{"id":26988,"date":"2020-12-05T05:57:09","date_gmt":"2020-12-05T05:57:09","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-12-05T05:57:09","modified_gmt":"2020-12-05T05:57:09","slug":"no-fue-un-encuentro-normal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/no-fue-un-encuentro-normal\/","title":{"rendered":"No fue un encuentro normal"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"26988\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 11<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Mi esposa tiende a ser muy entregada en una relaci&oacute;n, me acepta tal como soy, pero en el fondo siempre fue evidente que hab&iacute;a un algo que deseaba de m&iacute; y que no se lo estaba proporcionando. No se trataba de m&aacute;s amor, m&aacute;s afecto, m&aacute;s romanticismo o m&aacute;s responsabilidad, pero s&iacute;, tal vez, m&aacute;s sexo. Y, en nuestro caso, con el paso del tiempo y viendo que sus deseos no eran satisfechos, la situaci&oacute;n se prest&oacute; para que apareciera una tercera persona en nuestra relaci&oacute;n, que, m&aacute;s para bien que para mal, vino a llenar el vac&iacute;o que ella experimentaba.<\/p>\n<p>El proceso, sin embargo, no es del todo f&aacute;cil ni placentero, porque si no hay una buena comunicaci&oacute;n, esos vac&iacute;os en la relaci&oacute;n pueden eventualmente conducir a la pareja, hombre y mujer, a la insatisfacci&oacute;n, a las mentiras y al enga&ntilde;o. Ante esas circunstancias mi esposa busc&oacute;, incluso sin intenci&oacute;n, otra persona que le ofreciera lo que yo no le estaba brindando y que ella, desesperadamente y en silencio, quer&iacute;a experimentar. Seguramente hubo muchos pretendientes que, la percibieron vulnerable y ansiosa, y le dieron a entender que pod&iacute;an proporcionarle aquello que deseaba y quer&iacute;a, y estuvo a punto de caer en la tentaci&oacute;n de enga&ntilde;ar.<\/p>\n<p>Afortunadamente no fue as&iacute; y, por circunstancias de la vida, yo result&eacute; siendo su c&oacute;mplice para satisfacer sus necesidades. Sin embargo, no ha resultado f&aacute;cil para ella, y creo que, para ninguna otra mujer, lidiar con su amante. Su corneador, ciertamente, es m&aacute;s desinteresado y solo se acerca por contacto f&iacute;sico y fascinado por la atracci&oacute;n y la aventura. Ella, por el contrario, pareciera ir m&aacute;s all&aacute; de eso. Y puedo pensar que, dado el caso, mi esposa pudiera enamorarse de su amante negro porque, en la mayor parte de los casos, un acercamiento &iacute;ntimo significa un gran avance en una relaci&oacute;n, cualquiera que sea y tiende a desarrollar sentimientos de consideraci&oacute;n por esa persona. Pero no s&eacute; si ella percibe que &eacute;l, emocionalmente, le proporcione algo que yo no le pueda dar.<\/p>\n<p>Hace un tiempo me surgi&oacute; la duda porque, despu&eacute;s de haber discutido por temas vitales del hogar, nos distanciarnos un poco y fuimos un tanto reacios a comunicar nuestras expectativas y conciliar como debiera nuestras diferencias. En lugar de eso, cada cual consider&oacute; que la mejor manera de resolver aquello era no volviendo a tocar el tema, y las cosas quedaron as&iacute;. No obstante, pareciera que la satisfacci&oacute;n de necesidades f&iacute;sicas por parte de uno y otro se daba por sentadas, de modo que hablar de ello no era problema.