{"id":27141,"date":"2020-12-16T05:08:48","date_gmt":"2020-12-16T05:08:48","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-12-16T05:08:48","modified_gmt":"2020-12-16T05:08:48","slug":"una-relacion-laboral","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/una-relacion-laboral\/","title":{"rendered":"Una relaci\u00f3n laboral"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"27141\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 11<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Fui trasladado a la ciudad capital para ocupar un cargo administrativo en una oficina de ingenieros navales. Xiomara era una de las personas que laboraba all&iacute; junto con otros compa&ntilde;eros. El equipo de trabajo estaba conformado por diez miembros, ocho hombres y dos mujeres. Xiomara, ingeniera industrial, y, Nora, secretaria, eran personas muy colaboradoras y diligentes, y aportaban el toque femenino en un trabajo centrado en la direcci&oacute;n y control de actividades de mantenimiento a gran escala. La esencia del trabajo era el manejo de grandes vol&uacute;menes de informaci&oacute;n, reportes de todo tipo, orientados a la distribuci&oacute;n equitativa de recursos para mantener en operaci&oacute;n diferentes tipos de buques.<\/p>\n<p>Desde el principio not&eacute; que el ambiente de oficina era algo tenso y las relaciones interpersonales no eran las mejores que digamos, as&iacute; que me propuse integrar a todo el equipo y tratar de hacer de aquella oficina un lugar agradable para trabajar. Poco a poco me fui relacionando con cada uno de los compa&ntilde;eros y, pasados unos pocos d&iacute;as, al parecer, ya me aceptaban como si hubiese estado con ellos de tiempo atr&aacute;s.<\/p>\n<p>Parte de las tensiones surg&iacute;an porque los hombres de aquel grupo delegaban su trabajo en aquellas dos mujeres, principalmente en Xiomara, de manera que al cumplirse los l&iacute;mites para la rendici&oacute;n de informes y resultados, era com&uacute;n que algo no estuviese a tiempo y se generaran enfrentamientos. Parte del problema es que Xiomara, con la idea de ser productiva y profesionalmente reconocida, no sab&iacute;a decir no y establecer l&iacute;mites en su trabajo. Todos recurr&iacute;an a ella para resolver sus propios proyectos, dejando su trabajo en &uacute;ltimo lugar, por lo cual se ganaba constantes reprimendas.<\/p>\n<p>Claramente se ve&iacute;a que Xiomara no estaba a gusto en lo que hac&iacute;a, pero no ten&iacute;a el car&aacute;cter suficiente para tomar el control de las situaciones y gestionar las cosas de otra manera. Y, en esas circunstancias, me relacion&eacute; con ella. Trat&eacute; de empoderarla para que cumpliera prioritariamente con su trabajo y que, si quedaba tiempo y estaba dentro de sus capacidades apoyar a otros, pero sin ning&uacute;n tipo de compromiso m&aacute;s all&aacute; que servir de complemento al trabajo de los dem&aacute;s. &iexcl;Claro!, estas intervenciones fueron vistas por los dem&aacute;s como un tipo de preferencia e inter&eacute;s por ella, gener&aacute;ndose comentarios que nos vinculaban sentimentalmente.<\/p>\n<p>En el comienzo no hab&iacute;a nada de eso sino el inter&eacute;s de colocar las cosas en orden y darle a cada quien el lugar que correspond&iacute;a para el cumplimiento de sus funciones. Parte del problema era que Xiomara era la &uacute;nica persona que dominaba los programas para manejo de bases de datos y elaboraci&oacute;n de informes, raz&oacute;n por la cual los dem&aacute;s acud&iacute;an a ella para dar resolver situaciones propias, as&iacute; que se organiz&oacute; un tiempo para que ella, diligentemente, instruyera a cada cual sobre lo que ten&iacute;a que hacer, pero ahora cada quien respond&iacute;a por lo suyo.