{"id":26766,"date":"2020-11-21T23:00:00","date_gmt":"2020-11-21T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-11-21T23:00:00","modified_gmt":"2020-11-21T23:00:00","slug":"caro-y-edu","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/caro-y-edu\/","title":{"rendered":"Caro y Edu"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"26766\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 11<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>La vida en pareja es llevadera cuando hay buena sinton&iacute;a. Cuando se comparten gustos, pasiones, sentimientos, emociones, objetivos, proyectos. Una &oacute;ptima convivencia requiere respeto mutuo, comprensi&oacute;n, afinidad, empat&iacute;a, buena comunicaci&oacute;n, tolerancia a las imperfecciones del otro, humildad ante las propias, sinceridad, confianza y, por supuesto, amor.<\/p>\n<p>Caro y Edu son un ejemplo de pareja que funciona a la perfecci&oacute;n. Ellos se aman, se entienden, se escuchan, se contienen, se complementan; comparten momentos maravillosos, pero tambi&eacute;n se dan espacio, no se agobian. Y lo m&aacute;s importante: viven su sexualidad a pleno<\/p>\n<p>Lunes de tarde: ambos retornan a casa luego de una extensa jornada, llegan casi al mismo tiempo. Est&aacute;n algo estresados, es normal despu&eacute;s del duro trabajo, pero ellos saben que la tensi&oacute;n pronto comenzar&aacute; a ceder ante la calidez del hogar. Se saludan con un beso en los labios e intercambian noticias de su diario acontecer.<\/p>\n<p>Caro ha tenido una extracci&oacute;n, un par de restauraciones y varias revisiones de rutina. No parece gran cosa, un d&iacute;a normal, pero la extracci&oacute;n se le ha complicado y ha necesitado opini&oacute;n especialista. Ella le cuenta a Edu los pormenores del caso con pasi&oacute;n, como si lo estuviera viviendo nuevamente. Cree haber realizado un buen trabajo a pesar de los contratiempos; despu&eacute;s de todo, el paciente parece haber quedado satisfecho. Mientras conversa se despoja de su cartera y de su abrigo: un abrigo liviano, por suerte ya pasaron los peores fr&iacute;os.<\/p>\n<p>Edu ha tenido que batallar contra la cotidianeidad inform&aacute;tica de la oficina y contra la impiedad de algunos clientes exigentes. Su relato es escueto, resumido, de tono ap&aacute;tico, nada convencido de su valor anecd&oacute;tico. Se nota que ha sufrido el d&iacute;a. Quiz&aacute; ya est&eacute; pensando en el siempre edificante f&uacute;tbol de los lunes: ese que es como una catarsis del cuerpo, ideal para contrarrestar el duro golpe que significa el comienzo de una nueva semana. Caro prepara caf&eacute; y luego lo ayuda a organizar el bagaje deportivo.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Qui&eacute;nes van? &ndash;le pregunta.<\/p>\n<p>&ndash;Todos &ndash;responde Edu, y queda pensativo un instante&ndash;. Menos Mart&iacute;n. Mart&iacute;n no va. Hace tiempo que no va. El otro d&iacute;a coment&aacute;bamos cu&aacute;nto hace que anda desaparecido &ndash;hace una pausa y reflexiona&ndash;. Tendr&iacute;as que escuchar las rid&iacute;culas excusas con las que justifica sus ausencias &ndash;una sonrisa esc&eacute;ptica se dibuja en su rostro&ndash;. No s&eacute;&hellip; quiz&aacute; est&aacute; de novio y se lo calla.