{"id":27641,"date":"2021-01-21T08:41:17","date_gmt":"2021-01-21T08:41:17","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-01-21T08:41:17","modified_gmt":"2021-01-21T08:41:17","slug":"lesbiadas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/lesbiadas\/","title":{"rendered":"Lesbiadas"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"27641\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 16<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Sus lenguas se enroscaron como dos carnosas, rosadas y h&uacute;medas serpientes, movi&eacute;ndose y chup&aacute;ndose con frenes&iacute;,&nbsp; hasta enlazarse de manera que casi vulneraba las leyes f&iacute;sicas.&nbsp; Al tiempo, sus cabezas basculaban de un lado a otro, busc&aacute;ndose, bes&aacute;ndose, lami&eacute;ndose y penetrando sus bocas hasta casi atragantarse, cuando las juguetonas puntas rozaron las campanillas. Sus cuerpos, j&oacute;venes, tiernos y plenos de una incontenible energ&iacute;a, se mov&iacute;an al ritmo de la pasi&oacute;n ejecutando una sexual danza entre las arrugadas s&aacute;banas. Sus tersas pieles, tensas como la superficie de un tambor que apenas contuviera el magma que bull&iacute;a en el interior de sus cuerpos, brillaban por el reflejo del sol que se filtraba entre las gastadas cortinas, simulando una constelaci&oacute;n de min&uacute;sculas gemas adheridas a sus anatom&iacute;as apetitosas.<\/p>\n<p>Su ropa se desperdigaba por la habitaci&oacute;n: una braga, un tanga, dos sujetadores, medias, calcetines, unos desgastados tejanos, una minifalda&hellip; prendas entremezcladas con ca&oacute;tica desidia sobre la alfombra, la mesita de noche barnizada en color caoba y la atestada silla de madera &ndash;en la que aguardaban m&aacute;s prendas listas para la plancha, un peque&ntilde;o y brillante bolso de fiesta, otro m&aacute;s grande para ir a clase, una carpeta y algunos libros&ndash; situada en una esquina de la pared contraria a la de la puerta desde la que yo espiaba, agazapado, la excitante ceremonia amatoria de Est&iacute;baliz y Araceli.<\/p>\n<p>Acurrucado y en silencio, me hab&iacute;a apostado en el pasillo, al abrigo de la oscuridad &ndash;las sombras reinaban en &eacute;l a menos que encendieras la solitaria y amarillenta bombilla del techo&ndash;, delante de la estrecha abertura de la puerta entreabierta, mal pintada y peor barnizada. No hab&iacute;an cerrado por completo la habitaci&oacute;n, como hac&iacute;an en cada ocasi&oacute;n que follaban, convencidas de que yo estar&iacute;a en la facultad toda la ma&ntilde;ana. Cre&iacute;an disfrutar del piso para ellas solas. Y con eso contaba yo.<\/p>\n<p>Una vez acab&oacute; la clase de primera hora, &ldquo;Estad&iacute;stica Aplicada&rdquo; &ndash;por dios, qu&eacute; modorra&ndash;, me salt&eacute; la siguiente soltando una excusa a los colegas e hice tiempo en el bar que hay a un par de manzanas del piso, tomando un caf&eacute; y un pincho de tortilla; estaba excitado como cuando de ni&ntilde;o aguardaba para ir al cine o para montar en las barracas que montaban junto a la playa en verano. Calcul&eacute; la hora a la que mis compa&ntilde;eras de piso se despertar&iacute;an, ya a media ma&ntilde;ana &ndash;ambas ten&iacute;an, aquel curso, las clases por la tarde&ndash;, se desperezar&iacute;an y desayunar&iacute;an, antes de comenzar con las sesiones de sexo matinal a las que se dedicaban cada d&iacute;a hasta la hora de comer &ndash;lo hab&iacute;a comprobado en alguna ocasi&oacute;n en que me hab&iacute;a quedado en el piso para estudiar: no hab&iacute;a forma de concentrarse; si quer&iacute;a trabajar en serio, m&aacute;s me val&iacute;a largarme a la biblioteca o seguro que no aprobar&iacute;a aquel curso ni una asignatura.<\/p>\n<p>En fin, cuando supuse llegado el momento abandon&eacute; el bar y me dirig&iacute; al edificio donde ten&iacute;amos alquilado el apartamento, en una de las transversales que cruzaban la antigua ladera frente al campus, atestada de filas de bloques de pisos, todos iguales y cada uno m&aacute;s feo que el siguiente. Una vez sub&iacute; las escaleras &ndash;me abstuve de coger el ascensor pese a vivir en el cuarto, para que no me delatara el ruido&ndash;, abr&iacute; con todo el sigilo posible la puerta, atento a los sonidos del interior y con una excusa preparada por si Araceli y Est&iacute;baliz a&uacute;n no estaban metidas en el cuarto y dedicadas a sus placenteros ejercicios ma&ntilde;aneros.<\/p>\n<p>Era aquel el t&iacute;pico piso de alquiler para estudiantes, parte de un envejecido inmueble construido en pleno desarrollismo, all&aacute; por los sesenta o setenta, al que el paso del tiempo hab&iacute;a evidenciado todos sus defectos constructivos &ndash;mala orientaci&oacute;n, desafortunada distribuci&oacute;n, fr&iacute;o invernal y calor estival, humedades, muros sin ninguna insonorizaci&oacute;n&ndash;; y, por supuesto, est&eacute;ticos: puro fe&iacute;smo. Adem&aacute;s, en el piso, dedicado durante a&ntilde;os, quiz&aacute;s d&eacute;cadas, a ser alquilado a estudiantes durante el curso acad&eacute;mico, sus propietarios no se hab&iacute;an molestado mucho &ndash;por no decir nada&ndash; en adecentarlo, como delataba su mobiliario, tan antiguo como el propio bloque, e igual de antiest&eacute;tico.