{"id":26465,"date":"2020-11-05T07:09:00","date_gmt":"2020-11-05T07:09:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-11-05T07:09:00","modified_gmt":"2020-11-05T07:09:00","slug":"esclavo-de-ti-mismo-cap-1-sonambulismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/esclavo-de-ti-mismo-cap-1-sonambulismo\/","title":{"rendered":"Esclavo de ti mismo (Cap. 1): Sonambulismo"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"26465\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 4<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>El silencio de la noche qued&oacute; interrumpido con el timbrar del m&oacute;vil. La luz roja parpadeante del tel&eacute;fono encendi&oacute; la mesita de noche, sin embargo, tuvo que repiquetear tres veces antes de que Alfonso se removiera en la cama para atenderlo.<\/p>\n<p>Estir&oacute; su mano y con movimientos l&aacute;nguidos cogi&oacute; el aparato. Alfonso se llev&oacute; el auricular al o&iacute;do y a&uacute;n con los ojos cerrados respondi&oacute;. -Ssi&hellip; Te escucho&hellip;<\/p>\n<p>Pronunci&oacute; con voz pausada, casi gutural.<\/p>\n<p>Oy&oacute; por un par de minutos las palabras de su interlocutor, aunque sin expresar emociones. -Entiendo&hellip; Ssi, har&eacute; lo que digas&hellip;<\/p>\n<p>Dijo con voz so&ntilde;olienta, en medio de una imperceptible separaci&oacute;n de sus labios.<\/p>\n<p>El interlocutor colg&oacute; la llamada. Alfonso se levant&oacute; de la cama entre movimientos torpes, a&uacute;n con el tel&eacute;fono en la mano derecha y lentamente se aproxim&oacute; al interruptor de la bombilla el&eacute;ctrica. La l&aacute;mpara se encendi&oacute; con un chasquido, no obstante, permaneci&oacute; con los ojos cerrados, su rostro inexpresivo y el cuerpo denotadamente r&iacute;gido. La cabeza le colgaba suelta hacia atr&aacute;s y su respiraci&oacute;n era pausada y profunda.<\/p>\n<p>Alfonso atraves&oacute; despacio la habitaci&oacute;n, hasta pararse delante de un espejo de pared y levant&oacute; el m&oacute;vil para tomar una foto de su cuerpo desnudo. Era un hombre de lo m&aacute;s atractivo. Med&iacute;a un metro ochenta y cinco de alto, atl&eacute;tico, de musculatura bien definida, firme abdomen, piernas torneadas y cuello prolongado. Adem&aacute;s de una piel blanca y tersa, cabellera clara y casta&ntilde;a, rasgos elegantes, labios delgados y sim&eacute;tricos.<\/p>\n<p>A&uacute;n sin abrir los ojos tom&oacute; varias fotos de su desnudez, reflejada en el espejo y las envi&oacute; v&iacute;a Whatsapp al contacto que le hab&iacute;a llamado anteriormente. Despu&eacute;s coloc&oacute; el m&oacute;vil encima de la mesa de noche y se dirigi&oacute; a su armario.<\/p>\n<p>Recogi&oacute; varias prendas, las introdujo en una maleta que extrajo del fondo y seguidamente comenz&oacute; a vestirse. Se puso un b&oacute;xer blanco, short &iacute;ndigo, camisa color vino y traje azul. Se anud&oacute; la corbata roja y volvi&oacute; a hacerse varias fotos, para mandarlas una vez m&aacute;s al misterioso contacto.<\/p>\n<p>El m&oacute;vil empez&oacute; a sonar nuevamente y Alfonso todav&iacute;a con los p&aacute;rpados cerrados, respondi&oacute;. -Ssi&hellip; Te escucho&hellip;<\/p>\n<p>Atendi&oacute; con ah&iacute;nco las indicaciones del interlocutor y luego de un par de minutos, colg&oacute; el m&oacute;vil, lo guard&oacute; en la maleta y sali&oacute; de la habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Arrastr&oacute; la maleta dificultosamente a trav&eacute;s del apartamento y cogi&oacute; las llaves de su camioneta. Con la cabeza ca&iacute;da hacia atr&aacute;s y sus ojos todav&iacute;a cerrados, gir&oacute; decididamente el pomo de la puerta.<\/p>\n<p>Como si se tratara de una situaci&oacute;n bastante normal, corri&oacute; los pestillos y se guard&oacute; las llaves del apartamento en el bolsillo del saco. Anduvo torpemente hasta el ascensor, le llam&oacute;, puls&oacute; el bot&oacute;n del estacionamiento y una vez en dicho nivel, avanz&oacute; hacia su camioneta.<\/p>\n<p>Con algo de trabajo subi&oacute; la maleta en el asiento trasero, puesto que dos veces se le cay&oacute;, pero despu&eacute;s de algunos movimientos torpes por fin logr&oacute; dejarla en una posici&oacute;n correcta. Luego se apost&oacute; en el asiento del conductor y sin abrir los ojos, introdujo las llaves en el contacto, pis&oacute; el embrague y arranc&oacute;.<\/p>\n<p>El portero desliz&oacute; la reja para &eacute;l, sin embargo, gracias a la oscuridad de la noche no se percat&oacute; que Alfonso manejaba con los ojos cerrados y la cabeza clavada fatigosamente encima del pecho.<\/p>\n<p>Pese a estar profundamente dormido, condujo lenta, pero de forma inequ&iacute;voca a trav&eacute;s de calles y avenidas, como si se encontrase despierto. Manej&oacute; hasta las afueras de la ciudad, traspas&oacute; el viejo puente del lago y se enrut&oacute; a trav&eacute;s de una desviaci&oacute;n a las orillas del bosque Celefais.