<\/p>\n<p>No de muy buen agrado se empez&oacute; a recurrir a ese tipo de estrategia para mejorar los resultados, que no eran otros que eliminar los enfrentamientos y reclamos que a diario se presentaban, porque los hombres delegaban todo su trabajo en ella y se desentend&iacute;an por completo de sus responsabilidades. Eso, por una parte, le resultaba ben&eacute;fico a Xiomara y elevaba su imagen como funcionaria ejemplar, pues estaba al tanto de casi todo lo que ocurr&iacute;a en aquella oficina, pero, por otra parte, le generaba mucha tensi&oacute;n, ansiedad y malestares que ya evidenciaban s&iacute;ntomas en su cuerpo.<\/p>\n<p>Cuando estaba muy estresada, ella se rasgu&ntilde;aba la quijada y el pecho a tal punto que lograba abrir su piel en aquellos lugares donde lo hac&iacute;a con mucha intensidad. Para camuflar los efectos de este comportamiento, utilizaba base de maquillaje y cubr&iacute;a las peque&ntilde;as heridas que ella misma se auto inflig&iacute;a, producto, en muchos casos, de la preocupaci&oacute;n por cumplir y no quedar mal ante los jefes, uno de los cuales era yo, quien coordinaba el aporte de todos los miembros para elaborar los informes finales y las recomendaciones para la selecci&oacute;n de alternativas.<\/p>\n<p>En un principio, haci&eacute;ndole consciente de lo que yo observaba, me ofrec&iacute; para apoyarle y resolver aquellas situaciones conflictivas que estuviera experimentando en su vida, empezando por gestionar todas las situaciones relacionadas con su trabajo, de otra manera, buscando eliminar, poco a poco, aquellos aspectos que le generaban tensi&oacute;n. No fue bien recibida mi oferta de apoyo al comienzo y sent&iacute; cierto recelo y desconfianza en sus respuestas, as&iacute; que me limit&eacute; a decirle que, independientemente de lo que ella estuviese pensando, estaba totalmente dispuesto a propiciar cambios que le ayudaran a mejorar en su desempe&ntilde;o personal y profesional o, al menos, tratar de intentarlo y buscar, si ella lo prefer&iacute;a, alguien que la apoyara en ese proceso.<\/p>\n<p>La se&ntilde;ora, pues era una joven casada, era un tanto testaruda y me indic&oacute; que ella sola pod&iacute;a resolver su vida y que, por lo general, ella hac&iacute;a lo que le parec&iacute;a. Yo, tratando de ser conciliador, le dec&iacute;a que aquello estaba bien, pero que el hecho de que se preocupara, al extremo de causarse da&ntilde;o, era un s&iacute;ntoma que indicaba que algo no era coherente entre su discurso, lo que me dec&iacute;a, y lo que realmente hac&iacute;a, su comportamiento. Y para nada le ca&iacute; simp&aacute;tico conversando sobre estos temas, pero tom&eacute; la decisi&oacute;n de hacer algo para que aquella situaci&oacute;n mejorara.<\/p>\n<p>Me dediqu&eacute; a estar pendiente de ella, a reconocer sus logros, a valorar su trabajo, a ser objetivo en las observaciones sobre aquellas cosas a mejorar y apoyarle para que los resultados fueran mejores. Me propuse invitarla a almorzar casi que diariamente, espacio durante el cual convers&aacute;bamos sobre ella, su familia, su pareja, sus aspiraciones, sus proyectos, su vida. Era com&uacute;n que ella aprovechara ese espacio para preguntar sobre cosas personales, en un principio muy superficiales, pero, con el paso de tiempo, de mayor profundidad y alcance, como qu&eacute; hacer para logar que su pareja fuera m&aacute;s especial con ella, porque en muchos momentos se sent&iacute;a ignorada por &eacute;l, y cosas de ese tipo. Y, tal vez, acert&eacute; en muchas de mis apreciaciones y me gan&eacute; su confianza porque, pasado un a&ntilde;o, su comportamiento con respecto a m&iacute; empez&oacute; a cambiar.