<\/p>\n<p>Caro tambi&eacute;n sonr&iacute;e mientras sus delicadas manos doblan prolijamente una camiseta de f&uacute;tbol y la colocan dentro de la mochila de su amado; y piensa en Mart&iacute;n: el apuesto amigo de Edu, el que no le quit&oacute; la vista de encima en aquella fiesta de nochevieja. Qu&eacute; atrevido: mirar de esa manera a la novia de su amigo. Ella tambi&eacute;n lo mir&oacute;; no quer&iacute;a, pero lo mir&oacute;: &iexcl;qu&eacute; verg&uuml;enza si alguien se daba cuenta! Estaba realmente tentador con su estilo informal de jeans y camiseta. Tan atractivo &eacute;l, tan lindo y tan atl&eacute;tico, con ese aire misterioso, y esos fuertes brazos. Ella no quer&iacute;a, pero ahora cree recordar que con s&oacute;lo observarlo unos instantes sinti&oacute; que se le humedec&iacute;an sus rincones m&aacute;s &iacute;ntimos, tuvo que reprimirse: era el amigo de Edu, &iexcl;por Dios!<\/p>\n<p>Y ahora ella sonr&iacute;e porque es la &uacute;nica que conoce el verdadero motivo por el cual el amigo de su novio ya no asiste al f&uacute;tbol semanal. De pronto abandona su sonrisa y suspira imaginando lo que ocurrir&aacute; minutos m&aacute;s tarde, cuando Edu se haya ido y Mart&iacute;n cruce por la puerta de entrada, le arranque la ropa con desespero y le haga el amor all&iacute; nom&aacute;s, en la sala. Y comienza a mojar su bombacha pensando en el pene de Mart&iacute;n: nunca ha podido rodearlo completamente con su mano de tan grueso que es; y necesita abrir su boca tan grande como la abren sus pacientes para poder saborearlo enteramente.<\/p>\n<p>Ya puede presentir a ese enorme y delicioso ap&eacute;ndice palpitando en sus adentros m&aacute;s rec&oacute;nditos. Tan duro que se le hace dif&iacute;cil hundir la yema de sus dedos en &eacute;l; &iquest;c&oacute;mo puede mantener esas erecciones tan firmes durante tanto tiempo? &iexcl;Qu&eacute; hermosa verga! Tan gruesa y tan larga que cuando &eacute;l la penetra ella se siente como vaina de cuero candente, y siente que fue hecha para recibir ese perfecto trozo de carne surcado por hinchadas venas.<\/p>\n<p>De pronto se encuentra tan mojada que desea que su novio se marche cuanto antes, que venga Mart&iacute;n de una vez y le meta la pija en la cola como lo hace siempre, que le haga temblar las piernas hasta que &eacute;stas desfallezcan, que la tome por detr&aacute;s y le bombee el culo con ritmo infernal hasta que ella caiga de rodillas retorciendo su espasm&oacute;dico cuerpo en uno de sus prodigiosos orgasmos.<\/p>\n<p>Media hora m&aacute;s tarde Edu transpira sobre el verde c&eacute;sped junto a sus amigos. Lleva en su haber un gol y una asistencia: el partido promete. Mientras tanto, Caro transpira en su casa: tumbada boca abajo sobre la mesa de la sala, de puntas de pie contra el suelo y con la pija de Mart&iacute;n percutiendo rabiosa en lo m&aacute;s profundo de su culo. El amigo de su novio la tiene fuertemente tomada del pelo y le da duro castigo a sus nalgas macizas. Ella siente que se deshace de placer; sus ojos est&aacute;n en blanco; su lengua zigzaguea fuera de su boca y relame sus labios; siente que el vergajo de Mart&iacute;n la completa; siente c&oacute;mo ese espectacular pedazo de carne se hincha, apretando cada vez m&aacute;s las anilladas paredes de su esf&iacute;nter, que parecen que van a estallar.<\/p>\n<p>La intensidad del combate aumenta: ya es guerra; Mart&iacute;n arremete con unos bombazos bestiales y ella responde con en&eacute;rgicas embestidas de su culo mientras imagina que Edu regresa a casa en ese momento y la encuentra as&iacute;: obscenamente enculada por su infiel amigo. Imagina que, al ver a su novio parado en la puerta con rostro desconcertado, ellos no detienen su ritmo, lo incrementan; y que ese choque brutal hace temblar los muebles, y las paredes, y el techo; y que ella mira a su novio sin mirarlo, con su pelo oscuro revuelto dando marco a una mirada perdida en los umbrales del &eacute;xtasis; lo imagina de boca abierta y dejando caer la mochila al suelo, comprendiendo que despu&eacute;s de que ella ha probado la verga de Mart&iacute;n &ndash;ese imponente colgajo que seguramente ha debido ser motivo de admiraci&oacute;n silenciosa o incluso de alg&uacute;n chiste soez en el vestuario de los lunes futboleros&ndash;, la suya ya no podr&iacute;a hacerle mella.