<\/p>\n<p>Cuando o&iacute; sus voces, risitas y suspiros, certificando que ambas se hallaban en la habitaci&oacute;n de Est&iacute;baliz &ndash;era la que ten&iacute;a la cama m&aacute;s grande&ndash;, recorr&iacute; el pasillo en silencio, movi&eacute;ndome como si caminara por un terreno infestado de minas &ndash;lo que hizo sentirme algo rid&iacute;culo&ndash; y me aproxim&eacute; a la puerta para descubrir que acababan de comenzar a enrollarse. Acert&eacute; calculando el tiempo. Ahora, sus respectivas manos recorr&iacute;an sus cuerpos, acariciando con delicada ansiedad aquellas preciosas orograf&iacute;as en movimiento. Un paisaje de interminables curvas, blandas y jugosas, de concavidades y convexidades fusionadas hasta aparentar un solo ente de vibrante sexualidad, en el que no resultaba f&aacute;cil distinguir d&oacute;nde comenzaba un cuerpo y acababa el otro.<\/p>\n<p>Sus dedos, finos y largos los de Est&iacute;baliz, regordetes y de cuidada manicura los de Araceli, recorr&iacute;an los meandros que formaban hombros, brazos y clav&iacute;culas, pezones, senos y abd&oacute;menes, caderas, muslos y pubis. Lentas y cadenciosas, las manos de una y de la otra descend&iacute;an la ladera de sus montes de venus, realizando un corto rodeo acariciando ingles, muslos y gl&uacute;teos, para desembocar en los co&ntilde;os abiertos, mojados y palpitantes. Y todo ello sin separar sus labios, bes&aacute;ndose, chup&aacute;ndose y succion&aacute;ndose en un beso interminable, como si quisieran devorarse entre s&iacute;: introducirse cada una dentro de la boca de la otra.<\/p>\n<p>Con la habilidad ganada &ndash;sin duda&ndash; mediante la pr&aacute;ctica tanto de la autoexploraci&oacute;n sexual &ndash;de numerosas pajas, vaya&ndash; como del placer compartido &ndash;sus numerosos polvos, enti&eacute;ndase&ndash;, se abrieron la una a la otra sus respectivas vulvas, apartando los henchidos labios mayores para disfrutar &ndash;&iexcl;oh, maravilla!&ndash; de la gloria de sus hendiduras, carnosas y apetecibles. Una a la otra se estimularon los peque&ntilde;os y erectos botones de sus cl&iacute;toris, entre gemidos, jadeos y suspiros.<\/p>\n<p>Mi polla, dura y palpitante, se apretaba punzando el r&iacute;gido tejido de la bragueta de los tejanos, mientras un tibio sudor mojaba mi frente, adhiriendo los mechones del flequillo a la piel; lo notaba gotear a lo largo de mi espina dorsal hasta el coxis e introduc&iacute;rseme por la raja del culo. Sent&iacute;a una incontenible necesidad de liberar mi verga de su prisi&oacute;n de tela, abrir la puerta de un golpe, masturbarme compulsivamente delante de ellas y correrme hasta que la &uacute;ltima gota de mi leche embadurnara la piel de aquellas dos golfas que me hac&iacute;an enloquecer a diario; demostrarles el volc&aacute;nico instinto que lograban desatar en mi interior.<\/p>\n<p>Pero lo &uacute;nico que hice fue continuar fisgoneando como un pat&eacute;tico pervertido el l&uacute;brico espect&aacute;culo que escenificaban ante mis ojos.<\/p>\n<p>Tras largos minutos acarici&aacute;ndose, pellizc&aacute;ndose y sob&aacute;ndose pezones, labios mayores y menores, cl&iacute;toris y anos, ambas se tumbaron sobre la cama, de lado, cada una con el rostro frente al pubis de la otra, dispuestas a devorarse las entrepiernas. Entre risitas, aproximaron cada una su boca al co&ntilde;o de la otra para juntar labios con labios, bes&aacute;ndose, lami&eacute;ndose, chup&aacute;ndose y mordi&eacute;ndose con pasi&oacute;n. Aunque pareciera incre&iacute;ble, mi polla a&uacute;n logr&oacute; endurecerse m&aacute;s, hasta el extremo de que la bullente sangre que bombeaba dentro de sus venas y capilares pareciera a punto de hacerla reventar y expandirse como un geiser.<\/p>\n<p>Estaba ya a un paso de sucumbir a la irrefrenable pulsi&oacute;n que me dominaba y aliviar la presi&oacute;n de la caldera que ard&iacute;a incandescente dentro de mis test&iacute;culos, cuando ocurri&oacute;. Quiz&aacute; escuch&oacute; mi respiraci&oacute;n al otro lado de la puerta; o puede que intuyera algo, un presentimiento, la sensaci&oacute;n de sentirse observada, una se&ntilde;al de alarma que atrajera su atenci&oacute;n hacia donde yo me encontraba apostado. No lo s&eacute;. El caso es que Est&iacute;baliz, con su boca a&uacute;n hundida en el co&ntilde;o de Araceli y la piel de su cara brillante por la mezcla de saliva y jugos vaginales de su amante, alz&oacute; la mirada hacia la abertura de la puerta. El coraz&oacute;n me dio un vuelco, todo mi cuerpo se tens&oacute; y el ardoroso frenes&iacute; que me recorr&iacute;a venas, m&uacute;sculos y tendones se torn&oacute; de s&uacute;bito en un fr&iacute;o helador. De cien a cero grados en menos de un segundo.