{"id":28180,"date":"2021-02-24T23:00:00","date_gmt":"2021-02-24T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-02-24T23:00:00","modified_gmt":"2021-02-24T23:00:00","slug":"el-celular-de-alexia-cap-1-el-visitante-nocturno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-celular-de-alexia-cap-1-el-visitante-nocturno\/","title":{"rendered":"El celular de Alexia (Cap. 1): El visitante nocturno"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"28180\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">2<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Una de la madrugada. En el barrio impera un silencio casi un&aacute;nime. S&oacute;lo lo rompe algunos gatos alzados que ma&uacute;llan y ronronean sobre los tejados de alg&uacute;n chalet de este rinc&oacute;n de Buenos Aires, y alg&uacute;n que otro veh&iacute;culo que se desliza suave por la calle.<\/p>\n<p>El intruso abre la puerta trasera de mi casa. Lo hace lentamente, intentando que la cerradura, al girar, no haga m&aacute;s ruido del estrictamente necesario. Se encuentra con la cocina a oscuras. Saca de su mochila una peque&ntilde;a linterna y la enciende. Aguza los o&iacute;dos. No oye nada, salvo el motor de la heladera vieja que vibra en una esquina.<\/p>\n<p>Gui&aacute;ndose por el delgado pero potente haz de luz, atraviesa la cocina y se mete en la sala de estar. No ve nada que le llame la atenci&oacute;n. M&aacute;s adelante hay una escalera de madera. Sube por ella. Los escalones, inevitablemente, emiten un murmullo quebradizo cuando reciben su peso. Aun as&iacute;, el intruso hace lo posible para disminuir esos sonidos. El coraz&oacute;n le palpita aceleradamente, y siente una gota de transpiraci&oacute;n que nace de su frente, y se desliza unos cent&iacute;metros para terminar mojando la tela del antifaz negro que lleva puesto.<\/p>\n<p>S&iacute;, el intruso usa un antifaz, al mejor estilo de el zorro. Nada de capuchas ni pasamonta&ntilde;as. Es de color negro, al igual que toda su ropa &mdash;Pantal&oacute;n chup&iacute;n elastizado, remera mangas largas ajustada, zapatillas deportivas&mdash;, y le cubre desde unos cent&iacute;metros por encima de las cejas, hasta la nariz, la cual queda s&oacute;lo con las ventanillas a la vista.<\/p>\n<p>El intruso vislumbra la puerta de la habitaci&oacute;n principal. Apoya la cabeza sobre ella. Intenta percibir si del interior sale el m&aacute;s m&iacute;nimo ruido. Nada.<\/p>\n<p>Abre la puerta. Es una puerta nueva que fue colocada hace poco tiempo, por lo que sus bisagras apenas chirr&iacute;an. El intruso apunta la linterna y enseguida encuentra la cama. En ella duerme mi mujer, Alexia, apacible y solitaria.<\/p>\n<p>El visitante nocturno se queda observ&aacute;ndola largos segundos. Los labios finos de Alexia se abren y cierran levemente al ritmo de su respiraci&oacute;n. Sus p&oacute;mulos afilados brillan. Es un rostro bello y joven. La piel clara, heredada de sus ancestros suecos, pero las facciones m&aacute;s parecidas a la de su abuela del sur de Italia. Debajo de esos p&aacute;rpados cerrados, el intruso adivina grandes y expresivos ojos. Las pesta&ntilde;as largas arqueadas anuncian una mirada sensual y provocadora.