{"id":29189,"date":"2021-05-02T22:00:00","date_gmt":"2021-05-02T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-05-02T22:00:00","modified_gmt":"2021-05-02T22:00:00","slug":"el-regalo-un-antes-y-un-despues-segunda-parte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-regalo-un-antes-y-un-despues-segunda-parte\/","title":{"rendered":"El regalo: Un antes y un despu\u00e9s (Segunda parte)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"29189\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 18<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Casi medio d&iacute;a y sin saber de &eacute;l. Cada que ve&iacute;a abrir la puerta de la oficina, ilusionada elevaba mis ojos para observar, esperando por su llegada. Continuaba angustiada, revisando, acumulando papeles y folders, a uno y otro lado de mi escritorio. Pensaba en &eacute;l y en su dolor. Por detr&aacute;s del espaldar de mi silla y encima del archivador, reposaba un retrato de mis hijos junto a mi esposo, record&aacute;ndome lo feliz que ellos me hac&iacute;an, justo por delante de una solitaria y delicada maceta con una orqu&iacute;dea artificial. Recuerdo de un d&iacute;a de octubre, un obsequio por la fecha de nuestro aniversario. No, no de casados, sino de cuando yo lo busqu&eacute;, corriendo una nublada tarde, por detr&aacute;s de Rodrigo para darle alcance y decl&aacute;rale mi consentimiento, dici&eacute;ndole que s&iacute;, que aceptaba ser su novia. Ten&iacute;a en mis manos aquella carta llena de amor, y escrita en ella sus para nada ocultos sentimientos hacia m&iacute;, en letras may&uacute;sculas. &iexcl;No lo pod&iacute;a dejar escapar!<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Silvia! Mujer aterriza, el amor te tiene boba hoy. Mira, toma. Estos son los &uacute;ltimos soportes recibidos de las cuentas en Portugal, para adjuntarlos al informe final. &mdash;La voz que me tra&iacute;a de vuelta a la laboral realidad era la de Amanda, una mujer muy amable pero retra&iacute;da hasta el extremo de sonrojarse por cualquier comentario que la tuviera a ella como protagonista. Bueno o malo, gracioso u ofensivo, daba igual.<\/p>\n<p>Afortunadamente, mis compa&ntilde;eras y yo, diligentemente realizamos las labores pertinentes para organizar los documentos financieros requeridos para complementar los informes que mi jefe deber&iacute;a entregar en Lisboa y luego en Londres. Tambi&eacute;n pudimos ordenar la carpeta con los ajustes faltantes para las oficinas principales en Nueva York. Pero&hellip; &iexcl;S&iacute;! siempre el atravesado inconveniente. La faltante firma de don Hugo en la &uacute;ltima hoja, su visto bueno. Aquella r&uacute;brica de elegantes y firmes trazos. Faltaba &eacute;l y su ausencia para m&iacute; no pasaba desapercibida, al contrario de la alegr&iacute;a que respiraban el resto de mis compa&ntilde;eras de oficina, al no tenerlo a &eacute;l por all&iacute;. Don Hugo era muy serio, reservado y muchas veces se olvidaba de brindarnos un saludo de buenos d&iacute;as o buenas tardes. De los cumplea&ntilde;os de las empleadas ni hablar. Nunca los recordaba o simplemente para &eacute;l, eran fechas sin importancia.<\/p>\n<p>Y sin embargo yo lo echaba en falta, primero para aclarar lo sucedido entre los dos y s&iacute;, tambi&eacute;n para consolarle despu&eacute;s de conocer la infidelidad de su esposa y entendiendo en parte su forma de actuar. Ni una llamada suya a la oficina, ning&uacute;n mensaje tampoco en mi m&oacute;vil. Y yo no me atrev&iacute;a a llamarle. Sencillamente porque no sab&iacute;a c&oacute;mo hablarle, que decirle, y &eacute;l sin saber que yo ya conoc&iacute;a el motivo de su tristeza. Esa certeza que fue aliviando mi coraz&oacute;n al transcurrir las horas de aquella ma&ntilde;ana.<\/p>\n<p>&iquest;Un caf&eacute;? S&iacute; y tambi&eacute;n un cigarrillo para acompa&ntilde;ar mis pensamientos. Pero deber&iacute;a salir del edificio hasta una cafeter&iacute;a cercana. Les inform&eacute; a mis compa&ntilde;eras mi ausencia por unos minutos, para despu&eacute;s avanzar sin prisa por el amplio lobby. Saliendo ya por las acristaladas puertas, una llamada a mi m&oacute;vil me sobresalt&oacute;, lo busqu&eacute; con prisas dentro de mi bolso. Mi coraz&oacute;n palpitaba, lo tom&eacute; entre mis afanadas manos, lo desbloquee&hellip; Pufff &iexcl;Rodrigo!, suspir&eacute; y me demor&eacute; unos instantes para contestar. Lo hab&iacute;a olvidado, a mi esposo y la usual llamada de las diez.<\/p>\n<p>&mdash;Mi vida lo lamento, &iexcl;perd&oacute;name! Me olvid&eacute;. &mdash;Respond&iacute; angustiada por mi descuido.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Hola mi amor! &iquest;C&oacute;mo est&aacute;s? no te preocupes por eso mi vida, supongo que has estado muy ocupada en la ma&ntilde;ana soportando al &laquo;pesado&raquo; de tu jefecito. &mdash;Escuch&eacute; decir a mi esposo con su jocoso tonillo en la voz. No me gust&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Mi amor, tampoco es para que te expreses tan mal de &eacute;l y te burles. Don Hugo no lo est&aacute; pasando bien. &mdash;Le contest&eacute; algo alterada a Rodrigo. &mdash;Y mi esposo no lo dej&oacute; pasar por alto, cambiando perceptiblemente la modulaci&oacute;n en su voz.