mucho menos como a su pareja. Era su puta.<\/p>\n<p>Me entregaba un sobre cerrado con dinero extra cada fin de mes. Y me compraba ropa. Aunque principalmente era lencer&iacute;a er&oacute;tica, minifaldas y calzas superajustadas. Eran regalos para el m&aacute;s que para m&iacute;, ya que era don Miguel quien disfrutaba de v&eacute;rmelas puestas, y luego se deleitaba quit&aacute;ndomelas, a veces hasta hacer hilachas la prenda.<\/p>\n<p>Una vez, cansada de los abusos del viejo, que pensaba que por darme algo de dinero, era due&ntilde;o de mi cuerpo, tom&eacute; una decisi&oacute;n dr&aacute;stica: si iba a ser una puta, ser&iacute;a yo misma quien pusiera el precio, y elegir&iacute;a minuciosamente a mis clientes, descartando sin dudar a los viejos de pijas blandas como mi jefe.<\/p>\n<p>Puse un aviso en una p&aacute;gina de escorts, sub&iacute; algunas fotos m&iacute;as sin mostrar mi cara. Me invent&eacute; un nombre de puta: Vanesa (las Vanesas siempre me parecieron muy putas). Ten&iacute;a treinta a&ntilde;os, muy grande comparada con la mayor&iacute;a de la competencia, as&iacute; que ment&iacute; mi edad y me baj&eacute; cinco a&ntilde;os. Nadie se dar&iacute;a cuenta de la diferencia. Para algo cuidaba mi piel como si fuese un tesoro.<\/p>\n<p>As&iacute; fue que redact&eacute; mi primer anuncio: Vanesa, veinticinco a&ntilde;os, s&oacute;lo en hoteles, zona de microcentro, dec&iacute;a mi ficha t&eacute;cnica en aquella p&aacute;gina. Adem&aacute;s coloqu&eacute; un n&uacute;mero de tel&eacute;fono diferente al que usaba habitualmente. Hab&iacute;a elegido un lugar bastante alejado del barrio donde criaba a mi hijo, para evitar cruzarme con alg&uacute;n conocido.<\/p>\n<p>M&aacute;s abajo de mis datos estaban mis fotos semidesnuda, en poses sugerentes. Me daba pena tener que ocultar mi rostro, porque mi cara y mis ojos azules atraer&iacute;an mucho m&aacute;s clientes. Pero no pod&iacute;a arriesgarme. Aun as&iacute; no pasaron ni dos horas y ya ten&iacute;a varios mensajes de potenciales clientes.<\/p>\n<p>En mi primer encuentro estaba muy nerviosa, pero todo sali&oacute; bien. A mi cliente le hab&iacute;a dado mucha ternura mi evidente falta de experiencia en ese trabajo. Al d&iacute;a siguiente me encontr&eacute; con dos tipos m&aacute;s. Fue entonces cuando decid&iacute; faltar sin previo aviso a mi trabajo formal. Don Miguel me llam&oacute; por tel&eacute;fono, exigiendo respuestas. Ah&iacute; aprovech&eacute; para desquitarme. Lo mand&eacute; a la mierda y le jur&eacute; que nunca volver&iacute;a a tocarme un pelo. Y para rematarla, me burl&eacute; de su precocidad.<\/p>\n<p>No trabaj&eacute; mucho como escort, porque en realidad no era lo m&iacute;o. Si bien al prostituirme, de alguna manera, era yo la que pasaba a usar a los hombres, no dejaba de sentirme como un objeto, como un producto para el consumo de los dem&aacute;s.<\/p>\n<p>A los seis meses dej&eacute; de publicar mi tel&eacute;fono en las p&aacute;ginas de prostituci&oacute;n VIP. Hab&iacute;a conseguido un trabajo como administrativa, donde mi jefe era un homosexual de armario que jam&aacute;s se me insinuar&iacute;a. Conserv&eacute; los n&uacute;meros telef&oacute;nicos de mis clientes preferidos: Aquellos que o bien no eran muy exigentes a la hora de coger, o eran bastante apuestos y caballerosos, o mis preferidos, aquellos que ten&iacute;an una buena pija y sab&iacute;an c&oacute;mo usarla. Los dem&aacute;s, los viejos verdes y ego&iacute;stas no supieron m&aacute;s de mi.