{"id":27074,"date":"2020-12-11T23:00:00","date_gmt":"2020-12-11T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-12-11T23:00:00","modified_gmt":"2020-12-11T23:00:00","slug":"placeres-peligrosos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/placeres-peligrosos\/","title":{"rendered":"Placeres peligrosos"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"27074\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 16<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>El hospital la mantuvo ocupada toda la semana sin dejarle opci&oacute;n a pensar en otra cosa que no fueran las operaciones programadas, por lo que en ese sentido el cansancio hab&iacute;a evitado que hiciese sus salidas nocturnas, pese a que de tanto en tanto sus pensamientos evocaran su &uacute;ltimo polvo con un amante que hab&iacute;a sido realmente bueno. De todos modos su intenci&oacute;n era no repetir m&aacute;s de una vez con el mismo, por consiguiente, as&iacute; era m&aacute;s f&aacute;cil evitar alg&uacute;n v&iacute;nculo emocional, del mismo modo que era un modo de que su identidad permaneciese en el anonimato. No quer&iacute;a tener relaciones con ning&uacute;n otro m&eacute;dico del hospital, pues a ojos de todos, ella disfrutaba de un dichoso y pr&oacute;spero matrimonio, incluso para su esposo, todo indicaba estar en orden. En cambio, la verdad distaba mucho de las apariencias.<\/p>\n<p>Aunque Alberto siempre parec&iacute;a estar a su disposici&oacute;n, Cristina sal&iacute;a igualmente en busca de un buen polvo para satisfacer unos deseos irrefrenables que en la monoton&iacute;a del matrimonio no encontraba. S&oacute;lo sexo, sin m&aacute;s complicaciones, y con ello apaciguar a la bestia que se agitaba en su interior.<\/p>\n<p>Su trabajo de neurocirujana le permit&iacute;a encontrar las coartadas para sus aventuras. Cuando quer&iacute;a echar un polvo fing&iacute;a una urgencia y sal&iacute;a entrada la noche en busca de alg&uacute;n candidato que casi siempre encontraba. Su marido no se cuestionaba la falsedad de ciertas urgencias porque toda la vida hab&iacute;an existido. Sin embargo, en los &uacute;ltimos meses el volumen de ellas se hab&iacute;a incrementado significativamente, no obstante, en ning&uacute;n momento baraj&oacute; la posibilidad de que su esposa le estuviese enga&ntilde;ando, sino todo lo contrario, ten&iacute;a plena confianza a pesar de los diez a&ntilde;os de matrimonio que ya llevaban a sus espaldas. Por lo tanto, para Alberto la relaci&oacute;n iba viento en popa. Amaba y deseaba a su esposa por igual. Se congratulaba que fuera tan activa sexualmente, lo que no sab&iacute;a era hasta qu&eacute; punto.<\/p>\n<p>Sol&iacute;a frecuentar varios pubs, tomaba una copa y no tardaba mucho en tener compa&ntilde;&iacute;a y si &eacute;sta le agradaba acababa en la cama de su rondador, e incluso a veces en el coche. La &uacute;ltima vez fue en el cap&oacute; del coche en un descampado en lo alto de una monta&ntilde;a con vistas a la ciudad. Aquello fue un polvazo digno de recordar que sofoc&oacute; el volc&aacute;n durante unos d&iacute;as.<\/p>\n<p>No se vest&iacute;a demasiado sofisticada, no le hac&iacute;a falta. S&oacute;lo se pon&iacute;a su ropa de calle y con eso era m&aacute;s que suficiente. Su porte y su percha hac&iacute;an el resto.<\/p>\n<p>La estrategia de esa noche fue la misma. Se duch&oacute;, a continuaci&oacute;n hizo sonar el mensaje para que se oyera, se visti&oacute; y se despidi&oacute; de su marido con un beso.<\/p>\n<p>No hab&iacute;a mucha gente en el local. Los mi&eacute;rcoles por la noche eran bastante tranquilos. S&oacute;lo una pareja haci&eacute;ndose mimos en un reservado, alguien que desahogaba sus penas en la barra junto a un whisky y dos amigos jugando al billar.<\/p>\n<p>Cristina se sent&oacute; en la barra y pidi&oacute; un gin tonic, autom&aacute;ticamente los dos hombres repararon en ella. Ella tambi&eacute;n los mir&oacute; furtivamente evaluando la mercanc&iacute;a, y en principio no encontr&oacute; nada que mereciese la pena. Los dos hombres parec&iacute;an un tanto desali&ntilde;ados y sus modales no eran muy protocolorarios, prueba de ello era la indiscreci&oacute;n en sus miradas examinando a la atractiva mujer que estaba en la barra buscando algo m&aacute;s que un gin tonic. A esa conclusi&oacute;n lleg&oacute; el m&aacute;s charlat&aacute;n que, despu&eacute;s de susurrarle algo a su compa&ntilde;ero se dirigi&oacute; hacia ella, al parecer, con sus mismas intenciones, pero a la dama, el desali&ntilde;ado conquistador no le gustaba tanto como para foll&aacute;rselo. Cristina no era muy remilgada, pero hab&iacute;a unos m&iacute;nimos.