<\/p>\n<p>No s&eacute; por qu&eacute; le respond&iacute; de aquella manera, saliendo en defensa de mi jefe aquel medio d&iacute;a, en contra de la mofa de Rodrigo. Sin saberlo, aquello solo fue el abrebocas para lo que acontecer&iacute;a momentos despu&eacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;Parece que no te cojo en buen momento. Qu&eacute; raro escucharte defenderlo, ya pareces otra mujer. Hace unas semanas atr&aacute;s eras t&uacute; quien me contaba c&oacute;mo te sent&iacute;as aburrida y cansada con su forma de ser. En fin, solo quer&iacute;a que supieras que te extra&ntilde;o&hellip; &mdash;Y se hizo un corto silencio, que yo no me atrev&iacute; a romper, pero mi esposo s&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, a la mujer que eras antes y no la que estuvo tan apartada y lejana de m&iacute; este fin de semana. Ni siquiera disfrutaste conmigo de las cervezas en el &ldquo;Juli&rdquo;. Aunque ya s&eacute; que no te gusta el rock, pero al menos hubieras podido desconectar de tus problemas.<\/p>\n<p>&mdash;Disc&uacute;lpame amor, estoy con mil cosas en mi cabeza que ni te imaginas. Informes por entregar, pagos por realizar, facturas que adjuntar a las carpetas y mi jefe que no aparece por ning&uacute;n lado. Lo siento yo&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Mira Silvia, entiendo que est&eacute;s estresada por tus labores pero siempre quedamos los dos, en dejar en nuestro trabajo y en la oficina, el estr&eacute;s y sus dificultades, bien apartados. Nuestro hogar es el refugio de nosotros. Nuestro sitio de descanso. &mdash;Y not&eacute; como el tono de su voz lo elev&oacute; al decir &laquo;nuestro&raquo;. &mdash;Pero veo que estas infringiendo sin quererlo esa norma. Te amo, que te alcance el tiempo esta tarde y nos vemos por la noche. Un beso.<\/p>\n<p>Y me cort&oacute; la llamada sin darme oportunidad a una esclarecedora r&eacute;plica.<\/p>\n<p>Pero&hellip; &iquest;Refutar qu&eacute;? &iexcl;S&iacute;! Mi esposo ten&iacute;a toda la raz&oacute;n. Me comport&eacute; ajena con el hombre que compart&iacute;a mis sue&ntilde;os y mis angustias, aquella persona que siempre me hab&iacute;a entregado todo su amor y yo pensativa, fuera de m&iacute;, no le prest&eacute; mi atenci&oacute;n ni mis caricias todo el fin de semana.<\/p>\n<p>Me sent&iacute;a tan sucia y tan mezquina como si fuera una furcia cualquiera. Rodrigo ten&iacute;a tan buenas intenciones de disfrutar la noche del viernes conmigo en el bar, pero como no llegu&eacute; temprano, &eacute;l por el contrario, preocupado me esper&oacute; despierto, mirando la televisi&oacute;n en el sof&aacute; de nuestra sala y al recibirme notando mi cansancio, me mim&oacute; con sus abrazos y tiernos besos, no me confront&oacute; por la tardanza e insisti&oacute; en pasarse por donde nuestra amiga Lara la noche del s&aacute;bado, para desconectar de todo, y los dos, reencontrarnos como un par de reci&eacute;n enamorados, tan pronto como dej&aacute;ramos aquella tarde a nuestros ni&ntilde;os al cuidado de mi madre y de mi suegro.<\/p>\n<p>Y yo, sin estar cansada me resist&iacute;a a asistir, pero como interiormente me encontraba en deuda, &ndash;tan confundida y enfadada conmigo misma&ndash; no pude ni supe ofrecer resistencia a su invitaci&oacute;n. Fui con Rodrigo esa noche al &ldquo;Juli&rdquo;, pero a pesar de estar entre sus brazos, no estuve con mi esposo all&iacute;; tampoco apreci&eacute; sus caricias esa noche por estar mi mente inmersa en recuerdos de otro sitio, ni repar&eacute; en sus amorosas palabras, mucho menos en sus apasionados besos, porque no era yo su acostumbrada Silvia, dentro de m&iacute; habitaba otra mujer, la otra qu&eacute; permanec&iacute;a sumida en otros pensamientos, confundida por recibir besos nuevos, de una boca muy ajena y tan prohibida. Albert, nuestro amigo abogado bailaba como siempre solo, tan apartado de este mundo y una Lara tan enamorada, tan solo de lejos le observaba, sonriente, para luego con un par de envases en las manos, acercarse de vez en cuando y obsequiarnos esas dos cervezas a cuenta de ella e interactuar un poco con nosotros. Nos hablaba y comentaba algo; y yo no escuchaba. Re&iacute;a ella tras alg&uacute;n comentario gracioso de Rodrigo, al cual no prest&eacute; atenci&oacute;n. Lara si lo not&oacute;, &ndash;mujer al fin y al cabo&ndash; no era yo la parlanchina Silvia de costumbre&hellip;<\/p>\n<p>Opt&eacute; finalmente solo por fumar y no trasladarme hasta la cafeter&iacute;a por el caf&eacute;. Me pasee por la acera, de un extremo hasta el otro meditando y finalmente de regreso, me sent&eacute; en una de las bancas p&uacute;blicas, al lado de un &aacute;rbol de mediana altura y que me ofrec&iacute;a generoso su amplia sombra, hasta que se consumi&oacute; entre mis dedos aquel cigarrillo mentolado. Estaba tan confundida por los &uacute;ltimos acontecimientos, la tarde del viernes en la oficina, mi fin de semana esquivando a mi esposo como si el culpable fuera &eacute;l y no yo. Y ese video tan revelador aquella ma&ntilde;ana&hellip; Y escuch&eacute; de nuevo el timbre melodioso de mi tel&eacute;fono m&oacute;vil. &iexcl;Era &eacute;l! S&iacute;, esta vez s&iacute; era mi jefe. Me puse en pie y resuelta le contest&eacute;.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Al&oacute;?&#8230; &mdash;Se&ntilde;or C&aacute;rdenas, &iquest;C&oacute;mo est&aacute; usted?<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Se&ntilde;ora Almudena? buena tarde. Yo muy bien, de hecho he tenido una ma&ntilde;ana excelente y agradecido obviamente por su llamada. &iquest;Para qu&eacute; soy bueno? &mdash;Le respond&iacute; yo. Ella era una se&ntilde;ora de unos cuarenta y tantos, elegante y de muy buen ver, interesada en averiguar por un nuevo modelo de SUV, la versi&oacute;n nueva de la que ella ya pose&iacute;a, obviamente con algunos a&ntilde;os de uso. La mujer era una m&aacute;s de los clientes que yo hab&iacute;a atendido aquella ma&ntilde;ana del s&aacute;bado anterior.