{"id":26216,"date":"2020-10-17T06:15:06","date_gmt":"2020-10-17T06:15:06","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-10-17T06:15:06","modified_gmt":"2020-10-17T06:15:06","slug":"cuckold-3-la-vecina-de-enfrente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/cuckold-3-la-vecina-de-enfrente\/","title":{"rendered":"Cuckold (3): La vecina de enfrente"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"26216\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">2<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 12<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Marcela era una mina inalcanzable. Y no lo digo s&oacute;lo por lo buena que estaba. Hab&iacute;a ciertas cualidades en ella que la hac&iacute;an inconquistable. Ten&iacute;a aires de grandeza. Sol&iacute;a mirar a los dem&aacute;s con cierto desd&eacute;n. Y siempre se mostraba inescrutable. Adem&aacute;s me llevaba unos cuantos a&ntilde;os, por no decir muchos.<\/p>\n<p>La verdad que no la culpaba. Ser una mina joven y linda, en un barrio t&iacute;pico del conurbano, que a veces parec&iacute;a estancado varias d&eacute;cadas en el pasado, era complicado. Los tipos ven un lindo culo y ya se quieren pasar de vivos. Y el de Marcela no era un culo lindo. Era un culo perfecto. Por eso yo siempre entend&iacute; su actitud, un tanto altanera, siempre manteniendo la distancia, y nunca dando m&aacute;s confianza de la absolutamente necesaria a los vecinos.<\/p>\n<p>Yo viv&iacute;a frente a su casa, y desde chico tuve la suerte de verla todos los d&iacute;as. Era muy sofisticada en comparaci&oacute;n a las otras amas de casa del barrio. Usaba siempre anteojos de sol y se perfumaba de tal manera, que dejaba una estela deliciosa por todos los lugares por donde pasaba.<\/p>\n<p>Se podr&iacute;a decir que crec&iacute; anhelando a esa mujer. Su imagen era recurrente a la hora de hacerme la paja. La imaginaba con esas faldas cortas, pero no diminutas, que tanto le gustaba usar. En mi cabeza, met&iacute;a mano por debajo de ella y acariciaba su suculento orto. S&oacute;lo esa imagen bastaba para que mi miembro se ponga completamente duro. Imaginaba tambi&eacute;n, olfateando todo su cuerpo desnudo, emborrach&aacute;ndome de ese olor exquisito que siempre emanaba de ella.<\/p>\n<p>Marcela era rubia, de pelo lacio, ojos marrones, piel clara. Era delgada y bajita. Su cuerpo cimbreante y &aacute;gil. De piernas torneadas, y largas, de culo macizo y profundo. Su rostro ovalado y de p&oacute;mulos prominentes. La &uacute;ltima vez que la vi ya contaba con treinta y cinco a&ntilde;os, pero estaba id&eacute;ntica a como se ve&iacute;a ocho a&ntilde;os atr&aacute;s, cuando lleg&oacute; al barrio con su marido. En fin, Marcela era perfecta.<\/p>\n<p>Con mis amigos, Pablo y Juan Carlos, nos gustaba andar en skate en la vereda de mi casa. Sol&iacute;amos pasar las tardes de los fines de semana, bajo el sol, utilizando dos o tres cuadras como pista. Y en el &iacute;nterin, en alg&uacute;n momento, Marcela sal&iacute;a a hacer las compras o a cualquier otra cosa, y nos qued&aacute;bamos hipnotizados mir&aacute;ndola. La desnud&aacute;bamos con la mirada, engatusados por el sensual movimiento de sus pechos, y el provocador vaiv&eacute;n de sus caderas. Luego charl&aacute;bamos sobre lo que le har&iacute;amos en la cama.<\/p>\n<p>Ellos nunca me lo dijeron, pero estoy seguro de que le dedicaban tantas pajas como yo, porque eso era lo &uacute;nico que pod&iacute;amos hacer. &Eacute;ramos mocosos obsesionados con una hembra que ni siquiera reparaba en nosotros.<\/p>\n<p>Creo que nunca me salud&oacute; siquiera. Aunque yo tampoco lo hac&iacute;a, porque cada vez que pasaba cerca de m&iacute;, me pon&iacute;a nervioso y agachaba la cabeza.