{"id":27170,"date":"2020-12-18T04:03:05","date_gmt":"2020-12-18T04:03:05","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-12-18T04:03:05","modified_gmt":"2020-12-18T04:03:05","slug":"el-pacto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-pacto\/","title":{"rendered":"El pacto"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"27170\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">2<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Rebeca yac&iacute;a acostada boca abajo sobre el sof&aacute;. Desnuda, meneaba levemente las caderas con impaciencia. Sus pechos se apoyaban suavemente sobre el cuero fino y la brisa tibia que recorr&iacute;a la habitaci&oacute;n le acariciaba la espalda, eriz&aacute;ndole la piel. Estaba sola. Sent&iacute;a la ansiedad er&oacute;tica de saberse lista, pero desconocer cu&aacute;ndo suceder&iacute;a, la parad&oacute;jica mezcla del miedo junto con el deseo. Cerr&oacute; los ojos y pens&oacute; c&oacute;mo ser&iacute;a esta vez. Si fuese creciendo en morbo como la &uacute;ltima, entonces esta vez ser&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s intensa, m&aacute;s salvaje y dolorosa. Frunci&oacute; las cejas con cierta angustia y recogi&oacute; su pelo largo y casta&ntilde;o con las dos manos, haci&eacute;ndolo a un lado. Se dispuso a relajarse y asumir la incertidumbre. Sus labios se secaron y los humedeci&oacute; r&aacute;pidamente con la lengua.<\/p>\n<p>Escuch&oacute; una vibraci&oacute;n que la despert&oacute; del ensue&ntilde;o. En el m&oacute;vil sobre la mesa de vidrio hab&iacute;a un mensaje de Gabriel.<\/p>\n<p>&ndash;&ldquo;Estoy subiendo.&quot;<\/p>\n<p>Se acomod&oacute; nuevamente. Recogi&oacute; su pelo como antes y esta vez lo pos&oacute; atr&aacute;s, dibujando una l&iacute;nea recta sobre su columna. Pens&oacute; en el peligro, en si realmente estaba segura de todo esto, si esta idea ins&oacute;lita no hab&iacute;a durado ya mucho y era tiempo de terminarla. Se mir&oacute; las manos al notar que comenzaban a sudarle.<\/p>\n<p>De pronto, cuando el silencio empezaba a colmarle los nervios, unos pasos firmes retumbaron en el pasillo. Primero despacio en la lejan&iacute;a, luego cercanos, tan pr&oacute;ximos y fuertes que su irrupci&oacute;n era inminente. Rebeca irgui&oacute; la cabeza involuntariamente y mir&oacute; al vac&iacute;o con los ojos abiertos de par en par. Inspir&oacute; por la boca y lanz&oacute; al aire un suspiro corto y aterrador. Su cuerpo desnudo la traicionaba. Sus pezones duros se incrustaban inc&oacute;modamente sobre el sof&aacute; y sus gl&uacute;teos se hab&iacute;an ido separando poco a poco sin que se diera cuenta. Ya estaba h&uacute;meda.<\/p>\n<p>Gabriel abri&oacute; la puerta. Dio un paso hacia adelante, se dio media vuelta y cerr&oacute; la habitaci&oacute;n. Se tom&oacute; un momento para mover el cuello de forma circular a modo de relajaci&oacute;n. Se acerc&oacute; a la mesa de vidrio donde estaba el m&oacute;vil de Rebeca y coloc&oacute; el suyo, ignor&aacute;ndola. Llevaba un traje azul de lino perfectamente confeccionado para su cuerpo y unos zapatos brillantes de charol. Se deshizo del saco y se dirigi&oacute; al ba&ntilde;o.