<\/p>\n<p>Jorge se present&oacute; y Cristina educadamente tambi&eacute;n le dijo su nombre. El hombre se percat&oacute; de su anillo y dedujo que estaba casada, lo cual era indicativo casi inequ&iacute;voco de que aquella mujer buscaba algo m&aacute;s que un gin tonic, por tanto despleg&oacute; sus dotes de conquistador en las que parec&iacute;a muy capaz de desenvolverse perfectamente gracias a su verborrea, mostrando pues una retah&iacute;la de frases ingeniosas que a Cristina le hicieron desplegar una encantadora y cautivadora sonrisa, y eso pod&iacute;a ser un indicio de tener alguna posibilidad con aquella mujer madura de treinta y ocho a&ntilde;os que en un principio parec&iacute;a inalcanzable. Ahora bien, ella sab&iacute;a, y ya lo detect&oacute; a distancia, que aquellos dos patanes no eran de tener muchas luces. En cualquier caso, Jorge no le cay&oacute; mal y decidi&oacute; seguirle el juego, dado que sus opciones en esos momentos eran exiguas, y ante la receptividad de ella, su donju&aacute;n se anim&oacute; a seguir con el parloteo hasta que decidi&oacute; ir un paso m&aacute;s all&aacute;.<\/p>\n<p>Cristina estaba sentada en el taburete junto a la barra bebiendo peque&ntilde;os sorbos de su gin tonic y Jorge permanec&iacute;a de pie junto a ella. Su dedo se pos&oacute; en su pierna a trav&eacute;s del vaquero y se desliz&oacute; por &eacute;l unos cent&iacute;metros a modo de insinuaci&oacute;n por comprobar hasta donde llegaban sus posibilidades, sin embargo Cristina segu&iacute;a sin encontrarle ninguna virtud al hombre que se le estaba insinuando, s&oacute;lo el palique con el que se vali&oacute; para llevar a buen puerto su cortejo. No obstante, no le pareci&oacute; un motivo suficiente para fornicar con &eacute;l. Cuando estaba decidiendo que iba a marcharse (quiz&aacute;s a otro pub), el otro amigo se uni&oacute; a la charla o lo que fuera que estuviese haciendo su compa&ntilde;ero. Por lo que pudo comprobar, su aliado estaba yendo m&aacute;s lejos de lo que cab&iacute;a esperar con aquella sofisticada dama y &eacute;l no quer&iacute;a quedarse atr&aacute;s.<\/p>\n<p>Se present&oacute; diciendo que se llamaba Juli&aacute;n y Cristina le devolvi&oacute; el saludo cort&eacute;smente. Si Jorge no le gustaba f&iacute;sicamente, Juli&aacute;n a&uacute;n le gustaba menos, pero la verdad era que hab&iacute;a salido caliente de casa con la intenci&oacute;n de echar un polvo que aliviara su entrepierna, y se iba a marchar igual o peor que hab&iacute;a salido. Reflexion&oacute; unos instantes y ponder&oacute; la idea de fornicar con dos t&iacute;os a la vez. No lo hab&iacute;a hecho nunca, aun cuando la idea la hab&iacute;a seducido en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n, de modo que despu&eacute;s de tomarlo en consideraci&oacute;n unos segundos, ech&oacute; el resto y dijo: &ndash;qu&eacute; caray&mdash;. El hecho de haber estado a pan y agua durante una semana fue determinante para tomar la decisi&oacute;n de follarse a esos dos patanes.<\/p>\n<p>Juli&aacute;n lo ten&iacute;a claro. Ante &eacute;l ten&iacute;a a una dama realmente atractiva que superaba todas sus expectativas, y era consciente de lo que se le presentaba. Nunca hubiese imaginado que la noche acabar&iacute;a acost&aacute;ndose con semejante diva.<\/p>\n<p>Juli&aacute;n era un poco m&aacute;s bajo, vest&iacute;a tejanos, al igual que su amigo, y una camisa a cuadros bastante chabacana. Ten&iacute;a 37 a&ntilde;os y Jorge 38, era moreno con unas pronunciadas entradas en las sienes. No era guapo, no era atractivo, ni siquiera result&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; estoy haciendo? &mdash;se pregunt&oacute; todav&iacute;a con ciertas dudas.<\/p>\n<p>Cuando las presentaciones estuvieron hechas y las vocecitas acalladas, decidieron ir a un piso de Jorge que, seg&uacute;n cont&oacute;, era de una t&iacute;a suya que estaba en el asilo, y probablemente &eacute;l lo utilizaba como picadero. Aquel lugar le pareci&oacute; de lo m&aacute;s s&oacute;rdido y volvi&oacute; a preguntarse qu&eacute; co&ntilde;o estaba haciendo.<\/p>\n<p>Juli&aacute;n parec&iacute;a mucho m&aacute;s respetuoso. Jorge abri&oacute; la puerta y entr&oacute; directamente a la vivienda, por el contrario, su amigo le cedi&oacute; el paso a Cristina, mostr&aacute;ndose m&aacute;s caballeroso. Caminaron por un largo pasillo de paredes altas en el que las baldosas se mov&iacute;an al pisarlas. Llegaron a un cuchitril de habitaci&oacute;n donde posiblemente habitaba una gran variedad de fauna de lo m&aacute;s variopinta. Jorge encendi&oacute; la lamparita, que m&aacute;s bien parec&iacute;a un candil, (por su luz) que una l&aacute;mpara. Aquella habitaci&oacute;n ol&iacute;a a sexo y a semen rancio, y eso le provoc&oacute; un desconcierto y cierto rechazo, pero ya no hab&iacute;a vuelta atr&aacute;s. Al menos agradeci&oacute; comprobar que las s&aacute;banas estaban limpias, aunque con rodales amarillentos muy reveladores. Dej&oacute; el bolso en el butac&oacute;n sin saber muy bien qu&eacute; hacer. Estaba nerviosa, su libido se hab&iacute;a esfumado. Hizo un esfuerzo mental convenci&eacute;ndose a s&iacute; misma de que al fin y al cabo era lo que quer&iacute;a. Hab&iacute;a salido a echar un polvo y ahora posiblemente no iba a ser solamente uno, sino que la iban a poner tibia.