<\/p>\n<p>Un buen d&iacute;a lleg&oacute; a uno de esos almuerzos bastante vulnerable. Su pareja hab&iacute;a sido despedida del trabajo y ella ten&iacute;a que asumir toda la carga de gastos del hogar, lo cual le parec&iacute;a bastante injusto. Y lo que m&aacute;s la afectaba era que &eacute;l le hac&iacute;a ver que era su responsabilidad aguantar la situaci&oacute;n, pues para eso eran pareja y estaban casados. Y ella no encontraba justo que tuviera que someterse ante &eacute;l en todo sentido. Yo trat&eacute; de ser discreto para darle a entender que, si no era de su gusto, ten&iacute;a toda la libertad de reclamar su independencia y gestionar las situaciones de manera diferente. Y, bueno, al final, resultamos hablando de relaciones sexuales.<\/p>\n<p>Era claro que ella se sent&iacute;a sometida y, literalmente, como un objeto, a disposici&oacute;n de su pareja, tanto afectiva como sexualmente, y no sab&iacute;a c&oacute;mo rebelarse, entre otras cosas porque entend&iacute;a que ella, como esposa, se deb&iacute;a a su marido y que, si hab&iacute;a aceptado ser su pareja, deb&iacute;a procurar complacerle en todo. Pero ciertamente hab&iacute;a en aquello algo que le generaba malestar e incomodidad. Y alrededor de eso, tratando de buscar el para qu&eacute; y por qu&eacute; de lo que estaba experimentando, tuvimos largas conversaciones, donde yo, generalmente, me dedicaba a escucharla para saber qu&eacute; estaba pensando.<\/p>\n<p>Un buen d&iacute;a, en horas de la tarde, aprovechando que estaba solo, lleg&oacute; a mi oficina y, sin decir palabra, se acerc&oacute; para besarme. Cerr&oacute; sus ojos y se aproxim&oacute; a m&iacute;. Yo no me opuse y le permit&iacute; hacerlo. Fue un beso t&iacute;mido, delicado, suave y duradero. Su lengua explor&oacute; mis labios y juguete&oacute; con mi lengua por largo rato, indiferente a lo que pasara a nuestro alrededor. Mientras lo hac&iacute;a su respiraci&oacute;n se fue agitando, poco a poco, pero no pas&oacute; nada distinto a prolongar aquel beso que, quiz&aacute;, tanto ella como yo, hab&iacute;amos estado esperando por mucho tiempo. Tal vez, y sin ambos saberlo, desde el mismo instante en que nos conocimos. Y as&iacute; como lleg&oacute;, de un momento a otro, interrumpi&oacute; aquello y sali&oacute; sin decir nada.<\/p>\n<p>Aquello me tom&oacute; por sorpresa y, claro, me excit&oacute;, pero no pas&oacute; por mi cabeza aprovecharme de la situaci&oacute;n, acariciar su cuerpo o algo as&iacute;, quiz&aacute; un tanto prevenido porque no era el lugar ni el momento m&aacute;s oportuno. &iexcl;No s&eacute;! Simplemente pas&oacute; y yo permit&iacute; que pasara. M&aacute;s tarde, cuando las oficinas cerraban y todos sal&iacute;an, nos encontramos en el pasillo, y solo nos limitamos a despedirnos como siempre lo hac&iacute;amos. Hasta ma&ntilde;ana, Xiomi. Hasta ma&ntilde;ana, que est&eacute;s bien, contestaba. Ya era costumbre hacerlo, casi un ritual. Yo, pasara lo que pasara, siempre iba hasta su oficina tan solo para despedirme con ese &ldquo;hasta ma&ntilde;ana, Xyomi&rdquo;, recibiendo de ella siempre la misma respuesta. Pero aquella tarde algo pas&oacute;. La despedida fue la de siempre, pero yo la percib&iacute; diferente.<\/p>\n<p>En los d&iacute;as siguientes aparentemente nada cambi&oacute; en nuestra rutina. &Iacute;bamos a almorzar, convers&aacute;bamos de todo y de nada, de esto y de aquello, olvid&aacute;ndonos totalmente del trabajo. Era un espacio para los dos, donde el inter&eacute;s estaba volcado en el uno y en el otro, pero nunca, por aquellos d&iacute;as, se toc&oacute; el tema de porqu&eacute; ella hab&iacute;a hecho lo que hab&iacute;a hecho, de qu&eacute; seguir&iacute;a a continuaci&oacute;n ni nada por el estilo. Simplemente las situaciones se daban y nosotros, ambos, nos d&aacute;bamos la oportunidad para que pasara lo que tuviera que pasar. Tampoco nunca planteamos que estuvi&eacute;ramos involucrados en una relaci&oacute;n sentimental, o un v&iacute;nculo especial, sino que nos d&aacute;bamos la libertad para vivir con entusiasmo aquellos momentos. Y, terminados aquellos espacios, cada uno volv&iacute;a a la rutina del trabajo donde ciertamente volv&iacute;amos a compartir, pero de otra manera, en la rigurosidad del desempe&ntilde;o profesional, donde yo era un jefe y ella una subalterna.