<\/p>\n<p>Como un rel&aacute;mpago, por mi cabeza cruz&oacute; la escena que ante ella yo representar&iacute;a en ese momento: mi rostro desencajado emergiendo entre las sombras del pasillo, enmarcado en el entreabierto vano, con un incandescente brillo en mis dilatadas pupilas que bien podr&iacute;a confundirse con el oscuro destello de una mente perturbada, la de alg&uacute;n tipo de s&aacute;tiro vicioso o psicop&aacute;tico.<\/p>\n<p>Nos sostuvimos la mirada un instante que me pareci&oacute; una eternidad, durante la cual la flecha del tiempo se hab&iacute;a detenido en pleno vuelo. Lo perturbador fue que Est&iacute;baliz pareci&oacute; no alterarse en absoluto &ndash;en contraste con mi acelerado coraz&oacute;n, al borde del p&aacute;nico&ndash;, persistiendo con fruici&oacute;n en su cunnilingus mientras continuaba sosteni&eacute;ndome la mirada, como si de alguna forma me ofrendara aquella excitante representaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s baj&oacute; la mirada y sigui&oacute; concentrada en su maniobra bucal, como si nada hubiese ocurrido. Su gesto hab&iacute;a sido tan indescifrable para mi joven y enfebrecida mente, y en tan inusual situaci&oacute;n se hab&iacute;a comportado con tal naturalidad, sin sobresaltos ni muestra de sorpresa alguna, extra&ntilde;eza o enfado, que llegu&eacute; a dudar de que en realidad me hubiese visto apostado tras la puerta. Quiz&aacute; estaba tan concentrada en su sesi&oacute;n amatoria que no se hab&iacute;a percatado de mi presencia.<\/p>\n<p>Pero no. Me enga&ntilde;aba: el cruce de miradas hab&iacute;a sido real y el leve destello de reconocimiento en sus pupilas tambi&eacute;n. Por mucho que me aferrara a la tonta esperanza, no hab&iacute;a duda de que hab&iacute;a sido descubierto como un vulgar voyeur. Me di cuenta de que en cuesti&oacute;n de un segundo mi excitaci&oacute;n se hab&iacute;a disipado, mi libido se hab&iacute;a derrumbado como una precaria torre de naipes y la inflexible erecci&oacute;n que saturaba mi entrepierna hab&iacute;a cedido ante una vergonzosa flacidez. Azorado y tras unos instantes de par&aacute;lisis, mientras escuchaba continuar la danza de cuerpos temblorosos y anhelantes dentro de la habitaci&oacute;n, cual lejano espejismo, me apart&eacute; de la puerta y recorr&iacute; el pasillo en una especie de estado de shock, hasta desembocar en la cocina.<\/p>\n<p>Mi cabeza giraba como un carrusel saturado de preguntas y temores. &iquest;De verdad Est&iacute;baliz me hab&iacute;a visto? &iquest;Por qu&eacute; no hab&iacute;a reaccionado, entonces? &iquest;Y qu&eacute; har&iacute;a una vez la pasi&oacute;n se disipara y tuviera ocasi&oacute;n para reflexionar? &iquest;Y yo? &iquest;Qu&eacute; podr&iacute;a decirle? &iquest;C&oacute;mo explic&aacute;rselo? &iquest;Y qu&eacute; ocurrir&iacute;a despu&eacute;s? &iquest;C&oacute;mo continuar compartiendo piso? &iquest;Deber&iacute;a abandonarlo con el rabo entre las piernas &ndash;nunca mejor dicho&ndash;, arrastrando el estigma de vulgar mir&oacute;n? &iexcl;Dios, demasiadas preguntas para una mente postpuber enfebrecida por el sexo!<\/p>\n<p>Respir&eacute; hondo para tratar de calmarme, observando a trav&eacute;s de la ventana. Desde luego no eran las mejores vistas: la cocina daba al patio interior del edificio, largo, oscuro y poco m&aacute;s ancho que un tubo de chimenea que entre todos hab&iacute;amos convertido en un vertedero alternativo; su fondo siempre estaba lleno de restos de comida, peladuras, pieles de pl&aacute;tano y prendas desparejadas &ndash;ca&iacute;das de los tendales y que nunca parec&iacute;an tener due&ntilde;o&ndash;. La proximidad de las numerosas viviendas que en &eacute;l se api&ntilde;aban &ndash;casi se pod&iacute;a tocar con la mano el alfeizar de enfrente&ndash; convert&iacute;a el angosto espacio en una aut&eacute;ntica &ldquo;radio patio&rdquo;, ideal para un jugoso marujeo.<\/p>\n<p>Sumergido en las turbulentas aguas de mis pensamientos o&iacute; pasos haciendo crujir el suelo del pasillo. Una punzada de p&aacute;nico me asalt&oacute;: una de las chicas hab&iacute;a abandonado la habitaci&oacute;n y ven&iacute;a hacia la cocina.<\/p>\n<p>Bascul&eacute; entre la par&aacute;lisis y la hiperactividad, intentando deducir cu&aacute;l era la mejor estrategia: que me encontrara parado en medio de la cocina con un evidente gesto de culpabilidad en el rostro o atareado en cualquier actividad que me permitiera disimular mi azoramiento y justificar mi presencia en la casa. Me decid&iacute; por aproximarme a la cafetera y servirme una taza de los restos del viscoso l&iacute;quido negruzco que ni siquiera calent&eacute;. Cuando la o&iacute; entrar simul&eacute; que me afanaba por rasgar el pl&aacute;stico de un sobao. Me di la vuelta con la taza en la mano procurando aparentar naturalidad, mientras mi coraz&oacute;n se empe&ntilde;aba en trotar desbocado.