<\/p>\n<p>Fue Jorge quien dio el primer paso. Aferr&oacute; su nalga a trav&eacute;s del pantal&oacute;n vaquero cercior&aacute;ndose del firme trasero que estaba a su disposici&oacute;n. Y no s&oacute;lo su trasero, todo su cuerpo era enteramente para ellos en ese momento.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Qu&eacute; me dices Juli&aacute;n? &iquest;Qu&eacute; te parece &eacute;sta casada? &mdash;le pregunt&oacute; a su amigo.<\/p>\n<p>&mdash; Est&aacute; buen&iacute;sima, &mdash;contest&oacute; Juli&aacute;n al mismo tiempo que le cog&iacute;a la otra nalga a Cristina.<\/p>\n<p>Ella estaba en el centro y ellos, uno a cada lado, se apropiaba de una nalga y una teta, compartiendo aquel regalo ca&iacute;do del cielo como buenos amigos. Cristina empez&oacute; a notar las caricias de ambos y su libido regres&oacute;. Decidi&oacute; que ella tambi&eacute;n quer&iacute;a ser parte activa de la fiesta. Sus partes &iacute;ntimas eran atendidas por aquellas cuatro manos que emulaban los brazos de un pulpo. Cristina desliz&oacute; las suyas hasta alcanzar sus paquetes.<\/p>\n<p>&mdash; A esta madura le gustan las pollas m&aacute;s que a un ni&ntilde;o los caramelos. &iexcl;Vamos, ag&aacute;chate que tienes dos pollas esperando! &iquest;no es lo que quer&iacute;as? &mdash;le dijo Jorge, sabiendo que aquella mujer hab&iacute;a salido a buscar sexo y sab&iacute;a muy bien lo que quer&iacute;a, pero a Juli&aacute;n le resultaba inc&oacute;modo que le hablase de forma tan vulgar a Cristina, pese a ello, a ella parec&iacute;a no importarle sus toscos modales. Se puso de cuclillas frente a las dos jorobas y empez&oacute; a sobarlas. Jorge se desabroch&oacute; el tejano y saco un miembro de buen tama&ntilde;o y completamente erecto. Por su parte, Juli&aacute;n extrajo el suyo y se lo plant&oacute; en la cara, y no tuvo dudas en darle un notable a aquella verga que apuntaba a su rostro. Las dos eran dos pollas m&aacute;s que aceptables, pens&oacute;. La de Jorge era r&iacute;gida como un palo y la de Juli&aacute;n ten&iacute;a una curvatura hacia delante y una inflada vena recorr&iacute;a toda la extensi&oacute;n de aquella torcida vara. Se apoder&oacute; de los dos miembros. Era la primera vez que ten&iacute;a dos en la mano y empez&oacute; a moverlos despacio, como si quisiera familiarizarse con ellos y, despu&eacute;s de unos cuantos meneos, su boca babe&oacute; ansiosa y no se demor&oacute; en acogerlos para su disfrute.<\/p>\n<p>Jorge cogi&oacute; su verga y empez&oacute; a golpearle en la cara con ella y pronto se le uni&oacute; Juli&aacute;n haciendo lo mismo. Cristina intentaba coger ambas con la boca mientras bizqueaba y, finalmente, se ayud&oacute; de la mano.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Menudas pollas ten&eacute;is, cabrones!, &mdash;dijo totalmente desinhibida.<\/p>\n<p>&mdash; S&iacute;. Si te portas bien, obtendr&aacute;s tu premio. &iexcl;Vamos, lev&aacute;ntate! Es hora de follar, &mdash;le orden&oacute; Jorge.<\/p>\n<p>Cristina se levant&oacute;, y entre los dos la desnudaron completamente. Juli&aacute;n contempl&oacute; fascinado el cuerpo de Cristina, quien lograba deslumbrarle un poco m&aacute;s cada instante que pasaba. Ahora vi&eacute;ndola completamente desnuda no pod&iacute;a creer que aquella atractiva mujer estuviese a su merced. Jorge la tumb&oacute; en la cama y le abri&oacute; las piernas ofreci&eacute;ndosela a su amigo.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Vamos! &iexcl;Estr&eacute;nala! Te cedo el honor.<\/p>\n<p>Juli&aacute;n babeaba y sonri&oacute; acerc&aacute;ndose a la bella dama que le esperaba abierta de piernas, y fue penetr&aacute;ndola lentamente hasta que hizo tope, arranc&aacute;ndole un elocuente gemido. Sinti&oacute; el calor y la humedad del interior de aquella diva que empezaba a gozar de sus acometidas, pero la c&oacute;pula fue breve y a Juli&aacute;n pronto le quitaron el caramelo de la boca, ya que Jorge se impacient&oacute; y quer&iacute;a participar de la fiesta.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Est&aacute; bien, salte ya! Es mi turno, &mdash;reclam&oacute;.<\/p>\n<p>Juli&aacute;n se retir&oacute; para cederle el puesto a su amigo y este no tard&oacute; en colocarse encima de ella, presionando su miembro en su abertura. Juli&aacute;n se masturbaba mientras tanto viendo como su amigo penetraba a Cristina como un energ&uacute;meno totalmente exaltado y ella gozaba de aquel semental gritando como una posesa en cada embate.<\/p>\n<p>&mdash; D&eacute;jame a m&iacute; ahora, &mdash;le recrimin&oacute; Juli&aacute;n.<\/p>\n<p>Jorge abandon&oacute; el orificio y la puso de espaldas, mostr&aacute;ndole a su amigo el prodigioso culo de Cristina y la hermosa raja que asomaba por debajo sin un solo pelillo en la zona de los labios. Tan s&oacute;lo una peque&ntilde;a franja muy bien depilada adornaba la zona del pubis.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Mira qu&eacute; madura! &iquest;Has visto alguna vez algo igual?