{"id":27301,"date":"2020-12-29T23:00:00","date_gmt":"2020-12-29T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-12-29T23:00:00","modified_gmt":"2020-12-29T23:00:00","slug":"construyendo-cuernos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/construyendo-cuernos\/","title":{"rendered":"Construyendo cuernos"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"27301\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">4<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Diez a&ntilde;os de matrimonio son muchos para Isabel, considerando que todas aquellas virtudes que ve&iacute;an el uno en el otro en el noviazgo han quedado en nada. Ahora apenas se dirigen la palabra. Pablo est&aacute; todo el d&iacute;a fuera de casa por su trabajo, pero cuando regresa sobre las ocho de la tarde no tiene mucho que contar. Lo mismo le pasa a Isabel, hastiada de una relaci&oacute;n que ha ido enquist&aacute;ndose con el paso de los a&ntilde;os porque ella cedi&oacute; mucho y &eacute;l parece que no cedi&oacute; nada.<\/p>\n<p>Los dos terminaron la carrera con veinticinco a&ntilde;os. Pablo se licenci&oacute; en Arquitectura e Isabel se gradu&oacute; en Arquitectura interior, sin embargo, su error fue quedarse embarazada nada m&aacute;s terminar los estudios, y despu&eacute;s de meditar mucho la decisi&oacute;n a tomar, optaron por casarse, decisi&oacute;n que lleva lamentando desde entonces.<\/p>\n<p>Para Isabel supuso echar proyectos e ilusiones por la borda, en cambio, Pablo encontr&oacute; trabajo enseguida y fue enriqueciendo su formaci&oacute;n con los a&ntilde;os. En consecuencia, a ella le toc&oacute; la peor parte. Sus proyectos de futuro no eran precisamente ser madre. Eso eran planes a largo plazo y tampoco estaba segura de que los hijos formaran parte de sus inquietudes. Ahora tiene dos churumbeles, uno de diez y otro de siete. Todo lo que no quer&iacute;a ser en el futuro, lo es ahora. Es madre, ama de casa y mantenida, de tal modo que todo aquello que hab&iacute;a odiado le ha tocado por partida doble, renunciando a sus sue&ntilde;os y viendo como Pablo no ha renunciado a nada, y sigue sin querer hacerlo. Por eso lo odia, pero tambi&eacute;n se odia a s&iacute; misma por haber estado dando pasos equivocados uno tras otro. El haber abandonado su carrera en favor de la de su marido la va consumiendo lentamente, y con tan s&oacute;lo treinta y cinco a&ntilde;os se ve en pocos a&ntilde;os como una maruja haciendo calceta todas las tardes. En cambio, Pablo ha cumplido su sue&ntilde;o profesional y disfruta de una excelente y fruct&iacute;fera vida social, pero eso tiene que cambiar, piensa.<\/p>\n<p>Isabel no tiene indicios de que su marido le sea infiel, pero puede apostar su futuro a que lo es porque apenas la toca, y cuando a ella le apetece tener sexo, &eacute;l est&aacute; de mal humor, dice que est&aacute; demasiado cansado, o cualquier otra absurda excusa, de ah&iacute; que Isabel se consuele ella misma con sus medios. Un a&ntilde;o sin un hombre que la sacuda entera es mucho tiempo para una mujer joven como ella, con su sexualidad en plena vor&aacute;gine.<\/p>\n<p>A las ocho y media de la ma&ntilde;ana Pablo la llama desde la obra para que le lleve antes de las doce unos planos que se ha dejado encima de la mesa, e Isabel piensa en mandarlo a la mierda, pero se contiene y aprovecha que tiene que llevar a los ni&ntilde;os al colegio para pasarse por all&iacute; y dej&aacute;rselos.