<\/p>\n<p>Un viernes en la tarde, pasado casi un a&ntilde;o y medio de conocernos y alternar entre lo personal y lo laboral, el jefe de aquella divisi&oacute;n propuso extender la estad&iacute;a en las oficinas por un rato m&aacute;s y compartir con sus colaboradores, pues hac&iacute;a bastante rato que no se propiciaba un espacio de este tipo. Su secretaria, Betty, con la excusa de que no nos durmi&eacute;ramos, estuvo ofreci&eacute;ndonos licor en los pocillos que normalmente se utilizan para el caf&eacute;, de modo que, al momento de iniciar el evento, ya todos est&aacute;bamos bastante motivados, desinhibidos y entusiasmados.<\/p>\n<p>Una vez instalados en la oficina principal, mucho m&aacute;s amplia que la de los dem&aacute;s, Xyomi se sent&oacute; al lado m&iacute;o. Todas las conversaciones giraban en relaci&oacute;n a asuntos del trabajo, pero caricaturizando el desempe&ntilde;o de cada cual y hablando de aciertos y desaciertos, pero en tono relajado. El gran jefe aprovech&oacute; la ocasi&oacute;n para exaltar el desempe&ntilde;o de algunos de sus colaboradores y fue para todos sorpresivo que dirigiera especiales palabras de agradecimiento a Xiomara por su voluntad de trabajo, profesionalismo y colaboraci&oacute;n, reconoci&eacute;ndole que muchos de los buenos resultados obtenidos en aquel semestre se deb&iacute;an a la buena organizaci&oacute;n, orden, oportunidad y excelente presentaci&oacute;n de los documentos que all&iacute; se generaban y que hab&iacute;as merecido el reconocimiento por parte de instancias superiores, al final de lo cual, pidi&oacute; para ella un fuerte aplauso por parte de todos.<\/p>\n<p>En a&ntilde;o y medio la situaci&oacute;n en aquella oficina hab&iacute;a cambiado para bien y Xyomi estaba recogiendo los frutos de ese trabajo. Se la ve&iacute;a contenta, muy emocionada, y la ocasi&oacute;n tambi&eacute;n daba para que se permitiera estar, tambi&eacute;n, muy alicorada. La reuni&oacute;n se extendi&oacute; por unas horas m&aacute;s y, entre charla y charla, bromas y bromas, se fue haciendo tarde. Algunas personas se empezaron a despedir, justific&aacute;ndose con obligaciones familiares principalmente, de manera que, poco a poco, el recinto que estaba concurrido horas atr&aacute;s, empezaba a vaciarse. Ya, en muy poco tiempo, la reuni&oacute;n iba a acabar.<\/p>\n<p>Y, en esas circunstancias, Xyomi me dice, &iexcl;oye!, antes de que te vayas a tu casa, necesito hablar contigo. Dime, contest&eacute;. Me gustar&iacute;a que estuvi&eacute;ramos a solas en tu oficina, &iquest;te parece? As&iacute; de grave es la cosa, coment&eacute;. No, no es nada grave, apunt&oacute;, solo que no quisiera que los dem&aacute;s est&eacute;n pendientes de lo que hablamos. Eso es todo, dijo. Bueno, pues cuando t&uacute; quieras, se&ntilde;al&eacute;. Desp&iacute;dete, ve adelante y yo llego all&aacute; en un rato, Y &iquest;sabes qu&eacute;?, no vayas a encender las luces. Me est&aacute;s asustando, dije. No, para nada, ya tu sabes c&oacute;mo son de chismosos aqu&iacute;. Bueno, contest&eacute;, nos vemos all&aacute;.<\/p>\n<p>Llegu&eacute; a mi oficina y, tal como ella lo pidi&oacute;, dej&eacute; las luces apagadas y me sent&eacute; a esperar en mi despacho. Desde all&iacute; pod&iacute;a ver, a trav&eacute;s de las ventanas, lo que pasaba en la oficina principal. Ella sigui&oacute; conversando con los dem&aacute;s compa&ntilde;eros y llegu&eacute; a pensar que se hab&iacute;a olvidado de la propuesta, pero, pasados unos interminables minutos, finalmente pareci&oacute; despedirse y salir de all&iacute;. Sin embargo, tard&oacute; un poco en llegar a donde yo estaba, lo cual era curioso porque las oficinas estaban ubicadas casi que una al lado de la otra.