<\/p>\n<p>El intruso se acerca. Se pregunta si de verdad est&aacute; durmiendo. Agarra el acolchado y la s&aacute;bana que la cubren. Tira de ellos, lentamente, y los hace a un lado. Ahora puede ver mejor a mi mujer. Su pijama es un sexy camis&oacute;n blanco, con un escote incitante. El cuerpo es delgado. Sus curvas est&aacute;n entre la sutileza y la voluptuosidad. El visitante nocturno huele el aire que rodea el cuerpo dormido de Alexia. Siente el rico perfume que se pone debajo de las orejas, el olor fresco de la crema que le da un aspecto luminoso a su rostro, y percibe el dulce perfume de ropa del camis&oacute;n.<\/p>\n<p>Ella aspira y exhala, y su torso se infla y desinfla al hacerlo. Sus pechos, firmes y lo suficientemente grandes como para ser admirados, se encuentran sin corpi&ntilde;o. Al intruso se le hace agua la boca, cuando nota el pez&oacute;n puntiagudo marcarse sobre la fina tela del camis&oacute;n. La prenda es adem&aacute;s muy corta. Los muslos est&aacute;n a la vista. Las piernas torneadas son ejercitadas todos los d&iacute;as con cuarenta y cinco minutos de trote, y ahora el intruso se deleita observando el exquisito resultado de la f&eacute;rrea disciplina de mi mujer.<\/p>\n<p>No puede evitar hacerse una pregunta. Si no lleva corpi&ntilde;o &iquest;Llevar&aacute; bombacha?<\/p>\n<p>El sensual pijama s&oacute;lo deja ver oscuridad entre las piernas de Alexia. Pero si la tela se corriera apenas unos cent&iacute;metros hacia arriba, la pregunta del intruso quedar&iacute;a respondida.<\/p>\n<p>El hombre, sin pens&aacute;rselo mucho, estira la mano. Agarra la tela, asegur&aacute;ndose de no tocar su piel mientras lo hace. No saca la vista del rostro de mi mujer. Debe estar preparado si ella se despierta de improviso.<\/p>\n<p>Comienza a correr la tela. Los muslos quedan cada vez m&aacute;s expuestos. Mi mujer se remueve en la cama. El visitante nocturno frena su acto imp&uacute;dico. Espera la reacci&oacute;n de alexia. Pero se trataba de una falsa alarma, un simple cambio de posici&oacute;n. As&iacute; que sigue. Ve un lunar delicioso en una zona muy cercana al sexo. S&oacute;lo un poco m&aacute;s. El camis&oacute;n sube lo suficiente como para comprobar qu&eacute; hay en la pelvis de mi esposa. El intruso descubre que s&iacute; llevaba prenda interior, pero lejos de decepcionarse, se regocija al ver la hermosa tanga blanca de encaje que la cubre. Puede notar tambi&eacute;n, entre los tejidos de la prenda, que Alexia se encuentra completamente depilada.<\/p>\n<p>El intruso la observa durante un rato. Recorre el haz de luz a lo largo del cuerpo de Alexia, evitando apuntar a sus ojos, para que no despierte. Ahora apoya una mano en el muslo derecho de mi mujer. Ella ni se inmuta, a&uacute;n aferrada a los brazos de Morfeo. Los dedos se deslizan sobre la piel tersa. El visitante nocturno se encuentra erecto. El ce&ntilde;ido pantal&oacute;n que viste expone su miembro erguido y duro. Siente un dolor placentero debido a esa presi&oacute;n.<\/p>\n<p>Deja la linterna sobre la cama, de manera que ilumine el cuerpo de mi esposa.<\/p>\n<p>Con la mano ahora libre, va a sus pechos. M&aacute;s concretamente a uno de los pezones. Hace movimientos circulares sobre ellos. Le da la sensaci&oacute;n de que se endurecen a&uacute;n m&aacute;s y que los senos se hinchan mientras los toca. La otra mano sube, despacito, pero sin pausa. Se encuentra con la tela triangular de la tanga. La toca apenas. Los dedos bajan, acarician los labios vaginales por encima de la tela. El intruso cree notar que mi mujer se encuentra h&uacute;meda. La idea lo excita sobremanera. Sin darse cuenta, presiona m&aacute;s de la cuenta el pez&oacute;n.