<\/p>\n<p>La vista era espectacular y a Juli&aacute;n se le sal&iacute;an los ojos de las &oacute;rbitas ante la inigualable panor&aacute;mica.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Aparta! &mdash;lo empuj&oacute; a un lado como si fuese un estorbo y la penetr&oacute; nuevamente, aferr&aacute;ndose a aquellas nalgas en forma de coraz&oacute;n capaces de hacerle perder la cordura a cualquier hombre. Juli&aacute;n inici&oacute; un movimiento constante dentro de ella y ambos empezaron a jadear al un&iacute;sono. Jorge se arrodill&oacute; delante de ella para que mantuviera su boca ocupada, al mismo tiempo que su amigo se deleitaba en la retaguardia.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Vamos!, es mi turno, &mdash;le reprendi&oacute; ahora Jorge a su amigo, que parec&iacute;a no querer abandonar aquella privilegiada posici&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;No!, &mdash;se quej&oacute; Cristina. Estir&oacute; la mano y se aferr&oacute; a su culo para que no saliera, pues su orgasmo era inmediato, de modo que Juli&aacute;n sigui&oacute; aplic&aacute;ndole el movimiento percutor en el sexo de aquella diosa.<\/p>\n<p>La ergon&oacute;mica verga de Juli&aacute;n encontraba recovecos que no lo hac&iacute;an otras y con ello, consegu&iacute;a estimularle otros puntos secretos, logrando as&iacute; arrancarle un intenso orgasmo, y mientras gem&iacute;a de placer, se abandon&oacute; con ella sin contemplar si aquella mujer pod&iacute;a quedarse embarazada. Sin embargo, en aquellos momentos, a Cristina parec&iacute;a no importarle y segu&iacute;a gimiendo con aquel incesante cl&iacute;max. Al mismo tiempo, Jorge empez&oacute; a men&aacute;rsela delante de su cara para acabar lanzando una metralla de esperma sobre su cutis. El orgasmo de Cristina remiti&oacute; a la vez que el semen de su otro amante dej&oacute; de impactar en su rostro. Ella se recost&oacute; a un lado, totalmente impregnada de la pegajosa sustancia. El art&iacute;fice de la portentosa corrida acerc&oacute; su miembro morcill&oacute;n y le restreg&oacute; el abundante vertido de su cara a su boca para que fuese trag&aacute;ndoselo.<\/p>\n<p>Cristina se levant&oacute; y fue al lavabo a limpiarse la viscosidad de su cuerpo y los dos amantes cambiaron las s&aacute;banas mientras comentaban la haza&ntilde;a.<\/p>\n<p>&mdash; Su marido tendr&aacute; que agacharse para pasar por la puerta, &mdash; si le vemos por ah&iacute; seguro que sabemos quien es. Debe parec&eacute;rsele al padre de Bambi, &mdash;coment&oacute; con socarroner&iacute;a.<\/p>\n<p>Juli&aacute;n ech&oacute; una carcajada y sigui&oacute; con la broma.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Y tu mujer y la m&iacute;a qu&eacute; son entonces? &iquest;gacelas? &mdash;le record&oacute; Juli&aacute;n.<\/p>\n<p>Cuando volvi&oacute; Cristina del aseo, las s&aacute;banas ya estaban cambiadas, cosa que agradeci&oacute; porque sab&iacute;a que aquello no hab&iacute;a hecho m&aacute;s que empezar. Juli&aacute;n la mir&oacute; y se extasi&oacute; de su atractivo. Se dijo a s&iacute; mismo que era el tipo m&aacute;s afortunado del mundo por tener la oportunidad de poder hacer el amor con una mujer tan bella y de su clase. No sab&iacute;a qui&eacute;n era, pero se notaba en su porte, en su forma de vestir y en su forma de hablar que no era cualquier putanga que se encontrase uno por la calle, sino que era evidente que pertenec&iacute;a a la alta alcurnia. Cristina irradiaba sensualidad por todos sus poros y Juli&aacute;n se qued&oacute; disfrutando de la desnudez y de su figura tan bien conservada.<\/p>\n<p>Los dos hombres estaban sob&aacute;ndose mientras la observaban. Al mismo tiempo Cristina miraba c&oacute;mo sus &oacute;rganos iban ganando firmeza de nuevo. Jorge se acost&oacute; en la cama ofreci&eacute;ndole su hombr&iacute;a ya casi en plena erecci&oacute;n, y Juli&aacute;n se acost&oacute; a su lado ofreci&eacute;ndole la suya. La elecci&oacute;n fue dif&iacute;cil para Cristina y sus pensamientos se escucharon en voz alta.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Vaya trancas! &mdash;dijo mordi&eacute;ndose el labio inferior.<\/p>\n<p>&mdash; Ya sabemos que tu marido no da la talla. Estamos aqu&iacute; para solucionar eso, &iquest;verdad, zorrona?<\/p>\n<p>A Juli&aacute;n le result&oacute; de nuevo inc&oacute;modo y ofensivo que fuese tan insolente con aquella inusual mujer que estaba calando hondo en su ser, pero a ella pareci&oacute; no importarle su lenguaje insultante cuando vio que se aproximaba a ellos gateando y ronroneando, &aacute;vida de los rabos que iba a devorar. Cogi&oacute; ambos a la vez, meti&eacute;ndose primero el de Jorge en la boca para luego ir intercambiando objetivos. Cuando ya los tres estaban m&aacute;s que excitados, Cristina se mont&oacute; encima de Jorge, saltando sobre &eacute;l y gimiendo al comp&aacute;s de su cabalgada. Acerc&oacute; sus labios y le bes&oacute;, a pesar de sus reticencias iniciales.