{"id":26619,"date":"2020-11-13T07:17:11","date_gmt":"2020-11-13T07:17:11","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-11-13T07:17:11","modified_gmt":"2020-11-13T07:17:11","slug":"desconocidos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/desconocidos\/","title":{"rendered":"Desconocidos"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"26619\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 24<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Vacaciones.<\/p>\n<p>&ldquo;Si haces siempre lo que siempre has hecho nunca llegar&aacute;s m&aacute;s lejos de lo que siempre has llegado.&rdquo;<\/p>\n<p>Este fue el contundente whatsapp que Rosario recibi&oacute; en su m&oacute;vil mientras desayunaba tranquilamente en la cafeter&iacute;a de siempre por &uacute;ltima vez ante de irse de vacaciones. Lo enviaba su &iacute;ntima amiga Marta y fue el &uacute;ltimo empuj&oacute;n en su decisi&oacute;n. Le hab&iacute;a dado muchas vueltas, pero esa frase, hab&iacute;a sido definitiva. Reservar&iacute;a un fin de semana en el discreto hotel del que su amiga tanto le hab&iacute;a hablado. Necesitaba hacer algo diferente y salir por fin de esa capsula invisible en la que parec&iacute;a enclaustrada.<\/p>\n<p>Se sent&iacute;a una mujer sexualmente activa pero parec&iacute;a que por su f&iacute;sico, y sobre todo por su car&aacute;cter, pasara desapercibida para el sexo masculino. No era una mujer fea, pero su imagen andr&oacute;gina de piel muy morena y rasgos faciales muy marcados, la hac&iacute;an un tanto extra&ntilde;a. Era muy delgada con manos huesudas y poco pecho. Su vestimenta, demasiado recatada, no promocionaba lo suficiente su parte anat&oacute;mica m&aacute;s atractiva, su culo. Adem&aacute;s era muy t&iacute;mida e introvertida, poco dada a la vida social con los compa&ntilde;eros de trabajo que la ten&iacute;an por una solterona aburrida. Incluso alguno lleg&oacute; a rumorear que su problema era la no aceptaci&oacute;n de su supuesta homosexualidad. Nada m&aacute;s lejos de la realidad, Rosario era heterosexual y se sent&iacute;a atra&iacute;da por m&aacute;s de un compa&ntilde;ero de su oficina bancaria, pero le resultaba imposible acercarse a ellos.<\/p>\n<p>A sus treinta a&ntilde;os, hab&iacute;a mantenido una relaci&oacute;n de pareja con un novio durante siete pero hac&iacute;a dos que lo hab&iacute;an dejado y desde entonces se manten&iacute;a en una &ldquo;forzada&rdquo; castidad. Su buena amiga Marta, hab&iacute;a insistido en que en su situaci&oacute;n lo mejor era darse un homenaje con un profesional, pero Rosario no estaba dispuesta a pagar por sexo. As&iacute; transcurr&iacute;a su pobre vida sexual, hasta que logr&oacute; convencerse que necesitaba hacer algo antes que su autoestima acabase destruida o peor a&uacute;n &ldquo;&hellip;te volver&aacute; a crecer el himen&hellip;&rdquo; como vaticinaba Marta. De vuelta a la sucursal bancaria donde trabajaba su expresi&oacute;n era diferente, al punto que uno de los compa&ntilde;eros se fij&oacute; en ella y le hizo un cumplido, &ldquo;se te ha subido el guapo ahora que te vas de vacaciones&hellip;&rdquo;<\/p>\n<p>*******<\/p>\n<p>Juan y Ana llevaban varios a&ntilde;os casados. Formaban un matrimonio t&iacute;pico. Padres de dos hijos de siete y cinco a&ntilde;os, ambos trabajadores y a sus cuarenta a&ntilde;os no sab&iacute;an en que momento de su relaci&oacute;n les invadi&oacute; la rutina. Trabajo, ni&ntilde;os y casa formaban un tri&aacute;ngulo del que parec&iacute;a imposible salir. En su juventud y noviazgo hab&iacute;an sido divertidos, aventureros, muy activos y dispuestos a cualquier cosa que no fuera quedarse quietos. Pero desde el nacimiento de Juanjo, el mayor de sus hijos, la cosa comenz&oacute; a cambiar. El tiempo para ellos comenzaba a menguar absorbido por el peque&ntilde;o de la familia.<\/p>\n<p>Casi como una obligaci&oacute;n de padres dieron una hermanita al peque&ntilde;o de la casa. De manera que el tiempo que les dejaba Juanjo lo acapar&oacute; Julia. A medida que pasaba el tiempo fueron perdiendo el inter&eacute;s por su intimidad hasta no recordar un momento a solas. La edad les fue pasando factura, Juan fue perdiendo pelo en su coronilla y sus sienes se volv&iacute;an blancas mes a mes. Hac&iacute;a unos a&ntilde;os que hab&iacute;a dejado de practicar el deporte que siempre le mantuvo un f&iacute;sico fibroso lo que empezaba a notarse en su abdomen. Ana, comenz&oacute; a descuidar su vestuario y su imagen, sus magn&iacute;ficos pechos comenzaban a rendirse a la gravedad v&iacute;ctimas de la crianza de sus dos criaturas. Su maravillosa melena hab&iacute;a dejado paso a un corte m&aacute;s c&oacute;modo de cuidar. Sus torneadas piernas, envidia de sus amigas, empezaban a acumular grasa en la parte alta propiciada por el desorden alimenticio a que se somet&iacute;a.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de una cena familiar, para la que lograron colocar a los ni&ntilde;os con los abuelos, salieron a tomar unas copas con la hermana de Juan y su marido. Lo pasaron en grande rememorando un tiempo que ya apenas recordaban haber vivido. Fue entonces cuando Isabel, su cu&ntilde;ada, le recomend&oacute; a Ana que se tomasen un fin de semana de vacaciones en un hotel al que sol&iacute;an ir ellos. Por los ni&ntilde;os no tendr&iacute;an que preocuparse ya que ser&iacute;a la misma Isabel quien los acogiese en su casa durante esos dos d&iacute;as. Ana, qued&oacute; por un momento pensativa y se decidi&oacute; a propon&eacute;rselo a Juan.<\/p>\n<p>*********<\/p>\n<p>Tras la larga reuni&oacute;n en la que Ricardo at&oacute; uno de los mejores negocios del a&ntilde;o, llam&oacute; por el tel&eacute;fono a Susana, su secretaria. A sus cincuenta y cinco a&ntilde;os el director general de la empresa ten&iacute;a todo lo que se hab&iacute;a propuesto. Ten&iacute;a dinero suficiente para mantener a su familia en un palacete y un f&iacute;sico a&uacute;n atractivo que le permit&iacute;a seguir atrayendo a mujeres m&aacute;s j&oacute;venes que &eacute;l. Susana hab&iacute;a sido su &uacute;ltima &ldquo;v&iacute;ctima&rdquo;. Su secretaria ten&iacute;a quince a&ntilde;os menos aunque aparentaba muchos menos. Sin obligaciones familiares, tan solo manten&iacute;a una relaci&oacute;n de idas y venidas con un hombre de su edad con quien no terminaba de cristalizar en relaci&oacute;n de pareja. Hac&iacute;a a&ntilde;o y medio que se ve&iacute;a con su jefe como amante.<\/p>\n<p>&Eacute;ste, cada cierto tiempo, se las arreglaba para que pasaran unas mini vacaciones los dos solos en alg&uacute;n lugar paradis&iacute;aco. Ambos formaban la t&iacute;pica pareja de amantes. &Eacute;l un empresario triunfador que apuraba los &uacute;ltimos vestigios de un pasado de gal&aacute;n cuyo f&iacute;sico le era imposible mantener a su edad. Ella era una belleza n&oacute;rdica que manten&iacute;a un f&iacute;sico espectacular, pese sus cuarentas reci&eacute;n cumplidos, gracias a una gen&eacute;tica familiar que se hab&iacute;a dedicado a cuidar con buena dieta, mucho ejercicio y una alergia irrefrenable de ser madre.