{"id":28728,"date":"2021-04-02T22:00:00","date_gmt":"2021-04-02T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-04-02T22:00:00","modified_gmt":"2021-04-02T22:00:00","slug":"de-mis-vacaciones-con-la-tia-bertha-parte-vi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/de-mis-vacaciones-con-la-tia-bertha-parte-vi\/","title":{"rendered":"De mis vacaciones con la t\u00eda Bertha (Parte VI)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"28728\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 4<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Pasaron un par de semanas en la casa de mi t&iacute;a Bertha,&nbsp; tiempo que ella aprovech&oacute; para conseguirme unas inyecciones de no recuerdo que clase de sustancia que inhib&iacute;a mi de por s&iacute; escaso desarrollo masculino. Y esto lleg&oacute; a provocar en m&iacute; cambios hormonales que se empezaron a sentir en mi estado de &aacute;nimo y en la forma de entender el mundo. Por ratos me sent&iacute;a muy contenta, euf&oacute;rica y feliz, pero hab&iacute;a d&iacute;as en qu&eacute; el baj&oacute;n me llevaba hasta el piso.<\/p>\n<p>Con todo, ella me instruy&oacute; en todo momento, asegur&aacute;ndome que esa era la manera en que las muchachas sienten el llamado de sus cuerpos a la progesterona, al desenvolvimiento de sus caracteres sexuales y a su despertar a la femineidad. Cuando me ve&iacute;a triste, solo me abrazaba, acariciaba mi cabello y dec&iacute;a que era normal, a la vez que me dec&iacute;a cosas como mi peque&ntilde;a, mi Danny, mi princesa querida. La verdad es que, ahora a la distancia, s&eacute; que la t&iacute;a no era mala, y que realmente se esforzaba en conseguir de mi toda una se&ntilde;orita.<\/p>\n<p>Durante los primeros d&iacute;as, ella sol&iacute;a supervisar que mi edema, los tampones en mi colita y el dispositivo de castidad o la conchita del calz&oacute;n estuvieran bien colocados. Pero conforme pas&oacute; el tiempo, yo misma sent&iacute;a la necesidad de tener mi agujerito relleno con algo, as&iacute; que finalmente era yo qui&eacute;n se los ped&iacute;a. Y tambi&eacute;n acab&eacute; por acostumbrarme a ocultar mi pene entre mis calzones favoritos. Creo que al aparato de castidad nunca me acostumbr&eacute;, porque a veces las erecciones si ven&iacute;an con mucha intensidad y dol&iacute;an, pero al final, ella acab&oacute; por reconocer que mi pene era tan peque&ntilde;o que el simulador de vagina era suficiente para esconderlo.<\/p>\n<p>Recuerdo que una ma&ntilde;ana- que me hab&iacute;a citado con Ricardo para salir a dar una vuelta- me estaba dando una ducha, cuando sent&iacute; tan rico sacarme el tamp&oacute;n -que cada vez eran m&aacute;s grande- que de inmediato tuve una erecci&oacute;n. Comenc&eacute; a jalarme el pene, despacio primero y despu&eacute;s con velocidad y desenfreno, hasta que estaba a punto de eyacular bajo el agua que ca&iacute;a de la regadera. En eso lleg&oacute; ella. Vio mi mano empu&ntilde;ando mi verga erecta y solo acert&oacute; a darme una gran cachetada que me tumb&oacute;.<\/p>\n<p>Empez&oacute; a gritarme que esa no era la forma en que se masturban las mujeres, que mi pito solo serv&iacute;a para orinar, y que mi sitio de goce se hallaba en el ano. Me golpe&oacute; en la cabeza un par de veces m&aacute;s, en lo que yo le ped&iacute;a disculpas llorando avergonzada como una magdalena. Entonces me sac&oacute; a empellones del ba&ntilde;o, puso una toalla en mi cuerpo y otra en mi cabeza, y mientras me frotaba con energ&iacute;a para secarme, dec&iacute;a cosas como &quot;deb&iacute; haberte dado ya un consolador, si la culpa es m&iacute;a por no estar atenta de lo que mi ni&ntilde;a requiere&quot; y otras cosas por el estilo. Me pas&oacute; unas bragas cacheteras de encaje, mi sujetador con relleno del mismo color que los calzones, una minifalda tableada de color azul marino, pantyblusa blanca y zapatillas del mismo tono que la falda. Me ayud&oacute; a peinarme, a poner un ligero maquillaje a mi rostro y me mir&oacute; como Miguel &Aacute;ngel a su Capilla Sixtina. Entonces me dijo:<\/p>\n<p>-Danny, lo siento. Es que as&iacute; no se hacen las cosas. O vas a querer ser una mujer o un hombre, pero medias tintas no van con tu t&iacute;a.