{"id":27321,"date":"2020-12-31T02:28:23","date_gmt":"2020-12-31T02:28:23","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-12-31T02:28:23","modified_gmt":"2020-12-31T02:28:23","slug":"en-la-sala-de-juntas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/en-la-sala-de-juntas\/","title":{"rendered":"En la sala de juntas&#8230;"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"27321\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Hac&iacute;a poco tiempo que Xiomara, mi colaboradora en la oficina, se hab&iacute;a atrevido a forzar las situaciones para que tuvi&eacute;ramos un peque&ntilde;o encuentro sexual en nuestras oficinas, casi que en presencia de todos nuestros compa&ntilde;eros de trabajo. La discreci&oacute;n no hab&iacute;a sido el patr&oacute;n a seguir para llegar a tal aventura y tal vez falt&oacute; poco para que fu&eacute;ramos descubiertos. Al final, sin embargo, todo pareci&oacute; ir bien y nada pas&oacute;.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de aquello nuestro v&iacute;nculo se fortaleci&oacute;, pero aquella demostraci&oacute;n de decisi&oacute;n por parte de ella parec&iacute;a haber quedado en el pasado. Seguimos trabajando juntos y reuni&eacute;ndonos para almorzar, como lo hab&iacute;amos venido haciendo durante un a&ntilde;o. Esa rutina, por supuesto, hab&iacute;a generado un estrecho v&iacute;nculo entre los dos y a esas alturas ya no hab&iacute;a muchos secretos entre ambos. En la oficina era evidente que hab&iacute;a m&aacute;s que una relaci&oacute;n entre jefe y empleada y no faltaban las miradas y comentarios p&iacute;caros cada vez que nos ve&iacute;an salir juntos. El v&iacute;nculo se ce&ntilde;&iacute;a a lo estrictamente laboral y no hab&iacute;a motivo ni evidencia para que se se&ntilde;alara otra cosa.<\/p>\n<p>El esposo de Xiomara, Carlos, a quien yo conoc&iacute;a, fue despedido de un importante puesto en una importante instituci&oacute;n gubernamental y, a partir de ese momento, su matrimonio empez&oacute; a desmoronarse. &Eacute;l hab&iacute;a adquirido deudas para solventar sus compromisos y ahora, sin trabajo, la situaci&oacute;n econ&oacute;mica era insuficiente para sufragar todos los gastos que ten&iacute;an. No pas&oacute; mucho tiempo antes de que tuvieran que entregar su casa al banco, porque no pudieron seguir pagando las cuotas del pr&eacute;stamo y su situaci&oacute;n financiera no permit&iacute;a acordar ning&uacute;n tipo de refinanciaci&oacute;n. Para acabar de completar, Xiomara hab&iacute;a intervenido para que uno de sus hermanos apoyara con dinero a Carlos unos meses atr&aacute;s y reclamaba ahora a su hermana la devoluci&oacute;n, porque tambi&eacute;n estaba necesitado. Y ella, para no quedar mal, estaba respondiendo con su salario, que resultaba a&uacute;n m&aacute;s insuficiente para cubrir todos los frentes.<\/p>\n<p>En b&uacute;squeda de salidas, Xiomara explor&oacute; la posibilidad de que Carlos, a trav&eacute;s de un amigo com&uacute;n, viajara a los Estados Unidos y probara suerte all&aacute;. La idea empez&oacute; a tomar forma y, ambos entusiasmados, empezaron a hacer planes para el futuro. El viajar&iacute;a primero para tantear el ambiente laboral, establecerse y, conforme se dieran las cosas, dar luz verde para que Xiomara viajara a reunirse con &eacute;l. En ese contexto, su aventura conmigo, s&oacute;lo hab&iacute;a sido la satisfacci&oacute;n de un capricho y la demostraci&oacute;n de que ella, como lo dijo aquel d&iacute;a, hac&iacute;a lo que se propon&iacute;a.