<\/p>\n<p>Cuando finalmente lleg&oacute;, simplemente abri&oacute; la puerta y entr&oacute;, Hola, me dijo, casi que no me dejan salir. Es mejor que le pongas llave a la puerta; uno nunca sabe. As&iacute; que cerr&eacute; y ech&eacute; llave desde adentro. La puerta qued&oacute; totalmente asegurada. La invit&eacute; a sentarse, frente a m&iacute;, en una silla, y as&iacute; lo hizo. Y, sin pensar en otra cosa, empezamos a conversar como siempre. Me dijo que la hab&iacute;an conmovido mucho las palabras del jefe y que aquello era impensable tres a&ntilde;os atr&aacute;s, tiempo en el cual ella hab&iacute;a empezado a trabajar all&iacute;, y que todo eso que estaba viviendo se deb&iacute;a a mi inter&eacute;s por mejorar las cosas y el apoyo que le hab&iacute;a brindado para que la respetaran y que no abusaran de su buena voluntad y deseo de colaboraci&oacute;n. Y, con mucho sentimiento, empez&oacute; a sollozar.<\/p>\n<p>Yo, realmente, sin saber qu&eacute; hacer, me limit&eacute; a dejar que viviera ese momento, sin decir palabra alguna. Al final, se puso de pie y aproxim&aacute;ndose hasta quedar frente a m&iacute;, me dijo, quiero hacer mi voluntad, agradecerte por lo que has hecho por m&iacute; y espero que no me rechaces. Pueda que te parezca extra&ntilde;o, pero es algo que quiero hacer y espero que me entiendas, como siempre lo has hecho. Y, sin decir m&aacute;s, de pie, frente a m&iacute;, se despoj&oacute; de su chaqueta azul turqu&iacute;. Yo no dejaba de mirarle y ella, sonriendo, hac&iacute;a lo mismo. Luego fue desabotonando su blusa blanca y, con delicadeza, se la fue quitando, quedando cubiertos sus peque&ntilde;os pechos con un diminuto y blanco brasier, elaborado en encaje y bordado. Muy bonito.<\/p>\n<p>Luego, de manera muy coqueta y provocadora, se retir&oacute; el brasier y, por fin, despu&eacute;s de mucho tiempo juntos, pude ver sus pechos desnudo, el color blanco de su piel, la aureola rosada de sus pezones, totalmente paraditos, apuntando hacia arriba. Si yo estaba excitado ante la vista, ella tambi&eacute;n lo debiera estar por lo que estuviera pensando. Tom&oacute; mi rostro entre sus manos y all&iacute;, de pie como estaba, se aproxim&oacute; a m&iacute; para besarme, dici&eacute;ndome, Fernando, acar&iacute;ciame. Y lo hice. Realmente lo quer&iacute;a hacer. As&iacute; que puse mis manos en sus caderas y empec&eacute; a acariciar la silueta de su cuerpo, de abajo arriba, hasta llegar a sus pechos. Mientras tanto, ella no dejaba de besarme, como aquella vez, delicadamente, con una respiraci&oacute;n entrecortada y jadeante. Yo quise prolongar ese momento y segu&iacute; acariciando su torso, sus brazos, su cuello y su espalda.<\/p>\n<p>Ella, a continuaci&oacute;n, se retir&oacute; dos pasos atr&aacute;s y, simulando bailar, moviendo sus caderas, fue soltando la cremallera de su falda color blanco, dej&aacute;ndola caer a sus pies. Ten&iacute;a unas botas negras puestas, pero no ten&iacute;a medias, as&iacute; que solo quedaba vestida con sus blancas y diminutas bragas. Ver aquella mujer menuda, de pie ante m&iacute;, semidesnuda, era todo un espect&aacute;culo. Ella cerr&oacute; sus ojos y permaneci&oacute; all&iacute;, de pie, de modo que segu&iacute; acarici&aacute;ndole, ahora desde sus muslos hacia arriba, tard&aacute;ndome un poquito al palpar sus nalgas, tonificadas, abultadas y duras. La atraje hacia m&iacute;, pero ella sigui&oacute; de pie, por lo cual me dediqu&eacute; a besar sus caderas, su ombligo, su abdomen y sus pechos, e ir subiendo poco a poco, haci&eacute;ndole inclinarse para acceder a su boca.