{"id":27030,"date":"2020-12-08T23:00:00","date_gmt":"2020-12-08T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-12-08T23:00:00","modified_gmt":"2020-12-08T23:00:00","slug":"trastorno-bipolar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/trastorno-bipolar\/","title":{"rendered":"Trastorno bipolar"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"27030\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Mario no desea seguir con la discusi&oacute;n. Est&aacute; muy harto de los cambios repentinos de humor de Luisa. Todo parece ir estupendamente y en un instante la calma se viene abajo sin haber un motivo justificado para discutir, pero por lo visto, ella no piensa lo mismo y encuentra esa raz&oacute;n, respaldando su causa para iniciar una disputa como si necesitase de ella igual que un yonqui necesita su dosis diaria de crack.<\/p>\n<p>Con todos esos altibajos se plantea si no sufrir&aacute; un trastorno bipolar porque, al igual que un b&oacute;lido, llega de cero a cien en menos de un segundo, ella localiza una causa, la argumenta con la desenvoltura propia de una verdulera y estalla en gritos e insultos en menos que canta un gallo. &iquest;Qu&eacute; le est&aacute; pasando? Mario no lo sabe porque son tantas las razones que encuentra que ya no est&aacute; seguro de nada. Cuando no son sus padres, son los hijos, si no, la fregada o cualquier mota de polvo que interfiere en su vista. Sin embargo, con todo ello, Mario adora a su esposa. La quiere m&aacute;s que a nada desde el primer d&iacute;a que se conocieron en la facultad, pero con su actitud bipolar se dir&iacute;a que en esos momentos de crisis, para ella ha desaparecido toda muestra de apego. Despu&eacute;s regresa la calma y todo sigue como si nada hubiese pasado.<\/p>\n<p>Esta vez no es diferente, aunque sea otro el pretexto que haya encontrado para discutir. La postura de Mario es apelar a la calma y discutir del tema como dos personas adultas y formadas que son, pero Luisa no atiende a razones y despliega todo un repertorio de insultos e improperios propios de la mejor deslenguada del arrabal, por consiguiente, es la gota que colma el vaso. En vista de que su esposa parece estar pose&iacute;da por el demonio y es humanamente imposible razonar con ella, &eacute;l hace lo que no ha hecho nunca hasta ahora, y en un arrebato abre la puerta y sale de casa sin saber siquiera ad&oacute;nde va. Cuando la cierra se percata del frio que hace y de que ha salido con lo puesto, pero no quiere volver a entrar ni parecer rid&iacute;culo. No le apetece ir de un lado a otro deambulando sin un destino concreto, pero tampoco quiere entrar de nuevo en casa en esos momentos. Vive en el decimoquinto, pero para demorar la llegada a la calle decide no coger el ascensor y bajar a pie. En el rellano del decimocuarto se abre la puerta del ascensor y sale Carmen que llega en ese momento y lo saluda con la simpat&iacute;a que le caracteriza y su amable sonrisa.<\/p>\n<p>Tiene sesenta y tres a&ntilde;os, y aunque su esplendor de juventud ha huido con la edad, todav&iacute;a goza de un candoroso rostro en el que apenas se perciben arrugas, adornado con unos preciosos ojos azules de una mirada profunda en la que uno puede extraviarse si la prolonga demasiado. No tiene un peso excesivo, pero la edad ha ido haciendo mella marchitando un cuerpo que en sus mejores momentos habr&iacute;a sido atractivo. Aun as&iacute;, sus anchas caderas y su pecho exageradamente grande han sido objeto de algunas de las furtivas miradas de Mario y, &iquest;por qu&eacute; no decirlo? de alguna que otra fantas&iacute;a tambi&eacute;n.<\/p>\n<p>Entre ellos siempre ha habido una relaci&oacute;n cordial de amistad vecinal, pero cuando existe una qu&iacute;mica a&ntilde;adida es detectada en ambos casos.<\/p>\n<p>Ella es viuda, pero Mario nunca la ha visto con ninguna pareja. Su distracci&oacute;n parece ser &uacute;nicamente la de sus nietos. Tiene tres: dos churumbeles de su hija y uno de su hijo.<\/p>\n<p>Carmen percibe que la sonrisa que le devuelve Mario a modo de saludo es fugaz y forzada, algo que no es habitual en &eacute;l, y unido al hecho de bajar a pie las escaleras desde el decimoquinto es motivo para adivinar que algo ha vuelto a pasar, puesto que por cercan&iacute;a vecinal es conocedora de muchas de sus discusiones.