{"id":27004,"date":"2020-12-06T23:00:00","date_gmt":"2020-12-06T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-12-06T23:00:00","modified_gmt":"2020-12-06T23:00:00","slug":"en-el-aire-fragmento-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/en-el-aire-fragmento-1\/","title":{"rendered":"En el aire (Fragmento 1)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"27004\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 14<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>El programa de radio que conduc&iacute;a Marta se emit&iacute;a por las tardes de tres a siete. Su fama de no morderse la lengua ya le hab&iacute;a causado en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n alguna que otra amonestaci&oacute;n, sobre todo de las altas esferas. Sus preguntas en materia pol&iacute;tica eran contundentes y no sol&iacute;a irse por los cerros de &Uacute;beda porque hac&iacute;a tiempo que hab&iacute;a perdido la confianza en los pol&iacute;ticos, pues en los veinte a&ntilde;os que llevaba ejerciendo en la radio, ninguno la convenci&oacute; de que estaba equivocada.<\/p>\n<p>El programa constaba de diversas tem&aacute;ticas: cultura, pol&iacute;tica, sociedad, literatura, ciencia, ocio, etc. Duraba cuatro horas, pero su franja laboral abarcaba desde la una hasta las ocho de la tarde. La franja horaria iba tambi&eacute;n en funci&oacute;n de las vicisitudes acontecidas durante el d&iacute;a, pero dispon&iacute;a de flexibilidad para estructurar el contenido.<\/p>\n<p>La entrevista hab&iacute;a sido muy tensa y recibi&oacute; una llamada recriminando su conducta, advirti&eacute;ndole que fuese m&aacute;s precavida y que intentara no posicionarse, pero ella ten&iacute;a claros sus postulados y no quer&iacute;a ceder ni un &aacute;pice. Por eso, y por su carisma, era quien era y estaba donde estaba. La gran audiencia con la que contaba el programa era gracias a Marta, y consideraba que, si alguien no estaba de acuerdo en su modo de conducirlo, ella no ten&iacute;a ning&uacute;n inconveniente en abandonarlo, en vista de que ten&iacute;a ofertas tan sustanciosas o m&aacute;s en otras emisoras del mismo calibre.<\/p>\n<p>La entrevista a un pol&iacute;tico con el que no empatizaba y del que no lograba respuestas congruentes, y despu&eacute;s la amonestaci&oacute;n por haberse saltado el guion y ser tan incisiva en el interrogatorio, provoc&oacute; que el d&iacute;a fuese exasperante y decidi&oacute; irse a las siete. S&oacute;lo ten&iacute;a ganas de llegar a casa y darse un ba&ntilde;o caliente para relajarse, ponerse c&oacute;moda y acabar de leer el libro que al d&iacute;a siguiente ten&iacute;a que comentar con el escritor invitado al programa para su presentaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Era hora punta y los pasajeros se agolpaban en la estaci&oacute;n a la espera del pr&oacute;ximo metro que ya estaba haciendo su entrada en el and&eacute;n. A empujones consigui&oacute; entrar hasta el &uacute;ltimo de los viajeros, y dentro, como si de una lata de sardinas se tratase, iban ensambl&aacute;ndose todos como en un puzle. La situaci&oacute;n era m&aacute;s que agobiante. Entre empellones y codazos, cada cual intentaba encontrar ese hueco inexistente, queriendo, en la medida de lo posible, mantener el espacio vital que toda persona necesita para sentirse c&oacute;moda, pero que, dadas las circunstancias, apenas exist&iacute;a, de manera que los roces se hac&iacute;an inevitables.<\/p>\n<p>Al poco de iniciar la marcha el metro, Marta not&oacute; una respiraci&oacute;n muy cerca detr&aacute;s de ella y eso le caus&oacute; una incomodidad a&ntilde;adida. Sab&iacute;a que no era debido al poco espacio existente. Esa cercan&iacute;a de alguien respirando en su nuca era intencionada, pero decidi&oacute; no montar un numerito all&iacute; dentro y, sobre todo, quer&iacute;a pasar desapercibida. En la pr&oacute;xima estaci&oacute;n volver&iacute;an a moverse, acomod&aacute;ndose de nuevo para ir dejando huecos, de manera que aguant&oacute; el tipo. Not&oacute; despu&eacute;s un ligero roce en su espalda, como una leve caricia, pero no sab&iacute;a si era producto del vaiv&eacute;n o si realmente el individuo que se hallaba a su espalda estaba tom&aacute;ndose unas libertades que nadie le hab&iacute;a otorgado. Segundos despu&eacute;s sali&oacute; de dudas al percibir una