<\/p>\n<p>&mdash;Pues para muchas cosas, Jajaja. &mdash;Me respondi&oacute; de manera alegre y muy cordial. &ndash;&mdash;Pero por ahora, me gustar&iacute;a saber si puede usted venir a mi residencia para darle un vistazo a mi camioneta y decirme el valor de retoma.<\/p>\n<p>&mdash;Pero claro que s&iacute;. Usted solo d&iacute;game la hora, he ind&iacute;queme el lugar y all&iacute; estar&eacute; sin falta. &mdash;Respond&iacute; emocionado por vislumbrar la posibilidad de cerrar la primera venta del mes.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Le queda bien en una hora? Por el almuerzo no se preocupe, yo invito esta primera vez. &mdash;Me qued&eacute; pensando un momento, mir&eacute; mi cartera y en su interior poco efectivo. Suspir&eacute; y agradecido, mirando al techo sonre&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Claro que s&iacute;, solo env&iacute;eme la ubicaci&oacute;n y por el almuerzo pues, me da algo de pena pero si usted insiste, la acepto y luego la invitar&eacute; yo. &iexcl;Jajaja!<\/p>\n<p>Vaya agradable golpe del destino. La se&ntilde;ora Almudena era una mujer directa y concisa. Me tom&oacute; por sorpresa, no lo voy a negar. Y luego de una corta y simp&aacute;tica despedida, recib&iacute; la notificaci&oacute;n con la direcci&oacute;n de la residencia.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Aja!, ya estoy aqu&iacute;. &mdash;Me gir&eacute; y la observ&eacute; de pie frente a mi escritorio. Su traje ce&ntilde;ido y elegante, con escote formal ajustado al costado por dos grandes botones y una amplia abertura en la falda del lado derecho, toda ella envuelta en un sobrio beige, salvo por su coqueto bolso de mano, en charol de intenso negro, que se me antoj&oacute; un tanto anticuado para aquella entrevista, si lo fue. Sin embargo no dejaba lugar a dudas, le sentaba fenomenal a la figura delgada y alegre juventud de aquella espigada rubia. &mdash;&iexcl;Andaa nene! otra vez t&uacute; con la boca abierta, ni que hubieras visto un fantasma. &mdash;Oops, lo siento, perd&oacute;n. Es que&hellip; &ndash;&laquo;Postrecito rico&raquo;, un delicioso manjar lo que yo miraba y no a una aparici&oacute;n fantasmal&ndash;. &iexcl;Ehhh! Estaba por salir a visitar a un cliente.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Perfecto!&#8230; D&eacute;jame entrar al ba&ntilde;o para retocarme un poco y salimos. &mdash;Y yo&hellip; &iquest;WTF?<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;No! &iquest;C&oacute;mo as&iacute;? aguanta un poco ventarr&oacute;n. Es una visita de rutina, un aval&uacute;o de una camioneta. Mejor te quedas aqu&iacute; y mientras tanto te pones al d&iacute;a con esto del CRM. De paso en un descansito, te puedes leer este libro.<\/p>\n<p>Le alcanc&eacute; del gabinete superior un ejemplar de &ldquo;C&aacute;llese y venda&rdquo;. Paola lo tom&oacute; en sus manos pero no dej&oacute; ni un segundo de observarme y obviamente, siempre tan sonriente. &iexcl;Preciosa! Tan segura de s&iacute; misma, con su porte tan sensual, que me cohibi&oacute; por unos segundos.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Me temes? &iquest;Te da &laquo;cosa&raquo; salir conmigo a la calle? &iexcl;Ummm! quiz&aacute;s sea por esto. &mdash;Y coloc&oacute; su mano sobre la m&iacute;a, acariciando en especial el dedo donde brillaba m&iacute; argolla matrimonial. &mdash;Pero nene, no te inquietes que yo no soy para nada celosa, Jajaja. &iexcl;Ya regreso, no te vayas sin m&iacute;! &mdash;Y la rubia melena junto a su perfumado aroma onde&oacute; libre al girarse, tan jovial y aut&oacute;noma como su due&ntilde;a. &iexcl;Arrasadora tentaci&oacute;n!<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Silvia?&#8230; &iexcl;No! tan solo soy una discreta mujer de compa&ntilde;&iacute;a, contratada por este pobre hombre por dos horas. &mdash;Una dulce voz de mujer me hablaba y yo no entend&iacute;a nada.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Disculpe y usted qui&eacute;n es? &iquest;Y Don Hugo? &iquest;Le sucedi&oacute; algo? &iquest;&Eacute;l est&aacute; bien? &mdash;Preguntas y m&aacute;s preguntas. Mi coraz&oacute;n lati&oacute; acelerado.<\/p>\n<p>&mdash;Puedes llamarme Cassandra, pero eso no importa. Este se&ntilde;or est&aacute; bien, aunque bastante pasado de copas y me pidi&oacute; entre sus desvar&iacute;os que la llamara. No le entiendo mucho lo que balbucea pero creo que es mejor que venga usted por &eacute;l. Ya cumpl&iacute; con el tiempo por el que pag&oacute;. Debo irme.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Pero c&oacute;mo as&iacute;! &iquest;D&oacute;nde est&aacute; &eacute;l? &mdash;presurosa le indagu&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Nos encontramos en el hotel xxxx, habitaci&oacute;n xxxx. &iquest;Lo conoce? Es el que est&aacute; por el Bernab&eacute;u. &mdash;S&iacute;, por supuesto, afortunadamente estoy a solo unos pasos. &mdash;Perfecto, entonces no se demore por favor, ya que tengo otro cliente a quien debo atender. &mdash;Y me cort&oacute; la llamada.<\/p>\n<p>Mi jefe&hellip; &iquest;Borracho? Obviamente aquel video hab&iacute;a hecho mella en la firme estructura de su alma. Pens&eacute; en llamar a su esposa, pero primero, desconoc&iacute;a su n&uacute;mero de m&oacute;vil, y segundo, &iquest;para qu&eacute;? No, no deb&iacute;a inmiscuirme en sus problemas. Me encamin&eacute; hacia el hotel con prisa, mientras en mi cabeza elucubraba ideas de mi jefe teniendo sexo con aquella mujer, solo por venganza m&aacute;s no con placer. &Eacute;l no parec&iacute;a ser ese tipo de hombre, al menos era la imagen que yo ten&iacute;a de &eacute;l.