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a pasado casi dos meses desde aquella discusi&oacute;n y las cosas no parec&iacute;an mejorar. De modo que, en ese ambiente, yo no era partidario de hacer referencia a la posibilidad de salir a divertirnos, intentar alguna aventura nueva o algo por el estilo, porque consideraba que podr&iacute;amos resultar discutiendo de nuevo. Y creo que el pensamiento era rec&iacute;proco, porque ella tampoco hac&iacute;a referencia al tema. Sin embargo, la notaba un tanto extra&ntilde;a en su comportamiento, pero dado que est&aacute;bamos distanciados, no me atrev&iacute;a a preguntar.<\/p>\n<p>Esa &uacute;ltima semana, casi todas las tardes, hab&iacute;a salido y se hab&iacute;a demorado en llegar. Imagin&eacute; que, con el pretexto de visitar a sus amigas o a familiares, procuraba que no nos encontr&aacute;ramos muy seguido. No obstante, aquel s&aacute;bado, me llam&oacute; a &uacute;ltimas horas de la tarde para decirme que estaba en el centro de la ciudad y que si nos pod&iacute;amos encontrar. Dados los antecedentes, no puse reparos, anot&eacute; la direcci&oacute;n y dije que me tardar&iacute;a un rato en llegar debido a la congesti&oacute;n de tr&aacute;fico, la b&uacute;squeda de parqueadero par el veh&iacute;culo y los inconvenientes que no dejan de faltar. Ella me dijo que no hab&iacute;a problema, que me esperaba.<\/p>\n<p>Conduje hasta el lugar, identifiqu&eacute; el sitio, pues se trataba de un bar, y me dirig&iacute; a parquear el veh&iacute;culo. Cuando entre al sitio, &ldquo;Candilejas&rdquo;, me encontr&eacute; con una escalera que conduc&iacute;a a un segundo piso y supuse que ella estar&iacute;a all&aacute;, pero, en el trayecto, pude ver que tambi&eacute;n hab&iacute;a acomodaci&oacute;n en el primer piso, al fondo, y pude distinguirla, sentada de espaldas a m&iacute;. De primera mano no pude ver con quien estaba, porque la visual no me lo permit&iacute;a, as&iacute; que segu&iacute; hacia el segundo piso para ver si hab&iacute;a una mejor vista desde arriba.<\/p>\n<p>En efecto, en el segundo piso se hab&iacute;a adaptado un &ldquo;mezzanine&rdquo;, de manera que, estando arriba, se pod&iacute;a ver las mesas ubicadas en la planta baja. Sub&iacute; hasta all&iacute;, entonces, s&oacute;lo por la curiosidad de ver con qui&eacute;n estaba reunida mi mujer. Cuando tuve visual de su mesa, no me pareci&oacute; raro ver que su compa&ntilde;&iacute;a era su amante negro, Wilson, y supuse, de inmediato, que de nuevo le hab&iacute;a dado la calentura y que, sin importar que estuvi&eacute;ramos enfadados, la situaci&oacute;n ameritaba una tregua.<\/p>\n<p>No obstante, me qued&eacute; un rato observ&aacute;ndoles, y, lo que s&iacute; me pareci&oacute; un tanto inusual, fue ver que estaban sentados lado a lado y no, como en otras ocasiones, frente a frente en un lugar como ese. &iexcl;Claro! En las otras ocasiones yo hago parte de la reuni&oacute;n y ocupo el lugar que ahora estaba usufructuando nuestro com&uacute;n amigo. Pero, lo extra&ntilde;o, es que el hombre se comportaba muy especial con ella, le serv&iacute;a la bebida, le hac&iacute;a gestos con su cara, le pasaba el brazo por detr&aacute;s de la espalda y, a todas luces, se comportaban como una pareja de enamorados. Llegu&eacute; a pensar que ella quer&iacute;a sacarse su rabia de alg&uacute;n modo y mostrarme que, sin importar lo que sucediera entre nosotros, ella segu&iacute;a teniendo el control de la situaci&oacute;n. &iexcl;En fin!