<\/p>\n<p>Al entrar en la oficina, Ricardo la recibi&oacute; con un apasionado beso antes de comunicarle la buena noticia del negocio reci&eacute;n cerrado. Le propuso que buscara un lugar donde &ldquo;celebrar la siguiente gran reuni&oacute;n empresarial&rdquo;, excusa con la que dispondr&iacute;an de un fin de semana para los dos solos. Ella dej&aacute;ndose comer el cuello tir&oacute; la cabeza hacia atr&aacute;s y se imagin&oacute; a los dos tumbados al sol en aquella playa de la que le hab&iacute;an hablado.<\/p>\n<p>*******<\/p>\n<p>Cada verano, Patrick se tomaba el mes de septiembre de vacaciones en su empresa inform&aacute;tica en Par&iacute;s para disfrutar de su mayor pasi&oacute;n, el surf. A sus veintiocho a&ntilde;os, con su furgoneta Volkswagen Caravelle amarilla, recorr&iacute;a toda la costa atl&aacute;ntica hasta el cant&aacute;brico en busca de las mejores olas de Europa. En solitario, recorr&iacute;a cientos de kil&oacute;metros con la &uacute;nica compa&ntilde;&iacute;a de su tabla. Iba parando en distintos albergues en los que coincid&iacute;a con otros &ldquo;locos&rdquo; como &eacute;l con los que acababa haciendo amistad. Al final de esas vacaciones sol&iacute;a cruzar Espa&ntilde;a en busca de los aires del estrecho para terminar por todo lo alto en alguna playa perdida. Este a&ntilde;o no iba a ser menos, y siguiendo los consejos de un colega parisino iba a hospedarse en un peque&ntilde;o y discreto hotel donde. Seg&uacute;n le coment&oacute; Jacques, le hab&iacute;a sucedido una cosa incre&iacute;ble. El surfista reacio por completo a tener pareja prefer&iacute;a disfrutar su envidiable f&iacute;sico como un alma libre. Sab&iacute;a que su trabajado y fibroso cuerpo no pasaba desapercibido para ninguna mujer heterosexual, por no hablar de su exotismo.<\/p>\n<p>*******<\/p>\n<p>Pedro hab&iacute;a encontrado lo que buscaba por Internet. El hotel ten&iacute;a muy buena pinta y seg&uacute;n las fotos, el paraje lo hac&iacute;an muy &iacute;ntimo. Justo lo que necesitaban para hacer realidad otra de sus fantas&iacute;as. Sin pensarlo ni un momento hizo la reserva para el fin de semana en que su pareja, Silvia, tomaba las vacaciones. Desde que comenzaron a salir hab&iacute;an tenido claro que su relaci&oacute;n estar&iacute;a marcada por su particular forma de encarar el sexo. &Eacute;l era un tipo normal, no era feo pero no cuadraba dentro de los c&aacute;nones de lo que se ten&iacute;a por un t&iacute;o bueno. Ana en cambio s&iacute; era muy guapa aunque su cuerpo tampoco era el de una top model, pese a que su pecho si ten&iacute;a mucho &ldquo;tir&oacute;n&rdquo;. Hab&iacute;an tenido multitud de relaciones juntos y por separado pero a&uacute;n les quedaba por delante mucho.<\/p>\n<p>*******<\/p>\n<p>El avi&oacute;n de Frankfurt llegaba a su hora a la T4 de Barajas. Raphael tan solo llevaba un trolley como equipaje de mano. Estaba acostumbrado a viajar con lo m&iacute;nimo ya que sus estancias en los sitios a penas se reduc&iacute;an a un par de d&iacute;as. Su ritmo de vida era vertiginoso. En la &uacute;ltima semana hab&iacute;a visitado las bolsas de Tokio, Nueva York y Frankfurt para poder tomarse este fin de semana en Espa&ntilde;a donde su mujer, Natalia, le esperaba.<\/p>\n<p>Ella, abogada y viv&iacute;a a caballo entre Barcelona y Madrid. Hab&iacute;a llegado a la capital desde la ciudad condal el d&iacute;a anterior y ahora se dispon&iacute;a a tomar un taxi hasta Atocha donde esperar&iacute;a a Rapahel. Almorzar&iacute;an algo r&aacute;pido antes de tomar el AVE destino a Sevilla y comenzar unas mini vacaciones de un fin de semana en un peque&ntilde;o hotelito perdido en el Golfo de C&aacute;diz. Le hab&iacute;an dado muy buenas referencias. Ellos siempre buscaban algo muy discreto ya que el poco tiempo de que dispon&iacute;an lo quer&iacute;an disfrutar en la intimidad.<\/p>\n<p>******<\/p>\n<p>Enclavado en la ladera de un peque&ntilde;o monte, el hotel, era solo accesible por una carretera privada, techada por la abundante vegetaci&oacute;n, a la que se llegaba tras dejar atr&aacute;s diez kil&oacute;metros de carretera comarcal. Un discreto edificio de piedra se situaba en un espacio abierto circular. A modo de rotonda, una fuente sobre un terreno de gravilla. El hotel tan solo dispon&iacute;a de diez habitaciones cinco en cada una de las dos plantas. La fachada principal dispon&iacute;a de un peque&ntilde;o vest&iacute;bulo donde se encontraba la recepci&oacute;n, atendida a turnos por una joven pareja de modales exquisitos. A continuaci&oacute;n, un comedor con amplios ventanales que hac&iacute;an de espectacular mirador hacia la playa. &Eacute;sta estaba abajo del peque&ntilde;o acantilado sobre el que pend&iacute;a la terraza del hotel. Por una puerta de servicio se acced&iacute;a a una escalinata privada por la que se descend&iacute;a hacia la fina arena de la playa nudista.<\/p>\n<p>Playa.<\/p>\n<p>Portando una cesta de mimbre donde llevaba una toalla y algo de crema protectora, Rosario lleg&oacute; a la playa a media ma&ntilde;ana, un poco nerviosa pero decidida. A penas hab&iacute;a andado unos escasos veinte metros cuando vio a una pareja que hab&iacute;a llegado antes. Se sent&oacute; cerca de ellos cuando estos ya disfrutaban del sol tumbados en sus respectivas toallas.<\/p>\n<p>A simple vista era una pareja com&uacute;n. &Eacute;l no era feo, pero su cuerpo era muy normal, de estatura media, algo de barriga y una incipiente calva en su coronilla. Junto a &eacute;l, su mujer, de media melena casta&ntilde;a, rellenita, tetas con grandes areolas y un culo con tendencia a la celulitis. Su pubis se cubr&iacute;a con una fina capa de vello negro. Rondaban los cuarenta a&ntilde;os y por su comportamiento tampoco parec&iacute;an expertos en las visitas al hotel, cosa que a Rosario le tranquiliz&oacute;. Le asustaba no estar a la altura.<\/p>\n<p>La empleada de banca, se quit&oacute; su pareo y tan solo cubierta por una gran pamela exhibi&oacute; por primera vez en p&uacute;blico su desnudez. Sus pezones morenos reaccionaron al contacto con la primera brisa, esto le provoc&oacute; un escalofr&iacute;o. SE observ&oacute;. La piel morena de su cuerpo contrastaba con la blancura de sus tetas y de su zona p&eacute;lvica nunca antes descubierta. La abundante mata de pelos negros de su co&ntilde;o parec&iacute;a ser de mayor tama&ntilde;o en esta situaci&oacute;n. Levant&oacute; su angulosa cara morena y sus almendrados ojos color miel descubrieron a sus vecinos observ&aacute;ndola sin ning&uacute;n pudor. Su primera reacci&oacute;n fue violentarse ante lo que consideraba una insolencia pero de inmediato comprendi&oacute; que esa era su objetivo all&iacute;.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de un rato de constantes miradas, por fin, Rosario decidi&oacute; un acercamiento. La mujer anduvo despacio, y con disimulado nerviosismo, la distancia entre ellos. La pareja se levant&oacute; para recibirla cort&eacute;smente. Tras las presentaciones con dos besos, primero con Ana y luego con Juan, la &ldquo;single&rdquo; pudo comprobar como el hombre no pod&iacute;a controlar una erecci&oacute;n que hizo que su pene alcanzara un considerable tama&ntilde;o.