<\/p>\n<p>&iexcl;No! Don Hugo no era as&iacute;. Nunca una mirada indiscreta, un roce imprudente, mucho menos un comentario fuera de lugar. Era serio, reservado y distante con todas las personas que trabaj&aacute;bamos bajo su direcci&oacute;n, s&iacute;, m&aacute;s nunca en mi mente lo habr&iacute;a visualizado pagando por sexo.<\/p>\n<p>Llegu&eacute; al lobby del hotel y me anunci&eacute; en la recepci&oacute;n. La muchacha que me atendi&oacute; llam&oacute; a la habitaci&oacute;n y luego de inspeccionarme discretamente, de arriba para abajo, me indic&oacute; de gentil manera, como ubicar la zona de los elevadores y el piso donde ubicar a mi jefe. De manera nerviosa di dos golpecitos a la puerta, que fue abierta casi de inmediato por una bella mujer de ojos azules, labios carnosos pintados de un brillante rojo y su cabello lacio, de negro azabache, un amplio mech&oacute;n, descend&iacute;a d&oacute;cil siguiendo la forma de sus generosos pechos y por el costado observe que le llegaba hasta un palmo por debajo de su cintura. Vest&iacute;a ya una gabardina de estilo cl&aacute;sico, para nada ostentosa, al contrario, le hac&iacute;a lucir muy discreta, a excepci&oacute;n del exagerado maquillaje de brillos purp&uacute;reos en los p&aacute;rpados y el grueso delineado oscuro, contrastando con el azul claro de su mirada.<\/p>\n<p>&mdash;Hola, soy Silvia. &mdash;Me present&eacute; de manera t&iacute;mida y a continuaci&oacute;n extend&iacute; mi mano para estrechar la de ella. &mdash;Mucho gusto, Cassandra. &mdash;Y me permiti&oacute; el acceso a aquella habitaci&oacute;n. Ten&iacute;a un acento extranjero, arrastraba la lengua al pronunciar las &laquo;eses&raquo; y la &laquo;erre&raquo; de su nombre. Era casi tan alta como mi jefe, alrededor de un metro con ochenta. Bastante atractiva.<\/p>\n<p>&mdash;El se&ntilde;or no habla mucho, &iquest;sabes? &ndash;Me dijo sin preguntarle yo nada, anticip&aacute;ndose a mis propios pensamientos.&ndash; Cuando llegu&eacute; a esta habitaci&oacute;n, &eacute;l ya estaba bebiendo. &mdash;Observ&eacute; sobre la mesita auxiliar, una botella ya a la mitad, de una marca muy fina de Whisky escoc&eacute;s y un vaso de cristal con rastros de hielo y algo de la ambarina bebida. La mujer sin dejar de mirarme y sin atisbos de preocupaci&oacute;n, contin&uacute;o relat&aacute;ndome lo que fue su funci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Tan solo me abri&oacute; la puerta, para luego ordenarme sin tan siquiera saludarme, que me desnudara. As&iacute; lo hice, pero te aseguro que, aunque ahora lo encuentres as&iacute;, el pobre no fue capaz de nada. Se me ech&oacute; encima pero su verga no se le par&oacute;. Mi deber era hacerle pasar un buen rato por lo que me arrodill&eacute; y se lo chup&eacute; bastante tiempo, sin &eacute;xito. Debe ser por el alcohol. Luego me ofreci&oacute; un trago, que acept&eacute; m&aacute;s por educaci&oacute;n que por las ganas m&iacute;as de Whisky, y se arrodill&oacute; entre mis piernas, pero no te creas que para meter su boca en mi vagina, lo &uacute;nico que hizo fue tomar la botella y beber, llorar y volver a beber. Pobre hombre, es una pena de amor te lo aseguro. Se pas&oacute; m&iacute; tiempo y &eacute;l est&aacute; muy ebrio, apenas si pod&iacute;a mantenerse en pie, cuando me vest&iacute;a para marcharme me pidi&oacute; que le alcanzara su tel&eacute;fono m&oacute;vil. Intent&oacute; en vano marcar a un n&uacute;mero, pero no coordinaba, colgaba, marcaba mal y se le ca&iacute;a de sus manos. Le ofrec&iacute; mi ayuda para llamar y solo me dijo un nombre&hellip; &iexcl;Llama a Silvia!<\/p>\n<p>&mdash;As&iacute; que eso es todo. Ahora tu estas a cargo. Pag&oacute; por dos horas y la verdad ya voy treinta minutos retrasada, Adi&oacute;s. &mdash;Y yo lo busqu&eacute; con mi mirada. Cassandra se apart&oacute; un poco de m&iacute;, permiti&eacute;ndome observar a mi jefe tirado en la cama, atravesado boca abajo, semidesnudo con solo su camisa de franjas azules, puesta todav&iacute;a alrededor de su cuello, sin desanudar su corbata roja y las medias en sus pies de un azul muy oscuro. Las nalgas redondas, bastante blancas. La raya algo velluda de su culo, llev&oacute; en ese momento mi mirada hasta la bolsa ros&aacute;cea de sus grandes test&iacute;culos. El pene no se le ve&iacute;a en aquella posici&oacute;n. Sus piernas las ten&iacute;a abiertas, la izquierda un poco doblada, de muslos firmes sin mucho vello, dej&aacute;ndome ver que en una de ellas, todav&iacute;a rebelde, permanec&iacute;a enredado a su tobillo izquierdo un pantaloncillo gris con ribetes blancos.<\/p>\n<p>Y entonces antes de cerrar la puerta de la habitaci&oacute;n, la joven prostituta con su mano derecha tomando la manija, me pregunt&oacute; intrigada&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Por cierto, &iquest;Qui&eacute;n es Martha? &mdash;Alc&eacute; mis hombros d&aacute;ndole a entender que no sab&iacute;a de quien me hablaba, aunque obviamente yo la conoc&iacute;a, pero a ella no le importaba. Me sonri&oacute; y su adi&oacute;s con la mano, lo enfatiz&oacute; con un gui&ntilde;o de sus bellos ojos azules. Y se fue.