{"id":28997,"date":"2021-04-18T22:00:00","date_gmt":"2021-04-18T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-04-18T22:00:00","modified_gmt":"2021-04-18T22:00:00","slug":"y-finalmente-ella-y-tu-regalo-segunda-parte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/y-finalmente-ella-y-tu-regalo-segunda-parte\/","title":{"rendered":"Y finalmente&#8230; ella y tu regalo (Segunda parte)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"28997\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">2<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 17<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>&mdash;&iquest;Hugo? Pues si no est&aacute; aqu&iacute;, debe estar con Paco y con Luis. &mdash;Pero a Martha eso no le hizo gracia y torci&oacute; su boca, o desconoc&iacute;a los nombres de los sobrinitos del Pato Donald. Despu&eacute;s volte&oacute; su cabeza para mirar, colocando su mano sobre la frente a modo de visera, como oteando el lejano panorama.<\/p>\n<p>&mdash;Ahh, all&iacute; est&aacute;n, al fondo &iquest;Hugo bailando? Humm, pero que sorpresa. &mdash;Y ella se notaba aparte de sorprendida, algo mosqueada.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, pues vamos all&aacute; y les mostramos como es que se baila, porque d&eacute;jame decirte que si es aquel, el que baila con la mechi colorada, tu marido, francamente merece estar sentado. &mdash;E inmediatamente Martha solt&oacute; una risotada y me tom&oacute; de la mano. No sin antes dejar mi bolsa de regalo, amparada al lado de un bolso negro con una hebilla dorada, que se me hizo un tanto familiar.<\/p>\n<p>&mdash;Rodrigo eres muy gracioso. &iexcl;Y&hellip; Demasiado sincero! &mdash;Me dijo mientras alcanz&aacute;bamos un espacio vac&iacute;o para los dos, entre las personas que bailaban.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Lo siento! Mi programaci&oacute;n no me permite mentir. A veces caigo mal por decir las cosas as&iacute;, sin anestesia. Un desperfecto m&aacute;s que no creo poder reparar. &mdash;Y me re&iacute;, mientras la tomaba con mi brazo rodeando su delgada cintura y con la otra, delicadamente la envolv&iacute;a entre mis dedos.<\/p>\n<p>Martha me observ&oacute; nerviosa al principio, pero una leve sonrisa m&iacute;a, termin&oacute; por derrumbar sus temores y empezamos a girar, derecha, vuelta y risas; derecha, otra vuelta m&aacute;s y hacia la izquierda y&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&hellip; &iexcl;Hugoo! Te presento a un amigo colombiano. &mdash;Le grit&oacute; Martha a su esposo, cuando nos lo encontramos de frente, el obviamente absorto en intentar seguir el paso de aquella joven mujer de cabello tinturado a la famosa moda Californiana. Las dichosas puntas del cabello decoloradas.<\/p>\n<p>El hombre me mir&oacute; de arriba hasta abajo. &Eacute;l muy pulcro y bien vestido, camisa blanca y bien alisada; y en los pu&ntilde;os, doradas y gruesas mancuernas modeladas. Y de corbata azul, el nudo algo flojo del cuello, con rayas verticales de fina seda. Y yo pues sabia como iba de mojado, mi pantal&oacute;n negro de pa&ntilde;o algo ajado, mi camisa azul comprada en un bazar cercano a mi piso. Y arrugadas las mangas, desali&ntilde;ada y descuidada como el alma m&iacute;a, cuando los ojos de la acompa&ntilde;ante se encontraron sorprendidos con los bien abiertos m&iacute;os.<\/p>\n<p>&mdash;Es un gusto, mi nombre es Rodrigo, pero los amigos me llaman Rocky. &mdash;Le habl&eacute; subiendo el tono de mi voz grave, para que me escuchara mejor, ya que la m&uacute;sica estaba un poco alta. Y de inmediato le extend&iacute; mi mano, soltando a Martha de la suya.<\/p>\n<p>El tal Hugo hizo una mueca, con tintes leves de disgusto y apret&oacute; bastante fuerte la m&iacute;a, como demostrando su superioridad.<\/p>\n<p>&mdash;Mucho gusto, soy Hugo. &mdash;Me salud&oacute;. Y de inmediato me fij&eacute; en la mujer&hellip; &iquest;Mi mujer?<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ahhh! Rodrigo ella es Silvia, una amiga de Luis y bueno&hellip; Tambi&eacute;n m&iacute;a y al igual que tu es de Colombia. &mdash;Y sonri&oacute; Martha al hacer la presentaci&oacute;n de &laquo; &iexcl;la amiga! &raquo; que ellos no sab&iacute;an que yo bien conoc&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;La mir&eacute; fijamente, le extend&iacute; tambi&eacute;n la mano y la salud&eacute; como si nada. &mdash;Encantado, es un placer.<\/p>\n<p>Y mi esposa, de manera nerviosa, tartamude&oacute; un&hellip; &mdash;Mu&hellip; Mucho gusto, Silvia. &mdash;Quitando su mano r&aacute;pidamente de la m&iacute;a, esquivando por supuesto mirar mi cara.<\/p>\n<p>Vaya sorpresa me llev&eacute;. Ya estaba advertido por mi mujer, de que esta noche me devolver&iacute;a la afrenta con su admirado jefe. &iquest;Pero porque ten&iacute;an que haber venido aqu&iacute;? Si este era nuestro sitio, donde acostumbr&aacute;bamos venir los dos en plan de&hellip; &iexcl;Enamorados!