{"id":27236,"date":"2020-12-23T23:00:00","date_gmt":"2020-12-23T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-12-23T23:00:00","modified_gmt":"2020-12-23T23:00:00","slug":"esta-noche-es-nochebuena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/esta-noche-es-nochebuena\/","title":{"rendered":"Esta noche es Nochebuena"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"27236\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Ana insisti&oacute; en ir al gimnasio. Para ella el ejercicio era como respirar y el hecho de que fuera Nochebuena no cambiaba nada, por el contrario, a su novio le parec&iacute;a rid&iacute;culo que tambi&eacute;n ese d&iacute;a tuviesen que jugar al p&aacute;del como si les fuesen a poner falta por el hecho de no asistir, por consiguiente, fue arrastrado por Ana, y por fortuna ese d&iacute;a tocaba p&aacute;del, pues cuando era spinning se le hac&iacute;a un mundo.<\/p>\n<p>Como hab&iacute;a supuesto, a las seis de la tarde el veinticuatro de diciembre el gimnasio estaba pr&aacute;cticamente vac&iacute;o. Tan s&oacute;lo unos cuantos frikis de los hierros pensaban como su novia. Todas las pistas de p&aacute;del estaban vac&iacute;as por lo que, en ese sentido era un alivio no tener que apuntarse, ni tampoco tener que esperar.<\/p>\n<p>Ana estaba ansiosa y en&eacute;rgica y daba saltitos para calentar, en su lugar, el novio estaba perezoso y ap&aacute;tico por haber tenido que sustituir los preparativos de la cena por estar haciendo el tonto en el gimnasio. Para &eacute;l la elaboraci&oacute;n de la cena con sus padres eran como un ritual y perd&eacute;rselos era casi como perderse la cena, pero sab&iacute;a que intentar que ella prescindiera de su rutina era una batalla perdida. Ana era minuciosa en todo lo que hac&iacute;a, no s&oacute;lo en el ejercicio, sino en sus estudios. Hab&iacute;a terminado la carrera de medicina y estaba preparando el MIR, y si ten&iacute;a previsto dedicarle ocho horas a estudiar todos los d&iacute;as, nunca alteraba su programaci&oacute;n. En ese sentido era inflexible y su fuerza de voluntad inquebrantable, tanto era as&iacute; que su novio la llamaba en ocasiones &ldquo;cabeza cuadrada&rdquo;.<\/p>\n<p>Ana llevaba unas mallas que se ajustaban perfectamente a sus formas. Eran negras con una franja fucsia que cruzaba por el muslo y finalizaban debajo de las rodillas, dejando la pantorrilla al aire. Un top fucsia cubr&iacute;a unos pechos nada exuberantes, pero muy bien puestos, con los peque&ntilde;os pezones marc&aacute;ndose a trav&eacute;s de la prenda. El top le permit&iacute;a lucir un vientre plano con la definici&oacute;n de su abdomen y adornado con un piercing en el ombligo. El ingrediente del tanga marc&aacute;ndosele en las mallas le daba una apariencia realmente sexi y excitante para quien se detuviese en ese detalle. Y unas zapatillas Nike blancas con unas rallas fucsia remataban su indumentaria. Estaba arrebatadora y su novio lo sab&iacute;a, y en parte era uno de los motivos por los que la acompa&ntilde;aba al gimnasio, pues entend&iacute;a que su novia era una delicatessen para los ojos y estaba al tanto de las miradas que despertaba entre tanta testosterona pululando por el gimnasio. Pero todos los atributos de los que el novio se beneficiaba no estaban ah&iacute; porque s&iacute;, sino por su constancia y dedicaci&oacute;n. Ese era su lema.<\/p>\n<p>Ana venci&oacute; los dos sets como era de esperar. Para su novio estaba claro que no le gustaba perder ni a las chapas. No le hizo falta jugar el tercero, aunque con eso ya contaban ambos. A pesar de ello, se le hicieron extremadamente largos y conforme avanzaban los juegos, &eacute;l iba volvi&eacute;ndose m&aacute;s descuidado y su apat&iacute;a se hac&iacute;a m&aacute;s evidente, de modo que cuando venci&oacute;, Ana dio un salto de j&uacute;bilo y su novio respir&oacute; pensando que ya pod&iacute;an ducharse e irse a ayudar en los preparativos de la cena.