<\/p>\n<p>Jorge empez&oacute; a moverse dentro de ella mientras Cristina saltaba sobre &eacute;l coordinando los movimientos. Juli&aacute;n se puso en pie y le tap&oacute; la boca para que se alimentara con su salchicha a la par que ella galopaba sobre su amigo. Los tres estaban disfrutando en su emplazamiento, pero Juli&aacute;n volvi&oacute; a acostarse reclamando las atenciones vaginales de la codiciada dama.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Sube ahora encima m&iacute;!, &mdash;la alent&oacute;.<\/p>\n<p>Cristina abandon&oacute; el poste sobre el que brincaba y cambi&oacute; de montura para continuar cabalgando sobre Juli&aacute;n. Las manos de &eacute;ste se deslizaron por su escultural cuerpo. Recorrieron sus nalgas, su cintura y sus pechos. Su boca atrap&oacute; los pezones, succion&aacute;ndolos y mordi&eacute;ndolos. A su vez, Cristina gem&iacute;a disfrutando de aquel potro salvaje al que tan evasiva se hab&iacute;a mostrado al principio. Estaba en el s&eacute;ptimo cielo gozando de sus embates y de sus caricias, cuando otras manos embadurnadas empezaron a hacer incursiones en su peque&ntilde;o agujero. Jorge se hab&iacute;a lubricado los dedos y estaba colocando gel lubricante en el ano de Cristina para empezar a dilatar su ojete. Mientras segu&iacute;a movi&eacute;ndose encima de Juli&aacute;n y &eacute;ste se deleitaba, su amigo estaba haciendo el trabajo sucio de dilatar el peque&ntilde;o agujero para poder albergar su miembro all&iacute;. Cristina sab&iacute;a que hab&iacute;a llegado el momento tan esperado y tan temido al mismo tiempo. Jorge se impacient&oacute;. Se puso en cuclillas y le introdujo la punta haci&eacute;ndola gritar de dolor, no obstante, sigui&oacute; intentando introducir el trabuco en el peque&ntilde;o agujero sin la dilataci&oacute;n previa, aumentando la presi&oacute;n en cada empuj&oacute;n. El placer del miembro de Juli&aacute;n no lograba aplacar el dolor que sent&iacute;a con el de Jorge, y los gritos de Cristina eran cada vez m&aacute;s sonoros y, posiblemente traspasaban las cochambrosas paredes. Su agresor ya hab&iacute;a insertado casi la mitad e inici&oacute; un movimiento m&aacute;s r&aacute;pido. La cogi&oacute; del pelo mientras empujaba, de modo que pronto los tres amantes se encontraron disfrutando de un estupendo s&aacute;ndwich.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Vamos, puta! &iexcl;Mueve tu culo como sabes! &iexcl;Disfruta de este s&aacute;ndwich de carne que en casa s&oacute;lo te dan ensalada!<\/p>\n<p>El que tomaba las riendas era Jorge, que era el que ten&iacute;a la posici&oacute;n m&aacute;s privilegiada y controlaba los movimientos. Fue incrementando progresivamente el ritmo al tiempo que Cristina gritaba por el dolor mezclado con el placer que ambas penetraciones le causaban. El placer fue increment&aacute;ndose gradualmente, y el dolor remitiendo, de tal forma que empez&oacute; a gozar de la verga que le estaba reventando el ano, junto al placer que percib&iacute;a en el orificio convencional. Eran sensaciones diferentes y placenteras las dos.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Est&aacute;s gozando, zorra? &iexcl;Dime que gozas o te la saco, cabrona!<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;No me la saques! &iexcl;No me la saques! &iexcl;Folladme, folladme toda! &iexcl;No par&eacute;is, cabrones!, &mdash;rog&oacute; totalmente desatada.<\/p>\n<p>Cristina estaba encendida. La imagen de su marido cruz&oacute; por su mente por un instante y lo visualiz&oacute; masturb&aacute;ndose y deleit&aacute;ndose, viendo como aquellos dos gara&ntilde;ones la reventaban por dentro, todo ello, producto de su mente calenturienta y del placer que sus dos amantes le estaban dispensando. Aquel placer era nuevo para ella y despu&eacute;s de veinte minutos martille&aacute;ndole los dos agujeros, Cristina sinti&oacute; que iba a tener un orgasmo y empez&oacute; a mover el culo con m&aacute;s br&iacute;o, gritando a los cuatro vientos su inmediato cl&iacute;max.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Me voy a correr! &mdash;bram&oacute;.<\/p>\n<p>Y lo hizo con un orgasmo vaginal extraordinario, a la vez que colosal, que arrastr&oacute; a Juli&aacute;n al suyo cuando su vagina empez&oacute; a convulsionar, succion&aacute;ndole el miembro como si su conducto fuese una aspiradora. Jorge sigui&oacute; bombeando en su ano como un poseso. El miembro de Juli&aacute;n perdi&oacute; su rigidez y se apart&oacute; despu&eacute;s de haber finalizado su tarea. Mientras tanto, Jorge iba a por su orgasmo y se mov&iacute;a en&eacute;rgicamente. Cristina no paraba de gozar a pesar de haberse corrido. Ahora el placer era distinto y segu&iacute;a disfrutando de una formidable sensaci&oacute;n en su esf&iacute;nter, cada vez m&aacute;s intensa. Jorge grit&oacute;. Cristina se sorprendi&oacute; porque tambi&eacute;n estaba a punto, a pesar de que acababa de tener un orgasmo vaginal unos minutos antes, y cuando &eacute;l descarg&oacute; los lefazos en su ano, ella le acompa&ntilde;&oacute; con un fuerte