<\/p>\n<p>Martha, ya m&aacute;s desinhibida, recogi&oacute; en su mano la m&iacute;a y nos desplazamos bailando unos dos o tres pasos, para brindarles a ellos su espacio, su intimidad y a nosotros dos, nuestra&hellip; &iquest;Infidelidad compartida? &iexcl;Puff! Un escalofri&oacute; me recorri&oacute; de pies a cabeza.<\/p>\n<p>Por eso es que &ldquo;El Puertas&rdquo; estaba tan extra&ntilde;o y Lara, muy nerviosa. Pero yo no era de armar trifulcas ni melodramas. Ya estaba al tanto de lo que mi mujer y su jefe hab&iacute;an planeado para esta noche. Solo que no deb&iacute;a ocurrir aqu&iacute;, en un sitio donde nos conoc&iacute;an como pareja, por ser clientes desde hac&iacute;a ya alg&uacute;n tiempo. &laquo;Hacerme un cornudo, pag&aacute;ndome con la misma moneda&raquo; seg&uacute;n palabras de mi celosa esposa. Y menos que el hombre con quien pasar&iacute;a la noche, se hiciera acompa&ntilde;ar tambi&eacute;n de su esposa. A no ser que Martha les hubiese amargado la noche. O&hellip; &iquest;Era un tr&iacute;o, la dichosa terapia?<\/p>\n<p>&laquo;Ojo por ojo y diente por diente&raquo; Me hab&iacute;a sentenciado ocho d&iacute;as atr&aacute;s, cuando llegu&eacute; pasada la medianoche a nuestro hogar y ella bien despierta y furiosa, los ni&ntilde;os ya dormidos. Y como no s&eacute; mentir, le explot&eacute; la bomba de Hiroshima en su cara. A lo hecho pecho pens&eacute;, Silvia tambi&eacute;n ten&iacute;a derecho a resarcir la ofensa, y m&aacute;s a sabiendas que su dichoso Jefecito le hab&iacute;a estado comentando desde meses atr&aacute;s, que estaba en v&iacute;speras de una separaci&oacute;n. El viejo truco del despechado, ca&iacute;do en desgracia. Y ella pic&oacute;.<\/p>\n<p>&iquest;Separaci&oacute;n? Pero ser&iacute;a de las piernas de mi esposa, porque despu&eacute;s de terminar de bailar dos canciones m&aacute;s de salsa y una de merengue, junto a Martha nos acercamos a la mesa y ellos dos estaban sentados muy juntos, demasiado bien posicionada una mano de su jefe, en el muslo derecho, muy por encima de la rodilla de mi mujer. Y ella sonriente, con su vaso casi vac&iacute;o de amarillo licor, que hasta donde yo sab&iacute;a, el whiskey, no era que le agradara mucho. &laquo;Todo cambia, siempre hay una primera vez&raquo; Y se me remov&iacute;a el est&oacute;mago, de solo imaginar si ser&iacute;a esa noche la vez primera o por el contrario, la continuaci&oacute;n de alg&uacute;n desliz pasado.<\/p>\n<p>Silvia prefer&iacute;a como yo, un aguardiente N&eacute;ctar, ron Bacard&iacute; o cerveza rubia y fr&iacute;a. Y me fij&eacute; tambi&eacute;n en su cambio su look, peinado nuevo y ropa nueva. Blusa rosa con transparencias, minifalda de cuero magenta, medias veladas de color humo y zapatos negros altos, de tac&oacute;n dorado y afilado. Todo nuevo, como ella misma. &iexcl;Diferente y distante!<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Hugo! No sab&iacute;a que te gustara el vallenato. Mira que no lo haces tan mal, &iexcl;Jajaja! &mdash;Le dijo Martha a su esposo, con una sonrisa algo fingida, tan pronto como nos acomodamos los dos, en las sillas al otro lado de la mesa. &mdash;&iexcl;Ser&aacute; el ambiente, cari&ntilde;o! &mdash;Contest&oacute; Hugo sin apartar la mirada del rostro de mi esposa. Y mi mujer le sonre&iacute;a coqueta.<\/p>\n<p>&mdash;Si es probable. Eso o que la pareja de baile te estimula a soltarte y te llama la atenci&oacute;n, &iexcl;poderosamente! &mdash;Termin&oacute; Martha por aclarar para luego tomar un vaso corto y grueso, vertiendo en el dos cubitos de hielo y un poco de la botella del whiskey escoc&eacute;s, para ofrec&eacute;rmelo, no sin antes probarlo ella un poco, dejando la huella de sus labios, impresos en el borde. Me estaba&hellip; &iquest;Incitando?<\/p>\n<p>Le agradec&iacute; la bebida y nos pusimos a charlar desprevenidos de cosas banales, el tiempo que llevaba ella sin bailar, las canciones que a ella le agradaban y yo, de soslayo, no perd&iacute;a detalle de los gestos, La mano de Hugo, acariciando su mejilla algunas veces, demasiadas para mi gusto, y otras veces, movimientos de sus manos por debajo de la mesa.<\/p>\n<p>Todo avivado con las sonrisas coquetas y carcajadas que se me antojaban exageradas, de mi mujer y que su jefe le celebraba, mientras &eacute;l se acercaba cada vez m&aacute;s a su o&iacute;do para comentarle algo. Y Martha, haci&eacute;ndose la desentendida.<\/p>\n<p>La situaci&oacute;n, con el tiempo y el alcohol, se tornaba cada vez m&aacute;s relajada entre los cuatro. Martha, risue&ntilde;a y yo encantado con su compa&ntilde;&iacute;a, por su renovada efusividad, a lo nuestro. Mi esposa y su jefe, en lo suyo. Miradas morbosas, sonrisas amplias que resguardaban sus deseos, una boca que planta un beso en su lozana mejilla, muy cerca de la comisura de sus labios. Y mi coraz&oacute;n bombeando sangre hasta mis palpitantes sienes.<\/p>\n<p>Hasta que de improviso se acerc&oacute; &ldquo;El Puertas&rdquo;, por el costado donde se sentaba Hugo y algo le dijo, que no alcanc&eacute; a escuchar. Con un gesto de su mano, el esposo de Martha le indic&oacute; algo y de inmediato Alberto se alej&oacute; de nuevo hacia la salida del bar, no sin antes echarme una mirada de confusi&oacute;n.