<\/p>\n<p>No obstante, aun cuando la posibilidad del viaje estaba en marcha, ellos no dejaban de tener enfrentamientos y su relaci&oacute;n se ve&iacute;a muy afectada, principalmente porque las relaciones familiares ante la aparente irresponsabilidad de Carlos para poner la cara y responder por sus compromisos, generaba continuas discusiones y enfrentamientos. Xiomara trataba de defender a su marido, entendiendo que hac&iacute;a lo que pod&iacute;a y que la suerte no estaba de su parte en ese momento. Fueron pasando los meses, ires y venires, y, por fin, despu&eacute;s de conseguir dinero prestado, el viaje de Carlos a los Estados Unidos se hizo realidad. La idea era que &eacute;l llegara all&aacute; y que, con la ayuda de su amigo, empezara a trabajar en lo que fuera para empezar a amortizar los pr&eacute;stamos adquiridos para financiar su viaje. Al parecer ellos estuvieron de acuerdo en eso y hab&iacute;a un compromiso para llevarlo a cabo.<\/p>\n<p>Carlos viaj&oacute; y, al principio, todo pareci&oacute; fluirles de la mejor manera. Las conversaciones con Xiomara ten&iacute;an que ver con lo que &eacute;l estaba haciendo en el d&iacute;a a d&iacute;a. Le hab&iacute;an conseguido un empleo como valet parking en una zona comercial y las cosas parec&iacute;an marchar viento en popa. Cualquier posibilidad de coqueteo o insinuaci&oacute;n hacia ella, que de mi parte nunca la hubo, podr&iacute;a haberse obstaculizado con el seguimiento que ella permanentemente ven&iacute;a haciendo al desempe&ntilde;o de su marido en el extranjero. Y, en ese estado de expectativa y euforia, porque las cosas estaban saliendo bien, lleg&oacute; una noticia sorpresiva e inesperada.<\/p>\n<p>Xiomara fue requerida por parte de un juzgado para responder por una deuda que Carlos, su marido, hab&iacute;a contra&iacute;do poco antes del viaje, sin que ella lo supiera. El 30% de su sueldo fue embargado para responder ante el acreedor y ella, sin recurso alguno de defensa, no tuvo otra opci&oacute;n que resignarse a que as&iacute; fuera. Eso le cas&oacute; mucha rabia, tristeza y una profunda decepci&oacute;n. &iquest;C&oacute;mo es que su marido la hab&iacute;a enga&ntilde;ado y se hab&iacute;a aprovechado de su precaria situaci&oacute;n para embaucarla en m&aacute;s deudas y compromisos? Ella, simplemente, no lo pod&iacute;a creer. Discuti&oacute; con &eacute;l a distancia, para reclamarle, pero por alg&uacute;n motivo aquel logr&oacute; justificarse y convencerla de que se trataba de una situaci&oacute;n pasajera de la cual pronto iban a salir. Y, a&uacute;n con rabia por lo sucedido, ella le crey&oacute;.<\/p>\n<p>Ella se apoy&oacute; en m&iacute; para recibir descargar su molestia y recibir consuelo. No pod&iacute;a yo justificar el accionar de su marido, pero s&iacute; empoderarla a ella para que hiciera lo pertinente y buscara salidas y posibles soluciones a su situaci&oacute;n. Se habl&oacute; con los jefes para que se modificara su contrato de trabajo, que era temporal en ese momento a uno por t&eacute;rmino indefinido y que se le asignara en un cargo de mayor remuneraci&oacute;n, pero tambi&eacute;n de mayor responsabilidad. La gerencia no estaba muy convencida de que ella pudiera manejar el puesto, pero entend&iacute;a que requer&iacute;a apoyo y esa era la &uacute;nica manera para hacerlo.<\/p>\n<p>Y en desarrollo de todas esas situaciones, tratando de buscar salidas y soluciones, le llega otra noticia inesperada. Carlos le informa que aquella situaci&oacute;n le resulta insostenible, que la soledad lo afecta mucho, que la extra&ntilde;a y que ha decidido regresarse a su pa&iacute;s. Ella, visiblemente ofuscada, no puede creer que Carlos tenga tan poca voluntad para afrontar dificultades, resistir y, por el contrario, buscar la manera de adaptarse y salir adelante. Y, en ese momento, tom&oacute; la decisi&oacute;n de que, si &eacute;l regresaba, su matrimonio no iba a continuar. No estaba dispuesta a seguir con &eacute;l; se hab&iacute;a desencantado totalmente, adem&aacute;s que se sent&iacute;a utilizada y abusada en su confianza. Ella, tratando de resolver a costa de mucho trabajo y &eacute;l, port&aacute;ndose como un ni&ntilde;o peque&ntilde;o, quejumbroso y desvalido.