<\/p>\n<p>Ella le pregunta qu&eacute; le pasa y &eacute;l parece necesitar desahogarse y un hombro en el que apoyarse ante el sinsentido de la histeria de Luisa, de modo que decide explayarse con Carmen y liberar toda la tensi&oacute;n acumulada propiciada por tanto desprop&oacute;sito. Mientras le expone su relato le comenta que ha salido de casa sin la chaqueta y sin ni siquiera saber a donde ir, por lo que Carmen le invita a pasar, abrirse y quedarse un rato hasta que se calme la tempestad, habida cuenta de que afuera hace un frio que ya no se ve a nadie en la calle buscando pokemons.<\/p>\n<p>Cuando entran en la vivienda Mario percibe un calor reconfortante que invita a quedarse. Carmen se quita la chaqueta y la cuelga en una percha junto con el bolso y ambos pasan al sal&oacute;n para estar m&aacute;s c&oacute;modos y charlar.<\/p>\n<p>Mario tiene treinta y tres a&ntilde;os menos que ella y en los tres que llevan siendo vecinos nunca hab&iacute;a entrado en su casa y comprueba entonces que es muy acogedora. Ambos est&aacute;n sentados en el mismo sof&aacute;, uno al lado del otro, y a Carmen no le importa en absoluto que su pierna se roce involuntariamente con la de Mario, es m&aacute;s, cuando se percata de ello no hace menci&oacute;n de separarla, sino todo lo contrario porque le agrada el contacto, aunque no haya pretensi&oacute;n de nada m&aacute;s, pero la qu&iacute;mica que siempre les ha envuelto empieza a liberar las sustancias de una atracci&oacute;n f&iacute;sica que poco a poco va gest&aacute;ndose en ambos por igual.<\/p>\n<p>Carmen tiene que contar los a&ntilde;os y los meses que hace que se qued&oacute; viuda para recordar cuando fue la &uacute;ltima vez de su &uacute;ltimo polvo. Despu&eacute;s de que enviudara ya no volvi&oacute; a probar los placeres de la carne y, aunque la qu&iacute;mica entre Mario y ella siempre ha sido manifiesta, nunca hubo una intencionalidad sexual, pero ahora el hecho de tenerlo a su vera y contando con que su esposa es un estorbo en esos momentos, el roce de su pierna despierta en ella deseos reprimidos y olvidados hace tiempo. El joven sentado a su lado se percata poco a poco de una mayor familiaridad y de un exceso de confianza que hasta el momento no se hab&iacute;a dado y eso se debe a que, a modo de consuelo, la mano de Carmen se posa en su pierna, aparentemente de forma inocente, pero Mario detecta lo vulnerable y receptiva que es a su contacto. En ese momento &eacute;l eval&uacute;a lo que est&aacute; ocurriendo y siente cierto rechazo. Piensa en su mujer y en lo atractiva que es. La compara con Carmen y siente que se desinfla, sin embargo los recuerdos de las pajas que se ha hecho a su salud le recuerdan que es una mujer que todav&iacute;a conserva un remanente de tentaci&oacute;n, despertando en &eacute;l cierto morbo, y est&aacute; enteramente a su disposici&oacute;n. Carmen se percata de las miradas furtivas al canalillo de sus encorsetadas tetas y advierte en &eacute;l un visible nerviosismo, a cambio posa su intensa mirada en la de Mario y este se pierde en la profundidad del azul de sus ojos. Ambos se quedan sin decir nada. No hace falta. Sobran las palabras pese a que se entreabran las bocas. Es Carmen la que hace un movimiento muy sutil de acercarse y Mario reacciona aproxim&aacute;ndose a su boca para unir sus lenguas. Carmen se agarra a &eacute;l y &eacute;ste le devuelve el abrazo. Desde ese momento las manos de ambos inician una exploraci&oacute;n por el cuerpo del otro. Mario se apodera de una de las tetas de Carmen y advierte que su mano no puede acaparar toda la carne. Reconoce que nunca ha tocado una de ese tama&ntilde;o. Le quita el su&eacute;ter de pico que lleva y puede ver como el sujetador aguanta estoicamente amarrando tanta carne. Es ella la que se lo desabrocha dejando a la vista un par de melones que parecen haber hipnotizado al joven cuando la fuerza de gravedad los vence. Mario se apodera de las dos tetas y les dispensa un intenso magreo, mientras las sopesa y se amorra a los pezones como si fuese un beb&eacute;. Va intercambiando de uno a otro y le faltan manos para acaparar los globos de oro.