<\/p>\n<p>A medida que fuimos creciendo, mis amigos y yo segu&iacute;amos consumi&eacute;ndonos en fantas&iacute;as con ella como protagonista. Hasta el punto en que se convirti&oacute;, para nosotros, en una especie de diosa sexual. Sin embargo, ni uno de nosotros, ni cuando ya cont&aacute;bamos con dieciocho a&ntilde;os, nos animamos a dirigirle la palabra siquiera. En nuestro fuero &iacute;ntimo, Marcela estaba en otra dimensi&oacute;n. S&oacute;lo podr&iacute;amos estar con ella en la medida que us&aacute;ramos nuestra imaginaci&oacute;n. S&oacute;lo pod&iacute;amos poseerla en nuestras mentes.<\/p>\n<p>Me hab&iacute;a acostumbrado a desear a esa mujer misteriosa e insondable. No lo viv&iacute;a como un amor no correspondido, porque lo que sent&iacute;a por ella no era un enamoramiento t&iacute;pico de un adolescente. Por Marcela sent&iacute;a pura lujuria. Nunca so&ntilde;&eacute; con ser amado por ella. En mis sue&ntilde;os siempre la convert&iacute;a en un mero juguete con el que satisfac&iacute;a todas mis morbosas fantas&iacute;as. Era una diosa, pero tambi&eacute;n era un objeto. Un cuerpo lleno de orificios por donde quer&iacute;a entrar.<\/p>\n<p>Recuerdo que lo sucedido, aquel hecho que dio vida a este relato, ocurri&oacute; al poco tiempo de terminar la escuela secundaria. Como si fuese una especie de iniciaci&oacute;n a la adultez.<\/p>\n<p>Juanca y Pablo hab&iacute;an ido a casa, y como de costumbre, nos pusimos a andar en skate por la vereda. Como era domingo, el barrio estaba bastante desierto, y pod&iacute;amos hacer la nuestra sin problemas.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a cierto aire de nostalgia esa tarde, quiz&aacute;s porque pens&aacute;bamos que pronto ya no podr&iacute;amos darnos el lujo de perder el tiempo de esa manera; o tal vez intu&iacute;amos que iba a pasar algo que nos marcar&iacute;a para siempre.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Se enteraron? &mdash;Pregunt&oacute; Junca, y sin esperar a que respondamos, agreg&oacute;&mdash;: Marcela y su marido se mudan a Capital.<\/p>\n<p>En ese momento no lo reconoc&iacute;, pero una terrible y absurda angustia se apoder&oacute; de m&iacute;. Pero fing&iacute; normalidad.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Ah s&iacute;? &mdash; dije.<\/p>\n<p>Juan Carlos viv&iacute;a a la vuelta de casa. Su mam&aacute; era la reina del chisme, as&iacute; que seguramente la informaci&oacute;n era buena.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute; &mdash;asegur&oacute; Juanca&mdash; Al marido lo ascendieron y les queda m&aacute;s c&oacute;modo vivir all&aacute;.<\/p>\n<p>Se hizo un silencio que ninguno se anim&oacute; a romper por varios segundos. Yo estaba seguro de que ellos se sent&iacute;an como yo. Tantos a&ntilde;os idealizando a esa mujer, f&iacute;sicamente perfecta, y de un momento a otro nos enter&aacute;bamos que ya no la ver&iacute;amos.<\/p>\n<p>Ninguna chica llamaba nuestra atenci&oacute;n, salvo que tuviese alg&uacute;n parecido con Marcela, y aun as&iacute;, nunca encontramos a alguien que nos calentara tanto a los tres. El ritual de verla pasar, cada vez que nos reun&iacute;amos, era parte de nuestra amistad. Y ahora todo eso iba a quedar en el pasado. Nuestra adolescencia estaba llegando a su fin, y el destino decidi&oacute; una forma cruel de marcar ese momento. Despu&eacute;s de tantos a&ntilde;os, ella se ir&iacute;a y yo jam&aacute;s me hab&iacute;a animado a decirle lo hermosa que me parec&iacute;a. Era una situaci&oacute;n demasiado pat&eacute;tica, y el hecho de que mis camaradas estuvieran en la misma posici&oacute;n que yo, por un lado era un b&aacute;lsamo, y por otro, nos hac&iacute;a ver m&aacute;s pat&eacute;ticos a&uacute;n.<\/p>\n<p>Seguimos andando en skate. Cada tanto mir&aacute;bamos hacia la casa de Marcela con melancol&iacute;a.<\/p>\n<p>Eran m&aacute;s o menos las seis de la tarde cuando se abri&oacute; la puerta de la casa, y ella sali&oacute; a la vereda. Luc&iacute;a un encantador vestido floreado, que la cubr&iacute;a hasta apenas encima de la rodilla. Una cinta blanca ajustaba su cintura. Ten&iacute;a el pelo recogido. Su precioso rostro resplandec&iacute;a bajo el sol del verano.