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de haber tensado sus m&uacute;sculos ya se sent&iacute;a mejor y enfilaron hacia las duchas, pero para llegar a ellas ten&iacute;an que pasar por un pasillo que separaba con un cristal transparente la sala de musculaci&oacute;n. Ana se qued&oacute; mirando a un hombre maduro de una edad indefinida. No pudo calcularla porque aquel hombre desarticul&oacute; sus esquemas. Sab&iacute;a que era mayor, sin embargo, el ejercicio diario perfectamente pod&iacute;a haberle quitado entre diez y quince a&ntilde;os, por tanto le fue dif&iacute;cil calcular su edad, aunque estaba segura que rebasaba los cincuenta. Solamente quedaba &eacute;l en la sala de pesas y Ana repas&oacute; toda su anatom&iacute;a de cabo a rabo. Iba con un pantal&oacute;n corto luciendo unas piernas estriadas, y una camiseta de manga corta contribu&iacute;a a resaltar unos magn&iacute;ficos brazos. Cada una de las dos prendas perfectamente ajustadas al cuerpo marcaba su cincelada musculatura. No pose&iacute;a un cuerpo excesivamente voluminoso, pero s&iacute; que era un f&iacute;sico muy trabajado, con separaci&oacute;n muscular y una definici&oacute;n propia de los mejores atletas. Una vena gorda recorr&iacute;a sus b&iacute;ceps y bajaban hasta sus antebrazos ramific&aacute;ndose en numerosas venas m&aacute;s finas. Sus piernas perfectamente contorneadas, separaban los vastos interno y externo del cu&aacute;driceps, y todos ellos adornados con ramales de venas que se esparc&iacute;an por las extremidades inferiores.<\/p>\n<p>Quiz&aacute;s tanta definici&oacute;n era s&iacute;ntoma inequ&iacute;voco de que el tipo estaba ciclado, pero no le import&oacute; para que su vista se recreara en el escultural f&iacute;sico del que hac&iacute;a gala. Lo que ten&iacute;a claro es que aquel hombre no parec&iacute;a espa&ntilde;ol. Parec&iacute;a m&aacute;s un vikingo, o un dios n&oacute;rdico. Asimismo, era imposible no perderse en sus profundos ojos de un azul tan intenso que parec&iacute;a que llevara lentillas. Era rubio, con el pelo largo, y una barba no muy poblada le confer&iacute;a un aspecto aguerrido muy varonil. Era dif&iacute;cil no detenerse en cada uno de los atributos de aquel vikingo, y Ana no fue menos. Sus piernas avanzaban hacia los vestuarios, pero su cabeza no parec&iacute;a querer compartir la misma ruta y su cuello fue torci&eacute;ndose mientras avanzaba, quedando en una postura casi antinatural, hasta que se oblig&oacute; a darse la vuelta para continuar contemplando aquel esp&eacute;cimen salido de la mitolog&iacute;a n&oacute;rdica.<\/p>\n<p>El novio de Ana, m&aacute;s pendiente de que se estaba haciendo tarde, pareci&oacute; no percatarse del repaso visual que su novia le aplic&oacute; al vikingo. Despu&eacute;s se despidieron moment&aacute;neamente y cada cual enfil&oacute; a su vestuario.<\/p>\n<p>Dentro de los vestuarios de caballeros estaba el due&ntilde;o del gimnasio intentado solucionar un problema de la caldera, y le advirti&oacute; que no hab&iacute;a agua caliente en las duchas de caballeros. Se disculp&oacute; por las molestias, pero tampoco pod&iacute;a hacer m&aacute;s. Era Nochebuena y el problema tendr&iacute;a que solucionarse despu&eacute;s de Navidad, por lo que el novio de Ana decidi&oacute; que ya se duchar&iacute;a en casa y se fue a esperarla al hall que estaba en la entrada.