<\/p>\n<p>Entonces Alexia abre los ojos.<\/p>\n<p>Primero se la ve confundida. Luego una expresi&oacute;n de miedo atraviesa su cara. El intruso apoya su mano sobre el rostro de mi mujer. La palma cubre la boca y los dedos se cierran como garras.<\/p>\n<p>&mdash; Si lleg&aacute;s a gritar, te mato &mdash;amenaza el intruso, aunque no tiene arma a la vista. No obstante, su atuendo oscuro, su voz rasposa, y su determinaci&oacute;n, parecieron suficientes para que Alexia obedeciera.<\/p>\n<p>&mdash; Por favor, no me lastime, hago lo que quiera, pero no me lastime &mdash;suplica mi esposa.<\/p>\n<p>&mdash; Perfecto, me gusta su actitud se&ntilde;orita. Por ahora lo &uacute;nico que quiero es que se mantenga en silencio y sin moverse. No hable ni haga nada, salvo que yo se lo diga.<\/p>\n<p>Mi mujer asiente con la cabeza. Sus ojos verdes est&aacute;n desmesuradamente abiertos, pero no reflejan el pavor que deber&iacute;a tener.<\/p>\n<p>El intruso se deshace de la mochila que colgaba de su hombro. Se quita las zapatillas y se baja el pantal&oacute;n. La erecci&oacute;n es total, la verga esta firme como un soldado, colorada y venosa. Aprieta el interruptor de la luz, y la habitaci&oacute;n de ilumina.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Qu&eacute; me va a hacer? &mdash;pregunta Alexia&mdash;. Puede llevarse lo que quiera, no es necesario que me haga nada.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Por qui&eacute;n me toma? No soy un ladr&oacute;n &mdash;dice el visitante nocturno. Se sube a la cama. Extiende su cuerpo encima del de mi mujer&mdash;. Tranquila, si se comporta obedientemente, no sufrir&aacute; ning&uacute;n da&ntilde;o.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Me lo promete?<\/p>\n<p>&mdash; Se lo aseguro. Ahora, silencio.<\/p>\n<p>El intruso sube un poco m&aacute;s el camis&oacute;n de Alexia, y ahora ella queda desde la cintura hacia abajo, s&oacute;lo cubierta con la tanguita blanca. &Eacute;l agarra de la tela que est&aacute; en contacto con la vulva y tironea de ella. La pelvis suave, completamente libre de vello va quedando a la vista. El intruso disfruta del silencio de mi mujer. Del silencio y de su sumisi&oacute;n. Ahora el sexo va asomando. Los labios vaginales tienen mucha piel, y el orificio tiene un color entre rojizo y rosado, que resulta hermoso. El visitante nocturno arrima su rostro entre las piernas de Alexia, y huele como si fuera un perro. Satisfecho al descubrir el aroma a sexo, lo lame. Alexia gime. Sus manos est&aacute;n aferradas a la s&aacute;bana que cubre el colch&oacute;n, y cuando siente la lengua frotarse con el cl&iacute;toris, los dedos se cierras como tenazas. Alexia gime.<\/p>\n<p>&mdash; Es toda una puta se&ntilde;orita; su marido debe ser un verdadero cornudo.<\/p>\n<p>Mi esposa no se molesta en defenderme. El intruso sigue comi&eacute;ndole la entrepierna. Alexia gime, y su cara refleja el gozo que le genera esa situaci&oacute;n humillante. El intruso frena su labor lingual. Ahora acaricia a Alexia, desde la cintura, y va subiendo, lenta y sensualmente. Las manos llegan a sus pechos, y ah&iacute; se detienen. Los masajea con fruici&oacute;n. Aprieta sus pezones, y mi mujer se muerde los labios al sentir la presi&oacute;n.