<\/p>\n<p>Frente al espejo, abri&oacute; el grifo del agua, se arremang&oacute; la camisa y se mir&oacute; fijamente. Ten&iacute;a el rostro de un antiguo dios griego inmortalizado en la piedra. El ment&oacute;n prominente rasurado con maestr&iacute;a sobre la tez blanca. La nariz grande y recta bajo unos ojos color avellana que enternec&iacute;an su mirada punzante. Lav&oacute; sus manos y luego las sec&oacute; meticulosamente.<\/p>\n<p>Volvi&oacute; a la habitaci&oacute;n donde se encontraba Rebeca, y esta vez s&iacute; la mir&oacute;. Not&oacute; su cuerpo desnudo como lo hab&iacute;a hecho en otras ocasiones pero esta vez, sabore&oacute; con los ojos las caderas anchas, las piernas elegantes y la piel morena, suave y desprotegida. Se acerc&oacute; despacio. Rebeca no se atrev&iacute;a a mirarlo, sent&iacute;a la culpa de lo inmoral junto al impulso irrefrenable de permanecer.<\/p>\n<p>-Me destrozaste hoy en tribunales &ndash;dijo Gabriel, sereno, invadiendo cada vez m&aacute;s el espacio de Rebeca&ndash;. El juicio probablemente est&eacute; perdido, y todo gracias a ti.<\/p>\n<p>Se sent&oacute; de cuclillas frente al sof&aacute;, quedando casi a la altura de Rebeca. Agachado y pensativo, le acerc&oacute; el rostro a la oreja, como para que escuche su respiraci&oacute;n. Ella trag&oacute; saliva sin voltear un &aacute;pice la cabeza. Gabriel abri&oacute; la boca para decir algo m&aacute;s pero se arrepinti&oacute;. Su cerebro ya estaba cansado de las palabras, y una pulsi&oacute;n primal empezaba a recorrerle el cuerpo.<\/p>\n<p>Levant&oacute; su mano derecha y la pos&oacute; sobre la espalda baja de Rebeca. Ella sinti&oacute; un escalofr&iacute;o seguido de un espasmo involuntario que provoc&oacute; una sonrisa altanera en &eacute;l. La mano robusta de Gabriel subi&oacute; lentamente por el surco de la columna, acariciando la piel estremecida con suavidad. Al llegar a la nuca, Rebeca cerr&oacute; los ojos y lo disfrut&oacute;. Pens&oacute; en un instante en los besos y las caricias tiernas de los enamorados, y en el romance y la dulzura con que se tocan los amantes compasivos. Pero Gabriel ten&iacute;a otros planes. Con sus dedos largos y decididos, penetr&oacute; en los cabellos de Rebeca hasta llegar al cuero cabelludo, luego sujet&oacute; firmemente los mechones de pelo y contorsion&oacute; la mu&ntilde;eca para asegurar el agarre. Una vez consolidado el control, ejerci&oacute; con violencia un tir&oacute;n hacia atr&aacute;s. Rebeca se incorpor&oacute; en contra de su voluntad, apoy&aacute;ndose sobre sus codos. Abri&oacute; los ojos de nuevo y se encontr&oacute; mirando el techo con el rostro completamente hacia arriba.<\/p>\n<p>Su respiraci&oacute;n se aceler&oacute;, sus manos se aferraron al sof&aacute; para ayudarla a mantener el equilibrio y estir&oacute; su cuello al l&iacute;mite para absorber la tensi&oacute;n en la cabeza. Permaneci&oacute; as&iacute; unos momentos, en la contradicci&oacute;n de resistirse por instinto y al mismo tiempo saber que no ten&iacute;a sentido. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos por tolerar la agresi&oacute;n inicial, otro dolor empezaba a atormentarla de a poco. Era su pecho izquierdo. La otra mano de Gabriel lo hab&iacute;a atrapado y empezaba lentamente a aplicarle presi&oacute;n. Ten&iacute;a atenazado el pez&oacute;n fr&aacute;gil entre el &iacute;ndice y el pulgar. Lo giraba, apretaba y retorc&iacute;a a gusto. Jugaba con la teta indefensa de Rebeca como un depredador que se entretiene con el cuerpo abatido de su presa aun sabiendo que est&aacute; viva.