<\/p>\n<p>Al instante ingres&oacute; al local un hombre alto y fornido, con un sombrero de vaquero puesto, cazadora de cuero mostaza, de las mangas pend&iacute;an largas tiras de cuero. Camisa a cuadros abierta unos tres botones y un jean descolorido, adornado por un cintur&oacute;n de cuero con una gran hebilla, en la cual se visualizaba un gran toro astado.<\/p>\n<p>&iquest;Premonici&oacute;n? O &iquest;Nuevo mensaje del destino? Al atuendo del salvaje oeste, lo complementaban sus botas texanas de cuero de serpiente.<\/p>\n<p>De inmediato al verlo, Martha se puso en pie y lo salud&oacute;, con dos besos en las mejillas. El hombre, la abraz&oacute; y quit&aacute;ndose el sombrero, dej&oacute; ver su corte de cabello casi rapado y una rubia coleta que descend&iacute;a unos cuantos cent&iacute;metros desde su nuca. Sin dejar de abrazar a Martha por la cintura, se acerc&oacute; a Hugo, quien ya de pie, lo salud&oacute; sonriente dando una suave palmada en su espalda. Luego este &ldquo;Lobo solitario&rdquo; se detuvo ante mi mujer, mir&aacute;ndola morbosamente, de arriba hacia abajo. Inclin&aacute;ndose tambi&eacute;n le dio dos besos en cada mejilla, para despu&eacute;s reparar en m&iacute;. Observ&eacute; la reacci&oacute;n de Hugo, y se me antoj&oacute; algo timorato. No sonre&iacute;a como antes, se encontraba muy nervioso. &iquest;Debido al nuevo invitado?<\/p>\n<p>Martha me presenta a su fornido amigo y este me deja en claro lo fuerte que es, al estrechar mi mano al saludarlo. Su nombre es David, seguido del apellido Mac Allister. Lo dijo tambi&eacute;n en un espa&ntilde;ol enredado, aunque por su &ldquo;pinta&rdquo;, claramente demostraba ser un doble de Chuck Norris, pero con &ldquo;colita de caballo&rdquo;.<\/p>\n<p>Inicialmente not&eacute; cierto azoramiento en la compostura de Martha, y embelesamiento en los ojos de mi mujer. El gringo le hab&iacute;a gustado. Pero Hugo atrae su atenci&oacute;n, pasando un brazo por detr&aacute;s de su espalda, rode&aacute;ndola, como protegi&eacute;ndola. David no se corta, toma asiento al lado de mi esposa. El mismo se sirve el trago, puro sin agua ni cubitos de hielo. Y mira con ojos ansiosos a las dos mujeres. &iexcl;Puff! A este reci&eacute;n llegado, no me lo esperaba. Y tampoco mi amiga Lara, que pasaba por el lado m&iacute;o, sirviendo copas a una mesa vecina y mientras colocaba las bebidas sobre la mesa contigua, miraba a Silvia y luego a m&iacute;, con suspicacia. &iquest;Intrigada?<\/p>\n<p>El texano resulto ser un buen charlat&aacute;n. Enredado y todo, contaba graciosas an&eacute;cdotas al principio y luego fue variando su repertorio hasta tocar temas sexuales. &iexcl;Ufan&aacute;ndose de sus conquistas! Mientras lo hac&iacute;a iba llenando los vasos y de paso, de manera confianzuda, se acercaba demasiado hacia la oreja de mi esposa, susurr&aacute;ndole alguna morbosidad pues yo ve&iacute;a como Silvia abr&iacute;a los ojos, pero a la vez, ella se sonrojaba por el libidinoso comentario y le mostraba alegre su sonrisa, celebr&aacute;ndole sus payasadas. Y no, no me miraba.<\/p>\n<p>Entre tanto, Martha a mi lado, tambi&eacute;n interven&iacute;a en los comentarios, algo acerca de unos contratos petroleros y chismes varios de oficina, como siempre el tema reca&iacute;a en unas amigas de ella, que al parecer el gringo tambi&eacute;n ya conoc&iacute;a. Y yo en silencio, sin intervenir en esos ajenos temas, bebiendo cortos sorbos de aquel escoc&eacute;s, que el americano me ofrec&iacute;a, sin agua y sin cubitos de hielo, pero que diligentemente, Martha hab&iacute;a subsanado al instante, regal&aacute;ndome una sonrisa, y adorn&aacute;ndola con un atractivo gui&ntilde;o.<\/p>\n<p>Silvia mencion&oacute; la urgencia de ir al ba&ntilde;o, y yo les coment&eacute; que de igual forma, aprovechar&iacute;a para salir a fumar, y me puse en pie tambi&eacute;n. Pero record&eacute; que los m&iacute;os, estaban dentro de mi chaqueta. Me acerqu&eacute; a la barra donde en esos instantes atend&iacute;a &ldquo;El Juli&rdquo;, lo salud&eacute; y pregunt&eacute; por Lara. &ldquo;El Juli&rdquo; con solo torcer su boca, me indic&oacute; el lugar, pero Lara estaba ocupada conversando con dos mujeres cerca a la salida. Me asom&eacute; entonces un poco hacia el pasillo que conduc&iacute;a a los ba&ntilde;os&hellip;<\/p>\n<p>Silvia estaba all&iacute; dentro, pens&eacute; en hablar con ella cuando saliera y reclamarle por este sorpresivo encuentro. Pero cuando me encaminaba hacia all&iacute;, se me adelant&oacute; Hugo y se encontr&oacute; con mi esposa, justo cuando ella abr&iacute;a la puerta. Me hice el disimulado y ped&iacute; permiso para pasar al interior del ba&ntilde;o. Muy caballeroso y gentil, Hugo me cedi&oacute; su lugar y tuve que entrar y ajustar la puerta. &iexcl;Y directo a&hellip; pegar la oreja a la madera!<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Hugo!&#8230; &mdash;Pude escuchar c&oacute;mo sin bajar la voz, mi esposa lo encaraba.