{"id":26724,"date":"2020-11-20T07:36:49","date_gmt":"2020-11-20T07:36:49","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-11-20T07:36:49","modified_gmt":"2020-11-20T07:36:49","slug":"la-profesional","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/la-profesional\/","title":{"rendered":"La profesional"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"26724\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 4<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>En una habitaci&oacute;n muy amplia, Sergio est&aacute; desnudo tumbado en la cama, apoyado sobre la almohada. Observaba toda la estancia decorada con gusto minimalista, paredes blancas y muebles en madera de &eacute;bano. A la derecha, la pared la domina un Mir&oacute; original. A la izquierda un armario vestidor est&aacute; ahora vac&iacute;o pero ha albergado ropas por valor de 100.000 $. Frente a &eacute;l un gran ventanal con las cortinas abiertas permiten ver todas las luces y neones que iluminan Manhattan. &Eacute;ste &aacute;tico en el coraz&oacute;n de la capital del mundo ha sido su hogar los &uacute;ltimos siete a&ntilde;os.<\/p>\n<p>De repente la puerta del ba&ntilde;o, camuflada junto al Mir&oacute;, se abre y aparece Lourleen. Era una espectacular mujer negra de metro ochenta de altura con un cuerpo de top model. Ten&iacute;a una cara redonda con el pelo corto y flequillo. Unos ojos verdes enormes. Sus labios gruesos y m&aacute;s oscuros que el resto de la piel delimitaban una boca grande d&oacute;nde una perfecta dentadura blanqu&iacute;sima le hab&iacute;a llevado a protagonizar un anuncio de dent&iacute;frico. Un cuello esbelto, unos hombros redondeados, unos pechos muy grandes de los que sobresal&iacute;an unos pezones gruesos y negros. Su vientre era plano y su cintura se estrechaba hasta la perfecci&oacute;n. Un prominente monte de Venus rasurado daba paso a unos labios carnosos que escond&iacute;an un cl&iacute;toris tremendamente grande. Sus gl&uacute;teos poderosos y firmes se apoyaban en unas piernas largas y perfectamente moldeadas. Sus manos eran preciosas y su piel de &eacute;bano era suave como la seda. Lentamente, casi desfilando por la pasarela, colocando un pie delante de otro, lo que provocaba un sensual movimiento de cadera, se aproximaba a &eacute;l que le esperaba con una enorme erecci&oacute;n.<\/p>\n<p>Un tipo como &eacute;l podr&iacute;a tener a cualquier mujer, tan solo tendr&iacute;a que ir a un local de moda y, como m&aacute;s de una vez hab&iacute;a hecho a&ntilde;os antes, &ldquo;camelar&rdquo; a alguna chica dispuesta a pasar un buen rato con un apuesto broker de Wall Street. Pero esta noche quer&iacute;a otra cosa, algo m&aacute;s prohibido.<\/p>\n<p>La &uacute;ltima vez que hab&iacute;a pagado por sexo hab&iacute;a sido en Barcelona, despu&eacute;s de la final ol&iacute;mpica de baloncesto con sus amigos hac&iacute;a diecis&eacute;is a&ntilde;os. La chica se hac&iacute;a llamar Gigi y ellos eran cinco ni&ntilde;atos veintea&ntilde;eros que no hab&iacute;an visto nada parecido en sus vidas. Por supuesto aquello les sali&oacute; mucho m&aacute;s barato que el servicio que hab&iacute;a contratado esta noche. Hoy, desde la perspectiva que dan los a&ntilde;os y el dinero, recordaba aquel local barcelon&eacute;s como un antro donde, como bien dice Sabina en una canci&oacute;n, &ldquo;&#8230;el desamparo y la humedad comparten colch&oacute;n&#8230;&rdquo;.<\/p>\n<p>Lourleen se arrodilla ante &eacute;l y comienza a chup&aacute;rsela. Engull&eacute;ndola sin esfuerzo hasta la campanilla antes de comenzar a subir lentamente mir&aacute;ndole con sus ojos de gata y cara de vicio. Sergio subi&oacute; sus brazos por encima de su cabeza colocando la nuca entre las manos cruzadas dispuesto a disfrutar de la ardiente boca de la profesional. La chica estuvo mamando a conciencia durante un rato. Despu&eacute;s comenz&oacute; a subir desde su pubis, besando su escultural torso, hasta colocar sus impresionantes tetas a la altura de la boca de Sergio para dejar que le mordiera los pezones. &Eacute;l se deleit&oacute; con estos, lami&oacute;, succion&oacute; y tir&oacute; de ellos con sus dientes arrancando a Lourleen un gemido de placentero dolor.