<\/p>\n<p>Gabriel acerc&oacute; su rostro cada vez m&aacute;s al de Rebeca, que abr&iacute;a la boca con desesperaci&oacute;n pero no emit&iacute;a ning&uacute;n sonido. &Eacute;l sab&iacute;a que sus manos eran demasiado grandes, demasiado fuertes y crueles para las pobres tetas de ella, y pretend&iacute;a arrancarle un grito. Una exclamaci&oacute;n pura y descarnada de dolor que dejara en claro su sumisi&oacute;n por &eacute;l. Pero Rebeca no quer&iacute;a darle el gusto tan f&aacute;cil, se negaba a la idea de que fuese sometida solo con una mano en el cabello y otra en el pecho.<\/p>\n<p>Gabriel se dio cuenta que se resist&iacute;a a gritar, y tom&oacute; esta rebeld&iacute;a como una insolencia. Se moj&oacute; los labios para hablar y mostr&oacute; una expresi&oacute;n tan s&aacute;dica en su rostro que atemorizaba.<\/p>\n<p>&ndash;La mujer m&aacute;s brillante que conozco &ndash;dijo enojado&ndash;, es, en este preciso momento, una putita ingrata de mierda y voy a hacer lo que quiera con ella.<\/p>\n<p>Apenas termin&oacute; de pronunciar estas palabras, increment&oacute; con sa&ntilde;a el castigo. No se contuvo. No tuvo la m&aacute;s m&iacute;nima compasi&oacute;n. Rode&oacute; con todos sus dedos la teta ya magullada y la estruj&oacute; con una fuerza desmedida. Atrap&oacute; de nuevo el pez&oacute;n pero esta vez lo estir&oacute; hacia afuera, como intentando arranc&aacute;rselo del cuerpo. Rebeca sinti&oacute; de golpe la punzada terrible de la furia aplicada a sus partes m&aacute;s sensibles, y se dej&oacute; ir, completamente vencida. Grit&oacute;, tan fuerte que pareci&oacute; haber contenido una explosi&oacute;n de dolor en su boca. Se arque&oacute; de forma inc&oacute;moda en un reflejo in&uacute;til de preservaci&oacute;n, y comprendi&oacute; por las malas que moverse s&oacute;lo hac&iacute;a m&aacute;s brutal el martirio. Al terminar su grito desgarrador, se qued&oacute; inm&oacute;vil y murmur&oacute; unas palabras d&eacute;biles con el &uacute;ltimo aliento que le quedaba.<\/p>\n<p>&ndash;Por favor&hellip; &ndash;dijo con voz casi inaudible&ndash; por favor basta.<\/p>\n<p>Gabriel no se conmovi&oacute; en absoluto. Mantuvo la tortura un largo rato despu&eacute;s de la s&uacute;plica. La mir&oacute; sufrir, contorsionarse in&uacute;tilmente en el estado de permanente dolor controlado en absoluto por &eacute;l. Eso era muy entretenido, porque sab&iacute;a que ella entend&iacute;a perfectamente que por m&aacute;s fuerte que intentara liberar su cabello y su teta maltratada, no hab&iacute;a escapatoria. Satisfecho con su dureza, Gabriel aplic&oacute; un &uacute;ltimo minuto de presi&oacute;n constante, entre los espasmos y gemidos de ella, y luego la solt&oacute; de un golpe sin suavidad. Una vez libre, Rebeca se llev&oacute; las dos manos al pecho lastimado y se arroj&oacute; de vuelta sobre el sof&aacute;, totalmente boca abajo como antes. Cerr&oacute; los ojos con angustia, como si el alivio hubiese llegado demasiado tarde.