{"id":26012,"date":"2020-10-02T04:25:41","date_gmt":"2020-10-02T04:25:41","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-10-02T04:25:41","modified_gmt":"2020-10-02T04:25:41","slug":"entrenada-por-los-muchachos-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/entrenada-por-los-muchachos-ii\/","title":{"rendered":"Entrenada por los muchachos (II)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"26012\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">2<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Si hab&iacute;a contado los olores al bajarse del autob&uacute;s all&iacute; era imposible distinguirlos unos de otros, era una mezcla de tabaco, alcohol, sudor, grasa y sexo. El bar era un lugar en decadencia claramente, con una barra ro&iacute;da y llena de comej&eacute;n, seis mesas esparcidas junto a las paredes descoloridas y grises, casi negras, dos mesas de billar en el centro, tambi&eacute;n desgastadas y con muchos signos de uso, un suelo de madera que rechinaba a cada paso. Al fondo a la derecha estaban las escaleras a la segunda planta y la puerta hacia los &uacute;nicos dos ba&ntilde;os en la planta baja, de arriba proven&iacute;an los inconfundibles sonidos del sexo y de la planta baja una m&uacute;sica de reggaet&oacute;n de moda con liricas bastantes expl&iacute;citas.<\/p>\n<p>Tres putas con vestidos escarchados iban y ven&iacute;an con bandejas y cervezas y botanas, cualquiera les met&iacute;a mano en el culo o les magreaba las tetas y ellas segu&iacute;an como si nada, eran mayores que las colegialas, entre los veintid&oacute;s y veintis&eacute;is a&ntilde;os, ellas s&iacute; ten&iacute;an precio. El lugar estaba lleno a reventar a pesar del aspecto y el mal olor, pero al entrar las cinco zorras se qued&oacute; todo en silencio y se suspendi&oacute; el tiempo, hasta que alguien en el fondo grit&oacute;:<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Llegaron las zorritas del Centeno!<\/p>\n<p>Las recibieron como unas celebridades, todos se apresuraron a ofrecerles cigarros, cervezas, una partida en el billar o sillas, pero con la misma prepotencia con que hab&iacute;an tratado a los dem&aacute;s afuera as&iacute; trataban a todos all&iacute; dentro. Daniela las sigui&oacute; mientras iban saludando y haci&eacute;ndose camino hacia las mesas de la derecha junto a las ventadas que con cristales tan sucios como los lodosos pisos no permit&iacute;an ver nada del exterior, all&iacute; hab&iacute;a seis sillas ocupadas por una banda especial de varones. Se fijaron en ella.<\/p>\n<p>&mdash;Traes una nueva &mdash;dijo el m&aacute;s anciano, quiz&aacute; casi setenta a&ntilde;os.<\/p>\n<p>Sabrina se gir&oacute; a ver a Daniela y se encogi&oacute; de hombros, inclin&aacute;ndose a darle un beso al anciano, &eacute;ste lo recibi&oacute; y cuando ella se inclin&oacute; todas las cabezas se concentraron en su tanga y en su co&ntilde;o, las otras cuatro hicieron fila detr&aacute;s y le dieron un beso de la misma forma, como a un abuelo que se va a visitar los fines de semana. Sin saber qu&eacute; hacer, Daniela las imit&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Soy Daniela &mdash;dijo, el anciano le sonri&oacute;.<\/p>\n<p>Saturnino ten&iacute;a la piel curtida y morena por el trabajo, las manos largas y gruesas aunque arrugadas y manchadas por el sol y la edad, el cabello cano y blanco as&iacute; como la barba le ca&iacute;a en los hombros, usaba un overol azul y su pecho flaco quedaba al descubierto. Al sonre&iacute;r Daniela pudo ver que le faltaban casi todos los dientes de enfrente.