{"id":26699,"date":"2020-11-18T07:14:40","date_gmt":"2020-11-18T07:14:40","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-11-18T07:14:40","modified_gmt":"2020-11-18T07:14:40","slug":"como-imaginar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/como-imaginar\/","title":{"rendered":"\u00bfC\u00f3mo imaginar?"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"26699\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 2<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Con las manos en los bolsillos, andaba un tanto ausente, con la mente a&uacute;n en el fin de semana. Necesitaba un caf&eacute; para entrar en el lunes.<\/p>\n<p>A unos treinta pasos, en el sem&aacute;foro, la reconoci&oacute;. Era inconfundible. Aceler&oacute; sus zancadas, pero el aparato se puso en verde y ella continu&oacute; su camino. &Eacute;l sinti&oacute; un pellizco de desilusi&oacute;n, si hubiera salido antes de casa, si el sem&aacute;foro hubiera tardado un poco m&aacute;s. Pero de inmediato se pregunt&oacute;: &iquest;para qu&eacute;?, se habr&iacute;a puesto a su lado, &iquest;y qu&eacute;?<\/p>\n<p>Ni siquiera sab&iacute;a c&oacute;mo se llamaba. As&iacute; que se conform&oacute; con seguirla mientras sus itinerarios fueran coincidentes. Ella andaba r&aacute;pido, todo lo r&aacute;pido que le permit&iacute;a aquella falda tubo a juego con una chaqueta entallada color marfil que defin&iacute;an perfectamente su silueta. Sus pasos firmes hac&iacute;an que todo su cuerpo se contonease de una manera sensual.<\/p>\n<p>Su melena rubia lo hac&iacute;a con una cadencia armoniosa muchos menos salvaje de lo que &eacute;l recordaba. Su estrecha cintura ten&iacute;a un baile hipn&oacute;tico que ped&iacute;an agritos la sujeci&oacute;n de unas manos firmes. Sus caderas se mov&iacute;an al son que marcaban sus tacones de aguja con cada paso. Y sus redondos gl&uacute;teos blancos con aquel precioso lunar en el lado derecho, hoy tapados por una falda que permit&iacute;an comprobar que usaba tanga, se tensaban y endurec&iacute;an.<\/p>\n<p>Tras un par de revueltas la perdi&oacute; de vista. Sus caminos se separaban, pero la imagen de aquellos ojos verdes de gata y aquella maravillosa boca de labios carnosos permanecer&iacute;an en su memoria.<\/p>\n<p>Entr&oacute; en aquella peque&ntilde;a cafeter&iacute;a donde tomaba caf&eacute; cada ma&ntilde;ana, leyendo la prensa. Frente a la puerta una pareja ocupaba su mesa. Un eterno segundo sirvi&oacute; para identificar al hombre trajeado y meticulosamente peinado con gomina que se gira al o&iacute;r la puerta. Es aquel conocido de la infancia, que las circunstancias acad&eacute;micas les llevaron a ser compa&ntilde;eros aunque no amigos. Algo engre&iacute;do y prepotente, nunca llegaron a congeniar. Acab&oacute; derecho, ejerce en un bufete y milita en alguna lista pol&iacute;tica. Luego a la chica, es ella, inconfundible. Exageradamente guapa y elegante, forman la pareja perfecta.<\/p>\n<p>&Eacute;l lanza un saludo, el hombre lo devuelve, tambi&eacute;n le reconoce. Ella levanta las cejas a modo de respuesta, se ruboriza al ver que el saludo no era para ella, ni siquiera sabe como se llama pero sabe qui&eacute;n es.<\/p>\n<p>El abogado ajeno al malentendido, se vuelve para explicarle a su novia quien es el tipo que acaba de entrar: un conocido del instituto que nunca le cay&oacute; bien. Nunca destac&oacute; en nada y nunca lleg&oacute; a nada. Est&aacute; parado.<\/p>\n<p>La pareja apur&oacute; el caf&eacute; y con una despedida sin cruce de miradas sale de la cafeter&iacute;a hacia el juzgado. Hoy tienen un importante juicio que defender.<\/p>\n<p>&Eacute;l termina su desayuno, le echa un &uacute;ltimo vistazo a la contraportada del AS y sale hacia su furgoneta.<\/p>\n<p>Una vez dentro, ajusta el espejo retrovisor y ve reflejada all&iacute; la cara de ella, desnuda, sudorosa, gritando de placer mientras &eacute;l le tira de su melena rubia al tiempo que la penetra con violencia, como a ella le gusta. Los efectos euf&oacute;ricos de las dos rayas que se acaban de meter hacen que afloren en ella perversiones morbosas y le exige m&aacute;s. &Eacute;l no la defrauda y acatando sus &oacute;rdenes enrojece su gl&uacute;teo derecho con un cachetazo antes de hundir su pene en el estrecho orificio anal de ella. La sodomiza sin compasi&oacute;n de sus s&uacute;plicas hasta caer los dos exhaustos.<\/p>\n<p>&iquest;C&oacute;mo imaginar que la desconocida del polvo furtivo del s&aacute;bado era una elegante abogada y novia de aquel compa&ntilde;ero gilipollas del instituto?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 2<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 Con las manos en los bolsillos, andaba un tanto ausente, con la mente a&uacute;n en el fin de semana. 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