{"id":28184,"date":"2021-02-24T23:00:00","date_gmt":"2021-02-24T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-02-24T23:00:00","modified_gmt":"2021-02-24T23:00:00","slug":"el-mariquita-de-la-cafeteria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-mariquita-de-la-cafeteria\/","title":{"rendered":"El mariquita de la cafeter\u00eda"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"28184\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 2<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Empec&eacute; a trabajar en una peque&ntilde;a cafeter&iacute;a, con muchos clientes y poco empleados. Uno de los empleados era el hijo del due&ntilde;o, que ejerc&iacute;a como mesero jefe. Su nombre era Sebasti&aacute;n y ten&iacute;a 19 a&ntilde;os. Yo era mayor, pero me sent&iacute;a intimidado y atra&iacute;do por su cuerpo musculoso y su agresiva personalidad. Mi trabajo era lavar los platos, se supone que ser&iacute;a sencillo, pero como siempre nunca hago nada bien.<\/p>\n<p>Los platos se me acumulaban, retrasando a la cocinera y a los meseros, enojando demasiado a Sebasti&aacute;n. Me insultaba cada vez que pasa por mi &aacute;rea de trabajo, llam&aacute;ndome gordo in&uacute;til. Me apresuraba de tres maneras, insult&aacute;ndome, tron&aacute;ndome los dedos o con una fuerte nalgada.<\/p>\n<p>Todos aguantaban sus malos tratos por ser hijo del due&ntilde;o, yo no ser&iacute;a la excepci&oacute;n. Bueno, si lo soy, porque disfrutaba lo que me hac&iacute;a. Si no estuviera pegado al lavamanos hubieran notado mi erecci&oacute;n, sin importar lo min&uacute;scula que sea.<\/p>\n<p>Una noche me toc&oacute; ayudarlo acomodar la cafeter&iacute;a, subiendo las mesas y las sillas al segundo piso del edificio. &Eacute;l lo hac&iacute;a con tanta facilidad, mientras tanto a m&iacute; me costaba un gran esfuerzo f&iacute;sico hacerlo. Y &eacute;l, en vez de ayudarme, me humillaba, llam&aacute;ndome marica.<\/p>\n<p>Estaba bien caliente, necesitaba pajearme, calmar el hambre de mi culito con mis dedos. Cuando termine de subir las sillas me dirig&iacute; al ba&ntilde;o sin saber que ah&iacute; estaba Sebasti&aacute;n, orinando, dej&aacute;ndome ver su hermosa verga. Lo ten&iacute;a fl&aacute;cido y aun as&iacute; era impotente, limpia, cabezona y muy fina.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te gusta lo que ves, putito? &mdash;me dijo, entre otras ricas vulgaridades m&aacute;s, mientras meneaba ese jugoso trozo de carne.<\/p>\n<p>Marche hipnotizado, babeando por su verga, arrodill&aacute;ndome en espera de dos cosas: que me d&eacute; un golpe o una buena follada. Me dio lo segundo, esa noche y las siguientes, porque siempre me ofrec&iacute;a ayudarlo, sabiendo que recibir&iacute;a una suculenta recompensa.<\/p>\n<p>Abus&oacute; de m&iacute; en cada rinc&oacute;n de la cafeter&iacute;a: Me cogi&oacute; en el ba&ntilde;o, con mi cabeza metida en el escusado, o frente al espejo, para que viera mi rostro extasiado de placer pidiendo m&aacute;s y m&aacute;s verga. Le di unos buenos sentones en el comedor, manchando el piso con mi corrida para despu&eacute;s limpiarlo con mi propia lengua. En la cocina &eacute;l me masturbaba hasta venirme sobre las sobras de comida. Yo le hac&iacute;a lo mismo y despu&eacute;s me com&iacute;a los macarrones o las tortas con rica leche. Tambi&eacute;n cubri&oacute; mi culo, mis huevos y mi verguita con chocolate. Disfrut&oacute; de m&iacute; con tanta devoci&oacute;n, lamiendo mi pobre intento de pito por primera vez.<\/p>\n<p>Una vez invit&oacute; a un amigo igual de machote, y los dos me dieron bien duro encima de las mesas. Estaba desnudo y amarrado como un cerdo, con mi culito y mi boca a disposici&oacute;n de ellos. Follaban mi garganta y mi culo por cinco minutos y despu&eacute;s se turnaban. Me llenaban de leche e iban a descansar, a tomar una cerveza o un bocadillo, sin desamarrarme o cambiarme de posici&oacute;n. Luego regresaban a usar mis agujeros, llen&aacute;ndome de lo que m&aacute;s me gusta: SEMEN.<\/p>\n<p>Sin duda este es el mejor empleo que he tenido. &iquest;De lavaplatos? No. De puta.<\/p>\n<p>Les dejo mi correo por si quieren chatear o rolear:<\/p>\n<p>Romeo.DD@Outlook.com<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 2<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Empec&eacute; a trabajar en una peque&ntilde;a cafeter&iacute;a, con muchos clientes y poco empleados. Uno de los empleados era el hijo del due&ntilde;o, que ejerc&iacute;a como mesero jefe. Su nombre era Sebasti&aacute;n y ten&iacute;a 19 a&ntilde;os. Yo era mayor, pero me sent&iacute;a intimidado y atra&iacute;do por su cuerpo musculoso y su agresiva personalidad. 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