{"id":26395,"date":"2020-10-31T04:26:35","date_gmt":"2020-10-31T04:26:35","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-10-31T04:26:35","modified_gmt":"2020-10-31T04:26:35","slug":"diario-de-una-puritana-cap-8-quedando-inmundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/diario-de-una-puritana-cap-8-quedando-inmundo\/","title":{"rendered":"Diario de una puritana (Cap 8): Quedando inmundo"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"26395\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">3<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Algo m&aacute;s de 500 a&ntilde;os han pasado desde el fin de la Edad Media, precioso periodo para el afianzamiento de los ideales de la Iglesia, &eacute;poca de represi&oacute;n y castigo ante cualquier pensamiento libidinoso, pero a la vez de excesiva perversi&oacute;n ante tanta prohibici&oacute;n.<\/p>\n<p>Se dice que en la Edad Media se cre&iacute;a que una de las causas para la ulceraci&oacute;n del pene era acostarse con una mujer que ten&iacute;a el &ldquo;&uacute;tero sucio&rdquo;, corro&iacute;do por el veneno, veneno que hoy conocemos como la regla o el periodo.<\/p>\n<p>Debo reconocer que en esta etapa de mi vida y de nuestra relaci&oacute;n, tuve un enorme inter&eacute;s por aprender un poco m&aacute;s de las costumbres, las tradiciones y la vida en general durante la Edad Media. B&aacute;sicamente por haber sido el periodo de afianzamiento de los patrones de comportamiento aceptados por la Iglesia, que perduran en cierta medida hasta nuestros d&iacute;as, y que rigen el actuar y el d&iacute;a a d&iacute;a de personas como mi amada Mafe.<\/p>\n<p>Quer&iacute;a entender el porqu&eacute; de sus creencias, para luego fantasear con llevarlas al extremo opuesto. Quer&iacute;a sentirme como cualquier de los blasfemos o imp&uacute;dicos de ese periodo oscurantista.<\/p>\n<p>Aunque no me aportaba nada verdaderamente valioso, dediqu&eacute; muchas horas a la lectura y a la investigaci&oacute;n de la Edad Media, especialmente a conocer sobre la tradici&oacute;n cat&oacute;lica y las pr&aacute;cticas sexuales de aquella &eacute;poca.<\/p>\n<p>Fue as&iacute; que empec&eacute; a adquirir gusto por pr&aacute;cticas, cosas o rituales, que antes dif&iacute;cilmente habr&iacute;a imaginado. Desde cosas tan simples como follar en cuatro, considerado como una gran ofensa antinatura por la Iglesia de esos tiempos, hasta los juegos de dominaci&oacute;n y perversi&oacute;n m&aacute;s osados.<\/p>\n<p>Claro que Mafe no era una obsesa de las creencias cat&oacute;licas de ese entonces, de hecho no creo que las conociera, no creo que supiera que el sexo oral estaba mal visto por ser un acto lejano a los fines reproductivos y puramente ligado al placer, tampoco creo que estuviera muy de acuerdo con aquello de satanizar la masturbaci&oacute;n, con eso de considerarla uno de los m&aacute;s grave pecados, siendo que para el momento en que nos conocimos, ella la practicaba bastante por su cuenta, y ahora mucho m&aacute;s con mi ayuda.<\/p>\n<p>Y mucho menos creo que Mafe supiera que en esa &eacute;poca, y quiz&aacute; en la actual, no lo s&eacute;, la Iglesia condenaba las relaciones sexuales que se practicaban en posiciones diferente al misionero. A m&iacute;, por ese entonces me encantaba hacerlo de pie, preferiblemente de frente, vi&eacute;ndola a la cara, apreciando sus gestos de placer, frente a frente para poder morder sus labios y atraparlos entre mis dientes, o sencillamente para alternar besos entre su cuello y sus pechos.