{"id":27305,"date":"2020-12-30T23:00:00","date_gmt":"2020-12-30T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-12-30T23:00:00","modified_gmt":"2020-12-30T23:00:00","slug":"cazadores-de-chochos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/cazadores-de-chochos\/","title":{"rendered":"Cazadores de chochos"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"27305\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Cuatro o cinco a&ntilde;os atr&aacute;s&hellip;<\/p>\n<p>En ese entonces ten&iacute;a un amigo que estudiaba filosof&iacute;a en la universidad donde yo hac&iacute;a mi pregrado. Su segundo nombre era Jos&eacute;. Nos hab&iacute;amos conocido en un curso de ingl&eacute;s. Era genial conversar con &eacute;l. Ten&iacute;a 23 a&ntilde;os, me llevaba uno de diferencia. Ahora debe tener m&aacute;s o menos 28, si no ha muerto; hace tiempo que no s&eacute; nada de su vida. Pero cuando nos reun&iacute;amos, me contaba mucho sobre su paso como soldado raso en el ej&eacute;rcito (hab&iacute;a prestado el servicio militar), y antes de irse para all&aacute;, me hab&iacute;a dicho un d&iacute;a, una novia suya le dio a manera de regado de despedida &ndash;hizo un c&iacute;rculo de caracol con el pulgar y el &iacute;ndice- el Chiquito: el bot&oacute;n del culo. Yo nunca hab&iacute;a ido al ej&eacute;rcito y no ten&iacute;a tantas experiencias sexuales que contar, como s&iacute; &eacute;l. Habl&aacute;bamos casi siempre de mujeres, de sus mujeres; o si no, lo hac&iacute;amos sobre la filosof&iacute;a de Pit&aacute;goras y de Schelling, sentados en una banca de la U, en la de alg&uacute;n parque, de una plaza, en fin, donde fuera que nos cogiese la tarde.<\/p>\n<p>Sol&iacute;amos caminar las calles del centro despu&eacute;s de salir de clases. &Iacute;bamos primero a una panader&iacute;a cercana, com&iacute;amos pan con gaseosa y enfil&aacute;bamos hacia el boquetillo de las murallas. All&aacute; nos sent&aacute;bamos a hablar mierda viendo pasar a los turistas, el flujo de carros en la avenida, el mar ba&ntilde;ado por el crep&uacute;sculo. A veces cog&iacute;amos desde donde empezaban las murallas y rode&aacute;bamos el casco hist&oacute;rico hasta llegar al Parque de la Marina; nos dirig&iacute;amos al Muelle de los Pegasos; atraves&aacute;bamos el Camell&oacute;n de los M&aacute;rtires; nos deten&iacute;amos a mirar los libros de las peque&ntilde;as librer&iacute;as de viejo en el Parque Centenario, y si hab&iacute;a uno que otro libro interesante, lo compr&aacute;bamos y nos sent&aacute;bamos un rato en la fuente del parque. Luego, nos par&aacute;bamos y termin&aacute;bamos el recorrido en la Plaza de la Trinidad.<\/p>\n<p>En vista de que el centro estaba plagado de turistas, nos dimos a la tarea de buscar relacionarnos con mujeres de otros pa&iacute;ses. Al poco tiempo nos convertimos en unos cazadores, unos cazadores que aprovechan sus exiguos conocimientos del ingl&eacute;s para conseguir chochos de diversas nacionalidades. Nuestros objetivos principales eran las extranjeras de piel dorada, cabello rubio y ojos cristalinos. No pocas veces ten&iacute;amos suerte. Normalmente cre&aacute;bamos la situaci&oacute;n, localizando a la v&iacute;ctima y fraguando un plan para caerle. O, tambi&eacute;n, el punto de contacto surg&iacute;a de la nada: una pregunta, un comentario, cualquier cosa&hellip; Y nosotros las parl&aacute;bamos en ingle&ntilde;ol (una mezcla de ingl&eacute;s y espa&ntilde;ol r&uacute;stica, pero entendible). Con algunas intercambi&aacute;bamos n&uacute;meros de tel&eacute;fono, Facebook, y a los pocos d&iacute;as las cule&aacute;bamos. Hubo otras a las que nos llevamos de arrastre en seguida.