<\/p>\n<p>Lo raro fue que no se dirigi&oacute; al supermercado &mdash;&uacute;nico lugar abierto un domingo&mdash;, sino que se cruz&oacute; de vereda y fue a nuestro encuentro.<\/p>\n<p>Con los chicos nos miramos, sorprendidos.<\/p>\n<p>&mdash;Hola chicos, como est&aacute;n &mdash; dijo Marcela.<\/p>\n<p>Quedamos boquiabiertos, sin poder hablar por varios segundos. Era como si una estrella de Hollywood nos estuviera dirigiendo la palabra.<\/p>\n<p>&mdash;Hola &mdash;Alcanz&oacute; a decir pablo, por suerte para todos.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Les puedo pedir un favor? &mdash;pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, &iquest;qu&eacute; necesit&aacute;s? &mdash;dije yo, y maldije en silencio el bochornoso tartamudeo con que pronunci&eacute; esas palabras.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Me ayudar&iacute;an a mover unas cajas en mi casa?<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Claro! &mdash;dijimos los tres, casi al un&iacute;sono.<\/p>\n<p>La seguimos hasta su casa, sin poder evitar mirar su figura. La tela del vestido era fina, y cuando los rayos del sol se posaban en ella, se adivinaba la tanga blanca que llevaba debajo.<\/p>\n<p>Me sent&iacute;a extra&ntilde;o. Nunca hab&iacute;a tenido contacto con ella y ahora entraba a su vivienda. Parec&iacute;a como si estuviese entrando a un escondite secreto en el que siempre me fue negado el ingreso, y que ahora, por fin, iba a poder atravesar ese umbral impenetrable.<\/p>\n<p>&mdash;Mi marido est&aacute; arreglando unas cosas en el departamento nuevo, as&iacute; que me dej&oacute; con todo esto sola. &mdash;dijo Marcela, como excus&aacute;ndose por la molestia.<\/p>\n<p>En la casa solo estaban los muebles vac&iacute;os. El contenido de las alacenas y placares estaban en un mont&oacute;n de cajas que se encontraban al lado de la escalera.<\/p>\n<p>&mdash;S&oacute;lo hay que llevarlas hasta al lado de la puerta, as&iacute; ma&ntilde;ana nos resulta m&aacute;s f&aacute;cil cargar todo al cami&oacute;n de mudanzas.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, no hay problema &mdash;dijo Pablo.<\/p>\n<p>&mdash;No crean que no van a tener una recompensa por este favor &mdash;dijo Marcela.<\/p>\n<p>Creo que todos fantaseamos con que esas palabras tuviesen un doble sentido. Nos miramos y sonre&iacute;mos.<\/p>\n<p>Empezamos a cargar las cajas. La mayor&iacute;a eran livianas y bien podr&iacute;a haberlas cargado ella, pero creo que a los tres nos importaba un bledo ese detalle. El hecho de compartir esos momentos con Marcela val&iacute;a hacer cualquier tipo de tarea, por absurda que fuese.<\/p>\n<p>Juanca se anim&oacute; a hacerle algunas preguntas. No eran muy originales, pero tanto pablo como yo est&aacute;bamos contentos de saber un poco m&aacute;s de ella. Mejor tarde que nunca.<\/p>\n<p>As&iacute; nos enteramos de que Marcela era traductora de ingl&eacute;s. Que estaba casada hac&iacute;a nueve a&ntilde;os. Que su marido le llevaba diez a&ntilde;os y ella ten&iacute;a treinta y cinco.<\/p>\n<p>&mdash;Parece de menos &mdash;se aventur&oacute; a decir Juanca, gan&aacute;ndose el agradecimiento de Marcela.<\/p>\n<p>Algunas de las cajas estaban abiertas. Not&eacute;, algo avergonzado, que una de ellas conten&iacute;a la ropa interior de Marcela. Un mont&oacute;n de peque&ntilde;as prendas de distintos colores estaban mezcladas adentro. Trat&eacute; de cerrarla, pero las solapas estaban metidas hacia adentro, presionadas por el mont&oacute;n de ropa. Cuando logr&eacute; sacar una de las solapas, vi, horrorizado, c&oacute;mo varias prendas ca&iacute;an al piso.<\/p>\n<p>Una tanga negra, una bombacha blanca de encaje y un corpi&ntilde;o quedaron sobre la alfombra.<\/p>\n<p>Me puse colorado.<\/p>\n<p>&mdash;Perd&oacute;n &mdash;dije.<\/p>\n<p>&mdash;Tranquilo. S&oacute;lo es ropa. &mdash;dijo Marcela.