<\/p>\n<p>&mdash;Se supon&iacute;a que vendr&iacute;amos solos, que ser&iacute;a nuestra noche y primero me llevo la sorpresa de que tambi&eacute;n saldr&iacute;amos junto a tu esposa. Luego tu infiel mujer se levanta a un desconocido en la barra de este bar y ahora para rematar, llega un gringo &laquo;pesado y manilargo&raquo;. &iquest;En que estabas pensando? O es que&hellip; &iquest;Quieres que hagamos entre todos una orgia? &iquest;Y entonces nuestros planes, qu&eacute;? &iexcl;Al carajo, yo me voy! &mdash;Vaya, m&aacute;s candela para la inesperada fiesta. Me qued&eacute; en silencio esperando la respuesta del &laquo;jefecito&raquo; de mi mujer, y de nuevo acerqu&eacute; mi oreja hasta dejarla muy cerca de la superficie, pues hab&iacute;an bajado el tono de la voz y la m&uacute;sica lejana a&uacute;n interfer&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Silvia, preciosa no te enfades! &mdash;Le escuch&eacute; decir a mi pr&oacute;ximo corneador.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Enti&eacute;ndeme! yo si quiero estar contigo, me lo he so&ntilde;ado todos estos d&iacute;as, despu&eacute;s de aquel beso que nos dimos en la oficina. &mdash;Wow &iquest;Besos? Humm, no me lo esperaba, la verdad. Se hizo un corto silencio, roto por un profundo suspiro. &iexcl;Sospech&eacute; que se estuvieran besando!<\/p>\n<p>Y segu&iacute; escuchando con atenci&oacute;n&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Llevo d&iacute;as pensando en propon&eacute;rtelo, quiero hacerte el amor&hellip; &iexcl;Te deseo mucho! Pero a Martha no le puedo mentir. Y a ti tampoco. Pero te lo explico luego, vamos, terminamos aqu&iacute; y luego para mi casa. &mdash;&iexcl;Puff! Me faltaba el aire, hiperventilaba y lat&iacute;a tan fuerte mi coraz&oacute;n, que tem&iacute; por un momento ser escuchado del otro lado de esa puerta. &iexcl;Hacerle el amor! a mi&hellip; &iquest;Amor?<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;No Hugo! me lo explicas ya o pido un taxi. &iquest;Sabes qu&eacute;? Me quiero ir. &iexcl;Su&eacute;ltame! Me hab&iacute;as dicho que lo tuyo con tu esposa estaba mal. Que ten&iacute;as listos los papeles del divorcio. Por eso te present&eacute; a Albert, para que te agilizara el tema. Y ahora me sales con el cuento de que t&uacute; y ella est&aacute;n en no s&eacute; qu&eacute; tratamiento para parejas. &iexcl;No lo entiendo! Debe ser que me tomas por una puta, por estar aqu&iacute; contigo a punto de ponerle los cuernos a mi esposo, como lo hizo tu mujer contigo tantas veces. &mdash;&iquest;Martha? &iquest;Infiel? &iquest;Con varios?<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;No! Silvia, yo no pienso eso de ti. &mdash; Le aclar&oacute; Hugo, la situaci&oacute;n a mi&hellip; &iquest;Acongojada esposa?<\/p>\n<p>&mdash;Hace tiempo entend&iacute; que me gustas, desde que empezaste a trabajar para m&iacute;, me encant&oacute; la forma de ser tuya, eficiente, puntual y tu mirada angelical, la forma tan amable de tratarme; como te preocupaste por mi estado y mi salud, cuando dej&eacute; un tiempo de ir a la oficina. Pero&hellip; t&uacute; est&aacute;s casada y no me ve&iacute;a intentando nada contigo. &mdash;&iexcl;Si claro c&oacute;mo no! Zorro mentiroso.<\/p>\n<p>Record&eacute; como Silvia hac&iacute;a ya alg&uacute;n tiempo atr&aacute;s, empez&oacute; a hablarme de manera diferente de su &laquo;jefecito&raquo;. Antes lo detestaba por ser un opresor y un hura&ntilde;o, que apenas si la saludaba. Y despu&eacute;s pas&oacute; a contarme preocupada, que lo notaba distante, cabizbajo y perdido. Que se hallaba alejado de su trabajo. Obvio&hellip; &iexcl;Acerc&aacute;ndose m&aacute;s a mi mujer!<\/p>\n<p>&mdash;Lo de Martha lo ve&iacute;a terminado. &mdash;Continu&oacute; habl&aacute;ndole Hugo a mi esposa, queriendo tranquilizarla y obviamente encausarla de nuevo hacia lo planeado esa noche por ellos dos. &ndash;&iquest;Salgo?&ndash; lo pens&eacute;, pero mejor era escuchar algo m&aacute;s &iexcl;Necesitaba saber!<\/p>\n<p>&mdash;Era un martirio mi matrimonio, t&uacute; lo sabias y s&iacute;, tu amigo abogado me ten&iacute;a listos los documentos, de hecho est&aacute;n firmados por los dos, pero algo sucedi&oacute;. Y pues&hellip; &iexcl;Ven mi cielo! mejor te lo explicamos entre ella y yo. Del gringo ese no te preocupes, que Martha se encargar&aacute; de &eacute;l. Ella fue quien lo invit&oacute;. Le voy a decir a Martha que se quite de encima al baboso de tu paisano, &ndash;se me hace hasta gracioso&ndash; tan colombiano como el infiel de tu esposo &iquest;No te parece?<\/p>\n<p>La llam&oacute; su&hellip; &iquest;Cielo? Ya era hora de parar aquello, pasara lo que pasara, as&iacute; que me dispuse a tomar la manija y abrir la puerta cuando escuch&eacute; hablar a mi esposa.<\/p>\n<p>&mdash;Pues a m&iacute; me parece &laquo;jefecito&raquo;, que tu &laquo;mujercita&raquo; esta como pillada por &eacute;l colombiano y el gringo es solo un invitado que lleg&oacute; un tanto tarde. &iquest;No te parece? &mdash;Solo hay que ver como se miran, las &laquo;picaditas&raquo; de ojos y las sonrisas entre los dos. &iquest;Est&aacute;s seguro de ella ha cambiado? Porque yo siendo mujer, noto muy bien cuando nos gusta un tipo y a leguas se ve, que a tu esposa se le han ca&iacute;do las tangas con Rodrigo. &mdash;&iexcl;Upaa! Al escuchar a mi esposa responderle eso a su jefe, me dio a entender que estaba demasiado celosa.