<\/p>\n<p>De todas formas, esos clientes privilegiados, a los que todav&iacute;a les guardaba un turno, que por cierto, no era barato, los dej&eacute; de frecuentar al cabo de seis meses m&aacute;s.<\/p>\n<p>En resumen, hab&iacute;an pasado cuatro a&ntilde;os desde que ya no ten&iacute;a nada que ver con aquel mundo turbio y superficial. Casi no pensaba en eso. Ya hab&iacute;a cruzado la barrera de los treinta, y todas las cosas alocadas que hab&iacute;a hecho cuando era m&aacute;s joven, parec&iacute;an haber sido hechas por otra persona, m&aacute;s decidida y con menos prejuicios.<\/p>\n<p>Ahora estaba en pareja, y ten&iacute;a un trabajo aburrido pero seguro. Todav&iacute;a ten&iacute;a que lidiar con un mont&oacute;n de machos que se desviv&iacute;an por llevarme a la cama. Si supiesen que tiempo atr&aacute;s hubiera sido f&aacute;cil tenerme desnuda y con las piernas abiertas, a su merced, muchos se sentir&iacute;an decepcionados. Pero ya no me molestaba que me miren como un objeto sexual. Las frases obscenas de los alba&ntilde;iles que me gritan vulgaridades cuando paso por cualquier obra en construcci&oacute;n, me entran por un o&iacute;do y me salen por otro. Y las miradas indiscretas de los hombres, incluso cuando van del brazo de sus mujeres, me halagan y me dan pena en partes iguales.<\/p>\n<p>Pero desde hace unos meses mi vida se descontrol&oacute;. El fantasma de Vanesa, la prostituta VIP, apareci&oacute; para trastornarme.<\/p>\n<p>Mi hijo Leandro, es un chico t&iacute;mido y apocado. Nada que ver con el descarado de su padre, ese infeliz que desapareci&oacute; apenas se enter&oacute; de que me hab&iacute;a dejado embarazada. Leandro, en cambio, es un amor. Pero quiz&aacute; por la ausencia de una figura paterna, nunca supo tener una personalidad lo suficientemente fuerte como para enfrentar la complicada edad de la adolescencia.<\/p>\n<p>En el colegio, desde hac&iacute;a a&ntilde;os que sufr&iacute;a bullying. Varias veces hab&iacute;a llegado a casa golpeado. Y muchas veces escuch&eacute;, con mi coraz&oacute;n roto, c&oacute;mo lloraba en su habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>El peor de sus acosadores era Robi. Un mocoso de ojos verdes, con un f&iacute;sico demasiado desarrollado. Me daba asco imaginar que un pendejo como ese, en el futuro, seguramente ser&iacute;a una persona exitosa. Al final, el mundo acog&iacute;a a los tipos como &eacute;l: arrogantes, violentos, bellos s&oacute;lo en lo f&iacute;sico, y carentes de empat&iacute;a para con los m&aacute;s desfavorecidos.<\/p>\n<p>En los &uacute;ltimos tres a&ntilde;os fui a hablar con el director, al menos diez veces. Robi, de vez en cuando, recib&iacute;a alguna leve reprimenda. Durante algunas semanas Leandro me aseguraba que todo iba mejor en la escuela, pero enseguida aparec&iacute;a con ese semblante apesadumbrado que me llenaba de angustia. Era incre&iacute;ble, ya estaban en el &uacute;ltimo a&ntilde;o, pero mi hijo se comportaba como un ni&ntilde;o indefenso y Robi como un bully agresivo. Ninguno de los dos terminaba de madurar.<\/p>\n<p>Pero en los &uacute;ltimos tiempos ve&iacute;a peor a mi hijo. Demasiado silencioso, incluso para alguien como &eacute;l. Siempre andaba con la cabeza gacha, hasta estando dentro de casa. No ten&iacute;a amigos. Quienes sean madres comprender&aacute;n lo terrible que es ver a su hijo as&iacute;.