<\/p>\n<p>Recuerdo a una joven europea, pasaba de los 18, de unos 20 a&ntilde;os m&aacute;ximo; era danesa o alemana. Jos&eacute; y yo hab&iacute;amos estado viendo ejemplares de libros en el Parque Centenario. Compramos algunos libros ese d&iacute;a. Era temporada de fin de a&ntilde;o, casualmente. Para estas fechas el centro se llena m&aacute;s que nunca de turistas. Sin embargo, debido a la pandemia, este a&ntilde;o no ha sido igual. Pero entonces hab&iacute;a infinidad de turistas que pululaban por doquier. Hac&iacute;a un sol c&aacute;lido, puro, resplandeciente de luz ambarina, con brisa, como son los atardeceres decembrinos de mi ciudad. Al salir del parque nos acercamos a un carrito de raspados a comprar dos raspados. Mientras el se&ntilde;or nos los despachaba, lleg&oacute; la chica.<\/p>\n<p>Jos&eacute; y yo nos miramos como diciendo: &quot;Hey, ve la hermosura que acaba de llegar&quot;. Era una nena de rostro alargado, ojos claros y dulces, cuerpo esbelto, piernas estilizadas. Deliciosa, parecida a esa ninfa con una flor amarilla en la oreja que en el cuatro de John William Waterhouse agarra del brazo a Hilas y lo atrae al agua del lago. Sin que la ninfa ni el vendedor de raspados se dieran cuenta, Jos&eacute; me alz&oacute; las cejas en se&ntilde;al de preguntar que si iba &eacute;l o yo. Hice un corto movimiento de cabeza hacia &eacute;l. &iquest;Yo?, dijo abriendo los ojos. Asent&iacute;. Luego, cuando el se&ntilde;or fue a echarle el jarabe al raspado de ella, le pregunt&oacute; qu&eacute; sabor quer&iacute;a de los que hab&iacute;a. La chica eligi&oacute; uno cualquiera. Entonces Jos&eacute; le mencion&oacute; otro sabor con el que pod&iacute;a combinarlo, que as&iacute; quedar&iacute;a m&aacute;s sabroso.<\/p>\n<p>La chica acept&oacute; y pidi&oacute; que le echaran otro sabor. Entonces, para entrar en confianza, a Jos&eacute; se le ocurri&oacute; contar el chiste del raspado. Ya ni me acuerdo cu&aacute;l es. Jos&eacute; ten&iacute;a un chiste para cada ocasi&oacute;n. A veces uno no entiende c&oacute;mo los chistes malos pueden causar gracia. Pero, se sabe que es la manera en que los refieren la que produce risa. Los chistes de Jos&eacute; eran mal&iacute;simos, lo que daba risa era c&oacute;mo los contaba. A la chica le hizo gracia el chascarrillo, o c&oacute;mo lo cont&oacute; Jos&eacute;. Cuando se desped&iacute;a, despu&eacute;s de haber recibido y pagado su raspado, Jos&eacute; le pregunt&oacute; si pod&iacute;amos acompa&ntilde;arla; a menos que tuviera algo que hacer. Dijo que no, s&oacute;lo estaba paseando, conociendo la ciudad.<\/p>\n<p>-&iquest;Los dos? -pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>-S&iacute;, somos amigos. Me llamo Jos&eacute; -dijo &eacute;l extendi&eacute;ndole la mano. Ella a su vez le dio la suya, y el nombre.