<\/p>\n<p>Luego el hombre le bes&oacute; el cuello y la coloc&oacute; sobre su pene para que le cabalgara. Ella gem&iacute;a a cada pollazo que recib&iacute;a interpretando su papel y &eacute;l disfrutaba de la visi&oacute;n cogi&eacute;ndola por la cintura. Estrech&aacute;ndola entre sus manos y sintiendo el calor de su maravilloso co&ntilde;o h&uacute;medo abrazando su polla.<\/p>\n<p>Tras unos minutos, Sergio le pidi&oacute; que se colocase a cuatro patas. La mujer apoyada en sus codos ofrec&iacute;a una excitante imagen de sumisi&oacute;n. El hombre se coloc&oacute; justo detr&aacute;s y pudo ver como los henchidos labios no pod&iacute;an abarcar la magnitud de su cl&iacute;toris excitado y todo el conjunto sobresal&iacute;a entre sus muslos. Se fue directo a sus poderosas nalgas de &eacute;bano. Redondas, duras, impresionantes. Las bes&oacute; y las mordi&oacute; para luego abrirlas con ambas manos y lamer toda la raja de arriba a abajo, recre&aacute;ndose en la entrada arrugada de su ano de piel m&aacute;s oscura. Para luego seguir descendiendo hasta saborear los fluidos que manaban de su sexo. Era una aut&eacute;ntica diosa y Sergio quer&iacute;a disfrutar de toda ella. De un caj&oacute;n sac&oacute; un bote de vaselina. Comenz&oacute; a unt&aacute;rselo en el ano y luego en su miembro. La mujer hundi&oacute; su cabeza en el colch&oacute;n haciendo que su culo quedara m&aacute;s expuesto a la voluntad del hombre. Lourleen se lami&oacute; los dedos y comenz&oacute; a masturbarse. Sergio se incorpor&oacute; y apunt&oacute; con el glande a su objetivo. La gran experiencia de ella hizo que la penetraci&oacute;n fuera m&aacute;s f&aacute;cil de lo previsto.<\/p>\n<p>Una vez la tuvo enculada sinti&oacute; como ella apretaba su culo abrazando su gorda polla y comenz&oacute; un movimiento pausado hasta conseguir una profunda penetraci&oacute;n. El hombre fue acelerando el ritmo al tiempo que le agarraba de la cintura. El dilatado esf&iacute;nter anal de la scort recib&iacute;a con solvencia las embestidas del broker que fueron aumentando a medida que lo hac&iacute;a su excitaci&oacute;n. Cuando not&oacute; que se iba a correr se la sac&oacute; del culo y con una paja termin&oacute; sobre la espalda de ella con un sonido gutural. Lourleen gimi&oacute; al sentir su cuerpo bombardeado con el semen caliente de su cliente. La visi&oacute;n de la espalda negra salpicada con chorros de semen blanco le produc&iacute;a a Sergio un morbo especial. Ella ahora se abr&iacute;a los gl&uacute;teos dejando a la vista un agujero anal exageradamente abierto. El hombre aprovech&oacute; para volver a met&eacute;rsela, de nuevo hasta el fondo, y depositar all&iacute; su &uacute;ltimo chorro de leche. Sergio cay&oacute; rendido sobre la cama y Lourleen, con trabajo para moverse por el esfuerzo soportado, volvi&oacute; al ba&ntilde;o a lavarse. Antes ya lo hab&iacute;a hecho cuando &eacute;l le pidi&oacute; una &ldquo;cubana&rdquo; entre sus maravillosas tetas y le coloc&oacute; un precioso &ldquo;collar de perlas&rdquo; sobre su esbelto cuello.<\/p>\n<p>Media hora despu&eacute;s la puta de lujo recogi&oacute; los 5.000 $ que su cliente le hab&iacute;a dejado en la mesa del recibidor y se fue. Elegantemente vestida con zapatos de tac&oacute;n de aguja, medias de seda y un discreto conjunto de falda negra y chaqueta entallada sobre camisa blanca, en las concurridas calles de Nueva York pasar&iacute;a desapercibida y nadie sabr&iacute;a a qu&eacute; se dedica ni muchos menos que acababa de hacer un rentabil&iacute;simo servicio.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 4<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>En una habitaci&oacute;n muy amplia, Sergio est&aacute; desnudo tumbado en la cama, apoyado sobre la almohada. Observaba toda la estancia decorada con gusto minimalista, paredes blancas y muebles en madera de &eacute;bano. A la derecha, la pared la domina un Mir&oacute; original. 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