cl&iacute;max, aunque distinto. Jorge sigui&oacute; empujando con rudeza hasta que vaci&oacute; toda la carga en su interior, y cuando extrajo el miembro del estrecho agujero, un tremendo pedo se escap&oacute; de su esf&iacute;nter y el semen man&oacute; como si fuera una fuente. Cristina estaba tan exhausta que no pod&iacute;a mover ni un solo m&uacute;sculo. Permanec&iacute;a tumbada boca abajo, totalmente inm&oacute;vil y repleta de esperma, tanto por dentro como por fuera, las sabanas estaban encharcadas. Jorge fue a limpiarse y Juli&aacute;n se qued&oacute; admirando el cuerpo inerte de Cristina y no pudo evitar acariciarla. Pens&oacute; que lo dar&iacute;a todo con el fin de que aquella bella mujer fuese &uacute;nica y exclusivamente para &eacute;l. Al hacerlo tuvo otra erecci&oacute;n, pero ella no respond&iacute;a a sus caricias. Aquel hab&iacute;a sido un polvo incre&iacute;ble para los tres integrantes del trio y Juli&aacute;n entend&iacute;a lo agotada y entumecida que deb&iacute;a de estar despu&eacute;s del traj&iacute;n al que hab&iacute;a sido sometida. Se recreaba en su maravilloso trasero del cual segu&iacute;an rezumando los fluidos. A pesar del pringue que se extend&iacute;a por el canal, le pareci&oacute; el trasero m&aacute;s bello y er&oacute;tico que hab&iacute;a visto en su vida. Le abri&oacute; un poco las piernas y le limpi&oacute; con la s&aacute;bana toda la zona, tanto el ano como las nalgas. Cristina no se mov&iacute;a y Juli&aacute;n, una vez la hubo limpiado, volvi&oacute; a penetrarla analmente y, aunque el miembro que le hab&iacute;a precedido era de mayor calibre y se supon&iacute;a que el orificio deber&iacute;a estar completamente dilatado, no fue as&iacute;. El ojete de Cristina se hab&iacute;a cerrado, quiz&aacute;s advirtiendo que su l&iacute;mite hab&iacute;a llegado. Al penetrarla, Cristina se quej&oacute; y le orden&oacute; salirse, protestando del da&ntilde;o que ahora le hac&iacute;a, pero &eacute;l estaba absorto en la tarea de albergar su verga en el soberbio culo que ten&iacute;a a su merced y no hizo caso a su mandato, confiando en que el dolor era el previo y que el placer pronto har&iacute;a su aparici&oacute;n, como anteriormente, de modo que sigui&oacute; en su tarea. Cuando vino Jorge de limpiarse vio a su amigo encul&aacute;ndola de nuevo.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Pero qu&eacute; cabr&oacute;n&hellip;! &mdash;se quej&oacute; Jorge, reparando en que hab&iacute;a reanudado la sesi&oacute;n sin &eacute;l.<\/p>\n<p>Juli&aacute;n segu&iacute;a a lo suyo fornicando cada vez con m&aacute;s vehemencia, a pesar de las quejas de Cristina. Estaba embelesado sintiendo la estrechez del agujero, pero, al mismo tiempo le hablaba al o&iacute;do dici&eacute;ndole frases halagadoras. Le mord&iacute;a la oreja mientras su miembro entraba y sal&iacute;a de su esf&iacute;nter. Parec&iacute;a encontrarse en el para&iacute;so con aquella mujer a la que estaba empezando a amar, cuando Jorge rompi&oacute; el encanto del idilio &mdash;que se hab&iacute;a fraguado en su mente&mdash; coloc&aacute;ndole su verga de nuevo en la boca a Cristina para que se la mamara. La escena de sexo le hab&iacute;a excitado y no quer&iacute;a estar al margen en aquella bacanal. Juli&aacute;n empez&oacute; a notar cierta incomodidad y, a la vez, unos celos infundados, puesto que deseaba que aquel momento hubiese sido exclusivo de la mujer y suyo. A pesar de que estaba penetr&aacute;ndola contra su voluntad, era de lo m&aacute;s caballeroso con Cristina, o al menos cre&iacute;a que lo estaba siendo. Por contra, Jorge, todo lo opuesto.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Vamos zorra! Que ahora vas a beber leche y as&iacute; te ahorras el desayuno de ma&ntilde;ana, &mdash;le dijo Jorge obviando los modales.<\/p>\n<p>Estaba dolorida, y les suplicaba a ambos que parasen, pero, a pesar de los ruegos, Juli&aacute;n segu&iacute;a afanado en su tarea con un ritmo cada vez m&aacute;s en&eacute;rgico, por ende, Cristina apretaba los dientes e intentaba librarse de aquel dolor agudo y constante. Quer&iacute;a que acabase lo antes posible porque ya no estaba disfrutando de aquello. Tanto uno como el otro se hab&iacute;an corrido ya dos veces y estaban en plenas facultades para aguantar durante otro buen rato. Jorge intentaba introducirle todo el miembro en la boca, sabiendo que era imposible. Ella sent&iacute;a que se ahogaba e intent&oacute; zafarse de la polla que la estaba asfixiando.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Abre la boca, mamona! Y no te quejes tanto.<\/p>\n<p>Juli&aacute;n segu&iacute;a a lo suyo y, aunque la ve&iacute;a protestar, no pod&iacute;a parar y pas&oacute; por alto sus protestas. Quer&iacute;a venirse de nuevo, pero le estaba costando m&aacute;s de lo esperado. Cristina se estaba sintiendo violada. Aquello ya no era consentido. Los dos volvieron a ignorar sus s&uacute;plicas, por a&ntilde;adidura, Jorge la sac&oacute; de su boca y se tumb&oacute; boca arriba cogi&eacute;ndola a ella bruscamente y coloc&aacute;ndola encima de &eacute;l para que lo montara, y Juli&aacute;n se recoloc&oacute; en su retaguardia, volvi&eacute;ndosela a ensartar en el culo, procur&aacute;ndole ahora un doloroso s&aacute;ndwich que nada ten&iacute;a que ver con el anterior.