<\/p>\n<p>Lamentablemente para m&iacute;, no era recomendable echarle m&aacute;s le&ntilde;a al fuego. Y cuando ya me dispon&iacute;a a salir de aquel mal oliente ba&ntilde;o, escuch&eacute; la tan temida sentencia. Esa noche Silvia, &iexcl;M&iacute; Silvia! se entregar&iacute;a a &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Y no, Silvia! por supuesto que no haremos una orgia. &mdash; se apresur&oacute; Hugo, a debatir aquellos argumentos de mi mujer. &mdash;T&uacute; y yo juntos, preciosa. Y el americano que se encargue de Martha. Si es que Martha se atreve y su amigo la seduce. &iexcl;Juntos pero no revueltos! Pero Martha debe estar presente, mir&aacute;ndonos. Esa puede ser la soluci&oacute;n. &mdash;&iquest;Swingers? Y prosigui&oacute; rematando con otra sorpresa&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Digamos que es una especie de terapia de pareja. Y t&uacute; me prometiste que me ayudar&iacute;as en todo, con tal superar mis peores pesadillas. Si ella quiere se puede acostar con su amigo David, tambi&eacute;n debo superar mi temor de verla con otro. &mdash;&iexcl;Vaya procedimiento!<\/p>\n<p>No les miento al contarles que sent&iacute; como se aflojaron las piernas y se me estremecieron las entra&ntilde;as. Y mi mujer tan comprensiva. &iexcl;Puff! Respir&eacute; profundo. Saber que tu esposa te va a ser infiel es una cosa, ver los inicios en vivo y en directo es otra. Mariposas revoloteando y retorcijones en el est&oacute;mago, angustia y sudor fr&iacute;o humedeciendo la frente. Entonces s&iacute;&hellip; &iexcl;Todo estuvo muy planeado y tan pactado! All&iacute; sobraba alguien. Y ese otro era exactamente yo.<\/p>\n<p>Regres&eacute; hasta el lavamanos y abr&iacute; el grifo para humedecer mi rostro. Necesitaba calmar mi desaz&oacute;n, pensar en c&oacute;mo actuaria despu&eacute;s de haber escuchado aquello. Me mir&eacute; al espejo y observ&eacute; peque&ntilde;as luces, verdes, amarillas, naranjas&hellip; estaba mareado. Mi esposa me ven&iacute;a enga&ntilde;ando desde antes, &ndash;beso incluido&ndash; y quien sabe que m&aacute;s habr&iacute;a sucedido. Caricias, tocamientos permitidos&hellip; &iquest;Deseados?<\/p>\n<p>Al final abr&iacute; la puerta pero ya no estaban. Me encontr&eacute; con Lara en la barra y le ped&iacute; una cerveza. Con ella en la mano, me dirig&iacute; hacia la salida, sin mirar a la mesa. Mejor tabaco y alcohol, &iexcl;s&iacute;! Lara sigui&oacute; mis huellas sin que yo me diera cuenta.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Albert! Ten. &mdash;Le dijo Lara a &ldquo;Puertas&rdquo; tras de m&iacute;, extendi&eacute;ndole el frio envase. &mdash; Mira a estos dos. No s&eacute; qu&eacute; les pasa, pero aqu&iacute; hay gato encerrado. &iexcl;Rocky! nos vas a tener que contar&hellip; &iquest;Qu&eacute; les sucede hoy? &mdash;&iexcl;Wow! Hab&iacute;a llegado el momento de mi confesi&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Ok, lo que sucede es que estoy tan sorprendido como ustedes, de ver aqu&iacute; a Silvia. Esta noche ella&hellip; Hab&iacute;a decidido salir con su jefe y desquitarse con &eacute;l. &mdash;Agach&eacute; mi cabeza y clav&eacute; la mirada en unas de las peque&ntilde;as pozas de la ya pasada lluvia y que reflejaban por igual, la luz &aacute;mbar del portal y la amargura en la cara de un hombre culpable.<\/p>\n<p>&mdash;Porque yo hace ocho d&iacute;as me&hellip; Tuve sexo, con una compa&ntilde;era del trabajo. Se lo confes&eacute; a Silvia tan pronto llegu&eacute; de madrugada y ella estaba all&iacute;, en la sala haciendo guardia. No llor&oacute;, no me hizo rabietas ni nada por el estilo. Pero cambiaron las cosas, su trato hacia m&iacute;, obviamente se volvi&oacute; distante, intrascendente. Fuera sexo, adi&oacute;s caricias. &iexcl;A la mierda todo!<\/p>\n<p>Lara le quit&oacute; la cerveza al Puertas de la mano y bebi&oacute; de ella unos dos sorbos seguidos, sin dejar de m&iacute;rame mal, realmente mal. La hab&iacute;a defraudado a ella tambi&eacute;n. Y Albert&hellip; &ldquo;El Puertas&rdquo; se acerc&oacute; y me abraz&oacute; fuerte, para luego separarse, no sin antes darme una suave bofetada. &mdash;&iexcl;Eres medio estulto y gazn&aacute;piro! &mdash;No me dijo m&aacute;s, tampoco le entend&iacute;. Supuse que era una reprimenda expresada en sus rebuscadas palabras con significado a elegante insulto. Y recuper&oacute; el envase de las manos de su Lara.<\/p>\n<p>&mdash;Le ped&iacute; perd&oacute;n, acept&oacute; las disculpas sin prestarme mucha atenci&oacute;n. &mdash;Les expliqu&eacute; a mis dos confidentes.