{"id":26787,"date":"2020-11-22T23:00:00","date_gmt":"2020-11-22T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-11-22T23:00:00","modified_gmt":"2020-11-22T23:00:00","slug":"la-sesion-de-molinari","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/la-sesion-de-molinari\/","title":{"rendered":"La sesi\u00f3n de Molinari"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"26787\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 4<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Ya hab&iacute;a escudri&ntilde;ado varias veces los alrededores; aun as&iacute;, volvi&oacute; su cabeza una vez m&aacute;s para estar seguro de que nadie lo estaba observando. Segundos m&aacute;s tarde, el profesor Molinari golpe&oacute; la puerta del viejo caser&oacute;n ubicado al final de esa callecita cuyo nombre nunca puedo recordar.<\/p>\n<p>Doris, la due&ntilde;a de casa, respondi&oacute; prontamente a los cuatro toques sutiles de irregularidad calculada que parec&iacute;an configurar una torpe contrase&ntilde;a: abri&oacute; la puerta lentamente tratando de atenuar su estridente crujido y ensay&oacute; un gesto de cortes&iacute;a; pero el profesor prescindi&oacute; de toda dilaci&oacute;n protocolar y fue directo al asunto:<\/p>\n<p>&ndash;La necesito. Pagar&eacute; lo que sea.<\/p>\n<p>La anfitriona comprendi&oacute; la urgencia, entonces lo invit&oacute; a entrar y lo condujo a trav&eacute;s de un rancio y oscuro zagu&aacute;n hasta la gran sala principal. Una vez all&iacute;, le indic&oacute; que se sentara a la orilla de una mesa de redondo cedro. Molinari obedeci&oacute; sin hablar. Ella se sent&oacute; frente a &eacute;l y estir&oacute; sus brazos hacia adelante con las palmas de las manos hacia arriba.<\/p>\n<p>&ndash;Tome mis manos &ndash;le dijo; &eacute;l las tom&oacute;&ndash;. No rompa el circuito &ndash;&eacute;l asinti&oacute; con un leve movimiento de cabeza.<\/p>\n<p>La mujer cerr&oacute; los ojos y se sumergi&oacute; en un profundo estado de concentraci&oacute;n. Hubo unos minutos de silencio; fue un silencio perturbador de tan perseverante. De repente Doris movi&oacute; ligeramente sus labios y pronto esos movimientos se hicieron grotescos. Luego balbuce&oacute; alguna cosa; torci&oacute; su cabeza; sus ojos temblaron en forma espasm&oacute;dica y quedaron en blanco; despu&eacute;s se abrieron grandes configurando una mirada perdida. Estaba en trance.<\/p>\n<p>El profesor Molinari hab&iacute;a estudiado las ciencias y sol&iacute;a ejercer su escepticismo con excelsa dignidad, quiz&aacute; por eso &ndash;y no a pesar de eso&ndash; se mantuvo imperturbable. Y as&iacute; estuvo hasta que Doris lo mir&oacute; fijamente y le habl&oacute; con meridiana claridad. La voz son&oacute; diferente a la que le hab&iacute;a dado la bienvenida: algo m&aacute;s aguda y con cierta afectaci&oacute;n fantasmal.<\/p>\n<p>&ndash;Te extra&ntilde;o, mi amor &ndash;dijo la nueva voz. Molinari esboz&oacute; una tenue sonrisa&ndash; B&eacute;same &ndash;Molinari titube&oacute;. Ella insisti&oacute; con decisi&oacute;n&ndash;. &iexcl;B&eacute;same! &iexcl;Hazlo! No tenemos mucho tiempo.<\/p>\n<p>El profesor se incorpor&oacute; lentamente, borde&oacute; la mesa orbitando su centro y se acerc&oacute; a la mujer sin soltarle las manos; sus rostros quedaron enfrentados a unos pocos cent&iacute;metros.<\/p>\n<p>&ndash;Hazme el amor aqu&iacute;, sobre la mesa &ndash;le pidi&oacute; ella con ansiedad. Molinari volvi&oacute; a titubear. Ella volvi&oacute; a insistir&ndash; &iexcl;Vamos! &iquest;Qu&eacute; esperas? Vamos a divertirnos con el cuerpo de esta perra.<\/p>\n<p>La mujer solt&oacute; las manos de Molinari y se agarr&oacute; las tetas con firmeza. Luego comenz&oacute; a moverlas en c&iacute;rculo mientras se relam&iacute;a su labio superior con gesto lascivo.<\/p>\n<p>&ndash;Tremendas tetas tiene esta puta; mira, parecen melones. &iquest;Te gustan? Ven, quiero que se las chupes, que se las muerdas &ndash;dijo con una voz que ya no era la original ni tampoco la aguda y fantasmal, sino m&aacute;s bien grave, honda, diab&oacute;licamente lujuriosa.<\/p>\n<p>Entonces Doris acerc&oacute; esos preciados melones a su propia boca, sac&oacute; una lengua larga y filosa y castig&oacute; a aquellos erectos pezones con una suerte de r&aacute;pidos latigazos. Molinari se excit&oacute; al punto de volver a prescindir de toda dilaci&oacute;n protocolar (siendo esa dilaci&oacute;n el beso) e ir directo al asunto (siendo el asunto esas dos frutas maduras). Entonces la boca del arrecho profesor se prendi&oacute; de aquellas deliciosas ubres como cordero lechazo y sus manos se aferraron del culo de la mujer como si fueran las garras del diablo.<\/p>\n<p>De forma violenta y desordenada, la fue despojando de su ropaje hasta dejarla completamente desnuda. Luego la recost&oacute; sobre la mesa. Doris, con su espalda contra la madera, abri&oacute; sus piernas como queriendo abrazar el cielo con ellas. El profesor, cuya humanidad se interpon&iacute;a entre la f&eacute;mina y el cielo implorado, baj&oacute; sus pantalones con dificultad y vio c&oacute;mo su pija alborec&iacute;a pulsante para responder al acuciante abrazo.