<\/p>\n<p>La imagen de su marido cruz&oacute; de nuevo por su mente, sin embargo, esta vez fue muy diferente. Le pidi&oacute; perd&oacute;n en voz baja a Alberto, como si realmente estuviese sentado en el butac&oacute;n contemplando como su esposa era ensartada por aquellos dos degenerados, reafirmando as&iacute; el estado de degradaci&oacute;n al que hab&iacute;a llegado como mujer.<\/p>\n<p>Ahora sufr&iacute;a aquel suplicio y las l&aacute;grimas resbalaban por sus mejillas, estropeando su maquillaje. Aquella tortura dur&oacute; media hora m&aacute;s entre sollozos y soportando un gran dolor, mas, cuando Jorge estuvo a punto, sali&oacute; de debajo para ponerse de pie e introduc&iacute;rsela nuevamente en la boca, con la idea de llen&aacute;rsela de semen. Cristina estaba a cuatro patas, Juli&aacute;n segu&iacute;a detr&aacute;s de ella que, bajo ning&uacute;n concepto quer&iacute;a apartarse de aquel recept&aacute;culo, puesto que su orgasmo era ahora apremiante despu&eacute;s del tormento que signific&oacute; para ella. Eyacul&oacute; en su ano gritando como un animal mientras se vaciaba dentro de ella. Por su parte, Jorge tambi&eacute;n estaba ya dispuesto y movi&oacute; su pelvis con m&aacute;s br&iacute;o y Cristina supo lo que se avecinaba. Segu&iacute;a llorando, deseando que acabara pronto aquello. Jorge empez&oacute; a gritar de placer y a soltar todo un repertorio de insultos hacia ella, humill&aacute;ndola y deteriorando su dignidad todav&iacute;a m&aacute;s, si eso pod&iacute;a ser posible. Su semen le inund&oacute; la boca r&aacute;pidamente y, sin poder soportarlo, se sac&oacute; el miembro que la estaba ahogando, sin embargo, &eacute;l segu&iacute;a eyaculando sobre su cara, dejando su rostro compungido totalmente ba&ntilde;ado de la abundante sustancia. Cuando hubo acabado le cerr&oacute; la boca y le tap&oacute; la nariz, oblig&aacute;ndola a trag&aacute;rselo todo, arranc&aacute;ndole varias arcadas que acabaron en un v&oacute;mito.<\/p>\n<p>S&oacute;lo despu&eacute;s de estar m&aacute;s sereno y recapitular, Juli&aacute;n fue consciente de sus acciones. Al principio todo iba bien, y hubiese sido una noche inolvidable, pero debieron parar cuando ella dijo basta, y respetar el deseo de aquella mujer a decidir y a respetar sus pausas. Tom&oacute; conciencia de que pasaron del disfrute a la violaci&oacute;n. De haber respetado sus pausas, hubiese sido una tarde inolvidable. Al verla en aquel lamentable estado, Juli&aacute;n se sinti&oacute; podrido por dentro porque sab&iacute;a que hab&iacute;a sido part&iacute;cipe de una violaci&oacute;n. Y no s&oacute;lo eso, sino que la violaci&oacute;n fue a esa maravillosa mujer que hab&iacute;a logrado calar hondo en sus sentimientos.<\/p>\n<p>Cristina se levant&oacute; de la cama y se dirigi&oacute; r&aacute;pidamente al ba&ntilde;o a limpiarse. S&oacute;lo ten&iacute;a ganas de desaparecer de aquel lugar y huir de aquellos individuos. Se lav&oacute; superficialmente, se moj&oacute; el pelo intentando quitarse como pudo el semen, y luego se sec&oacute; el cabello con la ra&iacute;da y sucia toalla. Regres&oacute; a aquella inmunda habitaci&oacute;n donde hac&iacute;a un momento hab&iacute;a sido violada. Se visti&oacute; apresuradamente mientras sollozaba, deseando largarse de all&iacute; y volver a su casa cuanto antes. Juli&aacute;n estaba apesadumbrado vi&eacute;ndola llorar y haciendo hipos. Se acerc&oacute; a ella cogi&eacute;ndola del hombro para consolarla, pidi&eacute;ndole disculpas en nombre de los dos por su comportamiento.<\/p>\n<p>&mdash; Quiero pedirte perd&oacute;n, no deber&iacute;amos&hellip;<\/p>\n<p>No le dej&oacute; terminar la frase. Se apart&oacute; de &eacute;l manifestando su repugnancia, cogi&oacute; su chaqueta y su bolso y desapareci&oacute; de aquel, ahora, infecto lugar. Jorge estaba de pie a su lado encendi&eacute;ndose un cigarro e intent&oacute; restarle importancia al asunto.<\/p>\n<p>&mdash; Tranquilo. A esa t&iacute;a le gustan demasiado los rabos como para estar enfadada mucho tiempo. Se le pasar&aacute; pronto. Bueno, &iquest;Qu&eacute; te ha parecido?<\/p>\n<p>&mdash; Esa mujer es incre&iacute;ble. No deber&iacute;amos haberla tratado as&iacute;. La hicimos gozar, y ella a nosotros, pero en alg&uacute;n momento se nos fue de las manos. Debimos respetar sus pausas, &mdash;manifest&oacute; cada vez m&aacute;s apenado.<\/p>\n<p>Jorge lo cogi&oacute; del hombro tratando de confortarle.<\/p>\n<p>&mdash; No te tortures, se le pasar&aacute;, &mdash;rio&mdash;.<\/p>\n<p>Juli&aacute;n no se qued&oacute; convencido.