<\/p>\n<p>Yo no me atrev&iacute;a a ir m&aacute;s all&aacute; y no quer&iacute;a, respetando su pedido, hacer algo que da&ntilde;ara su ideal de aquel momento. Segu&iacute; all&iacute; mismo, vestido, contemplando lo que ella, seg&uacute;n sus palabras, llevaba a cabo por su propia voluntad. Y tambi&eacute;n, la verdad, no sent&iacute;a que aquel fuera ni el lugar ni las circunstancias m&aacute;s propicias para seguir el juego de otra manera, as&iacute; que me limit&eacute; a ver que m&aacute;s se le ocurr&iacute;a esta sensible mujer.<\/p>\n<p>Ella, todav&iacute;a frente a m&iacute;, empez&oacute; a despojarse de sus bragas. No s&eacute; qu&eacute; gesto habr&eacute; hecho al verla haciendo esto, que ella, llev&aacute;ndose los dedos a su boca, me hizo la se&ntilde;a de que no dijera nada. Entonces, sin entender, aquello, simplemente observ&eacute; lo que hac&iacute;a. Dej&oacute; caer sus bragas al piso y se acerc&oacute; a m&iacute;, colocando su sexo frente a mi cara. Ella ol&iacute;a muy bien, ol&iacute;a a sexo, pero era un aroma agradable, as&iacute; que la agarr&eacute; por sus nalgas y la atraje hacia m&iacute;. Quise besar su sexo, pero ella, con delicadeza, se desplaz&oacute; un paso atr&aacute;s, as&iacute; que me entretuve acariciando sus entrepiernas y frotando con una de mis manos su sexo.<\/p>\n<p>Ella permiti&oacute; que lo hiciera por unos instantes, pero, a continuaci&oacute;n, se arrodill&oacute; frente a m&iacute;, en medio de mis piernas, y, con diligencia, se dispuso a soltar el cintur&oacute;n de mi pantal&oacute;n. Pretend&iacute; acelerar la maniobra, despoj&aacute;ndome yo mismo de mis prendas, pero ella, moviendo su cabeza, me hizo saber que no lo hiciera y la dejara. De modo que me qued&eacute; expectante. Ella solt&oacute; mi pantal&oacute;n, bajo la cremallera, meti&oacute; sus manos en mis pantalones, lleg&oacute; hasta mi pene y poco a poco lo expuso, frot&aacute;ndolo suavemente, arriba y abajo. Mi miembro estaba duro y con cada caricia de sus manos parec&iacute;a explotar. Sin dejar de mirarme, muy coqueta, introdujo mi miembro en su boca y empez&oacute; a lamerlo lentamente, por todas partes. Tanta espontaneidad me causaba una emoci&oacute;n inmensa, porque ve&iacute;a en ella tanta devoci&oacute;n en lo que hac&iacute;a que no le hallaba morbo al momento.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de un rato de largo de chupar y chupar mi miembro, se levant&oacute;, y sin dar espacio alguno, se acomod&oacute; sobre m&iacute; e insert&oacute; mi pene en su vagina. El contacto de mi miembro con su sexo se sinti&oacute; h&uacute;medo y c&aacute;lido. Ella, ahora s&iacute;, moviendo sus caderas de un lado a otro, permiti&oacute; que me recreara con su cuerpo, porque yo, presa de la excitaci&oacute;n, pasaba mis manos por todo su cuerpo y deseaba sentir el contacto de su piel con todo mi cuerpo, y me sent&iacute;a incluso un poco inadecuado ya que ella estaba desnuda y yo no.<\/p>\n<p>Se mov&iacute;a juguetonamente sobre mi pene, cada vez con mayor intensidad y, con respiraci&oacute;n jadeante me dec&iacute;a, al final, yo siempre consigo lo que quiero. Hace tiempo deseaba hacer esto y hoy lo logr&eacute;. Te agradezco todo lo que has hecho por m&iacute; y el atreverme a esto, en parte, tambi&eacute;n te lo debo a ti. Soy yo quien decido, me has ense&ntilde;ado. T&uacute; no me has pedido nada, pero yo te he querido dar este regalo. Perd&oacute;name si te incomodo con esto. Y cuando trataba de articular palabra para responder algo, volv&iacute;a a hacerme la se&ntilde;a de que guardara silencio, mientras ella segu&iacute;a movi&eacute;ndose sobre m&iacute;, sonriente y plena como se le ve&iacute;a.