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de sentarse, los tres compartieron unas latas de cerveza:<\/p>\n<p>-Pues yo es la primera vez que vengo &ndash;confes&oacute; Rosario, tratando de justificar alguna posible torpeza. &ndash;Me lo aconsej&oacute; una amiga que s&iacute; ha venido varias veces.<\/p>\n<p>-Nosotros tambi&eacute;n somos primerizos &ndash;consol&oacute; Ana que sent&iacute;a una extra&ntilde;a excitaci&oacute;n traducida en un caluroso rubor facial.<\/p>\n<p>-Busc&aacute;bamos algo nuevo y discreto &ndash;intervino Juan entregado ya a la voluntad propia de su polla.<\/p>\n<p>Rosario sonre&iacute;a nerviosa, sentada totalmente desnuda ante una desconocida pareja de cuarentones tambi&eacute;n desnudos. Comenz&oacute; a notarse muy excitada, sent&iacute;a como su co&ntilde;o palpitaba y una sensaci&oacute;n de calor h&uacute;medo sub&iacute;a desde su vagina hasta su cerebro. Se hizo un inc&oacute;modo silencio entre los tres. Juan mir&oacute; a los ojos de la chica nueva y luego agach&oacute; la mirada hasta su polla erecta. Su capullo era de color viol&aacute;ceo brillante. La invitada con media sonrisa dej&oacute; la bebida sobre la arena y mir&oacute; a Ana en busca de una aprobaci&oacute;n innecesaria, dadas las circunstancias, antes de alargar el brazo y agarrar con su mano izquierda la dura polla del marido de &eacute;sta.<\/p>\n<p>Juan ech&oacute; su cuerpo hacia atr&aacute;s, apoyando los brazos tras su espalda, ofreciendo todo su encanto a Rosario. El hombre dio un peque&ntilde;o salto cuando not&oacute; las manos fr&iacute;as de la morena envolver su ardiente miembro. Su mujer, ante el espect&aacute;culo de que una desconocida masturbase a su marido se sinti&oacute; muy excitada y comenz&oacute; a acariciar su co&ntilde;o de vello perfectamente triangulado.<\/p>\n<p>Rosario respiraba agitada viendo a Ana hacerse un dedo mientras ella pajeaba a Juan, que con los ojos cerrados suspiraba de placer. Sin dejar de mover su mano, la invitada se acomod&oacute; de manera que inclin&oacute; su cuerpo hasta acercar su boca a la polla de aquel t&iacute;o que acababa de conocer. Sac&oacute; la lengua y lami&oacute; el glande antes de introducirse poco a poco el falo en la boca ante la atenta mirada de Ana. Sin ser una experta feladora si acomod&oacute; la polla a su cavidad bucal hasta notar la punta muy adentro y los vellos p&uacute;bicos de Juan rozaban su nariz. Lentamente fue subiendo su cabeza hasta que ten&iacute;a la polla justo entre los labios para volver a descender por aquel latente ariete venoso. La lubricaci&oacute;n salival hac&iacute;a que el proceso fuese aceler&aacute;ndose. Not&oacute; la presi&oacute;n de la mano del hombre sobre su cabeza marc&aacute;ndole el ritmo al tiempo que la animaba:<\/p>\n<p>-As&iacute;, zorra, as&iacute;&hellip;<\/p>\n<p>Ana, de rodillas junto a su marido, aceleraba su dedo sobre su cl&iacute;toris al tiempo que le besaba antes de ofrecerle una de sus grandes tetas:<\/p>\n<p>-&iquest;Te gusta como te la chupa? &ndash;pregunt&oacute; morbosamente excitada a su marido.<\/p>\n<p>Juan no contest&oacute; y se limit&oacute; a degustar la propuesta. Lam&iacute;a, besaba, succionaba y mord&iacute;a los enormes pezones de su mujer al tiempo que disfrutaba de la mamada que le estaba dando aquella desconocida.<\/p>\n<p>Antes de llegar al orgasmo, Ana detuvo su paja. Sent&iacute;a una extra&ntilde;a y a la vez excitante sensaci&oacute;n. Ante la visi&oacute;n de una Rosario indefensa, arrodillada y sometida bucalmente por su marido, se acerc&oacute; y acarici&oacute; el culo de la morena. Era la primera vez en su vida que tocaba con deseo a otra mujer. Con su mano derecha acarici&oacute; y masaje&oacute; el blanco y suave culo de aquella chica. Recorri&oacute; la raja del culo con su dedo coraz&oacute;n. Fue descendiendo, notando como iba creciendo la mata de pelo y el calor la guiaba hasta una vagina grande e inundada de n&eacute;ctar caliente. No se lo pens&oacute; a la hora de introducir uno, dos y hasta tres dedos en el co&ntilde;o de Rosario y comenzar a moverlos en c&iacute;rculos provocando un estremecimiento en la empleada de banca.<\/p>\n<p>A esas alturas, Juan estaba tumbado boca arriba intentando mirar el espect&aacute;culo. Rosario mov&iacute;a fren&eacute;ticamente la cabeza sobre la polla del hombre que estaba a punto de terminar, mientras sent&iacute;a los tres dedos de Ana muy adentro llev&aacute;ndola al &eacute;xtasis.<\/p>\n<p>Agarrando la cabeza de su amante, el hombre comenz&oacute; a mover su pelvis hacia arriba antes de anunciar con un aullido que se corr&iacute;a. Rosario, entregada a la situaci&oacute;n dej&oacute; que aquel tipo violase su boca y llenase su garganta de semen que engull&oacute; como pudo. Con restos viscosos en la comisura de los labios se incorpor&oacute;. Su melena alborotada, su cara angulosa, su mirada lasciva y con restos de la de la corrida sobre sus labios. Ana se le qued&oacute; mirando antes de plantarle un beso de tornillo, meti&eacute;ndose las lenguas hasta la garganta. Compartieron el sabor del hombre que yac&iacute;a derrotado por el placer junto a ellas. Se abrazaron y frotaron sus endurecidos pezones en busca de un placer desconocido. Se amasaron las tetas y los culos entre besos y mordiscos en el cuello. Juan presenciaba encantado a su mujer en plena relaci&oacute;n l&eacute;sbica con una desconocida.<\/p>\n<p>Las mujeres, atrapadas por una atracci&oacute;n morbosa fuera de toda l&oacute;gica, acomodaron sus cuerpos sobre la arena hasta hacer coincidir sus co&ntilde;os enfrentados, entrelazando sus piernas. Enredando sus rizos p&uacute;bicos, bes&aacute;ndose con sus humedecidos labios vaginales y frotando con placer sus cl&iacute;toris hasta caer rendidas en un majestuoso orgasmo, nacido en lo m&aacute;s perverso de sus morbosos cerebros y finalizado en un peque&ntilde;o punto indeterminado de su feminidad. La contracci&oacute;n muscular fue el preludio de un grito que acab&oacute; con las dos mujeres tumbadas y en estado de semi inconsciencia.<\/p>\n<p>*******<\/p>\n<p>Raphael tomaba el sol de mediod&iacute;a en pie tan solo cubierto por unas llamativas gafas Oakely de cristales azules algo m&aacute;s oscuro que el de sus ojos. Su fibrosa anatom&iacute;a parec&iacute;a estar siempre en tensi&oacute;n. Su musculatura, perfectamente definida, luc&iacute;a m&aacute;s y mejor ante la total falta de vello corporal. Incluso carec&iacute;a de vello p&uacute;bico haciendo que su miembro pareciese a&uacute;n mayor.<\/p>\n<p>A lo lejos, pod&iacute;a ver como el tr&iacute;o formado por Juan, Ana y Rosario iban camino de las dunas. Las mujeres cogidas por la cintura mientras el hombre, delante, parec&iacute;a estar impaciente por llegar. El holand&eacute;s sonri&oacute; ante la situaci&oacute;n mostrando una perfecta dentadura de dent&iacute;frico. Les record&oacute; apenas una hora antes, cuando manten&iacute;an una peque&ntilde;a org&iacute;a ajenos a su llegada. Se dirigi&oacute; en un perfecto ingl&eacute;s a Natalia para comentarle lo que hab&iacute;a visto.