<\/p>\n<p>&mdash;Saturnino, mucho gusto, se&ntilde;orita, para servirle a Dios y a usted.<\/p>\n<p>Al escucharlo hablar con tanta elegancia Daniela se sinti&oacute; un poco mejor, quiz&aacute; m&aacute;s relajada al pensar que no eran tan malas personas, aunque en realidad no estaba viendo a su espalda, donde media docena intentaban ver bajo sus bragas mientras saludaba al anciano, el m&aacute;s respetado del lugar. Cuando gir&oacute; hacia sus compa&ntilde;eras se sorprendi&oacute; de ver a cada una sentada en las piernas de alguno de los del grupo, y se sorprendi&oacute; a&uacute;n m&aacute;s cuando sinti&oacute; una mano deslizarse por la parte trasera de su pierna, haci&eacute;ndola dar un brinco de sorpresa y chillar como un ratoncito asustado, levantando las risas del grupo de hombres que la observaba a cada paso.<\/p>\n<p>&mdash;Que ricas piernas, putita, me gustas. Si&eacute;ntate &mdash;dijo, pero no le ofreci&oacute; otra silla sino que la hizo abrir sus piernas y sentarse sobre su regazo, mir&aacute;ndolo de frente, le sac&oacute; la mochila y la dej&oacute; a un lado de la silla.<\/p>\n<p>&mdash;&Eacute;stos son los &ldquo;Muchachos&rdquo; &mdash;le dijo Sabrina a su lado, sentada tambi&eacute;n sobre las piernas de otro pero de costado, mientras el hombre le introduc&iacute;a una mano en el co&ntilde;o como lo hab&iacute;a hecho la pelinegra con ella en la cafeter&iacute;a horas atr&aacute;s.<\/p>\n<p>Los &ldquo;muchachos&rdquo; eran media docena de maduros todos, el m&aacute;s joven tendr&iacute;a treinta y cinco y el mayor era Saturnino, el &ldquo;jefe&rdquo; y due&ntilde;o del local. Las chicas eran sus zorras particulares, llegaban all&iacute; y cog&iacute;an con quien quisieran, a quien le tocara la suerte ese d&iacute;a, pero casi siempre era con alguien de su c&iacute;rculo.<\/p>\n<p>Jos&eacute; ten&iacute;a a &Aacute;ngel sentada en una de sus piernas, era mec&aacute;nico en un taller a pocas cuadras de all&iacute;, era el segundo m&aacute;s joven con treinta y nueve a&ntilde;os y le apodaban el &ldquo;tres patas&rdquo;. Moreno y musculoso con unos labios carnosos y lengua larga, ten&iacute;a ojos claros como la miel y tatuajes en los brazos. Usaba una camisa sin mangas de color blanco, limpia pero no as&iacute; sus jeans que ten&iacute;an manchas de grasa por todos lados. Angel luc&iacute;a como una mu&ntilde;eca de porcelana en contraste y se dejaba meter la lengua hasta la garganta mientras el moreno le magreaba una teta sobre la camisa polo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te gusta lo que ves? &mdash;pregunt&oacute; el que la ten&iacute;a a ella con las piernas abiertas. Daniela se sonroj&oacute; sintiendo el aliento agrio del se&ntilde;or que rondaba quiz&aacute; sus cuarenta y ocho, de barba algo prominente y bigotes y cabello negro y espeso, grasoso por la falta de aseo.<\/p>\n<p>Se llamaba Marino, era el due&ntilde;o del taller donde Jos&eacute; trabajaba, estaba usando una camisa cuadriculada roja y unos jeans rotos esa tarde, bajo su ropa Daniela pod&iacute;a sentir su verga poni&eacute;ndose dura y el sudor en su pecho velludo. Era feo, ten&iacute;a la nariz grande y torcida y los ojos negros.