<\/p>\n<p>A las nueve y media est&aacute; a pie de obra, aunque no ve a su esposo por ning&uacute;n sitio y opta por llamarle, pero salta el buz&oacute;n de voz. Avanza un poco m&aacute;s y empieza a sentirse como si estuviera adentr&aacute;ndose en una jungla y de un momento a otro fuera a saltarle una fiera encima. Los alba&ntilde;iles contemplan a la atractiva mujer buscando algo o a alguien, pero parecen no hacer caso a eso, s&oacute;lo quieren regocijarse contemplando a la f&eacute;mina que deambula por la obra. Isabel le pregunta a un joven el paradero del arquitecto y el pe&oacute;n parece no entender el idioma, o es medio tonto, piensa ella.<\/p>\n<p>Se encuentra ante una situaci&oacute;n que la violenta cuando es observada de forma indiscreta y con descaro por toda la cuadrilla, y est&aacute; realmente inc&oacute;moda con el asedio visual al que est&aacute; siendo sometida, hasta que el encargado de la obra los pone firmes y les ordena continuar con su trabajo. Muy amablemente le pregunta qu&eacute; desea y ella le dice que busca a su esposo, y el hombre se deshace en elogios ofreci&eacute;ndose a acompa&ntilde;arla.<\/p>\n<p>&mdash;Creo que est&aacute; en las alturas. Si no me equivoco andar&aacute; por el piso veinte.<\/p>\n<p>&mdash;Si es tan amable de entregarle estos planos, &mdash;le pide ella.<\/p>\n<p>&mdash;Puede d&aacute;rselos usted misma. Podemos subir en el montacargas.<\/p>\n<p>&mdash;Est&aacute; bien, &mdash;contesta.<\/p>\n<p>Mientras suben en el montacargas la escrutadora mirada del capataz le da un repaso visual por toda su morfolog&iacute;a. Isabel lleva el pelo suelto por encima del hombro. Su corta melena es morena y a un lado lo lleva recogido detr&aacute;s de la oreja. No va maquillada en exceso, s&oacute;lo un poco de sombra de ojos en tonos grises, la raya del ojo y un poco de r&iacute;mel. Lleva una falda suelta en tonos rosa que cae por debajo de las rodillas y est&aacute; abotonada en el centro. En la parte de arriba viste una especie de top blanco de tirantes con un escote cruzado y unas sandalias de tac&oacute;n alto rematan su vestimenta. El capataz, al igual que han hecho los alba&ntilde;iles anteriormente, le ha pasado el esc&aacute;ner. Isabel se percata de las miradas furtivas del hombre a su escote mientras le comenta cosas intrascendentes, del mismo modo, ella tambi&eacute;n le da un repaso visual al encargado. Es un tipo rudo, de brazos fuertes y est&aacute; sudado por el calor, y se supone que tambi&eacute;n por el esfuerzo del trabajo. Lleva pantal&oacute;n vaquero y una camiseta de tirantes de la que asoma un pectoral con un poco de vello.<\/p>\n<p>&mdash;Hace un calor de mil diablos, &mdash;comenta el hombre para romper el hielo, mientras el montacargas se eleva.<\/p>\n<p>&mdash;As&iacute; es. Con este calor se har&aacute; duro trabajar.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, son los inconvenientes del oficio. En invierno fr&iacute;o y en verano calor. Qu&eacute; se le va a hacer.<\/p>\n<p>&mdash;Ya&hellip;<\/p>\n<p>El montacargas se detiene en la vig&eacute;sima planta y el hombre le cede el paso a Isabel y mientras avanza ella delante, el capataz babea ante los sutiles movimientos de cadera que ejecuta al caminar, y unas nalgas sugerentes se le insin&uacute;an a trav&eacute;s de la fina tela de la falda.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; mi marido? &mdash;pregunta Isabel.<\/p>\n<p>&mdash;Creo que no est&aacute; por aqu&iacute;, &mdash;se&ntilde;ala el capataz sin dejar de observarla de forma cada vez m&aacute;s indiscreta.<\/p>\n<p>De pronto el montacargas es llamado desde abajo y ella piensa que va a tener que perder m&aacute;s tiempo del esperado por culpa de su marido. Mientras &eacute;l le dice que tendr&aacute;n que esperar un rato hasta que suba el montacargas, se percata de que no le quita el ojo de encima y eso logra ponerla nerviosa.<\/p>\n<p>&mdash;Parece que nunca hayan visto a una mujer &mdash;se queja Isabel.