<\/p>\n<p>La abogada rio sin abrir los ojos y sigui&oacute; bronceando su cuerpo diez, trabajado con horas de spinning y zumba. El broker se gir&oacute; hacia su mujer y admir&oacute; su maravilloso f&iacute;sico. Sus largas piernas torneadas se un&iacute;an para enmarcar una preciosa V rasurada, su abdomen manten&iacute;a la firmeza y sus tetas, de tama&ntilde;o perfecto, ca&iacute;an levemente a ambos lados dada la postura. Haciendo que el precioso conjunto de pez&oacute;n-areola sonrosado pidiese a gritos un lamet&oacute;n. Raphael lanz&oacute; un piropo casi obsceno en ingl&eacute;s que Natalia repeli&oacute; levantando su cabeza y haciendo un moh&iacute;n de desaprobaci&oacute;n con su precioso rostro antes de gui&ntilde;arle un ojo y sacar la lengua para hacerle burla.<\/p>\n<p>Por la orilla y a&uacute;n vestidos ven&iacute;an cogidos de la mano, Anabel y Pedro. Ella divis&oacute; la figura del broker holand&eacute;s y llam&oacute; la atenci&oacute;n de su marido. Pedro tras examinar r&aacute;pidamente al &ldquo;maromo&rdquo;, se fij&oacute; en la acompa&ntilde;ante femenina. La chica de unos treinta a&ntilde;os estaba, ahora, sentada y beb&iacute;a directamente de una botella de agua en un gesto muy sensual. Su pelo corto y moreno le daban un aspecto incluso m&aacute;s joven a un rostro de perfil casi perfecto. Sus tetas, naturales, se ve&iacute;an muy deseables incluso a esa distancia.<\/p>\n<p>El matrimonio dio por buena la vecindad y se instalaron a escasos veinte metros de los otros. Se desvistieron sin prisas para no denotar nerviosismo pero sin pausa para no mostrar pasividad, ante unos vecinos que ya les observaban con cierto disimulo.<\/p>\n<p>La desnudez de los reci&eacute;n llegados era mucho m&aacute;s normal que la que exhib&iacute;an, el broker y la abogada, pero tambi&eacute;n muy agradable y excitante. A sus treinta y siete a&ntilde;os, Anabel a&uacute;n conservaba el bello rostro de mujer morena, algo rellenita pero muy bien proporcionada. Concentraba su mayor encanto en unas magn&iacute;ficas tetas. Sobre sus gruesos labios vaginales, una estrecha tira de vellos. Por su parte, Pedro, a punto de entrar en los cuarenta no destacaba especialmente por nada pero se conservaba bien. En conjunto ten&iacute;a un f&iacute;sico agradable y ah&iacute; radicaba su atractivo. Se podr&iacute;a decir que era &ldquo;simp&aacute;tico&rdquo;, ese eufemismo tan femenino para referirse a alguien que les atrae aunque no entre en los c&aacute;nones del t&iacute;o bueno.<\/p>\n<p>Ambas parejas se observaron disimuladamente durante una media hora, con constantes paseos y movimientos aparentemente inocentes pero con toda la intenci&oacute;n de mostrar sus encantos. Anabel decidi&oacute; ir a darse un ba&ntilde;o dejando solo a su marido en la toalla. Pocos minutos despu&eacute;s, Natalia, se puso en pie y se dirigi&oacute; hacia su vecino con pasos firmes pero pausados. Pedro la miraba deleit&aacute;ndose con el magn&iacute;fico cuerpo de la abogada y entendiendo este acercamiento como prueba de aceptaci&oacute;n:<\/p>\n<p>-Hola, &iquest;tienes fuego? &ndash;pregunt&oacute; la reci&eacute;n llegada con un cigarrillo en la mano.<\/p>\n<p>-S&iacute; claro. &ndash;Contest&oacute; el hombre que sentado hizo un escorzo para alcanzar una mochila.<\/p>\n<p>Natalia se arrodill&oacute; frente a &eacute;l. El sol recortaba la bella silueta de la abogada. Sus hombros ca&iacute;an suavemente, sus maravillosas tetas se manten&iacute;an firmes con unos preciosos pezones de fresa que apuntaban levemente hacia arriba. Su cuerpo se estrechaba perfectamente en la cintura y sus piernas, ahora juntas y dobladas, escond&iacute;an una magnifica vulva totalmente rasurada.<\/p>\n<p>Pedro ofreci&oacute; la llama de su mechero, sentado como estaba con las piernas cruzadas, su regazo era una especie de nido para su miembro en estado de semi erecci&oacute;n. La chica se inclin&oacute; con el cigarrillo entre los labios acerc&aacute;ndolo a la llama y apoy&oacute; su mano perfectamente cuidada en el muslo del hombre. Muy cerca de su ingle, haciendo que su polla cayese hacia ese lado rozando la mano levemente con su punta. Era toda una declaraci&oacute;n de intenciones por parte de la desconocida:<\/p>\n<p>-Perdona, no nos hemos presentado. Yo soy Natalia. &ndash;Volviendo a repetir el acto de inclinaci&oacute;n y apoyo pero esta vez para ofrecer su mejilla.<\/p>\n<p>-Yo soy Pedro. &ndash;Bes&oacute; el hombre a Natalia tom&aacute;ndola por los hombros.<\/p>\n<p>-&iquest;De vacaciones por aqu&iacute;? &ndash;Trat&oacute; la abogada de entablar conversaci&oacute;n.<\/p>\n<p>-Tan solo este fin de semana, por cambiar un poco de aires&hellip;<\/p>\n<p>-Nosotros tambi&eacute;n &ndash;se&ntilde;al&oacute; a su marido, Raphael, que permanec&iacute;a de pie cerca de la orilla mirando a Anabel nadar. &ndash;solemos terminar el &uacute;ltimo fin de semana de vacaciones aqu&iacute; para desestresarnos.<\/p>\n<p>La conversaci&oacute;n continu&oacute; esa l&iacute;nea amena aunque insustancial para romper el hielo y acercar distancias. Mientras, en la orilla, la nadadora y el &ldquo;voyeur&rdquo; tambi&eacute;n se hab&iacute;an presentado. A la chica, el broker le pareci&oacute; exageradamente guapo una vez que pudo verle de cerca. Los ojos azules, la mand&iacute;bula muy marcada, encuadraba un rostro anguloso. A &eacute;l, le pareci&oacute; excitante la belleza latina y sus morbosas imperfecciones. Sus bonitas piernas algo cortas daban paso a una sensual vulva coronada por un peinado a lo mohicano. Una barriguita un tanto descuidada no afeaba en nada el conjunto bien proporcionado de su cuerpo donde sus majestuosas tetas acaparaban toda la atenci&oacute;n y que la mujer no hab&iacute;a tenido reparos en rozar imp&uacute;dicamente contra el pecho imberbe de Raphael en los dos besos de presentaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Luego se unieron a sus parejas que segu&iacute;an hablando a unos metros de ellos. De inmediato surgi&oacute; una complicidad y entendimiento entre los cuatro. El broker y la abogada eran expertos en la materia. La otra pareja ten&iacute;a muy claro lo que iban buscando y lo acababan de encontrar. Entre bromas y risas por los ruidos que proven&iacute;an de detr&aacute;s de las dunas las dos parejas acordaron quedar para cenar antes de tumbarse todos al sol.<\/p>\n<p>*******<\/p>\n<p>Tras la duna, Juan estaba tumbado y siendo cabalgado por su mujer que parec&iacute;a haber tomado las riendas de aquella relaci&oacute;n a tres bandas. Ante la atenta mirada de Rosario que se masturbaba enterrando sus dedos en la frondosa mata de rizos negros viendo el espect&aacute;culo, Ana mov&iacute;a sus caderas salvajemente sobre la polla de su marido gritando y jadeando. La soltera, ofrec&iacute;a sus dedos al hombre para que se los lamiese antes de frotarlos por su cl&iacute;toris.<\/p>\n<p>Ana, en un estado de excitaci&oacute;n desconocido aceler&oacute; a&uacute;n m&aacute;s sus movimientos mientras volv&iacute;a a sentir un extra&ntilde;o placer morboso por aquella mujer que se hac&iacute;a un dedo junto a ellos:<\/p>\n<p>-&iquest;Quieres que le coma el co&ntilde;o? &ndash;Pregunt&oacute; a su marido pellizc&aacute;ndose uno de sus pezones mientras sent&iacute;a como este no pod&iacute;a aguantar m&aacute;s y se corr&iacute;a en el interior de sus entra&ntilde;as.