<\/p>\n<p>El visitante nocturno se dispone a penetrarla. No se molesta en usar preservativo. Su miembro no es ni grande ni chico. Su tama&ntilde;o es suficiente como para no sucumbir ante la inseguridad, como lo hacen tantos hombres. La penetra. Alexia cierra la boca, aprieta los dientes. Aunque quiz&aacute;s ya es tarde, parece querer reprimir los gemidos. Pero ante la segunda penetraci&oacute;n, m&aacute;s profunda y contundente, ya no puede seguir con su mentira. Sus labios se abren, sus ojos destellan lujuria, la garganta suelta el gemido, y es mucho m&aacute;s fuerte que los anteriores.<\/p>\n<p>&mdash; Te gusta &iquest;Eh putita? &mdash;dice el intruso. Mi mujer asiente con la cabeza al tiempo que suelta m&aacute;s y m&aacute;s gemidos a medida que ese hombre oscuro la penetra.<\/p>\n<p>Alexia se aferra a los hombros de su violador. Se abraza a &eacute;l, y besa con pasi&oacute;n su cuello. &Eacute;l larga un aullido de placer. Su orgasmo es inminente. Sin embargo, Alexia le gana de mano. Mi mujer se retuerce en los brazos del visitante nocturno. Larga un grito de satisfacci&oacute;n, y los gatos de los tejados le responden con maullidos. Sus piernas se cierran alrededor del intruso al tiempo que ella hace sensuales movimientos p&eacute;lvicos mientras su sexo mana fluidos que van a impregnarse a la verga invasora.<\/p>\n<p>Quedan abrazados, agitados, la respiraci&oacute;n entrecortada es un susurro en los o&iacute;dos del otro. La verga ya fl&aacute;ccida sigue adentro de Alexia. Ambos sexos empapados de los fluidos del otro.<\/p>\n<p>El intruso se hace a un costado. Agarra varios papeles de cocina que est&aacute;n sobre la mesa de luz, y le entrega otros tantos a mi mujer.<\/p>\n<p>Se quita el antifaz. Miro a Alexia. Parece contrariada, tiene una sonrisa traviesa que sin embargo parece forzada.<\/p>\n<p>&mdash; Estuvo bien &iquest;No? &mdash; dije, rompiendo el hielo.<\/p>\n<p>&mdash; S&iacute;, a m&iacute; me gust&oacute; &mdash;contest&oacute; ella.<\/p>\n<p>Desde hac&iacute;a cinco a&ntilde;os que &eacute;ramos marido y mujer; desde hac&iacute;a ocho que hab&iacute;amos comenzado nuestra relaci&oacute;n amorosa; y desde hac&iacute;a diez que nos conoc&iacute;amos. En su momento nos jact&aacute;bamos de saber exactamente lo que el otro pensaba, como si fu&eacute;semos pr&aacute;cticamente la misma persona. Esa conexi&oacute;n sobrenatural se fue perdiendo de a poco, v&iacute;ctima de la madurez y la necesidad de un espacio propio, absolutamente necesarias en una relaci&oacute;n duradera. Pero no necesitaba leer su mente para saber que su respuesta no era del todo sincera.<\/p>\n<p>&mdash; Qu&eacute; fue lo que no te gust&oacute; &mdash;pregunt&eacute; sin dar m&aacute;s vueltas.<\/p>\n<p>&mdash; Nada&hellip; bueno&hellip; quiz&aacute;s algunas palabras fueron innecesarias &mdash;dijo al fin.<\/p>\n<p>Pens&eacute; unos segundos, tratando de descifrar a qu&eacute; se refer&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Lo dec&iacute;s porque te trat&eacute; de puta, o porque dije que soy un cornudo? Era parte del juego&hellip;<\/p>\n<p>Alexia me mir&oacute; con el ce&ntilde;o fruncido.<\/p>\n<p>&mdash; &ldquo;Si lleg&aacute;s a gritar, te mato&rdquo; &mdash;dijo, imitando la voz exageradamente ronca que yo hab&iacute;a puesto hac&iacute;a un rato&mdash;. &iquest;Era necesario que digas eso?<\/p>\n<p>Me sent&iacute; indignado. La idea del visitante nocturno hab&iacute;a sido suya &iquest;Por qu&eacute; me echaba en cara que me haya compenetrado con el personaje de esa manera? De todas formas, decid&iacute; no decir nada.