<\/p>\n<p>&ndash;M&eacute;temela ya, por favor, estoy ardiendo &ndash;suplic&oacute; Doris chup&aacute;ndose su propio dedo.<\/p>\n<p>&Eacute;l la penetr&oacute; con desesperada prisa, como si no hubiera un ma&ntilde;ana &ndash;quiz&aacute; no hab&iacute;a&ndash;. Su henchido miembro complet&oacute; las h&uacute;medas vastedades de aquel candente pi&eacute;lago ros&aacute;ceo y comenz&oacute; a cavar hacia sus profundidades: ella buscaba el cielo, &eacute;l hab&iacute;a encontrado las puertas del infierno.<\/p>\n<p>&ndash;Puedo sentir. Puedo sentirte. &iexcl;C&oacute;geme duro&hellip; oh, Alcides!<\/p>\n<p>Las apremiantes envestidas fueron tan intensas que Molinari pronto sinti&oacute; que desfallec&iacute;a. Entonces hizo una breve pausa buscando aire, la cual sirvi&oacute; de excusa para que la ardorosa mujer forzara un cambio de posici&oacute;n. Instantes despu&eacute;s era el profesor el que estaba recostado sobre la mesa y Doris la que lo cabalgaba con ritmo salvaje, imprimiendo inusitada furia en cada sent&oacute;n.<\/p>\n<p>Mientras la humanidad de la ardiente hembra se desplomaba una y otra vez sobre la de su visitante, su &iacute;mpetu sexual se fue transformando en cruel violencia; la calentura se le confundi&oacute; con la rabia y entonces sus peque&ntilde;os pu&ntilde;os golpearon repetidas veces el pecho del hombre mientras de su boca comenzaron a brotar furiosos reproches:<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Te gusta esta putita, verdad? &iquest;Cu&aacute;ntas veces estuviste sobre esta mesa? &iexcl;&iquest;Cu&aacute;ntas veces te la cogiste a mis espaldas?! &iexcl;&iquest;Te gusta?! &iexcl;&iquest;Te gusta as&iacute;?! &ndash;le gritaba mientras aumentaba la intensidad de sus saltos arremetedores y le abofeteaba el rostro sin piedad.<\/p>\n<p>El profesor estaba extasiado, padeciendo el extremo goce del sufrimiento provocado por los golpes, los insultos y los bestiales conchazos, cuando de pronto Doris abandon&oacute; su montura.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Date la vuelta! &ndash;le dijo&ndash; &iexcl;Esto te va a gustar&hellip; hijo de puta!<\/p>\n<p>&Eacute;l obedeci&oacute; presto y se coloc&oacute; boca abajo sobre la mesa; ella le escupi&oacute; el orificio anal y le introdujo un dedo hasta el fondo. La impasibilidad del docente hizo que pronto fueran dos los dedos percutiendo salvajemente contra sus paredes rectales. La dilataci&oacute;n obtenida tent&oacute; a un tercer dedo, que deriv&oacute; en la mano entera de Doris profanando un ano completamente sumiso.<\/p>\n<p>Las piernas de Molinari temblaron; sus alaridos retumbaron furibundos en las mohosas paredes de la sala. El &uacute;ltimo grito de placentero dolor fue desgarrador y una explosi&oacute;n de semen pasivo antecedi&oacute; a un largo silencio, durante el cual Doris pareci&oacute; encontrar sosiego y, con sumo cuidado, retir&oacute; su mano de los interiores del profesor.<\/p>\n<p>Instantes despu&eacute;s, como si abandonara su propio cuerpo, la dama camin&oacute; lentamente hacia una de las esquinas de la sala y qued&oacute; enfrentada a un gran espejo. All&iacute; pas&oacute; largos minutos en los que no hizo m&aacute;s que atravesar su imagen con ojos todav&iacute;a extraviados.<\/p>\n<p>Mientras tanto el profesor se fue incorporando con cierta dificultad, se visti&oacute; sin emitir palabra y dej&oacute; un fajo de dinero sobre la mesa. Despu&eacute;s se acerc&oacute; a la mujer y la observ&oacute; con ojos grandes, expectante, como queriendo preguntarle algo. Pero no pregunt&oacute;. Ella le habl&oacute; con absoluta calma, sin mirarlo:<\/p>\n<p>&ndash;Que tenga usted un buen d&iacute;a, Alcides; ya conoce la salida.<\/p>\n<p>Molinari atraves&oacute; el oscuro zagu&aacute;n hasta llegar a la puerta de entrada y la abri&oacute; lentamente tratando de atenuar su estridente crujido. Luego asom&oacute; la cabeza al exterior, escudri&ntilde;&oacute; un rato los alrededores, y se march&oacute; a paso apurado por esa callecita cuyo nombre nunca puedo recordar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 4<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Ya hab&iacute;a escudri&ntilde;ado varias veces los alrededores; aun as&iacute;, volvi&oacute; su cabeza una vez m&aacute;s para estar seguro de que nadie lo estaba observando. Segundos m&aacute;s tarde, el profesor Molinari golpe&oacute; la puerta del viejo caser&oacute;n ubicado al final de esa callecita cuyo nombre nunca puedo recordar. Doris, la due&ntilde;a de casa, respondi&oacute; prontamente a [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":7786,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[19],"tags":[],"class_list":{"0":"post-26787","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-relatos-cortos"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26787","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/7786"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=26787"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26787\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=26787"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=26787"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=26787"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}