<\/p>\n<p>Se dice que en la Edad Media la gente iba a las iglesias para fornicar, no por ser un lugar que evocara el erotismo o el deseo, sino m&aacute;s bien porque permanec&iacute;an vac&iacute;as la mayor parte del tiempo, lo que las hac&iacute;a un lugar ideal para el coito por la discreci&oacute;n que brindaban. En nuestros tiempos es un poco m&aacute;s complejo pues est&aacute;n vigiladas y el tr&aacute;nsito de gente es mayor, aunque eso depende tambi&eacute;n del templo y la urbe en que est&eacute; ubicado.<\/p>\n<p>En todo caso supe imposible eso de mantener relaciones en una iglesia, pero no fue impedimento para disfrutar de nuestra sexualidad. Decid&iacute; acompa&ntilde;ar a Mafe a misa todos los domingos, pero no porque estuviese interesado en la eucarist&iacute;a ni el serm&oacute;n del cura, sino porque era una hora que le dedicaba al manoseo p&uacute;blico de mi bella novia.<\/p>\n<p>No importaba la prenda que recubriera sus piernas, mis manos iban a parar en su entrepierna cada domingo. La primera vez que lo hice, ella se molest&oacute; y reproch&oacute; mi actuar al momento de salir del templo, pero yo hice caso omiso a sus rega&ntilde;os y advertencias, pues estaba obsesionado con dar rienda suelta a mis perversiones, y una de ellas era excitar a Mafe en medio de una misa.<\/p>\n<p>Lo logr&eacute; en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n, y sin sonrojo o arrepentimiento alguno digo hoy que vali&oacute; la pena.<\/p>\n<p>En mi cabeza predomin&oacute; la idea de que era como ganar una guerra, en la que mis dedos equival&iacute;an a las tropas, que iban avanzando camino a invadir la trinchera del enemigo, que era la vagina de Mafe. Ella opon&iacute;a resistencia apretando sus piernas, juntando la una con la otra para evitar la avanzada de mi mano, pero era una batalla que no estaba lista para ganar, pues no hab&iacute;a ej&eacute;rcito capaz de detener la avanzada de mi mano por sus piernas.<\/p>\n<p>Me generaba mucho morbo el hecho de saber que Mafe consideraba excesivamente pecaminosa esta situaci&oacute;n, me generaba mucha excitaci&oacute;n el poder ser observado por cualquiera de las viejas pellejas que suelen ocupar los banquillos de las iglesias los domingos; verlas escandalizadas solo hac&iacute;a que mi obsesi&oacute;n creciera.<\/p>\n<p>Claro que yo recompensaba a Mafe por esto. La recompensaba entreg&aacute;ndole la posici&oacute;n de poder y dominio durante la mayor&iacute;a de nuestros coitos. Aunque esto era beneficioso para ambos, pues mientras Mafe daba rienda suelta a sus perversiones, yo me desbordaba de placer de verla libidinosa, al verla imp&uacute;dica y viciosa.<\/p>\n<p>Pero hab&iacute;a una perversi&oacute;n que me dominaba por encima de cualquier otra: fornicar cuando Mafe ten&iacute;a el periodo. Al comienzo ella se mostraba reacia a que eso ocurriera, era como si sintiera verg&uuml;enza por poder mancharme durante la c&oacute;pula, o por el olor que pudiese emanar de su zona &iacute;ntima, por el sencillo malestar que le causaba estar con la regla, o quiz&aacute; porque conoc&iacute;a la palabra de dios frente al tema y prefer&iacute;a contenerse.<\/p>\n<p>&ldquo;Tambi&eacute;n todo aquello sobre lo que ella se acueste durante su impureza menstrual quedar&aacute; inmundo, y todo aquello sobre lo que ella se siente quedar&aacute; inmundo&rdquo;, estipula Lev&iacute;tico 15:19-23.<\/p>\n<p>Pero a m&iacute; todo eso me enloquec&iacute;a, el hecho de ver mi pene recubierto de ese n&eacute;ctar que define su feminidad, ese mismo que en la Edad Media consideraron como un veneno corrosivo para el miembro viril del hombre.