<\/p>\n<p>Luego imagina a Edu excitado con la escena, masturb&aacute;ndose frente a ellos; esta variante le sube a&uacute;n m&aacute;s la temperatura. Por fin sus piernas ceden, se ponen chuecas, tiemblan como toda ella; y cae. Y entonces Mart&iacute;n le sigue dando mientras ella se retuerce y dice &ldquo;basta&rdquo;, pero quiere m&aacute;s, no quiere que se acabe ese plet&oacute;rico momento; y su concha expulsa esos largos chorros que su novio ni siquiera le ha sospechado: s&oacute;lo con la pija de Mart&iacute;n se chorrea de esa manera.<\/p>\n<p>Edu regresa extenuado pero con semblante victorioso: cree que ha jugado un partido perfecto. Caro lo recibe ya duchada y con enorme sonrisa. &Eacute;l dice que est&aacute; demasiado cansado como para cenar y se va directo a la cama. Ella piensa que es mejor que as&iacute; sea: no ha tenido tiempo para cocinar (Mart&iacute;n s&iacute; ha jugado un partido perfecto). Esa noche ambos se duermen temprano agotados de tanto ajetreo f&iacute;sico.<\/p>\n<p>Suena el despertador, son las 6:30. Caro se levanta y abre la ventana: parece que ser&aacute; un martes soleado. Edu se quedar&iacute;a gustoso durmiendo un rato m&aacute;s, pero sus obligaciones no se lo permiten. Caro se le acerca y lo besa suavemente en la mejilla; &eacute;l abre sus cansados ojos y sonr&iacute;e, luego la abraza. Quedan cara a cara; &eacute;l la mira como invocando a Eros; ella se aparta sonriendo y le advierte que no tiene tiempo para juegos ma&ntilde;aneros, le recuerda que para ella es un d&iacute;a excepcional pues diversos sucesos han motivado que deba hacerse cargo de la cl&iacute;nica en solitario hasta media ma&ntilde;ana: no puede llegar tarde.<\/p>\n<p>Minutos despu&eacute;s desayunan a las apuradas sin sentarse a la mesa, s&oacute;lo corren de aqu&iacute; para all&aacute; con una taza de caf&eacute; en una mano mientras con la otra preparan los &uacute;ltimos detalles antes de la partida. Se despiden con un beso cari&ntilde;oso; &eacute;l le dice que la ama; ella retribuye el rom&aacute;ntico gesto mir&aacute;ndolo con ojos de enamorada, sus labios dibujan un &ldquo;te amo&rdquo;.<\/p>\n<p>Cuando Caro llega a la cl&iacute;nica tiene varios mensajes de Edu: dicen que ya la extra&ntilde;a. Ella responde con una larga hilera de corazones rojos: piensa que su novio es un amor. Minutos m&aacute;s tarde recibe al primer paciente: un hombre maduro de aspecto corriente. Sin mucho pre&aacute;mbulo comienza con el chequeo dental.<\/p>\n<p>Pronto advierte que no se puede concentrar en su trabajo, y no es que siga pensando en los gui&ntilde;os rom&aacute;nticos de Edu, es que de repente le vino a la mente el ardiente encuentro del anochecer anterior; siente h&uacute;meda su ropa interior. &iexcl;No! Tiene que sacarse de la cabeza esas im&aacute;genes, esas sensaciones, tiene que olvidarse de Mart&iacute;n por un rato y concentrarse en su paciente.