<\/p>\n<p>A los dos minutos el vikingo se encontr&oacute; con el mismo problema cuando fue a ducharse. El due&ntilde;o le advirti&oacute; que no iba la caldera, sin embargo, pensando que ya no quedaba nadie en el gimnasio le ofreci&oacute; ducharse en los vestuarios de las mujeres, por tanto, cogi&oacute; sus cosas y all&iacute; se dirigi&oacute;. Cuando entr&oacute;, daba por hecho que no quedaba nadie y no repar&oacute; en las cosas de Ana, que en ese momento se encontraba en el ba&ntilde;o, con lo cual se desnud&oacute; y se meti&oacute; debajo del chorro. Eran duchas individuales, separadas la una de la otra por una peque&ntilde;a mampara que &uacute;nicamente cumpl&iacute;a la funci&oacute;n de delimitar los espacios.<\/p>\n<p>Ana sali&oacute; del ba&ntilde;o desnuda con sus chanclas, cogi&oacute; su toalla y se dirigi&oacute; a las duchas pensando que era otra mujer la que se estaba duchando en ese momento, pero se qued&oacute; en shock cuando vio al vikingo como Dios lo trajo al mundo enjabonando su cincelado cuerpo. &Eacute;l ten&iacute;a los ojos cerrados mientras el agua ca&iacute;a directamente sobre su rostro. Ana estaba boquiabierta sin poder articular palabra, ni siquiera pod&iacute;a moverse. Si hubiese habido moscas, habr&iacute;a corrido el peligro de que se le metiera alguna en la boca. Se qued&oacute; a mitad de camino, all&iacute; varada de pie y mirando como el vikingo se frotaba con las manos el cuerpo enjabonado, mientras Ana no perd&iacute;a detalle del proceso. Despu&eacute;s, las manos del hombre se entretuvieron m&aacute;s de lo que cabr&iacute;a esperar en un pene fl&aacute;cido, pero que a pesar de ello parec&iacute;a de buen tama&ntilde;o y realmente apetecible. Entre los repasos que se daba y el agua caliente dilatando sus capilares, a Ana le pareci&oacute; que estaba ganando tama&ntilde;o.<\/p>\n<p>El vikingo se enjuag&oacute; los ojos y los abri&oacute; para encontrarse a una atractiva joven de veintis&eacute;is a&ntilde;os con un f&iacute;sico que hac&iacute;a juego con el suyo. A pesar de la sorpresa inicial, no dej&oacute; de tocarse, y al verla all&iacute; varada, completamente desnuda y con aquel cuerpo atl&eacute;tico, la polla fue buscando las alturas y en cuesti&oacute;n de segundos ten&iacute;a una erecci&oacute;n de caballo. El maduro sigui&oacute; toc&aacute;ndose de manera sugerente, y pese a ello Ana permaneci&oacute; observando como se toqueteaba el miembro enjabonado. Ana notaba como su respiraci&oacute;n se iba acelerando, al mismo tiempo que una ola de calor recorr&iacute;a su cuerpo. No sab&iacute;a si vestirse y marcharse o quedarse y abandonarse a aquel hombre. Y la verdad era que suspiraba por quedarse contemplando a aquel hombre. Despu&eacute;s de un minuto de examinar como se tocaba, su mano derecha ascendi&oacute; lentamente por su muslo hasta detenerse en su sexo, a la vez que contemplaba como el hombre segu&iacute;a moviendo su mano a lo largo de un falo erecto esperando una respuesta por parte de ella. Ana desliz&oacute; los dedos por su raja gelatinosa y mientras miraba como aquel maduro mov&iacute;a su polla en movimientos lentos, sus pulsaciones fueron en aumento y su boca se abri&oacute; deseosa. La lengua recorri&oacute; su labio superior involuntariamente alentada por el deseo. Los dedos se introdujeron en su sexo como si tuviesen voluntad propia y empez&oacute; a masturbarse delante del hombre al mismo tiempo que lo hac&iacute;a &eacute;l. Su boca se abri&oacute; contemplando a aquel dios reci&eacute;n bajado del Olimpo con una polla venosa que casi doblaba en tama&ntilde;o a la de su novio. De pronto pens&oacute; en &eacute;l y que estar&iacute;a esper&aacute;ndola, pero fue un pensamiento fugaz porque inmediatamente el vikingo le hizo un gesto con la mano y ella no dud&oacute; en avanzar hasta la ducha. Se puso frente a &eacute;l y mir&oacute; hacia arriba. Le sacaba una cabeza. Se adelant&oacute; un poco m&aacute;s y se fundi&oacute; en su piel.