<\/p>\n<p>Agarr&oacute; la diminuta tanga negra, con ambas manos, de sus extremos, y la estir&oacute;, como si necesitara observarla con detenimiento. Luego la dobl&oacute; y la puso de nuevo en la caja. Al hacerlo roz&oacute; mi mano. Nuestras miradas se cruzaron. Entonces ella me gui&ntilde;&oacute; el ojo con picard&iacute;a.<\/p>\n<p>Llev&eacute; la caja hasta al lado de la puerta de salida. La coloqu&eacute; encima de otra. Juanca y Pablo me miraban, admirados y envidiosos a la vez. La escena que acababan de presenciar les sirvi&oacute; para que se sientan m&aacute;s en confianza. Despu&eacute;s de todo, Marcela demostraba ser mucho m&aacute;s simp&aacute;tica de lo que hab&iacute;amos imaginado.<\/p>\n<p>Yo, por mi parte, notaba c&oacute;mo mi sexo luchaba por empinarse, e hice un esfuerzo sobrehumano para que mi bragueta no se convirtiese en una carpa.<\/p>\n<p>Seguimos llevando las cajas de un punto a otro. No nos apresur&aacute;bamos mucho por hacerlo, porque quer&iacute;amos dilatar ese momento el mayor tiempo posible. Marcela tambi&eacute;n participaba, y cada vez que se inclinaba para agarrar o dejar una caja, nos volv&iacute;amos locos vi&eacute;ndole el culo, o sus turgentes pechos, que se asomaban al agacharse.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Quieren tomar algo? &mdash;ofreci&oacute; cuando terminamos el trabajo.<\/p>\n<p>&mdash;Agua estar&iacute;a bien &mdash;dijo Pablo.<\/p>\n<p>Fue hasta la cocina, meneando las caderas. Era una mujer con curvas, sin dejar de ser esbelta. Como si las proporciones de su cuerpo fueron hechas por un dios con una libido muy humana.<\/p>\n<p>Marcela volvi&oacute; con una jarra de agua y un vaso de vidrio. Mientras tom&aacute;bamos el agua se par&oacute; frente a nosotros. La pierna derecha adelante, un poco flexionada. Una sonrisa ir&oacute;nica adornaba su precioso rostro.<\/p>\n<p>&mdash;Me gustar&iacute;a darles algunos pesos, pero Gerardo se olvid&oacute; de dejarme plata. Un tonto.<\/p>\n<p>&mdash;No hay problema &mdash;dije yo&mdash;. De todas formas, no te cobrar&iacute;amos.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute; no? &mdash;pregunt&oacute; ella.<\/p>\n<p>&mdash;Porque&hellip; Porque, sos una vecina, &iquest;c&oacute;mo te &iacute;bamos a cobrar? &mdash;dije yo con nerviosismo.<\/p>\n<p>Marcela sonri&oacute; con cierta indulgencia en su gesto.<\/p>\n<p>&mdash;Y yo que pensaba que me hac&iacute;an el favor porque soy linda. &mdash;dijo bromeando.<\/p>\n<p>&mdash;Lo sos &mdash;contest&oacute; Pablo. Las palabras le salieron de manera espont&aacute;nea. Not&eacute; que la frase fue imprevista, incluso para &eacute;l. Pero fingi&oacute; compostura. Sac&oacute; pecho y se puso serio. Pablo era delgado y su cara de ojos saltones le daba cierto aire de marciano. Su voz era aflautada, d&aacute;ndole un aspecto muy poco viril, pero en ese momento se hab&iacute;a convertido en un macho alfa, sin miedo a nada.<\/p>\n<p>Yo lo envidi&eacute; por su iniciativa. Despu&eacute;s de todo, lo m&aacute;s probable era que no volver&iacute;amos a ver a Marcela. Hac&iacute;a bien en tirarse el lance. No hab&iacute;a nada que perder.<\/p>\n<p>&mdash;Ay gracias. &mdash; dijo Marcela.<\/p>\n<p>En ese momento entend&iacute; que no iba a tener otra oportunidad de decirle las cosas en su cara. As&iacute; que, imitando a mi amigo, largu&eacute; sin pensarlo mucho:<\/p>\n<p>&mdash;La verdad es que todos penamos que sos le mujer m&aacute;s hermosa del barrio.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Todos? &mdash; inquiri&oacute; ella.<\/p>\n<p>La mujer que antes se mostraba tan distante como la luna, ahora parec&iacute;a contenta de recibir nuestros halagos.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, todos nosotros&mdash;. Dijo Juanca. Sus mejillas regordetas se pusieron rojas.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno chicos, son muy dulces.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Necesit&aacute;s algo m&aacute;s? &mdash;Pregunt&eacute; yo, dispuesto a barrer toda la casa si me lo ped&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;No, gracias. Como les dije, aunque no tengo dinero encima, me gustar&iacute;a pagarles de alguna manera.