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Cerveza para las putas! &mdash;grit&oacute; Marino, poniendo una de sus manos grandes y callosas en la cintura de Daniela, desliz&aacute;ndola hasta su espalda y atray&eacute;ndola hacia &eacute;l haciendo que sus tetas se aprisionaran contra su pecho, mientras la otra mano la llevaba hacia sus piernas, acarici&aacute;ndoselas y apret&aacute;ndole sus carnes tiernas y duras&mdash;. &iquest;Tomas, zorrita?<\/p>\n<p>&mdash;N-no &mdash;dijo Daniela, apoy&aacute;ndola las manos en su pecho para intentar mantenerse erguida pero al alejarse s&oacute;lo consigui&oacute; que Marino se fijara en sus tetas.<\/p>\n<p>&mdash;Mmm&hellip; Que ricas tetas, las voy a probar, y t&uacute; vas a probar la cerveza, &iquest;te parece?<\/p>\n<p>&mdash;S-S&iacute; &mdash;respondi&oacute; ella, tartamudeando mientras Marino le met&iacute;a una mano bajo la polo y le magreaba una teta, retorci&eacute;ndole el pez&oacute;n y con la otra ya debajo de su falda le agarraba el culo y la atra&iacute;a m&aacute;s a su bragueta para que ejerciera fricci&oacute;n con su erecci&oacute;n. Daniela comenz&oacute; a sentir su cl&iacute;toris m&aacute;s sensible al roce de las ropas y a humedecerse a pesar del desagradable aspecto de su anfitri&oacute;n y del olor que desprend&iacute;a.<\/p>\n<p>Las cervezas llegaron fr&iacute;as y humeantes con una capa blanca alrededor del cristal cuando tom&oacute; la cerveza que una de las putas le ofreci&oacute; pudo ver a Angel ya de rodillas entre las piernas del negro, bajo la mesa, trag&aacute;ndose una monstruosa verga negra mientras Jos&eacute; simplemente se tomaba su cerveza pero la chica se esmeraba escupi&eacute;ndole en la verga y paje&aacute;ndole al mismo tiempo. Al otro lado, alguien m&aacute;s aprovechaba y le met&iacute;a dos dedos en el co&ntilde;o a la rubia, era Pato, el alba&ntilde;il.<\/p>\n<p>Pato era el m&aacute;s joven de todos, tambi&eacute;n era el m&aacute;s serio y de gesto amargado, siempre de malas y s&oacute;lo se le vio sonre&iacute;r cuando se llev&oacute; los dos dedos que le met&iacute;a a Angel en el co&ntilde;o hasta la boca, probando el sabor de la chica. Era delgado y largo como una espiga, m&aacute;s aseado que los dem&aacute;s pero con una barba de chivo larga y de tres o cuatro pelos, clara como sus ojos amarillos.<\/p>\n<p>Al lado de Pato estaba Saturnino, viendo fijamente a Daniela ser manoseada por Marino. Ella se sonroj&oacute; al sentir la mirada del anciano pero Marino llev&aacute;ndole la cerveza a la boca la distrajo.<\/p>\n<p>&mdash;Bebe que para eso pagu&eacute; la puta cerveza. &mdash;Marino gru&ntilde;&oacute; y ella bebi&oacute; un trago peque&ntilde;o. El sabor no le pareci&oacute; tan desagradable, el padre Felipe ya le daba a probar el vino antes de sus confesiones, en cambio le aclar&oacute; la garganta y refresc&oacute; del inmenso calor que comenzaba a sentir&mdash;. Bebe m&aacute;s.<\/p>\n<p>Marino la hizo empinar la botella y ella se dej&oacute; hasta que solita se trag&oacute; casi la mitad, sujet&aacute;ndola con ambas manos contra sus tetas vio como &eacute;l sonre&iacute;a y le agarraba a manos llenas el culo, luego le levant&oacute; la falda para que todos los dem&aacute;s la vieran.