<\/p>\n<p>De repente tiene la impresi&oacute;n de que el hombre planchado en la camilla le mira el escote con intermitente insistencia. Tras unos segundos de inspecci&oacute;n, el atisbo deja de ser s&oacute;lo una mera impresi&oacute;n y se convierte en un hecho comprobado. La excitada odont&oacute;loga aprovecha que ese d&iacute;a lleva puesta una falda suelta y relativamente corta &ndash;un poco por encima de sus rodillas&ndash; y decide darle a su voyeur un poco m&aacute;s. Entonces se cruza de piernas tirando sutilmente de los costados de su falda hacia atr&aacute;s y siente como &eacute;sta se desliza cayendo en direcci&oacute;n a su cadera. El hombre abre los ojos casi tan grandes como tiene abierta su boca: puede verle una pierna entera, casi hasta la nalga. A ella la pone muy caliente sentirse observada, deseada.<\/p>\n<p>Al final de la consulta el paciente se marcha azorado y ella est&aacute; segura de que en un rato estar&aacute; jal&aacute;ndose la verga hasta el desleche pensando en ella; esto la excita a&uacute;n m&aacute;s: recientemente ha descubierto lo mucho que le gusta calentar a los hombres, casi tanto como le gusta la verga de Mart&iacute;n.<\/p>\n<p>Hay otro paciente en la sala de espera: es muy joven; Caro lo saluda cort&eacute;smente; &eacute;l responde a medias denotando cierta timidez. Ella no lo hace pasar a&uacute;n, le pide que la aguarde un minuto: se le ha ocurrido una maldad. Vuelve a entrar al consultorio y piensa que todav&iacute;a falta un buen rato hasta que llegue alg&uacute;n compa&ntilde;ero. Se muerde una u&ntilde;a con gesto p&iacute;caro y se pregunta si se animar&iacute;a a hacer una travesura.<\/p>\n<p>Est&aacute; tan excitada que no lo piensa demasiado y decide actuar; entonces se quita toda su ropa, quedando completamente desnuda bajo ese fino guardapolvo que no llega a cubrirla de manera decente: apenas si alcanza a taparle la cola; luego vuelve a la sala e invita al joven paciente a pasar al consultorio. El chico no advierte la escas&iacute;sima indumentaria de la doctora hasta que se recuesta en la camilla; entonces abre unos ojos enormes de asombro y observa embelesado el andar de la f&eacute;mina mientras &eacute;sta se pasea preparando el instrumental.<\/p>\n<p>Las piernas de Caro exhibidas en toda su extensi&oacute;n lo dejan sin aliento. Son tan perfectas, torneadas, macizas, de piel tersa y brillante; son como ornamentadas columnas del m&aacute;s exquisito orden corintio. &Eacute;l se pregunta si estar&aacute; desnuda bajo el guardapolvo: un cent&iacute;metro m&aacute;s arriba y podr&iacute;a verle las nalgas, y la concha. La respuesta llega instantes despu&eacute;s cuando Caro se inclina hacia adelante &ndash;buscando alguna cosa en el armario que se extiende a lo largo de una de las paredes del consultorio&ndash; y el guardapolvo trepa y sus nalgas quedan expuestas hasta media raja. Luego se inclina un poco m&aacute;s &ndash;seguramente lo que est&aacute; buscando se encuentra en alguno de los cajones de abajo&ndash; y la que queda expuesta es su jugosa e hinchada vulva.<\/p>\n<p>El joven siente un lanzamiento espacial bajo sus pantalones y no sabe qu&eacute; hacer para disimularlo. Ella advierte lo que ha provocado en su paciente (lo mismo que suele provocar en todos los hombres). Se coloca los guantes de l&aacute;tex, camina indiferente hasta el sill&oacute;n, toma asiento y comienza con el examen.<\/p>\n<p>&ndash;Abr&iacute; grande la boca, beb&eacute; &ndash;le dice con elaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Sus tetas asoman obscenamente en su escote y est&aacute;n a punto de escaparse de la delgada barrera de tela. El pobre muchacho debe soportar ese paisaje a escasos cent&iacute;metros de sus ojos; incluso puede ver, durante un movimiento brusco de la doctora, el borde de la rosada areola de una de esas fabulosas ubres. Ahora su pija palpita fuerte.