<\/p>\n<p>Carmen empieza a gemir con sus caricias evocando placeres olvidados. Dirige la mano a su pierna y la desliza hacia arriba en busca de su hinchado paquete. Su mano se pasea por el mont&iacute;culo de su bragueta presionando el bulto. Lo quiere. Lo desea. Los dos hacen un inciso para desnudarse completamente. Carmen se desprende de la falda y de las medias y se queda en bragas mostrando su cuerpo en toda su plenitud. Mario la contempla y repara en que, a pesar del volumen, todas las curvas est&aacute;n en su lugar. Lo &uacute;nico que le resulta desacertado son sus bragas anti lujuria, pero pronto se deshace de ellas dejando al descubierto un co&ntilde;o con su mata de pelo perfectamente acicalado que lo empuja a llevar su mano all&iacute; a la vez que los dedos se pierden en la humedad de aquella cueva inexplorada durante a&ntilde;os.<\/p>\n<p>Carmen est&aacute; de pie suspirando, dej&aacute;ndose hacer y abandon&aacute;ndose al placer que su joven vecino le est&aacute; provocando con los dedos reactivando su cuerpo marchito, y al comp&aacute;s de los dedos, va moviendo su pelvis queriendo sentir m&aacute;s.<\/p>\n<p>Mario hace un par&eacute;ntesis para quitarse los pantalones, ya que necesita liberar al cautivo que se revuelve en su prisi&oacute;n reclamando su libertad. Se quita los pantalones con celeridad y la boca de ella se entreabre involuntariamente ante el miembro que tiene delante completamente a su disposici&oacute;n. Avanza un paso y lo coge con ambas manos para cerciorarse de que ese momento es real y no un sue&ntilde;o. Lo toca, lo acaricia y lo repasa una y otra vez aferr&aacute;ndose a &eacute;l como si fueran a quit&aacute;rselo de un momento a otro. A continuaci&oacute;n se arrodilla ante &eacute;l y lo contempla babeando en un primer plano. Lo vuelve a coger con la mano y empieza a masturbarlo como si quisiera que acabase r&aacute;pidamente, pero se detiene de golpe abriendo la boca lentamente y haciendo que desaparezca completamente en ella.<\/p>\n<p>Desde arriba Mario ve como la cabeza de Carmen oscila adelante y atr&aacute;s trag&aacute;ndose por completo su verga, reconociendo que Luisa nunca se la ha tragado entera, ni siquiera lo ha intentado. A pesar de que no es una gran polla, Mario est&aacute; m&aacute;s que satisfecho con su &oacute;rgano y por lo que se ve, Carmen tambi&eacute;n, pues parece dispuesta a no soltar su caramelo por nada del mundo. Lo repasa una y otra vez con la lengua, recre&aacute;ndose en cada sinuosidad y en cada &aacute;ngulo. Le levanta la polla hacia arriba y pasea su lengua desde el glande hasta el tallo para dirigirse a la bolsa de la cual cuelgan unos huevazos que en ese momento le recuerdan dos pelotas de pim pom. Se introduce cada una de ellas por igual repas&aacute;ndolas una por una decenas de veces y Mario empieza a pensar que si no la detiene estallar&aacute; en su cara, por tanto la aparta suavemente y la recuesta en el sof&aacute; pensando que ahora le toca a &eacute;l demostrarle su maestr&iacute;a. Eso le sirve para calmarse un poco.<\/p>\n<p>Carmen abre las piernas para &eacute;l y Mario contempla el co&ntilde;o abierto en el que parece que de un momento a otro vayan a surgir unas fauces para devorarlo. Hunde la cabeza entre sus piernas y se aplica en el cunnilingus. La lengua recorre cada pliegue y los caldos empiezan a manar en forma de reguero de un co&ntilde;o m&aacute;s que hambriento. Mario degusta el sabor salado que va embriagando su conciencia a pesar de que a esas alturas ha desaparecido. La lengua busca el peque&ntilde;o y sensible n&oacute;dulo que ha escapado de su capucha para recibir las atenciones del joven, sin embargo el placer que provoca es tan intenso que sus anchas caderas se retuercen una y otra vez en busca de una penetraci&oacute;n que llega con dos dedos dispuestos a encontrar la rec&oacute;ndita y placentera protuberancia interior. Los dedos se mueven dentro de ella repetidamente, despu&eacute;s encuentran el punto y presionan ligeramente mientras la lengua se centra en el peque&ntilde;o bot&oacute;n