ligera, pero manifiesta presi&oacute;n de la hombr&iacute;a del desconocido en sus nalgas. Iba con una falda fina de algod&oacute;n y por ello, notaba perfectamente la progresiva hinchaz&oacute;n del hombre tanteando el canal, primero poco a poco, como rozando, despu&eacute;s, al comprobar que no hab&iacute;a ninguna resistencia por su parte, presion&oacute; m&aacute;s impunemente, oprimiendo sus nalgas con su virilidad, y con ello percibi&oacute; como su rigidez iba in crescendo hasta advertir un abultamiento inusual. Marta miraba en todas las direcciones, pero era incapaz de voltearse hacia atr&aacute;s y verle el rostro para comprobar quien era el que atacaba su retaguardia. Estaba contrariada porque la situaci&oacute;n la incomodaba e incluso la violentaba. Aun as&iacute;, estaba paralizada y se sent&iacute;a impotente ante el asedio de aquel sinverg&uuml;enza, no sab&iacute;a muy bien por qu&eacute;. Era un cruce de sentimientos discordantes.<\/p>\n<p>Fueron sucedi&eacute;ndose las estaciones y la gente iba entrando y saliendo. Su desvergonzado agresor no se inmutaba y permanec&iacute;a adherido a su trasero como una lapa, restreg&aacute;ndole su entrepierna y efectuando un discreto movimiento de vaiv&eacute;n. Marta tampoco hac&iacute;a nada por intentar buscar otro hueco en el vag&oacute;n, pues iban form&aacute;ndose algunos en cuanto entraba y sal&iacute;a la gente. Pasaron como seis estaciones y el desconocido no abandonaba su privilegiada ubicaci&oacute;n. Marta empez&oacute; a transpirar. Nunca antes le hab&iacute;a pasado una cosa semejante y se sent&iacute;a abochornada, ante todo por su pasividad que ni ella misma entend&iacute;a. S&oacute;lo cuando un apremiante cosquilleo espole&oacute; su sexo entendi&oacute; aquellos calores que no eran demasiado normales para la &eacute;poca.<\/p>\n<p>La vida sexual de Marta era sobradamente satisfactoria con su esposo. Hac&iacute;an el amor dos veces por semana, en ocasiones tres, y cualquiera dir&iacute;a que no estaba nada mal para sus cuarenta y siete a&ntilde;os y los cuarenta y nueve de su esposo.<\/p>\n<p>Tampoco nunca hab&iacute;a tenido la necesidad de buscar sexo fuera del matrimonio, no le hab&iacute;a hecho falta y, a decir verdad, hab&iacute;a tenido numerosas ocasiones, aunque siempre las hab&iacute;a rechazado. Ella amaba a su marido y la infidelidad no entraba dentro de su esquema de valores.<\/p>\n<p>Ahora, despu&eacute;s de tantos a&ntilde;os de matrimonio, sin encontrar una explicaci&oacute;n racional a su actitud y, sin pretenderlo, se encontraba cogida a la barra de metal del pasillo del metro para no caerse, y a merced de aquel enigm&aacute;tico individuo que estaba estimulando sus bajos en una situaci&oacute;n totalmente surrealista. Sus pezones quisieron perforar su camisa y sus pliegues &iacute;ntimos se abrieron como los p&eacute;talos de una flor en primavera. Estaba a punto de perder la compostura sin entender muy bien por qu&eacute;. Incluso hizo un movimiento de su trasero, quiz&aacute;s involuntario, como si pretendiese acoplarse o sentir mejor la firmeza de su agresor. Instintivo o no, aquella acci&oacute;n alent&oacute; a su acosador a seguir ejerciendo aquel meneo repetitivo.<\/p>\n<p>Una mujer de su posici&oacute;n sucumbiendo ante la ordinariez de un fulano que intentaba propasarse, acos&aacute;ndola sexualmente. Sin embargo, contrariamente a lo que pudiera pensarse, su respiraci&oacute;n se aceler&oacute;, sus pulsaciones aumentaron considerablemente alentando la fantas&iacute;a de que aquel fulano le levantase la falda y la poseyera all&iacute; mismo. No quer&iacute;a verle la cara. Se conformaba &uacute;nicamente con las sensaciones, ya de por s&iacute;, notablemente estimulantes. Ni ella misma cre&iacute;a lo que estaba haciendo o, mejor dicho, lo que estaba dejando que le hiciera aquel sinverg&uuml;enza. Si alguien la hubiera visto y reconocido hubiese salido en todos los titulares de la ma&ntilde;ana. Marta, la famosa y reputada locutora del programa m&aacute;s escuchado de las tardes dej&aacute;ndose manosear por un desconocido en el metro.<\/p>\n<p>Los apretones de aquel osado individuo eran cada vez m&aacute;s atrevidos, pero nadie parec&iacute;a percatarse de lo que suced&iacute;a, y si alguien lo hizo, ella no se dio cuenta. El hombre no sent&iacute;a ning&uacute;n pudor por su actitud, con el riesgo de que alguien reparara en &eacute;l. Tampoco lo tuvo al inicio, al no contemplar una posible reacci&oacute;n negativa por parte de la que era su v&iacute;ctima.