{"id":29088,"date":"2021-04-24T22:00:00","date_gmt":"2021-04-24T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-04-24T22:00:00","modified_gmt":"2021-04-24T22:00:00","slug":"las-tetas-de-isabella","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/las-tetas-de-isabella\/","title":{"rendered":"Las tetas de Isabella"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"29088\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Por la ma&ntilde;ana me arregl&eacute; especialmente para presentarme con el director. Me puse un pantal&oacute;n ajustado, pero no demasiado llamativo, una blusa blanca que me quedaba estupendamente. Quiz&aacute;s un poco provocadora, pero qu&eacute; quieren que les diga, con mis enormes pechos cualquier cosa que no trate de ocultarlos ya es de por s&iacute; provocadora. Mis pechos siempre han sido causa de mis problemas y de satisfacciones. Los hombres se vuelven locos por esa parte del cuerpo y en mi resaltan por encima de las dem&aacute;s, como m&aacute;s encima estoy bastante delgada, llaman la atenci&oacute;n. Me sent&iacute; atractiva y quise arreglarme un poco m&aacute;s. Me maquill&eacute; con elegancia y tom&eacute; rumbo a la escuela. All&iacute; me recibi&oacute; el director que en cuanto me vio se mostr&oacute; muy atento en ayudarme.<\/p>\n<p>&#8211; Hola Isabella, gusto de saludarla<\/p>\n<p>-buenos d&iacute;as director<\/p>\n<p>Me llev&oacute; a su despacho y ah&iacute; le cont&eacute; mi problema.<\/p>\n<p>-Trabajo en el ministerio de educaci&oacute;n y la verdad estoy cansada del acoso de algunos compa&ntilde;eros de trabajo, una tracalada de viejos vinagres que no paran de hacer comentarios cuando paso o lisa llanamente me miran directo a mis tetas, sin ning&uacute;n pudor, con descaro y deseo, me dan asco y esto lo voy a aclarar hoy, para exigir que sean sancionados o desvinculados.<\/p>\n<p>El director estaba sentado en su sill&oacute;n y yo paseaba por la sala mientras hablaba. Era una forma de que me escuchara y obedeciera, el ruido de los tacones sobre el suelo ejerce un poder hipn&oacute;tico en los hombres. Caminaba pausadamente. El director se mostraba muy dispuesto a todo lo que le indicaba, se mostr&oacute; sorprendido con mi relato<\/p>\n<p>-&iquest;Cu&aacute;les son los nombres de todos los involucrados?<\/p>\n<p>&#8211; me pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Le entregue todos los nombres.<\/p>\n<p>El director hizo un nuevamente un gesto de sorpresa que me extra&ntilde;&oacute;. Se qued&oacute; pensando unos segundos y dijo:<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Sabe usted que la acusaci&oacute;n es grav&iacute;sima?<\/p>\n<p>De repente me sent&iacute; mareada. Me sent&eacute; en la silla enfrente de la suya. &Eacute;l se levant&oacute; ahora. Comenz&oacute; a pasear. Comenz&oacute; a hablarme sobre la acusaci&oacute;n expuesta, El director segu&iacute;a paseando y habl&aacute;ndome, mir&aacute;ndome directamente a los ojos y forz&aacute;ndome a retirarle la mirada.<\/p>\n<p>&#8211; Usted viste muy provocativamente<\/p>\n<p>&#8211; No estoy de acuerdo. &#8211; le dije. &#8211; Yo visto muy correctamente, &iquest;O quiere que lo haga como una monja?<\/p>\n<p>&#8211; No como una monja, pero. &iquest;Me negar&aacute; usted que esa blusa est&aacute; a punto de estallarle de lo justa que le queda? &#8211; dijo el director con descaro.