<\/p>\n<p>El semen de Juan resbalaba por el interior de sus muslos cuando se fue a por Rosario, la bes&oacute; y la tumb&oacute; sobre la arena. Descendi&oacute; por su cuello, sus pechos, mordiendo los pezones y sigui&oacute; por su abdomen y su ombligo. La empleada de banca entregada a las delicadas caricias femeninas abri&oacute; sus piernas ofreci&eacute;ndole su jugoso y dilatado manjar.<\/p>\n<p>Ana, con delicadeza palp&oacute; por primera vez un sexo femenino. Acarici&oacute; con mimo aquellos rizos negros y separ&oacute; con cari&ntilde;o los labios. Inspir&oacute; con placer el penetrante aroma a sexo que desprend&iacute;a la rosada vagina de Rosario antes de lamer desde el perineo hasta el cl&iacute;toris con lujuria y arrancar un suspiro de la otra mujer. Introdujo dos dedos dentro y se dedic&oacute; a saborear el placer desconocido del sexo femenino. Masaje&oacute; y lami&oacute; son su lengua de fuego el cl&iacute;toris de Rosario hasta llevarla al &eacute;xtasis donde entr&oacute; con un desgarrador grito de pasi&oacute;n.<\/p>\n<p>Ante semejante espect&aacute;culo, Juan se hab&iacute;a colocado de rodillas junto a Ana, cerca de su cara. Se masturb&oacute; hasta lograr correrse de nuevo, esparciendo su leche entre la cara de su mujer y la zona p&eacute;lvica de Rosario. Ana no le hizo ascos y limpi&oacute; los restos de su marido.<\/p>\n<p>***********<\/p>\n<p>Ricardo tumbado de medio lado en la toalla, le&iacute;a un ejemplar de bolsillo de Ella cuando le vio llegar. Con un peque&ntilde;o carraspeo a modo de c&oacute;digo, llam&oacute; la atenci&oacute;n de Susana que tumbada boca arriba aprovechaba el sol de la tarde. Sus impresionantes pechos operados siguieron desafiando a la gravedad cuando se incorpor&oacute; para observar. Su melena rubia, a&uacute;n mojada, qued&oacute; sensualmente sobre su bello rostro de facciones n&oacute;rdicas y mirada gris.<\/p>\n<p>Cerca de ellos hab&iacute;a decidido parar un chico joven, de unos veintiocho a&ntilde;os, negro. Su espectacular f&iacute;sico de metro noventa delataba su pasi&oacute;n por surfear y haciendo honor a su raza calzaba un considerable miembro. Tras dejar su toalla en la fina arena, se dispuso a hacer unos ejercicios de estiramientos m&aacute;s propios de un exhibicionista que de un nadador. Sin duda, se vend&iacute;a muy bien. La pareja vecina, se mir&oacute; en un gesto de aprobaci&oacute;n y con la sensaci&oacute;n de ser ellos los elegidos en vez de los electores.<\/p>\n<p>Tras unos veinte minutos de largos estilo crol, el joven Patrick, sali&oacute; del agua en direcci&oacute;n a la arena. Paseaba con elegancia su ancha espalda delimitada por unos poderosos hombros. Su musculatura, ahora cubierta por cientos de gotitas de agua, estaba perfectamente definida. Pectorales, abdominales, piernas y gl&uacute;teos parec&iacute;an cincelados en m&aacute;rmol. En su rostro, sobresal&iacute;an unos p&oacute;mulos marcados y unos labios carnosos, adem&aacute;s de una preciosa mirada verde.<\/p>\n<p>El desfile de aquel adonis de &eacute;bano fue seguido por Susana, que no dej&oacute; de mirarle con media sonrisa lujuriosa ni cuando sus miradas se cruzaron a escasos diez metros oblig&aacute;ndoles a un leve saludo de cortes&iacute;a. La mujer se untaba crema protectora en su fina piel blanca con especial atenci&oacute;n a sus tetas, mientras Ricardo, su pareja, permanec&iacute;a disimuladamente alejado, de pie hablando por tel&eacute;fono m&oacute;vil.<\/p>\n<p>Una vez finalizada la conversaci&oacute;n, se acerc&oacute; a Susana y se ofreci&oacute; a untar la crema por su espalda. La rubia, ahora de pie, segu&iacute;a mirando al joven surfista mientras su pareja la masajeaba desde sus hombros hasta su culo, donde se entretuvo antes de recorrer la raja y acabar meti&eacute;ndole un dedo en el ano al tiempo que besaba su cuello. La mujer cerr&oacute; los ojos y tir&oacute; la cabeza hacia atr&aacute;s suspirando a modo de satisfacci&oacute;n.<\/p>\n<p>El joven franc&eacute;s no perdi&oacute; detalle del espect&aacute;culo que le ofrec&iacute;an y tras dar una calada al cigarro de marihuana que se estaba fumando abri&oacute; las piernas en direcci&oacute;n a la pareja mostrando los efectos que provocaban sus juegos en su tremenda anatom&iacute;a.<\/p>\n<p>Hotel.<\/p>\n<p>A finales de temporada, la ocupaci&oacute;n del hotel era m&iacute;nima. As&iacute; que ese &uacute;ltimo fin de semana de vacaciones, el comedor a la hora de la cena estaba menos concurrido que en pleno mes de agosto. Distribuidos en cinco mesas com&iacute;an todos los hu&eacute;spedes.<\/p>\n<p>Cerca de la puerta, discretamente situada en una esquina, estaba Rosario, la retra&iacute;da empleada de banca. Meditaba la propuesta de seguir la fiesta playera en la habitaci&oacute;n. Levantaba su copa de Rioja en respuesta al saludo que le brindaba, desde el otro lado del comedor, el matrimonio que formaban Ana y Juan. &Eacute;l entregado a la desconocida actitud sexual mostrada por su mujer. Ella satisfecha por el paso dado y sabedora que nada volver&iacute;a a ser lo mismo.<\/p>\n<p>En la misma pared que Rosario, Patrick velaba armas. En su caso no meditaba nada, se dedicaba a disfrutar de una cena antes de subir a la habitaci&oacute;n y satisfacer como mejor sab&iacute;a a otra pareja deseosa de sexo sin compromiso. Al fondo del comedor, alejados del surfero franc&eacute;s y sin prestarle atenci&oacute;n, beb&iacute;an champagne entre cari&ntilde;osos arrumacos, Ricardo elegantemente vestido con traje y corbata y su pelo plateado peinado hacia atr&aacute;s. Pasaba por un playboy cincuent&oacute;n de la Costa Azul. Junto a &eacute;l y vestida para una fiesta, Susana, con un espectacular traje rojo de espalda descubierta y generoso escote que se le ajustaba al cuerpo delatando unas medidas perfectas de Barbie. Su melena rubia recogida en un mo&ntilde;o dejaba ver unos pendientes de brillantes regalo de Ricardo para la ocasi&oacute;n.<\/p>\n<p>Entre besos, &eacute;l le dec&iacute;a comentarios obscenos al o&iacute;do deseoso de ver el espect&aacute;culo que le brindar&iacute;a su amante. Ella re&iacute;a discretamente, cerrando los ojos y tirando la cabeza hacia atr&aacute;s en un gesto suyo muy caracter&iacute;stico, ansiosa por poner a prueba la capacidad de su &ldquo;contrincante&rdquo; dado su nivel de exigencia.<\/p>\n<p>Justo en el centro del comedor, la mesa mayor era ocupada por las dos parejas restantes. Enfrentadas entre s&iacute; los dos matrimonios, Pedro contaba divertidas an&eacute;cdotas para combatir el nerviosismo. Pese a ser una fantas&iacute;a de ambos y hablada muchas veces, el momento de la verdad se acercaba y el pellizco en el est&oacute;mago era inevitable.<\/p>\n<p>Natalia re&iacute;a abiertamente y tumbaba su cuerpo hacia Pedro apoy&aacute;ndose en su hombro, ofreci&eacute;ndole complicidad. Ante esto, Anabel se sent&iacute;a un tanto descolocada y la sensaci&oacute;n de no saber qu&eacute; hacer moment&aacute;neamente con sus manos tomaba su copa de Rioja y beb&iacute;a. Raphael la miraba con media sonrisa y tras rellenarle la copa le acariciaba cari&ntilde;osamente la espalda, desde los hombros hasta el mismo gl&uacute;teo para luego hacer perder su mano bajo la mesa. All&iacute; presionaba levemente su muslo, cerca de la ingle sin dejar de sonre&iacute;rle y mirarla con sus impresionantes ojos azules:<\/p>\n<p>-&iquest;Est&aacute;s bien? &ndash;Se preocupaba el holand&eacute;s con una sensual voz grave.