<\/p>\n<p>Los cuatro est&aacute;bamos parados cerca de la puerta. Marcela nos observaba con actitud expectante. Creo que a todos se nos ocurri&oacute; un mont&oacute;n de formas depravadas en las que nos gustar&iacute;a que nos pague el favor que le acab&aacute;bamos de hacer. Juanca no pudo evitar una sonrisa retorcida. Pablo la miraba de arriba abajo, y se mord&iacute;a el labio inferior.<\/p>\n<p>&mdash;Les voy a pagar con un consejo&hellip;&mdash;Dijo Marcela&mdash;. Les recomiendo que cuando vean a una mujer linda, disimulen un poco. A la mayor&iacute;a no les gusta los&hellip; &iquest;C&oacute;mo dicen ahora? Los pajeros.<\/p>\n<p>Vaya balde de agua fr&iacute;a. Mi decepci&oacute;n se vio reflejada en el gesto l&uacute;gubre de mis amigos. No pod&iacute;a creer que despu&eacute;s de que hici&eacute;ramos de sus empleados, nos humillara de esa manera. Despu&eacute;s de todo, era la arrogante y altanera que siempre conocimos.<\/p>\n<p>&mdash;Perd&oacute;n si alguna vez te incomodamos. &mdash;le dije.<\/p>\n<p>&mdash;No me incomodan. Ya estoy demasiado acostumbrada a estas cosas. Lo que a veces me pregunto es&hellip; &iexcl;Ay! creo que mejor me callo. Bueno, gracias por ayudarme chicos, en serio, y sigan mi consejo y van a tener m&aacute;s suerte con las chicas.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; es lo que a veces te pregunt&aacute;s. &mdash;Exigi&oacute; saber Juanca, haci&eacute;ndose eco del pensamiento de todos.<\/p>\n<p>Marcela medit&oacute; unos segundos. Luego hizo un gesto de asentimiento.<\/p>\n<p>&mdash;Est&aacute; bien, se los voy a decir. A veces me pregunto&hellip; &iquest;Qu&eacute; har&iacute;an un grupo de pendejos v&iacute;rgenes como ustedes con una mujer como yo?<\/p>\n<p>Puso sus brazos en jarras y esper&oacute; la respuesta.<\/p>\n<p>Un silencio humillante cort&oacute; el espacio como una navaja afilada.<\/p>\n<p>&mdash;No somos v&iacute;rgenes &mdash;Solt&oacute; Pablo, indignado.<\/p>\n<p>Era una verdad a medias. Juanca s&iacute; que era virgen, y Pablo y yo hab&iacute;amos tenido relaciones tres o cuatro veces. Ninguno tuvo, hasta ese momento, una pareja estable, as&iacute; que ten&iacute;amos muy poca experiencia.<\/p>\n<p>&mdash;Es una manera de decir &mdash;dijo Marcela, quiz&aacute;s adivinando la verdad detr&aacute;s de las enga&ntilde;osas palabras de Pablo&mdash;Pero son unos nenes&hellip; M&iacute;rense, ni siquiera saben qu&eacute; decirme.<\/p>\n<p>&mdash;Y qu&eacute; quer&eacute;s que te digamos &mdash;inquir&iacute; yo.<\/p>\n<p>&mdash;Quiz&aacute;s no sea cuesti&oacute;n de decir, sino m&aacute;s bien de hacer. Ah&iacute; les dejo otro consejo. Les agradezco de nuevo. All&aacute; tienen la puerta. Hasta nunca pendejos.<\/p>\n<p>Se dio vuelta y se meti&oacute; por un pasillo, dej&aacute;ndonos solos. Me dirig&iacute; a la puerta, indignado y aturdido. Cuando la abr&iacute; para irme, me di cuenta de que Pablo Y Juanca no se hab&iacute;an movido de donde estaban. Se susurraban algo.<\/p>\n<p>&mdash;&hellip;Vos dec&iacute;s? &mdash;Alcanc&eacute; a descifrar que dec&iacute;a Pablo.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, mand&eacute;monos &mdash;dijo Juanca, y luego mir&aacute;ndome a m&iacute; agrego&mdash;: Vamos Adri.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;A d&oacute;nde? &mdash;Pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>Me miraron como si yo no entendiese nada. Se metieron en el pasillo por donde hab&iacute;a entrado Marcela.<\/p>\n<p>Qued&eacute; s&oacute;lo, a&uacute;n en el umbral de la puerta. &iquest;Mis amigos se hab&iacute;an vuelto locos? Se iban a meter en tremendo quilombo si se sobrepasaban con Marcela.<\/p>\n<p>Pas&oacute; un buen rato, hasta que escuch&eacute; algunas palabras difusas dichas con cierta vehemencia. Por fin me decid&iacute; a ir a ver qu&eacute; estaba sucediendo. Me met&iacute; por ese corredor oscuro. Muy cerquita vi una puerta abierta, y me met&iacute; en ella. Era la cocina.