<\/p>\n<p>Desde el vano me observaba Est&iacute;baliz, apoyado su hombro en el marco y una sonrisa ir&oacute;nica en los labios. Con la melena casta&ntilde;a revuelta, solo llevaba puestas unas bragas color lila que se adher&iacute;an como un tatuaje a la suave curva de su pubis, delineando la forma de los labios de su vagina, y una camiseta de tirantes que descubr&iacute;a un plano abdomen y el brillo del piercing que luc&iacute;a su perfecto ombligo. Dentro de la tela, sus pechos basculaban libres de sujetador, permitiendo intuir la forma de sus pezones, a&uacute;n erectos. En los pies luc&iacute;a unos altos y alegres calcetines de franjas rojas y negras.<\/p>\n<p>&ndash;Ah, hola &ndash;acert&eacute; a decir intentando sostener su mirada.<\/p>\n<p>&ndash;Hola, compa&ntilde;ero &ndash;me contest&oacute; manteniendo su sonrisa ladeada.<\/p>\n<p>Cruz&oacute; los brazos sobre su pecho, lo que provoc&oacute; que sus senos se apretaran uno contra el otro, dibujando un largo y deseable canalillo en el escote.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;No ten&iacute;as clase hoy?<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Eh? &ndash;di un trago al desagradable y fr&iacute;o l&iacute;quido&ndash; Ah, s&iacute;. Pero Estad&iacute;stica es un co&ntilde;azo &ndash;improvis&eacute; con escaso talento&ndash;. Me estaba agobiando, as&iacute; que me he largado y he vuelto para&hellip; desayunar algo.<\/p>\n<p>Cuanto m&aacute;s hablaba menos cre&iacute;ble me resultaba a m&iacute; mismo, y m&aacute;s idiota me sent&iacute;a. Apenas lograba sostener la mirada de Est&iacute;baliz, pero el brillo de sus ojos suger&iacute;a que estaba divirti&eacute;ndose con mi azoramiento. Adem&aacute;s, seg&uacute;n soltaba mi balbuceante discurso ella comenz&oacute; a aproximarse, despacio, lo cual agrav&oacute; mi nerviosismo; al tiempo que yo, de manera casi inconsciente, retroced&iacute;a al mismo ritmo, hasta que el borde de la encimera contra mis ri&ntilde;ones me detuvo.<\/p>\n<p>Su cuerpo, semidesnudo, qued&oacute; a escasos mil&iacute;metros del m&iacute;o, casi roz&aacute;ndome, con su mirada clavada en la m&iacute;a. Yo le sacaba una cabeza larga de altura, pero su palpitante sexualidad femenina dominaba de tal manera la estancia que me sent&iacute; peque&ntilde;o, rid&iacute;culo, menguante.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Te ha gustado?<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;C&oacute;mo? &iquest;Qu&eacute;?<\/p>\n<p>&ndash;Lo que has visto antes, en la habitaci&oacute;n, mientras nos espiabas. &iquest;Te ha gustado?<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Ah! Eh. Oh&hellip;<\/p>\n<p>Woody Allen no habr&iacute;a mejorado la colecci&oacute;n de tontos balbuceos y tartamudeos que emit&iacute;. La evidencia de sentirme descubierto, la crudeza y la naturalidad con la que Est&iacute;baliz me lanz&oacute; la pregunta, sin atisbo de recriminaci&oacute;n, censura u ofensa, el tono concupiscente de su voz y la er&oacute;tica corporeidad de su anatom&iacute;a &ndash;que yo deseaba desde que la conoc&iacute;&ndash;, todo ello me paraliz&oacute;. Al tiempo que no pod&iacute;a dejar de disfrutar de la creciente, casi f&iacute;sica sensualidad que nos envolv&iacute;a dentro de aquella avejentada y poco acogedora cocina. Las im&aacute;genes, a&uacute;n frescas, de Est&iacute;baliz follando con Araceli regresaron efervescentes a mi cabeza y un fuerte cosquilleo recorri&oacute; mi entrepierna; hube de poner toda mi voluntad para impedir una nueva erecci&oacute;n.<\/p>\n<p>Entonces, con toda naturalidad, peg&oacute; su cara a la m&iacute;a y me bes&oacute;. Yo, desconcertado, tard&eacute; unos instantes en reaccionar, mientras su lengua exploraba el interior de mi boca. Casi necesit&eacute; pellizcarme para asegurarme de que aquello era real, de que mis deseos no hab&iacute;an logrado apoderarse de mi raz&oacute;n, viviendo aquel espejismo como una realidad virtual muy corp&oacute;rea: la dulce humedad de sus labios, el delicioso culebreo de su lengua, el calor que desprend&iacute;a su suave piel&hellip;<\/p>\n<p>Reaccion&eacute; al fin, depositando la taza y el intacto sobao sobre la encimera, para poner mis manos sobre su espalda y comenzar, t&iacute;midamente, como si a&uacute;n aguardara una reacci&oacute;n negativa por parte de Est&iacute;baliz, a acariciarla. Ella, respondiendo de una manera mucho m&aacute;s decidida, desliz&oacute; las suyas por todo mi cuerpo, abrum&aacute;ndome con sus caricias y despert&aacute;ndome de mi estupor. Recorr&iacute; todas sus curvas, ascend&iacute; las elevaciones de sus pechos, acarici&eacute; las jugosas redondeces de sus gl&uacute;teos apenas cubiertos para la escasa braguita y palp&eacute; su monte de venus sintiendo el rizado vello a trav&eacute;s de la tela. Todo ello sin dejar de besarnos con una pasi&oacute;n creciente. &iquest;De verdad me estaba ocurriendo aquello a m&iacute;?