<\/p>\n<p>Marta advert&iacute;a la impunidad del hombre presionando su virilidad contra su trasero en un reiterado vaiv&eacute;n cada vez m&aacute;s r&aacute;pido, como si quisiese acabar all&iacute; mismo, entonces, por los altavoces anunciaron la parada de Marta, (muy a su pesar) haciendo que bajara de aquella nube en la que flotaba. Por unos momentos, con la puerta del metro abierta, dud&oacute; qu&eacute; deb&iacute;a hacer. Quiz&aacute;s la sensatez pudo m&aacute;s y se ape&oacute; del vag&oacute;n.<\/p>\n<p>Se sinti&oacute; aliviada, pero en el fondo, reconoci&oacute; que aquel individuo la hab&iacute;a excitado enormemente sin ni siquiera haberlo visto. Camin&oacute; por el and&eacute;n para salir de la estaci&oacute;n y su curiosidad hizo que volteara la cabeza para ver si la segu&iacute;a, sabiendo que no hab&iacute;a modo de reconocerlo, a no ser que manifestase alguna se&ntilde;al por su parte que lo identificara. Y lo cierto es que no identific&oacute; a nadie que se revelase como su posible acosador, con lo cual sigui&oacute; su camino por el and&eacute;n hacia la salida, pero antes de subir las escaleras se volte&oacute; una vez m&aacute;s para, entonces s&iacute;, observar a alguien de una edad indefinida, (entre una franja de treinta y cinco a cuarenta) que le sonre&iacute;a. Autom&aacute;ticamente se dio la vuelta y la enso&ntilde;aci&oacute;n de minutos antes se vino abajo dici&eacute;ndose a s&iacute; misma que aquel hombre no le gustaba en absoluto. Era un poco m&aacute;s alto que ella, desali&ntilde;ado, con una barriga cervecera que no disimulaba, y con la camisa sali&eacute;ndose de los pantalones. Vest&iacute;a unos tejanos, en los cuales se evidenciaba su reciente excitaci&oacute;n y eso le confirm&oacute; que, efectivamente era &eacute;l. Llevaba unas zapatillas que en sus mejores momentos habr&iacute;an sido blancas, pero ten&iacute;an ahora un color neutro indefinido. Sus entradas eran bastante prominentes, anunciando una calva que no se har&iacute;a de esperar. En definitiva, no le vio el atractivo por ning&uacute;n sitio y, por un lado, se sinti&oacute; aliviada, por lo que decidi&oacute; continuar su camino y olvidar aquel incidente. Pero pensando que ah&iacute; acababa aquel episodio, el hombre volvi&oacute; a invadir su espacio vital y le habl&oacute; al o&iacute;do expres&aacute;ndose de una forma muy poco novelera.<\/p>\n<p>&mdash; Creo que est&aacute;s cachonda, cari&ntilde;o, &mdash;le dijo sin tapujos y sin contemplar la evidencia de que estaba tratando con una dama exquisita y con mucha clase.<\/p>\n<p>Aquello fue demasiado para sus refinados modales. Se puso roja como el cartel de la m&aacute;quina expendedora de bebidas que anunciaba &ldquo;fuera de servicio&rdquo;. No sab&iacute;a qu&eacute; hacer. Aquel personaje desali&ntilde;ado y maleducado la estaba tratando con una groser&iacute;a desacostumbrada para ella. Por un lado, quer&iacute;a mandarlo a tomar viento, pero &iquest;qu&eacute; se hab&iacute;a cre&iacute;do? &mdash;pens&oacute;&mdash; &iquest;que por haber permanecido pasiva en el tren iba a abrirse de piernas as&iacute;, sin m&aacute;s? Sin embargo, aquel descarado deslenguado ten&iacute;a claras sus intenciones, y ante la inacci&oacute;n de su v&iacute;ctima, se vino arriba.<\/p>\n<p>&mdash; Voy a entrar en el lavabo de se&ntilde;oras. Dentro de un minuto entras t&uacute;. S&oacute;lo una cosa, &mdash;le dijo acerc&aacute;ndose a su o&iacute;do&mdash;. Despu&eacute;s tendr&aacute;s que caminar como un pato durante dos d&iacute;as. Creo que ya sabes de qu&eacute; hablo&#8230;<\/p>\n<p>El sinverg&uuml;enza se dirigi&oacute; hacia la puerta portando una sonrisa de oreja a oreja y se meti&oacute; sin ning&uacute;n pudor en los aseos de mujeres sin tampoco importarle que hubiese alguna otra mujer en los lavabos en ese momento. Marta esper&oacute; dos largos minutos a tres metros de la puerta sin saber qu&eacute; hacer. Todo aquello era como un sue&ntilde;o irreal, pero un sue&ntilde;o en el que si despertaba volver&iacute;a a la realidad, y Marta no quer&iacute;a volver, &iquest;para qu&eacute; negarlo? Pens&oacute; en su marido, no sab&iacute;a si para irse r&aacute;pidamente de all&iacute; o por los