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;De qu&eacute; est&aacute; hablando? &#8211; dije airada. &#8211; La blusa me queda perfectamente y es usted un desvergonzado.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Ve de lo que le hablo? &iexcl;Le apuesto a que su camisa no soportar&iacute;a ni un mil&iacute;metro m&aacute;s de tensi&oacute;n!<\/p>\n<p>Las formas del director hab&iacute;an sido intolerables as&iacute; que hice por levantarme. Con suavidad me apoy&oacute; una mano en el hombro para que me volviera a sentar.<\/p>\n<p>&#8211; Ver&aacute; lo que haremos. &#8211; dijo con calma. &#8211; Si usted me demuestra que su blusa no est&aacute; a punto de estallar yo me encargar&eacute; personalmente desvincular a todos los que me ha nombrado, tiene mi palabra. Si no, me confirmar&aacute; que es culpa suya por lo que proyecta y dejaremos las cosas hasta aqu&iacute;. &iquest;Le parece?<\/p>\n<p>Me pareci&oacute; una desfachatez lo que ese tipo dec&iacute;a, pero la verdad es que me ofrec&iacute;a una f&aacute;cil forma de que finalmente recibieran una sanci&oacute;n estos viejos degenerados. Me irritaba la situaci&oacute;n, pero le di una opci&oacute;n al director.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Y c&oacute;mo ser&iacute;a esa prueba? &#8211; le dije.<\/p>\n<p>&#8211; Muy f&aacute;cil, yo afirmo que en su escote no cabe ni una moneda de a 500 pesos.<\/p>\n<p>&#8211; Ja, ja, ja. &#8211; me re&iacute;. &#8211; Eso es absurdo, por supuesto que s&iacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Esa ser&iacute;a la prueba. Si yo le pongo la moneda y el bot&oacute;n de la blusa no cede, usted gana.<\/p>\n<p>Eso era, quer&iacute;a aprovechar la coyuntura para abusar de m&iacute; y tocarme los pechos. Antes de que pudiera irme se corrigi&oacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Yo no le tocar&iacute;a, simplemente le lanzar&eacute; la moneda.<\/p>\n<p>Eso me tranquiliz&oacute; y acept&eacute;. Acordamos las condiciones, yo no podr&iacute;a moverme para esquivar la moneda, la moneda tendr&iacute;a que entrar en mi escote, si el bot&oacute;n saltaba, el ganaba, si se manten&iacute;a, lo har&iacute;a yo.<\/p>\n<p>Todo esto hab&iacute;a provocado que me excitara un poco. La inocencia del juego hab&iacute;a apartado mis molestias iniciales. Estaba claro que el director s&oacute;lo quer&iacute;a un juego er&oacute;tico y eso me gustaba. Llev&aacute;bamos unos minutos hablando de mis pechos, de lo firmes que se ve&iacute;an en la blusa. No pod&iacute;a controlar que mis pezones se pusieran firmes y que esa dureza se trasparentara a trav&eacute;s de la fina tela del sost&eacute;n y la blusa.<\/p>\n<p>Me prepar&eacute;. El director lanz&oacute; una moneda. No pude evitar moverme un poco ante la inminencia del choque del metal con mi pecho. La moneda rebot&oacute; y cay&oacute; al suelo justo al lado de mis piernas. No me atrev&iacute; a agacharme a cogerla. Tanto hablar de mi blusa y mis pechos y ten&iacute;a miedo de que si me agachaba estos se salieran de su sitio. Tampoco quer&iacute;a que el director se agachara en un lugar tan comprometido para mi as&iacute; que deslic&eacute; mi pierna derecha y la tap&eacute; con el tac&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Me da la moneda para que la lance de nuevo?<\/p>\n<p>&#8211; No la veo en el suelo, lo siento. Tome otra. &#8211; ment&iacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Convendr&aacute; en que ha sido culpa suya. No debe moverse o habr&aacute; que suspender la prueba. &#8211; dijo con seriedad.