<\/p>\n<p>&mdash;Tiene que disculpar a los chicos. No vienen muchas mujeres por aqu&iacute;, y mucho menos tan hermosas como usted &mdash;asegura mientras rebasa su espacio vital.<\/p>\n<p>Para Isabel es una situaci&oacute;n embarazosa ante tanta mirada libidinosa a la que ha sido sometida. Ahora, sin embargo, con las indirectas y las insinuaciones, Isabel siente cierta atracci&oacute;n animal hacia ese hombre rudo de fuertes brazos y manos grandes con la piel sudorosa y bronceada por el sol. Est&aacute; tan cerca que puede aspirar su fuerte olor, con la consiguiente labor que las feromonas est&aacute;n ejerciendo, del mismo modo que las de ella hacen lo propio.<\/p>\n<p>&mdash;No lo dec&iacute;a por ellos, lo dec&iacute;a por usted, que tampoco deja de mirarme, &mdash;dice tras un lapso de tiempo en el que parece que se le ha ido el santo al cielo.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, uno no es de piedra. La verdad es que est&aacute; usted como un queso.<\/p>\n<p>&mdash;Le agradezco el cumplido. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; mi marido? &mdash;pregunta para cambiar de tema.<\/p>\n<p>&mdash;Ya le he dicho que no lo s&eacute;. Pensaba que estaba aqu&iacute;, pero parece ser que no.<\/p>\n<p>&mdash;Pues tendremos que bajar &iquest;no?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, pero tenemos que esperar a que acaben con el montacargas.<\/p>\n<p>&mdash;Yo tengo un poco de prisa, &mdash;se&ntilde;ala.<\/p>\n<p>&mdash;Hay que esperar de todos modos.<\/p>\n<p>&mdash;Entonces esperaremos, &mdash;dice resignada.<\/p>\n<p>&mdash;Su marido es un hombre con suerte, &mdash;declara el encargado invadiendo de nuevo su espacio vital.<\/p>\n<p>Las feromonas de aquel hombre vuelven a asaltar sus fosas nasales e Isabel puede notar su humedad e incluso como el flujo resbalaba hasta su braguita. Tanta abstinencia, y el notar la cercan&iacute;a del hombret&oacute;n que se le est&aacute; insinuando y que solo necesita una se&ntilde;al para saltar sobre ella, la est&aacute; poniendo muy caliente, y su respiraci&oacute;n se acelera por su agitaci&oacute;n, pero tambi&eacute;n por lo nerviosa que est&aacute; ante una situaci&oacute;n que puede considerarse de acoso, de modo que se separa un poco y se va hacia la fachada para apoyarse en una ventana mientras contempla el paisaje desde el vig&eacute;simo piso.<\/p>\n<p>El hombre no puede apartar la vista de aquel culito resping&oacute;n que parece estar pidiendo a gritos que lo azoten y ve en aquella pose una insinuaci&oacute;n, e incluso una invitaci&oacute;n. Se acerca por detr&aacute;s pregunt&aacute;ndole en la oreja si le gustan las vistas, al mismo tiempo que encaja su paquete en la regata de su culo. Ha pasado lo que Isabel se tem&iacute;a, pero tambi&eacute;n lo que parec&iacute;a estar deseando. Su respiraci&oacute;n se acelera un poco m&aacute;s, al tiempo que nota el bulto completamente hinchado haciendo presi&oacute;n en sus nalgas, mientras dos manazas se cogen sus peque&ntilde;as tetas. Isabel no puede moverse, ni tampoco quejarse, pero tampoco est&aacute; segura de querer hacerlo. Solamente se ha dejado llevar por sus impulsos m&aacute;s animales. La falta de sexo durante tanto tiempo, el sentirse deseada por todos aquellos hombres, y despu&eacute;s la cercan&iacute;a de ese hombre rudo junto a sus insinuaciones, la han excitado sobremanera.<\/p>\n<p>El encargado le pellizca los pezones y ella abre la boca como buscando el aire con un suspiro por las sensaciones de las dos manazas que parecen querer reventarle las tetas. Isabel nota la erecci&oacute;n del hombre en su culo a trav&eacute;s de la falda, y alentada por el deseo, empieza a moverlo acompasando los movimientos de pelvis del alba&ntilde;il.<\/p>\n<p>&mdash;Ya veo que te va la marcha y has venido a que te den polla, &iquest;verdad zorrita?