<\/p>\n<p>Cuando Cristina sali&oacute; a la calle camin&oacute; durante media hora hasta su casa, pero no pod&iacute;a entrar porque se hubiese delatado, tanto por su aspecto, como por su lamentable estado an&iacute;mico. Entr&oacute; por el garaje y agradeci&oacute; el hecho de tener las llaves del coche en el bolso. Lo puso en marcha y sali&oacute; del garaje en direcci&oacute;n a su casa de campo en la sierra.<\/p>\n<p>La villa estaba en plena monta&ntilde;a en un enclave privilegiado desde el cual se ve&iacute;a a lo lejos el resplandor de la contaminaci&oacute;n lum&iacute;nica de la ciudad. A Alberto le gustaba la tranquilidad y valoraba la paz y la quietud que se respiraba en el lugar. La utilizaban algunos fines de semana para alejarse del bullicio de la ciudad y relajarse, pero, sobre todo, en vacaciones.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de treinta y cinco minutos conduciendo entre lloros e hipos, aparc&oacute; el coche y entr&oacute; en la vivienda, desactiv&oacute; la alarma, encendi&oacute; las luces, se dirigi&oacute; al ba&ntilde;o y llen&oacute; la ba&ntilde;era. Se desnud&oacute; y, al quitarse la ropa interior comprob&oacute; que estaba manchada de sangre, la meti&oacute; en una bolsa de basura junto al resto de su ropa, se meti&oacute; en la ba&ntilde;era e intent&oacute; relajarse y limpiar su cuerpo. Se frot&oacute; fuertemente con la esponja y jab&oacute;n, como si al hacerlo pudiese borrar toda huella de ese momento de su vida, sin embargo, volvi&oacute; a visualizar la &uacute;ltima parte de aquella lamentable desventura, mientras el agua caliente sal&iacute;a del grifo, mitigando sus sollozos. Si necesitaba un motivo o un est&iacute;mulo para dejar de serle infiel a su esposo, ya lo ten&iacute;a. Y ten&iacute;a tambi&eacute;n claro que no quer&iacute;a volver a pasar por semejante experiencia. Aquella noche podr&iacute;a haber sido perfecta, pero en un instante todo se torci&oacute;, y eran ahora los momentos aciagos los que pesaban m&aacute;s.<\/p>\n<p>Cuando crey&oacute; que se deshizo del hedor y la inmundicia que destilaba su cuerpo sali&oacute; de la ba&ntilde;era, y mientras se secaba el pelo, el espejo le mostr&oacute; su deterioro como mujer. Mientras sollozaba, le mostr&oacute; que hab&iacute;a ido demasiado lejos en su depravada y libertina conducta en busca de placeres peligrosos, sin sopesar los riesgos y la fatalidad que su comportamiento podr&iacute;a desencadenar. El espejo le mostr&oacute; tambi&eacute;n el resultado de aventurarse en los perversos juegos por los que estaba apostando, sin contemplar que no conoc&iacute;a de nada a aquellos individuos y cualquier cosa pod&iacute;a pasar. Y si necesitaba una prueba para convencerse de que el camino que hab&iacute;a tomado no era el m&aacute;s apropiado, ya la ten&iacute;a.<\/p>\n<p>Se pregunt&oacute; c&oacute;mo una reputada neurocirujana como ella hab&iacute;a llegado a tal estado de degeneraci&oacute;n. Ni ella misma entend&iacute;a como se hab&iacute;a dejado mancillar por aquellos individuos y se sinti&oacute; sucia por dentro, sin embargo, aquella era una suciedad que el agua y el jab&oacute;n no pod&iacute;an desinfectar. Ahora se echaba la culpa por abandonar la seguridad de su familia y de su hogar e internarse por el sendero de la lujuria.<\/p>\n<p>Cristina lleg&oacute; a casa a las tres y media de la madrugada literalmente rota, aunque intent&oacute; recomponerse. Se enjug&oacute; las l&aacute;grimas procurando ocultar que hab&iacute;a estado llorando. Rog&oacute; para que Alberto no se despertase, ya que no estaba en condiciones de hablar, y mentir no era su fuerte, y menos en su estado. Por suerte dorm&iacute;a profundamente. Cristina se desliz&oacute; entre las s&aacute;banas intentando no despertarlo, pero abri&oacute; un ojo.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Todo bien? &mdash;le pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash; S&iacute;, &mdash;minti&oacute; de nuevo como ven&iacute;a siendo habitual en los &uacute;ltimos meses.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 16<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>El hospital la mantuvo ocupada toda la semana sin dejarle opci&oacute;n a pensar en otra cosa que no fueran las operaciones programadas, por lo que en ese sentido el cansancio hab&iacute;a evitado que hiciese sus salidas nocturnas, pese a que de tanto en tanto sus pensamientos evocaran su &uacute;ltimo polvo con un amante que hab&iacute;a [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":16881,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"class_list":{"0":"post-27074","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-infidelidad"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/27074","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16881"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=27074"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/27074\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=27074"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=27074"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=27074"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}