{"id":26490,"date":"2020-11-06T23:00:00","date_gmt":"2020-11-06T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-11-06T23:00:00","modified_gmt":"2020-11-06T23:00:00","slug":"esclavo-de-ti-mismo-capitulo-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/esclavo-de-ti-mismo-capitulo-2\/","title":{"rendered":"Esclavo de ti mismo (Cap\u00edtulo 2)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"26490\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 4<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Cap&iacute;tulo 2. Caligari primera fase: la transformaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Marcus contempl&oacute; deleitado el magn&iacute;fico cuerpo de Alfonso. El torso musculoso y depilado, los brazos firmes y r&iacute;gidos, las torneadas piernas y el poderoso miembro listo para ser disfrutado.<\/p>\n<p>Tuvo que controlarse bastante cuando Alfonso se aproxim&oacute; y coloc&oacute; sus brazos alrededor de su cuerpo. Marcus busc&oacute; &aacute;vido los labios del son&aacute;mbulo y se permiti&oacute; compartir un apasionado y extenso beso, que le hizo experimentar una inmediata erecci&oacute;n.<\/p>\n<p>Recorri&oacute; efusivo con sus manos la espalda y gl&uacute;teos de Alfonso, sin despegarse para nada de la jugosa y varonil boca.<\/p>\n<p>Marcus se apart&oacute; a duras penas de aquellos exquisitos labios, aunque no sin antes dejar en la boca de Alfonso un ingente gusto a tabaco. Situ&oacute; de manera dominante su mano en torno al firme miembro del son&aacute;mbulo.<\/p>\n<p>-Sabes, eres tal como te imaginaba. &#8211; Le dijo en un susurro al o&iacute;do. -T&uacute; y yo nos vamos a divertir mucho a partir de ahora mi guapo Alfonso. Te voy a convertir en mi predilecto. Tu vida est&aacute; a punto de cambiar. Quisiera terminar nuestro encuentro ahora, pero desafortunadamente la droga que te suministr&eacute; posee un efecto limitado. Estoy seguro de que quieres concluir tanto esto como yo, &iquest;verdad?-<\/p>\n<p>-No&hellip; yo&hellip; Hmmm&hellip; Yo&hellip; No&hellip; Hmmm&hellip; Ssi, tambi&eacute;n&hellip; Yo quie&#8230; quiero.<\/p>\n<p>Contest&oacute; Alfonso con tono casi inaudible, aunque reflej&oacute; por primera vez una expresi&oacute;n de intranquilidad.<\/p>\n<p>Marcus comprendi&oacute; que el efecto de la droga comenzaba a pasar y si no quer&iacute;a que su presa despertara de un momento a otro, deb&iacute;a actuar r&aacute;pidamente.<\/p>\n<p>Tom&oacute; a Alfonso del brazo y lo condujo a paso regular fuera de la alcoba, a trav&eacute;s del corredor. Alcanzaron el otro extremo del pasillo y Marcus tir&oacute; de una puerta met&aacute;lica que se movi&oacute; con un extra&ntilde;o chirrido. Le Empuj&oacute; suavemente del hombro y lo indujo a ingresar en aquella habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Se trataba de un sal&oacute;n bastante espacioso, de casi treinta metros cuadrados, sin ventanas y gruesas paredes. Una gigantesca y extra&ntilde;a caja musical con m&uacute;ltiples s&iacute;mbolos, palancas y discos yac&iacute;a en un extremo, junto con un sof&aacute; reclinable.<\/p>\n<p>Marcus acompa&ntilde;&oacute; a Alfonso a recostarse en el sof&aacute;. El son&aacute;mbulo no opuso resistencia, pero la expresi&oacute;n de su rostro cada vez parec&iacute;a menos ausente y m&aacute;s intranquila. Marcus sab&iacute;a que el efecto de la droga casi estaba por terminar y Alfonso pronto despertar&iacute;a de aquel estado inducido de sonambulismo.<\/p>\n<p>Sonri&oacute; macabramente, porque &eacute;l se encargar&iacute;a de que Alfonso jam&aacute;s volviera a despertar, al menos no sin que &eacute;l lo ordenara.<\/p>\n<p>Marcus apret&oacute; un bot&oacute;n en el sof&aacute;, el cual se reclin&oacute;, mientras que diversas amarras aprisionaron los hombros, cintura y piernas del son&aacute;mbulo. Luego camin&oacute; hasta la caja musical, gir&oacute; algunos discos y tir&oacute; de varias palancas. Se apresur&oacute; a salir de la habitaci&oacute;n y una vez se encontr&oacute; fuera, presion&oacute; un interruptor que sell&oacute; la puerta.