<\/p>\n<p>&#8211; Perdone, tendr&eacute; m&aacute;s cuidado.<\/p>\n<p>&#8211; Mire Isabella, lanzo otra, pero ponga las manos detr&aacute;s.<\/p>\n<p>As&iacute; lo hice. Me qued&eacute; sentada en la silla, con un pie sobre la anterior moneda de 500 pesos y con las manos atr&aacute;s, entrelazadas. La postura me resultaba enormemente sensual. Era una exposici&oacute;n total de mis pechos, a los ojos de ese hombre. El juego era tan inocente como sus intenciones y eso me provocaba una mayor excitaci&oacute;n. Me gustaba pensar c&oacute;mo ten&iacute;a que apuntar la moneda mirando fijamente mis enormes tetas e imagin&aacute;ndoselas a trav&eacute;s de la tenue tela de la blusa.<\/p>\n<p>De nuevo lanz&oacute; la moneda y de nuevo me mov&iacute; un poco cuando vi que impactar&iacute;a contra mi pecho. Fue instintivo. Otra vez la moneda rebot&oacute; contra mi pecho por encima del escote y cay&oacute; al suelo. De nuevo lo hizo en un lugar comprometido y tuve que taparla con el otro tac&oacute;n. De nuevo le dije que no ve&iacute;a la moneda.<\/p>\n<p>&#8211; No podemos seguir as&iacute;. Usted siempre se va a apartar.<\/p>\n<p>&#8211; Lo siento, tendr&eacute; m&aacute;s cuidado. &#8211; dije.<\/p>\n<p>&#8211; No, m&aacute;s lo siento yo. Lo vamos a tener que dejar. &#8211; Me dijo e hizo un gesto de levantarse.<\/p>\n<p>&#8211; No, insisto. &#8211; dije yo porque la verdad es que me contrariaba interrumpir el juego en ese momento. Quer&iacute;a ver qu&eacute; ocurrir&iacute;a y me gustaba la situaci&oacute;n que estaba viviendo. El director era un hombre respetuoso y me pon&iacute;a a cien exhibir mis potentes pechos ante los ojos de un hombre que ten&iacute;a que estar excitado.<\/p>\n<p>&#8211; Cerrar&eacute; los ojos y ya est&aacute;. &#8211; le dije.<\/p>\n<p>Pero al director no le convenc&iacute;a. Parec&iacute;a que hab&iacute;a perdido el inter&eacute;s por el juego. Dec&iacute;a que al final los abrir&iacute;a y me mover&iacute;a. Yo quer&iacute;a continuar as&iacute; que le propuse que me los vendara si no se fiaba. Estuvo de acuerdo.<\/p>\n<p>El director tom&oacute; un pa&ntilde;uelo que hab&iacute;a en un caj&oacute;n. Entonces me d&iacute; cuenta de que quiz&aacute;s me hab&iacute;a pasado proponi&eacute;ndole que me vendara. Ya no pod&iacute;a echarme atr&aacute;s. Como ten&iacute;a las monedas escondidas en mis tacones no quise cambiar de postura. Me vend&oacute; de espaldas. Lo hizo con m&aacute;s suavidad de la que pudiera imaginarse en un hombre. Luego se dio la vuelta y volvi&oacute; a su lugar en la mesa. Debi&oacute; hacer algunos gestos con los dedos y me pregunt&oacute; si ve&iacute;a cu&aacute;ntos dedos ten&iacute;a. Le dije la verdad, que era que no. Me extra&ntilde;&oacute; sentir su voz como m&aacute;s cercana. Lo achaqu&eacute; a que la repentina oscuridad me habr&iacute;a afinado el o&iacute;do, pero tambi&eacute;n pens&eacute; que pod&iacute;a ser que se hab&iacute;a recostado sobre la mesa.<\/p>\n<p>Estaba arrepentida de haber aceptado. Vendada, no sab&iacute;a d&oacute;nde estaba el director. Pod&iacute;a haberme mirado desde la altura de la mesa con total descaro el canal&oacute;n que formaban mis pechos. Eso me gustaba, pero tambi&eacute;n me hac&iacute;a sentir vulnerable. Era una situaci&oacute;n muy morbosa.