{"id":27607,"date":"2021-01-18T23:00:00","date_gmt":"2021-01-18T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-01-18T23:00:00","modified_gmt":"2021-01-18T23:00:00","slug":"infringi-las-normas-del-hotel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/infringi-las-normas-del-hotel\/","title":{"rendered":"Infring\u00ed las normas del hotel"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"27607\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 3<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>La peque&ntilde;a recepci&oacute;n permanece con la puerta abierta y por ella se cuela una ligera brisa fresca en esta tarde de verano. Rub&eacute;n intenta aprovecharla mientras revisa las cuentas del hostal.<\/p>\n<p>&iquest;Est&aacute;n todas las facturas pagadas? &iquest;Por qu&eacute; el pedido de magdalenas solo tiene sabor a pl&aacute;tano? &iquest;A qui&eacute;n le gustan los muffins de pl&aacute;tano?<\/p>\n<p>Est&aacute; cansado, pero a&uacute;n le quedan unas horas de trabajo. Mira el reloj. Los chicos de la habitaci&oacute;n 9 se retrasan. Hab&iacute;an asegurado que iban a llegar antes de las siete de la tarde y ya son y cuarto. Rub&eacute;n suspira y reza para que no aparezcan a las doce de la noche. No quiere quedarse hasta las tantas.<\/p>\n<p>Sin embargo, como si alguien hubiera escuchado su deseo, una voz le saluda desde la puerta.<\/p>\n<p>All&iacute; est&aacute;n, al fin, y con una disculpa por llegar tarde. Eso no es habitual y lo agradece. Lo tendr&aacute; en cuenta, siempre tiene en cuenta cuando un cliente se porta bien. Luis y Xo&aacute;n, apunta los nombres mentalmente. Lo bueno de un hostal de apenas diez habitaciones es que puede aprenderse los nombres y dar un trato m&aacute;s personalizado; los clientes alucinan cuando ven que los recuerdan.<\/p>\n<p>Les informa de c&oacute;mo llegar a la habitaci&oacute;n (subiendo las escaleras o en la primera planta por ascensor, a mano derecha) y les da un mapa de la ciudad por si quieren a hacer turismo. Les avisa de que solo tienen una cama, como hab&iacute;an pedido, y ambos sonr&iacute;en agradecidos. Rub&eacute;n sonr&iacute;e tambi&eacute;n, no por la inercia que le da su trabajo de recepcionista, sino porque realmente le inspiran cierta simpat&iacute;a. Son guapos, tienen ese brillo en los ojos de la ilusi&oacute;n del primer viaje en pareja. No hace falta que se lo digan, ya lo ha visto muchas veces. Rondar&aacute;n m&aacute;s o menos su edad, menos de treinta y cinco, seguro.<\/p>\n<p>Cuando Luis y Xo&aacute;n se suben en el ascensor, Rub&eacute;n a&uacute;n mantiene la sonrisa. Sin querer pero consciente de lo que se va a encontrar, dirige la mirada a las c&aacute;maras de seguridad. All&iacute; est&aacute;n, comi&eacute;ndose a besos en el ascensor. La mano de Luis baja por la espalda de Xo&aacute;n y lo agarra del culo mientras este le muerde el cuello. Casi puede o&iacute;r el gemido a trav&eacute;s de la pantalla.<\/p>\n<p>Pero el trayecto es corto y las puertas se abren. Luis y Xo&aacute;n caminan por el pasillo y desaparecen en su habitaci&oacute;n. Rub&eacute;n tiene que volver a las cuentas del hostal. Observa los papeles ante &eacute;l sin saber por d&oacute;nde empezar. Ha perdido el hilo por completo, pero no es el &uacute;nico problema que tiene: una erecci&oacute;n palpita en sus pantalones.<\/p>\n<p>Puede tomarse un segundo de descanso. As&iacute; que saca el m&oacute;vil y abre la aplicaci&oacute;n de la careta amarilla, esa que casi nadie admite usar pero que casi cualquier t&iacute;o gay suele tener instalada en su m&oacute;vil. Mientras recarga la lista de usuarios cercanos, comprueba los mensajes sin leer:<\/p>\n<p>El pesado de siempre al que no sabe por qu&eacute; no ha bloqueado; el chico majo que siempre le da largas para quedar pero con el que sigue hablando; una polla sin nombre, sin saludo y sin cara&hellip;<\/p>\n<p>Nada interesante. Aunque la polla est&aacute; bastante bien.<\/p>\n<p>Uno de los perfiles capta su atenci&oacute;n. Por su cercan&iacute;a y porque reconoce las caras del perfil. No le da tiempo a reaccionar cuando ve que tiene un mensaje:<\/p>\n<p>&laquo;El servicio de habitaciones se pide por aqu&iacute;? Jajjaja&raquo;.<\/p>\n<p>Rub&eacute;n se sonr&iacute;e. Siente c&oacute;mo el rubor se apodera de sus mejillas y no es precisamente por el calor de la tarde de verano.<\/p>\n<p>&laquo;Depende del tipo de servicio que quer&aacute;is&raquo;, responde.<\/p>\n<p>La foto que recibe a continuaci&oacute;n, acompa&ntilde;ada de la frase<\/p>\n<p>&laquo;Pues lo mismo podr&iacute;as echarme 1 mano&raquo; despierta en &eacute;l un inter&eacute;s a&uacute;n mayor.<\/p>\n<p>No deber&iacute;a, son clientes. Lo sabe. Pero no puede evitar imaginarse entre esos dos cuerpos desnudos, colgado de los labios de Luis, sujeto por los brazos de Xo&aacute;n.<\/p>\n<p>Reconoce en la foto las s&aacute;banas de la habitaci&oacute;n del hotel, la mesilla de noche. Se la acaban de tomar y &eacute;l no piensa perder la oportunidad.<\/p>\n<p>Cierra la recepci&oacute;n con la esperanza de que nadie llame al timbre en la pr&oacute;xima hora. Y sube las escaleras con un par de toallas limpias&hellip; y una coartada por si alguno de sus compa&ntilde;eros revisa las grabaciones de seguridad. Cuando toca la puerta de la habitaci&oacute;n, Xo&aacute;n le abre casi en el acto.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Quieres pasar? &mdash;pregunta con un gesto del brazo, mostrando la habitaci&oacute;n y el cuerpo desnudo de Luis en la cama.<\/p>\n<p>Y Rub&eacute;n cede. Cede y se deja llevar por las caricias a cuatro brazos que le despojan de la camisa, de los pantalones, de los calzoncillos. Se deja llevar y besa y roza y muerde. Y agarra y aprieta esos cuerpos que parecen hechos para &eacute;l, cincelados en un m&aacute;rmol de piel prohibida. Porque no deber&iacute;a estar all&iacute;, son clientes. Y eso solo hace que los desee m&aacute;s.<\/p>\n<p>Xo&aacute;n le agarra de las caderas y entra en &eacute;l con suavidad, mientras Luis lo mira a los ojos y lo besa con fuerza. Y Rub&eacute;n gime, gime dentro de la boca de Luis cuando la polla de Xo&aacute;n est&aacute; por completo dentro de &eacute;l.<\/p>\n<p>A&uacute;n le quedan dos horas de jornada laboral, alcanza a pensar en un instante de lucidez, pero la dureza de las horas de trabajo se ha trasladado a los cuerpos de sus hu&eacute;spedes. All&iacute;, entre los cuerpos de Luis y de Xo&aacute;n, podr&iacute;a pasarse el resto de la tarde y de la noche. Adivinando, quiz&aacute;, a qui&eacute;n le gustan los muffins de pl&aacute;tano.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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