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Miren qu&eacute; culo tan rico me voy a comer! &mdash;grito con orgullo, recibiendo aprobaci&oacute;n y un par de manos m&aacute;s magreando el culo de Daniela, Marino la hizo empinarse sobre su hombro para abrirle los cachetes y ella, al sentir tan rico tacto en sus nalgas se dej&oacute; abraz&aacute;ndose a los hombros del jefe de mec&aacute;nicos a pesar de que ol&iacute;a a tabaco, alcohol y sudor. Marino la volvi&oacute; a sentar y la apret&oacute; contra su ya dura verga&mdash;. &iquest;Sientes mi verga, zorrita? &iquest;Te gusta? S&iacute;, seguro que te gusta, todas ustedes son unas putas calientes.<\/p>\n<p>&mdash;Calientes y putas, y zorras para ser usadas, &iquest;verdad, mi rusita? &mdash;intervinieron a su derecha, donde un hombre fuerte y de brazos anchos ten&iacute;a a Katan bes&aacute;ndole el cuello y haci&eacute;ndole una paja con la verga fuera del pantal&oacute;n&mdash;. V&aacute;monos a los cuartos, puta, te quiero coger el culo hasta llen&aacute;rtelo de leche.<\/p>\n<p>Katan se dej&oacute; llevar hasta escaleras arriba, mientras Guzman llevaba la verga de fuera. Era un hombre de cincuenta y dos a&ntilde;os, maestro de obras y jefe del Pato, no ten&iacute;a cabello en la calva pero s&iacute; una barba casta&ntilde;a bien espesa y recortada, bastante apuesto a decir verdad, fuerte y ancho de torso por su trabajo, algo completamente contrario a su subordinado.<\/p>\n<p>Sabrina ya ten&iacute;a los dedos de su hombre en el co&ntilde;o, ya le hab&iacute;an quitado las bragas tambi&eacute;n y alguien m&aacute;s en el bar las ten&iacute;a y se hac&iacute;a una paja con ellas, de hecho al menos la mitad de los clientes se hac&iacute;an una paja viendo el espect&aacute;culo que ofrec&iacute;an las chicas. La pelinegra estaba disfrutando de lo m&aacute;s de piernas abiertas, con uno de sus zapatos de tac&oacute;n sobre la mesa, d&aacute;ndole una vista de su co&ntilde;o a todos y retorci&eacute;ndose como una pose&iacute;da mientras su hombre le met&iacute;a los dedos con intensidad hasta que Sabrina grit&oacute; y arque&oacute; la espalda y chorros de l&iacute;quido salieron despedidos al suelo y sobre sus faldas, moj&aacute;ndola a ella y a su acompa&ntilde;ante.<\/p>\n<p>El afortunado que hizo que la chica hiciera squirt era Valencio, un viejo de casi sesenta a&ntilde;os pero que luc&iacute;a rejuvenecido en comparaci&oacute;n con Saturnino, ten&iacute;a los p&oacute;mulos filosos y la mand&iacute;bula cuadrada, la piel lisa y morena tambi&eacute;n, el cabello bastante claro y los ojos verdes, pese a todo se le notaba fibroso debajo de la camiseta negra y los jeans sucios que llevaba. Era un tramitador que pasaba sus horas de ocio en el bar, esperando poder disfrutar de alguna de las adolescentes calientes que frecuentaban cuando les daba la gana, no hab&iacute;a cosa que le gustara m&aacute;s a Valencio que sus colegialas. Se llev&oacute; a Sabrina escaleras arriba tambi&eacute;n.<\/p>\n<p>Daniela se qued&oacute; buscando a la &uacute;ltima con la mirada, pero Mar&iacute;a estaba lejos en la otra esquina del local inclinada sobre una mesa de billar a punto de golpear la bola ocho mientras otro par de bolas se le arrimaban sobre la espalda. Con la excusa de ense&ntilde;arle a jugar unos hombres mucho m&aacute;s j&oacute;venes que sus acompa&ntilde;antes le arrimaban la verga en el culo, le rozaban la cintura y las tetas, y Mar&iacute;a los dejaba tocarla como quisieran, hasta que se cans&oacute; del juego y se inclin&oacute; sobre la mesa, abriendo las piernas y sac&aacute;ndose las bragas. El primer chico se arrodill&oacute; y comenz&oacute; a comerle el co&ntilde;o all&iacute; frente a todos y r&aacute;pidamente se form&oacute; una fila detr&aacute;s para participar. La mitad que no hac&iacute;a una paja con ellas, estaba con Mar&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Celos de tu amiguita, Danielita?