<\/p>\n<p>&mdash;Y hace tres d&iacute;as, despu&eacute;s de comer y acostar a los ni&ntilde;os, me confes&oacute; que su jefe le gustaba y ella a &eacute;l. El mismo jefe que hacia algunos meses, estaba triste y llorando en su oficina, por una infidelidad de la esposa, as&iacute; que el hombre, con sus tristes confidencias, busc&oacute; aliento y abrigo en mi esposa. &mdash;Y ella lo acogi&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Dentro de mi mujer, &ndash;prosegu&iacute;&ndash; empez&oacute; a surgir algo. &mdash;&iexcl;Puff! Suspir&eacute; y Lara me abraz&oacute;, recost&oacute; su cabeza en mi hombro, por un momento. &mdash;Un sentimiento de pesar y compasi&oacute;n, que desemboc&oacute; en una oculta atracci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Luego, me coment&oacute; que ella le iba ayudar en todo lo que estuviera en sus&hellip; &iquest;Manos? &iexcl;Pero que afortunado aquel se&ntilde;or! &mdash;Y resulta que aqu&iacute;, mi apreciado letrado, fue informado de la situaci&oacute;n por Silvia y le llev&oacute; su caso. &iquest;Me equivoc&oacute; &ldquo;Puertas&rdquo;? &mdash;Y Albert, asintiendo con un ligero movimiento de su cabeza, me solt&oacute; un&hellip; &mdash;&laquo;Solo es un cliente m&aacute;s, de lo otro no ten&iacute;a idea&raquo; &mdash;Respondi&oacute; al final.<\/p>\n<p>&mdash;Y pues se supon&iacute;a, &ndash;contin&uacute;e mi tertulia con Lara y Albert, &ndash;a quienes notaba expectantes&ndash; que hoy ser&iacute;a la &ldquo;compensaci&oacute;n&rdquo;. &mdash;Remarqu&eacute; la frase con un golpe de mi pie hacia un cercano charco de agua, salpicando sin querer a un inocente perro negro. &iquest;Ser&iacute;a el mismo de antes?<\/p>\n<p>&mdash;Eso es todo, que saldr&iacute;an en plan de &laquo;pareja&raquo;, pero ni idea que vendr&iacute;an aqu&iacute;, y que &eacute;l con su esposa, son o quieren ser una pareja abierta, o algo as&iacute;, la verdad no lo tengo muy claro. &mdash;Y termin&eacute; por dar una bocanada larga al poco cigarrillo que me quedaba, lanzando luego la colilla lejos.<\/p>\n<p>&mdash;Debo irme, tengo una reuni&oacute;n de trabajo temprano. &mdash;Y me regres&eacute; al interior del bar.<\/p>\n<p>Me encontr&eacute; con la sorpresa, de que el gringo hab&iacute;a tomado mi lugar y en su silla ahora se encontraba Martha, justo al lado de la de mi esposa, que estaba bailando de nuevo con su jefe, una canci&oacute;n de UB40, un reggae suavecito y armonioso. Y los dos, muy acaramelados. Me sent&eacute; al otro extremo, Martha y el americano se miraban con cierto entusiasmo. Sigui&oacute; otra canci&oacute;n lenta del mismo grupo, una que por cierto me encantaba a m&iacute;, pero a mi esposa no tanto. &ldquo;Red, Red Wine&rdquo; y de inmediato el texano tom&oacute; a Martha de la mano y arranc&oacute; con ella hacia el centro de la pista. Me qued&eacute; all&iacute;, solitario, observando a las dos parejas de &laquo;nuevos enamorados&raquo;.<\/p>\n<p>Sonriente, el alto gringo la apretuja, la acosa con frases que no escucho pero que adivino y que humedece con su lengua en la oreja de ella; y la oprime contra su cuerpo, Martha no se defiende, su pecho se aplana contra la camisa, pero no lo aparta, levanta su mirada y el entiende que puede, que debe. Se acerca a su rostro, la besa suavemente al principio, para finalmente, lamerle morbosamente los labios, entre abri&eacute;ndolos forzadamente con su lengua. Y Martha lo recibe con&hellip; &iquest;Agrado?<\/p>\n<p>Y en la otra esquina de aquel bailable ring de boxeo, ella no se aparta, no le esquiva. Solo cierra sus ojos y acepta el obsceno beso con lengua&hellip; Se da cuenta que la observo, no me aleja de sus ojos caf&eacute;s. Hugo acaricia su espalda y otra mano tantea las nalgas. Mi esposa sonr&iacute;e, no a &eacute;l, por supuesto. La sonrisa es para m&iacute;, su venganza la da por sentada. Mira a Martha, la observa besarse con David, no sonr&iacute;e pero alarga ella su beso, prolonga mi sufrimiento. Hugo mira a m&iacute; esposa con deseo, y la abraza con mayor fuerza.<\/p>\n<p>Una mano de Silvia desciende de la cintura de su amado y se aloja entre el espacio escaso que dejan entre los dos; acaricia y palpa la dureza, abre su boca y de nuevo se entrega, esta vez con la mirada aquella que no me ve, pero que el resto del cuerpo de mi esposa siente. Ninguno de ellos se da cuenta de que me levanto de la mesa, de que recojo mi regalo y me retiro. &iexcl;Se bien cuando sobro! Y sobraba mi presencia, esa noche.<\/p>\n<p>Le pido a Lara el favor de me entregue mi saco. Me mira consternada y le sonri&oacute; mientras levanto mis hombros, expres&aacute;ndole que no pasaba nada. Lara vuelve un instante despu&eacute;s con una cerveza helada, y del bolsillo posterior de su pantal&oacute;n, saca una cajetilla de Marlboro rojo, no me ofrece uno, me obsequia todo el paquete, que estaba casi nuevo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Me acompa&ntilde;as? &mdash;Le pregunt&eacute; a Lara, qui&eacute;n mir&oacute; hacia el otro lado donde se encontraba &ldquo;El Juli&rdquo;, dialogando animad&iacute;simo con una de las clientes. &ldquo;El Juli&rdquo; le sonri&oacute; a Lara y alcanc&eacute; a leer, al mover sus labios, un&hellip; &iexcl;Adelante! Y con su mano le indic&oacute;, que solo fueran cinco minutos.