remordimientos debido a la gran locura que estaba a punto de cometer. Intent&oacute; retener el pensamiento con su esposo para que eso le ayudara a reaccionar y a huir de aquel lugar, pero no pod&iacute;a moverse de all&iacute;. Repar&oacute; en el riesgo que comportaba tener una aventura en aquellas circunstancias, con la amenaza de poner en peligro su reputaci&oacute;n y su familia, si alguien la reconoc&iacute;a. Dentro de su mente hab&iacute;a un gran dilema moral y, a pesar de que ese t&iacute;o no le gustaba nada, logr&oacute; excitarla en una situaci&oacute;n de lo m&aacute;s ordinaria, haciendo que sus m&aacute;s firmes convicciones se tambalearan.<\/p>\n<p>Sin saber por qu&eacute;, aquel trato oprobioso, le hab&iacute;a alterado las hormonas, algo impensable hac&iacute;a unas horas, sobre todo, teniendo en cuenta que a las mujeres les gusta que las traten como a reinas, y no era precisamente de esa manera como la estaba atendiendo, pero decidi&oacute; echar el resto y hacer una locura a sabiendas de que se arrepentir&iacute;a. Su sentido com&uacute;n le dec&iacute;a que echara a correr y su entrepierna le ped&iacute;a a gritos que cruzase el umbral de aquella puerta, as&iacute; que se arm&oacute; de valor y la abri&oacute;. Quiz&aacute;s lo que dijo sobre que luego tendr&iacute;a que caminar dos d&iacute;as como un pato tambi&eacute;n tuvo algo que ver con su decisi&oacute;n e hizo que la imagen de su esposo se desvaneciera por un momento. S&oacute;lo esperaba que no entrase nadie, o al menos, que no los pillasen.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a cuatro pilas de lavabos y cuatro puertas con sus respectivas tazas de w&aacute;ter. &Eacute;l se asom&oacute; y le hizo un gesto para que entrase con &eacute;l. Era la &uacute;ltima de la estancia. Estaba nerviosa, pero entr&oacute; decidida antes de que otra mujer irrumpiese en el lavabo y la viese. Nada m&aacute;s accedi&oacute; a la diminuta estancia, el desconocido cerr&oacute; la puerta detr&aacute;s de ella y la contempl&oacute; de arriba abajo complaci&eacute;ndose de la mujer que ten&iacute;a a su merced. Le dio un beso en la boca que a Marta le provoc&oacute; cierta repugnancia. Aquel morreo le sab&iacute;a a tabaco negro mezclado con brandy, y los pelos de su barba de dos d&iacute;as le pinchaban e irritaban su delicado cutis. El hombre sigui&oacute; con el beso y descendi&oacute; las manos aplic&aacute;ndole un magreo en sus nalgas por debajo de la falda.<\/p>\n<p>&mdash; Tienes un culazo divino, &mdash;dijo el troglodita, al tiempo que ella retroced&iacute;a e intentaba evitar su aliento en la cara mientras le hablaba.<\/p>\n<p>Marta se manten&iacute;a muy bien f&iacute;sicamente. Hac&iacute;a spinning los lunes, mi&eacute;rcoles y viernes de buena ma&ntilde;ana, y algunos s&aacute;bados, o bien domingos, jugaba a p&aacute;del formando pareja con su marido contra otras parejas del club. Su gen&eacute;tica y, evidentemente, el ejercicio, hab&iacute;an contribuido a mantener una figura que muchas veintea&ntilde;eras habr&iacute;an deseado para ellas y aquel hombre se percat&oacute; desde el primer momento de los excelentes atributos de su v&iacute;ctima.<\/p>\n<p>Estaba muy nerviosa. Era la primera vez en su vida que se lanzaba al abismo en una aventura con un desconocido, sin saber nada de &eacute;l, como si fuese a hacer puenting, sabiendo que la cuerda pod&iacute;a romperse en cualquier momento, o quiz&aacute;s no hab&iacute;an calculado bien la longitud de dicha cuerda.<\/p>\n<p>Ni hizo algo as&iacute; en su juventud, ni tampoco despu&eacute;s. Aunque en el entorno femenino se hablaba asiduamente de echar una cana al aire, la verdad era que a ella nunca le cautiv&oacute; esa idea. Amaba a su esposo y ten&iacute;a cubiertas sus necesidades sexuales, por tanto, nunca se hab&iacute;a planteado un affaire sexual. Sin embargo, all&iacute; estaba ahora, en un hediondo lavabo ante un desconocido que, m&aacute;s bien parec&iacute;a un hombre de las cavernas y pregunt&aacute;ndose qu&eacute; co&ntilde;o estaba haciendo all&iacute; y si aquello merec&iacute;a la pena.<\/p>\n<p>&mdash; Veo que est&aacute;s casada, &mdash;le dijo al ver el anillo&mdash;. Al final no has podido resistirte a ponerle los cuernos a tu marido. Ya veo que te va la marcha.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;No me hables as&iacute;! &mdash;le reprendi&oacute;.