<\/p>\n<p>&mdash;Rabanito, dile Rabanito &mdash;intervino Angel desde debajo de la mesa, esforz&aacute;ndose en mamar la polla del negro y hacerlo venir, pero al parecer tendr&iacute;a que pagar ella el precio.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, Rabanito, te queda el nombre con ese cabello tan bonito. A ver, putita, para que sientas mi verga, eh &mdash;le dijo levant&aacute;ndola un segundo, mismo que Daniela aprovech&oacute; para terminarse la fr&iacute;a cerveza, hac&iacute;a mucho calor y comenzaba a sudar. Comenz&oacute; a sentir c&oacute;mo sus sentidos se alteraban, un poquito mareada quiz&aacute;, pero nada que no sintiera antes, era solo una cerveza. Cuando se volvi&oacute; a sentar lo hizo sobre algo caliente y duro, Marino le llev&oacute; las manos de nuevo al culo y la frot&oacute; contra su verga&mdash;. Mira que rico, c&oacute;mo me pones, puta. &iquest;Te gusta mi verga? &mdash;pregunt&oacute;, haciendo que meneara sus caderas contra &eacute;l y se rozara, pero la braga era molesta as&iacute; que &eacute;l la apart&oacute;, esta vez sintiendo sus jugos y su co&ntilde;o caliente restreg&aacute;ndose con su verga.<\/p>\n<p>La respiraci&oacute;n de Daniela y sus latidos se alteraron al recordar al Felipe, cerr&oacute; sus ojos y se dej&oacute; llevar, no se dio cuenta cuando le quitaron la botella de las manos pero s&iacute; cuando Marino le arranc&oacute; las bragas de un tir&oacute;n, rompi&eacute;ndolas y comenz&oacute; a frotarla con m&aacute;s ah&iacute;nco.<\/p>\n<p>&mdash;Te voy a coger as&iacute;, mira, perra &mdash;gru&ntilde;o en su o&iacute;do, cogi&eacute;ndola del culo con fuerza haci&eacute;ndola sentarse en su verga y frotarse con m&aacute;s violencia, su cl&iacute;toris palpitaba con cada golpe y sus pezones se erizaron como piedras&mdash;. Mira esas tetas, que ricas, quiero com&eacute;rtelas y mord&eacute;rtelas, puta.<\/p>\n<p>Mari&ntilde;o le llev&oacute; ambas manos debajo de la camisa y le apret&oacute; ambas tetas as&iacute;. Cuando Daniela abri&oacute; sus ojos alrededor hab&iacute;a una multitud viendo y una decena de vergas de todos los colores y tipos frente a ella, pero la que m&aacute;s sobresali&oacute; fue la de Saturnino. El viejo se pajeaba con parsimonia y calma, mir&aacute;ndola con sus acuosos ojos grises, una verga gorda y larga de veinticinco cent&iacute;metros entre sus manos, firme como un asta y brillante por el l&iacute;quido preseminal que desped&iacute;a de la punta roja e hinchada. Al ver su verga Daniela se mordisque&oacute; el labio inferior.<\/p>\n<p>&mdash;Te quiero coger, puta, vamos arriba &mdash;dijo Marino, baj&aacute;ndola de su regazo y tray&eacute;ndola consigo escaleras arriba.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Aqu&iacute; va la segunda parte de &eacute;sta serie de tres partes. Como siempre, espero leer sus comentarios o pueden escribirme a mi correo, disponible en mi perfil.<\/p>\n<p>Un beso donde quieran,<\/p>\n<p>Emma.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>2 Si hab&iacute;a contado los olores al bajarse del autob&uacute;s all&iacute; era imposible distinguirlos unos de otros, era una mezcla de tabaco, alcohol, sudor, grasa y sexo. 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