<\/p>\n<p>Me acerqu&eacute; a su mesa sigilosamente, sin que me notaran y me les present&eacute;. Contrario a la reacci&oacute;n que esperaba, no pas&oacute; nada. Aquel sigui&oacute; como si nada y ella, sin verg&uuml;enza alguna, pens&eacute;, permit&iacute;a que &eacute;l la mantuviera abrazada. Me salud&oacute; con un&hellip; &iexcl;Hola! &iquest;C&oacute;mo te fue? &iquest;Hab&iacute;a mucho tr&aacute;fico? Si, contest&eacute;. Estaba un tanto complicado moverse, pero, bueno, ya estoy aqu&iacute;. Y &iquest;a qu&eacute; se debe la reuni&oacute;n? &iquest;Puede saberse? Pues que Wilson est&aacute; de cumplea&ntilde;os y quiso que lo acompa&ntilde;&aacute;ramos un rato. Y &iquest;d&oacute;nde est&aacute; la torta para cantarle el feliz cumplea&ntilde;os, entonces? La Torta es ella, dijo &eacute;l ri&eacute;ndose. Y ella, le celebr&oacute; el apunte.<\/p>\n<p>Bueno, pens&eacute; yo, hab&iacute;a un motivo v&aacute;lido para justificar la reuni&oacute;n, pero todav&iacute;a no me cuadraba la confabulaci&oacute;n entre ambos. De modo que, un tanto libre de pensamientos torcidos en mi cabeza, me dediqu&eacute; a promover la celebraci&oacute;n; nos consiguieron una torta, hicimos un brindis, cantamos el &rdquo;happy birthday&rdquo; y, como se dice, todo bien. M&aacute;s tarde, despu&eacute;s de unos tragos, y de conversar de esto y de lo otro, sin dejar aquellos de mantenerse muy pr&oacute;ximos, sin reparar en mi presencia, y, discretamente, abrazarse de cuando en vez, todo como atenci&oacute;n al cumplimentado, quiz&aacute;, mi esposa decidi&oacute; ir al ba&ntilde;o.<\/p>\n<p>Al quedar solos, no me qued&oacute; otra alternativa que preguntarle al joven, c&oacute;mo se hab&iacute;an coordinado para encontrarse en ese lugar. Es que nos hemos visto toda la semana. &iquest;Y eso?, pregunt&eacute; sorprendido. Pues, ella ha estado con ganas de hablar estos d&iacute;as. Me cont&oacute; el disgusto que han tenido, la escuch&eacute; con atenci&oacute;n y creo que, al final, me hizo caso y por eso lo llam&oacute;. &iexcl;Ya! &iquest;Y qu&eacute; le dijo usted para convencerla? Que no val&iacute;a la pena armar l&iacute;o por esas cosas, porque al final usted la hab&iacute;a respaldado en todo lo que ella hab&iacute;a querido y que de pronto usted sent&iacute;a que ella no valoraba ese apoyo. Entiendo. &iquest;Y qu&eacute; dijo? Que pudiera ser verdad, pero no coment&oacute; nada m&aacute;s.<\/p>\n<p>Bueno, y si no le hubiera hecho caso, &iquest;qu&eacute; hubiera pasado? Pues, no s&eacute;, hubi&eacute;ramos estado un rato m&aacute;s por ac&aacute; y se hubiera ido para la casa, como los otros d&iacute;as. Y es que, pregunt&eacute;, &iquest;los otros d&iacute;as no ha habido nada de nada? No, dijo, usted sabe que ella no hace nada si usted no la acompa&ntilde;a. Hoy, de todos modos, hab&iacute;amos quedado de vernos. Y, cuando conversamos, le dije, bueno, y si no se arregla con su marido, &iquest;c&oacute;mo es que me va dar mi regalo de cumplea&ntilde;os?<\/p>\n<p>Al principio no me dijo nada, pero al rato me cont&oacute; que ya lo hab&iacute;a llamado y que usted ya estaba en camino. Y eso, &iquest;Qu&eacute; significa, entonces? Pues que, si usted est&aacute; de acuerdo, ella me va dar el regalo de cumplea&ntilde;os. &iquest;Y cu&aacute;l es el regalo, acaso?, pregunt&eacute;. Ella, dijo. &iquest;Y es que acaso ya lo hab&iacute;an hablado? Yo lo suger&iacute; ayer y ella no dijo que si ni no. Solo hasta ahora, con lo que est&aacute; sucediendo, se podr&iacute;a pensar que va a pasar. No le importa, &iquest;verdad? Pues, si ella ya lo decidi&oacute;, coment&eacute;, &iquest;tendr&iacute;a peso mi opini&oacute;n? Usted es el que sabe, me contest&oacute;.