<\/p>\n<p>Isabel no contesta y se deja hacer. No ha ido a que le den polla, pero quiere que se la den.<\/p>\n<p>Est&aacute; asomada a la ventana ofreciendo su culo al hombre que le levanta la falda y se deleita ante la octava maravilla. Unas bragas brasile&ntilde;as rosa le muestran unas nalgas dignas de exhibir y que aquel hombre nunca ha tenido el placer de contemplar, pero que ahora las tiene a su disposici&oacute;n. Se las baja completamente y desliza su manaza entre las piernas hasta llegar a un co&ntilde;o completamente mojado, en el que un dedazo se adentra como si fuera una polla. Isabel gime de placer con las incursiones de la extremidad, al mismo tiempo que sus flujos vaginales se deslizan por sus piernas. El dedo chapotea en el chorreante co&ntilde;o, penetr&aacute;ndola una y otra vez con rotunda brusquedad.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Quieres sentir una polla de verdad, preciosa, o buscamos a tu marido?<\/p>\n<p>Isabel no contesta, pero sabe lo que desea. No quiere a su marido, lo quiere a &eacute;l y desea que la folle.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Dime cari&ntilde;o! &iquest;Qu&eacute; quieres que haga?<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;M&eacute;temela! &mdash;le suplica deseosa.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Ya no tienes prisa? &iquest;Ahora quieres que te folle? &iexcl;Joder! &iexcl;Qu&eacute; buena est&aacute;s! &iexcl;Menudo polvazo tienes!&mdash;le dice exteriorizando sus pensamientos. A continuaci&oacute;n se desabrocha los pantalones y extrae un miembro completamente erecto y lo encaja en la regata de sus nalgas para que sienta como se desliza.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Vamos, p&iacute;deme que te folle!<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Hazlo ya! &mdash;le suplica mientras contornea su culo en busca de la polla.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Cabrona! Como me has puesto desde que te he visto. Sab&iacute;a que ibas a ser m&iacute;a. Lo present&iacute;a.<\/p>\n<p>Isabel contempla apoyada en el alfeizar de la ventana desde el vig&eacute;simo piso el paisaje, y tambi&eacute;n a los hombres trabajando, entonces nota como una gorda polla se abre paso en su cavidad, abri&eacute;ndola en canal, y echa la cabeza hacia atr&aacute;s en se&ntilde;al del goce que recibe. El hombre la coge del pelo, estirando su cabeza y empieza a arremeter con contundentes y violentos meneos de su pelvis, al tiempo que se la folla, e Isabel va gimiendo al comp&aacute;s de cada pollazo que el cavern&iacute;cola le va imprimiendo.<\/p>\n<p>El capataz babea a la vez que contempla como su verga se hunde una y otra vez en aquel co&ntilde;o ca&iacute;do del cielo. Isabel contornea sus caderas queriendo sentir el puntal que se adentra en sus entra&ntilde;as. Las manos sudorosas resbalan por sus nalgas sin dejar de aferrarse a ellas en cada embate e Isabel percibe como empieza a asomar un orgasmo en su sexo, y en cuesti&oacute;n de segundos envuelve todo su ser, exhalando un alarido del &eacute;xtasis despu&eacute;s de tanto ayuno. Sin embargo, el hombre no deja que se reponga del cl&iacute;max. Le levanta la pierna y la penetra de nuevo apoy&aacute;ndola con brusquedad contra la pared, arranc&aacute;ndole un gemido con aquella primera y en&eacute;rgica estocada. Despu&eacute;s le levanta la otra pierna y mantiene a Isabel en volandas, apoyando su espalda contra el tabique. Sus manos sujetan y alzan su culo, mientras ella acomoda sus piernas detr&aacute;s de su cintura. El capataz la eleva con sus brazos sudorosos y, al bajar, ella siente como la polla penetra dentro de su ser para despu&eacute;s