<\/p>\n<p>Y con el tiempo ella fue disfrutando tambi&eacute;n de los polvos durante esos d&iacute;as, dec&iacute;a que eso le causaba cierto alivio a los fuertes c&oacute;licos menstruales que la acompa&ntilde;aban durante su periodo.<\/p>\n<p>As&iacute; que se nos volvieron habituales esos encuentros sexuales durante su menstruaci&oacute;n. Era como una costumbre, como una tradici&oacute;n que, creo, los dos esper&aacute;bamos con ansiedad. Especialmente yo, pues desarrolle una fuerte perversi&oacute;n con penetrarla mientras menstruaba.<\/p>\n<p>Eran coitos verdaderamente memorables. Lamentablemente no contaban con la tradicional sesi&oacute;n de sexo oral que sol&iacute;a darle a Mafe. Me limitaba a tocarla y a masturbarla, pero sin la ayuda de mi lengua. Eran tambi&eacute;n ocasiones en que se invert&iacute;a la situaci&oacute;n, la que brindaba sexo oral era ella. Yo no deliraba por sus mamadas, pero sentir ocasionalmente sus labios deslizarse sobre mi falo no ten&iacute;a pierde alguno.<\/p>\n<p>Claro que lo mejor era el momento de la penetraci&oacute;n, pues su sangre actuaba como un lubricante de primer nivel. Esta no tardaba mucho en aparecer, en mezclarse con sus otros fluidos y en recubrir mi pene mientras se deslizaba por su hirviente co&ntilde;o. No s&eacute; cu&aacute;l era mi fascinaci&oacute;n con esto, pero era evidente que exist&iacute;a; enloquec&iacute;a totalmente en ese momento en que ve&iacute;a mi pene salir ba&ntilde;ado en su sangre, sabiendo que volviera a enterrarse en su humanidad para repetir el ritual una y otra vez, hasta el orgasmo.<\/p>\n<p>Durante sus d&iacute;as Mafe era pose&iacute;da por el esp&iacute;ritu de la lujuria, su apetito sexual se acrecentaba, y las ganas de cumplir fantas&iacute;as eran moneda corriente. Esos polvos, adem&aacute;s de estar pasados por sangre, se caracterizaron tambi&eacute;n por el desate de mi bella Mafe para dar rienda sueltas a sus fantas&iacute;as. Pare ese entonces ya hab&iacute;a ampliado su repertorio de deseos. Golpear y ser violada ya no era lo &uacute;nico que ansiaba, ahora Mafe se le med&iacute;a a cumplir fantas&iacute;as como follar en el balc&oacute;n, aunque en horas de la noche para no llamar tanto la atenci&oacute;n; salpicar mi torso con su sangre, o simplemente dominarme con un alto grado de agresividad durante el coito, palabras soeces incluidas.<\/p>\n<p>Es dif&iacute;cil describirla, pero en Mafe pod&iacute;a convivir esa chica de personalidad t&iacute;mida y sumisa, a la vez que pod&iacute;a convertirse en una depravada de tiempo completo. A m&iacute; me encantaba que fuese as&iacute;, que pudieran confluir rasgos de personalidad tan opuestos sin que se perdiese la esencia de su ser.<\/p>\n<p>Cap&iacute;tulo 9: Los juegos del libido<\/p>\n<p>Hasta aqu&iacute; hab&iacute;a logrado un avance notable con Mafe. Poco y nada sobreviv&iacute;a de esa chica reservada, llena de complejos, baja de autoestima y amor propio. Ahora era mucho m&aacute;s segura de s&iacute; misma, y una sonrisa permanente en su rostro era se&ntilde;al de su renovada felicidad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>3 Algo m&aacute;s de 500 a&ntilde;os han pasado desde el fin de la Edad Media, precioso periodo para el afianzamiento de los ideales de la Iglesia, &eacute;poca de represi&oacute;n y castigo ante cualquier pensamiento libidinoso, pero a la vez de excesiva perversi&oacute;n ante tanta prohibici&oacute;n. 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