<\/p>\n<p>-Si t&iacute;a. Perd&oacute;name- le dije mientras ve&iacute;a en el espejo a una chica incre&iacute;blemente guapa- a&uacute;n tengo mucho que aprender de ti. Pero si, si quiero ser una mujer.<\/p>\n<p>-&iquest;Est&aacute;s segura?- pregunt&oacute; con ese aire desconfiado que poseen las personas a cierta edad- mira que esto de la belleza, de ser atractiva tiene que ver con la reacci&oacute;n que provocas en los hombres. Y por eso he estado entren&aacute;ndote tanto, porque apenas has tocado la superficie de lo que es la relaci&oacute;n con ellos, pero en definitiva muy pronto lo sabr&aacute;s. Por eso te vuelvo a preguntar: &iquest;Est&aacute;s totalmente segura? Porque de no estarlo, podemos dejar hasta aqu&iacute; esto.<\/p>\n<p>-Si t&iacute;a. Estoy segura.-respond&iacute; sin entender a&uacute;n a qu&eacute; me estaba metiendo con esa afirmaci&oacute;n.<\/p>\n<p>-Ok Danny. &#8211; dijo ella orgullosa, y agreg&oacute; al escuchar el timbre de la puerta de entrada- debe ser Ricardo, tu pretendiente. A&uacute;n no bajes, quiero hablar con &eacute;l.<\/p>\n<p>-Pero t&iacute;a&#8230;<\/p>\n<p>Ella puso su pesada vista encima de m&iacute;. Con esas miradas que cierran la conversaci&oacute;n. Entonces baj&oacute; la escalinata y escuch&eacute; cuando le abri&oacute; la puerta a Ricardo. O&iacute; voces, el sonido de unos envases de cerveza destap&aacute;ndose y algunas risas. Yo estaba la mar de nerviosa cuando media hora m&aacute;s tarde fue ella la que me pidi&oacute; que bajara. Y cuando llegue ante ellos, Ricardo me abrazo y plant&oacute; un gran beso frente a ella, al tiempo que elogiaba mi belleza y mi buen gusto con la ropa. En ese momento no entend&iacute; que estaba ocurriendo, porque &eacute;l sol&iacute;a ser muy respetuoso frente a Bertha, pero esa tarde, parec&iacute;a estar m&aacute;s ansioso y querend&oacute;n. Y la t&iacute;a solo re&iacute;a y hacia comentarios sobre lo lindos que nos ve&iacute;amos y la tierna pareja que &eacute;ramos.<\/p>\n<p>-Pues aqu&iacute; se la traigo m&aacute;s tarde Bertha. -comento Ricardo sin que parara de abrazarme- Vamos a dar una vuelta por ah&iacute;.<\/p>\n<p>-Si hijo. Vayan con cuidado. No se preocupen por la hora, al fin que ella est&aacute; en buenas manos.<\/p>\n<p>-Si, gracias Se&ntilde;ora Bertha- dijo el mientras le daba la mano y me llevaba hasta su coche.<\/p>\n<p>Una vez en el veh&iacute;culo, Ricardo me llevo a pasear por el malec&oacute;n, me llev&oacute; a comer a un restaurante de mariscos que &eacute;l conoc&iacute;a, y sin que nos di&eacute;ramos cuenta nos sorprendi&oacute; la noche entre risas, entre charla y la abundante cerveza de la costa. Y &eacute;l en todo momento se portaba como un caballero, abri&eacute;ndome las puertas, acerc&aacute;ndome la silla y sin dejar de mencionar lo hermosa que le parec&iacute;a y lo muy enamorado que se sent&iacute;a de m&iacute;.<\/p>\n<p>Todo esto de verdad me hac&iacute;a sentir en las nubes, pues ya he dejado en claro que Ricardo era un hombre profundamente viril, con quien cualquier mujer se sentir&iacute;a halagada y dispuesta: su altura, lo ancho de su espalda y lo fuerte de sus brazos solo eran el prefacio de lo que en &eacute;l verdaderamente mostraba el signo del macho, una enorme tranca que se le notaba de lado en sus jeans color claro, a la que sin mayor disimulo se le quedaban viendo las chicas del lugar.<\/p>\n<p>Una vez que terminamos la cena, y &eacute;l pag&oacute; por nuestro consumo, subimos de nuevo al auto. Yo pens&eacute; que era el momento de llevarme a casa, pero en su mente hab&iacute;a otros planes, sobre los que habr&eacute; de contarles en el siguiente cap&iacute;tulo.<\/p>\n<p>No dejen de hacer comentarios. Me gustar&iacute;a interactuar con ustedes y saber que les ha parecido este relato, que si bien tiene parte de ver&iacute;dico, me he tomado licencias literarias para adaptarlo a este portal.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 4<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 Pasaron un par de semanas en la casa de mi t&iacute;a Bertha,&nbsp; tiempo que ella aprovech&oacute; para conseguirme unas inyecciones de no recuerdo que clase de sustancia que inhib&iacute;a mi de por s&iacute; escaso desarrollo masculino. 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