<\/p>\n<p>Sin mostrar rastros de arrepentimiento, Gabriel se par&oacute; y se qued&oacute; unos instantes reflexionando con su solemnidad caracter&iacute;stica. Se dio cuenta del poder que ten&iacute;a, del da&ntilde;o profundo que pod&iacute;a hacer con poco esfuerzo. Este pensamiento lo estimul&oacute;. Con unos pasos certeros se coloc&oacute; justo detr&aacute;s de Rebeca. Ella pareci&oacute; no darse cuenta, absorta en el recuerdo fresco de las cosas que hab&iacute;a sentido. Estaba completamente indefensa, con sus nalgas levemente abiertas por el sacud&oacute;n anterior y su vagina a la vista, vulnerable a cualquier perversi&oacute;n. Gabriel se sac&oacute; el cintur&oacute;n con paciencia, luego se desabroch&oacute; los botones de la bragueta. Llev&oacute; una mano adentro del pantal&oacute;n y sac&oacute; su pene. Lo ten&iacute;a ya casi en la totalidad de su erecci&oacute;n, emanando un calor visceral que lat&iacute;a junto con sus venas infladas. Lo apunt&oacute; hacia Rebeca y creci&oacute; un poco m&aacute;s. Lo ten&iacute;a largo, grueso y duro, como un demonio de carne que huele el miedo y la debilidad. Se prepar&oacute; para el ataque. No iba a tener piedad. No iba a dar aviso ni conceder tregua. Se lo meti&oacute; de un saque con una violencia despiadada.<\/p>\n<p>Rebeca sinti&oacute; de inmediato la embestida feroz. Abri&oacute; los ojos lo m&aacute;s que pudo y emiti&oacute; un alarido corto, interrumpido por la necesidad imperiosa de respirar. Cerr&oacute; las piernas por reflejo, como reaccionando primero al dolor lacerante mucho antes que al placer. Contrajo los m&uacute;sculos internos tratando de expulsar la verga inmensa que la penetraba sin clemencia. Pero era in&uacute;til, solo lograba hacer que creciera m&aacute;s y m&aacute;s adentro suyo. Se olvid&oacute; por completo de su pecho torturado y curv&oacute; la espalda hacia arriba tratando de amortiguar el suplicio extremo de ser atravesada con tal barbaridad. Se retorci&oacute; tanto que dobl&oacute; hasta los &uacute;ltimos dedos de sus pies. No estaba lista. No esperaba encontrarse tan pronto con su punto l&iacute;mite.<\/p>\n<p>Gabriel estaba inmerso en un trance de dominio y salvajismo. Hac&iacute;a s&oacute;lo unas horas, hab&iacute;a visto a Rebeca en su estado m&aacute;s serio y profesional. La hab&iacute;a visto altiva, prolija y orgullosa, defendiendo su caso con una maestr&iacute;a extraordinaria. La hab&iacute;a escuchado hablar, usar palabras t&eacute;cnicas y formales con completa naturalidad. Pero ahora, Rebeca no era nada de eso. Ahora se retorc&iacute;a sin remedio al ser sometida como un animal. Ahora ara&ntilde;aba el cuero oscuro del sof&aacute; buscando aferrarse a los &uacute;ltimos vestigios de cordura. Ya no pod&iacute;a razonar, no pod&iacute;a articular ning&uacute;n pensamiento porque no hab&iacute;a lugar para otra cosa en su mente que la verga s&aacute;dica de Gabriel parti&eacute;ndola al medio.