<\/p>\n<p>Ana sinti&oacute; los dedos del hombre rubio como si fueran brasas candentes sobre su piel. Cada caricia le provocaba placer sin todav&iacute;a haber tocado los puntos estrat&eacute;gicos. Ana estaba muy caliente y h&uacute;meda, y no era por el chorro de agua que ca&iacute;a por sus cuerpos, era por su calentura. Las manos de &eacute;l cogieron sus peque&ntilde;as tetas y le apretaron los pezones, pellizc&aacute;ndolos y arranc&aacute;ndole suspiros de placer. Despu&eacute;s las manos se posaron en sus nalgas y las apret&oacute; con firmeza. Ella hizo lo mismo con las suyas. Recorri&oacute; su culo duro y se lo apret&oacute; queriendo clavarle las u&ntilde;as. Deseaba m&aacute;s manos para poder acariciar a la vez aquel cuerpo ca&iacute;do del cielo en Nochebuena.<\/p>\n<p>Empez&oacute; a notar como la verga del vikingo se frotaba sobre su abdomen y quiso aferrarse a &eacute;l. Lo cogi&oacute; fuertemente con la mano y comprob&oacute; su dureza. Estaba a punto para que se la clavara, pero fue un dedo el que la penetr&oacute; encontr&aacute;ndose con su raja completamente abierta y mojada.<\/p>\n<p>Ana mov&iacute;a su pelvis acompasando los movimientos del dedo en su interior y, al mismo tiempo que se dejaba hacer, masturbaba al vikingo con movimientos lentos, pero aferrando con fuerza el enorme falo. Quer&iacute;a arrodillarse y comerse esa polla que parec&iacute;a tan deliciosa. &Eacute;l no la dej&oacute;. La empotr&oacute; contra la pared, le levant&oacute; el culo, se cogi&oacute; la polla, la acerc&oacute; a la entrada de su vagina y de una estocada se la hundi&oacute; sin hacer paradas. Ana grit&oacute; de gusto. Not&oacute; como la abr&iacute;a en canal con aquel cipote XXL.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;No era esto lo que quer&iacute;as zorra? &mdash;le pregunt&oacute; en un perfecto espa&ntilde;ol, pero con acento.<\/p>\n<p>El &ldquo;S&iacute;! de Ana apenas se escuch&oacute; mitigado por el ruido del agua y sus jadeos. En cada embate, lograba levantarla del suelo. El vikingo se aferr&oacute; a sus caderas y le azuz&oacute; con unos violentos golpes de ri&ntilde;&oacute;n pollazo tras pollazo, conduci&eacute;ndola a un orgasmo y haci&eacute;ndola gemir de placer. Las piernas le flaquearon a Ana, pero el n&oacute;rdico continuaba arremetiendo en su co&ntilde;o con gran violencia, como si quisiera terminar, pero no fue as&iacute;. Le dio la vuelta. Ana apenas se ten&iacute;a en pie. La levant&oacute; en volandas y la sostuvo con la fuerza de sus brazos, mientras ella se enganchaba a su cuello, la cogi&oacute; por debajo del culo para subirla y bajarla en el aire. Sus piernas se enroscaron en el cuerpo del vikingo como si fuera una serpiente envolviendo a su presa. Marta gem&iacute;a de placer al sentir como el cipote la penetraba por completo. La cog&iacute;a de las nalgas como si estuviese haciendo b&iacute;ceps con dos mancuernas y la sub&iacute;a y bajaba mientras la polla se adentraba hasta sus profundidades para volver a emerger. Ana se cogi&oacute; a su cuello y se dej&oacute; follar por el vikingo que arremet&iacute;a con furor en su co&ntilde;o.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te gusta que te folle, zorra?, pregunt&oacute; completamente desatado.<\/p>\n<p>&mdash;Me encanta. &iexcl;F&oacute;llame m&aacute;s fuerte! &mdash;rog&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Tu novio espera afuera.