<\/p>\n<p>&iexcl;Mierda! Y ahora qu&eacute; hago. Me colocaba las manos en la frente, transpiraba un poco y entretanto, miraba el desorden alrededor m&iacute;o. El pantal&oacute;n de pa&ntilde;o gris, tirado a un lado de la cama, el par de mocasines caf&eacute;s en distinta posici&oacute;n por el otro, el saco de pana azul rey, extendido por igual sobre el tapete, en similar posici&oacute;n que su propietario. En fin un desorden total. Y luego estaba &eacute;l, mi jefe en su penosa y desnuda posici&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Marr&hellip; thaaa? &mdash;Fue la primera palabra que escuch&eacute; de mi jefe ese d&iacute;a, aquella tarde de un primero de julio y s&iacute;, sola con &eacute;l en aquella habitaci&oacute;n de hotel. Su voz pastosa, arrastrando las letras por la pesadez del alcohol ingerido. Y me acerqu&eacute; hasta &eacute;l, sent&aacute;ndome a su lado. &iexcl;Babeaba! Que lamentable estado. Y pens&eacute; en Rodrigo, mi esposo qui&eacute;n seguramente no se lo podr&iacute;a creer cuando le contara lo sucedido.<\/p>\n<p>Pero&hellip; &iquest;Se lo podr&iacute;a contar despu&eacute;s de&hellip;? &iexcl;No! desde luego que no me creer&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;No se&ntilde;or, soy Silvia. &mdash;Ahhh, eeres t&uacute;, m&iacute; &aacute;nggeeeel. &mdash;Me contest&oacute;.<\/p>\n<p>&iquest;Su qu&eacute;? &iquest;Su &aacute;ngel? &iquest;Eso era yo para mi jefe? Me enternec&iacute; en aquel momento con su comentario, los ni&ntilde;os y los borrachos siempre dicen la verdad, y mi jefe, qui&eacute;n no era precisamente un ni&ntilde;o, s&iacute; que estaba muy borracho y tan semidesnudo al lado m&iacute;o, como si fuera un peque&ntilde;o al cual deber&iacute;a yo vestir o terminar de&hellip; &iexcl;Pufff!<\/p>\n<p>Le tom&eacute; de la mano y le acarici&eacute; su frente. &mdash;&iexcl;S&iacute; jefe, soy su &aacute;ngel! &mdash;Le respond&iacute; susurr&aacute;ndole al o&iacute;do, mientras que &eacute;l, giraba con algo de dificultad su cabeza para mirarme con la embriaguez palpable en sus enrojecidos ojos y extender su brazo, dej&aacute;ndolo caer pesadamente sobre mis piernas.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>Con calma abr&iacute; la puerta de mi autom&oacute;vil para darle paso a mi bella y rubia acompa&ntilde;ante. Paola ingres&oacute; con elegancia y suma delicadeza, para no darme una vista obscena de su intimidad. Sin embargo, el largo de su falda se acort&oacute;, tras acomodarla con sus manos y de esta manera, me permiti&oacute; observar las formas de sus blancos muslos, cubiertos por la fina seda de su par de medias, color piel.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno Paola, &ndash;le dec&iacute;a mientras acomodaba mi cintur&oacute;n de seguridad&ndash; por favor me dejas dialogar en calma. Solo observas y escuchas. No es una clase de ventas en s&iacute;, pero es un acercamiento a un posible comprador.<\/p>\n<p>&mdash;Por supuesto Nene, &laquo;C&aacute;llese y venda&raquo;. Ya lo s&eacute;. &mdash;Y me mostraba el libro que anteriormente le hab&iacute;a prestado para leer. Entre tanto colocaba en el GPS de mi m&oacute;vil la direcci&oacute;n para guiarme por la ciudad.<\/p>\n<p>Avanzamos en medio del poco tr&aacute;fico que hab&iacute;a al medio d&iacute;a, hasta llegar a una calle con &aacute;rboles en cada costado de la v&iacute;a, por la zona de Chamber&iacute;. Era un edificio de siete plantas, de dise&ntilde;o arquitect&oacute;nico algo antiguo pero restaurado recientemente; manten&iacute;a sus blancas cornisas impecables y el herraje forjado destacaba sobre los amplios balcones. La entrada estaba enmarcada por un amplio port&oacute;n de madera. Me anunci&eacute; con la joven que estaba all&iacute; y despu&eacute;s de unos pocos minutos me dio v&iacute;a libre para ingresar por una calle amplia y de a&ntilde;ejo aspecto.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Erdaaa! Pero qu&eacute; lujo de edificio Nene. &iquest;No te parece Rodri? Semejante a las viejas casonas de Cartagena o a la zona de La Candelaria en tu natal Bogot&aacute;. &mdash;Me dijo Paola completamente extasiada con la belleza alba de aquel lugar.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Rocky! Paola, solo dime Rocky, no &laquo;Rodri&raquo;. Y s&iacute;, es una zona muy exclusiva. Entre cosas, cu&eacute;ntame, &iquest;hace poco que estas por Madrid? &mdash;Paola solt&oacute; una carcajada y me acarici&oacute; con su mano izquierda mi mejilla, apretando un poco entre sus dedos mi quijada, al descender lentamente por mi rostro, sus delicados dedos.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Anda mi ni&ntilde;o! Creo que llevo en Espa&ntilde;a un poco m&aacute;s de cuatro meses, nada m&aacute;s. Y s&iacute;, reci&eacute;n acabo de regresar. &mdash;Coloqu&eacute; mi brazo sobre el cabecero del asiento del copiloto y haciendo con mis labios una mueca de sorpresa, exclam&eacute; un prolongado suspiro, observando sus verdes ojos fijamente y en mi rostro una expresi&oacute;n para hacer hincapi&eacute; en mis dudas.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Oyeee! Que s&iacute;. &mdash;Y Paola alegre, gesticulaba sonriendo y utilizando sus manos abiertas para darle mayor validez a su afirmaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Lo que sucede es que estaba &laquo;rumbeando&raquo; por ah&iacute;. Unas amistades me llevaron a un sitio por la llamada Costa Blanca, ehhh, como es el nombre&hellip; &mdash;&iquest;Benidorm? O tal vez&hellip; &iquest;Alicante? Le respond&iacute; yo, tratando de ayudarle a recordar. &mdash; Hummm&hellip; Ya lo tengo. &iexcl;Altea! Un lugar precioso con unas vistas impresionantes sobre el Mediterr&aacute;neo. &iquest;T&uacute; no has ido Nene? &mdash;&iquest;Yo? No. &iexcl;Ya quisiera y brincos diera! &mdash;Respond&iacute;, mientras que observaba las vistas que me interesaban m&aacute;s. Aquel delicado encaje de su sost&eacute;n blanco, que asom&oacute; un breve momento al girarse ella para hablarme&ndash;.