<\/p>\n<p>Todo esto hac&iacute;a que Ana sintiese una extra&ntilde;a sensaci&oacute;n de ardor que nac&iacute;a en su est&oacute;mago y se propagara por todo su cuerpo haciendo que en su cerebro apareciesen im&aacute;genes sexuales con Raphael y una agradable sensaci&oacute;n de humedad en su co&ntilde;o.<\/p>\n<p>********<\/p>\n<p>Definitivamente estaba all&iacute;, frente a la puerta n&ordm; 3. A&uacute;n una &uacute;ltima duda asalt&oacute; su cerebro antes de llamar, pero decidi&oacute; cruzar cuando la puerta se abri&oacute;.<\/p>\n<p>Accedi&oacute; a una habitaci&oacute;n en penumbra que se cerr&oacute; tras ella. Solo hab&iacute;a avanzado unos pasos cuando se sinti&oacute; asaltada desde atr&aacute;s. Las manos de Ana agarraron sus tetas antes de que su aliento se posase c&aacute;lido en su cuello. Not&oacute; como pegaba su cuerpo desnudo al suyo, presionando contra su espalda las grandes tetas. Avanzaron juntas hasta la cama donde estaba Juan desnudo, masajeando su polla erecta:<\/p>\n<p>-Hola &ndash;fue el escueto saludo de Rosario.<\/p>\n<p>-Sab&iacute;amos que vendr&iacute;as.<\/p>\n<p>Contest&oacute; el hombre que se dispuso a ver como su mujer desnudaba a la reci&eacute;n llegada. Entre besos y achuchones, Ana despoj&oacute; de la ropa a su invitada. Las dos mujeres desnudas se besaban apasionadamente al tiempo que no dejaban de tocarse. Ana acariciaba el peludo co&ntilde;o de Rosario, &eacute;sta agarraba y dejaba sus dedos marcados en una de las nalgas de la otra. Sus tetas se apretaban unas contra otras provocando una agradable fricci&oacute;n entre sus pezones.<\/p>\n<p>De repente pararon y fueron gateando sobre la cama, se colocaron a cada lado de Juan y comenzaron una mamada a dos bocas altern&aacute;ndose la polla del marido de Ana que disfrutaba de la visi&oacute;n tanto como del sexo oral.<\/p>\n<p>En la habitaci&oacute;n n&ordm; 10, Patrick acompa&ntilde;aba a la elegante pareja que formaban Ricardo y Susana. Tras abrir la puerta, el mayor cedi&oacute; el paso a sus acompa&ntilde;antes. Primero entr&oacute; Susana con paso firme y decidido lo que hizo que su culo se moviera sensualmente. Despu&eacute;s de ella, el joven surfero franc&eacute;s no perd&iacute;a ojo del escultural cuerpo que le anteced&iacute;a embutido en el ajustado vestido de gala rojo. Dejaba la espalda desnuda, justo por encima del culo donde un tatuaje que anunciaba NO LIMITS, hac&iacute;a de barrera entre lo visible y lo invisible. Ricardo fue el &uacute;ltimo en entrar y cerr&oacute; la puerta tras &eacute;l.<\/p>\n<p>Afloj&oacute; el nudo de su corbata y se desabroch&oacute; el bot&oacute;n del cuello de su camisa. El hilo musical era lo &uacute;nico que acompa&ntilde;aba a sus movimientos en aquella habitaci&oacute;n. Todos actuaban como si hubiesen ensayado, aunque ni siquiera hab&iacute;an hablado despu&eacute;s de cenar. Tan solo una mirada les sirvi&oacute; para comunicarse. Los tres eran expertos en estas situaciones, de manera que cada uno fue ocupando su lugar.<\/p>\n<p>Patrick se deshizo de su camiseta mostrando su escultural torso, qued&aacute;ndose tan solo con un amplio pantal&oacute;n pirata. Se tumb&oacute; en la cama apoy&aacute;ndose en el cabecero. En un rinc&oacute;n junto a la ventana, sentado en una amplia butaca, Ricardo se hab&iacute;a servido una copa de brandy y se hab&iacute;a encendido un puro impregnando toda la habitaci&oacute;n con el penetrante olor. Luego con un mando a distancia manipul&oacute; el aire acondicionado y seleccion&oacute; otra banda sonora para aquel momento.<\/p>\n<p>A los pies de la cama qued&oacute; Susana, a escasos dos metros de su pareja. El ambiente se carg&oacute; de tensi&oacute;n sexual con los primeros sones de Marvin Gaye y su Sexual Healling. La secretaria comenz&oacute; a excitarse ante la situaci&oacute;n de que su amante Ricardo la compartiese con un impresionante surfista al que acababan de conocer bastante m&aacute;s joven que &eacute;l. Adem&aacute;s el morbo a&ntilde;adido para su libido femenino que el joven fuera negro, en su caso ser&iacute;a el primer contacto con la raza.<\/p>\n<p>Con todos esos ingredientes, la secretaria de Ricardo se llev&oacute; las manos a la nuca para desanudar su vestido. Con sensuales movimientos fue descubriendo su espectacular anatom&iacute;a. Ante las lascivas miradas de su pareja, Susana qued&oacute; frente a Patrick, tan solo vestida con un maravilloso tanga de encaje negro que cubr&iacute;a su rasurado sexo y unos tacones de aguja. Luego con su mano derecha deshizo el mo&ntilde;o que atrapaba su melena y esta cay&oacute; liberada sobre sus hombros tapando los pendientes de brillantes que a&uacute;n conservaba.<\/p>\n<p>El joven surfero sonre&iacute;a con lujuria cuando la chica comenz&oacute; a avanzar hacia &eacute;l. Su miembro erecto apenas se disimulaba bajo su pantal&oacute;n. Susana se coloc&oacute; a horcajadas sobre su montura. Sus cuerpos se tocaron provoc&aacute;ndoles un escalofr&iacute;o. Las manos negras del chico recorr&iacute;an la piel nacarada de la mujer. Acariciaba cada cent&iacute;metro de aquel cuerpo. Leyendo con sus dedos cada pliegue, desde los hombros, descendiendo hasta sus senos firmes y turgentes, ajust&aacute;ndose con delicadeza a la cintura para acabar rodeando cada gl&uacute;teo antes de apretarlos con deseo. Ella restregaba su sexo ardiente por el abultado regazo de Patrick, agarrada a su pecho descendi&oacute; con sus manos por su torso hasta su abdomen, delimitando con sus dedos cada uno de sus bien definidos m&uacute;sculos. Sus miradas se cruzaron antes que sus bocas se encontrasen en un h&uacute;medo beso.<\/p>\n<p>Ricardo, presenciaba excitado el espect&aacute;culo de su amante con un desconocido. Ve&iacute;a como aquel maravilloso culo blanco, que tantas veces hab&iacute;a disfrutado ahora era amasado y profanado por unos poderosos dedos negros. Aquellas impresionantes tetas que tanto placer le produc&iacute;an estaban siendo disfrutadas por aquel presuntuoso joven. Y aquellos carnosos labios que tantas veces hab&iacute;a recorrido su sexo ahora estaban siendo devorados por la gran boca de aquel surfero.<\/p>\n<p>Ricardo comenz&oacute; a sacarse la polla, que reaccionaba a aquella fantas&iacute;a de ver como un completo desconocido disfrutaba de su amante. Susana acomod&oacute; su cuerpo para poder acceder a la entrepierna de Patrick y liberar el tremiendo miembro del franc&eacute;s. La mujer rio nerviosa al tocar el impresionante falo mirando a los ojos verdes del surfero. El chico retir&oacute; el tanga dejando libre la vagina de Susana, quien con su mano coloc&oacute; la polla en la entrada y poco a poco fue descendiendo. Patrick la sujetaba por la cintura tratando de encajarla, la secretaria comenz&oacute; con un suspiro morboso a medida que notaba como se abr&iacute;a paso aquella serpiente en el interior de su confortable cueva, para terminar con un grito de placer cuando su co&ntilde;o engull&oacute; la enorme polla.