{"id":27500,"date":"2021-01-11T23:00:00","date_gmt":"2021-01-11T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-01-11T23:00:00","modified_gmt":"2021-01-11T23:00:00","slug":"de-ratones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/de-ratones\/","title":{"rendered":"De ratones"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"27500\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Lo pienso y lo escribo, para empezar: nunca deb&iacute; haberme enamorado de Yui. Yo ten&iacute;a una existencia restringida a la normalidad, es decir, yo viv&iacute;a con mi esposa, feliz; los dos trabaj&aacute;bamos. Ten&iacute;amos dos hijos, la parejita, y juntos los cuatro &eacute;ramos una familia privilegiada. Hasta que conoc&iacute; a Yui.<\/p>\n<p>Fue un d&iacute;a de enero. Hab&iacute;a nevado en la ciudad. En nuestro barrio, en el extrarradio, donde todas las casas, de dos plantas, estaban provistas de un jard&iacute;n delantero, la nieve cubr&iacute;a las aceras y, claro, los jardines. &quot;Rosa&quot;, le dije a mi esposa, &quot;voy a salir a comprar el pan, &iquest;quieres que te traiga algo?&quot;; &quot;No, cari&ntilde;o&quot;, contest&oacute; ella desde la cocina. Rosa, mi esposa, era una mujer estupenda, y bella: su cuerpo era como el de una adolescente: era delgada; sus tetas eran como limones, redonditas y de pezones puntiagudos; su pelo rubio lo llevaba cortado a media melena; ten&iacute;a un culito precioso: peque&ntilde;o y prieto; en fin, Rosa me segu&iacute;a gustando, pero es que Yui&#8230;<\/p>\n<p>Los operarios del Ayuntamiento hab&iacute;an abierto un peque&ntilde;o sendero en la acera, a trav&eacute;s de la nieve, y por ah&iacute; ech&eacute; a andar en cuanto sal&iacute; de mi casa. El cielo, despu&eacute;s de la noche tempestuosa, luc&iacute;a azul celeste y claro; hac&iacute;a un bonito d&iacute;a, aunque fr&iacute;o. Pas&eacute; junto a la valla del jard&iacute;n de la casa colindante a la m&iacute;a. &quot;Vaya&quot;, pens&eacute;, &quot;parece que tenemos de nuevo vecinos&quot;. La casa estaba deshabitada desde hac&iacute;a meses. Not&eacute; la presencia de gente al divisar unas cortinas en una ventana del piso superior que antes no estaba. Baj&eacute; la vista y all&iacute; la vi, Yui; iba vestida con un conjunto de pantal&oacute;n y camisa de gasa de color blanco. Por supuesto, yo no sab&iacute;a su nombre, Yui. La observ&eacute; mientras segu&iacute;a caminando: estaba sujetando una pala. Entonces, me vio; sigui&oacute; apaleando nieve. Me fij&eacute; en que iba descalza: sus pies, ligeramente bronceados, destacaban sobre el blanco, llevaba una tobillera; su ropa interior, sujetador y braguitas se transparentaban a trav&eacute;s de su ropa; sus pechos voluminosos se mov&iacute;an a la par que mov&iacute;a los brazos para apalear, se agitaban, vibraban; su melena negra, rizada y larga, ascend&iacute;a y descend&iacute;a, tap&aacute;ndole la cara, cada vez que se agachaba. Segu&iacute; mi camino.<\/p>\n<p>Cuando volv&iacute; a casa, no dud&eacute; en contarle las nuevas a Rosa. &quot;Ah, &iquest;pero no lo sab&iacute;as?, se llama Yui, no es de aqu&iacute;, me dijo que se quedar&iacute;a poco tiempo, que estaba de paso, quiz&aacute; unos meses&#8230;&quot;; &quot;&iquest;La conoc&iacute;as?&quot;, pregunt&eacute;; &quot;La conoc&iacute; ayer, en el s&uacute;per&quot;.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de almorzar, antes de que llegaran nuestros hijos de la casa de sus abuelos, aprovechando que goz&aacute;bamos de unas merecidas vacaciones, Rosa y yo follamos.<\/p>\n<p>Por la noche, so&ntilde;&eacute; con Yui.<\/p>\n<p>&iexcl;So&ntilde;&eacute; con Yui!, &iexcl;qu&eacute; locura era esta! Bueno, fue un sue&ntilde;o ligero, simplemente la vi, en sue&ntilde;os, caminando descalza por una playa, nada m&aacute;s, &iquest;o s&iacute;?; s&iacute;, se met&iacute;a en el mar vestida con ese conjunto blanco, que se transparent&oacute;, y la vi desnuda, en sue&ntilde;os.<\/p>\n<p>A la ma&ntilde;ana siguiente, volv&iacute; a pasar frente a la casa de Yui. Me detuve. No estaba en el jard&iacute;n. Mir&eacute; a la ventana del piso superior. Y la vi: Yui estaba asomada; vest&iacute;a una bata de terciopelo verde, y fumaba. Me salud&oacute; con una mano. Le devolv&iacute; el saludo. Nada m&aacute;s.