<\/p>\n<p>El fulano la cogi&oacute; de la barbilla haciendo caso omiso a su petici&oacute;n, mientras continuaba habl&aacute;ndole con un lenguaje de lo m&aacute;s vulgar.<\/p>\n<p>&mdash; No me vengas con remilgos, guapa, que se te nota a la legua que te mueres de ganas por un buen rabo, lo que me lleva a pensar que en casa no te atienden debidamente, de lo contrario no estar&iacute;as aqu&iacute;, &iquest;verdad cari&ntilde;o? &iquest;O me equivoco?<\/p>\n<p>Marta se arrepinti&oacute; de haber tomado aquella decisi&oacute;n. Le molestaba que le hablara de aquel modo, de hecho, jam&aacute;s le consinti&oacute; a nadie que le faltara al respeto de ninguna de las maneras. Aquel lenguaje tan soez y ofensivo le molestaba, pero de nuevo, sin tener una explicaci&oacute;n racional, no quer&iacute;a irse de all&iacute;. Estaba excitada y el paso ya estaba dado. Parec&iacute;a el doctor Jekyll y m&iacute;ster Hyde, totalmente sumida en un torbellino de emociones contradictorias. Al mismo tiempo, las palabras de aquel singular individuo aludiendo a su infidelidad le hicieron pensar en su esposo, y los remordimientos golpearon su cabeza con contundencia. Ahora estaba segura de que aquella decisi&oacute;n no hab&iacute;a sido la m&aacute;s acertada, en cualquier caso, la hab&iacute;a tomado ella y deseaba mantener al margen a su esposo y, por supuesto, no quer&iacute;a que el hombre de croma&ntilde;&oacute;n le reiterase constantemente que le estaba poniendo los cuernos.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Si&eacute;ntate!, &mdash;le orden&oacute;.<\/p>\n<p>Marta permanec&iacute;a en pie y, al no reaccionar, el hombre presion&oacute; sobre sus hombros y la sent&oacute; en la pringosa taza del W.C. Dej&oacute; su bolso a un lado, intentando que no se manchara, mientras &eacute;l desabrochaba sus pantalones y plantaba delante de su cara una mole casi en completa erecci&oacute;n que escapaba a cualquier menci&oacute;n descrita o imaginada anteriormente. Hac&iacute;a un instante pretend&iacute;a dejar al margen a su esposo de aquella insensatez en la que se hab&iacute;a aventurado, sin embargo, intent&oacute; comparar a ambos y estaba casi segura de que la herramienta de aquel sujeto doblaba en tama&ntilde;o a la de su amado, si bien, hasta el momento no hab&iacute;a tenido queja alguna y la hab&iacute;a satisfecho plenamente. El desconocido se la cogi&oacute; zarande&aacute;ndola delante de su cara.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Te gusta, guapa? &iquest;Crees que cubre tus expectativas? &mdash;le dijo, advirtiendo que le hab&iacute;a causado asombro su virilidad y empez&oacute; a darle contundentes golpes en la boca y en la cara.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Vamos, c&oacute;metela! &iexcl;No seas t&iacute;mida! &iquest;No era lo que quer&iacute;as? &iexcl;Venga!&#8230; que te mueres de ganas.<\/p>\n<p>El olor le result&oacute; desagradable y dud&oacute; si seguir con aquello o no, sin embargo, el desconocido no le dio opci&oacute;n, la cogi&oacute; de la cabeza por detr&aacute;s y se la encaj&oacute; en la boca, provoc&aacute;ndole cierta repulsi&oacute;n, por lo que hizo menci&oacute;n de retirarse. Por contra, su amante se lo impidi&oacute; aferrando su nuca y presion&aacute;ndosela para que fuera engullendo el falo que pretend&iacute;a abrirse paso hacia su gaznate. Entre muecas de reproche y sonidos guturales de rechazo, logr&oacute; superar la l&iacute;nea que separaba la repulsi&oacute;n de la complacencia y poco despu&eacute;s, su boca y su lengua se acostumbraron al sabor y, como no, al tama&ntilde;o, consiguiendo cogerle el tranquillo con relativa rapidez. Por su parte, el cavern&iacute;cola gozaba y gem&iacute;a soltando toda clase de improperios a los que ella iba acostumbr&aacute;ndose.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;D&eacute;jalo ya o me vas a arrancar la polla, cabrona! &iexcl;Ahora quiero follarte!<\/p>\n<p>La levant&oacute;, la apoy&oacute; bruscamente contra la pared, le levant&oacute; la falda y le baj&oacute; las bragas.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Menudo culazo tienes! &mdash;le dijo totalmente pose&iacute;do por el deseo, d&aacute;ndole unos cachetes en las nalgas como si comprobase su firmeza.