{"id":26625,"date":"2020-11-12T23:56:39","date_gmt":"2020-11-12T23:56:39","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-11-12T23:56:39","modified_gmt":"2020-11-12T23:56:39","slug":"paisaje-urbano-con-mancha","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/paisaje-urbano-con-mancha\/","title":{"rendered":"Paisaje urbano con mancha"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"26625\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 3<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Un d&iacute;a fui al estudio de Sara. Ella me hab&iacute;a invitado varias veces, pero, hasta ese d&iacute;a, no se me hab&iacute;a ocurrido acudir a sus citas. Su estudio estaba en una c&eacute;ntrica calle de la ciudad. Sara no viv&iacute;a all&iacute;, s&oacute;lo trabajaba, pintaba. Puls&eacute; el bot&oacute;n del porterillo y enseguida o&iacute; su voz: &quot;&iquest;Qui&eacute;n? &quot;Hola, soy yo, Carlos&quot;, respond&iacute;, y, tras un zumbido, el portal se abri&oacute;. Sub&iacute; a la segunda planta. En el rellano vi que una puerta estaba entreabierta; supuse que era la del estudio de Sara y entr&eacute;.<\/p>\n<p>Avanc&eacute; por un peque&ntilde;o recibidor hasta llegar a una habitaci&oacute;n m&aacute;s amplia. Descubr&iacute; a Sara entre todo aquel desorden. Ella, de espaldas a mi, se afanaba en un cuadro. Me acerqu&eacute;. El cuadro era un paisaje urbano. El estilo era muy peculiar por la manera en que las formas se difuminaban y el enorme colorido, estridente. &quot;No s&eacute;, le falta algo, el cielo&#8230;, no&#8230;&quot;, dec&iacute;a Sara, a&uacute;n sin mirarme, como para s&iacute;. &quot;Yo lo veo muy bien&quot;, coment&eacute;. Sara se gir&oacute; en su taburete. Sara era baja de estatura, de cintura fina, caderas anchas, pechos floridos, culo carnoso y redondo, y muy guapa; su media melena resaltaba la suavidad de su armonioso semblante. &quot;No, le falta algo&quot;, insisti&oacute; Sara; &quot;Pues, no s&eacute;&#8230;&quot;, dije dubitativo. Ella me mir&oacute;, fijamente, desde abajo; su rostro, a la altura de mis muslos, era misterioso: contorsionaba los labios y miraba de soslayo el pincel que todav&iacute;a portaba en una mano. Tir&oacute; el pincel al suelo. &quot;Carlos, &iquest;tienes ganas?&quot;, me pregunt&oacute;; &quot;&iquest;De qu&eacute;?&quot;, pregunt&eacute; a mi vez; &quot;&iexcl;De qu&eacute; va a ser, de sexo!&quot;, exclam&oacute;; &quot;Chica, yo&#8230;&quot;.<\/p>\n<p>En un visto o no visto, Sara abri&oacute; la porta&ntilde;uela de mi pantal&oacute;n, sac&oacute; mi polla y se la meti&oacute; en la boca; sus labios avanzaron sobre el tronco, luego retrocedieron: bes&oacute; y lami&oacute; el glande; prepucio y frenillo fueron convenientemente chupados; luego la tarea le result&oacute; c&oacute;moda, pues mi polla hab&iacute;a crecido lo suficiente. &quot;Oh, Sara, me corro&quot;, avis&eacute; entre espasmos; &quot;C&oacute;rrete&quot;, susurr&oacute; Sara, sacando la polla de su boca un par de segundos. Y continu&oacute;. &quot;Oh, Sara, oh&quot;, exhal&eacute;, y vert&iacute; el semen. Sara, r&aacute;pidamente, gir&oacute; su taburete, apunt&oacute; con su barbilla al cuadro y escupi&oacute;: mi semen cay&oacute; en el lienzo, lo manch&oacute;, un chorro, sobre el cielo. Y all&iacute; qued&oacute;.