{"id":27965,"date":"2021-02-10T00:00:21","date_gmt":"2021-02-10T00:00:21","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-02-10T00:00:21","modified_gmt":"2021-02-10T00:00:21","slug":"mi-querida-hija","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/mi-querida-hija\/","title":{"rendered":"Mi querida hija"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"27965\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">7<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Vivo en el norte de Espa&ntilde;a en un peque&ntilde;o pueblo de monta&ntilde;a a donde me mud&eacute; hace diez a&ntilde;os. Es un pueblo apartado de la mano de Dios donde vivir tranquilo sin apenas contacto con otros de mi especie. Abandon&eacute; la gran ciudad, mi trabajo y todo lo que conoc&iacute;a despu&eacute;s de mi traum&aacute;tico divorcio. Mi mujer Ana y yo decidimos romper nuestra relaci&oacute;n de dos d&eacute;cadas. Los &uacute;ltimos a&ntilde;os de convivencia fueron terribles; peleas, enfados, gritos y meses sin hablarnos, hasta que nos dimos cuenta que lo nuestro ya se hab&iacute;a caducado hac&iacute;a mucho.<\/p>\n<p>Fruto de nuestro matrimonio nacieron nuestras dos hijas, Carla y Sara. Carla mi hija mayor, es una mujer de veinticinco a&ntilde;os. Con el tiempo se ha convertido en una morenaza despampanante. Su metro setenta, acompa&ntilde;ado por una melena rubia, unos ojazos azules y unos labios rojos y carnosos la hacen convertirse en el delirio de cualquier hombre. Adem&aacute;s, es cari&ntilde;osa y muy lista una mujer m&aacute;s que perfecta. Sara, la peque&ntilde;a, es una mujercita de veinti&uacute;n a&ntilde;os. En lo f&iacute;sico no tiene nada que envidiar a su hermana, aunque sus bellezas son muy distintas. El rostro angelical de la mayor lo contrarresta con su belleza ex&oacute;tica, no supera el metro sesenta, pero sus enormes pechos y su culo m&aacute;s que generoso, han hecho babear a m&aacute;s de uno. Sara al contrario que su hermana siempre ha sido muy insegura, indecisa e introvertida.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de la separaci&oacute;n ambas decidieron quedarse con su madre y aunque yo intent&eacute; de todas las formas posibles seguir vi&eacute;ndolas y teniendo relaci&oacute;n con ellas, poco a poco se fueron alejando de mi por decisi&oacute;n propia. Toda nuestra relaci&oacute;n estos &uacute;ltimos a&ntilde;os se resume, en un par de llamadas telef&oacute;nicas en sus cumplea&ntilde;os y Navidad. Para m&iacute; era muy duro, pues eran mis ni&ntilde;as a las que adoraba, pero no me quedaba otra que aceptar su decisi&oacute;n. Mi &uacute;ltimo cumplea&ntilde;os, el de los 56 lo hab&iacute;a pasado sin recibir ninguna llamada de ellas.<\/p>\n<p>Todo cambi&oacute; hace justo a&ntilde;o y medio. Una tarde de finales del invierno recibo de manera inesperada una llamada de Sara. Me dice que est&aacute; en la estaci&oacute;n de tren del Norte, a unos cien kil&oacute;metros de m&iacute; casa y me pide que vaya a buscarla. Aunque estoy muy sorprendido ya que los ocho a&ntilde;os anteriores apenas hab&iacute;amos hablado m&aacute;s de un par de horas juntando todas las llamadas, acudo raudo a la llamada de ayuda de mi ni&ntilde;ita.<\/p>\n<p>Cuando llegu&eacute; a la estaci&oacute;n Sara estaba sentada en un banco de madera con la cabeza entre las manos y una mochila entre las piernas. Me acerqu&eacute; a ella corriendo y sin dejar que apenas se levantase la abrac&eacute; con fuerza. Not&eacute; en su rostro que no se sent&iacute;a c&oacute;moda con aquel abrazo as&iacute; que me separ&eacute; de ella y le ped&iacute; disculpas por m&iacute; efusividad desmedida. Fuimos en silencio hasta el coche y la hora y media de vuelta a casa tampoco nos dijimos nada importante. No ten&iacute;a que ser un genio para saber que aquella no era una visita de cortes&iacute;a, que no estaba all&iacute; para verme, su actitud me dejaba claro que yo era su &uacute;nica opci&oacute;n en aquel momento.