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Bien vamos! y de paso le llevo esta otra cerveza a mi &ldquo;Puertas&rdquo; &mdash;&iexcl;Le sonre&iacute;! Pero antes termin&eacute; de beber, esa cerveza que me hab&iacute;a obsequiado de nuevo, la princesa de aquel bar&hellip;<\/p>\n<p>La llevo hasta mis labios, Lara bebe de la suya un sorbo. Recojo mi saco, mi regalo y los cigarrillos, miro una &uacute;ltima vez a la mesa y me encuentro con la mirada de mi esposa. Su jefe ya le tiene el brazo por sobre sus hombros, la mano reposa cercana al pecho izquierdo; aprovecha para acariciar el nacimiento de su seno, oculto bajo su sost&eacute;n y muerde al tiempo su cuello. Martha de medio lado, no los observa, solo conversa, aparentemente entretenida con aquel texano.<\/p>\n<p>Pero hab&iacute;a algo en ella que no emanaba, que no flu&iacute;a. As&iacute; que deshice mis pasos, dejando al cuidado de una preocupada Lara, mi saco aun mojado, el regalo y los pocos restos de mi cerveza. &mdash; &iexcl;No lo hagas Rocky, por favor!<\/p>\n<p>&mdash;No te preocupes Coraz&oacute;n. &mdash;Sonriente, respondo a una Lara preocupada y me distancio de ella.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;La ultima? &iexcl;Claro! si no es mucha molestia. &mdash;Les dije a todos los all&iacute; presentes, pero colocando mi mano suavemente sobre el hombro de Martha. Mi joven esposa, que se hallaba sentada en el medio de Hugo y del &laquo;amigable&raquo; texano, me lanz&oacute; una mirada reprobatoria. Yo le correspond&iacute; con una m&iacute;a, &iexcl;Desafiante!<\/p>\n<p>Por supuesto a Hugo, no le hizo mucha gracia mi interrupci&oacute;n y aguard&oacute; observando en calma, la respuesta de Martha. Hice un poco de presi&oacute;n en el hombro con mi pulgar para forzar la respuesta, ya fuera afirmativa o negativa. Y a modo de generar una mayor tensi&oacute;n, le extend&iacute; generoso y firme mi mano diestra sobre la mesa. Ella me mir&oacute;.<\/p>\n<p>Martha levant&oacute; sus hermosos ojos color miel con chispitas de caramelo y me sonri&oacute;. Pero de inmediato volte&oacute; a mirar a Hugo, su esposo, como pidi&eacute;ndole su autorizaci&oacute;n. Hugo finalmente asinti&oacute; con un gesto de su mano, como dej&aacute;ndola libre de tomar su decisi&oacute;n. Desplac&eacute; la silla de Martha hacia atr&aacute;s con cuidado de que su bolso no cayera al piso, y a la vez aprovech&eacute; para introducir en el, mi tarjeta de presentaci&oacute;n. Y no por nada malo o lujurioso, sino por un acto reflejo de cualquier asesor comercial. Ella pod&iacute;a ser una futura cliente, o tal vez, referenciarme ante sus amistades.<\/p>\n<p>Adem&aacute;s como un cort&eacute;s caballero, para permitirle una espaciosa salida a sus hermosas piernas y deleitarme con aquella visi&oacute;n, hasta que el vestido se alarg&oacute; por la gravedad, hasta su normal posici&oacute;n. Obviamente el gringo, me mir&oacute; con ganas de enviarme lejos, seguramente hasta mi lejana y preciosa sabana. Mascull&oacute; entre dientes, algo en ingl&eacute;s, no le prest&eacute; atenci&oacute;n.<\/p>\n<p>Al fin y al cabo era m&iacute; despedida de aquella interesante mujer. Y tom&eacute; su mano para dirigirnos hacia la mitad de la pista, bajo las luces intermitentes de colores amarillos, naranjas y azuladas.<\/p>\n<p>Y obviamente bajo la atenta mirada de aquellos tres.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Rodrigo? Fuiste un poco osado, aunque debo decirte, que eso&hellip; &iexcl;Me encanto! &mdash;Y me alegr&eacute; por su confesi&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Es que&hellip; record&eacute; una canci&oacute;n! Para que no te olvides de este &ldquo;mojado&rdquo; Latin Lover.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Es en serio? &mdash;Me respondi&oacute; alegre. &mdash;&iquest;Ves que me est&eacute; riendo? &iexcl;No! &iquest;Verdad? As&iacute; que ven, espera un poco&hellip; &mdash; Martha se dejaba llevar por m&iacute;, hasta alcanzar la rockola y despu&eacute;s de recorrer el &iacute;ndice, encontr&eacute; la canci&oacute;n adecuada. &iexcl;Y yo sin monedas!<\/p>\n<p>Pero gracias a un viejo truco que me ense&ntilde;&oacute; el &ldquo;Puertas&rdquo;, pude ponerla a funcionar. Obviamente Lara no estaba enterada, de lo contrario me fusilaba. Y de inmediato sonaron los primeros acordes de una el&eacute;ctrica guitarra y enseguida la voz grave de aquel cantautor canadiense.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Humm, No la hab&iacute;a escuchado antes! &mdash;Me dijo Martha.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ahh! Esta canci&oacute;n se llama &ldquo;Lost&rdquo; y es de Jonathan Roy. &mdash;Respond&iacute; confiado. &mdash;Para ti. &iexcl;Ven! &mdash;Y nos fuimos moviendo, meci&eacute;ndonos suavemente, ella siguiendo atenta, mis pasos cortos hacia la derecha, siguiendo imaginariamente el segundero y el minutero de un reloj. &iexcl;Los dos, casi flotando, apenas rozando el suelo!<\/p>\n<p>La tom&eacute; con mi mano izquierda por su cintura, la derecha m&iacute;a apretada con firmeza a la suya, elevada, abanicando suavemente el &iacute;ntimo ambiente. La otra mano de Martha sobre mi pecho, tomando recatada distancia. Pero sus ojos y los m&iacute;os, no. Estaban cercanos, entregados y transl&uacute;cidos.