<\/p>\n<p>Marcela estaba arrinconada, contra la pared. Pablo y Juanca estaban encima de ella. Sus manos se mov&iacute;an, ansiosas, acariciando la piel de sus piernas. El vestido floreado se mov&iacute;a cada vez que los dedos se aventuraban m&aacute;s, dejando la tersa piel del muslo cada vez m&aacute;s a la vista.<\/p>\n<p>No pod&iacute;a verle el rostro a Marcela. Pablo lo tapaba con su cabeza, mientras la besaba. Ella forcejeaba, como queriendo salirse de esa situaci&oacute;n. Pero estaba en una esquina de la cocina, y mis dos amigos formaban una pared de cemento imposible de mover.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;No! &mdash;alcanz&oacute; a musitar la vecina, pero Pablo la acall&oacute; enseguida con su boca.<\/p>\n<p>Entonces vi c&oacute;mo Juanca met&iacute;a sus manos muy adentro. Pens&eacute;, escandalizado, que estaba penetr&aacute;ndola con sus dedos. Sin embargo, enseguida retir&oacute; la mano, y vi que en ella sosten&iacute;a la tanguita blanca de Marcela.<\/p>\n<p>Hasta ese momento, ninguno hab&iacute;a reparado en mi presencia. Me preguntaba si deb&iacute;a poner un alto a aquella situaci&oacute;n, o si simplemente deber&iacute;a irme, y no tener nada que ver con esa locura. Pero mi sexo me indicaba otra cosa. Se hab&iacute;a puesto duro como el hierro.<\/p>\n<p>&mdash;Pendejos pajeros &mdash;dijo Marcela cuando, su boca qued&oacute; de nuevo libre.<\/p>\n<p>A pesar de su tono, no vi verdadera indignaci&oacute;n en su semblante. De hecho, not&eacute; c&oacute;mo debajo del vestido se marcaban unos pezones puntiagudos.<\/p>\n<p>Juanca hizo un bollo con la tanga, y acto seguido, se lo meti&oacute; en la boca. Ella, para mi sorpresa, hab&iacute;a abierto la boca para recibir su prenda &iacute;ntima.<\/p>\n<p>La actitud ambigua de Marcela me estaba volviendo loco. De repente, las dos opciones que me hab&iacute;a planteado antes (parar esa locura o huir) se desvanec&iacute;an en mi mente. En ese momento lo &uacute;nico que mandaba en mi persona era la poderosa erecci&oacute;n de mi verga.<\/p>\n<p>Me acerqu&eacute; a ellos. Marcela abri&oacute; los ojos al verme. Pablo, que hab&iacute;a empezado a masajear los pechos de la vecina, se hizo a un costado para hacerme lugar. Agarr&eacute; su rostro por la barbilla. Un pedazo de tela blanca sobresal&iacute;a de su boca, y un hilo de baba chorreaba por su pera. Le saqu&eacute; la tanga y la tir&eacute; al piso. Me mir&oacute;, intrigada. Le com&iacute; la boca de un beso. Sent&iacute; c&oacute;mo su lengua experta masajeaba la m&iacute;a, que entraba, rauda, en ella. Deslic&eacute; mis manos por sus caderas, y las met&iacute; por debajo del vestido. Sent&iacute; c&oacute;mo las manos de mis amigos se ensa&ntilde;aban con sus muslos, y sobre todo, con su prieto culo. Me un&iacute; al fest&iacute;n. Mis manos se mov&iacute;an, enloquecidas, sobre eso gl&uacute;teos de ensue&ntilde;o. Bes&eacute; su cuello y sent&iacute; su perfume, m&aacute;s intenso que nuca.<\/p>\n<p>Marcela ya no se mostraba reticente en absoluto. Mis amigos, a su vez, ya no forcejeaban para mantenerla en su sitio. La vecina se dio media vuelta, d&aacute;ndonos la espalda, y apoy&oacute; las manos contra la pared.<\/p>\n<p>&mdash;Dale, primero vos &mdash;concedi&oacute; Pablo a juan Carlos, indic&aacute;ndole que sea el primero en disfrutarla.<\/p>\n<p>A m&iacute; no me molestaba quedarme en el &uacute;ltimo turno. Aunque sab&iacute;a que para cuando me tocara, estar&iacute;a tan excitado que no durar&iacute;a mucho. Reconoc&iacute;a que debido a mi miedo, merec&iacute;a ese lugar.<\/p>\n<p>Juanca le levant&oacute; el vestido. Pablo y yo vimos, fascinados, el culo que tantas veces hab&iacute;amos visto en nuestra vida, pero esta vez completamente desnudo. Nunca olvidar&eacute; el lunar que ten&iacute;a en la nalga derecha.