<\/p>\n<p>Las semanas siguientes las pas&oacute; en la habitaci&oacute;n que hab&iacute;amos medio acondicionado para ella, sal&iacute;a a las horas de la comida y un ratito por las tardes para tomar el sol en el porche cuando no llov&iacute;a. Decid&iacute; darle espacio, con la intenci&oacute;n de que poco a poco se fuera abriendo y me contase porque estaba aqu&iacute; y sobre todo que le pasaba.<\/p>\n<p>Aunque no hab&iacute;a mucha conversaci&oacute;n entre nosotros pude observar que la ni&ntilde;a que se hab&iacute;a quedado en la capital se hab&iacute;a convertido en toda una mujercita. No pod&iacute;a dejar de mirarla cuando se paseaba por la casa tan s&oacute;lo con una camiseta que apenas tapaba sus bragas. Era mi hija s&iacute;, pero tambi&eacute;n era una mujer con un cuerpo despampanante. Habl&eacute; con su madre varias veces, ella estaba tan preocupada c&oacute;mo yo por su comportamiento, aunque no quiso decirme las razones de su huida, &ldquo;tiene que ser ella quien te lo cuente&rdquo; fue su contestaci&oacute;n ante mi insistencia.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Hoy voy a visitar a algunas personas del pueblo, me acompa&ntilde;as? &ndash;Ya la primavera hab&iacute;a avanzado y necesitaba que Sara comenzase a cambiar su actitud. Esconderse no era la soluci&oacute;n. Me mir&oacute; sorprendida unos segundos y afirm&oacute; con la cabeza.<\/p>\n<p>Salimos ambos de la casa a media ma&ntilde;ana, el sol en lo alto hac&iacute;a que la temperatura resultase muy agradable. Por primera vez en aquellos m&aacute;s de dos meses, Sara me fue preguntado por mi vida en el pueblo, que hac&iacute;a all&iacute; y cosas de las pocas personas que nos encontramos. Le sorprendi&oacute; saber que en aquel pueblo yo era el m&aacute;s joven con diferencia, que los once vecinos restantes superaban los setenta con mucho, que apenas sal&iacute;an del pueblo una o dos veces al a&ntilde;o y que yo era su &uacute;nica comunicaci&oacute;n con la ciudad durante el invierno. Mientras com&iacute;amos no par&oacute; de mirarme:<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Tengo algo raro en la cara? &mdash;le dije sonriendo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Eres feliz aqu&iacute;?<\/p>\n<p>&mdash;Si hija, claro. Mucho m&aacute;s que en la ciudad. &iquest;Por qu&eacute; lo preguntas?<\/p>\n<p>&mdash;Cu&aacute;ndo te separaste de mam&aacute; viniste a aqu&iacute; y aunque ella se cans&oacute; de decir que en un a&ntilde;o volver&iacute;as, nunca lo hiciste. Por eso me imagin&eacute; que aqu&iacute; habr&iacute;as encontrado algo o alguien que te hac&iacute;a feliz. Hasta hoy no sab&iacute;a que pod&iacute;a ser eso, pens&eacute; que igual me hab&iacute;a equivocado y que no serias tan feliz como yo me cre&iacute;a. Que te habr&iacute;as resignado como piensa mam&aacute;. Hoy lo he entendido cuando vi tu cara al pasear, cuando hablabas con esa gente. Esto te hace feliz.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te hace feliz a ti estar aqu&iacute;?<\/p>\n<p>&mdash;Si claro &mdash;sigui&oacute; diciendo ella&mdash; me gusta estar contigo, pero no s&eacute; si yo encuentre aqu&iacute; lo que busco.<\/p>\n<p>&mdash;Y qu&eacute; es?<\/p>\n<p>&mdash;A&uacute;n no lo s&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Si puedo ayudarte, me gustar&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;Ya me ayudas dej&aacute;ndome espacio y no agobi&aacute;ndome como mam&aacute;.