<\/p>\n<p>Hice lo posible por ayudarlo a sentirse mejor, pero se negaba a decirme con exactitud cu&aacute;les eran sus problemas. Le ped&iacute; a Mat&iacute;as, mi pareja, que hable con &eacute;l de hombre a hombre. Pero le fue imposible entrar en confianza con mi hijo. No lo culpaba, ni siquiera yo lograba que Leandro se abra conmigo.<\/p>\n<p>Yo sab&iacute;a que Robi estaba detr&aacute;s de todo eso. &Eacute;l y sus pat&eacute;ticos secuaces acosaban a mi hijo. Se burlaban de su baja estatura, de su timidez, de su torpeza en los deportes, de su silencio, de su miedo a las chicas&#8230; Todo eso, repiti&eacute;ndose todos los d&iacute;as durante a&ntilde;os, era una tortura para mi Leandro. Por suerte, los pendejos ya no golpeaban a mi hijo, pero ahora no ten&iacute;a un motivo suficiente como para quejarme nuevamente con el director. Si le dec&iacute;a que los compa&ntilde;eros de mi hijo se burlaban de &eacute;l, como mucho les echar&iacute;a una reprimenda, y luego todo volver&iacute;a a la normalidad, o incluso empeorar&iacute;a.<\/p>\n<p>Decid&iacute; hablar con sus padres. A&uacute;n faltaban dos meses m&aacute;s para que mi hijo termine la secundaria, y no pod&iacute;a permitir que sufra durante todo ese tiempo. Si los padres no entraban en raz&oacute;n, entonces lo cambiar&iacute;a de escuela, o buscar&iacute;a otra soluci&oacute;n. Pero eso no era lo justo. Los padres deber&iacute;an hacer cambiar de actitud a su hijo. Aunque claro, corr&iacute;a el riesgo de que sean igual de imb&eacute;ciles que &eacute;l.<\/p>\n<p>Sab&iacute;a que su pap&aacute; ten&iacute;a una enorme tienda de art&iacute;culos de ferreter&iacute;a en el centro de la ciudad. No era rico, pero no estaba lejos de serlo. Otro motivo m&aacute;s que alimentaba el ego del pendejo de Robi.<\/p>\n<p>Como la decisi&oacute;n fue repentina, no avis&eacute; a Mat&iacute;as de mis planes. Fui hasta la ferreter&iacute;a, no para hablar en ese momento, sino para que me d&eacute; el tel&eacute;fono o su direcci&oacute;n, y luego poder hablar con &eacute;l y su mujer con tranquilidad.<\/p>\n<p>Me present&eacute; en la tienda.<\/p>\n<p>-Quisiera hablar con el se&ntilde;or Pierini, -dije a uno de los empleados.<\/p>\n<p>Se trataba de un muchacho apenas m&aacute;s grande que mi hijo, que se qued&oacute; embobado mir&aacute;ndome arriba abajo. No era mi intenci&oacute;n verme sexy en esa reuni&oacute;n. Pero como hac&iacute;a mucho calor, no me quise poner un pantal&oacute;n. Me vest&iacute; con una pollera negra, de tela fina, y una remera color rosa, bastante suelta. Aun as&iacute;, tanto el empleado como varios clientes me miraban como si fuera desnuda.<\/p>\n<p>-S&iacute;, ya se lo llamo. &#8211; balbuce&oacute; el chico.<\/p>\n<p>Al rato sali&oacute; el pap&aacute; de Robi. Era un hombre alto, rubio y buen mozo. Aunque ya rozaba los cincuenta. Si yo hab&iacute;a tenido a Leandro cuando a&uacute;n era una adolescente, el se&ntilde;or Pierini hab&iacute;a engendrado a Robi cuando ya hab&iacute;a pasado los treinta.<\/p>\n<p>Me mir&oacute;, asombrado. &Eacute;l tampoco se molest&oacute; en disimular que me desnudaba con la mirada, cosa que me fastidi&oacute;.<\/p>\n<p>-Nuestros hijos van a la escuela juntos -dije-. Quisiera hablar con usted sobre eso.<\/p>\n<p>-Claro, pase &#8211; dijo, levantando la madera del mostrador.<\/p>\n<p>Iba a decirle que mejor hablemos junto a su esposa en otro momento, m&aacute;s tranquilos. Pero no me dio ganas de dilatar el momento. Cruc&eacute; al otro lado del mostrador y lo segu&iacute; hasta su oficina.