<\/p>\n<p>&mdash; Vos actuaste muy bien. Hasta parec&iacute;as asustada de verdad al principio &mdash;dije.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Me asust&eacute; de verdad! &mdash;dijo Alexia, soltando una risa&mdash;. &iquest;No te diste cuenta de que estaba dormida en serio? Cuando me despert&eacute;, hasta que me aviv&eacute; de los que pasaba, tard&eacute; bastante en darme cuenta.<\/p>\n<p>&mdash; Sos una boluda &mdash;dije, y los dos explotamos en carcajadas.<\/p>\n<p>Fui al ba&ntilde;o a limpiarme los genitales. Alexia fue despu&eacute;s, para darse una ducha.<\/p>\n<p>Me qued&eacute; meditando sobre lo que acababa de pasar. Me asalt&oacute; una pregunta que me hab&iacute;a atravesado desde la primera vez que Alexia me hab&iacute;a sugerido comenzar a hacer algo diferente en la cama: &iquest;No &eacute;ramos demasiado j&oacute;venes para empezar a recurrir a estas cosas? Si segu&iacute;amos as&iacute; &iquest;Qu&eacute; nos esperaba cuando tuvi&eacute;semos cuarenta a&ntilde;os? &iquest;Qu&eacute; deber&iacute;amos hacer para seguir sinti&eacute;ndonos excitados con el otro? La respuesta me daba miedo.<\/p>\n<p>Hasta hac&iacute;a no mucho tiempo hac&iacute;amos el amor casi todos los d&iacute;as. Pero de a poco, casi sin que nos di&eacute;ramos cuenta, el espacio entre un encuentro sexual y otro se fue agrandando. A&uacute;n lo hac&iacute;amos dos veces por semana mas o menos, pero si segu&iacute;amos as&iacute;, pasar&iacute;a lo que sucede en muchas parejas conocidas: el sexo ser&iacute;a una situaci&oacute;n excepcional.<\/p>\n<p>Escuchaba el agua de la ducha caer sobre el cuerpo de Alexia. Hasta hac&iacute;a dos o tres a&ntilde;os, esa ducha ser&iacute;a una invitaci&oacute;n para que yo entre a jugar con su cuerpo mojado. Pero la &uacute;ltima vez que lo hice me pidi&oacute; que por favor me fuera porque no ten&iacute;a ganas de hacerlo, y desde ah&iacute; que me cuesta mucho tomar la iniciativa.<\/p>\n<p>La llama de la pasi&oacute;n no se estaba apagando, pero no era ni la mitad de abrasadora de lo que era antes, y eso me asustaba.<\/p>\n<p>Un zumbido me sac&oacute; de mi ensimismamiento. Segu&iacute; el sonido, el cual se escuch&oacute; tres veces. Debajo de la almohada estaba el celular de alexia &iquest;qui&eacute;n le escrib&iacute;a a las dos de la madrugada?<\/p>\n<p>El celular no estaba bloqueado. Si quisiera leer el mensaje podr&iacute;a hacerlo sin problemas. Sin embargo, nosotros no &eacute;ramos as&iacute;. Sol&iacute;amos contestar los llamados y los mensajes del otro, pero siempre con previo permiso del otro. Los celulares siempre estaban a la vista y nunca encontr&eacute; a Alexia enviando un mensaje a mis espaldas, ni yo me sent&iacute; en la necesidad de hacerlo. Una de las cosas que nos enorgullec&iacute;a como pareja era la confianza que deposit&aacute;bamos en el otro. Hasta ve&iacute;amos con l&aacute;stima a los amigos que ten&iacute;amos en com&uacute;n, que fisgoneaban en la privacidad de sus parejas, con la excusa de que, si el otro no tuviese nada que ocultar, no era necesario que los celulares fueran de uso privado.<\/p>\n<p>As&iacute; que ni se me cruz&oacute; por la cabeza leer el mensaje. Es m&aacute;s, ni siquiera me molest&eacute; en ver qui&eacute;n se lo hab&iacute;a enviado. No obstante, me qued&oacute; la duda.<\/p>\n<p>Alexia sali&oacute; del ba&ntilde;o, con el cuerpo h&uacute;medo envuelto en una toalla que apenas le cubr&iacute;a sus partes &iacute;ntimas.