<\/p>\n<p>&mdash;Que se joda. &iexcl;F&oacute;llame toda, cabr&oacute;n! &mdash;le expres&oacute; totalmente desenfrenada.<\/p>\n<p>Su novio esperaba impaciente en el hall de la entrada y empezaba a ponerse nervioso ante la tardanza, pero no pod&iacute;a o&iacute;r desde all&iacute; los gritos que aquel semental le arrancaba a su novia, ni tampoco como pasaba de &eacute;l prefiriendo el polvazo que le estaba dando el vikingo en ese momento. &Eacute;l pensaba en su Nochebuena, pero era Ana la que estaba disfrutando de una noche, no buena, sino espl&eacute;ndida con la gran polla que golpeaba su co&ntilde;o una y otra vez. Sin embargo los jadeos no le pasaron desapercibidos al due&ntilde;o del gimnasio, y dando por hecho que s&oacute;lo el hombre rubio estaba en los vestuarios entr&oacute; para averiguar el origen de aquel desenfreno. Ninguno de los dos lo vio entrar y la imagen que contempl&oacute; al entrar fue de las mejores que hab&iacute;a visto. Compet&iacute;a incluso con la mejor de las pel&iacute;culas porno, pero era en vivo y en directo. A nadie le hubiese resultado indiferente la escena: el vikingo estaba de pie y ten&iacute;a en brazos a la joven atl&eacute;tica y &eacute;sta levantaba las piernas en alto mientras sub&iacute;a y bajaba con la fuerza de sus brazos, y en medio hab&iacute;a un poll&oacute;n que se abr&iacute;a paso en sus profundidades entrando y saliendo de su delicado co&ntilde;o con la ayuda de los golpes de cadera del hombre rubio. El due&ntilde;o vio que la chica que antes jugaba al p&aacute;del con su novio estaba ahora gritando de placer con el hombre rubio y la escena fue demasiado para sus ojos. Se sac&oacute; la polla y empez&oacute; a masturbarse al tiempo que los contemplaba. El n&oacute;rdico se percat&oacute; de su presencia, pero no hizo caso y sigui&oacute; fornicando salvajemente a Ana, de manera que el due&ntilde;o del gimnasio lo tom&oacute; como una especie de invitaci&oacute;n y avanz&oacute; polla en ristre hasta su posici&oacute;n, de tal modo que se acerc&oacute; por detr&aacute;s a la joven y aproxim&oacute; su glande al orificio libre, compartiendo la mirada de aprobaci&oacute;n del vikingo que parec&iacute;a estar de acuerdo. Ana not&oacute; a un intruso en su ano y quiso darse la vuelta. No sab&iacute;a qu&eacute; estaba pasando, pero el hombre rubio la bes&oacute; como si el morreo fuese un tranquilizante. En ese momento dej&oacute; de moverse sobre la verga y sinti&oacute; la otra que se abr&iacute;a paso hacia su esf&iacute;nter sin preparaci&oacute;n previa, provoc&aacute;ndole un dolor agudo. Quer&iacute;a gritar, le hac&iacute;a da&ntilde;o, pero el vikingo le com&iacute;a la boca y se lo imped&iacute;a. La verga que atacaba su retaguardia segu&iacute;a haci&eacute;ndole da&ntilde;o, pero el placer que le proporcionaba la del vikingo mitigaba en cierto modo un dolor que paulatinamente iba mutando en un extra&ntilde;o placer cada vez m&aacute;s intenso hasta que el dolor desapareci&oacute; por completo dando paso al placer, al morbo y al desenfreno.<\/p>\n<p>Ana gritaba de gusto mientras las dos pollas se le clavaban una y otra vez en una coordinaci&oacute;n que parec&iacute;a ensayada. No sab&iacute;a cual de las dos le produc&iacute;a m&aacute;s goce, probablemente la del vikingo, sin menospreciar a la que le estaba perforando el culo. Nunca hab&iacute;a estado con dos hombres a la vez, y no es que le estuviera gustando m&aacute;s o menos, es que lo estaba disfrutando. Quiz&aacute;s era por el morbo, quiz&aacute;s por la situaci&oacute;n, quiz&aacute;s por estar follando con dos t&iacute;os mientras su novio la esperaba en el hall, o quiz&aacute;s tambi&eacute;n porque ahora ten&iacute;a un vikingo en su vida, quien sabe. Hab&iacute;a fantaseado en ocasiones con esa situaci&oacute;n, pero s&oacute;lo eran fantas&iacute;as. Lo que estaba claro es que dos t&iacute;os la estaban empalando en las duchas y ella se estaba dejando porque estaba disfrutando como una zorra.