<\/p>\n<p>Las siguientes semanas salimos a pasear todos los d&iacute;as, ella era la que me ped&iacute;a hacerlo, aunque el tiempo no fuese bueno. Largos paseos por el monte donde se iba abriendo cada d&iacute;a m&aacute;s e iba sabiendo cosas de su vida. Nos acost&aacute;bamos a la sombra de alg&uacute;n &aacute;rbol durante las horas de calor de julio, Sara apoyaba su cabeza en mi vientre y yo pasaba mi brazo por su pecho mientras diger&iacute;a toda la informaci&oacute;n que me daba. Lo cierto es que la chica fr&iacute;a y distante que hab&iacute;a recogido en la estaci&oacute;n poco ten&iacute;a que ver con aquella que estaba all&iacute; conmigo. Se re&iacute;a mucho, hablaba sin parar y cualquier cosa le val&iacute;a para correr, saltar o crear un juego para retarme. Quien llega antes a aquel &aacute;rbol, quien tira la piedra m&aacute;s lejos, quien come m&aacute;s r&aacute;pido y as&iacute; un largo etc&hellip;<\/p>\n<p>Aquel primer d&iacute;a de agosto fue la primera vez que vi a mi hija como una mujer, no como la ni&ntilde;a con la que hab&iacute;a convivido hasta los once a&ntilde;os. Salimos a pasear como cada ma&ntilde;ana y una ca&iacute;da m&iacute;a, el d&iacute;a anterior en uno de los juegos, era el tema de conversaci&oacute;n y las risas. Aquel d&iacute;a decidimos explorar todo el d&iacute;a y no ir a sitios que yo hab&iacute;a visitado de antemano. Caminamos mucho rato por unos senderos estrechos y empinados hasta que llegamos a un riachuelo bastante caudaloso que discurr&iacute;a con agua clara y a gran velocidad. Lo seguimos hasta que el riachuelo se convirti&oacute; en un r&iacute;o mucho m&aacute;s ancho y con grandes pozos de agua. Est&aacute;bamos cansados el sol junto con el bochorno del mediod&iacute;a nos hab&iacute;an empapado de sudor, ambos nos despatarramos a la sombra en una gran losa de piedra a la orilla del r&iacute;o:<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no nos damos un ba&ntilde;o? &mdash;Sugiri&oacute; Sara se&ntilde;alando el pozo de agua que ten&iacute;amos enfrente&mdash; creo que ah&iacute; casi nos cubre.<\/p>\n<p>&mdash;No s&eacute; hija, seguro que est&aacute; congelada adem&aacute;s no tenemos ba&ntilde;ador.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; m&aacute;s da! Hace mucho calor, estamos muy sudados, un ba&ntilde;o nos dar&aacute; la vida.<\/p>\n<p>A&uacute;n est&aacute;bamos debatiendo si ba&ntilde;arnos o no cuando Sara se quit&oacute; la camiseta y el pantal&oacute;n corto que llevaba. Cuando vi su sujetador negro aprisionando con fuerza aquellos dos pechos y su tanga de hilo que se perd&iacute;a entre sus nalgas, mi polla se endureci&oacute; como una piedra. Intent&eacute; que no fuera as&iacute;, no quer&iacute;a que mi hija notase que yo me hab&iacute;a puesto duro al verla medio desnuda, pero era imposible. Aquellas m&aacute;s que generosas tetas, el redondito culo y el cuerpo de esc&aacute;ndalo que los acompa&ntilde;aban nublaban el juicio de cualquiera. Se meti&oacute; al agua despacio:<\/p>\n<p>&mdash;Est&aacute; helada &mdash;dijo gir&aacute;ndose hac&iacute;a m&iacute;.<\/p>\n<p>Mis ojos se posaron en sus gruesos pezones que intentaban agujerear el sujetador, a lo que mi polla respondi&oacute; con dos latigazos que me hicieron doblar las piernas. Me qued&eacute; en b&oacute;xer lo m&aacute;s r&aacute;pido que pude con la certeza que el agua fr&iacute;a ayudar&iacute;a a bajar mi dureza. Y ayudo el agua casi polar, un tiempo al menos. Todo volvi&oacute; a ser como al principio cuando Sara empez&oacute; con sus juegos. Se colgaba en mi espalda, en mi pecho, me empujaba o intentaba meterme la cabeza bajo el agua. Yo solo sent&iacute;a sus pezones rozando mi cuerpo o su culo frotar mi polla.