<\/p>\n<p>Juanca se arrodill&oacute; y le dio un beso negro. Me coloqu&eacute; en un lugar ideal para ver la escena de cerca. La lengua fue directa a su objetivo, sin molestarse en lamer el voluptuoso culo. Vi c&oacute;mo Juanca, babeante, enterraba esa extremidad blandengue en el culo de Marcela. Hac&iacute;a r&aacute;pidos movimientos sobre el anillo de carne, y algunos mil&iacute;metros se metieron adentro. Le com&iacute;a el culo sin asco, mientras manoseaba los gl&uacute;teos.<\/p>\n<p>Pablo y yo mir&aacute;bamos todo, mientras nos acarici&aacute;bamos nuestros respectivos miembros por encima del pantal&oacute;n.<\/p>\n<p>Juanca se desvisti&oacute; y mostr&oacute; una verga que nos sorprendi&oacute; a todos. Era gruesa y larga, y la iba a estrenar con la mujer de sus sue&ntilde;os.<\/p>\n<p>Marcela abri&oacute; las piernas, y Juanca se la meti&oacute;. Pareci&oacute; fallar a su objetivo en el primer movimiento, y en el segundo tambi&eacute;n. Marcela agarr&oacute; el tronco del chico inexperto y lo ayud&oacute; a encontrar su destino. Gimi&oacute; al recibir el sexo joven de mi amigo.<\/p>\n<p>&Eacute;l la agarr&oacute; de las caderas y empez&oacute; a entrar una y otra vez en ella. Como era de esperar, en cuesti&oacute;n de unos pocos minutos hab&iacute;a acabado. Como si no supiese donde descargarse, hab&iacute;a largado la eyaculaci&oacute;n contra la pared.<\/p>\n<p>&mdash;Vengan, s&iacute;ganme &mdash;dijo Marcela.<\/p>\n<p>As&iacute; lo hicimos. Yo iba detr&aacute;s de ella, y aprovech&eacute; para manosearle el culo.<\/p>\n<p>Entramos en su habitaci&oacute;n. Se quit&oacute; el vestido, quedando completamente desnuda. Reci&eacute;n en ese momento me di cuenta de que no llevaba corpi&ntilde;o.<\/p>\n<p>&mdash;Segu&iacute; vos &mdash;le dije a Pablo.<\/p>\n<p>&mdash;Pueden venir los dos juntos si quieren &mdash;dijo Marcela&mdash;. Si vieron alguna pel&iacute;cula porno, se les ocurrir&aacute; una buena idea.<\/p>\n<p>Se tir&oacute; a la cama y se abri&oacute; de piernas. Estaba completamente depilada, y su sexo era de un precioso color rosado.<\/p>\n<p>Pablo y yo nos desnudamos.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te la quer&eacute;s coger o quer&eacute;s que te la chupe? &mdash;me pregunt&oacute; pablo.<\/p>\n<p>&mdash;Quiero que me la chupe &mdash;dije.<\/p>\n<p>&mdash;Okey &mdash;contest&oacute;.<\/p>\n<p>Pablo jug&oacute; un rato con sus tetas, mordi&eacute;ndolas y succion&aacute;ndolas. Luego vi c&oacute;mo las estrujaba con violencia mientras hac&iacute;a el primer movimiento p&eacute;lvico. Yo me sub&iacute; a la cama y me arrodill&eacute; muy cerca de la cara de Marcela.<\/p>\n<p>Ella gir&oacute; la cabeza, mientras recib&iacute;a las embestidas de pablo, y se encontr&oacute; con mi impaciente pija a pocos cent&iacute;metros de sus labios. Abri&oacute; la boca. Yo hice un movimiento, y en un instante sent&iacute; su endiablada lengua masajeando la cabeza de mi pija. La sensaci&oacute;n era dolorosamente excitante.<\/p>\n<p>Me agarr&oacute; del tronco y empez&oacute; a pajearme, mientras segu&iacute;a chup&aacute;ndola, a la vez que Pablo segu&iacute;a cogi&eacute;ndola.<\/p>\n<p>Era tan h&aacute;bil, que se dio cuenta del momento justo en que me ven&iacute;a. Me paje&oacute; con mayor vehemencia y mi inexperta verga pronto escupi&oacute; toda la leche en su cara. El semen se resbalaba por sus labios. Ella sac&oacute; la lengua y se tom&oacute; el l&iacute;quido viscoso.<\/p>\n<p>Enseguida Pablo eyacul&oacute; en su ombligo.<\/p>\n<p>Lo que nos faltaba en experiencia nos sobraba en vitalidad. Enseguida fuimos por la segunda vuelta. Esta vez cambiando los papeles. Yo conoc&iacute; el calor de su sexo, mientras Juanca se la met&iacute;a en la boca. Pablo se acerc&oacute; por el otro costado, y Marcela tuvo la gentileza de no dejarlo con las ganas, y utiliz&oacute; las manos para satisfacerlo.<\/p>\n<p>El olor a sexo llen&oacute; cada rinc&oacute;n de esa habitaci&oacute;n. Marcela gozaba sin disimulo cada vez que nos met&iacute;amos por algunos de sus orificios.