<\/p>\n<p>Ella percibe los vigorosos latidos en la bragueta de su paciente y decide darle m&aacute;s; entonces cruza sus piernas y el guardapolvo retrocede como corriente de resaca: se le puede ver claramente todo el costado de su nalga; acto seguido, acerca su rostro al del chico y, mientras trabaja con la sonda y el espejo, desliza lentamente su lengua haci&eacute;ndola recorrer todo su labio superior. Pronto nota la mancha oscura en el pantal&oacute;n del paciente: ha logrado que &eacute;ste eyacule sin tocarse, s&oacute;lo con una peque&ntilde;a estimulaci&oacute;n visual. Sonr&iacute;e hacia sus adentros, se siente orgullosa y muy caliente. El chico est&aacute; rojo como tomate y s&oacute;lo piensa en c&oacute;mo hacer para disimular el enchastre en sus pantalones.<\/p>\n<p>La revisi&oacute;n termina. Por suerte la dentadura est&aacute; sana: el paciente deber&aacute; volver en seis meses para un pr&oacute;ximo chequeo. Antes de despedirlo, Caro le recuerda la importancia del uso del enjuague bucal y, con tono picante, le aconseja que en la pr&oacute;xima consulta vista pantalones oscuros. El joven se retira avergonzado.<\/p>\n<p>Ahora la sala de espera est&aacute; vac&iacute;a. Caro mira el reloj y calcula que todav&iacute;a tiene algunos minutos de soledad. Calentar a sus pacientes la ha puesto muy cachonda y, para colmo, la imagen de Mart&iacute;n ha vuelto a invadir su mente con fuerza arrolladora. Necesita apagar ese fuego; entonces se recuesta en la camilla cual si fuera un paciente, abre sus piernas en vez de su boca y comienza a jugar una loter&iacute;a de raspaditas en su cl&iacute;toris; sus dedos rabiosos frotan cada vez m&aacute;s intensos hasta que finalmente obtienen su jugoso premio. Es la primera vez que se masturba en el consultorio.<\/p>\n<p>Mientras tanto, del otro lado de la ciudad, Edu ha decidido abandonar moment&aacute;neamente sus tareas y se ha instalado en el ba&ntilde;o contiguo a su oficina. Muchas veces acude ah&iacute; para pensar. Extra&ntilde;amente, sentarse un rato en el inodoro suele aportarle buenas ideas para solucionar los problemas que enfrenta a diario. Pero esta vez es diferente; esta vez no est&aacute; ah&iacute; para pensar, sino para evocar en su mente a Mildred: la flaquita de contadur&iacute;a, a quien se ha cruzado ya un par de veces en lo que va de la ma&ntilde;ana. Se ha venido m&aacute;s atrevida que de costumbre, al menos eso le parece a &eacute;l; y a pesar de que no tiene el cuerpo exuberante de Caro, su estilo mojigato lo provoca.<\/p>\n<p>De pronto la imagina follando con Caro. Imagina a las dos hembras bes&aacute;ndose, manose&aacute;ndose, chup&aacute;ndose las tetas, mordi&eacute;ndose los pezones, refregando sus h&uacute;medas conchas: chapoteando en esas aguas que hacen crecer las llamas en vez de extinguirlas. Se pregunta qu&eacute; pensar&iacute;a su amada si supiera cu&aacute;nto lo excita imaginarla teniendo sexo con su compa&ntilde;era. Siente que hierve. Necesita apagar ese fuego; y procede: no es la primera vez que se pajea en su trabajo.