<\/p>\n<p>&mdash;Menuda puta est&aacute;s hecha, &mdash;le record&oacute; el vikingo.<\/p>\n<p>Ana se lo crey&oacute;. Se sent&iacute;a muy puta por lo que estaba haciendo, o mejor dicho, por lo que estaba dejando que le hicieran, pero le gustaba. En ese momento no ten&iacute;a remordimientos. Esos ya vendr&iacute;an despu&eacute;s.<\/p>\n<p>El dios del trueno se cans&oacute; de la posici&oacute;n, la levant&oacute; como si fuera una mu&ntilde;eca, mientras las dos pollas salieron al un&iacute;sono, a continuaci&oacute;n la apoy&oacute; contra la mampara, alzando su culo.<\/p>\n<p>&mdash;Ahora ya te han abierto el camino. Quiero romperte ese culito que tienes, &mdash;le dijo el dios del trueno, cogi&oacute; su martillo y la penetr&oacute; lentamente, pero sin pausas. Ana dio un peque&ntilde;o respingo y gimi&oacute; levemente al sentir el mayor calibre, pero pronto se adapt&oacute; al tama&ntilde;o y el portador del arma inici&oacute; de menos a m&aacute;s un martilleo en el peque&ntilde;o orificio. El due&ntilde;o del gimnasio la cogi&oacute; de la cabeza y le puso la polla en la boca para que la mantuviera ocupada y empez&oacute; a foll&aacute;rsela buscando el placer en la humedad de su boca, y en pocos segundos estall&oacute;. Entretanto Ana soltaba por la comisura de los labios gran parte de la corrida y la otra se la tragaba.<\/p>\n<p>Por el otro lado, el vikingo continuaba encul&aacute;ndola y sus jadeos evidenciaban un orgasmo inmediato alentando a Ana a que lo hicieran juntos.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;C&oacute;rrete puta!&#8230; que me va a venir&hellip; &iexcl;c&oacute;rrete! &mdash;la alent&oacute;. Y como si sus palabras, al igual que su polla, fueran un embrujo, un orgasmo diferente, pero incre&iacute;ble invadi&oacute; sus entra&ntilde;as entre resuellos, jadeos y gemidos.<\/p>\n<p>Cuando todo acab&oacute;, el vikingo extrajo el miembro de su ano y Ana se incorpor&oacute; y se dio la vuelta ojeando la pringosa verga que acababa de romperle el culo. Unos minutos antes le habr&iacute;a parecido una haza&ntilde;a impracticable, sin embargo se congratul&oacute; de haberlo disfrutado tanto.<\/p>\n<p>Ana se dio una ducha muy r&aacute;pida sin mediar palabra con los dos hombres. Hab&iacute;a disfrutado como una salvaje, incluso hab&iacute;a sido el mejor polvo de su vida, pero ahora estaba avergonzada por su libertina actitud. Se visti&oacute; apresuradamente y se fue sin despedirse de ellos.<\/p>\n<p>En el hall estaba su novio maldiciendo a diestro u siniestro.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; co&ntilde;o estabas haciendo? &mdash;pregunt&oacute; indignado por su tardanza. &mdash;Llevo media hora esperando. Es Nochebuena.<\/p>\n<p>En ese momento sal&iacute;a el hombre rubio reci&eacute;n duchado, vestido y con su bolsa de deporte y sonri&oacute; a la pareja.<\/p>\n<p>&mdash;Y tan buena, &mdash;respondi&oacute; Ana devolvi&eacute;ndole la sonrisa al vikingo sin que la viera su novio, y los remordimientos que la inquietaron unos instantes antes se esfumaron cuando algo le dijo en su fuero interno que volver&iacute;a a encontrarse con aquel hombre, es m&aacute;s, estaba segura de ello.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 Ana insisti&oacute; en ir al gimnasio. 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