<\/p>\n<p>Esa semana fue dif&iacute;cil. Ella no quer&iacute;a saber nada de su marido, quien, para completar, ahora le ped&iacute;a a ella apoyo monetario para comprar el tiquete de vuelta y regresar al pa&iacute;s. Sin embargo, hab&iacute;a, como le dije a ella, opciones para enfrentar este nuevo contratiempo sin que su matrimonio se fuera a ver afectado. Hab&iacute;a que entender que Carlos, el menor y &uacute;nico var&oacute;n en una familia de seis hijos, hab&iacute;a sido sobreprotegido y mimado por su mam&aacute; y sus hermanas. Y eso, indudablemente, tra&iacute;a consecuencias. Hab&iacute;a inmadurez y falta de herramientas para enfrentar la vida, pero se pod&iacute;a corregir, le dec&iacute;a yo. Pero ella, imperturbable, manifestaba que ya no hab&iacute;a vuelta atr&aacute;s.<\/p>\n<p>Nuestro jefe, queriendo asegurar que no hubiera fallas en el manejo del puesto para el que ella hab&iacute;a sido nombrada, me design&oacute; a mi como su tutor para que la instruyera y la entrenara en el desempe&ntilde;o del nuevo puesto. Y eso significaba que &iacute;bamos a compartir mucho m&aacute;s tiempo del que ya compart&iacute;amos y la transici&oacute;n deb&iacute;a hacerse de inmediato. No hab&iacute;a mucho tiempo disponible, as&iacute; que nos tocaba trabajar horas extra para lograr el cometido. Y as&iacute; lo hicimos. Durante un mes, de forma continua, incluidos s&aacute;bados y domingos, estuvimos poni&eacute;ndola al d&iacute;a en todo lo que requer&iacute;a saber para manejar sus nuevas responsabilidades. En nuestro trabajo, fue normal empezar a ver algunas muestras de afecto en reconocimiento a sus r&aacute;pidos logros y comprensiones; un apret&oacute;n de manos, una caricia o un t&iacute;mido beso en la frente o en la mejilla, alent&aacute;ndola a seguir adelante porque lo estaba haciendo bien.<\/p>\n<p>Un d&iacute;a, sin embargo, la jornada se extendi&oacute; hasta la noche, y el trabajo demand&oacute; horas extra. Hab&iacute;amos estado muy juiciosos haciendo la tarea, pero lleg&oacute; un momento en que simplemente nos cansamos y decidimos darnos un respiro. Est&aacute;bamos trabajando en la sala de juntas, llena la mesa de carpetas, legajadores y papeles, de manera que salimos de all&iacute; para tomarnos un caf&eacute;. Ten&iacute;amos que ir a otro piso donde, la vigilancia ten&iacute;a una cafetera y pod&iacute;amos tener acceso a un caf&eacute;. Estuvimos hablando de lo mucho que hab&iacute;amos progresado y de lo reconfortante que hab&iacute;a sido ver c&oacute;mo ella hab&iacute;a manejado su situaci&oacute;n con fortaleza y decisi&oacute;n. Quienes trabajaban conmigo ya lo hab&iacute;an visto en ella y me lo hab&iacute;an manifestado, as&iacute; que simplemente le coment&eacute; lo que me hab&iacute;a sido confiado. Se mostr&oacute; muy contenta y animada.<\/p>\n<p>Al volver a la sala de juntas, para reiniciar nuestra labor, Xiomara me pidi&oacute; que nos olvid&aacute;ramos de eso por un rato, se acerc&oacute; a m&iacute; y me bes&oacute;. No hab&iacute;a temor alguno de intrusiones, porque &eacute;ramos los &uacute;nicos que est&aacute;bamos en la oficina a esas horas, 11 pm, las persianas estaban abajo, y ella, para asegurar que nada importunara, apag&oacute; las luces. La &uacute;nica luz que llegaba a trav&eacute;s de las ventanas, proced&iacute;a de la iluminaci&oacute;n instalada en el exterior del edificio. Aquel beso, t&iacute;mido e inesperado, pronto subi&oacute; en intensidad. A los besos siguieron las caricias. Ella guiaba mis manos para que acariciara sus muslos, por debajo de su falda, y yo fui un poco m&aacute;s all&aacute;. Adem&aacute;s, el escote de su blusa permit&iacute;a que mi rostro hiciera contacto con sus pechos, protegidos con un diminuto sost&eacute;n.<\/p>\n<p>Pens&eacute; que aquello no iba a pasar de ah&iacute;, pero me equivocaba. Ella empez&oacute; a jadear con cada una de mis caricias y eso, indudablemente, invitaba a m&aacute;s. No estaba c&oacute;modo all&iacute;, como la primera vez, en mi oficina, pero est&aacute;bamos all&iacute; y era una oportunidad. Yo estaba dudoso. Lleve mis dedos a la boca para hacerle a ella la se&ntilde;al de que guard&aacute;ramos silencio. Aquello, si iba a pasar, ten&iacute;a que ser en total silencio. Y ella, al verme hacerlo, asinti&oacute; con la cabeza.