<\/p>\n<p>Cae la tarde. Caro ha quedado con sus amigas para ir al cine. Le ha llevado m&aacute;s de una hora de preparaci&oacute;n pero al fin est&aacute; lista para salir. Edu la despide &ndash;&eacute;l trajo trabajo a casa y estar&aacute; entretenido mientras ella disfruta de la pel&iacute;cula&ndash;, la observa cuando se marcha y piensa que est&aacute; radiante, que esos jeans excesivamente ce&ntilde;idos le hacen un culazo monumental. Tambi&eacute;n piensa que quiz&aacute; est&aacute; demasiado provocativa para una salida con amigas: los hombres la mirar&aacute;n con deseo. Lejos de molestarlo esto lo excita; tanto que decide postergar su trabajo y dedicar el tiempo en soledad a masturbarse fuerte imaginando decenas de ojos hambrientos devorando a su bella novia con la mirada.<\/p>\n<p>Y eso que no ha visto la tanga m&iacute;nima que Caro lleva enterrada en el culo: tan peque&ntilde;a que parece que no llevara nada. Y la verdad es que Edu nunca ha visto esa tanga porque ha sido un regalo de Mart&iacute;n; y no es casualidad que justo esa noche ella haga estreno de ese &iacute;nfimo pedacito de tela metido en la cola. Ella marcha a la cita y sus nalgas rebotan a cada paso y se estremecen previendo lo que les espera, y se devoran la min&uacute;scula braguita como en un rato se devorar&aacute;n la tremenda pija de Mart&iacute;n; porque esta noche no habr&aacute; ni amigas ni cine, s&oacute;lo Mart&iacute;n y su pija gorda y hermosa.<\/p>\n<p>Mart&iacute;n recibe a Caro en su apartamento; le pregunta qu&eacute; pel&iacute;cula quiere ver; ella sonr&iacute;e ante la desfachatez de su donju&aacute;n y lo aprisiona con sus brazos dej&aacute;ndole bien en claro que no permitir&aacute; dilaciones. Un beso enciende la lujuria; nada de sutilezas ni de ternuras: los arrechos amantes se comen la boca con exaltaci&oacute;n animal. La fricci&oacute;n apasionada de sus lenguas ardientes se siente deliciosa y quema. Cuatro manos vuelan en desordenada coreograf&iacute;a magreando la agitada carne. Las bocas no se quieren separar, las lenguas no quieren dejan de acariciarse, quieren que ese beso salvaje dure para siempre.<\/p>\n<p>A pesar del h&uacute;medo albedr&iacute;o, los amantes se separan: saben que viene lo mejor. Se miran como atraves&aacute;ndose. Ella se muerde el labio, da media vuelta y camina de espaldas a &eacute;l alej&aacute;ndose unos pasos, lo hace de manera muy sensual; &eacute;l le cachetea el culo; ella inclina su torso hacia adelante arqueando ligeramente su espalda y lentamente comienza a bajarse sus apretados jeans. No le resulta f&aacute;cil: los lleva tan ajustados a su cuerpo que para que cedan debe aplicar una fuerza considerable, igual a la que hizo para calz&aacute;rselos. Entonces cincha hacia abajo del lado izquierdo de su cintura: el pantal&oacute;n cede unos cent&iacute;metros de ese costado; luego tironea del lado derecho y ambos lados se nivelan; repite una y otra vez la maniobra imprimiendo cada vez m&aacute;s velocidad hasta que su redondo y voluminoso culo amanece ante los ojos desorbitados del excitado var&oacute;n.<\/p>\n<p>El tremendo orto de Caro queda al descubierto con la tanguita incrustada dentro, casi invisible de tan peque&ntilde;a que es. Ella se siente muy putita; &eacute;l se deshace en piropos en honor a esas aceradas nalgas, se arrodilla ante ellas como venerando a su diosa pagana y hunde su rostro en esa redonda inmensidad. Su lengua saborea la carne turgente en hipn&oacute;tica liturgia. Su pija comienza a henchirse moldeando un monstruoso bulto en su pantal&oacute;n; ante la sensaci&oacute;n de estrangulamiento, la libera. Caro se voltea para admirar el falo colosal de su amador.<\/p>\n<p>&ndash;Mir&aacute; c&oacute;mo te llama&hellip; &ndash;le dice Mart&iacute;n haciendo referencia a las potentes pulsaciones de su erecci&oacute;n.