<\/p>\n<p>Llegando al final, exhausta, se puso boca abajo y nosotros nos turnamos para hacerle lo &uacute;nico que nos faltaba: un buen anal. Nuestros sexos, incluso el de Juanca, se met&iacute;an con extra&ntilde;a facilidad en ese orificio. Las tres eyaculaciones terminaron en sus nalgas, convirti&eacute;ndose en una sola masa espesa.<\/p>\n<p>Ya se estaba haciendo de noche.<\/p>\n<p>&mdash;Ah&iacute; tienen algo para contarles a sus nietos &mdash;dijo Marcela desde la cama&mdash;. Una linda historia que s&oacute;lo ocurre algunas veces en la vida.<\/p>\n<p>Nos acompa&ntilde;&oacute;, desnuda y repleta de nuestro semen hasta la salida. Aunque no se asom&oacute; a abrir la puerta. La saludamos con un beso.<\/p>\n<p>Jam&aacute;s volvimos a verla.<\/p>\n<p>Muchas veces nos reunimos a especular sobre qu&eacute; carajos fue lo que sucedi&oacute;. Tal vez estaba loca, sol&iacute;a decir Juanca. Pablo se inclinaba a pensar que era una ninf&oacute;mana. Yo imaginaba que simplemente quer&iacute;a hacer algo diferente antes de irse a vivir a un lugar lejano. Quiz&aacute;s era infeliz en su matrimonio. A lo mejor era la venganza por muchas infidelidades del marido. Hubo decenas de hip&oacute;tesis. Algunas nos daban gracia. Otras, un poco de miedo. Pero nunca supimos la verdad.<\/p>\n<p>Yo decid&iacute; que los motivos ya no importaban. Simplemente deb&iacute;a guardar lo sucedido, como uno de los recuerdos m&aacute;s felices de mi vida. Y as&iacute; lo hice.<\/p>\n<p>Dos d&iacute;as despu&eacute;s<\/p>\n<p>C.A.B.A<\/p>\n<p>Marcela se cubri&oacute; el cuerpo desnudo con la fina s&aacute;bana que compr&oacute; para estrenar en su nuevo hogar. N&eacute;stor sali&oacute; del ba&ntilde;o. Es un hombre bajito y canoso, pero con una mirada oscura y penetrante.<\/p>\n<p>Se meti&oacute; a la cama con su esposa. Ella extendi&oacute; la mano y le acarici&oacute; el pecho peludo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Quer&eacute;s que te cuente? &mdash;pregunt&oacute; Marcela.<\/p>\n<p>&mdash;Veo que te fue bien &mdash;dijo N&eacute;stor.<\/p>\n<p>&mdash;Me dio un poco de miedo al principio &mdash;dijo Marcela. Su mano baj&oacute; lentamente.<\/p>\n<p>&mdash;Ya lo s&eacute;, pero sab&iacute;a que iba a salir todo bien.<\/p>\n<p>&mdash;Pens&eacute; que no se iban animar &mdash;Agreg&oacute; ella&mdash;. Pero despu&eacute;s se me vinieron al humo.<\/p>\n<p>Masaje&oacute; el tronco de su marido, encontr&aacute;ndolo totalmente fl&aacute;cido. Sab&iacute;a que no se parar&iacute;a con simples masajes. S&oacute;lo hab&iacute;a una cosa que pod&iacute;a empinar el sexo de N&eacute;stor.<\/p>\n<p>&mdash;Pero ten&iacute;as raz&oacute;n, fue una experiencia &uacute;nica.<\/p>\n<p>&mdash;Contame todo &mdash;dijo N&eacute;stor.<\/p>\n<p>Ella acerc&oacute; los labios a la oreja de su marido, y le susurr&oacute; todo lo que hab&iacute;a experimentado hac&iacute;a un par de d&iacute;as.<\/p>\n<p>Fin<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 12<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>2 Marcela era una mina inalcanzable. Y no lo digo s&oacute;lo por lo buena que estaba. Hab&iacute;a ciertas cualidades en ella que la hac&iacute;an inconquistable. Ten&iacute;a aires de grandeza. Sol&iacute;a mirar a los dem&aacute;s con cierto desd&eacute;n. Y siempre se mostraba inescrutable. Adem&aacute;s me llevaba unos cuantos a&ntilde;os, por no decir muchos. La verdad que [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":4947,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"class_list":{"0":"post-26216","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-infidelidad"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26216","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4947"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=26216"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26216\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=26216"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=26216"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=26216"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}