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Pufff! Deber&iacute;as. &mdash;Y continu&oacute; relat&aacute;ndome su aventura, acomod&aacute;ndose de medio lado en la silla, dej&aacute;ndome observar la parte superior de sus medias de liga, que se mostraba entera por la abertura de la falda.<\/p>\n<p>&mdash;Es un lugar fascinante. Tan azul su cielo y blancas sus fachadas, con calles angostas, casas con flores de colores en los balcones y un encantador ambiente nocturno en la playa, como para enamorarse. Y estuvimos por all&iacute; un tiempo hasta que se nos fueron acabando los ahorros y pues sin un euro en el bolsillo, tuve que acudir a mi mam&aacute;, o lo que es m&aacute;s correcto, a mi padrastro. &iexcl;Jajaja! Soy una ni&ntilde;a mimada. &mdash;Y se sonri&oacute;, tan guapa como siempre, mientras que por mi izquierda ve&iacute;a llegar hasta nosotros, la reconocida y sinuosa figura de la se&ntilde;ora Almudena.<\/p>\n<p>Abr&iacute; la puerta del auto y descend&iacute;, para luego ofrecer mi mano y mi sonrisa a modo de saludo. La se&ntilde;ora Almudena se acerc&oacute; un poco m&aacute;s a m&iacute; y delicadamente deposito un beso en cada mejilla m&iacute;a. Nos separamos un poco y la pude repasar desde arriba hasta abajo, muy r&aacute;pidamente para que no se llevara una mala impresi&oacute;n. Su vestido era perfecto para aquel clima veraniego, escotado y florido. De tela suave que le daba un aire juvenil a su curvil&iacute;nea silueta y el largo no sobrepasaba sus rodillas. Sandalias doradas de un tac&oacute;n bajo.<\/p>\n<p>En sus manos varios anillos de oro, un colgante redondo y dorado, destacando en el medio de su redondo escote, dirigiendo mi mirada sobre aquel buen par de pechos. Seguramente ese cuerpo lo esculp&iacute;a en horas diarias de gimnasio y obviamente una que otra pasadita del bistur&iacute;, para terminar de delinear su precioso contorno. Su cabello negro, recortado en capas hasta alcanzar la nuca y peinada de medio lado. Cejas pobladas y ligeramente arqueadas, adornaban unos redondos ojos negros, pintados delicadamente de una sombra granate sobre sus p&aacute;rpados. Me tom&oacute; del brazo, colocando una mano sobre la otra y me regal&oacute; su sonrisa, m&aacute;s una mirada llena de picard&iacute;a. Sin embargo se sorprendi&oacute; mucho al ver a Paola descender del veh&iacute;culo por el otro costado, torci&oacute; su boca levemente y me mir&oacute; para indagarme con su mirada.<\/p>\n<p>&mdash;Se&ntilde;ora Almudena, esta es Paola. Una nueva compa&ntilde;era a quien pusieron hoy bajo mi cargo. Lo lamento, no alcanc&eacute; a avisarle que ven&iacute;a acompa&ntilde;ado.<\/p>\n<p>&mdash;No se preocupe se&ntilde;or C&aacute;rdenas. Y de inmediato se acerc&oacute; a Paola para brindarle por saludo un beso en la mejilla y un abrazo.<\/p>\n<p>&mdash;Bienvenidos a mi hogar. &iquest;Gustan pasar a tomar algo mientras preparo la mesa para poder almorzar? Es que la verdad ustedes llegaron un poco antes. &mdash;Paola, ruborizada un poco y yo, sal&iacute; al paso dici&eacute;ndole a la se&ntilde;ora Almudena&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, no se preocupe por eso, mejor vamos a ver c&oacute;mo est&aacute; su veh&iacute;culo y despu&eacute;s almorzamos. &mdash;Entonces se&ntilde;or C&aacute;rdenas, &iquest;vamos a mirar mi camioneta? Eso s&iacute;, espero que sea bueno conmigo y me ofrezca un precio razonable o no haremos negocios. &mdash;Me dijo la se&ntilde;ora Almudena sonriente y tom&aacute;ndome ahora a m&iacute; por el brazo&ndash;. Paola, un poco alejada de nosotros, segu&iacute;a nuestro andar hasta el garaje donde estaba la SUV gris plata, estacionada.<\/p>\n<p>&mdash;Y me despoj&eacute; de la chaqueta, entreg&aacute;ndosela a Paola. Me arremangu&eacute; los pu&ntilde;os de mi camisa y le ped&iacute; las llaves a la se&ntilde;ora Almudena. Empec&eacute; la evaluaci&oacute;n, observando el perfil, palpando con mis manos la pintura en busca de desperfectos. Un lado bien, el otro &iexcl;perfecto! El cofre y la portezuela trasera bien ajustados. Las llantas a media vida y en el interior, la tapicer&iacute;a en cuero demostraba el esmerado cuidado, toda ella estaba como nueva. Gir&eacute; la llave de encendido y el motor ronrone&oacute; perezoso. Afinada su tonada por aquella orquesta de cilindros y pistones, ascendiendo y descendiendo presurosos, detonando r&iacute;tmicamente, y en el tablero de instrumentos, el kilometraje demostraba el poco uso. Apagu&eacute; el motor y descend&iacute;. Ahora faltaba observarla por debajo ya que a mitad del estribo derecho, justo en el medio, observ&eacute; una leve abolladura. Mir&eacute; a la se&ntilde;ora Almudena, que tan solo se encogi&oacute; de hombros y algo traviesa, se mordi&oacute; la punta de su lengua.<\/p>\n<p>Me tend&iacute; en el piso, escurr&iacute; mi cabeza y la mitad de mi cuerpo por debajo de ella. Estaba oscuro, no ve&iacute;a bien la parte inferior.<\/p>\n<p>&mdash;Paola, &iquest;podr&iacute;as alcanzarme el celular para alumbrar? Aqu&iacute; debajo est&aacute; un poco oscuro. &mdash;Pero la se&ntilde;ora Almudena se le adelant&oacute; y una pierna suya, la izquierda para ser m&aacute;s precisos, la pas&oacute; por encima de mi cintura. La derecha la dej&oacute; del otro lado. Abierta de piernas, se ofreci&oacute; para prestarme el suyo. Arrastr&eacute; mi cuerpo un poco hacia fuera y al voltear mi cabeza para recibirle su m&oacute;vil, mucho fue lo que pude observar.