<\/p>\n<p>Marta sab&iacute;a lo que ven&iacute;a a continuaci&oacute;n, le pidi&oacute; que se pusiera un preservativo para penetrarla y el hombre lanz&oacute; una carcajada.<\/p>\n<p>&mdash; No tengo condones cari&ntilde;o. Adem&aacute;s, no quiero que haya barreras entre nosotros.<\/p>\n<p>No le dio muchas opciones. Le palp&oacute; la raja por detr&aacute;s para ver su estado, comprobando su humedad.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Joder!, est&aacute;s en celo, cari&ntilde;o. Pero qu&eacute; casada m&aacute;s golfa.<\/p>\n<p>Aproxim&oacute; el miembro a la entrada e inici&oacute; la penetraci&oacute;n.<\/p>\n<p>Marta sinti&oacute; como entraba aquel v&aacute;stago invasor y la abr&iacute;a en canal. La primera sensaci&oacute;n fue que la desgarraba. A pesar de su humedad, le costaba entrar, pero tras empujar repetidas veces, penetr&oacute; por completo, iniciando un martilleo de menos a m&aacute;s.<\/p>\n<p>El desconocido aument&oacute; el ritmo, jadeando en cada acometida y ella disfrutaba de un sexo completamente nuevo. La cogi&oacute; de las caderas y arremeti&oacute; con fuerza contra ella. Sus manazas recorr&iacute;an su cuerpo y, despu&eacute;s de arrancarle el sujetador, sob&oacute; sus pechos mientras se balanceaban al ritmo de los embates. Asi&oacute; su cabello como si fuesen las riendas de una yegua, acerc&aacute;ndola con fuertes tirones en cada embestida. Cada vez arremet&iacute;a con m&aacute;s fiereza y, con la violencia creciente de los embates, lograba levantarla del suelo. La ferocidad con la que el hombre embest&iacute;a junto a sus indecorosos actos, provocaba que se sintiera muy miserable y sucia, pero, al mismo tiempo, la sensaci&oacute;n era repelida por la que le provocaba aquel mazacote entrado y saliendo dentro de su ser. El hombre abandon&oacute; el recept&aacute;culo y ella not&oacute; un gran vac&iacute;o, aunque no por mucho tiempo. Le dio la vuelta, le levant&oacute; la pierna y Marta volvi&oacute; a sentir como el intruso invad&iacute;a de nuevo sus entra&ntilde;as. La boca de su amante busc&oacute; la suya y ella experiment&oacute; las mismas nauseas de antes por el sabor a tabaco y alcohol que aquel hombre desprend&iacute;a, sin embargo, el placer que percib&iacute;a a cambio en su interior, mitigaba los dem&aacute;s sentidos. Sus bocas se fusionaron mientras el individuo segu&iacute;a en su tarea percutora y Marta, cogida a su cuello, se dejaba hacer, gozando de cada uno de los embates del cavern&iacute;cola. La lengua de &eacute;ste busc&oacute; el cuello y la oreja recorriendo toda el &aacute;rea e impregnando su desagradable olor sobre la zona.<\/p>\n<p>Cuando se cans&oacute; de la posici&oacute;n, se sent&oacute; en la taza mostrando su erecci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Si&eacute;ntate y cab&aacute;lgame!, &mdash;le orden&oacute;.<\/p>\n<p>La que hasta ese momento hab&iacute;a sido una esposa y madre ejemplar, empu&ntilde;&oacute; el manubrio, lo acerc&oacute; y tante&oacute; en su sexo, despu&eacute;s fue bajando poco a poco hasta que se sinti&oacute; completamente llena. A continuaci&oacute;n, empez&oacute; a saltar sobre la estaca del extra&ntilde;o al ritmo que ella deseaba y la sensaci&oacute;n del miembro incursionando en su canal fue indescriptible. Mientras disfrutaba de la cabalgada, una punzada de culpa le record&oacute; que estaba siendo una adultera y una depravada, pero el placer, que iba in crescendo, terminaba siempre por ensombrecer su mala conciencia. Sea como fuere, ya no hab&iacute;a marcha atr&aacute;s. Hac&iacute;a un rato que la sensatez hab&iacute;a abandonado el lugar, march&aacute;ndose junto a los pasajeros del metro, pero ella decidi&oacute; quedarse con la imprudencia y la temeridad de abandonarse a los caprichos lujuriosos de aquel depravado. Ahora era incapaz de razonar y de evaluar las consecuencias de sus actos. El sentimiento de culpa dej&oacute; de golpearla gracias al placer que le produc&iacute;a saltar sobre aquel mandril, y se encontraba a las puertas del orgasmo, cuando oy&oacute; que se abr&iacute;a la puerta de los lavabos. Aquel hecho hizo que abandonara su burbuja y se detuvo en seco intentando que nadie se percatara de lo que ocurr&iacute;a en aquella &uacute;ltima estancia, sin embargo, a su amante pareci&oacute; no importarle que hubiese entrado alguien.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Sigue movi&eacute;ndote, cari&ntilde;o! &mdash;se quej&oacute;.