<\/p>\n<p>Ella, en seguida, y sin yo decir una palabra, se sent&oacute; en la mesa, frente a m&iacute;, colocando sus piernas abiertas, se despoj&oacute; de su blusa y yo, muy colaborador, desabroch&eacute; y retir&eacute; su brasier, dedic&aacute;ndome entonces a besar sus pechos y lamer delicadamente sus pezones que, en este momento, ya estaban tiesos. Ella guiaba mi cabeza para que siguiera en esa labor y, despu&eacute;s de un rato, me empuj&oacute; para que dirigiera mis besos hacia su sexo. Entonces, hice que se pusiera de pie, desaboton&eacute; y retir&eacute; su falda, y tambi&eacute;n sus bragas, quedando tan solo con sus medias y zapatos. Volvi&oacute; a sentarse en la mesa, frente a m&iacute;, con sus piernas abiertas, pero se dej&oacute; caer de espaldas, quedando yo sentado, con su sexo en frente de mi rostro. Era evidente lo que quer&iacute;a.<\/p>\n<p>Empec&eacute; a besar su vagina y lamer con delicadeza su cl&iacute;toris, a la vez que acariciaba sus piernas y sus pechos. Empez&oacute; a gemir muy suavemente y yo, lleve una de mis manos a su boca, para hacerle saber que deb&iacute;a quedarse callada mientras yo la atend&iacute;a. Creo que lo entendi&oacute;, porque no volv&iacute; a escuchar nada. La presi&oacute;n de sus manos sobre mi cabeza me daba indicios de la intensidad de las sensaciones que ella experimentaba. Y segu&iacute; as&iacute; largo rato, utilizando tambi&eacute;n mis dedos dentro de su vagina para estimularle y procurarle m&aacute;s placer. Ella comprim&iacute;a mi cabeza con sus piernas, empujaba sus caderas contra mi cara y mov&iacute;a incesantemente sus manos sobre mi cabeza.<\/p>\n<p>Decid&iacute;, entonces, hacer algo m&aacute;s. Me levante, me baj&eacute; los pantalones, saque mi pene y la penetr&eacute;. Ella continuaba recostada de espaldas sobre la mesa, con sus piernas descolgando sobre el borde y yo, parado en medio de ella, metiendo y sacando mi verga en su vagina, que estaba calientica y h&uacute;meda, apretadita. La sensaci&oacute;n era deliciosa. Mientras lo hac&iacute;a, acariciaba con mis manos sus pechos y ella, manteniendo sus ojos cerrados, gesticulaba con su boca; apretaba sus labios, sonre&iacute;a, mov&iacute;a su cabeza a lado y lado, y trataba de gemir, en tono bajito, muy pasito.<\/p>\n<p>Yo segu&iacute; empujando mi pene dentro de ella y levant&eacute; sus piernas para que mi penetraci&oacute;n fuera m&aacute;s profunda. Aquello le gust&oacute;, abri&oacute; sus ojos para mirarme y sus manos se aferraron a las m&iacute;as, que manten&iacute;an sus muslos levantados. Ella mov&iacute;a sus caderas y la mesa lleg&oacute; a rechinar por la intensidad de los movimientos que los dos produc&iacute;amos. Aquellos sonidos nos parecieron excesivos y los dos parecimos detenernos para aminorar el volumen del ruido. Sin embargo, pausadamente y sin dejar de moverme, yo segu&iacute; penetr&aacute;ndola r&iacute;tmicamente. Pasado un tiempo, yo me retir&eacute;&hellip;<\/p>\n<p>Ella se incorpor&oacute;, se sent&oacute; sobre la mesa y me pidi&oacute; que me sentara en la silla, luego de lo cual se acomod&oacute; sobre mi en esa posici&oacute;n en insert&oacute; mi pene en su vagina. Ahora ella empez&oacute; a controlar sus movimientos y yo, observ&aacute;ndola, me qued&eacute; quieto. Ella, mientras cabalgaba sobre m&iacute;, apoyados sus pies en el piso, me besaba. Y yo, con mis manos libres, acariciaba su cuerpo, sus muslos, su silueta, sus nalgas en movimiento y su espalda. Su lengua entraba en mi boca al ritmo de sus embestidas y aquello se sent&iacute;a bastante bien. Se deten&iacute;a de tanto en tanto, se quedaba quieta unos instantes, y volv&iacute;a a arremeter con su cadera. Est&aacute;bamos bien acoplados.