<\/p>\n<p>&mdash;Martha&hellip; &iexcl;Todos cometemos errores! Peque&ntilde;os o inmensos, eso no importa pues somos humanos. &mdash;Y segu&iacute;amos bailando, aunque ya un poco m&aacute;s cercana mi boca de su oreja para poder hablar un &uacute;ltimo instante.<\/p>\n<p>De reojo observaba las lejanas reacciones en los rostros de mi esposa, de su amante jefe y de aquel extranjero invitado, aunque al final pens&eacute; para mis adentros&#8230; &iexcl;El extra&ntilde;o y ajeno all&iacute;, era yo!<\/p>\n<p>&mdash;Alguna vez nos perdemos y caemos. &mdash;Contin&uacute;e habl&aacute;ndole a su o&iacute;do, de forma pausada y elegante.<\/p>\n<p>&mdash;Pero no importa que tan rota quedes, si a tu lado tienes quien te brinde su mano, para rescatarte y ayudarte a retomar de nuevo el vuelo. &mdash;Y seguimos danzando sobre la madera, alumbrada por varios colores.<\/p>\n<p>&mdash;Rodrigo, yo&hellip; No s&eacute; qu&eacute; decir. &iexcl;Gracias! &mdash;Y suspirando Martha me coment&oacute;: &mdash;La canci&oacute;n aunque triste, tiene un mensaje que me da esperanza. &mdash;Y not&eacute; una cristalina l&aacute;grima, rodar por su mejilla. Me solt&oacute; de la mano para borrar el acuoso trazado en su mejilla. &iexcl;Y estaba por terminarse la canci&oacute;n!<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Martha! eres muy hermosa, pero sobre todo, valiosa e inteligente. Has lo que creas que estar&aacute; bien para Hugo y para ti. Disfr&uacute;talo, divi&eacute;rtanse sin temores y despu&eacute;s sin reproches. Y sin herir a nadie. &ndash;Aunque yo iba a terminar muerto del amargo dolor&ndash; T&uacute; y el, necesitan enfrentar los miedos juntos y procurarse valor.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Entr&eacute;gate! Ot&oacute;rguense mucho amor y confianza. &mdash;Le dec&iacute;a yo, dando ahora mi espalda hacia la mesa, entre tanto Martha si ten&iacute;a su mirada dirigida a ese punto. &iexcl;Serena!<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;El teme perderte! &mdash;Dije yo. &mdash;As&iacute; que ay&uacute;dalo a encontrarte&hellip; &iexcl;Siempre! Demu&eacute;strale que tu amor por &eacute;l es fuerte, indivisible y &uacute;nico. Dale la seguridad que noto que le falta. Y t&uacute;, lib&eacute;rate de esa oscuridad que consume tu brillo, busca siempre la luz en tu interior. Si deseas algo, explora y toma lo mejor que encuentres para ti. &iexcl;Para los dos! De lo contrario solo d&iacute;ganse adi&oacute;s.<\/p>\n<p>Martha me dio en ese momento un beso en los labios, aunque con sus labios cerrados. Fue quiz&aacute;, su forma de dar las gracias. Yo tambi&eacute;n le agradec&iacute;, con la tranquilidad de saber que mi mujer a su lado, seguramente iba a estar bien.<\/p>\n<p>&mdash;En cualquier persona podr&aacute;s encontrar su brillo. Libera tu temor y solo intenten ser felices con lo que tienen y con lo que han aprendido de los dem&aacute;s.<\/p>\n<p>Y termin&oacute; precisamente la canci&oacute;n. Nos acercamos a la mesa, extend&iacute; mi mano hacia Hugo, luego hacia el americano y desde la altura de mis ojos, un&hellip; &iexcl;Se feliz! a mi mujer.<\/p>\n<p>Me retir&eacute; de la mesa, caminando hasta la desolada barra, apenas con un grupo de tres mujeres y otros dos j&oacute;venes, compartiendo risas y miradas hacia el sexteto de nalgas. Al final, cerca del camino hacia los ba&ntilde;os, estaba Lara, recostada sobre la barra y mir&aacute;ndome muy seria. &iquest;Confundida?<\/p>\n<p>&mdash;Larita, &iquest;Te debo algo? &mdash;Nada mi Rocky, esta noche invita la casa. &mdash;No Lara, &iexcl;insisto! Dime&hellip; &iquest;Cu&aacute;nto es? &mdash;Le rebat&iacute;, pero Lara tan solo me mir&oacute; con ternura y un beso dulce deposit&oacute; en mi mejilla derecha.<\/p>\n<p>&mdash;No s&eacute; qu&eacute; ha ocurrido hoy aqu&iacute;, pero cuenta conmigo para lo que necesites. &iquest;Vas a casa? &mdash;Me pregunt&oacute; con ese tono que colocan las buenas amigas y la preocupaci&oacute;n de una consoladora madre.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Si se&ntilde;ora! le contest&eacute; y a&ntilde;ad&iacute;&#8230; &mdash;Derecho a mi camita, tengo una reuni&oacute;n de ventas muy temprano con &laquo;Pluma Blanca&raquo; y es importante llegar puntual.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Y tranquila Lara!, a&uacute;n no ha pasado nada. De hecho hay una expresi&oacute;n que le&iacute; alguna vez por ah&iacute;&hellip; &laquo;El diablo te ofrece el plato, m&aacute;s no te obliga a comer. Falla el que quiere&raquo;.<\/p>\n<p>Y me di la vuelta, completamente tranquilo.<\/p>\n<p>Destino pr&oacute;ximo&hellip; &iquest;Lo quiera Dios?<\/p>\n<p>Continuar&aacute;&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 17<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>2 &mdash;&iquest;Hugo? Pues si no est&aacute; aqu&iacute;, debe estar con Paco y con Luis. &mdash;Pero a Martha eso no le hizo gracia y torci&oacute; su boca, o desconoc&iacute;a los nombres de los sobrinitos del Pato Donald. 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