<\/p>\n<p>Marta se hab&iacute;a quedado petrificada y ahora era &eacute;l quien impon&iacute;a el ritmo, dada su pasividad. Estaba segura de que la mujer que estaba orinando era sabedora de lo que estaba ocurriendo detr&aacute;s de la &uacute;ltima puerta. Oy&oacute; el chorro de pis, a continuaci&oacute;n, como cerraba la taza y tiraba la cadena, despu&eacute;s se lav&oacute; las manos y abandon&oacute; el lugar, con lo cual, respir&oacute; aliviada y retom&oacute; la cabalgada, ahora completamente desinhibida. Not&oacute; que el orgasmo que hab&iacute;a huido regresaba con renovadas fuerzas y grit&oacute; como nunca al correrse. &Eacute;l, sabiendo que le estaba proporcionando un gran placer sigui&oacute; movi&eacute;ndose, escuchando sus jadeos que parec&iacute;an no finalizar. Fueron treinta segundos disfrutando del cl&iacute;max m&aacute;s salvaje que recordaba en a&ntilde;os. No era cierto, no cre&iacute;a recordar ning&uacute;n orgasmo semejante en su vida. Las piernas ya no respond&iacute;an a sus &oacute;rdenes y se qued&oacute; sin energ&iacute;a y sin fuerzas para seguir movi&eacute;ndose en aquella posici&oacute;n, de modo que &eacute;l la levant&oacute; y la sent&oacute; en la taza. Se puso de pie frente a ella con los pantalones bajados reclamando su atenci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Muy bien, empl&eacute;ate a fondo!, &mdash;le orden&oacute;.<\/p>\n<p>Marta se apoder&oacute; del palpitante pil&oacute;n de carne, lo palp&oacute;, lo sopes&oacute; y lo acarici&oacute;, disfrutando de su envergadura. Lo aferr&oacute; desde la base y lo abraz&oacute; con la boca. Lo hac&iacute;a despacio, acompa&ntilde;ando con la mano mientras lo engull&iacute;a. Volvi&oacute; a entrar otra mujer en el lavabo y Marta detuvo aquella pr&aacute;ctica para hacer el menor ruido posible, pero su amante no estuvo de acuerdo.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Vamos, no pares! &mdash;le apremi&oacute;.<\/p>\n<p>Y sigui&oacute; en su tarea intentando ser discreta, mientras miraba hacia arriba su cara de placer.<\/p>\n<p>La mujer sali&oacute; del ba&ntilde;o, tambi&eacute;n conocedora del trasiego que hab&iacute;a tras aquella &uacute;ltima puerta. &Eacute;l pareci&oacute; querer imponer el ritmo y la cogi&oacute; por detr&aacute;s de la nuca, moviendo r&iacute;tmicamente el miembro dentro de su boca.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;As&iacute;, guapa, sigue, no pares, cabrona!<\/p>\n<p>Ella abri&oacute; todo lo que daba de s&iacute; su boca intentando albergar la mole que, en vano, quer&iacute;a abrirse paso hacia su garganta. La presi&oacute;n y el forcejeo le provocaron arcadas, y a punto estuvo de vomitar cuando la punta roz&oacute; la campanilla. De repente, su amante extrajo el miembro de su boca y comenz&oacute; a moverlo r&aacute;pidamente sobre su cara. Su cuerpo se contorsion&oacute; hacia atr&aacute;s, sus piernas se doblaron ligeramente y su cara se desencaj&oacute; anunciando el inminente orgasmo que la pill&oacute; desprevenida, dando un grito del sobresalto cuando el l&iacute;quido se estrell&oacute; en su rostro. Nunca hab&iacute;a visto nada semejante. Tras esa primera descarga que le ba&ntilde;&oacute; completamente la cara y casi le saca un ojo, vino otra, y otra, y otra, y as&iacute; sucesivamente hasta hacerle pensar a Marta que aquello no acababa nunca, pero gradualmente, las andanadas perdieron intensidad hasta que remiti&oacute; la desproporcionada corrida, dejando su cuerpo embadurnado de pies a cabeza.<\/p>\n<p>&mdash;Mira como me has puesto. &iquest;Ahora qu&eacute; hago yo? &mdash;le pregunt&oacute; haciendo aspavientos con las manos, intentando sacudirse todo aquel pringue y sin saber c&oacute;mo iba a limpiarse.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Empieza por dej&aacute;rmela reluciente, guarra! &mdash;le orden&oacute; poni&eacute;ndosela en la boca de nuevo.<\/p>\n<p>Marta se sinti&oacute; contrariada por todo lo que acababa de pasar. Despu&eacute;s de la euforia vino la calma y ahora le mortificaba el paso que hab&iacute;a dado hacia el vicio y la indecencia. Ya no ve&iacute;a de igual modo aquel trato tan grosero, pero al neandertal parec&iacute;a importarle poco como pod&iacute;a sentirse despu&eacute;s de haber sido una adultera. Lo inquietante no era s&oacute;lo haber dado el perverso paso, sino haberlo disfrutado tanto.