<\/p>\n<p>Cuando ella volvi&oacute; a la mesa, igual se acomod&oacute; al lado de &eacute;l y la conversaci&oacute;n sigui&oacute; como antes. Yo me mantuve a la escucha y no me atrev&iacute; a sugerir nada. El tiempo iba pasando y, con unos tragos de m&aacute;s en la cabeza, nuestro amigo estaba un tanto m&aacute;s desinhibido. De repente, besaba a mi mujer fugazmente en la boca y, me imagino, que sus manos estaban trabajando por debajo de la mesa, pero ah&iacute; si no pod&iacute;a ver lo que pasaba. Y ella, tratando de mantener la compostura, segu&iacute;a hablando, como si nada, concentrada en relatar las experiencias que hab&iacute;a tenido en la universidad, porque hab&iacute;a estudiado con muchachos de color. Contaba que desde esa &eacute;poca le llamaban la atenci&oacute;n, las fiestas que hac&iacute;an, los paseos, las reuniones de estudio, las invitaciones a cine y dem&aacute;s, pero nada referente a encuentros sexuales.<\/p>\n<p>La situaci&oacute;n segu&iacute;a sin cambios as&iacute; que, pretendiendo que hubiera alguna definici&oacute;n, opt&eacute; por dejarlos solos, y les dije que ahora el turno de ir al ba&ntilde;o me correspond&iacute;a a m&iacute;. Me retir&eacute;, pero me qued&eacute; observ&aacute;ndoles desde lejos. &Eacute;l le hablaba mientras la abrazaba y ella, al parecer, no le satisfac&iacute;a en sus respuestas, pues notaba que &eacute;l agachaba su cabeza, como decepcionado de la situaci&oacute;n, que tal vez no se estaba ajustando a sus expectativas.<\/p>\n<p>Cuando volv&iacute;, ambos estaban en silencio, as&iacute; que pregunt&eacute;. Bueno &iquest;se acab&oacute; la celebraci&oacute;n? Bueno, patr&oacute;n, yo quiero estar con ella un rato como regalo de cumplea&ntilde;os, si usted est&aacute; de acuerdo. Y t&uacute;, pregunt&eacute; mir&aacute;ndola a ella, &iquest;est&aacute;s de acuerdo? Pues, si no es para problemas, s&iacute;, dijo. Y &iquest;de qu&eacute; problemas me hablas?, pregunte. No s&eacute;, dijo. Bueno, si eso ya estaba decidido, no s&eacute; para qu&eacute; me preguntan. Es m&aacute;s, no s&eacute; para qu&eacute; me convidaron a venir. Hubiera sido todo m&aacute;s f&aacute;cil si yo no estuviera. No, patr&oacute;n, al rev&eacute;s, no hubiera habido nada, dijo &eacute;l, porque ella lo hace siempre y cuando usted est&eacute; de acuerdo. Pero, como est&aacute; que no me habla hace d&iacute;as, yo que diablos iba a saber de sus oscuras intenciones. Entonces, dec&iacute;danse, pues&hellip;<\/p>\n<p>Bueno, &iquest;quieres o no?, le pregunt&oacute; &eacute;l. Si, dijo ella. Vamos, entonces. Y, diciendo y haciendo, &eacute;l se fue levantando, ofreci&eacute;ndole la mano a mi mujer para levantarse y, sin soltarla, empezaron a caminar delante de m&iacute;, fuera del lugar. Yo, simplemente, les segu&iacute;a. Aquello ya estaba previamente coordinado, porque el sitio de encuentro estaba convenientemente ubicado cerca de una zona de moteles. Caminamos unas dos cuadras, recorrido durante el cual &eacute;l no la solt&oacute; un instante y, quien sabe qu&eacute; ir&iacute;an conversando, pues de cuando en vez se besaban por un instante y continuaban.<\/p>\n<p>Al llegar al lugar, aquel se dirigi&oacute; a la ventanilla de atenci&oacute;n, y, despu&eacute;s de unos instantes en que ella y yo quedamos a la espera en la sala de la recepci&oacute;n, volvi&oacute;, la tom&oacute; de la mano y se dirigi&oacute; a la habitaci&oacute;n que nos hab&iacute;an asignado. Una vez all&iacute;, &eacute;l dijo que quer&iacute;a calentar la habitaci&oacute;n un poco y que, esper&aacute;ramos un rato mientras trabajaba la calefacci&oacute;n. Me dijo que hab&iacute;a pedido unas bebidas y que, si estaban entretenidos, por favor, las recibiera.