<\/p>\n<p>Perd&iacute; la cabeza, dej&eacute; de ser consciente de quienes &eacute;ramos y comenc&eacute; a jugar tambi&eacute;n. No de la misma forma que ella, claro. Buscaba la manera de tocarla de apretarla contra m&iacute;. Meter mi mano en su sujetador con el pretexto de sujetarla para que no se cayera, as&iacute; aprovechaba para sobar sus tetas a placer. La sub&iacute;a en el aire y al bajarla muy despacio pasaba sus tetas por mi boca. Met&iacute;a mi mano en su tanga intentando tocar todo lo que pudiese, tuve entre mi mano varias veces su vello p&uacute;bico y roce con los dedos su vagina otras tantas veces. Frot&eacute; mi polla con su culo tanto como pude, dej&eacute; que mi b&oacute;xer se bajara hasta que mi polla qued&oacute; libre para meterla entre sus nalgas, la frote con fuerza entre su culo y su vagina estuve as&iacute; hasta que not&eacute; como me corr&iacute;a de manera inevitable. Apret&eacute; con fuerza su espalda contra mi pecho mientras la leche brotaba con fuerza de mi polla, disimul&eacute; como pude. Aquellos segundos de placer y miedo fueron los m&aacute;s intensos de mi vida, hasta aquel momento.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de eso salimos del agua, yo iba acojonado. &iquest;Qu&eacute; iba a decirle a mi hija si se hab&iacute;a dado cuenta de lo que hab&iacute;a pasado? Era probable que s&iacute;, mi polla estaba entre sus nalgas literalmente cuando me corr&iacute;a, as&iacute; que tuvo que sentir mi leche caliente en su culo, era imposible que no se diera cuenta. &iquest;Qu&eacute; pod&iacute;a hacer?<\/p>\n<p>Todo mi miedo pas&oacute; nada m&aacute;s salir del agua, para m&iacute; suerte todo fue de lo m&aacute;s normal. Hablamos al sol mientras nos secamos como si nada hubiese pasado y nuestra vuelta a casa fue igual de amena como lo era cada d&iacute;a. &iquest;Pod&iacute;a ser que mi hija no se diera cuenta y para ella solo fuera un juego? Parec&iacute;a que s&iacute;.<\/p>\n<p>Aquella noche me jur&eacute; mientras me acostaba que no volver&iacute;a a pasar aquello. Todo hab&iacute;a salido bien, me hab&iacute;a gustado mucho, demasiado, pero no iba a tentar a la suerte. Sara quiso volver al r&iacute;o en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n los d&iacute;as siguientes, pero yo siempre puse disculpas y no fuimos. Entonces lleg&oacute; mi cumplea&ntilde;os, hicimos una tarta entre los dos, algunos dulces m&aacute;s y a media tarde comenzamos a celebrar una peque&ntilde;a fiesta con nuestros vecinos. Llevaba a&ntilde;os sin soplar velas y sin una fiesta, as&iacute; que me hizo ilusi&oacute;n celebrarlo sobre todo con mi hija. Cuando el sol se puso todos volvieron a sus casas, Sara y yo nos quedamos solos.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Sigues teniendo cartas de p&oacute;quer? &mdash;me pregunt&oacute; Sara tirada sobre el sof&aacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Pues claro &mdash;cog&iacute; la baraja que guardaba en un caj&oacute;n de la cocina&mdash; siempre tengo una. &mdash;Ambos sonre&iacute;mos.<\/p>\n<p>&mdash;Recuerdo cuando jug&aacute;bamos los cuatro, mama, Carla, t&uacute; y yo &mdash;dijo Sara&mdash; y los caramelos que os gan&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Que te dej&eacute; ganar! &mdash;ambos nos re&iacute;mos.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Que nos jugamos hoy? Caramelos no &mdash;sugiri&oacute; ella&mdash; ya se, &iquest;qu&eacute; te parece un Strip-p&oacute;ker?