<\/p>\n<p>Con estoicismo esperaba la llegada de la moneda. Mis manos segu&iacute;an atr&aacute;s en la silla. El director rebuscaba en su cartera y me dijo que no encontraba otra de a 500 pesos. Antes de que quisiera buscar, le propuse que lanzara cualquier otra.<\/p>\n<p>&#8211; Tiene que ser de a 500 pesos, es lo que hemos hablado. &#8211; me dijo.<\/p>\n<p>&#8211; Bueno, pues dos de cincuenta. &#8211; le dije en broma.<\/p>\n<p>Sent&iacute; el impacto de la moneda que no me golpe&oacute; de canto sino de frente en medio del pecho. La moneda se desliz&oacute; lentamente por entre mis pechos evitando quedar atrapada en el sujetador a pesar del estrecho espacio. Sent&iacute; su calor &#8211; pues estaba inusualmente c&aacute;lida &#8211; bajar por mi vientre y quedarse atrapada a la altura de la cintura.<\/p>\n<p>Estaba claro que a mi blusa no le hab&iacute;a pasado nada. Pero el profesor explic&oacute; que era una de cincuenta, que faltaban otras. Eso de otras me extra&ntilde;&oacute;, pero entend&iacute; que no tendr&iacute;a el cambio suelto. Me hab&iacute;a gustado la experiencia, los instantes previos a recibir el suave golpe. Sentir un cuerpo caliente que invade tu intimidad sin poder hacer nada al respecto. El estar con los ojos vendados ante un desconocido. Me excitaba. Sent&iacute;a la humedad que llegaba a mi tenue tanga y los pezones me quemaban en los pechos.<\/p>\n<p>Volvi&oacute; a lanzar otra moneda. Esta qued&oacute; atrapada en mi sujetador, cerca del pez&oacute;n derecho. Deb&iacute;a ser una moneda peque&ntilde;a, tal vez de 100 pesos. No dije nada m&aacute;s y esper&eacute;. Lleg&oacute; otra que cay&oacute; del otro lado, rozando mi pez&oacute;n izquierdo. Estaba cachonda perdida. Me sent&iacute;a como las strippers que se dejan meter los billetes en el escote, con la exposici&oacute;n del que no puede defenderse. Mis manos no se mov&iacute;an de mi espalda, mis ojos no ve&iacute;an nada, pero mi cabeza imaginaba demasiado. Las monedas estaban calientes, tanto como yo. Pod&iacute;a sentir la primera en mi cintura, las otras dos en los pechos.<\/p>\n<p>Llegaron m&aacute;s monedas. El golpe contra mi pecho me recordaba la sensaci&oacute;n del embestir del miembro del hombre cuando taladra tu interior. Cada golpe de moneda era un embate en una penetraci&oacute;n prolongada. Mis labios se abr&iacute;an de placer al sentir las monedas por todo mi sujetador rozando mis pechos por todas partes. Ya hab&iacute;an entrado m&aacute;s de media docena, deb&iacute;an quedar pocas. No me preocup&eacute; de contarlas ni de preguntar cu&aacute;ndo terminar&iacute;a una experiencia tan libidinosa y sensual. Sent&iacute;a que las &uacute;ltimas monedas llegaban como con menos recorrido. Pens&eacute; que tal vez el director se hab&iacute;a recostado de nuevo sobre la mesa. No o&iacute; nada porque todos los nervios de mi cuerpo estaban en mis pechos y en mi concha entreabierta. Mis manos atr&aacute;s, mis ojos cerrados a&uacute;n a pesar de la venda. Sab&iacute;a que el director estaba muy cerca de m&iacute; y que observaba con descaro mis pechos desde un plano privilegiado, pero eso lejos de molestarme me excitaba a&uacute;n m&aacute;s. Mis pechos estaban como una roca, las monedas segu&iacute;an fluyendo. No s&eacute; cu&aacute;ndo empec&eacute; a gemir. Lo hice suavemente, eran peque&ntilde;os sonidos cuando sent&iacute;a un objeto que buscaba su sitio en mi pechera. Me sent&iacute;a sucia con tanto dinero encima y al mismo tiempo tan poco. Era como una puta barata a la que se le paga con suelto.