<\/p>\n<p>Cada embestida furiosa era acompa&ntilde;ada con un grito. Cada empuje de &eacute;l iba acompa&ntilde;ado de un gemido largo y estrepitoso. Ella hab&iacute;a aprendido de su error anterior, y a la vez, ya no pod&iacute;a evitarlo. De pronto, Gabriel puso sus dos manos enormes sobre el culo de Rebeca. Apret&oacute; sus gl&uacute;teos con firmeza y los separ&oacute;, para abrirle todav&iacute;a m&aacute;s la vulva enrojecida de la fricci&oacute;n. Esto fue trascendental para ella. Justo en ese momento, en el preciso momento donde sinti&oacute; su sexo maltratado y forzado hasta el l&iacute;mite, sinti&oacute; el flechazo. Una electricidad dulce le recorri&oacute; el cl&iacute;toris y la punta de las tetas, y convirti&oacute; cualquier tipo de dolor en un placer colosal. Se moj&oacute; como nunca en su vida y las extremidades le temblaron escandalosamente. Tuvo un orgasmo tan violento, que crey&oacute; haber perdido el conocimiento durante unos instantes.<\/p>\n<p>Al regresar en s&iacute; misma, not&oacute; que Gabriel se hab&iacute;a detenido. Ten&iacute;a el glande rojo y redondo unos mil&iacute;metros afuera de su vagina. Ella no entend&iacute;a qu&eacute; estaba pasando, no entend&iacute;a por qu&eacute; hab&iacute;a salido. Estaba exhausta, con todo su cuerpo entumecido y vencido, y la mente aturdida reci&eacute;n empezaba a funcionarle de nuevo. Tan pronto recobr&oacute; la plena conciencia not&oacute; que la incertidumbre volv&iacute;a a preocuparla. &iquest;Qu&eacute; estaba esperando? &iquest;Por qu&eacute; no hab&iacute;a seguido hasta el final?<\/p>\n<p>De pronto, el pene enorme y caliente de Gabriel roz&oacute; apenas su vulva, y Rebeca se dio cuenta de inmediato del &uacute;ltimo tormento que le esperaba. Estaba hipersensible. El orgasmo m&aacute;s intenso que jam&aacute;s hab&iacute;a sentido la dej&oacute; m&aacute;s fr&aacute;gil y susceptible al &iacute;nfimo contacto, y el solo hecho de pensar en volver a soportar esa verga dura e implacable le oprim&iacute;a el pecho. Pero Gabriel no iba a tener ninguna consideraci&oacute;n. &Eacute;l sab&iacute;a exactamente lo que estaba pasando.<\/p>\n<p>Respir&oacute; hondo e infl&oacute; el pecho fornido y ancho como un toro a punto de lanzar su &uacute;ltima arremetida. Avanz&oacute; decidido. Penetr&oacute; la vulva irritada con una estocada mort&iacute;fera, castig&aacute;ndola de nuevo en su momento m&aacute;s delicado y sensible. Despu&eacute;s bombe&oacute; y bombe&oacute; a una velocidad desmesurada, sin el m&aacute;s m&iacute;nimo respeto a la persona que ten&iacute;a enfrente. Se cogi&oacute; a Rebeca de la forma m&aacute;s desalmada y brutal que jam&aacute;s cogi&oacute; a nadie. Ella grit&oacute; tambi&eacute;n como nunca lo hab&iacute;a hecho. Pero esta vez, no fueron gritos separados en sincron&iacute;a con los bombeos violentos de &eacute;l, sino que fue uno solo. Una exclamaci&oacute;n tan grande y desesperada que reson&oacute; en toda la habitaci&oacute;n y le exprimi&oacute; hasta la &uacute;ltima gota de aire de los pulmones.<\/p>\n<p>Gabriel sigui&oacute; entrando y saliendo con locura, a un ritmo casi insensato. Hasta que, en cierto punto, sinti&oacute; a Rebeca m&aacute;s mojada, abierta y estremecida que nunca. La sinti&oacute; tan sumisa y entregada a la voluntad de su verga perversa sacudi&eacute;ndola sin cuidado, que finalmente sinti&oacute; &eacute;l tambi&eacute;n el flechazo. Se prepar&oacute; para la descarga el&eacute;ctrica y, por primera vez, cerr&oacute; los ojos. La punta de su glande dispar&oacute; toda la carga de esperma acumulada, y Rebeca sinti&oacute; c&oacute;mo el interior de su cuerpo se llenaba completamente de fluidos. Tan abundante fue el contenido del orgasmo que lleg&oacute; a desbordarla, dej&aacute;ndole la vagina sucia y malograda chorre&aacute;ndole semen.