<\/p>\n<p>Pasaron los d&iacute;as. Mi intranquilidad iba creciendo. Follaba con Rosa, pero yo quer&iacute;a hacerlo con Yui. A veces, mientras hac&iacute;a el &uacute;ltimo esfuerzo para correrme en el co&ntilde;o de mi mujer, cerraba los ojos, e imaginaba como ser&iacute;a el cuerpo de Yui debajo de m&iacute;, me imaginaba sus grandes senos botando, su melena cubriendo la almohada&#8230;; y eyaculaba.<\/p>\n<p>&quot;Yui, Yui&quot;&#8230;<\/p>\n<p>Al cabo, ocurri&oacute;.<\/p>\n<p>Fue un fin de semana, un s&aacute;bado por la ma&ntilde;ana. Yo estaba s&oacute;lo en casa: Rosa y los ni&ntilde;os hab&iacute;an salido de compras al centro de la ciudad. Son&oacute; el timbre: &quot;Ding dong&quot;. Me levant&eacute; del sof&aacute; y fui a abrir. Abr&iacute; y all&iacute; estaba, frente a m&iacute;, Yui. &quot;Hola Rafa&quot;, (&quot;&iexcl;Sab&iacute;a mi nombre!&quot;), &quot;perdona si te molesto, pero necesito que vengas a mi casa&quot;. Dije que s&iacute;.<\/p>\n<p>La segu&iacute; durante el camino a su casa. Yui llevaba puesto un vestido largo tipo t&uacute;nica de color negro, calzaba sandalias con plataforma; yo me preguntaba si no sentir&iacute;a ella fr&iacute;o. Por supuesto que, aunque rezagado respecto a Yui, pues &eacute;sta caminaba veloz, le fui preguntando que de qu&eacute; se trataba la cosa, cu&aacute;l era el motivo para que hubiese venido a buscarme, para que yo fuese a su casa, y, de paso, por qu&eacute; esas prisas. Entonces ella se detuvo, se gir&oacute; y dijo: &quot;Ratones&quot;, y reanud&oacute; su marcha. Caminar detr&aacute;s de Yuri me produc&iacute;a un inmenso placer, ya que pod&iacute;a hacerme una idea de la carnosidad de su culo, de la robustez de sus piernas. Llegamos al umbral de su casa y ella, cortesmente, me cedi&oacute; el paso. Cerr&oacute; la puerta tras de s&iacute;. &quot;Ratones, dices, &iquest;d&oacute;nde?&quot;, pregunt&eacute;; &quot;Ah&iacute;&quot;, se&ntilde;al&oacute; una puerta cerrada. Est&aacute;bamos en el sal&oacute;n principal de la casa, ya que no hab&iacute;a vest&iacute;bulo, y en &eacute;ste hab&iacute;a un mullido chaise longue. &quot;&iquest;Puedo sentarme, quiero decir, antes de emprender la cacer&iacute;a?, tengo un par de cuestiones que explicarte, Yui, si no te importa&quot;, dije; &quot;Bueno, empieza&quot;, dijo ella y se sent&oacute;; &quot;&iquest;C&oacute;mo sabes mi nombre?&quot;, pregunt&eacute;; ella rio: &quot;&iexcl;Qu&eacute; tonto eres!, &iquest;acaso no sabes qu&eacute; Rosa y yo nos hemos hecho amigas, acaso no sabes que a las mujeres nos gusta hablar de todo?&quot;; &quot;&iquest;De todo?&quot;, pregunt&eacute; inseguro; &quot;De todo, segunda cuesti&oacute;n&quot;, abrevi&oacute; ella; &quot;Pasemos a los ratones&quot;, ataj&eacute; mientras me levantaba.<\/p>\n<p>Abrimos ambos la puerta que antes hab&iacute;a se&ntilde;alado Yui, y la volvimos a cerrar tras de nosotros: de esa habitaci&oacute;n no pod&iacute;a salir ning&uacute;n bicho vivo. &Iacute;bamos en silencio. Yo me quit&eacute; un zapato con el fin de descalabrar al primer rat&oacute;n que pasara cerca de m&iacute;. No encendimos ninguna luz, &iacute;bamos en penumbra. La habitaci&oacute;n era un trastero. Yui se agach&oacute; para mirar debajo de un viejo ropero, apoy&oacute; las dos manos en el suelo, inclin&oacute; el torso y elev&oacute; el culo. &quot;Yui&quot;, dije despacio; &quot;Qu&eacute;&quot;, respondi&oacute; ella; &quot;Nada&quot;; &quot;Exacto, nada, sigamos buscando&quot;, dijo. Nos aproximamos a unas cajas que conten&iacute;an libros; no estaban cerradas. Yui se asom&oacute; al interior y coment&oacute; despectivamente: &quot;Basura&quot;. Al volverse, tropez&oacute; con algo que hab&iacute;a en el suelo y su cuerpo se precipit&oacute; contra el m&iacute;o; la sujet&eacute; por las axilas. &quot;Por poco me caigo&quot;, sali&oacute; de sus labios, a escasos cent&iacute;metros de los m&iacute;os; la mir&eacute; a los ojos, dulces y brillantes. De pronto, me bes&oacute;. Entonces