volver a salir con aquellos violentos y reiterados movimientos que le aplica aquel hombre que parece convertido en un salvaje, no obstante, aquella rudeza, lejos de molestarle, le gusta cada vez m&aacute;s. Se aferra a su cuello e intenta ayudarse a subir en cada embate, sintiendo el gara&ntilde;&oacute;n penetrar una y otra vez hasta que advierte como un segundo orgasmo golpea su co&ntilde;o, recorre su cl&iacute;toris y transita despu&eacute;s por todo su ser a trav&eacute;s de cada terminaci&oacute;n nerviosa. Isabel exhala un &uacute;ltimo suspiro de gusto pensando que todo ha terminado, pero el encargado la coloca en el suelo, sobre un cart&oacute;n y se deshace completamente de los pantalones, le abre las piernas y las engancha a sus hombros para volverla a penetrar, iniciando as&iacute; una nueva c&oacute;pula en la que ambos se funden en uno como si fueran dos amantes que hubiesen estado dos a&ntilde;os sin verse y ahora se reencuentran, y eso no conduce a otra cosa que a fornicar como posesos.<\/p>\n<p>Isabel jadea como una yegua en celo a la vez que el gara&ntilde;&oacute;n resuella como un toro mientras embiste con fiereza en su co&ntilde;o. El sonido de los chapoteos se entremezcla con los resoplidos y los jadeos. El sudor del hombre cae a chorros sobre la cara y el cuerpo de Isabel. Ella se coge a sus fuertes brazos mojados tambi&eacute;n por el sudor y abierta de piernas se abandona a un tercer orgasmo gritando de gusto.<\/p>\n<p>&mdash;Me voy a correr yo tambi&eacute;n, puta, &mdash;le dice el hombre mientras su pelvis golpea con inusitado frenes&iacute; una y otra vez con su polla se hundi&eacute;ndose reiteradamente en sus entra&ntilde;as.<\/p>\n<p>&mdash;No te corras dentro, &mdash;le advierte ella, pues en vista de su poca actividad sexual decidi&oacute; en su momento dejar los anticonceptivos.<\/p>\n<p>El hombre extrae su polla y tras tres movimientos de mano la leche escapa a presi&oacute;n, derram&aacute;ndose sobre su falda, su top, su cuello y su cara. El capataz grita como un energ&uacute;meno mientras se la menea encima de ella hasta que los &uacute;ltimos trallazos se diseminan por su ropa. A continuaci&oacute;n le acerca la polla pringosa a la boca y se la hunde. Isabel nota que se ahoga y lo empuja hacia atr&aacute;s para que se la saque. Ahora tiene el cipote en la cara y se pone bizca ante una bolsa con dos pelotas de pin pon que se pasean por su boca, y aunque no le apetece m&aacute;s sexo, su lengua golpetea los huevos y se va introduciendo primero uno, y despu&eacute;s el otro.<\/p>\n<p>Con semejante repiqueteo de la lengua de Isabel, la polla del capataz parece no querer retornar a su estado natural y se mantiene en pie de guerra.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Vamos! &iexcl;Empl&eacute;ate a fondo! &mdash;le ordena.<\/p>\n<p>El hombre se recuesta sobre los cartones e Isabel se incorpora para apoderarse de la polla. La coge con la mano y la mueve arriba y abajo con movimientos lentos. La descapulla completamente y su boca babea ante la perlada y brillante cabezota roja. A continuaci&oacute;n repasa con su lengua cada cent&iacute;metro de aquel pedazo de carne venosa. Despu&eacute;s sus labios abrazan el cimbrel e inicia una felaci&oacute;n como hac&iacute;a a&ntilde;os que no realizaba.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Vamos, sigue mamando hasta que me corra! Quiero regarte esa cara de mamona que tienes para que tu marido sepa lo zorra que eres.