<\/p>\n<p>-Yo soy C. A. -dije y le extend&iacute; la mano tambi&eacute;n. Sent&iacute; la piel de su mano muy suave al tacto y me lleg&oacute; con m&aacute;s intensidad el olor a bronceador. Repiti&oacute; su nombre y yo agregu&eacute;-: Mucho gusto.<\/p>\n<p>Ella sonri&oacute;. Dijo que no hab&iacute;a ning&uacute;n problema en que la acompa&ntilde;&aacute;semos.<\/p>\n<p>Mientras camin&aacute;bamos nos pregunt&oacute; cu&aacute;les eran los lugares m&aacute;s emblem&aacute;ticos de la ciudad, sobre todo qu&eacute; playas le pod&iacute;amos recomendar. Le comentamos acerca de Playa Blanca, un lugar paradis&iacute;aco donde el agua era tan di&aacute;fana como la de la pel&iacute;cula La playa protagonizada por Leo DiCaprio. Ella dijo que esa pel&iacute;cula le encantaba y haberla visto era uno de los motivos que la hab&iacute;an llevado a viajar. En busca de aventura y placer. Su voz era baja, un poco t&iacute;mida, y arrastraba la erre al pronunciar palabras que contuviesen dicha letra. Pero se podr&iacute;a decir que hablaba bien el espa&ntilde;ol, y lo entend&iacute;a perfectamente. Era de Europa y no llevaba mucho tiempo en la ciudad. Le preguntamos por el motivo de haber elegido Colombia para viajar, y ella dijo que quer&iacute;a conocer nuestra cultura; en todo sentido. Cuando dijo &lt;en todo sentido&gt;, los tres nos echamos a re&iacute;r, pero no le dimos largas al asunto. Hab&iacute;amos caminado hasta el Parque de La Marina y cruzado la avenida para contemplar el mar, luego fuimos a la Plaza de La Trinidad, ya casi era de noche, y nos sentamos all&iacute;, en la banqueta de cemento que bordea la plaza, a seguir conversando. Ella nos pregunt&oacute; qu&eacute; hac&iacute;amos, a qu&eacute; nos dedic&aacute;bamos.<\/p>\n<p>-Yo estudio Filosof&iacute;a -dijo Jos&eacute;-. Y trabajo medio tiempo en un peque&ntilde;o hotel de aqu&iacute; del centro.<\/p>\n<p>-&iquest;No ser&aacute; el hotel donde me estoy hospedando? -pregunt&oacute; la extranjera.<\/p>\n<p>-No creo, te habr&iacute;a visto. &iquest;C&oacute;mo se llama tu hotel? -pregunt&oacute; Jos&eacute;.<\/p>\n<p>-Tres Banderas.<\/p>\n<p>-Ah, no, yo trabajo en otro -dijo Jos&eacute;-; pero est&aacute; ubicado cerca del tuyo, por el parque Fern&aacute;ndez de Madrid.<\/p>\n<p>Dirigi&eacute;ndose a m&iacute;, la extranjera pregunt&oacute;:<\/p>\n<p>-&iquest;Y t&uacute; a qu&eacute; te dedicas?<\/p>\n<p>&#8211; Estudio Ling&uuml;&iacute;stica y literatura.<\/p>\n<p>-&iquest;Tambi&eacute;n trabajas?<\/p>\n<p>-Por ahora no.<\/p>\n<p>-&iquest;Ambos estudian en la misma universidad?<\/p>\n<p>-S&iacute; -respond&iacute;.<\/p>\n<p>Jos&eacute; le pregunt&oacute; si estaba estudiando y ella dijo que todav&iacute;a no hab&iacute;a ingresado a la universidad. Antes quer&iacute;a viajar, conocer otros pa&iacute;ses. Hab&iacute;a viajado con una amiga y su novio. Llevaban pocos d&iacute;as en Cartagena. Ese d&iacute;a, al parecer, sus amigos hab&iacute;an salido dej&aacute;ndola en el hotel, aunque le dijeron d&oacute;nde iban a estar. Despu&eacute;s se aburri&oacute; y decidi&oacute; salir adonde estaban ellos. Pero se encontr&oacute; con nosotros.<\/p>\n<p>-Compremos algo de beber -dijo Jos&eacute;-. Unas cervezas. Y le pregunt&oacute; a la extranjera-: &iquest;T&uacute; tomas?