<\/p>\n<p>En aquel momento yo ten&iacute;a que decir que no, sab&iacute;a c&oacute;mo hab&iacute;a acabado la cosa en el r&iacute;o d&iacute;as atr&aacute;s y volver a verla medio desnuda no me iba a ayudar a cumplir mi promesa. Mi parte sensata del cerebro me dec&iacute;a un rotundo no al juego, pero mis neuronas regadas por los chupitos de wiski dejaron que mi boca dijera s&iacute;. Sara aplaudi&oacute; con entusiasmo mi aprobaci&oacute;n mientras dec&iacute;a las reglas en alto. El juego no acaba hasta que uno de los dos se desnude del todo, el primero que quede en bolas pierde y tiene que hacer el reto que le pida el ganador. Acept&eacute; sin m&aacute;s deseando ver c&oacute;mo mi hija se desnudaba, perd&iacute; las dos primeras manos. En la s&eacute;ptima mano solo me quedaba el pantal&oacute;n y el b&oacute;xer, Carla solo hab&iacute;a perdido sus calcetines y zapatos.<\/p>\n<p>Las cartas me acompa&ntilde;aron las siguientes dos manos, un full y un p&oacute;quer de reinas dejaron a Carla en sujetador y tanga. Para m&iacute; desgracia el sujetador rosa y el tanga del mismo color transparentaban sus lindos pechos y su vello p&uacute;bico, a lo que mi polla volvi&oacute; a responder con dos latigazos hasta ponerse dura como una piedra. En la siguiente mano me qued&eacute; sin pantal&oacute;n y mi erecci&oacute;n ya era imposible de disimular, intentaba mirar las cartas, el suelo o la pared, pero mis ojos iban por libre y se posaban en sus rosados pezones o la marcada raja de su entrepierna. Sus bailes cada vez que ganaba una mano tampoco ayudaban mucho a dejar de mirarla.<\/p>\n<p>No quer&iacute;a ganar si se quitaba algo m&aacute;s pod&iacute;a perder la cabeza. Me qued&eacute; solo con una pareja para terminar con aquella tortura, pero ella no ten&iacute;a nada y se quit&oacute; el sujetador sin apenas tiempo de reaccionar para m&iacute;. Sus preciosos pechos se quedaron bailando ante mis ojos, quer&iacute;a meterlos en la boca, chuparlos con fuerza, morder aquellos pezones rosados, sobarlos y tocarlos. Me contuve no sin esfuerzo, manteniendo la poca cordura que me quedaba. La &uacute;ltima mano fue parip&eacute;, yo no lograba mirar las cartas, cuando lo hac&iacute;a s&oacute;lo ve&iacute;a tetas dibujadas as&iacute; que ella gan&oacute;. Salto de alegr&iacute;a mientras yo negaba con la cabeza, si me quitaba el b&oacute;xer iba a mirar mi tremenda erecci&oacute;n, no es que no la notase ya, pero ahora la ver&iacute;a ante sus ojos e incluso mi polla goteando &iquest;Que iba a decir?<\/p>\n<p>&mdash;Mejor lo dejamos as&iacute; &mdash;suger&iacute; yo.<\/p>\n<p>Estuvo pensando un ratito antes de hablar:<\/p>\n<p>&mdash;Vale, no te los quites. Pero tienes que aceptar el reto.<\/p>\n<p>&mdash;De acuerdo &mdash;dije sin pensar.<\/p>\n<p>&mdash;Ma&ntilde;ana vamos al r&iacute;o.<\/p>\n<p>Al d&iacute;a siguiente volvimos al r&iacute;o otra vez como yo hab&iacute;a prometido. Ese d&iacute;a ambos llev&aacute;bamos traje de ba&ntilde;o, lo cual hac&iacute;a la cosa un pel&iacute;n m&aacute;s f&aacute;cil, aunque para mi desgracia yo no lograba quitarme de la cabeza todo lo sucedido la noche anterior o lo que pasara d&iacute;as antes en aquel mismo sitio.<\/p>\n<p>Todo comenz&oacute; de la misma manera que la otra vez, Sara se fue primero al agua y yo la segu&iacute; no sin recelo. Los juegos comenzaron nada m&aacute;s mojarnos, y tambi&eacute;n comenzaron los problemas para m&iacute;. Volvieron los roces, mis dedos en su vagina, mis manos y mi boca en sus tetas, mi polla contra su culo. Para empeorar las cosas el enganche del sujetador de su bikini no soport&oacute; tanta fricci&oacute;n y sali&oacute; por los aires dejando sus tetas desnudas enfrente de mis ojos. Le lam&iacute; un pecho mientras ella re&iacute;a como una loca, le mord&iacute; los pezones, ella se re&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s. Intent&oacute; quitarme mi ba&ntilde;ador unas cuantas veces, creyendo que fuera yo y no la casualidad qui&eacute;n hab&iacute;a roto el suyo. Su mano acarici&oacute; mi polla por casualidad varias veces y entonces mi cabeza se perdi&oacute;. Sara levant&oacute; triunfal mi ba&ntilde;ador al aire cuando me lo quit&oacute;, no pens&oacute; que yo hab&iacute;a colaborado y mucho para que ella lo consiguiese.