<\/p>\n<p>Como si quisiera disipar mis dudas, Est&iacute;baliz busc&oacute; el bot&oacute;n de mi tejano para soltarlo y bajar la cremallera de la bragueta. Su mano derecha se sumergi&oacute; en el interior de mis boxers y se aferr&oacute; a mi polla, de nuevo erecta; la extrajo de los pantalones y comenz&oacute; a acariciarla, con ritmo creciente, hasta convertir sus movimientos en una masturbaci&oacute;n. Desde luego, aquello se sent&iacute;a muy real.<\/p>\n<p>Oh, s&iacute;, a&ntilde;os de pr&aacute;ctica me han llevado a perfeccionar mi t&eacute;cnica onan&iacute;stica. Despu&eacute;s de todo, &iquest;qui&eacute;n te conoce mejor que t&uacute; mismo? Nadie te har&aacute; una paja mejor que t&uacute;, pero&hellip; M&aacute;s all&aacute; de la t&eacute;cnica, la habilidad, el talento y la pr&aacute;ctica, el hecho de que te masturbe una mano ajena, una mano preciosa de una excitante mujer como Est&iacute;baliz; el v&eacute;rtigo de que tu polla se halle a merced de una voluntad ajena, la incertidumbre de sus intenciones, sus deseos, el milagroso hecho de que esa t&iacute;a est&eacute; dispuesta, deseosa incluso, y excitada con la idea de agarrarte la picha, de acariciarla, estrujarla y masajearla hasta lograr que te corras entre sus dedos; &iexcl;ah!, eso le aporta un excitante matiz de calidad que uno mismo no puede lograr.<\/p>\n<p>As&iacute; que, al paje&aacute;rmela, cuanto m&aacute;s deslizaba la piel del prepucio sobre el capullo, atr&aacute;s y adelante, cadenciosamente, cuanto m&aacute;s sent&iacute;a la palma de sus manos y la piel de sus dedos recorri&eacute;ndome el fuste, henchido y palpitante, m&aacute;s adher&iacute;a yo mis labios a los suyos, con m&aacute;s fruici&oacute;n lam&iacute;a el interior de su boca, m&aacute;s enroscaba mi lengua en la suya. Mis manos recorr&iacute;an fren&eacute;ticas todo su cuerpo, casi frustradas por no poder abarcar cada recodo, curva y meandro de su anatom&iacute;a. Me recre&eacute; de nuevo con sus nalgas, descubiertas por la tela de la braguita que se hab&iacute;a enroscado introduci&eacute;ndose en la raja, levant&eacute; la goma de la prenda e introduje mis dedos debajo, siguiendo la suave y tr&eacute;mula curva del gl&uacute;teo para sumergirme en el valle y buscar el carnoso anillo del ano. Juguete&eacute; con &eacute;l, lo acarici&eacute; para que se abriera e introduje la yema de mi dedo coraz&oacute;n. Ella respondi&oacute; bes&aacute;ndome con pasi&oacute;n renovada y acelerando su masaje sobre mi polla.<\/p>\n<p>Yo guie mi otra mano alrededor de su cadera para alcanzar el pubis. Enred&eacute; mis dedos entre sus rizos y los introduje en el pliegue de sus ingles, antes de sumergirme en la tierna y palpitante sima de su vagina. Acarici&eacute; sus labios mayores, los abr&iacute;, recorr&iacute; los menores y busqu&eacute; la capucha del cl&iacute;toris. Utilizando el abundante jugo que segregaba aquella blanda sima, lo lubriqu&eacute; para estimular el peque&ntilde;o bot&oacute;n enraizado en una infinidad de terminaciones nerviosas que vibraban a mi contacto como las tensas cuerdas de una guitarra. Ella gimi&oacute; complacida, premi&aacute;ndome con los movimientos de su mano alrededor de mi verga, avanzando y retrocediendo el prepucio, siguiendo con sus yemas el altorrelieve de mis venas, la tensa piel del frenillo y las estr&iacute;as el hinchado glande.<\/p>\n<p>El semen bull&iacute;a en mis test&iacute;culos, deseoso de desbordarse y emerger de la polla como un geiser. Todo mi ser era ya un volc&aacute;n, magma incandescente a punto de entrar en erupci&oacute;n. Me encontraba a escasos segundos de alcanzar el cl&iacute;max, de correrme en la mano de Est&iacute;baliz y liberar as&iacute; el semen dolorosamente acumulado en mis huevos desde que, esta ma&ntilde;ana, comenzara a fantasear con mi sesi&oacute;n de voyerismo sin sospechar ni por un momento que culminar&iacute;a de esta manera. Entonces, un instante antes de la explosi&oacute;n, la inesperada interrupci&oacute;n de una voz detuvo la mano de Est&iacute;baliz y paraliz&oacute; las m&iacute;as. Y por segunda vez en aquella ma&ntilde;ana, la curva ascendente de mi libido se vio cortada en seco para desplomarse como la gr&aacute;fica de beneficios de la bolsa un viernes negro.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Se puede saber qu&eacute; co&ntilde;o est&aacute;is haciendo?<\/p>\n<p>Mir&eacute; hacia la puerta de la cocina para encontrarme con la casi desnuda figura de Araceli, quieta y erguida bajo el dintel, con sus largas piernas algo separadas, ambos brazos en jarras sobre sus caderas y gesto fiscalizador en el rostro. La &uacute;nica prenda que vest&iacute;a era un apretado culote color celeste, que permit&iacute;a admirar su cuerpo estilizado y atl&eacute;tico, moldeado por el deporte que practicaba a diario en el equipo de voleibol de la universidad. Una anatom&iacute;a de caderas estrechas, hombros anchos y tetas peque&ntilde;as pero erguidas, firmes como piedras que desafiaran la fuerza de la gravedad y culminadas por dos pezones de oscura aureola. Los rasgos de su rostro, hermosos, adquir&iacute;an sin embargo cierto punto andr&oacute;gino por el gesto de seriedad, un punto desafiante, que casi siempre los dominaba; enmarcados por una corta melena te&ntilde;ida en su parte inferior por un rojo radiante.