<\/p>\n<p>Poco a poco, el ritmo de sus movimientos empez&oacute; a acelerarse y yo, trataba de aguantar lo m&aacute;ximo, hasta que, ya casi a las puertas de darme por vencido, ella me abraz&oacute; fuertemente y, bes&aacute;ndome, presion&oacute; su cuerpo contra el m&iacute;o por un buen rato. Supuse que su orgasmo por fin hab&iacute;a llegado y yo, un tanto tenso, estaba preocupado por no eyacular dentro de ella, ya que no ten&iacute;a cond&oacute;n y ten&iacute;a miedo de que aquello resultara en una penosa contrariedad.<\/p>\n<p>Aquello termin&oacute; con la misma naturalidad con la que hab&iacute;a empezado. Ella simplemente se levant&oacute;. Yo no dejaba de acariciarla y contemplarla, pero, con espontaneidad pasmosa dijo, bueno, hora de irse, me esperan en casa. Yo no atinaba a expresar nada, porque aquello me parec&iacute;a un tanto irreal. &iquest;Quieres que te lleve a tu casa? Y, mirando su reloj, me dijo, te lo agradecer&iacute;a. Ya es tarde.<\/p>\n<p>Ella, al igual que se hab&iacute;a desnudado, se visti&oacute; delante de m&iacute;, con la misma coqueter&iacute;a con la que se hab&iacute;a desprendido de sus prendas minutos antes. Cuando salimos, ya no hab&iacute;a nadie en las instalaciones. Fuimos hasta mi veh&iacute;culo, abr&iacute; la puerta y la ayud&eacute; a entrar y acomodarse. Y, ya instalado en el puesto del conductor, encend&iacute; el motor y conduje hasta su casa. No hablamos durante el trayecto. &iquest;Qu&eacute; pod&iacute;a yo decir? Estaba encantado con lo sucedido y a la vez sorprendido porque jam&aacute;s hab&iacute;a pensado que aquello hubiese llegado a pasar.<\/p>\n<p>Al llegar frente a su casa, me dispuse a despedirme, como lo determinaba la situaci&oacute;n, pero ella, tan desparpajada como hab&iacute;a estado toda la noche, dijo, espera, a&uacute;n queda algo pendiente. Y diciendo esto se inclin&oacute; sobre mis piernas, abri&oacute; la cremallera de mi pantal&oacute;n, sac&oacute; mi pene y procedi&oacute; a meterlo en su boca. Solo te pido un favor, no te contengas. Y empez&oacute; a mamar mi miembro con gran intensidad, concentrando sus chupadas en la cabeza de mi pene. La verdad, aquello me excit&oacute; tanto, que poco dur&oacute; la espera y bien pronto eyacul&eacute; dentro de su boca que, aun sintiendo que estaba descargando semen, segu&iacute;a chupando con pasi&oacute;n, terminando la faena poco despu&eacute;s.<\/p>\n<p>Bueno, dijo, espero que el Se&ntilde;or, refiri&eacute;ndose a su esposo, no est&eacute; enojado conmigo por llegar tarde. La pas&eacute; muy rico. Nos vemos el lunes dijo. &iexcl;Oye!, dije. Todav&iacute;a hay algo pendiente que quiero hacer. &iquest;Qu&eacute;?, contest&oacute; ella. D&eacute;jame besarte. Quiero agradecerte el regalo que me has dado. No lo voy a olvidar nunca. Y nos besamos, frente a su casa, por un largo rato, pero a ella no parec&iacute;a importarle. Finalmente me dijo, bueno, ya es tarde, nos vemos el lunes. Se baj&oacute; del carro, me mand&oacute; un beso con su mano y se dirigi&oacute; a la entrada de su casa. Esper&eacute; hasta que entr&oacute; y as&iacute;, dej&aacute;ndola en su casa, acab&oacute; aquella noche. Jam&aacute;s llegu&eacute; a pensar que aquella relaci&oacute;n laboral tuviera los alcances de lo vivido en aquella velada y supuse, con una viva imaginaci&oacute;n, que aquello era tan solo el principio. As&iacute; que tendr&iacute;a que esperar qu&eacute; iba a suceder despu&eacute;s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 11<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Fui trasladado a la ciudad capital para ocupar un cargo administrativo en una oficina de ingenieros navales. Xiomara era una de las personas que laboraba all&iacute; junto con otros compa&ntilde;eros. El equipo de trabajo estaba conformado por diez miembros, ocho hombres y dos mujeres. 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