hasta que es imposible aguantar tanto placer y Carmen explota en un cl&iacute;max gritando de gozo. Los flujos se desparraman por toda la zona y Mario saborea y paladea el sabor de aquella mujer madura, entretanto ella se queda exhausta y de piernas abiertas como si hubiese ca&iacute;do del techo. Pero Mario est&aacute; ahora en celo y se coloca encima, posa su polla sobre su abierta raja y la penetra completamente de un solo golpe de caderas. Carmen lanza un alarido de placer al notar la verga en su interior y cuando Mario emprende el bombeo en su cavidad, su excitaci&oacute;n regresa con renovadas fuerzas para seguir disfrutando de su joven amante.<\/p>\n<p>El tel&eacute;fono suena. Debe ser Luisa. Mario se detiene un instante, ambos se observan pensando lo mismo. Dirige la mirada hacia el tel&eacute;fono y decide ignorarlo y continuar copulando con su vecina. Engancha las piernas de Carmen en sus hombros y retoma la fren&eacute;tica follada, lo que provoca que los jadeos de los dos amantes se entremezclen al tiempo que fornican como dos descosidos, acelerando el ritmo en cada embate. Carmen nota que otro orgasmo quiere asomar y aferra sus nalgas alent&aacute;ndolo a darle ca&ntilde;a en medio de gritos que le ordenan una y otra vez que la folle con m&aacute;s fuerza. Tanto sexo reprimido durante a&ntilde;os aflora llev&aacute;ndola a un nuevo orgasmo en el que las convulsiones de su co&ntilde;o lo llevan a &eacute;l al suyo explotando en su interior, mientras los dos vecinos se funden en un sinf&iacute;n de gritos y jadeos.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de tanta efervescencia los dos amantes yacen tendidos en el sof&aacute; uno al lado del otro sin fuerzas para articular palabra alguna, s&oacute;lo se les oye suspirar junto a una c&oacute;mplice sonrisa de aprobaci&oacute;n. Sobran las palabras. Ya est&aacute; todo dicho.<\/p>\n<p>Carmen se siente henchida de gozo. Acaba de tener la experiencia m&aacute;s placentera de toda su vida cuando ya pensaba que su vida sexual con un hombre hab&iacute;a llegado al ocaso.<\/p>\n<p>El tel&eacute;fono vuelve a sonar y ambos vuelven a mirarse con recelo. Mario siente una punzada de culpa por lo que acaba de hacer, puesto que todav&iacute;a ama a su esposa m&aacute;s que a nada en el mundo, de modo que se levanta y decide cogerlo. Carmen siente un atisbo de animadversi&oacute;n por ella al estropear el momento y contempla a Mario desnudo mientras habla con su esposa. No la odia, pero la envidia. No presta atenci&oacute;n a lo que dice, tan s&oacute;lo observa como va desplaz&aacute;ndose de un lado a otro mientras habla. Observa sus nalgas prietas, su vientre liso y su polla, ahora fl&aacute;cida. Luisa le pregunta donde est&aacute; y &eacute;l esquiva la respuesta, pero parece que el demonio ya ha salido de su interior y quiere que regrese a casa. Carmen intuye que se est&aacute;n reconciliando y mientras &eacute;l est&aacute; de pie hablando, ella se arrodilla para introducirse su pene en la boca y Mario empieza a respirar de un modo sospechoso. Entretanto Carmen nota como se va endureciendo el miembro en su boca y se afana en la tarea. Sus manos repasan toda la zona, acarician los huevos y recorren el tallo mientras su boca va y viene por un falo ya en completa erecci&oacute;n. Mario no puede prestar ya atenci&oacute;n al tel&eacute;fono, mucho menos razonar coherentemente y entre amortiguados jadeos, cuelga diciendo que no tardar&aacute;.<\/p>\n<p>Desde su posici&oacute;n contempla como Carmen se aplica en la mamada y observa sus ojos azules mientras engulle su polla. Vuelve a estar muy cachondo y la levanta para acompa&ntilde;arla atropelladamente hasta el sof&aacute;, la pone de rodillas apoyada en el respaldo ofreci&eacute;ndole un enorme y a la vez excitante trasero, adornado con una especie de hucha reclamando que deposite all&iacute; sus reservas.<\/p>\n<p>Mario se queda obnubilado viendo el exagerado culo a su disposici&oacute;n al tiempo que ella lo mueve de forma sugerente y hasta lasciva, de tal manera que se acerca, agarra su miembro y lo introduce de un solo golpe que le arranca un gemido de placer, despu&eacute;s se agarra a sus ancas y empieza a fornicarla con vehemencia.