<\/p>\n<p>Luego, pasado un largo rato, se levant&oacute;, se puso de espaldas a m&iacute;, recost&oacute; su torso sobre la mesa y me ofreci&oacute; sus nalgas. Yo entend&iacute; de inmediato que quer&iacute;a que la penetrara desde atr&aacute;s y presuroso me dispuse a hacerlo. Su sexo estaba totalmente h&uacute;medo y mi pene entr&oacute; en ella sin dificultad alguna. Empuj&eacute; con intensidad dentro de ella y sub&iacute; la velocidad. No s&eacute;, en esa posici&oacute;n, el nivel de excitaci&oacute;n fue subiendo y sent&iacute; que el momento de eyacular hab&iacute;a llegado. Trat&eacute; de contenerme un poco y, mientras me retiraba, le dije&hellip; oye, me vine&hellip; Ella me dijo, espera, se incorpor&oacute; de inmediato, se puso de cuclillas y meti&oacute; mi sexo en su boca.<\/p>\n<p>Aquello fue demasiado y ya no pude retener m&aacute;s, as&iacute; que me vine en su boca. A ella no le import&oacute;. Se trag&oacute; mi semen y chup&oacute; y chupo mi sexo, lo cual me produjo mucho, pero mucho placer. Con mis manos retir&eacute; su rostro de mi sexo y la levant&eacute; para besarla. Y lo hicimos. Nos besamos. Su boca se sinti&oacute; algo salada y la piel de su rostro ol&iacute;a a sexo. Era algo extra&ntilde;o aquello, dadas las circunstancias, yo semivestido y ella desnuda, pero as&iacute; y todo nos besamos y nos abrazamos por largo rato. A ella no le import&oacute; para nada y se entreg&oacute; a la experiencia sin reprochar nada.<\/p>\n<p>Ve&iacute;a mucha entrega en ella y le agradec&iacute; por proporcionarme ese momento de emoci&oacute;n. Ella, sonriente, me dijo, es un gana-gana. De esto nos beneficiamos los dos. Me has proporcionado mucha alegr&iacute;a. Y me he sentido plena y muy hembra esta noche. Yo no sab&iacute;a que responder, porque aquello era inusual. Est&aacute;bamos en una sala, rodeados de muebles y papeles a mont&oacute;n, nada rom&aacute;ntico y un escenario nada propicio para una aventura de este tipo, pero hab&iacute;a pasado. Nuevamente hab&iacute;amos sido presa del deseo y hab&iacute;amos desfogado nuestra pasi&oacute;n, aun cuando el lugar no fuera el adecuado.<\/p>\n<p>Ella se visti&oacute; y, una vez m&aacute;s, ya vestida, volvimos a besarnos y acariciarnos por otro largo rato. Si aquello hubiera sido un dormitorio, de seguro hubi&eacute;ramos seguido en nuestro amor&iacute;o hasta el amanecer, pero hab&iacute;a que darle t&eacute;rmino al asunto y, al fin, despu&eacute;s de mucho dudar, encendimos las luces y nos dispusimos a dejar todo aquello en orden, no dejando de sonre&iacute;r cada vez que nuestras miradas se encontraban mientras arregl&aacute;bamos todo el desorden. Ella, incluso, trajo l&iacute;quido desinfectante para limpiar la mesa y ambientador para aromatizar el lugar. No pod&iacute;a quedar evidencia alguna de lo que all&iacute; hab&iacute;a sucedido.<\/p>\n<p>No volvimos a coincidir en aquella sala, porque nuestras aventuras se escalaron a otro nivel, pero s&eacute; que, tanto ella como yo, tendremos recuerdos recurrentes y placenteros cada vez que pasemos por ah&iacute;. No s&eacute; si otras parejas habr&aacute;n tenido aventuras similares en aquella oficina, pero para nosotros dos fue el escenario perfecto. De todo me imagin&eacute; en la vida, menos que fu&eacute;ramos a tener una aventura sexual en una sala juntas. As&iacute; es la vida, sorpresiva e inesperada. Yo la acompa&ntilde;&eacute; a tomar un taxi y, muy formalmente, nos despedimos aquella noche. Hasta ma&ntilde;ana Xiomy. Hasta ma&ntilde;ana, que duermas, dijo. No s&eacute; si lo podr&eacute; hacer, contest&eacute; sonriendo y le gui&ntilde;&eacute; un ojo. Saludos a Carlos&#8230;!!!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Hac&iacute;a poco tiempo que Xiomara, mi colaboradora en la oficina, se hab&iacute;a atrevido a forzar las situaciones para que tuvi&eacute;ramos un peque&ntilde;o encuentro sexual en nuestras oficinas, casi que en presencia de todos nuestros compa&ntilde;eros de trabajo. 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