<\/p>\n<p>Lo que vino despu&eacute;s no lo hab&iacute;a visto en los encuentros anteriores, pues &eacute;l se par&oacute; frente a ella y, acarici&aacute;ndola suavemente, por todo su cuerpo, empez&oacute; a hablarle, a halagarle, a decirle que estaba muy bonita, que su aroma le ten&iacute;a embelesado y que, cada vez que ella hablaba, el tono de su voz lo pon&iacute;a a mil revoluciones por minuto. Y, en ese galanteo, frente a frente, &eacute;l, delicadamente, empez&oacute; a quitarle la ropa. Primero fue su chaqueta, luego su blusa y por &uacute;ltimo su brasier, dejando expuestos sus pechos desnudos, que no dej&oacute; de acariciar, adular y lamer con delicadeza, chupando sus pezones que ya para ese momento estaban duros y erectos.<\/p>\n<p>El, a su vez, se despoj&oacute; de su chaqueta, su camisa y camiseta interior, dejando su torso desnudo. Y as&iacute;, favoreciendo el contacto mutuo de sus pieles, se besaron y acariciaron. El atend&iacute;a son pasi&oacute;n los pechos de ella, y ella, a su vez, se colgaba del cuello de aquel mientras lo besaba y acariciaba su pecho y sus hombros. Esos besos, sin embargo, no eran como otras veces. Aqu&iacute; hab&iacute;a algo m&aacute;s de entrega al momento por parte de mi esposa y &eacute;l, con paciencia, no apresuraba las acciones. Esos besos, m&aacute;s que de pasi&oacute;n, eran de agradecimiento, de consideraci&oacute;n, de total sumisi&oacute;n al momento.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s &eacute;l, ya sintiendo sus respiraciones agitadas, le quit&oacute; la falda y la despoj&oacute; de sus bragas y sus medias, permiti&eacute;ndole que se calzara nuevamente sus zapatos para quedar, estando de pie, casi a la misma altura que &eacute;l. Y &eacute;l, iba alternando el retiro de sus ropas. Una prenda de ella por una de &eacute;l, de modo que al quedar ella desnuda, &eacute;l tambi&eacute;n lo estaba. La diferencia era que la excitaci&oacute;n de ella se percib&iacute;a por el movimiento insinuante de su cuerpo, ofreci&eacute;ndosele a aquel, mientras que en &eacute;l era evidente porque su pene estaba duro, erecto y curvado hacia arriba, palpitando a la espera de penetrar a la dama.<\/p>\n<p>En esos preliminares, ambos de pie, desnudos uno frente al otro, bes&aacute;ndose y acarici&aacute;ndose, mi esposa tom&oacute; en sus manos el pene de aquel para acariciarlo, de arriba abajo, con delicadeza. Al hombre, aquella caricia parec&iacute;a gustarle y excitarle, porque, cuando ella le soltaba, &eacute;l volv&iacute;a a ubicarle las manos sobre su pene. Mientras tanto, la inquieta lengua de aquel jugueteaba en la boca de mi mujer, quien para nada le rechazaba.<\/p>\n<p>De un momento a otro, y quiz&aacute; ya cansados en esa posici&oacute;n, aunque muy conveniente para m&iacute;, que, en silencio, les observaba, &eacute;l la empuja para que ella caiga de espaldas sobre la gran cama y se acomod&eacute;. Ella as&iacute; lo hace y, abriendo sus piernas, lo invita con una se&ntilde;a para que se aproxime. El as&iacute; lo hace, sube a la cama, se acomoda en medio de sus piernas y se acuesta sobre su cuerpo para besarla nuevamente. Se acarician, una vez m&aacute;s, por todas partes, pero este no la penetra a&uacute;n.