<\/p>\n<p>&mdash;Me has puesto muy cabr&oacute;n&mdash; acierta a decirle mientras se la folla. Y ella le responde con un euf&oacute;rico &ldquo;s&iacute;&rdquo;, exhort&aacute;ndole a que lo haga sin clemencia y confes&aacute;ndole que en ese momento es toda suya. Ante tal aseveraci&oacute;n, &eacute;l observa sus enormes y magn&iacute;ficas nalgas, mientras se la folla salvajemente como nunca se lo ha hecho a su mujer. Carmen se tiende boca abajo a lo largo del sof&aacute; y &eacute;l abandona por un momento la c&oacute;pula, a continuaci&oacute;n le abre los cachetes y en un arrebato de calentura, ante la panor&aacute;mica de aquel enorme trasero le hunde un pedazo de polla en el ano que le arranca un grito de dolor. &Eacute;l cede un momento, pero est&aacute; demasiado caliente para parar. Adem&aacute;s, se ha tomado al pie de la letra lo de que la folle sin clemencia y es lo que hace. Los gritos provocados por el intruso que pretende abrirse paso en su esf&iacute;nter invaden la estancia y &eacute;l no tiene m&aacute;s remedio que serenarse e intentar ir m&aacute;s despacio para que vaya acostumbr&aacute;ndose.<\/p>\n<p>Carmen nota que las punzadas de dolor troncan en una extra&ntilde;a sensaci&oacute;n de placer que se incrementa gradualmente. El orificio ya lo tiene completamente dilatado y empieza a gozar de la polla que est&aacute; amartillando su ano, y muestra de ello son los jadeos que lo confirman.<\/p>\n<p>Mario la embiste con fiereza. Est&aacute; al borde de su orgasmo y quiere que ella lo comparta con &eacute;l, sin embargo Carmen es consciente de que, aunque la sensaci&oacute;n es muy placentera no puede llegar as&iacute;, de modo que recurre a su dedo coraz&oacute;n frotando su cl&iacute;toris con una desesperaci&oacute;n inusitada. Los golpes de cadera de Mario se aceleran. Ya no puede aguantar m&aacute;s y se corre entre jadeos que invaden la estancia, la vivienda y, quien sabe si el vecindario. El cl&iacute;max remite poco a poco, pero se da cuenta de que ella sigue realizando movimientos contundentes con sus caderas buscando el cl&iacute;max, ayud&aacute;ndose de sus dedos, por tanto Mario intenta continuar embistiendo en el culazo que tanto placer le ha regalado. Desea que su miembro no se afloje mientras acomete con fiereza confiando en que ella obtenga su premio, y tras unos segundos, sus gritos evidencian un orgasmo ins&oacute;lito e inusual.<\/p>\n<p>Mario retira el miembro morcill&oacute;n del peque&ntilde;o orificio completamente manchado provoc&aacute;ndole cierta repulsi&oacute;n, se disculpa y le dice que va a limpiarse. Se dirige al lavabo. La distribuci&oacute;n de la vivienda es igual a la suya y no le representa ning&uacute;n problema adivinar donde est&aacute;. Ella, utiliza el otro y cuando sale, Mario ya est&aacute; terminando de vestirse.<\/p>\n<p>Carmen regresa desnuda de lavarse con una sonrisa gozosa y complaciente, sin embargo &eacute;l desv&iacute;a su mirada porque ya no la encuentra atractiva, m&aacute;s bien lo contrario. El entusiasmo de hace unos momentos se ha esfumado y ahora se siente culpable y se despide con un beso displicente del que ella se percata, pero lo deja ir, pues intuye su congoja. En cambio, no se arrepiente de nada, ya que por un momento se ha convertido en la mujer m&aacute;s dichosa del mundo. Se sienta desnuda en el mismo sof&aacute; en el que hace unos minutos Mario le ha dado la follada de su vida y pone el cron&oacute;metro a cero a la espera de la pr&oacute;xima vez.<\/p>\n<p>Mario abre la puerta de su casa y entra cabizbajo y Luisa acude a recibirlo con un tierno abrazo colm&aacute;ndole de besos de arrepentimiento por su actitud inestable junto a otros de reconciliaci&oacute;n, cuando su agudo olfato le advierte de un inconexo exceso de perfume y varios cabellos rubios en su jersey le confirman su sospecha.<\/p>\n<p>Mario vuelve a percibir como los ojos de Luisa se le inyectan de nuevo de sangre sin saber nuevamente qu&eacute; est&aacute; pasando.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Mario no desea seguir con la discusi&oacute;n. 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