<\/p>\n<p>Todo mi cuerpo se tens&oacute; &ndash;salvo mi polla, que hizo lo contrario&ndash;, aguardando la reacci&oacute;n de Araceli, la cual, lo admito, siempre me hab&iacute;a acojonado un poco por su actitud de destroyer y esa mirada cortante como acero que de vez en cuando lanzaba contra el mundo. M&aacute;s a&uacute;n imaginando el cuadro que conform&aacute;bamos ante sus ojos, con mi polla morcillona en la mano de su novia y la m&iacute;a metida dentro de sus bragas, mientras con la otra le sobaba las tetas. No vi la manera de encajar una excusa del tipo: &ldquo;esto no es lo que parece&rdquo;.<\/p>\n<p>Para mi sorpresa, Est&iacute;baliz no se hab&iacute;a alterado lo m&aacute;s m&iacute;nimo; al contrario, la notaba relajada, casi sonriente, como una ni&ntilde;a a la que hubieran sorprendido cometiendo una peque&ntilde;a travesura sin trascendencia. Por un instante, incluso, cre&iacute; que se iba a limitar a saludar a su compa&ntilde;era y continuar paje&aacute;ndome con esa naturalidad suya con la que afrontaba cualquier situaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Por el contario, se apart&oacute; de m&iacute; y camin&oacute; hacia Araceli con su particular y sensual sinuosidad, sonriendo al serio rictus de su amante.<\/p>\n<p>&ndash;Te he preguntado qu&eacute; est&aacute;is haciendo.<\/p>\n<p>&ndash;Oh, vamos, cari&ntilde;o, no te pongas as&iacute;. Solo est&aacute;bamos jugando.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Que no me ponga as&iacute;! &ndash;su enfado me hizo dar un respingo&ndash; Me dejas sola en la cama dici&eacute;ndome que tienes que ir al ba&ntilde;o, me levanto para ver por qu&eacute; tardas, te pillo aqu&iacute; mont&aacute;ndotelo con nuestro compa&ntilde;ero de piso &ndash;lo pronunci&oacute; casi como un insulto&ndash; y todav&iacute;a tienes el valor de decirme que no me ponga as&iacute;.<\/p>\n<p>&ndash;Araceli, yo&hellip; &ndash;balbuce&eacute; de nuevo en busca de una excusa.<\/p>\n<p>No me dej&oacute; continuar, call&aacute;ndome con una mirada afilada como una hoja de afeitar.<\/p>\n<p>Est&iacute;baliz elev&oacute; la mano y la pos&oacute; sobre su mejilla; Araceli hizo adem&aacute;n de apartar el rostro, pero permiti&oacute; que le acariciara la piel. Obviando el gesto adusto de su amante, Est&iacute;baliz aproxim&oacute; su boca y la bes&oacute;, mientras sus manos se deslizaban por el cuello, los hombros, la cintura y las caderas, para ascender de nuevo a trav&eacute;s del abdomen hasta alcanzar los senos. La persistente actitud de disgusto de Araceli qued&oacute; desmentida por la evidente erecci&oacute;n de sus pezones, los cuales no hab&iacute;a sido capaces de resistirse a la habilidad de los dedos de Est&iacute;baliz.<\/p>\n<p>&ndash;Vamos, tontita &ndash;le dijo&ndash;, sabes que t&uacute; eres la &uacute;nica que me gusta. Solo est&aacute;bamos jugando.<\/p>\n<p>Araceli respondi&oacute; haciendo mohines, pero distendi&oacute; su cuerpo, permitiendo que la mano de Est&iacute;baliz acariciara su pubis hasta posarse sobre el co&ntilde;o, cubierto por la ligera tela del culote. Entonces, Araceli la rode&oacute; con sus largos brazos y se fundieron en un c&aacute;lido abrazo. Ajenas a mi presencia, se fundieron en una marejada de caricias, sobeteos, besos y mordiscos. La mano de una se meti&oacute; dentro de la braga de la otra, y viceversa, paje&aacute;ndose mutuamente, mientras con sus manos libres se magreaban las tetas y se pellizcaban los pezones, entre gemidos y ronroneos. &iexcl;Podr&iacute;a afirmar que cocinaban ante m&iacute; un espectacular bollo!<\/p>\n<p>Gracias a ello, en un instante volv&iacute; a ponerme como una moto. Mi polla, que a&uacute;n colgaba fuera de mis pantalones, se puso ipso facto dura y erecta &ndash;ventajas de la erupci&oacute;n hormonal a flor de piel de la postadolescencia&ndash;, igual que una barra de carne y sangre ansiosa por hallar un orificio donde refugiarse. En aquel momento me habr&iacute;a resultado indiferente que un incendio se hubiese propagado por toda la cocina; ni me habr&iacute;a percatado. Solo ten&iacute;a ojos para ellas; y o&iacute;dos; y piel; y sexo&hellip; Ansiosas, desbocadas, insaciables, se follaban la una a la otra como si no hubiera un ma&ntilde;ana; como si fuera su &uacute;ltimo y descomunal polvo.<\/p>\n<p>Tal era la naturalidad y el desparpajo con que se magreaban, ajenas en apariencia a mi ansiosa presencia &ndash;esta vez sin necesidad de apostarme tras una puerta entreabierta&ndash;, que por un instante imagin&eacute;, fabul&eacute;, dese&eacute; que su desprejuicio fuera, &iexcl;oh dioses!, una invitaci&oacute;n a que participara de aquella demostraci&oacute;n de libido desatada.