<\/p>\n<p>En su caracter&iacute;stico gesto de satisfacci&oacute;n, la mujer cerr&oacute; los ojos y ech&oacute; su cabeza hacia atr&aacute;s, ofreciendo al galo su esbelto cuello y maravilloso busto que el joven no dud&oacute; en disfrutar. Lami&oacute; con lujurioso placer desde su barbilla hasta sus pezones, humedeciendo con su saliva caliente una de las zonas m&aacute;s er&oacute;genas de Susana.<\/p>\n<p>Desde atr&aacute;s, Ricardo disfrutaba de la visi&oacute;n de ver a su pareja pose&iacute;da por otro amante. Dio un sorbo a su copa de brandy y una calada a su puro al tiempo que Susana comenzaba a cabalgar a Patrick.<\/p>\n<p>En la habitaci&oacute;n n&ordm; 8, el intercambio de parejas se lleva a cabo al ritmo acordado. Raphael y Anabel reposan en la cama. Ella recibiendo las caricias del holand&eacute;s que disfrutaba sin prisas la situaci&oacute;n. Poco a poco iba dejando desnuda a la espa&ntilde;ola y ahora recorr&iacute;a a besos la imperfecta belleza morbosa del cuerpo de aquella mujer. Por otro lado, Natalia y Pedro permanec&iacute;an de pie comi&eacute;ndose a besos con sus torsos desnudos al final de la habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>La abogada, mucho m&aacute;s activa que su mujer, tomaba la iniciativa. Se arrodill&oacute; ante &eacute;l y baj&oacute; de un tir&oacute;n sus pantalones. Pedro apoyado en la pared observaba a Natalia como masajeaba su polla antes de ofrecerle su c&aacute;lida boca sin dejar de mirarle. La mujer mov&iacute;a lentamente su cabeza a lo largo de su miembro al tiempo que se acompa&ntilde;aba de su mano para masturbarlo.<\/p>\n<p>Delante de ellos, Anabel tumbada boca arriba en la cama, abr&iacute;a las piernas y presionaba al cabeza del holand&eacute;s contra su co&ntilde;o. Raphael, arrodillado dej&oacute; ver a Pedro una majestuosa espalda en forma de V muy bronceada y un culo que asomaba por encima de un pantal&oacute;n que a&uacute;n permanec&iacute;a en su sitio. Se empleaba a fondo en el sexo oral. Utilizaba la lengua para separar los labios vaginales y penetrarla mientras siente como la final tira de pelos roza su nariz.<\/p>\n<p>La mujer notaba la lengua de aquel desconocido recorriendo cada pliegue de su co&ntilde;o hasta llegar a su cl&iacute;toris, donde se entretiene mordi&eacute;ndolo suavemente. Levanta la cabeza y puede ver a su marido de pie disfrutando de la mamada de otra mujer y no puede controlar que aquella situaci&oacute;n morbosa degenere en un sonoro orgasmo.<\/p>\n<p>Por su parte, la idea de que un desconocido le haya dado una comida a su mujer llev&aacute;ndola al &eacute;xtasis provoca en Pedro una excitaci&oacute;n sin igual y agarrando la cabeza de Natalia le marca un mayor ritmo en la felaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Raphael, aprovecha la relajaci&oacute;n de Anabel para subirse sobre ella y, ahora s&iacute;, sin pantalones penetrarla con su gran polla. La mujer, notando que el grosor era mayor que el de su marido, abraz&oacute; al br&oacute;ker rode&aacute;ndolo con sus piernas para sentirlo m&aacute;s adentro. El holand&eacute;s se esfuerza en el mete-saca, aumentando el golpe de cadera, arrancando gritos de placer en la mujer de Pedro. &Eacute;ste no puede aguantar m&aacute;s y sin previo aviso eyacula gran cantidad de semen en la boca de Natalia que no hace nada por evitarlo y traga como una profesional.<\/p>\n<p>Desde arriba llegaron los sonidos de la org&iacute;a de la pareja de la habitaci&oacute;n n&uacute;mero 3. Donde Ana disfrutaba del sexo oral que le estaba dando Rosario mientras disfrutaba de la visi&oacute;n de su marido penetrando a la desconocida.<\/p>\n<p>Ana, tumbada en la cama, amasaba sus tetas encantada con la experiencia de tener a una mujer entre sus piernas. Rosario sab&iacute;a d&oacute;nde tocar, con que intensidad, durante cu&aacute;nto tiempo. La morena, entregada, saboreaba golosa el flujo vaginal de aquella mujer mientras recib&iacute;a placenteras embestidas del marido de &eacute;sta. Juan agarraba a Rosario por las caderas y la penetraba con ganas, sin descanso, con una excitaci&oacute;n jam&aacute;s conocida al tiempo que se deleitaba con los gemidos y gritos de la mujer.<\/p>\n<p>Cuando la tensi&oacute;n parec&iacute;a imposible de contener los tres explotaron en un tremendo orgasmo. El hombre eyacul&oacute; en el co&ntilde;o de Rosario y cay&oacute; derrotado cuando sus piernas flaquearon. La mujer aprovech&oacute; el semen para lubricarse los dedos y terminar as&iacute; una paja que la transport&oacute; a su pubertad y sus primeros orgasmos. Ana oyendo a su marido correrse dentro de Rosario no soport&oacute; m&aacute;s la lengua de &eacute;sta sobre su cl&iacute;toris y grit&oacute; con fuerza el placer que hab&iacute;a sentido.<\/p>\n<p>Los desconocidos durmieron sobre la misma cama entrelazando sus cuerpos desnudos, rozando sus sexos calientes sin m&aacute;s preocupaci&oacute;n que el placer.<\/p>\n<p>En la habitaci&oacute;n n&uacute;mero 10, el ambiente estaba inundado por el cargante olor del puro que fumaba Ricardo. Susana yac&iacute;a boca arriba tratando de agarrar a su amante mientras &eacute;ste le incrustaba la tremenda verga hasta lo m&aacute;s profundo de su ser.<\/p>\n<p>El franc&eacute;s, cuyo aguante no parec&iacute;a tener l&iacute;mites, se empleaba a fondo y notaba como la mujer entrelazaba las piernas a su espalda. Ara&ntilde;aba sin compasi&oacute;n su cuerpo con cada embestida mientras le ped&iacute;a a gritos que le diera m&aacute;s fuerte apretando sus m&uacute;sculos vaginales. Susana es embargada por el morboso placer de ser observada por su amante mientras un desconocido le part&iacute;a el co&ntilde;o.<\/p>\n<p>Ricardo, se deleitaba con el cuerpo de Patrick mientras percut&iacute;a incesantemente sobre su amante. Despu&eacute;s de apurar su tercera copa de brandy pide a Susana que le haga una felaci&oacute;n. Sol&iacute;cita, la secretaria, se zaf&oacute; del surfista y se coloc&oacute; a cuatro patas al filo de la cama. Su amante, de pie frente a ella se coloc&oacute; el puro en la boca y acerc&oacute; su miembro erecto a la cara de su pareja. Sin dudarlo y en una actitud sumisa, Susana engull&oacute; la gruesa polla de su amante hasta hacer tocar su nariz con los blancos vellos p&uacute;bicos del empresario. Ricardo suspir&oacute; de placer antes de hacer se&ntilde;as al franc&eacute;s.<\/p>\n<p>El joven, con sonrisa lasciva, entiende perfectamente la petici&oacute;n del viejo. Lami&oacute; el ano de la mujer antes de colocarse en situaci&oacute;n ventajosa para sodomizarla. Susana deseosa de aquel final, relaj&oacute; su esf&iacute;nter para dar cabida al ariete negro. Con un poco de trabajo y algunas quejas de dolor, Patrick logr&oacute; penetrar el culo de Susana mientras Ricardo disfrutaba de la mamada. El surfero era quien marcaba el ritmo desde atr&aacute;s acelerando a su antojo. La mujer entraba en &eacute;xtasis sinti&eacute;ndose utilizada por su amante mayor y un desconocido mucho menor.