<\/p>\n<p>El hombre recogi&oacute; con su miembro el l&iacute;quido de su precioso rostro y lo deposit&oacute; en su boca, oblig&aacute;ndola a trag&aacute;rselo ante la reticencia de Marta.<\/p>\n<p>Hasta ese momento hab&iacute;a sido impensable tragarse la sustancia viscosa y amarga. Nunca lo hab&iacute;a hecho anteriormente. Le gustaba que su esposo eyaculara en sus pechos, en contadas ocasiones lo hac&iacute;a en la cara y en la boca, ahora bien, cuando eso ocurr&iacute;a, lo escup&iacute;a porque le daba aprensi&oacute;n paladear el nauseabundo caldo. Ahora, el cavern&iacute;cola la estaba obligando a tragarse su simiente y, despu&eacute;s de manifestar su repulsa se limpi&oacute; la cara, los labios y la lengua con papel higi&eacute;nico. &Eacute;l la mir&oacute; mientras se sub&iacute;a los pantalones y guardaba su miembro, sonriendo de satisfacci&oacute;n.<\/p>\n<p>Marta permanec&iacute;a sentada en la taza y su desali&ntilde;ado amante ya estaba a punto de marcharse, pero antes sac&oacute; una arrugada tarjeta de su cartera donde aparec&iacute;a su n&uacute;mero de tel&eacute;fono, la direcci&oacute;n de una p&aacute;gina web, junto a los servicios de reparaciones en general.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Toma cari&ntilde;o! Cuando necesites que te den ca&ntilde;a, ll&aacute;mame. Si tu marido no te atiende debidamente, ya sabes&#8230; La pr&oacute;xima vez te romper&eacute; el culo&hellip; Por cierto, me llamo Oscar, &mdash;se present&oacute; d&aacute;ndole la mano y esperando que ella le dijera su nombre.<\/p>\n<p>&mdash; Marta, &mdash;dijo sentada en la taza, totalmente desali&ntilde;ada, sin bragas, con los pechos fuera, y completamente impregnada del espeso l&iacute;quido.<\/p>\n<p>&mdash; Hasta pronto Marta. Ha sido un placer&#8230; Espero que me llames. &mdash;Se despidi&oacute; gui&ntilde;&aacute;ndole un ojo como si aquello fuese lo m&aacute;s normal del mundo y desapareci&oacute; dej&aacute;ndola all&iacute; sentada, rebosante de esperma, sin saber qu&eacute; hacer y con una arrugada tarjeta en la mano que meti&oacute; en su bolso. Se pregunt&oacute; si tendr&iacute;a por costumbre abordar a mujeres en el metro o aquella era la primera vez.<\/p>\n<p>Utiliz&oacute; todo el papel higi&eacute;nico que hab&iacute;a, junto con los otros tres rollos que se hallaban en las otras estancias. Despu&eacute;s se lav&oacute; con agua el pelo y los restos de su cuerpo. Intent&oacute; quitar con ella la suciedad de la falda y la camisa. Finalmente, de un modo u otro, segu&iacute;a empapada, y con el papel higi&eacute;nico fue absolutamente imposible secarse.<\/p>\n<p>Cuando estuvo un poco decente &mdash;si es que eso era posible&mdash;, abri&oacute; la puerta confiando en que nadie se percatase de su aspecto, cosa harto imposible y, sobre todo, rogaba para que nadie la reconociera.<\/p>\n<p>El morbo y la curiosidad hicieron que una de las mujeres que hab&iacute;a irrumpido anteriormente en los aseos esperase afuera para ver quien hab&iacute;a tras aquella puerta. Baj&oacute; la cabeza para ocultar su rostro y aquella fisgona mujer no dej&oacute; de mirarla hasta que se fue del lugar, como tambi&eacute;n se supon&iacute;a que habr&iacute;a visto al hombre que sali&oacute; por la misma puerta y abandon&oacute; el lugar antes que ella.<\/p>\n<p>Mucha gente se fij&oacute; en su ropa empapada, pero no sab&iacute;an a qu&eacute; era debida aquella humedad. Cuando sali&oacute; a la calle un bofet&oacute;n de aire fr&iacute;o le sacudi&oacute; el cuerpo y temi&oacute; resfriarse. Se fue todo lo r&aacute;pido que sus tacones le permitieron hacia casa, confiando en que al entrar pudiese ir directamente al ba&ntilde;o sin tener que dar explicaciones incoherentes.<\/p>\n<p>Su marido todav&iacute;a no hab&iacute;a llegado y su hija era la &uacute;nica que estaba en casa en ese momento y afortunadamente se encontraba en su habitaci&oacute;n hablando por tel&eacute;fono, con lo cual, con un saludo a distancia se meti&oacute; en el ba&ntilde;o y camufl&oacute; la ins&oacute;lita haza&ntilde;a.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 14<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>El programa de radio que conduc&iacute;a Marta se emit&iacute;a por las tardes de tres a siete. 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