<\/p>\n<p>Quer&iacute;a tener mi polla libre para poder frotarla en su culo. La levant&eacute; en el aire apret&aacute;ndola fuerte contra m&iacute; para que la parte inferior de su bikini se fuera bajando, al segundo empuj&oacute;n cedi&oacute;. C&oacute;mo me hab&iacute;a hecho ella se lo quit&eacute; y dej&eacute; que nuestros cuerpos desnudos se rozasen. Fue la primera vez que vi duda en sus ojos, pero yo no pod&iacute;a parar. Comenc&eacute; a hacerle cosquillas para distraerla de nuevo y otra vez volvieron las risas y los roces de ambos cuerpos desnudos se hicieron m&aacute;s intensos. Mi polla volvi&oacute; a alojarse entre sus nalgas mientras yo le pellizcaba el vientre, se dobl&oacute; hacia adelante en un acto involuntario y por vez primera mi polla qued&oacute; en la entrada de su vagina.<\/p>\n<p>Sara dio un paso hacia adelante cuando la sinti&oacute; en su agujero para separarse de m&iacute;. Deber&iacute;a parar aquello, pero no pod&iacute;a. Hac&iacute;a mucho rato que hab&iacute;a pasado el punto de cordura. Volv&iacute; a ponerla frente a m&iacute; y la levante lo m&aacute;s arriba que pude hasta que su co&ntilde;o qued&oacute; a la altura de mi pecho y mi boca. Ten&iacute;a delante por primera vez aquel co&ntilde;o con una delicada mata de pelo morenita y unos labios gruesos, era precioso. Hice un esfuerzo para mantenerla en el aire mientras mi lengua se paseaba por su raja. Mir&eacute; hacia arriba para ver su rostro, Sara ya no se re&iacute;a. Se hab&iacute;a dado cuenta de lo que estaba pasando y la duda ba&ntilde;aba su rostro. Le lam&iacute; el co&ntilde;o unas cuantas veces, mientras mis brazos resistieron, me puse en su espalda de nuevo y volv&iacute; a pellizcar su vientre.<\/p>\n<p>Ahora ya no jugaba, yo hab&iacute;a perdido la cordura, ahora iba a met&eacute;rsela fuese como fuese. Se dobl&oacute; como yo esperaba ante mis pellizcos y mi polla volvi&oacute; a la entrada de su vagina, forc&eacute; un poco y la cabeza entr&oacute; poco a poco hasta que toda mi polla se aloj&oacute; en su vagina. Ella arqueo la espalda con mi segunda envestida momento que aprovech&eacute; para meterla toda. Cuando mis huevos tocaron su culo unas cuantas veces, ella solt&oacute; un suspiro entre placer y miedo. La saqu&eacute; un poco y comenc&eacute; las embestidas m&aacute;s fuertes, cada vez m&aacute;s y m&aacute;s fuerte, cada vez le calcaba m&aacute;s la espalda sin importarme lo que pasase por su cabeza, con cada golpe mi polla entraba m&aacute;s y m&aacute;s.<\/p>\n<p>No dej&eacute; que se moviera, aunque lo intent&oacute; un par de veces. Entonces sent&iacute; los calambres en las piernas, como la polla se pon&iacute;a m&aacute;s dura y crec&iacute;a dentro del co&ntilde;o de mi hija, la espalda r&iacute;gida me anunci&oacute; la inminente corrida.<\/p>\n<p>Me corr&iacute;. Me corr&iacute; dentro de ella como nunca en la vida lo hab&iacute;a hecho antes, me apoy&eacute; en su espalda para no caerme mientras la leche sal&iacute;a de mi polla sin parar, fueron unos segundos de placer interminables.<\/p>\n<p>Mientras recobraba el aliento, Sara sali&oacute; del agua y se dej&oacute; caer desnuda en la losa de piedra. &iquest;Qu&eacute; iba a decirle? No me quedaba otra que afrontar lo que viniese.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>7 Vivo en el norte de Espa&ntilde;a en un peque&ntilde;o pueblo de monta&ntilde;a a donde me mud&eacute; hace diez a&ntilde;os. Es un pueblo apartado de la mano de Dios donde vivir tranquilo sin apenas contacto con otros de mi especie. 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