<\/p>\n<p>El empresario cincuent&oacute;n fue el primero que se rindi&oacute; a la situaci&oacute;n. Sacando la polla de la boca de Susana, la abofete&oacute; un par de veces:<\/p>\n<p>-Eres una zorra &ndash;la defini&oacute; morbosamente &ndash;y te lo vas a tragar todo. &ndash;Le inform&oacute;.<\/p>\n<p>El hombre se masturb&oacute; violentamente frente a ella mientras Patrick le daba por culo sin compasi&oacute;n. Eyacul&oacute; una gran cantidad en la preciosa cara de Susana que, con la boca abierta, sent&iacute;a el calor del semen impactar contra sus mejillas aun con los dedos marcados. Adem&aacute;s comenz&oacute; a notar la polla del joven franc&eacute;s latir en su esf&iacute;nter segundos antes de que se le inundara el ano produciendo un morboso sonido acuoso con cada embestida del hombre que le tiraba del pelo mientras resoplaba por el esfuerzo.<\/p>\n<p>Ricardo, derrumbado en el sill&oacute;n, sonre&iacute;a con satisfacci&oacute;n mientras los &uacute;ltimos espasmos de su polla escup&iacute;an peque&ntilde;os hilos de semen que manchaban de blanco el pantal&oacute;n de su traje. Patrick, desincrust&oacute; su miembro del ano de la secretaria dejando un considerable hueco enrojecido, luego se tumb&oacute; exhausto en la cama de la pareja. A Susana, que a duras penas hab&iacute;a soportado el castigo, le temblaban las piernas y se dej&oacute; caer sobre el colch&oacute;n. Sent&iacute;a latir su esf&iacute;nter anal luchando por volver a una dimensi&oacute;n normal. El escozor y el ardor del semen sali&eacute;ndose le provocaban una sensaci&oacute;n entre el morbo y el dolor. Su cara, aun manchada de leche, estaba acalorada. Pens&oacute; que durante los pr&oacute;ximos tres d&iacute;as le doler&iacute;a el culo al ir al ba&ntilde;o. Una sonrisa maliciosa se dibuj&oacute; en sus labios mientras miraba a Ricardo.<\/p>\n<p>En la habitaci&oacute;n n&uacute;mero 8, Pedro sentado y apoyado en el cabecero de la cama disfrutaba del cuerpo de Natalia. La abogada, sentada sobre su polla. Sub&iacute;a y bajaba a un ritmo pausado, disfrutando de una penetraci&oacute;n lenta pero profunda. La pareja se besaba apasionadamente. La mujer agarrada a la nuca el hombre, &eacute;l recorriendo el bello cuerpo de ella para acabar agarrando sus tetas, pellizc&aacute;ndole los pezones antes de com&eacute;rselos.<\/p>\n<p>De pie, junto a la pared al fondo de la habitaci&oacute;n, Raphael sosten&iacute;a en vilo a Anabel. Sus poderosos brazos sujetaban las piernas de la mujer mientras la penetraba con fuerza empotr&aacute;ndola contra la pared. Ella gritaba de placer y mord&iacute;a el cuello de &eacute;l, quien aceleraba las embestidas llev&aacute;ndola a un nivel desconocido. La mujer respond&iacute;a clav&aacute;ndole las u&ntilde;as en la bronceada espalda de Raphael.<\/p>\n<p>En la cama, Pedro estaba a punto de correrse cuando Natalia par&oacute; en seco y mordi&oacute; los labios del hombre. Le mir&oacute; fijamente a los ojos y llev&oacute; dos dedos a su boca. El hombre los lami&oacute; con ansias, luego es ella la que los chupa. A continuaci&oacute;n los llev&oacute; a su culo donde masaje&oacute; su ano.<\/p>\n<p>La abogada levant&oacute; su cuerpo y con la mano llev&oacute; el miembro de Pedro hasta la entrada de su esf&iacute;nter. Es m&aacute;s peque&ntilde;a que la de su marido, as&iacute; la penetraci&oacute;n es m&aacute;s f&aacute;cil. El hombre notaba la presi&oacute;n de su glande contra el ano, Natalia hizo un poco de fuerza hacia abajo facilitando que el capullo traspasase el tenso anillo. Un grito de placer de ambos fue el preludio de la profunda penetraci&oacute;n.<\/p>\n<p>El hombre en estado de &eacute;xtasis trat&oacute; de acelerar todo. La mujer notando cada cent&iacute;metro de pene avanzar en su recto suspiraba profundamente cuando la not&oacute; entera dentro. Comenz&oacute; un movimiento de sube-baja sobre la verga de aquel morboso desconocido que trataba de moverse de manera torpe.<\/p>\n<p>Ella cogi&oacute; un ritmo placentero en la penetraci&oacute;n y se separ&oacute; haciendo un hueco entre los cuerpos donde meter su mano y masturbarse. Apoyada con una mano en el hombro de Pedro y con la otra haci&eacute;ndose una paja, aceler&oacute; el ritmo de su cadera hasta llegar a un sonoro orgasmo. El hombre ansioso por ser &eacute;l quien marcase el ritmo logr&oacute; tumbar a Natalia sin salir de su interior. Ahora s&iacute; est&aacute; sobre ella. Con las piernas levantadas y abiertas, la abogada estaba entregada a la voluntad del desconocido, que le daba por culo hasta eyacular en el interior de su ano gran cantidad de semen caliente y viscoso.<\/p>\n<p>A la abogada se le escaparon un par de l&aacute;grimas por el &uacute;ltimo ataque pero la sonrisa en su cara delataba su satisfacci&oacute;n. Pedro, rendido levant&oacute; la cabeza y vio como Raphael sujetaba por las caderas a su mujer que estaba inclinada y apoyada sobre un mueble vi&eacute;ndose reflejada en el espejo.<\/p>\n<p>El br&oacute;ker holand&eacute;s no ten&iacute;a piedad y le met&iacute;a con fuerzas sus m&aacute;s de veinte cent&iacute;metros mientras la agarraba con sus manos las maravillosas tetas de Anabel. La mujer estaba fuera de s&iacute; siendo follada con violencia por aquel desconocido del que pod&iacute;a ver reflejada, en el espejo, su magn&iacute;fica musculatura en tensi&oacute;n. Justo detr&aacute;s de &eacute;l asomaban las piernas de Natalia que estaba siendo sodomizada por su marido. Anabel exigi&oacute; a Raphael que le diera m&aacute;s fuerte.<\/p>\n<p>El br&oacute;ker acatando la orden solt&oacute; las tetas para dar un gran cachetazo en el culo antes de introducirle un dedo en el ano y percutir con m&aacute;s fuerza. Esto es insoportable para la mujer que termina acarici&aacute;ndose el cl&iacute;toris hasta el &eacute;xtasis. Sus fuerzas flaqueaban y sus piernas flojean imposibles de sostenerla. Ya tan solo se sujeta de la polla y las manos del holand&eacute;s antes de llegar al orgasmo e inundar su jugosa vagina de fluidos de ambos.<\/p>\n<p>La fotograf&iacute;a final la componen, Natalia boca arriba en la cama. Sobre ella reposa Pedro, ambos sudorosos y exhaustos. Raphael sentado en el suelo a los pies de la cama y Anabel derrotada de rodillas e inclinada hacia delante ofreci&eacute;ndole al holand&eacute;s una magnifica visi&oacute;n de su culo y su vagina totalmente expuestos.<\/p>\n<p>********<\/p>\n<p>A la ma&ntilde;ana siguiente, como si no hubiese pasado nada. Como ni siquiera se conociesen de nada, cada hu&eacute;sped abandon&oacute; el hotel. Nunca m&aacute;s se volver&iacute;an a ver en sus vidas pero siempre les quedar&iacute;a el dulce recuerdo de lo que sucedi&oacute; en este hotel.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 24<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Vacaciones. &ldquo;Si haces siempre lo que siempre has hecho nunca llegar&aacute;s m&aacute;s lejos de lo que siempre has llegado.&rdquo; Este fue el contundente whatsapp que Rosario recibi&oacute; en su m&oacute;vil mientras desayunaba tranquilamente en la cafeter&iacute;a de siempre por &uacute;ltima vez ante de irse de vacaciones. 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