<\/p>\n<p>En alg&uacute;n momento sent&iacute; la respiraci&oacute;n del director a escasos cent&iacute;metros de mi boca. Fue instintivo, acerqu&eacute; mis labios. &Eacute;l debi&oacute; retirarlos un poco. Le busqu&eacute; con mi boca y encontr&eacute; otra cosa m&aacute;s caliente. Era su pico ah&iacute; al lado, me lo introduje en la boca como pude. Estaba tan caliente que me quemaba. Se la chup&eacute; tan bien como pude. Tragaba su salado miembro con un hambre tremenda. Sent&iacute;a como entraba todo su tronco hasta el fondo de mi garganta, no pod&iacute;a evitar expulsar grandes chorros de saliva que me ayudaban a lubricarla mejor. Paraba un poco y me introduc&iacute;a sus test&iacute;culos, los masajeaba con mi lengua. Me la volv&iacute;a a introducir entera, hasta el l&iacute;mite de mi garganta, tragando y tragando. &Eacute;l gem&iacute;a como un loco. Le daba buenos lametones desde la base hasta el mismo glande. Ah&iacute; me paraba y pasaba mi lengua por toda la superficie. Y de nuevo bien adentro.<\/p>\n<p>Estuve un buen rato d&aacute;ndole a la lengua. Sent&iacute; que era inevitable que se corriera y as&iacute; lo hizo. La abundante leche inund&oacute; mi paladar y mis dientes, todo fue para adentro y lo que no bien que me encargu&eacute; de que no se perdiera. Le pas&eacute; la lengua por las comisuras de su miembro, limpi&aacute;ndosela en cada vericueto. Hab&iacute;a terminado como un loco, conteni&eacute;ndose el hacer m&aacute;s ruido por estar en su despacho. En todo el proceso no me hab&iacute;a puesto la mano encima. A pesar de sentirme tremendamente sucia me sent&iacute;a respetada y en cierto modo inocente.<\/p>\n<p>El semen segu&iacute;a dentro de mi garganta cuando me quit&eacute; la venda. En ese instante el director dio un tir&oacute;n del &uacute;ltimo bot&oacute;n de mi blusa. El dinero fluy&oacute; como en una m&aacute;quina tragamonedas cayendo por todo el suelo. Mis pechos hab&iacute;an explotado y salido con violencia de su prisi&oacute;n de tela. Me quit&eacute; las monedas que pude de mi sujetador, ahora avergonzada de que me pudiera ver las tetas. Saqu&eacute; las que hab&iacute;a por mi cintura. Me quise marchar precipitadamente, sin decir nada m&aacute;s. Trat&eacute; de componer mi blusa porque no pod&iacute;a dejar mis pechos as&iacute;. Le ped&iacute; algo para reparar la blusa. Busc&oacute; en sus cajones y me ofreci&oacute; un clip. Extend&iacute; mi mano para recogerlo, pero entonces lo tir&oacute; al suelo. Tuve que agacharme mientras me sujetaba los pechos con una mano, pues quer&iacute;an salir del sost&eacute;n. Compuse como pude la blusa y me march&eacute; avergonzada del despacho.<\/p>\n<p>Al salir del despacho pas&eacute; por donde estaban todos mis compa&ntilde;eros y sent&iacute; que me miraban con morbo, no s&eacute; si hab&iacute;an visto o escuchado todo. Levante mi cabeza y trate de caminar lo m&aacute;s digna posible, con la blusa media abierta y manchas de semen salpicadas por todas partes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 Por la ma&ntilde;ana me arregl&eacute; especialmente para presentarme con el director. Me puse un pantal&oacute;n ajustado, pero no demasiado llamativo, una blusa blanca que me quedaba estupendamente. Quiz&aacute;s un poco provocadora, pero qu&eacute; quieren que les diga, con mis enormes pechos cualquier cosa que no trate de ocultarlos ya es de por s&iacute; provocadora. 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