<\/p>\n<p>Gabriel se calm&oacute;, dej&oacute; al fin el bombeo intenso y adopt&oacute; la actitud imperturbable de siempre. Mantuvo su pene erecto dentro de ella sin moverlo, inserto hasta el fondo, como descansando en los palacios del territorio conquistado. Rebeca no se atrev&iacute;a a pronunciar palabra alguna, pero se preguntaba cu&aacute;nto m&aacute;s estar&iacute;a adentro suyo. Ten&iacute;a miedo de hacer alg&uacute;n movimiento involuntario por la incomodidad, pero de todos modos estaba a dispuesta a dejarlo todo el tiempo que quisiera con tal de complacerlo. Nunca hab&iacute;a llegado a mirarle la cara, no le hab&iacute;a dado ni el derecho m&iacute;nimo de verlo manifestar alguna emoci&oacute;n.<\/p>\n<p>Finalmente Gabriel abri&oacute; los ojos, la mir&oacute; con indiferencia y retir&oacute; el pene. Ella sinti&oacute; el vac&iacute;o contraerse adentro suyo, y exclam&oacute; espont&aacute;neamente &lt;&iexcl;Ay!&gt; sin poder evitarlo. &Eacute;l la ignor&oacute;, como si no dejara que lo distraigan tales peque&ntilde;eces. Luego se levant&oacute; el cierre de la bragueta, se puso el cintur&oacute;n y busc&oacute; el saco. Tras arreglarse para salir a la calle, tom&oacute; el m&oacute;vil que estaba sobre la mesa de vidrio. Lo desbloque&oacute; y abri&oacute; la c&aacute;mara. Ah&iacute; estaba Rebeca, abatida y maltrecha, boca abajo como desde un principio, con el culo redondo, macizo y castigado en primer plano. Gabriel le sac&oacute; una foto, asegur&aacute;ndose que no se le viera el rostro. Despu&eacute;s abandon&oacute; la habitaci&oacute;n y baj&oacute; por las mismas escaleras que hab&iacute;a subido, sin decir nada.<\/p>\n<p>Rebeca se encontr&oacute; sola de nuevo. Su mente estaba tan vapuleada como su cuerpo. Sus piernas todav&iacute;a le temblaban y sus pulsaciones no hab&iacute;an bajado todav&iacute;a su velocidad. Pero todo eso estaba lejos de ser su mayor preocupaci&oacute;n. Hab&iacute;a conocido la cara m&aacute;s malvada de Gabriel, su lado m&aacute;s cruel, y no estaba segura de qu&eacute; pensar al respecto. Se angusti&oacute; unos instantes y se volc&oacute; a los pensamientos m&aacute;s oscuros y fatalistas, como si este evento marcar&iacute;a el inicio de su propia ruina. Pero poco despu&eacute;s reaccion&oacute;, se compuso y tom&oacute; dimensi&oacute;n real del asunto. Era solo un juego, un viaje de peligros y emociones nuevas del que solo podr&iacute;a aprender a disfrutarlo. Finalmente se calm&oacute;, respir&oacute; profundo y afloj&oacute; cada m&uacute;sculo contra&iacute;do por mucho tiempo. Pens&oacute; en Gabriel, en su voluntad inflexible, su dureza. Cerr&oacute; los ojos para tomar un merecido descanso y abrazando el sof&aacute; con suavidad y ternura, sonri&oacute;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>2 Rebeca yac&iacute;a acostada boca abajo sobre el sof&aacute;. Desnuda, meneaba levemente las caderas con impaciencia. Sus pechos se apoyaban suavemente sobre el cuero fino y la brisa tibia que recorr&iacute;a la habitaci&oacute;n le acariciaba la espalda, eriz&aacute;ndole la piel. Estaba sola. 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