<\/p>\n<p>Entre tanto, Alfonso empez&oacute; a despertar poco a poco. Su cabeza se sent&iacute;a sumamente pesada, le result&oacute; muy dif&iacute;cil sacudirse el sue&ntilde;o. Trat&oacute; de incorporarse en la cama, mas entonces descubri&oacute; que no estaba en su habitaci&oacute;n. Intent&oacute; abrir los ojos, pero sus p&aacute;rpados se hallaban muy cansados. Experiment&oacute; fr&iacute;o, por lo que repar&oacute; en que se encontraba totalmente desnudo.<\/p>\n<p>Tras un gran esfuerzo consigui&oacute; abrir finalmente los p&aacute;rpados, pero sus bellos ojos verdes quedaron deslumbrados por unas luces fluorescentes que titilaban y giraban incesantemente en el techo. Quiso levantarse, pero fuertes amarras se lo impidieron. Sus hombros, rodillas y cintura yac&iacute;an sujetas. Le result&oacute; imposible mantener los ojos abiertos, pues las luces fluorescentes le lastimaban y causaban un terrible dolor de cabeza.<\/p>\n<p>Estuvo a punto de gritar, sin embargo, percibi&oacute; la boca seca, con un horrible sabor a tabaco y la lengua adormecida. Inici&oacute; un f&uacute;til forcejeo contra las ataduras y varios quejidos en un intento por pedir auxilio. Mas en ese preciso instante una suave y dulce melod&iacute;a empez&oacute; a emanar de la extra&ntilde;a caja musical.<\/p>\n<p>Se trataba de una canci&oacute;n somn&iacute;fera, muy relajante y que resonaba con fuerza en los o&iacute;dos de Alfonso. Busc&oacute; a toda costa no prestarle atenci&oacute;n, pero era imposible. La canci&oacute;n se meti&oacute; en su cabeza, estimulaba cada fibra de su cuerpo e hizo que la rigidez de sus m&uacute;sculos creciera nuevamente.<\/p>\n<p>Alfonso realiz&oacute; un desesperado intento por abrir los ojos, pero ya no pudo hacerlo. Tras cada acorde de la canci&oacute;n su cabeza se sent&iacute;a m&aacute;s y m&aacute;s pesada, mientras su mente se precipit&oacute; a un estado de letargo todav&iacute;a mayor que el de antes. Sus pensamientos se diluyeron en un c&uacute;mulo de ideas sin sentido, una cascada blanca borr&oacute; todas las cosas y la dulce melod&iacute;a se apoder&oacute; por completo de su ser.<\/p>\n<p>Alfonso se desliz&oacute; inevitablemente hacia un estado de profundo sopor, de absoluta perdici&oacute;n, donde el &eacute;xtasis de un placer infinito apagaba cualquier pensamiento individual, cualquier destello de rebeld&iacute;a. La l&oacute;gica y la raz&oacute;n, sus gustos, ambiciones y moralidad eran suprimidos a cada acorde. Alfonso hab&iacute;a sido hasta ese instante, un hombre exitoso, independiente y marcadamente heterosexual. Sin embargo, cada arpegio de la extra&ntilde;a caja musical destru&iacute;a cualquier resistencia, anulaba todos sus prejuicios, transformaba por completo su noci&oacute;n de realidad y lo hund&iacute;a m&aacute;s y m&aacute;s en un &uacute;nico deseo, en un cosmos de absoluto placer.<\/p>\n<p>Alfonso comprendi&oacute; entonces que se hallaba desnudo. &Eacute;l hab&iacute;a querido siempre existir en ese estado de perfecci&oacute;n y naturaleza. Un estado en el que era libre de todo, inclusive de pensar. Porque era m&aacute;s feliz si dejaba de hacerlo. Todos son m&aacute;s felices cuando dejan de pensar.<\/p>\n<p>Ese deseo se convirti&oacute; de forma avasalladora en una fuerza imposible de eludir. &Eacute;l no deb&iacute;a pensar, solamente dormir, solamente obedecer, solamente complacer. Eso era &eacute;l a partir de ese d&iacute;a, un eterno objeto para brindar placer.<\/p>\n<p>&Eacute;l deb&iacute;a dormir para siempre, jam&aacute;s despertar De aquel placer interminable. Porque era su eterno placer servir, su absoluto placer dormir, su m&aacute;ximo placer vivir desnudo para siempre. Ten&iacute;a que ser su placer insuperable el obedecer, su entero placer transformarse en un absoluto esclavo. S&iacute;, un esclavo. &Eacute;l no era nadie, nunca hab&iacute;a sido nadie. &Eacute;l s&oacute;lo era un esclavo, un miserable esclavo son&aacute;mbulo del Kaligari. Deb&iacute;a permanecer eternamente dormido, eternamente son&aacute;mbulo, jam&aacute;s deb&iacute;a despertar. &Eacute;l era un son&aacute;mbulo, un esclavo siempre listo para obedecer y complacer a su Amo. Un son&aacute;mbulo, un esclavo, que exist&iacute;a solamente para servir a su Amo, al Amo del Kaligari, a Marcus, Amo del Kaligari, s&iacute;, Marcus, su nuevo Amo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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