<\/p>\n<p>Estaba algo nerviosa, por lo que fui demasiado brusca, sin intenci&oacute;n.<\/p>\n<p>-Necesito que su hijo deje de acosar al m&iacute;o. -Le dije.<\/p>\n<p>&Eacute;l se mostr&oacute; sorprendido. Luego, como si se hubiese omitido algo muy importante, me ofreci&oacute; a tomar algo. A lo que yo rechac&eacute;.<\/p>\n<p>-A ver, contame todo, hablemos tranquilos. Seguramente solucionaremos este problema juntos.<\/p>\n<p>Esas palabras debieron calmarme, pero algo en su mirada me inquietaba. Adem&aacute;s, no me gustaba que me tutee sin conocerme.<\/p>\n<p>Le cont&eacute; todo lo que sab&iacute;a. Las palizas que a lo largo de los a&ntilde;os le hab&iacute;a propinado a mi hijo; las burlas constantes, de las que yo apenas me enteraba, sac&aacute;ndole a cuantagotas la informaci&oacute;n a mi hijo; le cont&eacute; sobre el p&eacute;simo estado de &aacute;nimo de Leandro; y le ped&iacute; que por favor hablara con su hijo, para que lo deje en paz.<\/p>\n<p>-Los chicos a veces son muy crueles -dijo-. Quedate tranquila que voy a hablar con Robi. No te prometo que cambie de un d&iacute;a para otro, pero le voy a decir que afloje, y que hable con tu hijo, seguro que tienen mont&oacute;n de cosas en com&uacute;n.<\/p>\n<p>No me gust&oacute; la idea de que Leandro se hable con Robi, pero su sinceridad me alivi&oacute; un poco.<\/p>\n<p>-Me dijiste que te llam&aacute;s Clara &iquest;Cierto? &#8211; me dijo el tipo cuando me puse de pie para irme.<\/p>\n<p>-S&iacute;, Clara &#8211; contest&eacute;.<\/p>\n<p>-Que raro&#8230; Yo cre&iacute;a que te llamabas Vanesa &#8211; dijo.<\/p>\n<p>No entend&iacute; el comentario inmediatamente. Pero cuando repar&eacute; en lo que significaba, el alma se me cay&oacute; al piso.<\/p>\n<p>-No te acord&aacute;s de todos tus clientes &iquest;no? -dijo, acerc&aacute;ndose a m&iacute; -Bueno, es entendible, habr&aacute;n sido muchos -Me agarr&oacute; de la cintura y me atrajo hacia &eacute;l.<\/p>\n<p>-Me est&aacute;s confundiendo con otra persona. -dije, forcejeando para separarme de &eacute;l.<\/p>\n<p>-No creo, es imposible olvidarse de vos. Adem&aacute;s, no sab&eacute;s mentir.<\/p>\n<p>Sus manos se metieron por debajo de la pollera. Los dedos se cerraron en mi nalga.<\/p>\n<p>-Qu&eacute; hac&eacute;s, soltame &#8211; exig&iacute; yo. Pero no me anim&eacute; a gritar. Aunque ahora me parezca rid&iacute;culo, no quer&iacute;a armar un esc&aacute;ndalo. S&oacute;lo quer&iacute;a que me suelte y largarme de ah&iacute;.<\/p>\n<p>Pero no me solt&oacute;. Su mano masajeaba con locura mi trasero. Su cuerpo se apretaba al m&iacute;o, y mis pechos se frotaban involuntariamente con su torso.<\/p>\n<p>-&iquest;Cu&aacute;nto cobr&aacute;s ahora, putita? &#8211; dijo, jadeante.<\/p>\n<p>-No, ya no hago m&aacute;s eso &#8211; respond&iacute;.<\/p>\n<p>Una sonrisa odiosa se dibuj&oacute; en sus labios.<\/p>\n<p>-Entonces s&iacute; sos vos. Vanesa. Nunca conoc&iacute; una putita tan h&aacute;bil y maleable como vos.<\/p>\n<p>-No, ya no trabajo. No, por favor &#8211; supliqu&eacute;.<\/p>\n<p>En ese momento, m&aacute;s que nunca, comprend&iacute; la impotencia que sent&iacute;a mi hijo al verse amedrentado por alguien que se cre&iacute;a con el derecho de someterte. De repente me convert&iacute; en una chica tan fr&aacute;gil como lo era Leandro. Ten&iacute;a ganas de llorar. No terminaba de digerir la terrible casualidad en la que hab&iacute;a ca&iacute;do. Pierini empez&oacute; a bajarme la ropa interior.