<\/p>\n<p>Poco a poco, el hombre deja de atender la boca de mi mujer y, poco a poco, se va deslizando hacia abajo, besando primero sus pechos, y m&aacute;s tarde su vientre para llegar, por &uacute;ltimo, a su sexo. Ella levanta sus caderas, apoy&aacute;ndose en sus piernas, para qu&eacute; &eacute;l pueda tener m&aacute;s f&aacute;cil acceso a su vagina y all&iacute;, con mucha devoci&oacute;n, empieza a lamer su cl&iacute;toris. La ansiedad por ese momento debi&oacute; ser mucha porque, cuando este hombre puso su lengua all&iacute;, ella exclam&oacute; un suave pero audible, ayyy, &iexcl;qu&eacute; rico! De modo que su hombre, estimulado por esa expresi&oacute;n de placer, se dedic&oacute; a recorrer con su lengua todos los rincones de la vagina de mi mujer, quien, cada vez gem&iacute;a m&aacute;s y m&aacute;s.<\/p>\n<p>Y, lengua y caricias de las manos de aquel en sus pechos y muslos, pronto la excitaron al punto de gemir y gemir, presa de placer, como si con cada movimiento de la lengua de este hombre ella alcanzara el cielo. Y as&iacute;, despu&eacute;s de varios minutos de trabajo continuado, el hombre fue movi&eacute;ndose a la inversa, ahora de abajo hacia a arriba, buscando volver a besar la boca de mi excitada y ansiosa esposa, pero ahora con la intenci&oacute;n de llegar a lo que se quer&iacute;a.<\/p>\n<p>Muy delicadamente lo hizo; la penetr&oacute; lentamente mientras la estaba besando. Sus gemidos eran ahogados por la boca de aquel, que ahora cubr&iacute;a la suya. Su pene ya estaba dentro de su vagina, pero &eacute;l mov&iacute;a sus caderas muy lenta y pausadamente, tal vez queriendo demorar la finalizaci&oacute;n lo m&aacute;s que se pudiera. Ella estaba encantada. Mov&iacute;a sus caderas en contraposici&oacute;n al movimiento de las caderas de &eacute;l, de modo que pareciera que se movieran acompasadamente sobre la cama. El empujaba y, cuando se retiraba, ella empujaba hacia &eacute;l. Sus sexos, sin duda, permanec&iacute;an unidos. El miembro de este, adem&aacute;s, por su gran tama&ntilde;o, dif&iacute;cilmente se saldr&iacute;a de su recept&aacute;culo.<\/p>\n<p>&Eacute;l estuvo as&iacute;, penetr&aacute;ndola en esa posici&oacute;n, y sin forzar la carrera, hasta que ella, en la m&aacute;xima cota de placer, experiment&oacute; su orgasmo y lo anunci&oacute; con un severo&hellip; ahhh&hellip; ayyy&hellip; ayy&hellip; ay&hellip; &iexcl;c&oacute;mo se siente de rico! Ahora si &eacute;l, satisfecha la dama, decidi&oacute; ir por lo suyo. Le pidi&oacute; que se colocara de costado sobre la cama y &eacute;l, acomod&aacute;ndose detr&aacute;s de ella, la penetr&oacute; y empez&oacute; a empujar, ahora s&iacute;, con mucha fuerza y vigor, manteniendo levantada la pierna derecha de mi esposa con una de sus manos. Y as&iacute;, d&aacute;ndole y d&aacute;ndole duro, empuj&oacute; y empuj&oacute;, hasta que, sacando el pene de su vagina eyacul&oacute; en medio de sus piernas. Ella pudo ver c&oacute;mo el chorro sali&oacute; disparado y cay&oacute; sobre las s&aacute;banas.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de esto &eacute;l, nuevamente, cubri&oacute; con su cuerpo el de ella y, sin dejar de hablar y besarla, sigui&oacute; adul&aacute;ndola, dici&eacute;ndole que hab&iacute;a estado fabulosa, que ella lograba sacar lo mejor de &eacute;l y que se sent&iacute;a un verdadero macho cuando estaba dentro de ella. &iexcl;En fin! Tanto halago sirvi&oacute; para que, pasados los minutos y, sintiendo ella en sus manos que aquel pene crec&iacute;a de nuevo, se acomodara para recibirle nuevamente. Esta vez ella se levant&oacute; de la cama, se dirigi&oacute; hacia un espejo, se apoy&oacute; en &eacute;l con sus brazos, inclinando un poco su tronco hacia adelante, de manera que sus nalgas quedaran a merced de su corneador.