<\/p>\n<p>Isabel no sabe si sentirse ofendida o halagada, pero la verdad era que aquella jerga irreverente le excita. Por tanto se afana en la felaci&oacute;n, mientras su mano masturba el cipote trazando c&iacute;rculos sobre &eacute;l. Contrariamente a lo esperado, Isabel vuelve a estar caliente ante la mamada que est&aacute; realizando y despu&eacute;s de tres orgasmos, cree estar en disposici&oacute;n de poder alcanzar un cuarto, de tal modo que cruza una pierna a trav&eacute;s del &eacute;l y se monta a horcajadas sobre la verga.<\/p>\n<p>El capataz parece que no da cr&eacute;dito ante la ninf&oacute;mana que tiene el arquitecto como esposa y empieza a gozar de la cabalgada que la atractiva esposa le est&aacute; realizando. Parece una jinete experimentada, pero sobre todo, tiene que reconocer que la jinete est&aacute; hambrienta de polla.<\/p>\n<p>El hombre le coge las tetas y las lame, le muerde los pezones y se los estira con los dientes, y ella retuerce sus caderas en busca de ese &uacute;ltimo placer que vuelve a sacudir su vagina, provoc&aacute;ndole una convulsi&oacute;n tras otra durante veinticinco segundos de un intenso placer.<\/p>\n<p>Cuando recupera el resuello vuelve a retomar la mamada que hab&iacute;a dejado a medias con la intenci&oacute;n de que acabe en su boca y despu&eacute;s de unos segundos el hombre empieza a mover su pelvis en un intento de follarle la boca, pero Isabel sabe lo que tiene que hacer. La verga empieza a descargar el espeso l&iacute;quido en su boca y el hombre se retuerce como una serpiente abandon&aacute;ndose a un placer inigualable. Los gritos y jadeos invaden la estancia, pero los ventanales abiertos disipan los sonidos de la euforia, mientras Isabel va tragando toda la sustancia que va saliendo de la polla.<\/p>\n<p>Parece ser que el montacargas vuelve a subir y ambos se visten apresuradamente. Isabel intenta adecentar su aspecto y limpia las manchas de semen con una toallita mojada, despu&eacute;s intenta recomponer su compostura y el ascensor hace su aparici&oacute;n. Isabel se estira un poco la falda mientras paladea los restos de la sustancia viscosa que acaba de tragarse. El sabor amargo ahora le resulta desagradable, pero trata de ignorarlo y se sube al montacargas, a continuaci&oacute;n lo hace el capataz ah&iacute;to de sexo. Ahora tiene una an&eacute;cdota que contar a sus amigotes y un acontecimiento digno de recordar, por su parte Isabel ha aplacado el ardor que bull&iacute;a en su interior y amenazaba con desbordarse. No tiene remordimientos por lo que ha hecho, pero el rencor sigue aferrado a sus carnes, aunque ahora ya sabe lo que tiene que hacer.<\/p>\n<p>Cuando llega el montacargas a la planta baja, Isabel escucha el aplauso de los operarios, y aparenta estar dedicado a ella, pues al parecer todo el mundo conoce ya lo que ha pasado all&iacute; arriba, de ah&iacute; que ella se ruborice y agache la cabeza.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Puede darle los planos a mi marido? &mdash;le vuelve a preguntar.<\/p>\n<p>&mdash;Por supuesto. Ahora s&iacute;, &mdash;sonr&iacute;e.<\/p>\n<p>Ese d&iacute;a Pablo llega a casa mucho antes de lo que es habitual en &eacute;l, puesto que ahora es conocedor de lo que ha pasado en la obra. Abre la puerta con determinaci&oacute;n y cierra de un portazo. Isabel est&aacute; esper&aacute;ndole con las maletas hechas.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; co&ntilde;o has hecho?<\/p>\n<p>&mdash;Lo que t&uacute; tendr&iacute;as que haber hecho durante estos a&ntilde;os.<\/p>\n<p>&mdash;Eres una puta.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, soy una puta, y t&uacute; un cornudo, pero por in&uacute;til.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>4 Diez a&ntilde;os de matrimonio son muchos para Isabel, considerando que todas aquellas virtudes que ve&iacute;an el uno en el otro en el noviazgo han quedado en nada. Ahora apenas se dirigen la palabra. 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