<\/p>\n<p>Luego de avanzar casi diez minutos en medio del bosque, arrib&oacute; a una finca rodeada por altas murallas de cantera roja y rejas de maya cicl&oacute;nica, franqueada por una compuerta de acero, la cual le otorg&oacute; el paso en cuanto la camioneta se acerc&oacute;.<\/p>\n<p>Alfonso manej&oacute; a trav&eacute;s de un espl&eacute;ndido jard&iacute;n, adornado por setos excelentemente cuidados, exuberantes tiestos de flores, altos cedros y viejos sicomoros, hasta toparse con una casona de estilo victoriano. Detuvo la camioneta y la estacion&oacute; en un aparcamiento delante de la mansi&oacute;n.<\/p>\n<p>Apag&oacute; el motor, tom&oacute; las llaves, baj&oacute; y recorri&oacute; con movimientos torpes el camino de lujosas baldosas hacia la entrada. La puerta era de roble, ten&iacute;a grabados diversos detalles y un escudo de armas, pero Alfonso no le prest&oacute; ni la m&aacute;s m&iacute;nima atenci&oacute;n.<\/p>\n<p>Empuj&oacute; la puerta que se hallaba entornada y se adentr&oacute; en el gigantesco vest&iacute;bulo, para de inmediato volverse y cerrar tras de s&iacute;. Sumergido en un rec&oacute;ndito sue&ntilde;o, Alfonso se desabroch&oacute; la corbata con elegancia, la desanud&oacute; lentamente y la tir&oacute; al suelo en medio del lugar.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s cruz&oacute; el recibidor, alcanz&oacute; una puerta corrediza de cristal abierta de par en par e ingres&oacute; en la ostentosa estancia de aquella casona. El conjunto de sof&aacute;s era de lo m&aacute;s exquisito, no obstante, de nuevo no mostr&oacute; ning&uacute;n inter&eacute;s.<\/p>\n<p>Camin&oacute; por la estancia con los brazos extendidos por delante, la cabeza ca&iacute;da hacia atr&aacute;s y los ojos cerrados. En un r&aacute;pido movimiento se quit&oacute; el saco, lo arroj&oacute; sobre uno de los sof&aacute;s y continu&oacute; con su andar. Recorri&oacute; varias veces la estancia, para luego proseguir al comedor.<\/p>\n<p>Una vez frente a la mesa de fin&iacute;simo cristal, Alfonso se retir&oacute; los zapatos y calcetines, los puso encima del comedor y las sillas de caoba, y ya descalzo, reanud&oacute; su extra&ntilde;a marcha.<\/p>\n<p>Entr&oacute; en una especie de sal&oacute;n de juegos y fiestas. All&iacute; se desabroch&oacute; lentamente la camisa y la arroj&oacute; sobre un servibar. Repiti&oacute; sus movimientos de son&aacute;mbulo varias veces, aunque esta vez con los pu&ntilde;os apretados, acto que remarc&oacute; visiblemente sus m&uacute;sculos.<\/p>\n<p>Transit&oacute; por un espacioso corredor con esculturas y pilares de m&aacute;rmol. Lleg&oacute; a unas escaleras tapizadas por una gruesa alfombra roja, sitio en el que se sac&oacute; los pantalones junto con el cintur&oacute;n y los colg&oacute; del barandal.<\/p>\n<p>El son&aacute;mbulo luego de bajar y subir varias veces las escaleras con los brazos extendidos, los pu&ntilde;os duros, la cabeza ca&iacute;da hacia atr&aacute;s y los p&aacute;rpados apretados, ascendi&oacute; a la segunda planta de aquella casona.<\/p>\n<p>Camin&oacute; pesadamente a lo largo de un pasillo hasta la &uacute;ltima alcoba, engalanada por una fina puerta de nogal.<\/p>\n<p>Alfonso la empuj&oacute; y despacio penetr&oacute; en su interior. Una d&eacute;bil l&aacute;mpara iluminaba la habitaci&oacute;n con un resplandor blanco, por medio del cual su imagen qued&oacute; reflejada en la superficie del espejo, colocado en oposici&oacute;n a la puerta.<\/p>\n<p>El son&aacute;mbulo camin&oacute; una y otra vez a lo largo y ancho de la gigantesca alcoba, gracias a lo que los m&uacute;ltiples &aacute;ngulos de su cuerpo semidesnudo, se apreciaron en toda su plenitud.<\/p>\n<p>Enseguida, en una acci&oacute;n lenta y sensual que dej&oacute; vislumbrar la perfecci&oacute;n de sus piernas y gl&uacute;teos, se despoj&oacute; del short &iacute;ndigo. Repiti&oacute; una vez m&aacute;s sus pasos de son&aacute;mbulo y procedi&oacute; a sacarse con movimientos igualmente incitantes el b&oacute;xer, con toda la intensi&oacute;n de revelar lo impresionante de sus muslos y lo bien dotado de su miembro.<\/p>\n<p>Alfonso se gir&oacute; en ese momento completamente desnudo. Avanz&oacute; con los brazos extendidos y r&iacute;gidos como dos rocas, sus ojos cerrados, la cabeza ca&iacute;da hacia atr&aacute;s y su miembro erguido cual si fuera un hierro hacia la cama, donde un hombre lo observaba hambriento y absolutamente complacido por el &eacute;xito abrumador en aquella primera cacer&iacute;a.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 4<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>El silencio de la noche qued&oacute; interrumpido con el timbrar del m&oacute;vil. La luz roja parpadeante del tel&eacute;fono encendi&oacute; la mesita de noche, sin embargo, tuvo que repiquetear tres veces antes de que Alfonso se removiera en la cama para atenderlo. Estir&oacute; su mano y con movimientos l&aacute;nguidos cogi&oacute; el aparato. 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