<\/p>\n<p>&mdash; Qu&eacute; sexy, beb&eacute; &mdash;dije.<\/p>\n<p>De su cabello mojado ca&iacute;an algunas gotas que se deslizaban por el cuello de cisne de mi mujer. Me sent&iacute; excitado de nuevo. Hice a un lado el cubrecama y mostr&eacute; mi semierecci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash; Todav&iacute;a quer&eacute;s guerra &mdash;ronrone&oacute; Alexia&mdash;. Est&aacute; bien, te voy a hacer el favor para que duermas como un bebito.<\/p>\n<p>Sin despojarse de la toalla, seguramente sabiendo que me encantaba c&oacute;mo le quedaba alrededor de su cuerpo desnudo, gate&oacute; sobre la cama y fue al encuentro de mi miembro. Lo agarr&oacute; con delicadeza, apenas con dos dedos. Una de las cosas que m&aacute;s me calentaban desde la primera vez que tuvimos relaciones, es ver su hermoso rostro, con una sonrisa juguetona, a apenas unos cent&iacute;metros de mi verga.<\/p>\n<p>Alexia movi&oacute; mi miembro como si fuese una palanca. El tronco toc&oacute; sus labios. Su sonrisa se agrand&oacute;, ahora mostrando sus dientes. Me mir&oacute; a los ojos, abri&oacute; la boca y comenz&oacute; a chup&aacute;rmela, sin desviar los ojos de m&iacute;.<\/p>\n<p>Acarici&eacute; su pelo con ternura. Ya a los veinte a&ntilde;os hac&iacute;a felaciones de manera tan h&aacute;bil. Jam&aacute;s me anim&eacute; a preguntarle c&oacute;mo es que hab&iacute;a alcanzado tal expertiz. Ahora hab&iacute;a llegado a un nivel de perfecci&oacute;n tal, que en cinco minutos ya estaba a punto de hacerme estallar. Si ella quisiese podr&iacute;a mamarla durante veinte minutos seguidos, pero supuse que quer&iacute;a dormir enseguida, por lo que no le recrimin&eacute; cuando sus masajes linguales se centraron en el glande, mientras me masturbaba y acariciaba los test&iacute;culos con delicadeza. Mi eyaculaci&oacute;n sali&oacute; con debilidad, a causa del corto tiempo que transcurri&oacute;. Cuando iba a sacar el miembro de su boca, ella apret&oacute; m&aacute;s con los labios, indic&aacute;ndome que no lo haga. Succion&oacute; de la verga hasta que las gotitas rezagadas salieron al encuentro de su lengua. Abri&oacute; la boca y me mostr&oacute; el semen que ten&iacute;a adentro, para despu&eacute;s trag&aacute;rselo.<\/p>\n<p>Una se&ntilde;ora en la vida, y una puta en la cama. As&iacute; deb&iacute;an comportarse todas las mujeres. Lo hab&iacute;amos hablado muchas veces cuando la idea de una relaci&oacute;n entre nosotros era algo tan absurdo, que no descostill&aacute;bamos de risa cuando alguien lo suger&iacute;a. Y desde que empezamos a salir llev&oacute; a cabo esa filosof&iacute;a, a sabiendas de que yo la apoyaba. Aunque he de reconocer que muchas veces afloraron sentimientos oscuros cuando la notaba tan desinhibida en la cama. No soy perfecto, residuos del machismo de otras generaciones conviven con mi personalidad, en general liberal.<\/p>\n<p>&mdash; Jurar&iacute;a que esta vez tuvo un gusto dulz&oacute;n &mdash;dijo, coloc&aacute;ndose el camis&oacute;n con el que hab&iacute;a sido ultrajada por el visitante nocturno.<\/p>\n<p>&mdash; Pero &iquest;estaba rica? &mdash;pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash; S&iacute; &mdash;contest&oacute; Alexia. Se acomod&oacute; a mi lado.<\/p>\n<p>&mdash; Creo que te lleg&oacute; un mensaje &mdash;coment&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash; Ah &iquest;s&iacute;?