<\/p>\n<p>&iexcl;Al fin!, gritaba una voz en el interior de mi cabeza, &iexcl;un tr&iacute;o! El deseo, el sue&ntilde;o que me hab&iacute;a ilusionado y, al tiempo, devorado desde que Est&iacute;baliz y Araceli me aceptaran como compa&ntilde;ero de piso. &iquest;Y qui&eacute;n no lo hubiera hecho? Cu&aacute;ntas veces, tanto en las ocasiones en que las hab&iacute;a espiado como en las que solo pod&iacute;a imaginar lo que hac&iacute;an a puerta cerrada, en cu&aacute;ntas ocasiones hab&iacute;a so&ntilde;ado despierto con la idea de que me invitaran a participar en sus interminables maratones sexuales. Evocaba como sus miradas y sus delicadas manos, vol&aacute;tiles como peque&ntilde;as y coquetas aves, me atra&iacute;an hacia ellas como hicieran las sirenas con Ulises, aunque yo no ten&iacute;an intenci&oacute;n alguna, llegado el momento, de atarme a ning&uacute;n m&aacute;stil para &ldquo;salvarme&rdquo; de ser devorado por ellas.<\/p>\n<p>Fantaseaba con que me acog&iacute;an entre sus brazos y permit&iacute;an que mi temblorosa y emocionada piel rozara con las suyas, c&aacute;lidas y vibrantes. Mis manos, t&iacute;midas y a&uacute;n dubitativas, se deslizaban por el arco de sus espaldas siguiendo el surco de sus columnas vertebrales hasta desembocar en la profunda hendidura que formaban sus firmes y jugosas nalgas. Exploraba su c&aacute;lido interior, un estrecho y h&uacute;medo valle hasta alcanzar sus granulados anillos, para introducir en ellos las yemas de mis dedos y estimular los estrechos orificios, arrancando de ambas gemidos similares a maullidos de gatas en celo.<\/p>\n<p>Al tiempo, las manos de ellas se alternaban entre las familiares caricias sobre sus cuerpos &iacute;ntimamente conocidos en m&uacute;ltiples sesiones amatorias, en sucesivas e interminables folladas, y la exploraci&oacute;n de mi paisaje anat&oacute;mico, novedoso, desconocido para ellas. Recorr&iacute;an mi torso, mis hombros, mi espalda; se deslizaban sobre mi abdomen, mi rizado pubis, mis estrechos gl&uacute;teos &ndash;tensos como rocas por la excitaci&oacute;n&ndash;; conflu&iacute;an en mi polla, dura y feliz por la promesa de la catarata de sensaciones y placeres que desencadenar&iacute;an los j&oacute;venes pero experimentados cuerpos de ambas chicas: con sus curvas, recovecos y orificios, con los dedos de sus manos, de sus pies, con sus labios, sus lenguas, sus dientes&hellip; Habr&iacute;a de realizar un sobrehumano esfuerzo de concentraci&oacute;n para contener un explosivo e involuntario orgasmo cuando una y la otra se alternaran para pajearme sin piedad.<\/p>\n<p>A continuaci&oacute;n, cual dos sumisas sacerdotisas postr&aacute;ndose ante una l&uacute;brica deidad para presentar sus exvotos, ambas se arrodillaban ante m&iacute;.<\/p>\n<p>Est&iacute;baliz sujetaba mi polla por el fuste, cerrando sus dedos alrededor de mis test&iacute;culos, para introducirse h&aacute;bilmente el miembro en su boca, rode&aacute;ndome de una indescriptible sensaci&oacute;n de c&aacute;lida humedad, como si mi verga hallara al fin su destino ineludible, el anhelado hogar del que no querr&iacute;a salir jam&aacute;s. Mientras sus labios se deslizaban como un anillo de jugosa carne a lo largo del cipote, Araceli, a mi espalda, posaba sus manos en mis nalgas y las abr&iacute;a con firmeza. Su dedo &iacute;ndice, humedecido por su propia saliva, comenzaba a estimular mi ano, hasta que, alcanzada una dilataci&oacute;n adecuada, se insertaba en mi interior en busca del bulto de mi pr&oacute;stata. La combinaci&oacute;n de sensaciones, con la boca de Est&iacute;baliz acarici&aacute;ndome con su saliva mi polla y el largo, delgado y juguet&oacute;n dedo de Araceli explorando mi esf&iacute;nter, hac&iacute;an que me sintiera lo m&aacute;s cerca del cielo que nunca, probablemente, estar&iacute;a nunca.<\/p>\n<p>El placer creciente, expansivo y magn&eacute;tico invad&iacute;a todo mi interior hasta desbordar mi escasa fuerza de voluntad, rendida ante la concupiscencia de aquellas dos diosas del sexo, provoc&aacute;ndome una convulsa eyaculaci&oacute;n dentro de la boca de Est&iacute;baliz. Oleadas de ondas s&iacute;smicas recorr&iacute;an mi columna cerebral hasta inundar mi extasiado cerebro. Por un instante &ndash;equivalente a una fugaz eternidad&ndash; cre&iacute;a morir, arrastrado hacia un gozoso &eacute;ter que estimulaba una infinidad de pulsiones en todas y cada una de mis terminaciones nerviosas.