<\/p>\n<p>-Las putas siempre van a ser putas &#8211; dijo.<\/p>\n<p>Me agarr&oacute; de las caderas, y con un movimiento brusco me hizo girar. Sent&iacute; que iba a caer al piso, as&iacute; que sostuve del escritorio.<\/p>\n<p>-As&iacute;. Quedate as&iacute; -dijo &eacute;l.<\/p>\n<p>Estaba temblando. &Eacute;l me abraz&oacute; por detr&aacute;s.<\/p>\n<p>-No te preocupes, ya nadie va a molestar a tu hijo. -Me dijo al o&iacute;do.<\/p>\n<p>Empez&oacute; a levantarme la pollera, despacio, muy despacio. La bombacha ya hab&iacute;a quedado a la altura de los muslos. De un tir&oacute;n la termin&oacute; de bajar. Sent&iacute; su fr&iacute;a mano mojada en mi entrepierna. Escuch&eacute; el sonido del cierre del pantal&oacute;n. Luego un largo suspiro. Apoy&eacute; mi torso sobre el escritorio, y separ&eacute; mis piernas, ya totalmente resignada.<\/p>\n<p>-Muy bien &#8211; me felicit&oacute; &eacute;l -Las putas siempre ser&aacute;n putas. No lo olvides. &#8211; Y luego de pronunciar esas humillantes palabras, sent&iacute; el miembro duro entrando en mi sexo.<\/p>\n<p>Lo meti&oacute; con brusquedad. Me hizo doler. No ten&iacute;a la menor intenci&oacute;n de hacer otra cosa que satisfacer sus necesidades. Me agarr&oacute; de las caderas y empez&oacute; el cadencioso baile del sexo, el cual consist&iacute;a en incontables movimientos posb&eacute;licos, cada vez m&aacute;s intensos, acompa&ntilde;ado de un insistente estribillo que dec&iacute;a siempre vas a ser una puta.<\/p>\n<p>Acab&oacute; en mis nalgas. Iba a limpiarme el semen, pero &eacute;l me hizo ponerme de rodillas, y empez&oacute; a golpear mi cara con su pene ya fl&aacute;ccido. Las gotas de semen que todav&iacute;a sal&iacute;a de su sexo, se impregnaba en mi rostro, mientras sent&iacute;a en mis nalgas desnudas c&oacute;mo el l&iacute;quido viscoso se deslizaba lentamente.<\/p>\n<p>-Quedate tranquila, que lo que te dije es cierto. Voy a hablar con mi chico. No es justo que maltrate as&iacute; al tuyo.<\/p>\n<p>Me par&eacute;. Me di cuenta de que mis piernas temblaban. Me limpi&eacute;. Me tom&eacute; unos minutos para recuperar mi compostura. Lo logr&eacute; apenas. Tuve que hacer una gran actuaci&oacute;n para no salir llorando del local.<\/p>\n<p>Continuar&aacute;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>3 Todo pasado es una mochila que cargamos en el presente. Quiz&aacute;s con el tiempo, esa mochila parezca m&aacute;s liviana, hasta el punto en que nos olvidamos que la llevamos a cuestas. Pero cada tanto aparece algo (o alguien) que te recuerda tus miserias del pasado. Y en el peor de los casos, ese alguien [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":4947,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[20],"tags":[],"class_list":{"0":"post-25717","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-no-consentido"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25717","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4947"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=25717"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25717\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=25717"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=25717"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=25717"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}