<\/p>\n<p>Sus piernas separadas, cu&aacute;l columnas de una preciosa entrada, se alzaban imponentes hasta arriba, casi uni&eacute;ndose al final, solo distanciadas por los carnosos labios de una hinchada vagina, totalmente depilada y un tatuaje con formas arabescas en su pubis. En el medio brillaba un piercing que pend&iacute;a de su cl&iacute;toris. &iexcl;Vaya con la se&ntilde;ora! Tan elegante en su visita al concesionario y ahora aqu&iacute; en su casa, sin bragas puestas, tan libre y provocadora. Mi coraz&oacute;n palpitaba y me entraron repentinas las ganas; la sangre fluyendo de mi cabeza fue a parar hasta mi verga. Toda ella en franca excitaci&oacute;n por la sexual eventualidad.<\/p>\n<p>Tom&eacute; su celular sonri&eacute;ndole y ella tan solo me gui&ntilde;&oacute; un ojo. Encend&iacute; la linterna y su luz me permiti&oacute; observar que la camioneta hab&iacute;a sufrido m&aacute;s de una raspadura, quiz&aacute;s en alg&uacute;n desnivel, entrando o saliendo por alguna empinada rampa. Escuch&eacute; un taconeo. De soslayo observ&eacute; los zapatos beige y el comienzo de las hermosas piernas cubiertas por aquellas medias veladas de Paola, acercarse por la izquierda a las de la se&ntilde;ora Almudena, y de pronto se agach&oacute; llam&aacute;ndome la atenci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Rodri todo bien? &iquest;O necesitas mi ayuda? &mdash;Y entonces se la vi. S&iacute;, all&iacute; mismo, estaba Paola en cuclillas, abierta de piernas tambi&eacute;n, pero m&aacute;s a la altura de mis ojos. Me dejaba ver el triangulito de seda blanco transparentando su piel, una hendidura en aquel peque&ntilde;o trozo de tela, perdi&eacute;ndose por la mitad de sus blancas nalgas. Me di un gustazo al observar su vello p&uacute;bico, bien arreglado en una l&iacute;nea no muy ancha y que llegaba justo por encima del comienzo de su raja. Sus medias de color piel eran de esas de ligas, lo que hac&iacute;a de aquella imagen algo m&aacute;s er&oacute;tico por mi fetichista pasi&oacute;n por las prendas &iacute;ntimas femeninas. Sol&iacute;a regalarle a Silvia, cada mes m&aacute;s o menos, un conjunto de ligueros con sus respectivas medias. Y obviamente unas tanguitas bastante sugerentes. Escuchaba&hellip; &iquest;Risas? &iquest;De ambas?<\/p>\n<p>&mdash;Oigan ustedes dos, dejen de re&iacute;rse, no son para nada justas conmigo. Les dije mientras sal&iacute;a de debajo de aquella camioneta, sacudiendo un poco mis nalgas y los muslos, demostrando ante ellas, la tirantez de mi pene bajo la tela, sin ning&uacute;n tipo de pudor. Si quer&iacute;an jugar, ten&iacute;a yo, uno que otro truco bajo mis pantalones, con el cual, con seguridad podr&iacute;a hacerlas disfrutar.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Porque lo dice se&ntilde;or C&aacute;rdenas? &mdash;me respondi&oacute; risue&ntilde;a la se&ntilde;ora Almudena, sin apartar la vista de mi entrepierna.<\/p>\n<p>&mdash;Es que las dos estaban obstaculizando la luz y distrayendo mi visi&oacute;n. As&iacute; no me puedo concentrar. &mdash;Les respond&iacute;, mirando primero a Paola y luego a la se&ntilde;ora Almudena, fingiendo seriedad.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ayyy! qu&eacute; pena mi Rodri, solo quer&iacute;amos ayudar. &iexcl;Jajaja!. &mdash;Y la rubia barranquillera se tap&oacute; los ojos con sus manos, aduciendo una simulada timidez.<\/p>\n<p>Yo entonces me dirig&iacute; donde estaba Paola conversando animada con la se&ntilde;ora Almudena. Ellas dos, una joven preciosa llena de juventud y desfachatez, la otra una madurita de esas que quitan el hipo, pero en vez de un susto lo hacen con gusto y autoridad.<\/p>\n<p>&mdash;Pero mira c&oacute;mo te has ensuciado la cara y las manos. Ohhh y la camisa tambi&eacute;n. &mdash;Me dijo Paola, y en su cara la expresi&oacute;n de angustia por mi suciedad.<\/p>\n<p>&mdash;Entonces vamos, puede entrar a lavarse en el ba&ntilde;o y de paso, deme su camisa para meterla en la lavadora. &mdash;No creo que sea necesario se&ntilde;ora Almudena, en cuanto llegue a mi piso la puedo lavar&ndash;. Y le agradec&iacute; por su amable gesto, sin quitar de mi cabeza aquella visi&oacute;n de su pubis tatuado.<\/p>\n<p>&mdash;Gracias, respondi&oacute; la rubia barranquillera y confianzuda le agarr&oacute; por el brazo a la se&ntilde;ora Almudena y dieron la vuelta las dos como un par de viejas conocidas. Yo me fui tras ellas siguiendo sus pasos hasta el interior de una vivienda. En el recibidor me deshice de la camisa para limpiarla un poco. Me indic&oacute; un ba&ntilde;o anexo a la entrada y me pude asear.<\/p>\n<p>Al salir de &eacute;l, observ&eacute; a mi derecha la sala, con cuadros de gran formato, paisajes al &oacute;leo y otros coloridos, en trazos geom&eacute;tricos adornando las venecianas paredes. Una mesa auxiliar soportaba el peso de una escultura de dos seres desnudos inmortalizados en un fino m&aacute;rmol. Una felpuda alfombra en tonos cenizos, contrastaba con la armon&iacute;a antigua y revitalizaba el ambiente. Sof&aacute;s de tres plazas en cuero negro a un lado, y otro m&aacute;s de dos, formando una esquina, ofrec&iacute;an su elegante comodidad. Paola acompa&ntilde;aba en la cocina a mi cliente.