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s, una vez culminado el mejor orgasmo de mi &ndash;entonces&ndash; corta vida, las acompa&ntilde;aba hasta su habitaci&oacute;n, la cual, en las &uacute;ltimas semanas, se hab&iacute;a convertido en mi particular e inalcanzable nirvana; me tumbaba entre sus desnudos y h&uacute;medos cuerpos sobre las revueltas s&aacute;banas empapadas con el olor de ambas: una mezcla de sudor, fluidos corporales y delicados perfumes. All&iacute;, durante horas, nos dedic&aacute;bamos a satisfacer todos nuestros deseos, nuestros caprichos, nuestros m&aacute;s rec&oacute;nditos anhelos&hellip;<\/p>\n<p>Una maravillosa perspectiva, &iquest;verdad? Imaginaos la escena: los tres formando un bocadillo, un emparedado de carne conmigo entre aquellas deseables anatom&iacute;as. Est&iacute;baliz se tumbaba de espaldas sobre el colch&oacute;n para que yo me colocara sobre ella. Abr&iacute;a los muslos para ofrecerme su co&ntilde;o dilatado, empapado y c&aacute;lido. Yo me pegaba a su pubis, le sujetaba las caderas con ambas manos y, muy despacio, la penetraba, sintiendo como su jugosa cueva acog&iacute;a mi fuste, hasta que sus labios rozaban mis velludos test&iacute;culos. Entonces, Araceli cerraba el bocadillo, pegando sus tetas a mis omoplatos y su pubis a mis gl&uacute;teos, para acompasar el movimiento de sus caderas a mis dulces embestidas contra el co&ntilde;o de su amante.<\/p>\n<p>Sus manos se deslizaban entre nuestros cuerpos, alternando sus caricias entre mis pectorales y las tetas de Est&iacute;baliz, entre la rugosidad de mis huevos y el sedoso pubis de ella. Despu&eacute;s, cuando nuestra follada crec&iacute;a en ritmo e intensidad, Araceli introduc&iacute;a sus manos entre mis nalgas, exploraba mi ano y masajeaba mis test&iacute;culos. Con su propia saliva lubricaba mi esf&iacute;nter, facilitando la penetraci&oacute;n con su dedo coraz&oacute;n. A horcajadas sobre mis cuartos traseros, me sodomizaba con su dedo, con la mano cerrada apoyada sobre su propio pubis mientras empujaba con las caderas, como si literalmente me estuviera follando por detr&aacute;s.<\/p>\n<p>La estimulaci&oacute;n de mi pr&oacute;stata desencadenaba un explosivo orgasmo: un abundante chorro de semen expulsado como un g&eacute;iser inundaba la vagina de Est&iacute;baliz, al tiempo que mis desbocadas embestidas provocaba el propio orgasmo de ella, ahogando mi grave gemido de placer con su desatado grito. A mi espalda, extasiada por el espect&aacute;culo y sin dejar de follar mi culo con su dedo, Araceli se frotaba su empapado co&ntilde;o hasta correrse con un suave y profundo murmullo de satisfacci&oacute;n.<\/p>\n<p>Agotados nuestros estertores y tumbados sobre las s&aacute;banas empapadas, continu&aacute;bamos nuestra sesi&oacute;n, m&aacute;s relajados, con una sucesi&oacute;n de besos y caricias. Una apacible llanura de placer tras la cual afrontar&iacute;amos una nueva escalada, en busca de nuevas cumbres de satisfacci&oacute;n.<\/p>\n<p>S&iacute;, podr&iacute;a haber sido as&iacute;. &iexcl;Deber&iacute;a haber sido as&iacute;! Pero, en vez de ello, Araceli y Est&iacute;baliz, Est&iacute;baliz y Araceli, ellas solas, enroscaron sus cuerpos una contra la otra, ajenas a mi presencia. Como si me hubiesen olvidado por completo. Empuj&aacute;ndose, arrastr&aacute;ndose, lami&eacute;ndose y sob&aacute;ndose, ara&ntilde;&aacute;ndose y golpe&aacute;ndose, atravesaron a trompicones el pasillo, entre gemidos y risitas, entre palabras de amor y procacidades &ndash;&ldquo;Te quiero; te amo; mu&eacute;rdeme; f&oacute;llame&hellip;&rdquo; &ndash; hasta alcanzar al fin la habitaci&oacute;n. Sin siquiera cerrar la puerta, como si yo fuera el intangible recuerdo de un lejano espectro, se tumbaron sobre la cama para continuar foll&aacute;ndose sin descanso.<\/p>\n<p>Yo, alica&iacute;do, derrotado, pero aun sumamente excitado, torturado por los quejidos del sufrido colch&oacute;n y los gemidos de placer de mis compa&ntilde;eras de piso, me refugi&eacute; en el ba&ntilde;o y me masturb&eacute; con una ansiedad casi desesperada, hasta que, a no mucho tardar, mis entra&ntilde;as explotaron en una incontenible eyaculaci&oacute;n que sembr&oacute; de pastosos chorretones la blanca, mojada y no muy limpia loza del lavabo.<\/p>\n<p>Mientras aguardaba a que mi respiraci&oacute;n se calmara y mi coraz&oacute;n decelerara sus desbocados latidos, observ&eacute; las densas gotas de semen desliz&aacute;ndose en direcci&oacute;n a la placa met&aacute;lica que rodeaba el hueco del desag&uuml;e, y no pude evitar tom&aacute;rmelo como una met&aacute;fora de hacia d&oacute;nde avanzaba mi vida sentimental.<\/p>\n<p>&iexcl;Co&ntilde;o! Al final ten&iacute;a que darle la raz&oacute;n a mi madre: &ldquo;tienes que buscarte una novia, hijo&rdquo;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 16<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Sus lenguas se enroscaron como dos carnosas, rosadas y h&uacute;medas serpientes, movi&eacute;ndose y chup&aacute;ndose con frenes&iacute;,&nbsp; hasta enlazarse de manera que casi vulneraba las leyes f&iacute;sicas.&nbsp; Al tiempo, sus cabezas basculaban de un lado a otro, busc&aacute;ndose, bes&aacute;ndose, lami&eacute;ndose y penetrando sus bocas hasta casi atragantarse, cuando las juguetonas puntas rozaron las campanillas. 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