<\/p>\n<p>-S&iacute; -dijo ella.<\/p>\n<p>Yo me ofrec&iacute; a buscar las cervezas. Nos las tom&aacute;bamos entre risa y risa escuchando los chistes malos de Jos&eacute;. El chiste de la pi&ntilde;a colada, el del burro amarrado, el de las zapatillas converse&#8230; Nojoda. Al cabo de varias rondas las risas se convirtieron en carcajadas. El que m&aacute;s se re&iacute;a era yo; ya estaba bastante prendido. Me re&iacute;a a gritos, estridentemente, me re&iacute;a como una vieja bruja. Pero no me importaba. Y a la extranjera tampoco parec&iacute;a importarle. Al &uacute;nico que le incomodaba era a Jos&eacute;, que me dec&iacute;a que bajara el tono, que no actuara como un loco con esa risa esquizofr&eacute;nica. No hab&iacute;a que perder el estilo, la clase.<\/p>\n<p>-Chica yo tengo una duda -dijo Jos&eacute;-. Hace un rato, cuando est&aacute;bamos en el malec&oacute;n, t&uacute; hablaste de que quer&iacute;as conocer nuestra cultura en todo sentido.<\/p>\n<p>-S&iacute; -dijo ella.<\/p>\n<p>-Yo supongo que eso incluye el sexo, las mec&aacute;nicas amorosas de nuestra cultura.<\/p>\n<p>-As&iacute; es.<\/p>\n<p>-Mi duda es: &iquest;ya sabes c&oacute;mo hacen el amor los de ac&aacute;?<\/p>\n<p>-No -dijo la extranjera, y dibuj&oacute; una sonrisa embriagante en su rostro.<\/p>\n<p>Mi mirada se fijaba por momentos en las piernas, la cintura y el busto de ella. Su piel, a la tenue luz de los focos de la plaza, irradiaba una pureza de miel. Mi s&aacute;tiro interior estaba que saltaba como lo har&iacute;a un tigre hambriento sobre su presa para devorarla.<\/p>\n<p>-Pues es hora de que lo descubras -le dijo Jos&eacute;-. Y por partida doble. &iquest;Qu&eacute; dices?<\/p>\n<p>-&iquest;C&oacute;mo? -dijo, ahora riendo, la extranjera.<\/p>\n<p>-Vamos -dijo Jos&eacute;.<\/p>\n<p>-&iquest;Ya? -pregunt&oacute; ella.<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;, ya -dijo Jos&eacute;.<\/p>\n<p>-&iquest;Ad&oacute;nde vamos? -pregunt&oacute; ella.<\/p>\n<p>-&iquest;Podemos ir adonde te est&aacute;s hospedando? -le pregunt&oacute; Jos&eacute;.<\/p>\n<p>-Mi amiga y su novio me acaban de escribir al Whatsapp. Est&aacute;n en el hotel. Preferir&iacute;a ir con ustedes a otra parte.<\/p>\n<p>-Bueno vamos al hotel donde yo trabajo -dijo Jos&eacute;.<\/p>\n<p>Fuimos al hotel donde &eacute;l trabajaba. Jos&eacute; y el recepcionista se conoc&iacute;an, a pesar de que trabajaban en horarios distintos. Pedimos una buena habitaci&oacute;n para los tres por media hora, y el recepcionista nos dio la llave. Pasamos a la habitaci&oacute;n. No era tan lujosa, era m&aacute;s bien modesta, pero se ve&iacute;a pulcra, limpia, con una cama grande y un nochero. La extranjera pregunt&oacute; d&oacute;nde quedaba el ba&ntilde;o y Jos&eacute; la llev&oacute;. O&iacute; que se abri&oacute; el grifo de la regadera. Me quit&eacute; el su&eacute;ter y los zapatos y el pantal&oacute;n y me tir&eacute; en la cama en calzoncillos.