la tom&eacute; por detr&aacute;s de su nuca y la acerqu&eacute; hacia m&iacute; para besarnos m&aacute;s largamente. La humedad de sus labios me excit&oacute; tanto que tuve una poderosa erecci&oacute;n, la cual ella seguramente not&oacute;. Acto seguido, baj&eacute; las manos hasta el fald&oacute;n de su t&uacute;nica y las ic&eacute;; Yui no llevaba nada debajo. Sabore&eacute; sus tetas con parsimonia, deleit&aacute;ndome, disfrut&aacute;ndolas; luego, me fui agachando hasta lamer su ombligo, y su co&ntilde;o. Yui gimi&oacute;. Me ergu&iacute; y le ped&iacute; que se diese la vuelta; ella obedeci&oacute;. Le ped&iacute; que se agachara como cuando lo hizo para mirar bajo el ropero; entonces, me baj&eacute; los pantalones y le met&iacute; la polla en el co&ntilde;o, muy hondo, hasta que no le pude ver ni el tronco; ell&aacute; grit&oacute; como una gata en celo. Foll&eacute; todo lo que pude, Yui gem&iacute;a y suspiraba, cada vez m&aacute;s sonoramente, hasta que la punta de mi polla se puso en estado de ebullici&oacute;n; entonces la saqu&eacute;; Yui, al darse cuenta, de rodillas se dio la vuelta y, mir&aacute;ndome a la cara, se meti&oacute; la polla en la boca y mam&oacute;. Mam&oacute; hasta que mi corrida inund&oacute; su boca.<\/p>\n<p>El d&iacute;a siguiente, a eso de las diez, despu&eacute;s de ducharme, en albornoz, me asom&eacute; a un balc&oacute;n de mi casa. Divis&eacute; un cartel en la casa contigua: &quot;Se alquila&quot;. R&aacute;pidamente, fui a la cocina. Los ni&ntilde;os ya se hab&iacute;an ido al colegio; Rosa preparaba un desayuno para ambos. &quot;Rosa&quot;, empec&eacute;, &quot;&iquest;has visto el cartel de la casa de al lado?&quot;; &quot;S&iacute;, claro&quot;; &quot;&iquest;Yui?&quot;; &quot;Te dije que estaba de paso, esta ma&ntilde;ana se despidi&oacute;, t&uacute; dorm&iacute;as, Yui es escritora, ayer mismo, antes de irme de compras, la ayud&eacute; a empaquetar sus libros, tiene muchos, me dijo que estaba escribiendo una novela, sobre ratones, sobre una plaga de ratones, por supuesto que no son el coronavirus, pero son molestos&quot;, rio; &quot;Ah&quot;, solt&eacute;. Rosa preparaba tostadas, en bata de andar por casa. Me fij&eacute; en que el cord&oacute;n de la bata pend&iacute;a: no la llevaba atada. Me acerqu&eacute; por su espalda. Las tetitas de Rosa me saludaron cuando me asom&eacute; sobre los hombros. Rode&eacute; a Rosa con mis brazos y acarici&eacute; sus tetas; me empalm&eacute;. &quot;Rafa&quot;, dijo Rosa, &quot;hazme tuya, aqu&iacute;&quot;. Fue decir esto Rosa y, en pocos segundos, se despoj&oacute; de su bata y se quit&oacute; las braguitas; despu&eacute;s se inclin&oacute; y, apoyando sus brazos estirados, sus manos, sobre la encimera, me ofreci&oacute; su culo. &quot;Vamos, Rafa, dame, m&eacute;tela en mi rajita, vamos, hasta el fondo, como ayer, vamos&quot;. &quot;Como ayer&quot;, pens&eacute; confundido. Y vi su m&oacute;vil junto al frutero; un v&iacute;deo en pausa. Y ah&iacute; me vi yo, y a Yui.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Lo pienso y lo escribo, para empezar: nunca deb&iacute; haberme enamorado de Yui. Yo ten&iacute;a una existencia restringida a la normalidad, es decir, yo viv&iacute;a con mi esposa, feliz; los dos trabaj&aacute;bamos. Ten&iacute;amos dos hijos, la parejita, y juntos los cuatro &eacute;ramos una familia privilegiada. Hasta que conoc&iacute; a Yui. Fue un d&iacute;a de enero. [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":9944,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[7],"tags":[],"class_list":{"0":"post-27500","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-erotismo-y-amor"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/27500","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/9944"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=27500"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/27500\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=27500"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=27500"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=27500"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}