<\/p>\n<p>La se&ntilde;ora Almudena nos brind&oacute; una copa de vino, que acept&eacute; por cortes&iacute;a, aunque en realidad me apetec&iacute;a a esas horas una buena taza de caf&eacute;. Con las copas en las manos, tanto Paola como yo, fuimos de una estancia a la otra, tras el tour personalizado que nos ofreci&oacute; la due&ntilde;a de casa a solicitud de mi parlanchina acompa&ntilde;ante. &iexcl;Mujeres! Ellas prestas a comentar de los variados arreglos florales y entre tanto, yo me fijaba en las pinturas. Pero en una pared cercana a las escaleras que seguramente daban acceso a las habitaciones, colgaba un desnudo al carboncillo de un pintor reconocido por m&iacute;. Un original de Luis Caballero. Vaya sorpresa.<\/p>\n<p>La mesa bien servida, a un lado Paola y en el otro yo. La se&ntilde;ora de la casa obviamente en el centro de la mesa. El almuerzo estuvo simplemente genial, una pasta a la carbonara exquisita, acompa&ntilde;ada por varias copas de vino tinto con la acidez necesaria para no agobiar el sabor de la comida. Me dispuse a levantar la vajilla para llevarla a la cocina pero la se&ntilde;ora Almudena se opuso rotundamente. Me ofreci&oacute; de beber una copa de brandy pero lo rechac&eacute; pues estaba conduciendo y no quer&iacute;a problemas. Paola encantada si lo recibi&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Mejor si gustan, ustedes lo van tomando mientras doy una mirada por su balc&oacute;n. &iquest;Puedo fumar aqu&iacute;? &mdash;Y la se&ntilde;ora me tom&oacute; del brazo y me acompa&ntilde;&oacute;, tomando ella tambi&eacute;n un cigarrillo de mi paquete, sin que yo se lo hubiese ofrecido. Le di fuego al suyo y luego al m&iacute;o.<\/p>\n<p>&mdash;Y bien Rodrigo, supongo que ya podr&iacute;amos tratarnos con mayor intimidad, ya que has visto c&oacute;mo mantengo de bien cuidada&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Su camioneta, si se&ntilde;ora. &mdash;le interrump&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Claro que s&iacute; lo pude notar. Y por m&iacute;, &iexcl;Perfecto si no te molesta! claro est&aacute;. &mdash;Le sonre&iacute; y ella se apart&oacute; un poco para mirarme y sacudir una mancha de tierra en mi hombro, que a&uacute;n permanec&iacute;a sin que yo la hubiera notado tan siquiera.<\/p>\n<p>&mdash;Y d&eacute;jame decirte, &ndash;contin&uacute;e sin dejar de mirarle a los ojos&ndash; que tienes la pintura en buen estado y es muy suave al tacto. Y en el interior, la tapicer&iacute;a se encuentra en magn&iacute;ficas condiciones y la carrocer&iacute;a&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Espl&eacute;ndida! Lo s&eacute;. La cuido bastante. &mdash;Me respondi&oacute; Almudena al momento.<\/p>\n<p>&mdash;El motor suena bien &iquest;No te parece Rodrigo? Quiz&aacute;s deber&iacute;as probar a darle una o dos vueltas para sentirla bien. Un poco de&hellip; &iquest;toma de contacto, es como dicen ustedes?<\/p>\n<p>&mdash;Por mi encantado de conducirla un poco. Ser&iacute;a cuesti&oacute;n de darle un buen empuj&oacute;n a la palanca y dejarle rodar un rato para sentir toda su potencia y confort. &mdash;Dije yo, sonri&eacute;ndole maliciosamente.<\/p>\n<p>&mdash;Y tu amiga nos podr&iacute;a acompa&ntilde;ar o&hellip; Prefieres dar esas vueltas&hellip; &iquest;Solo conmigo? &mdash;Nos fuimos acercando m&aacute;s, &ndash;su pecho muy cercano al m&iacute;o&ndash; y yo inclin&eacute; mi cabeza para susurrarle en su o&iacute;do&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Quien quita que de pronto se nos pegue y pueda ella apreciar la manera en yo hago los cambios de marcha y podamos zarandear un poco esa carrocer&iacute;a, apreciando el estado de la suspensi&oacute;n. Porque d&eacute;jame decirte que la portezuela trasera me pareci&oacute; muy ajustada y me dio la impresi&oacute;n de tener poco uso. &iquest;O me equivoco?<\/p>\n<p>Y luego de eso no pudimos m&aacute;s y nos echamos a re&iacute;r. Paola tal vez alcanz&oacute; a escuchar nuestra conversaci&oacute;n y al vernos re&iacute;r se uni&oacute; a nosotros en el balc&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Aja! Y ustedes dos, &iquest;ya llegaron a alg&uacute;n acuerdo por lo que puedo apreciar? &mdash;Y ambos, la se&ntilde;ora Almudena y yo, negamos con un movimiento de nuestras cabezas.<\/p>\n<p>&mdash;Ni siquiera hemos tocado el tema del precio, &iexcl;Tesoro! &mdash;Le respondi&oacute; graciosamente Almudena&ndash;. Aqu&iacute; Rodrigo, me est&aacute; dando las impresiones que se llev&oacute;, al ver el estado en que mantengo mi camioneta. &mdash;Y yo tan solo me llev&eacute; mi mano a la frente y me sonre&iacute;. Paola nos observ&oacute; seguramente algo confundida. &iquest;O no tan Inocente?<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Les gustar&iacute;a otra copa? Dijo Almudena y finalmente acept&eacute;. La rubia igual. Se retir&oacute; hasta el bar y Paola me gui&ntilde;o el ojo, en se&ntilde;al de complicidad.<\/p>\n<p>&mdash;Vaya, estas seguro que en el libro que me diste para leer, encontrar&eacute; el cap&iacute;tulo donde ense&ntilde;an este tipo de&hellip; &iquest;Cierre de ventas? Jajaja. &mdash;No lo creo&ndash;. Contest&eacute; entre carcajadas.<\/p>\n<p>Continuar&aacute;&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 18<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Casi medio d&iacute;a y sin saber de &eacute;l. Cada que ve&iacute;a abrir la puerta de la oficina, ilusionada elevaba mis ojos para observar, esperando por su llegada. Continuaba angustiada, revisando, acumulando papeles y folders, a uno y otro lado de mi escritorio. Pensaba en &eacute;l y en su dolor. 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