<\/p>\n<p>Esper&eacute;. Esper&eacute; un rato; se me hizo raro al notar que no sal&iacute;an. De pronto escuch&eacute;, mezclada con el sonido del agua cayendo en el piso, una leve respiraci&oacute;n agitada. Eran como leves gemidos, o chillidos. Ya se la estaba culeando. Me levant&eacute;, camin&eacute; hacia el ba&ntilde;o y los gemidos se hicieron m&aacute;s n&iacute;tidos. La verga se me puso como un riel de ferrocarril. Tiesa. Cuando me asom&eacute; por la puerta abierta del ba&ntilde;o vi a Jos&eacute; detr&aacute;s de la extranjera, bajo la regadera, penetr&aacute;ndola por el chiquito. Ella estaba con las manos en la pared y ten&iacute;a la boca abierta.<\/p>\n<p>&iexcl;Madre m&iacute;a!<\/p>\n<p>De rapidez me quit&eacute; el pantaloncillo y me met&iacute;. Los abrac&eacute; y comenc&eacute; a besarle a ella el cuello, los hombros, los pechos. Mis dedos tantearon su co&ntilde;o mojado. Con cuidado le alc&eacute; una pierna, me agarr&eacute; el pene y lo llev&eacute; a la boca de su co&ntilde;o. Lo introduje poco a poco a trav&eacute;s de los labios mayores, hasta el fondo de la vagina. Jos&eacute; y yo formamos un emparedado mientras nos moj&aacute;bamos penetrando a la bella extranjera. Hasta que terminamos. Salimos del ba&ntilde;o, pero a&uacute;n est&aacute;bamos excitados, Jos&eacute; y yo; tras echar el polvo est&aacute;bamos con la mond&aacute; templada y la chica quiso seguir.<\/p>\n<p>No acost&oacute; juntos en la cama y se puso a masturbarnos mostr&aacute;ndonos el culo. Nos chup&oacute; la verga; de la m&iacute;a pasaba a la de Jos&eacute;, chup&aacute;ndolas y masturb&aacute;ndolas. Nosotros le peg&aacute;bamos nalgadas y ella se pon&iacute;a como loca chupando. Lop, lop, lop. Despu&eacute;s la pusimos en popa, en cuatro patas, Jos&eacute; le agarr&oacute; el pelo y se lo enroll&oacute; en la mano mientras se la met&iacute;a por la boca, yo la cog&iacute; por detr&aacute;s, le ech&eacute; un salivazo en el bot&oacute;n del culo y se la enterr&eacute;, se le fue en seguida porque su ano ya estaba dilatado. Le d&aacute;bamos dur&iacute;simo.<\/p>\n<p>A veces me pon&iacute;a la mano en el abdomen para que disminuyera la agresividad, pero cuando medio aguantaba el ritmo ella misma me agarraba la nalga y me atra&iacute;a hacia s&iacute;, chillando como una ratoncita. De repente sent&iacute; una humedad; su ano comenz&oacute; a botar una crema espesa; no era mierda sino un flujo blanqu&iacute;simo que me pintaba la verga morena de blanco. Eso me volvi&oacute; loco y le arre&eacute; salvajemente, lo m&aacute;s r&aacute;pido que pude. Eyacul&eacute;. Jos&eacute; todav&iacute;a no se hab&iacute;a venido. En la cama se mont&oacute; encima de ella y la penetr&oacute; hasta que oli&oacute; a cuero quemado.<\/p>\n<p>Escuchamos el timbre de la puerta. Hab&iacute;amos excedido la media hora. Tuvimos que alistarnos y salir. Gracias a Jos&eacute; no nos cobraron m&aacute;s tiempo del que pedimos.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s volvimos a vernos con la extranjera un par de veces.<\/p>\n<p>Diciembre 2020<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Cuatro o cinco a&ntilde;os atr&aacute;s&hellip; En ese entonces ten&iacute;a un amigo que estudiaba filosof&iacute;a en la universidad donde yo hac&iacute;a mi pregrado. Su segundo nombre era Jos&eacute;. Nos hab&iacute;amos conocido en un curso de ingl&eacute;s. Era genial conversar con &eacute;l. Ten&iacute;a 23 a&ntilde;os, me llevaba uno de diferencia. 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