<\/p>\n<p>&quot;Me encantan tus cuadros, Sara&quot;, dijo el jefe de la sala de la exposici&oacute;n, &quot;sobre todo, &eacute;ste, este paisaje urbano, qu&eacute; colorido, qu&eacute; formas&#8230;, ese cielo, &iquest;qu&eacute; color es ese que domina el centro?, desde luego, dominas la paleta a la perfecci&oacute;n, Sara, eres una genia&quot;.<\/p>\n<p>&quot;Carlos, levanta&quot;, dijo Teresa; &quot;Voy, voy Teresa&quot;. El desayuno estaba puesto en la mesa de la cocina. Teresa, su esposa, le esperaba. &quot;&iquest;Los ni&ntilde;os?&quot;, pregunt&oacute; Carlos; &quot;Ya se han ido&quot;. Bebieron zumo, caf&eacute;; comieron tostadas con mantequilla y mermelada&#8230; &quot;Carlos, hacemos poco el amor&quot;, se quej&oacute; Teresa, &quot;&iquest;quieres, ahora?&quot;; &quot;No, no, debo irme a trabajar&quot;. En realidad, Carlos s&iacute; quer&iacute;a, pero oler el aliento de Teresa por la ma&ntilde;ana, qu&eacute; mujer, pod&iacute;a al menos lavarse los dientes; morder los pechos de Teresa, tan blandos; meter su polla en el co&ntilde;o de Teresa, tan peludo. &quot;Esta noche, Teresa, te lo prometo&quot;; &quot;Vale, Carlos, esta noche, despu&eacute;s de que vayamos a una exposici&oacute;n&quot;; &quot;&iquest;Qu&eacute; exposici&oacute;n?&quot;; &quot;Una&#8230;, se trata de una joven pintora, Sara Bernal, tengo ganas de comprar un buen cuadro, y esta pintora&#8230;, &iexcl;mira el cat&aacute;logo!&quot;. S&oacute;lo o&iacute;r el nombre, Sara Bernal, a Carlos le hizo sentir un escalofr&iacute;o, sin embargo ver la foto del cuadro con su semen le hel&oacute;. &quot;Bien, iremos&quot;, dijo Carlos.<\/p>\n<p>Por la noche, Teresa y Carlos fueron a la sala de exposici&oacute;n. La autora no estaba presente y un representante vend&iacute;a los cuadros por ella. Teresa se fij&oacute; en el paisaje urbano con extra&ntilde;a mancha en el cielo; le gust&oacute;; lo compr&oacute;. Por la noche, Carlos y Teresa follaron. &quot;Ay, ay, s&iacute;, amor, s&iacute;, ah, sigue&quot;, gem&iacute;a Teresa a cada embestida de su marido. &Eacute;ste, esforz&aacute;ndose al m&aacute;ximo, besaba el cuello de su mujer, sus pezones, cerrando los ojos, imaginando que se lo hac&iacute;a a otra, a esa chica, la cajera del s&uacute;per, que estaba a reventar de buena, y gru&ntilde;&iacute;a y jadeaba guiado por el gustirrin&iacute;n que sent&iacute;a en la punta de su capullo. &quot;Ya, ya&quot;, pensaba, &quot;ya me corro&quot;. &quot;S&iacute;, sigue, Carlos, &iexcl;no!, espera&quot;, interrumpi&oacute; Teresa, &quot;c&oacute;rrete fuera, ahora soy f&eacute;rtil&quot;; &quot;Vale&quot;, dijo Carlos, empezando a controlar para dar la marcha atr&aacute;s. &quot;Ay, s&iacute;, Carlos, me he corrido, ah, c&oacute;rrete t&uacute;&quot;. Y Carlos elev&oacute; su torso, se sacudi&oacute; la polla; no obstante, Teresa se incorpor&oacute; y le pidi&oacute; terminarlo ella misma haci&eacute;ndole una paja, y el semen sali&oacute; disparado sobre la mano de Teresa. &Eacute;sta mir&oacute; la mancha, y algo se le vino a la cabeza debido a ciertas semejanzas&#8230; &quot;Pero, no, no puede ser&quot;, se dijo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 3<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Un d&iacute;a fui al estudio de Sara. Ella me hab&iacute;a invitado varias veces, pero, hasta ese d&iacute;a, no se me hab&iacute;a ocurrido acudir a sus citas. Su estudio estaba en una c&eacute;ntrica calle de la ciudad. Sara no viv&iacute;a all&iacute;, s&oacute;lo trabajaba, pintaba. 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