<\/p>\n<p>Alexia agarr&oacute; el celular. Fing&iacute; no prestar atenci&oacute;n, pero, con esfuerzo, la observ&eacute; de reojo. Una sonrisa aflor&oacute; en su semblante.<\/p>\n<p>&mdash; Estas chicas&hellip; &mdash;dijo, y luego solt&oacute; una carcajada.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Qu&eacute; pas&oacute;? &mdash;pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash; Nada&hellip; me preguntan c&oacute;mo me fue con nuestro jueguito.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Les contaste lo que &iacute;bamos a hacer?<\/p>\n<p>&mdash; Ay mi amor, me vas a decir que vos no le dec&iacute;s a tus mejores amigos lo que hac&eacute;s conmigo. &mdash; Cosas tan &iacute;ntimas no&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; Bueno, pero yo les cuento todo a Prici y a Eri, y a nadie m&aacute;s. Ellas son &iacute;ntimas &iquest;Te molesta?<\/p>\n<p>&mdash; No, me imagino que es normal. Quiz&aacute; ser&iacute;a mejor que no me lo dijeras.<\/p>\n<p>&mdash; Es verdad, ojos que no ven, coraz&oacute;n que no siente &mdash;dijo Alexia. Not&eacute; en su tono de voz cierto aire de misterio y de introspecci&oacute;n&mdash;. Voy a dormir gordito. Buenas noches.<\/p>\n<p>&mdash; Buenas noches.<\/p>\n<p>Me qued&eacute; despierto un rato m&aacute;s. No ten&iacute;a motivos para creer que el mensaje no fuera de su grupo de amigas. Sin embargo, la primera duda hab&iacute;a surgido por algo. Nunca me detuve a pensar en la posibilidad de que Alexia me fuera infiel. Siempre di por sentado que &eacute;ramos felices. Pero conoc&iacute;a a muchas parejas que eran felices y de todas formas se traicionaban vilmente. Si revisara el celular de mi mujer, sobre todo los mensajes y las redes sociales &iquest;Me encontrar&iacute;a con alguna sorpresa?<\/p>\n<p>Y sin ir demasiado lejos. Aunque no me fuera infiel de hecho, si descubriera que tontea con alg&uacute;n hombre &iquest;C&oacute;mo me lo tomar&iacute;a? &iquest;No era esa en s&iacute; mismo una infidelidad? Yo mismo hab&iacute;a seducido a alguna que otra chica, sin concretar nada, por lo que me constaba que esas cosas eran de lo m&aacute;s normales, y muchas veces terminaban antes de empezar.<\/p>\n<p>Pero no sab&iacute;a si tolerar&iacute;a ver que Alexia hiciera lo mismo. La hipocres&iacute;a y la doble vara para medir un mismo acto eran otros de mis defectos, por lo visto. Tal vez era eso, y no la confianza, lo que me instaba a no invadir la privacidad de Alexia. &ldquo;Ojos que no ven, coraz&oacute;n que no siente&rdquo;, hab&iacute;a dicho ella. Creo que nunca la hab&iacute;a o&iacute;do decir tales palabras, y m&aacute;s a&uacute;n, no sab&iacute;a que se reg&iacute;a por la filosof&iacute;a que hab&iacute;a detr&aacute;s de esa frase. En realidad, estaba seguro de que no avalaba la mentira. Y m&aacute;s de una vez, en largas conversaciones nocturnas, hab&iacute;amos concluido que ocultar ciertas cosas es equivalente a mentir.<\/p>\n<p>Por primera vez sent&iacute; que, tal vez, no conoc&iacute;a a mi pareja tanto como cre&iacute;a.<\/p>\n<p>El celular vibr&oacute; de nuevo. Alexia murmur&oacute; algo entre sue&ntilde;os. Yo cerr&eacute; los ojos e intent&eacute; conciliar el sue&ntilde;o, cosa que logr&eacute;, con mucha dificultad.<\/p>\n<p>Continuar&aacute;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>2 Una de la madrugada. En el barrio impera un silencio casi un&aacute;nime. 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