<\/p>\n<p>Ella se estremece entera al ver esa tremenda verga saltarina (hoy parece estar a&uacute;n m&aacute;s hinchada que de costumbre) tan erguida como la columna de Marco Aurelio en la plaza Colonna.<\/p>\n<p>&ndash;Met&eacute;mela en la cola, papi &ndash;le dice con voz de puta; &eacute;l obedece a toda prisa.<\/p>\n<p>Nuevamente est&aacute;n Caro y Mart&iacute;n chocando humanidades con ritmo fren&eacute;tico. Nuevamente est&aacute; Mart&iacute;n col&aacute;ndose por la puerta trasera de su impetuosa amante. De tan calientes ni siquiera han podido llegar al dormitorio &ndash;casi nunca llegan&ndash;: han quedado abotonados en la sala como animales en celo; Caro con las palmas de sus manos apoyadas contra la pared, la tanga trancada en la mitad de sus muslos y el verg&oacute;n de Mart&iacute;n entrando y saliendo de su culo a velocidad de rayo. Las abombadas nalgas de la hembra soportan los bruscos embates de su corneador con firmeza; y no s&oacute;lo resisten sino que tambi&eacute;n imparten castigo con violentos culazos hacia atr&aacute;s, tan violentos que el bajo vientre de Mart&iacute;n pronto comienza a ruborizarse. Cada impacto clandestino genera un estruendo digno del asombro de los vecinos, asombro que se extiende durante horas.<\/p>\n<p>Ya ha pasado largo rato de la medianoche. Caro vuelve a su casa en un taxi con forma de calabaza mientras piensa en alguna excusa que justifique su tardanza: podr&iacute;a decir que la pel&iacute;cula les ha gustado tanto que se les ha pasado el tiempo entre comentarios y an&aacute;lisis. Todav&iacute;a siente que le pulsa el ojete, y le duele: no es para menos con la paliza que ha recibido. Para colmo su dotado amante la ha embadurnado de leche de pies a cabeza y ha tenido que ducharse, ella espera que este hecho pase inadvertido.<\/p>\n<p>Por suerte cuando llega a casa Edu ya se ha dormido. Le ha dejado la cena servida sobre la mesa junto con una rosa fresca y una peque&ntilde;a nota con un coraz&oacute;n dibujado con estilo naif. Ella toma la flor, la huele, la mima, la atesora. Luego devora la cena como animal hambriento y se acuesta abrazada a su novio. Y se duerme feliz, agotada y feliz, pensando en lo afortunada que es: tiene todo lo que necesita; y s&oacute;lo piensa en seguir disfrutando de esas dos palpitantes vastedades que la colman: el coraz&oacute;n de Edu y la pija de Mart&iacute;n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 11<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>La vida en pareja es llevadera cuando hay buena sinton&iacute;a. Cuando se comparten gustos, pasiones, sentimientos, emociones, objetivos, proyectos. Una &oacute;ptima convivencia requiere respeto mutuo, comprensi&oacute;n, afinidad, empat&iacute;a, buena comunicaci&oacute;n, tolerancia a las imperfecciones del otro, humildad ante las propias, sinceridad, confianza y, por supuesto, amor. Caro y Edu son un ejemplo de pareja que [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":7786,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"class_list":{"0":"post-26766","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-infidelidad"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26766","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/7786"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=26766"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26766\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=26766"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=26766"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=26766"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}