<\/p>\n<p>Este no perdi&oacute; tiempo, se coloc&oacute; un cond&oacute;n esta vez, a pedido de ella y, aprision&aacute;ndola por sus caderas, la penetr&oacute; desde atr&aacute;s y empez&oacute; a empujar de nuevo. Dale y dale otra vez. Mi esposa miraba su rostro en el espejo y ve&iacute;a como gesticulaba con cada embestida de aquel que, sin duda, estaba disfrutando de su regalo de cumplea&ntilde;os, tal como se le hab&iacute;a prometido. El sigui&oacute; y sigui&oacute; hasta que, finalmente, volvi&oacute; a eyacular, pero dej&oacute; su miembro dentro de su vagina y su cuerpo presionando el de ella hasta que, por fin, se retir&oacute;. El hombre se despoj&oacute; del cond&oacute;n, entr&oacute; al ba&ntilde;o un instante y volvi&oacute; a su lado, recost&aacute;ndose ambos en la cama, abrazados.<\/p>\n<p>Y all&iacute; se quedaron, abrazados, recuper&aacute;ndose del esfuerzo al punto de que dormitaron casi por cerca de cuarenta minutos. Mi esposa es la primera que se espabila, estando todav&iacute;a abrazada por aquel. Me mira y yo se&ntilde;alo mi reloj, sugiri&eacute;ndole que ya es tiempo. Sin embargo, me atrevo a preguntarle. &iquest;Acaso quieres m&aacute;s? No, dice, ya se hizo tarde. Es hora de irnos.<\/p>\n<p>Al parecer, si no es por el cumplea&ntilde;os de este joven, qui&eacute;n sabe cu&aacute;nto tiempo m&aacute;s hubiesen durado las hostilidades. Su presencia y el que le hiciera el amor a mi mujer en ese estado de sensibilidad y vulnerabilidad, propicio que, por fin, se hubiese dignado a dirigirme la palabra de nuevo. No hay mal que por bien no venga, reza el refr&aacute;n.<\/p>\n<p>Al final nos despedimos, todo muy rico, todo muy bien. Aquel sigui&oacute; halagando lo bien que folla mi esposa y la raz&oacute;n por la cual la prefiere por sobre toda la humanidad, de modo que ella muy satisfecha, complacida y halagada con tanta adulaci&oacute;n. No s&eacute; si en los d&iacute;as previos, al haber encontrado apoyo en su amante ante los momentos de perturbaci&oacute;n que sent&iacute;a, lleg&oacute; a surgir entre ella y &eacute;l algo que iba m&aacute;s all&aacute; de lo puramente sexual. Me dio la impresi&oacute;n que s&iacute;, que ella encontr&oacute; en &eacute;l no solo el sexo que tanto demanda sino tambi&eacute;n la comprensi&oacute;n emocional que aquel pareci&oacute; prodigarle escuch&aacute;ndola en esos momentos. Y eso hizo, sin lugar a dudas, que esta follada fuera diferente de las otras.<\/p>\n<p>&iquest;C&oacute;mo estuvo?, pregunt&eacute;. Fue raro, me contest&oacute;. &iquest;Por qu&eacute;?, dije. Se sinti&oacute; diferente, como m&aacute;s c&aacute;lido. No s&eacute;, como m&aacute;s involucrados. No entiendo, &iexcl;expl&iacute;cate! Bueno, tal vez, por primera vez, no me sent&iacute; en una aventura, sino que sent&iacute; algo m&aacute;s&hellip; como si fu&eacute;ramos pareja. Okey, entiendo. Eso quiere decir que ya es tiempo de cambiar el pasatiempo, coment&eacute;. &iquest;Por qu&eacute;?, pregunt&oacute;. Porque, si ya lo sientes como una pareja, com&uacute;n y corriente, pronto va a perder el encanto de la aventura. Tal vez, dijo ella, tal vez. Y as&iacute;, habl&aacute;ndonos nuevamente, termin&oacute; esta velada.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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